Aqui estoy! La mayoria me pidió que actualizara el viernes, pero oh sorpresa, no voy a tener tiempo mañana, asi que preferí hacerlo desde hoy por la noche, bueno en mi país falta una hora para que sea viernes.

Espero que les guste el capitulo.


La Madriguera era un caos. Todos los Weasley rodeaban a Ginny con la pequeña Lily en brazos. Aun estaban sorprendidos de que se había ido con Hermione a pasar el fin de semana embarazada y que haya regresado con su hija en brazos. Molly aun estaba consternada, pero feliz. Se sentía mal por no haber estado con su hija en el momento más importante de su vida, pero sabía que no estuvo en sus manos. A Ginny aun le faltaban dos o tres semanas para dar a luz y Bill también era su hijo, era su deber estar con él para pedir la mano de su prometida. Pero ahora se dedicaría a su nieta, a su única nieta.

Ginny no podía creer lo cariñosos que podían ser sus hermanos cuando se lo proponían. Estaban vueltos locos por su hija. Durante el día casi no la cargaba, sobraban brazos para hacerlo pero durante la noche, la pequeña Lily simplemente no quería a nadie. Lloraba y nada la tranquilizaba. Sus hermanos optaban por mejor despedirse, porque el llanto de la niña era simplemente insoportable. Ginny dormía muy poco, al igual que sus padres, porque el llanto iniciaba justo a la hora de dormir de los adultos y terminaba como tres horas después, dormía un poco y de nuevo iniciaba el llanto.

Harry llegaba a su oficina y detrás de él, la Sra. Bailey con toda la información que necesitaba: sus citas, sus reuniones, sus mensajes, etc.

- ¿Esta usted bien, Sr. Potter? Esta semana lo he visto muy desmejorado.

- Estoy bien. Sra. Bailey, por favor dígale a Granger que quiero hablar con ella.

- En seguida, señor.

Hermione tocó la puerta antes de entrar. Harry estaba tomándose unas aspirinas y la hizo pasar.

- ¿Me buscabas?

- Si, pasa, por favor.

- Conseguí lo que me pediste. Es un curso muggle muy completo de defensa…

- No, no te llamé para eso – Hermione frunció el ceño - ¿Has visto a Ginny y a mi hija?

- Todos los días.

- ¿Cómo están?

- Según tengo entendido, Ginny te llama todos los días.

- Si, pero únicamente me dice que están bien. Escuché un comentario de Ron que su sobrina es hermosa pero que por las noches llora mucho.

- Si, Ginny batalla un poco para dormirla por las noches. En el día duerme y come muy bien, pero en las noches, simplemente llora – Harry suspiro preocupado – Ginny la llevo con el sanador y dice que la niña esta completamente sana.

- Quisiera verla, esto me esta volviendo loco.

- Harry, entiende a Ginny, ella no les puede decir a su familia que tú eres el padre de su hija, tu eres…

- Harry Potter, lo sé. Soy el héroe, el salvador del mundo mágico – bajo la mirada – yo únicamente quiero estar con mi hija.

Hermione lo vio con nostalgia. Ginny tenia razón, Harry no solo era el jefe estricto exigiendo a sus aurores un buen trabajo y responsabilidad, sino que también, era un ser humano con sentimientos y tierno, muy tierno.

- ¿Quieres que le de un mensaje a Ginny?

- Solo que la veo el domingo en su casa, con mi hija.

A pesar de las quejas de Molly, Ginny se fue a su casa el domingo después de almorzar. En casa de sus padres se sentía muy a gusto, pero por las noches, con el llanto de la pequeña Lily, sabía que ellos no dormían del todo bien. Arthur se iba a trabajar casi con los ojos cerrados y Molly ya no se levantaba temprano a darle de comer a las gallinas.

Gracias a Lily y sus pociones, ya estaba del todo recuperada. Su antigua ropa le quedaba a la perfección y ya no tenia ningún dolor de la herida.

Decidió dar una rápida sacudida a su casa con magia antes de llamar a Harry. Sabía por Hermione que todos los días le preguntaba por ella y por su hija, a pesar de que se hablaban a diario por teléfono.

Apenas lo llamó y todos los Potter, incluido Sirius y Remus aparecieron afuera de su casa. Sirius y James cargaban regalos, flores y globos, así que cuando Ginny abrió la puerta, tuvo que hacerse a un lado.

- Hola, pelirroja – le entregaba Sirius todos los globos y las flores - ¿Dónde esta mi sobrina-nieta?

- Arriba – Ginny trataba de agarrar todos los globos y las flores que le cubrían la cara.

