Antes que nada ¡Feliz Dia de San Valentin! Espero que la pasen bonito ya sea con sus enamorados o con amigas y amigos. Diviertanse mucho!

Aqui les traigo el nuevo capitulo, espero que les guste.


En todo el camino no se dirigieron la palabra. Todo había salido al revés. Ni Harry quería que Ginny estuviera cerca de sus padres y ni Ginny, quería tener algo que ver con los Potter. Pero para ella, después de conocer a Lily, le pareció verse en un espejo. Muchas veces había deseado tener una hermana, así como Lily una hija. Ginny lo había logrado cuando conoció a Hermione, porque eso era para ella, una hermana. Pero Lily aun se sentía sola y lo podía entender a la perfección.

Harry la acompaño hasta la puerta de su casa, una vez que Ginny metió la llave en la cerradura se dio la media vuelta para enfrentarlo.

- ¿Te molesta que vaya a acompañar a tu mamá mañana con el sanador?

- ¿Qué no te diste cuenta? No nos creyeron nada.

- Pues vamos a decirles la verdad – Harry se quedó callado, con las manos en sus bolsillos y la mirada puesta en el piso - ¿Harry?

- Hace mucho que mamá no reía como hoy – Ginny lo vio sorprendida – tu lograste que ella volviera a reír.

- Solo te estaba remedando – dijo inocentemente, Harry sonrió de lado – eso la hizo reír.

- ¿A ti te molesta acompañar a mi madre al sanador? – ella negó con la cabeza sonriendo – bueno, te lo agradezco entonces.

- ¿Seguimos con lo mismo?

- Si, aunque dudo que nos crean pero si ya empezamos esto, pues vamos a seguir.

- De acuerdo.

Harry se agachó para estar a la altura del vientre de Ginny.

- Adiós, bebe, te portas bien – Ginny se le quedó viendo con los ojos bien abiertos sorprendida, de nuevo le estaba hablando al bebe como en el hospital el día que se había puesto mal – duerme y come mucho para que estés fuerte – se levantó - Buenas noches, Ginny.

- Buenas noches, Harry.

Ginny se quedó parada en la puerta de su casa hasta que Harry se alejó en su auto.

- Tu papá se esta portando raro, bebe ¿Qué le pasará?

Al día siguiente, Ginny no vio para nada a Harry. Lily y ella se habían puesto de acuerdo en encontrarse en San Mungo. Ginny no se despegó ni un momento de Lily mientras le hacían todos los estudios necesarios para su operación.

Una de las enfermeras le iba a sacar sangre a Lily, pero al momento de querer hacerlo, la lastimó sin querer.

- Mas cuidado, señorita – le reclamó Ginny.

- Perdón. Es que las venas de la señora son muy delgadas.

- Pues si usted no puede, habrá quien si pueda. No quiero que la este picoteando, le va a doler.

- Llamaré a mi supervisor para que él lo haga.

- Por favor.

- Tienes un carácter fuerte – le dijo Lily una vez que se quedaron solas.

- Un poquito. Lo que pasa es que si no le digo que lo haga bien, capaz te que iba a seguir lastimando.

- Te lo agradezco – Lily se le quedó viendo - ¿Harry te ha hablado de Cho?

- ¿De quien?

- De Cho, Cho Chang, su exnovia.

- No – Ginny sintió una punzada de fastidio sin saber porque, solo se acarició su vientre.

- Me lo imagine. Tú eres completamente lo opuesto a ella.

- ¿A sí? ¿Y porque? – le pregunto fingiendo desinterés tomando unos instrumentos médicos que había sobre la mesa. Lily sonrió satisfecha.

- Era muy bonita – Ginny volteó a verla – no estoy diciendo que tu no eres bonita – le dijo rápidamente – pero ella era de cabello negro y ojos rasgados, tenia un cuerpo perfecto – Ginny se miró su inmenso vientre y acomodó su vestido – era muy sumisa, todo lo que le decían que hiciera, lo hacia sin chistar y sin preguntar porque. Siempre quería complacer en todo a Harry, jamás se ponía en su contra ni le cuestionaba nada – Ginny hizo una mueca – era la mujer perfecta para cualquier hombre.

- Ah – exclamó Ginny.

- Pero no para mi Harry – Ginny la vio sin entender – simplemente le aburrió. Harry esta acostumbrado al peligro, y le gusta, jamás se queda quieto y cuando se propone algo, no para hasta conseguirlo. Él necesita a una mujer fuerte, valiente, dispuesta a todo para acompañarlo en sus aventuras. Necesita a una mujer que no se deja de nadie, ni siquiera de él mismo – se quedaron viéndose sin decirse nada.

- Buen día, disculpe la tardanza – le decía un sanador – vamos a continuar con los estudios.

Una vez que terminaron con todos los estudios, Ginny ayudó a Lily a vestirse y salieron rumbo a un restaurante. Ginny moría de hambre. Durante la comida, Lily le platicaba las cosas que tenia que hacer antes de la operación y lo preocupada que estaba por James, sabía que él iba a estar muy mal durante su estancia en el hospital.

- No debes preocuparte tanto, Harry va a estar con ustedes.

- Harry es un gran hombre, bueno qué te puedo decir a ti si tu ya lo conociste ¿verdad?

- Si – dijo rápidamente Ginny partiendo su gran pedazo de bistec.

- Me faltan entregar invitaciones para la fiesta del sábado – le dijo Lily sacando una lista – los Ackerly ya están, los Harkiss, los Bones, los McLaggen, Hagrid le envié su invitación esta mañana, profesor Dumbledore.

- ¿El profesor Dumbledore va a estar en la fiesta?

- Claro, él y Harry son grandes amigos. Los Petersson, los Perkins…

- ¿Todos son amigos de Harry?

- No, bueno, todos fueron maestros de Harry ó personalidades en el Ministerio.

- ¿Harry no tiene amigos de su edad?

- Se lleva bien con Neville, es el hijo de los Longbottom, es de su misma edad, pero casi no se frecuentan mucho.

- Entonces los invitados a su fiesta de cumpleaños son prácticamente puros adultos.

- Si, en ocasiones llevan a sus hijos o sobrinos, pero Harry no los conoce bien.

Ginny ahora entendía porque Harry odiaba todas las reuniones que tenia y porque en una ocasión la utilizó para no asistir a algunos.

- ¿Quieres pastel de chocolate?

- Si, pero no le vayas a decir a Harry, por favor – le rogó Ginny.

- No te preocupes – sonrió divertida Lily – se pone pesado ¿eh?

- Bastante – dijo Ginny rodando los ojos.

- ¿Qué te parece si después de aquí nos vamos a buscar el vestido para la fiesta?

- De acuerdo.

Lily y Ginny pasaban de una tienda a otra probándose vestidos para la fiesta. Lily estaba feliz, y mas porque en muchas tiendas le decían que su hija se parecía mucho a ella y que iba a ser una abuela muy hermosa. Ninguna de las dos aclaraba el punto que no eran madre e hija, solo sonreían y agradecían el cumplido.

Lily se encontraba en el vestidor para probarse un vestido cuando sonó el celular de Ginny.

- Hola.

- Hola Ginny, soy Harry ¿Dónde estas?

- En una tienda de ropa – le decía viendo varios vestidos.

- ¿Estas con mi madre?

- Si, estamos buscando el vestido que nos vamos a poner para tu fiesta de cumpleaños. Señorita ¿este vestido lo tiene en talla de maternidad? – Le preguntaba a la vendedora quien negó con la cabeza – maldita sea, nada me queda. Estoy hecha una ballena.

- Si comieras más saludable.

- ¿Me estas diciendo gorda?

- No.