- Es mi nieta, Sirius, yo voy primero.

- Parecen niños – les dijo Remus – hola Ginny ¿Cómo estas?

- Creo que bien.

Por fin, Ginny pudo tomar bien los globos y las flores haciéndolas a un lado dejándose ver. Harry abrió los ojos sorprendido, era la misma Ginny que había conocido en Estados Unidos: hermosa y con un cuerpo escultural, aunque extrañaba esa pancita que la hacia verse tierna y encantadora. Ginny vestía un pantalón entallado a la cadera, una blusa de tirantes color verde y el cabello lo tenía recogido con una coleta.

- Veo que te pusiste las pociones que te di – le dijo Lily sonriendo de lado viendo a Harry que no le quitaba la vista de encima.

- Si, Lily, gracias a ti no tuve que comprar mas ropa con talla algo grande, me queda toda mi ropa.

- Te ves hermosa y sexy ¿verdad, Harry?

- ¿Eh?

- Que la madre de tu hija es una chica realmente bella.

- Ah, si.

- ¡Petrificus totalus! – se escuchó en la planta alta.

- ¡James! No petrifiques a Sirius.

- Por Merlín – se quejó Lily subiendo las escaleras.

- Es mi nieta.

- Parecen niños ¿ese es el ejemplo que le están dando a mi nieta? Dámela James y cuidadito que se te ocurra petrificarme a mi.

- Perdón – le dijo Harry a Ginny – quería venir solo pero…

- No te preocupes, quieren estar con Lily.

Ginny puso los globos atados a una silla y se fue a la cocina para llenar el florero de agua para poner las flores en la mesa. Harry no le podía quitar la vista de encima. Nadie creería que hace una semana, ella había tenido una hija – sonrió internamente – una hija de él. Se hizo una nota mental: darle las gracias a su madre y a su gusto por las pociones.

- ¿Cómo has estado? ¿Lily ya te deja dormir por las noches? – Harry la siguió hasta la cocina.

- No, aun llora mucho. Tal vez le tenga miedo a la oscuridad y al ruido de los grillos que se escuchan en casa de mis padres. Espero que aquí no llore tanto ¿Quieres café?

- Si.

Ginny se estiró para tomar el bote de café de la alacena, haciendo que su blusa subiera y dejara al descubierto parte de su abdomen. Harry lo vio y sonrió de lado, apenas una semana él acariciaba ese abdomen, le hablaba y le daba besos.

- ¿No vas a ir a ver a tu hija?

- Los amenacé que solo podían estar con ella un rato porque el resto de la tarde la quería solo para mi – Ginny sonrió negando con la cabeza – en una hora se van.

- Que malo eres.

- Ginny ¿Qué va a pasar ahora?

- ¿A que te refieres?

- ¿Qué pasaría si en este momento llegara Ron? – Ginny lo vio asustada – tenemos que pensar en algo.

- Lo sé, pero no se me ocurre nada. Lo único de lo que estoy segura es que mis padres no deben de saber que tu eres el padre de mi hija – Harry dio un suspiro – durante la semana fueron a visitarme la familia de Fleur, la prometida de mi hermano. Hablaban de ti y de tu heroica lucha. Papá les decía que Ron y yo te conocíamos porque eras nuestro jefe. No sabes la cantidad de preguntas que me hicieron de ti. No me quiero ni imaginar que cara pondrían cuando les diga: "si, yo utilice a Harry Potter por eso tengo a mi hija en brazos".

- Estuve pensando en algo – le dijo Harry ignorando el ultimo comentario – tenia planeado irme a vivir a un departamento de Sirius, pero mis padres también quieren convivir con Lily, así que me quedaré un tiempo mas con ellos ¿Podrías llevarme a Lily por las tardes para estar un rato con ella?

- De acuerdo – Ginny le empezó a preparar el café a Harry, al fin y al cabo, ya sabía como le gustaba – pero si alguno de mis hermanos me dice que quiere visitarme, ese día no podría llevarla.

- Entiendo. También podrías ir a casa de mis padres los fines de semana. Ya sabes, Sirius y papá aun siguen intentando hacer carne asada al estilo muggle sin que se le encienda el asador.

- ¿Aun siguen con eso? – pregunto divertida. Harry asintió – Esta bien, pero sería el sábado por los domingos mis padres quieren que estemos todos juntos a la hora de la comida.