- Si, como no. Oh Lily te ves hermosa – le decía a Lily una vez que salió del vestidor.

- ¿Te gusta?

- Claro.

- ¿Con quien hablas?

- Con Harry.

- Pásamelo – Ginny le dio el teléfono - ¿Harry?

- Hola, mamá.

- Hijo, necesito que vengas.

- ¿A dónde?

- Al centro comercial.

- No, mamá – se quejó Harry.

- Necesito dinero, Harry, ya me terminé todo el que traía.

- ¿Pues que tanto compraste?

- Le compré un par de ropa a Ginny, además me gustaron unos zapatos tanto para mí como para ella y todavía me falta comprar lo que nos vamos a poner para la fiesta.

- De acuerdo, pero te llevo el dinero y me regreso.

- Esta bien. Te paso a Ginny. Te quiero, hijo. Oh Ginny ese vestido seguro te queda.

- No creo, parezco un tinaco de agua. Ningún vestido se me ve bien.

- Claro que no. Toma, te llama Harry – le dio el teléfono.

- Hola tinaquito – se burló Harry.

- Payaso.

- ¿Cómo les fue en el hospital?

- Bien, al parecer los resultados los entregan en dos días.

- ¿Cómo esta ella?

- Tranquila.

- Gracias por acompañarla, Ginny.

- De nada. Tu mamá es muy agradable.

- Bueno, tengo algo que hacer, nos vemos mas tarde.

- Adiós.

- Ginny.

- ¿Si?

- Cualquier vestido se te ve bien. Te ves hermosa.

Ginny se le quedó viendo al teléfono extrañada después de colgar ¿Harry le dijo que se veía hermosa? Jamás se imagino que Harry pudiera decir eso. Cuando la llevó a la cena por el aniversario de la victoria en Estados Unidos, se había puesto un vestido que había vuelto loco a cualquier hombre y Harry solo le dijo que se veía diferente. Ahora, con 10 kilos de más, le dice que se ve hermosa.

- ¿Qué pasa? – le preguntó Lily al ver que Ginny seguía viendo el celular.

- Nada.

- No me convenció el vestido ¿Qué te parece si vamos al centro comercial?

- De acuerdo.

Recorrieron casi todas las tiendas del centro comercial. Ginny estaba cansadísima, pero ver tan entusiasmada a Lily, la animaba a seguir adelante. Si por ella fuera, en ese momento estaría acostada con los pies hacia arriba.

Mientras Lily estaba viendo un reloj para comprarle a James, Ginny se sentó en una banca a esperarla comiéndose un helado de vainilla.

- Hola – le dijo Harry.

- ¿Qué haces aquí?

- Mamá me dijo que le trajera mas dinero – le contesto quitándole un poco de helado.

- ¿Cuándo?

- Cuando hablamos por teléfono. No pude venir antes porque tenia un compromiso ¿Dónde esta?

- En aquella tienda – le señalo – esta buscando un reloj para tu…Auch – se tocó el vientre.

- ¿Qué pasa?

- Pataleo muy fuerte – Harry inmediatamente puso su mano en el vientre y Ginny tomó la de él para guiarlo - ¿lo sientes? Sigue moviéndose.

- Si – sonrió Harry.

- He notado que lo hace así cuando escucha tu voz.

- ¿En serio? – le pregunto Harry entusiasmado.

- Si, mi hijo ya reconoce tu voz.

- Nuestro, Ginny, es nuestro.

- ¡Harry! – Llegó Lily – que bueno que llegaste, ya no me aceptan la tarjeta de crédito, dicen que ya pase del límite.

- ¿Te terminaste el dinero y ahora la tarjeta de crédito? Jamás habías hecho eso – le dijo Harry sorprendido pero sin mover su mano sobre el vientre de Ginny, tomada al mismo tiempo por la de Ginny.

- Bueno, porque antes no tenia que comprar tanto.