- Otra cosa – Harry dudo un poco antes de continuar pero Ginny lo vio esperando que era lo que le iba a decir - ¿realmente quieres regresar a trabajar? Porque yo te puedo pasar una pensión y no tendrías necesidad…

- Estas bromeando ¿verdad, Potter? – Ginny se puso seria y con las manos en la cintura – dime que estas bromeando sino quieres que te…

- Pensé que tal vez querías pasar más tiempo con Lily.

- Claro que voy a estar con mi hija pero eso no significa que deje de trabajar.

- De acuerdo, quedó aclarado el tema – Harry levantaba las manos en señal de paz - ¿Quién cuidaría de ella mientras estas en el cuartel?

- Mamá. Hablé con ella y esta de acuerdo. Cuando tenga que salir de viaje a alguna misión, ella viajará conmigo.

- Bien.

Pero para Harry no estaba nada bien, pero no pensaba decírselo a Ginny. No le gustaba la idea de que Ginny regresara al cuartel a exponer su vida día a día y mucho menos que su hija viajara con ella. Era por eso que él ya tenia claramente lo que iba a hacer como jefe del cuartel de aurores, aunque eso significara, la furia de la madre de su hija.

- Durante la mañana la cuidaré yo y cuando entre a trabajar, lo hará mamá. En la tarde la puedo llevar un par de horas para que la veas tú y ya más tarde me la traigo a la casa para estar yo con ella.

- Muy bien ¿Qué hay del tema del apellido? – Ginny resopló – no hay vuelta atrás.

- Es un no, Harry, y punto. Acéptalo.

- No, no lo acepto – le dijo muy serio.

- Esta grandísima, es increíble lo mucho que creció en una semana – llegó Lily sonriendo - ¿Pasa algo? ¿Interrumpí?

- No, Lily, claro que no – le dijo Ginny pero Harry salió de la cocina muy serio.

- Perdón, no fue mi intención…

- No te preocupes ¿Quieres café?

Harry subió molesto a ver a su hija. No sabía en que iba a terminar este asunto de los apellidos, pero estaba decidido a que su hija llevara el apellido Potter a como diera lugar.

En cuanto la pequeña Lily escucho la voz de su padre, se puso atenta, ya no le importó mucho las caras graciosas que hacían esos tres hombres que tenia frente a ella.

- La sofocan ¿sabían?

- Le gustamos, le gusta los merodeadores – le dijo Sirius.

- Pero yo le gusto más porque soy su abuelo – James sonrió orgulloso.

- Gracias a Dios, no sacó nada de ti.

- ¿Como no? mi encanto.

- Y el olor. Harry, creo que debes cambiarle el pañal.

Harry cargó a su hija y la puso en el cambiador, los tres hombres la siguieron y la rodearon.

- ¿Sabes como hacerlo? – le pregunto Sirius.

- Claro que sabe ¿verdad, Harry?

- Nunca lo he hecho, pero no creo que sea tan difícil.

- Toma, aquí están los pañales y las toallitas húmedas – le dijo Remus.

- Gracias – suspiro - Bien, allá vamos.

Harry le abrió el pañal y todos se hicieron para atrás con gesto de asco.

- No hay duda, Cornamenta, es tu nieta – le dijo Sirius tapándose la nariz – así olía Harry.

- ¿Quieren callarse? ¿Por donde empiezo?

Había sido toda una odisea, pero lo habían logrado, habían podido cambiar de pañal a la pequeña Lily. Horas después, en que estuvieron tomando café con pan dulce mientras hablaban de bebes, todos se despidieron con excepción de Harry, que en todo momento no le dirigió la palabra a Ginny. Ella había preferido no molestarlo, no quería tener una discusión con él, porque si tomaban el tema de nuevo sobre los apellidos, sabía que no iba a terminar en nada bueno.

Llegó la noche, Harry había permanecido con su hija todo el día en la habitación de Ginny mientras ella hacia labores domesticas. Él se había hecho cargo de darle el biberón y cambiarla cada vez que ella lo necesitara.

- Debo bañarla – llegó Ginny a su habitación.

- Te ayudo.

Ambos, en completo silencio, bañaron a su hija. Ginny sabía que de un momento a otro iba a empezar a llorar como lo hacia en la madriguera, pero no había pasado nada, la pequeña Lily simplemente se quedó dormida en brazos de Harry. La acostó en su cuna, le dio un beso en la frente y con un simple adiós, se despidió de Ginny.

Como habían acordado, Ginny llevaba a la pequeña Lily por las tardes a casa de los Potter, quienes ya habían acondicionado una habitación exclusiva para ella, con juguetes, una cuna, un cambiador, etc. Los primeros días, en cuanto llegaba Harry del ministerio, Ginny ponía cualquier pretexto para irse. Pero Lily hizo todo lo posible para mantenerla el mayor tiempo posible junto a ellos, como enseñarle pociones para lo cólicos de la bebé, las rozaduras, etc.