- No me dejo pagar nada – le dijo Ginny a Harry casi en un susurro – yo te puedo dar el dinero a ti…

- No.

- Señora – le decía una vendedora a Lily – se le olvidaron los zapatos que le compró a su hija.

- Gracias.

- Lily, te dije que no los compraras.

- Te gustaron ¿no? – Lily se sentó cerca de ellos para ver lo que había comprado.

- ¿Hija? – le pregunto Harry a Ginny.

- Todos piensan que es mi mamá, por lo pelirroja.

- ¿Todos?

- Hemos estado de compras casi todo el día. En cada tienda pensaban que éramos madre e hija.

- Mi mamá siempre quiso tener una hija.

- Lo sé.

- Has de estar cansada.

- Si, me duelen los pies. Ve, los tengo súper hinchados – le dijo quitándose sus zapatos y moviéndolos en círculos.

- Mamá, Ginny ya esta cansada, vamos a llevarla a su casa.

- De acuerdo, yo también ya estoy cansada. Creo que la última vez que hice compras así, fue cuando supe que ibas a nacer.

Hermione pasó a visitar a Ginny por la noche, más bien, a llevarle de cenar porque estaba cansadísima y no quería moverse de la cama. Daba gracias a Dios que había pedido el día libre en el cuartel para pasarla con Lily, porque si solo hubiera pedido un par de horas, seguro que no hubiera aguantado nada.

Mientras escuchaba a Hermione relatar todo lo acontecido en el cuartel durante el día, Ginny comía sin prestarle mucha atención.

- ¿Me estas escuchando?

- ¿Eh?

- Te estoy diciendo que Harry estuvo en el ministerio hablando con Wood.

- Hermione ¿tú te imaginas a Harry…tierno?

- ¿Qué? – Se empezó a reír - ¿tierno? ¿Harry tierno?

- Si.

- Pues francamente…no. Estoy acostumbrada a ver a Harry serio, concentrado en su trabajo. Solamente en las reuniones que teníamos en el cuartel, sonreía divertido de vez en cuando. Pero tierno…no, no me lo imagino.

- ¿Te acuerdas de Dean, Dean Thomas?

- Si, era un chico increíble, y un gran auror. Tú me dijiste que de todos los chicos con los que habías salido, él era el mejor.

- Si, era…diferente a los demás.

- ¿Por qué me preguntas por él?

- Cuando recién pensé en hacerme la inseminación artificial, se lo pedí a él.

- ¿En serio? ¿Y que te dijo?

- Que lo iba a pensar, después de ahí, jamás volví a verlo.

- Huyó – dijo asombrada Hermione.

- Si, huyó, pidió su cambio a otro país, nunca pregunté a donde – Ginny se quedó pensando - ¿Por qué Harry no huye? Le estoy dando la oportunidad de no tener ninguna responsabilidad, sin embargo, ahí esta.

- ¿Y eso que tiene que ver con que sea tierno?

- Le habla al bebe – Ginny se apuntó el vientre.

- ¿En serio?

- Si, le dice que es su papá y que se porte bien, que coma mucho – Hermione frunció el ceño – y me da beso en el vientre.

- ¿Harry? ¿Harry Potter?

- Si.

- Vaya – dijo Hermione sin poder creerlo – es difícil de imaginarse a Harry así después de verlo pelear, dar ordenes a todos los aurores, regañarlos si no hacen algo bien, platicar con personalidades importantes.

- Imagínate lo asombrada que estaba yo. Harry y yo pasábamos casi todo el día juntos cuando buscábamos a Bellatrix, siempre estaba concentrado en toda la investigación, jamás bromeaba o reía por algo, únicamente discutíamos cuando no estábamos de acuerdo. Y ahora, verlo así…tierno, amable, cariñoso… me desconcierta ¿Sabias que le gusta jugar quidditch?

- ¿Harry juega quidditch?

- Si, hasta consideró estar en un equipo profesional, pero mejor decidió ser auror.

- Entonces, Harry no es lo que tú pensabas.

- ¿Un patético amargado? – Hermione asintió – Creo que no, Harry es…

- ¿Lindo? – levantó Hermione las dos cejas con una sonrisa.

- Tal vez – Ginny se encogió de hombros dándole una mordida a su emparedado.

Harry y Lily habían llegado a casa cargando varias cajas y bolsas con ropa, zapatos, bolsos, etc. A pesar de que las habían encogido con magia, no podían con ellas. James les ayudó a ponerlas sobre los sillones y la mesa del comedor.

- Dime si quedó algo de la herencia de mis padres.

- Habrá que ir a revisar la cámara de Gringotts.

- Exagerados – les contesto Lily – solo compré unas cuantas cosas.

- Iré a darme un baño – les dijo Harry, pero antes de subir las escaleras se quedó viendo la correspondencia que estaba en la mesa de la entrada de la casa.

- ¿Cómo te fue? – le preguntó James a Lily dándole un beso sin darse cuenta que Harry aun no subía.

- Muy bien. Ginny me apoyó mucho durante los estudios en el hospital y después nos fuimos de compras.

- ¿Dejaste algo en las tiendas? – le dijo James recibiendo un golpe en el brazo de su esposa. Harry solo sonrió divertido abriendo su correspondencia.

- Es increíble, James.

- ¿Gastar dinero?

- No, ir de compras con tu hija – Harry se quedó serio al escuchar a su madre.

- Lily, amor, Ginny no es tu hija.

- Todos pensaban que si lo era. Siempre soñé con ir de compras con mi hija. Cuando era niña, mi hermana jamás permitió que las acompañara cuando iban de compras con mi mamá, decían que yo hacia cosas extrañas. Después entré a Hogwarts y jamás pude hacerlo. Mamá me escribía cartas diciéndome que me había comprado tal cosa cuando había ido con Petunia de compras. Eso me entristecía y me decía que cuando tuviera una hija iría de compras con ella como a mi me hubiera gustado hacerlo con mi madre – James la abrazó por el hombro – Ginny es increíble, James.

- Lily, Harry ha sido muy claro con nosotros, entre ellos no hay nada.

- Pero eso no quiere decir que Ginny tenga que estar lejos de nosotros. Yo quiero tener a Ginny cerca de mí.

Harry subió las escaleras sin hacer ruido, entró a su habitación recargándose sobre la puerta al cerrarla. Ya no había vuelta atrás, estaba decidido a seguir utilizando a Ginny para el bienestar de su madre.

A la mañana siguiente, Ginny seguía igual de cansada y con los pies hinchados, definitivamente la caminata del día anterior la había dejado muy agotada. Aun así, se levanto para irse a trabajar. Le faltaban dos semanas para su incapacidad y no quería dejar nada a medias.

Al llegar a ministerio, sentía que jamás llegaría a los elevadores. Caminaba paso a pasito lentamente tomándose el vientre. Esperando a que se detuviera el elevador, a un lado de ella escuchó una voz muy conocida para ella.

- No debiste venir – Ginny volteo de inmediato – te ves cansada.

- ¿Qué haces aquí?

- Me mando llamar el ministro. Te hubieras tomado el día - Harry se cruzó de brazos viendo el anuncio que indicaba en que piso se encontraba el elevador.

- Ya me tomé el día de ayer, además tengo mucho trabajo.

- Otra persona puede hacerlo.

- Debo hacerlo yo – se abrió el elevador entrando ambos en él – son investigaciones que tengo que hacer antes de mi incapacidad.

- ¿Investigaciones de campo? – ella asintió – no puedes andar en la calle.

- Es mi trabajo. Soy un auror y mi deber es obedecer a mi jefe.

- ¿Por qué no pensabas eso en Estados Unidos? – Ginny le dirigió una mirada ácida – esta bien, no dije nada. Me da gusto que aquí si obedezcas a tu jefe.