Ginny había notado que su hija dormía mucho mejor durante la noche cuando Harry la arrullaba y se quedaba dormida en sus brazos. Ya no lloraba como acostumbraba hacerlo, así que Ginny no tenía más opción que quedarse con Harry hasta que la pequeña Lily se durmiera. El problema era cuando alguno de sus hermanos querían pasar la tarde con ella y con su sobrina. Por sus padres no se preocupaba, porque por las mañanas la pasaba con ellos.

Una tarde, en la que los gemelos decidieron llevarle a su única sobrina los nuevos artículos de bromas que vendían en su tienda, la pequeña Lily los veía a ambos con cierta extrañeza, era como si no comprendiera porque había dos personas idénticas frente a ella.

- Tiene unos ojos hermosos – comento George.

- Creo que el tío Edgar tenía los ojos así.

- No, Fred, los tenia azul verdoso ¿Qué no recuerdas cuando éramos niños y le hacíamos bromas, abría los ojos como para querer matarnos?

- No estoy seguro.

- Ginny, cuando este grande le vamos a enseñar nuestros secretos para nuestros artículos.

- Ni lo piensen. Jamás voy a permitir que a mi hija le hagan bromas como se las hacían a Ron.

- Eran inofensivas.

- Si, claro, el cabello amarillo por una semana era inofensivo ¿Por qué nunca me hicieron nada a mí?

- Porque tu eras nuestra hermanita, la única mujer, a ti solo te queríamos cuidar – Ginny rodó los ojos – y ahora nuestra sobrina será la reina de la casa.

- Claro que no le vamos a hacer bromas a ella, le vamos a regalar todo lo que tengamos en la tienda para que ella lo utilice con quien quiera.

Habían pasado la tarde recordando como fue que los gemelos habían decidido abrir una tienda de bromas, reclamándole a Ginny el porque se fue a Estados Unidos y no haber estado en la inauguración.

Mas tarde, se les unieron Ron y Hermione. Ron cargaba a su sobrina con mucha facilidad, y Hermione solamente lo veía con nostalgia, imaginando como seria Ron como padre.

- Ron ¿verdad que Lily tiene el mismo color de ojos que el tío Edgar? – le pregunto Fred. Ron alzó a su sobrina para verla de frente.

- No recuerdo bien ¿Qué no los tenia azul verdoso?

- Te lo dije – saltó George.

Los gemelos empezaron una pequeña discusión mientras que Ron seguía observando detenidamente a su sobrina.

- ¿Qué tanto le ves? – le pregunto Hermione.

- Sus ojos ¿no te parece que se parecen mucho a los de Harry?

- Ay Ron, que cosas dices, claro que no. Además, los bebes a veces nacen con un color de ojos y cuando crecen les cambia un poco.

- Eso no sabía, yo no sé nada de bebes – le dijo Ron pero sin dejar de observar los ojos de su sobrina – insisto, sus ojos se parecen mucho a los de Harry, tal vez quien donó su semen tenia ese color de ojos. Hermione – volteó a verla – tu me dijiste que en esos bancos de semen muggle tenían datos específicos de los hombres que donaban su semen.

- Si.

- Tal vez ahí venga que color de ojos tenia ese hombre… el padre de Lily.

- Lo mas seguro es que si, pero Ginny nunca quiso saber nada de él. Los doctores hicieron todo y jamás le dijeron a Ginny nada sobre quien donó su semen – le dijo Hermione simulando sus nervios. Ron era un excelente auror, le gustaba investigar y atar cabos por donde sea - ¿Qué más da de quien habrá salido ese color de ojos? Es tu sobrina, la hija que tanto deseo Ginny para ella sola. Respeta la decisión que tomó tu hermana.

- Tienes razón.

Por la noche, después de que sus hermanos y Hermione se despidieran, de nuevo el llanto. La pequeña Lily reclamaba los brazos de su padre. Así que Ginny no tuvo opción que llamarle a Harry para que fuera a dormir a la bebé.

- ¿Harry?

- ¿Qué pasa, Ginny? – le preguntaba Harry adormilado.

- Perdón por despertarte.

- ¿Lily esta bien?

- Si, bueno no. Esta llorando, no quiere dormir.

- ¿Comió bien?

- Si, tiene sueño pero – suspiro - ¿podrías venir a arrullarla?

- Claro.