Llegando al piso donde se encontraba el cuartel de aurores, Ginny salió sin decirle nada a Harry, quien se quedó dentro del elevador para ir a la oficina del ministro.

Ginny se sentía agotada, había tenido que ir a varios departamentos y todo en una hora. Cuando llegó de nuevo al cuartel, Ron le informó que tenían una reunión. Se le hizo extraño, ya que siempre las reuniones las anunciaban con tiempo.

Estaban todos los aurores reunidos en la sala de conferencias, cuando llegó el ministro, Kingsley, con el jefe del cuartel, Wood.

- Chicos los hemos mandado reunir para darles una noticia. Wood pidió su traslado a otro país y ya lo han aceptado – empezaron murmullos de asombro – sabemos que nadie se lo esperaba, pero es algo que él ha decidido hace poco tiempo.

- Muchos de ustedes saben que mi hija esta estudiando en Estados Unidos – les dijo Wood – al comienzo solo pedía vacaciones pero mi jefe no me las daba – Kingsley sonrió – pero para mi buena suerte llegó mi salvador.

- Así es, se hizo un cambio de jefes del cuartel de aurores entre Estados Unidos e Inglaterra. Ya todo quedó listo entre ambos países. Wood decidió irse a vivir a Estados Unidos por su hija.

Ginny empezó a respirar rápidamente mientras todos se preguntaban de quien se trataba.

- Chicos, a partir de hoy, su jefe es Harry Potter.

Ginny vio entrar a Harry a la sala de conferencias tal como sucedió cuando lo conoció en Estados Unidos. Muchos aplaudían emocionados ya que la mayoría lo conocía personalmente cuando estuvo trabajando ahí y otros, le aplaudían por ser el héroe, el salvador del mundo mágico, y ahora su jefe.

- Ginny ¿estas bien? – le susurro Hermione.

- ¿Cómo quieres que este bien? – le decía entre dientes para que Ron no la escuchara – Harry de nuevo es mi jefe, maldita sea.

- Cálmate.

Harry dio un pequeño discurso ante los aurores y después les dio un tiempo para que se despidieran de Wood.

Cuando todos se habían ido a sus labores personales, Harry se acercó a Hermione, Ron y Ginny quienes se encontraban juntos.

- Vaya Harry, no sabía que tu eras el jefe del cuartel de aurores en Estados Unidos, pensé que solamente eras una auror – le dijo Ron - ¿Por qué nunca me lo dijiste, Hermione?

- No lo sé – le contesto Hermione aun preocupada por Ginny.

- Si, casualmente cuando llegué el jefe se iba a jubilar y me dieron el puesto – Ginny bufó – yo no tuve la culpa que me lo ofrecieran.

- Claro – dijo Ginny irónicamente.

- Pues felicidades, eres un gran auror y cuando trabajabas con nosotros ayudabas mucho a Wood, no creo que te sea difícil el trabajo. Cuenta con todo nuestro apoyo.

- Gracias, Ron. Wood y yo ya hemos estado trabajando juntos.

- ¿Es por eso que venias seguido al cuartel? – le pregunto Hermione.

- Así es. Mientras los ministros de ambos países se ponían de acuerdo con el traslado, Wood y yo adelantábamos el trabajo. Solo les puedo decir que vendrán algunos cambios – dirigió su mirada a Ginny.

- ¿Qué clase de cambios? – pregunto temerosa Ginny.

- Ya lo sabrán. Por lo pronto, Weasley – vio a Ginny – en mi oficina en dos minutos.

- Dos minutos, dos minutos, maldita sea – empezó a decir Ginny molesta cuando Harry entró a su oficina - ¿Por qué dos minutos?

- ¿Qué te pasa? – le dijo Ron.

- Siempre son dos minutos ¿Qué no pueden ser tres?

- ¿Y ahora a esta que le pasa? – le pregunto Ron a Hermione viendo a su hermana caminar hacia la oficina de Harry tomándose el vientre, mientras seguía maldiciendo. Hermione solamente le hizo señas con la mano indicándole que era por el embarazo.

Harry la hizo pasar y le indico que se sentara frente a su escritorio. Todo era exactamente como en Estados Unidos, Harry tocando su varita cerró la puerta. Sacó unos documentos volviéndolos a leer y Ginny se dio cuenta que eran sus misiones.

- Me dio gusto lo que me dijiste en el elevador – le dijo sin voltear a verla, Ginny puso los ojos en blanco pero no dijo nada - ¿sabias que Ellen va a renunciar pasado mañana?

- No la culpo, iba a ser tu secretaria ahora.

- No va a renunciar por eso, se va a casar.

- ¿Y por eso va a dejar de trabajar? Que tonta.

- Quiere dedicarse por ahora a la boda.

- Bueno ¿Y yo que tengo que ver en eso?

- Necesito una secretaria – levantó la mirada para verla de frente.

- Pues búscala – le dijo muy seria.

- Claro que la voy a buscar, pero por ahora, tengo mucho trabajo y no me va a dar tiempo de contratarla.

- ¿Y? Sigo sin entender.

- Mientras consigo una secretaria, tú te vas a encargar de ese puesto.

- ¿Qué? – se levanto enojada.

- Siéntate – le ordeno, Ginny lentamente se fue sentando de nuevo pero fulminándolo con la mirada – como te dije en el elevador, no es bueno que estés en la calle, te cansas mucho. Estas misiones – apuntó con su dedo índice los documentos – se las voy a asignar a otro auror. Por lo pronto, tú vas a estar trabajando con Ellen antes de que se vaya para que te ponga al corriente con todo. También – continuo Harry al ver que Ginny solo lo veía para querer matarlo – tú te vas a encargar de entrevistar a mi futura secretaria. Tienes dos semanas antes de empezar tu incapacidad, así que tienes mucho trabajo.

- Yo no estudie en la academia de aurores para conseguirte una secretaria.

- No, estudiaste para ser un auror y obedecer ordenes – volvió su lectura a los documentos - ¿Callejón Knockturn? ¿Fuiste la semana pasada al Callejón Knockturn y sola? ¡Por Dios, Ginny! – la regañó.

- Es mi trabajo.

- Pues bien, así como eres de obediente para ir a lugares peligrosos – Ginny rodó los ojos – ahora necesito que por dos semanas seas mi secretaria, me consigas una nueva y la dejes entrenada.

- Yo no se lo que hace una secretaria.

- Tienes hoy y mañana para saberlo, porque Ellen ya no regresa pasado mañana. Así que te recomiendo que empiecen en este mismo instante.

- Eres un pesado arrogante. Merry Casey esta embarazada ¿también le vas a quitar sus misiones como a mí?

- Eso no te incumbe, tú enfócate en las órdenes que te doy. Ya puedes irte - Ginny salió furiosa de la oficina no sin antes azotar la puerta – lo había olvidado. Tendré que acostumbrarme de nuevo a esos azotes de puerta.

Ginny pasó los siguientes días como secretaria de Harry. No le dirigía la palabra más que para cuestiones de trabajo. Ella y Lily salían a pasear por las tardes pero no se había encontrado con Harry más que en el cuartel. Era viernes por la tarde, Harry la tuvo ocupada la mayoría del día, y por lo tanto, no tuvo oportunidad de comer como a ella le hubiera gustado, sino que tuvo que hacerlo en su escritorio y trabajando. Así que su humor no era del todo bueno. De nuevo, Harry la mandó llamar para que redactara otra carta a los ministros de otros países.

- ¿Qué te dijo Cooper acerca de los trasladores falsos?

- Que ya los tenían identificados – le contestó Ginny sentándose frente al escritorio de Harry, dejando su varita a un lado de su libreta.

- ¿Te dijo de donde provenían? – Harry caminaba de un lado a otro en su oficina leyendo unos documentos.

- No.

- Dile a Granger que le de seguimiento a eso – Ginny anotó en su libreta - ¿Cuándo empiezas con las entrevistas para mi secretaria?

- El lunes.

- ¿McIntyre ya regresó de Gringotts?

- No, al parecer si hubo un intento de robo, me mandó un patronus diciéndome que tardaría un par de horas más.

- ¿Qué tantas horas?

- No lo sé – le contestó de mala gana – solo dijo un par de horas.

- ¿Qué te pasa? – levantó Harry su mirada de los documentos para verla de frente.

- Nada ¿Qué cartas querías que redactara?

- Se cancela la convención en Alemania.

- ¿Ya no te vas a ir? – Le pregunto desilusionada, Harry la miró con los ojos entrecerrados - ¿Nada mas quieres que redacte las cartas?

- Necesito que me encuentres un archivo del año… - Ginny resopló - ¿Vas a estar así? Porque tenemos mucho trabajo.

- Tengo hambre. Solamente he comido tres rebanadas de pastel.

- ¿Qué estas diciendo? – Harry se acercó a ella.

- Que no he comido porque me has tenido trabajando todo el día.

- Cuando entre a la junta con Kingsley pudiste ir a comer a la cafetería ¿Por qué no lo hiciste?

- Alice me entretuvo un poco – dijo bajando la mirada – pero me dio pastel.

- El chisme. Mandaré un mensaje a cafetería para que te traigan una ensalada con pollo – Harry escribía en un pergamino.

- ¡No! Quiero spaghetti con albóndigas y una papa asada – Harry negó con la cabeza doblando el pergamino – tengo hambre.

- Tienes que comer sano.

Ginny resopló tocando sin querer su varita y de ella salieron chispas directo hacia la mano donde Harry sostenía el pergamino. Ambos se quedaron viéndose asustados por lo que acababa de pasar. Ginny, aun sorprendida, volvió a tocar su varita y de nuevo salió otra chispa directo hacia Harry, golpeándolo en el hombro.

- ¡Oye! – le dijo indignado tocándose el hombro.

- Yo no fui – Ginny empezó a reírse – te lo juro. Jamás había hecho magia con solo tocar la varita, de hecho, siempre quise preguntarte como lo hacías tú.

- No me parece gracioso – Harry recogió del suelo el pergamino – te pedí agua de jamaica.

- No, quiero un refresco de cola.

- Es mejor agua de jamaica – de nuevo Ginny volvió a tocar su varita y de inmediato salió otra chispa dándole a Harry en la cabeza - ¡GINNY!

- Yo no hice nada – le decía Ginny riéndose mucho – seguramente fue tu hijo.

Harry se le quedó viendo muy seriamente tocándose la cabeza donde había recibido el golpe y Ginny dejo de reírse al darse cuenta de lo que había dicho. Era la primera vez que ella le decía que también era hijo de él. Ya no solamente de ella. De inmediato, Ginny tomó su libreta y varita y salió de la oficina sin decir nada.

Cinco minutos después, Ginny recibía en su escritorio, un gran plato de spaghetti con albóndigas, una papa asada y un refresco de cola. Ginny sonrió contenta.

- Pudiste convencer a papá, bebe.


Ginny va cayendo inconscientemente ¿no? Esta conociendo mas a Harry fuera del trabajo, aunque dentro del cuartel sigue siendo el mismo jefe, pero aun asi, la protege por ser la mamá de su hijo, aunque eso a ella no le gusta del todo.

Lily le soltó la sopa de lo de Cho, solo para ver la reacción de Ginny, esa mujer esta en todo y así seguirá.

Dean Thomas fue la primera opción de Ginny para la inseminación ¿Donde andará?

¡Mil gracias por sus reviews, sino fuera por ellos dejaria de escribir definitivamente.

Saludos.