- Puedes usar tus llaves de mi casa para entrar.

- Si, me cambio y voy para allá.

En cinco minutos, Harry ya se encontraba en casa de Ginny. Ella, le entregó a su hija en los brazos que no había dejado de llorar por un buen tiempo.

- Hola, mi princesa ¿Qué pasó? ¿Por qué no quieres dormir? – La pequeña inmediatamente dejó de llorar al escuchar a Harry - ¿Por qué no quieres dejar dormir a mamá?

Ginny salió de la habitación dejando a Harry hablando con su hija. Era increíble la conexión que tenia ellos dos, Ginny supuso por tanto que Harry le hablaba mientras ella estaba embarazada. Se preparó un té y se quedo en la sala esperando a que Harry durmiera a su hija. Quince minutos después, Harry bajaba las escaleras.

- Ya se durmió, la dejé en su cuna.

- Gracias. De verdad no quería molestarte, son las dos de la mañana…

- No te preocupes. Llámame a cualquier hora que lo necesites.

- Gracias, Harry.

Se hizo un silencio.

- Sirius se enojo porque no llevaste hoy a Lily, había comprado helado.

- Lily no come helado.

- Todos lo sabemos menos él, hasta había comprado conos de diferentes sabores. Mamá lo regaño – los dos empezaron a reírse – espero que mañana si puedan ir. En esta semana solamente has ido dos días.

- Mis hermanos…

- Si lo sé – le contesto de mala manera – buenas noches, Ginny.

Empezaba el mes de noviembre y eso significaba que Ginny tenía que regresar al cuartel. Muy temprano, su madre iba por su nieta para cuidarla mientras Ginny trabajaba, bueno, si es que se le podría llamar trabajar, porque desde que había regresado, Harry únicamente le asignaba misiones de investigación alegando que era lo mas nuevo que había llegado y que las otras misiones ya las tenia cubiertas.

Así terminó noviembre. Lily adornaba su casa llena de accesorios navideños. Era la primera navidad de su nieta y quería que su casa estuviera llena de vida y espíritu navideño.

Aunque Ginny, de espíritu navideño no tenía nada. Después de salir de una junta con todos los aurores, en donde se hablaban de los avances en el cuartel y asignaban nuevas misiones, Ginny quería matar a Harry. Sin pedirle permiso a la Sra. Bailey para entrar a la oficina del jefe, ella entró decidida.

- Quiero hablar contigo – azotó la puerta - ¿Por qué carajos me das esta misión? – Le aventó el expediente en su escritorio - ¿Fraude? ¿Quieres que investigue un supuesto fraude?

- Si no quieres trabajar, ya sabes lo que tienes que hacer – le dijo Harry tranquilo.

- En todo el maldito mes no hago más que investigaciones ridículas. Mandaste a Stevenson a investigar sobre los asesinatos de la semana pasada en el callejón Knockturn.

- Tú no tienes porque cuestionarme lo que hago o dejo de hacer en mi departamento.

- ¡Yo ya te hubiera traído resultados!

- Bien, comprueba que no fue fraude… - Ginny bufó enojada – sal de mi oficina si no quieres que te suspenda, Weasley, sabes muy bien que lo puedo hacer – le dijo Harry ya molesto.

- ¿Te estas vengando de mi porque no le quiero dar tu apellido a mi hija?

- No tengo porque hacerlo, mi hija va a llevar mi apellido te guste o no.

Ginny salió furiosa de la oficina de Harry, dando su característico azote de puerta, tan fuerte que ni la Sra. Bailey se atrevió a llamarle la atención por su mal comportamiento. Estaba tan enojada de no hacer prácticamente nada por culpa de Harry, toda su dedicación a su carrera se estaba yendo a la basura. Decidió irse a preparar un café cuando escucho voces provenientes de la pequeña cocineta que se encontraba en el cuartel, donde muchos aurores tomaban un pequeño descanso y se tomaban algún refresco o café. Se acercó y supo que era Ron y Hermione quienes hablaban pero con voz un poco baja a su parecer, así que decidió escuchar sin que se dieran cuenta.

- La próxima semana iniciamos el entrenamiento de defensa muggle – le decía Ron a Hermione – Harry me comentó que quería a otro en el equipo.

- ¿A otro?

- Si, yo voy a ser el líder. Bulgaria va a mandar a dos aurores y quiere que nosotros agreguemos a alguien más.

- ¿A quien? Es una misión muy importante y complicada.

- Me dijo que Cooper.

- ¿Cooper? Pero Cooper es un completo imbécil.

- Lo sé, le dije que no me parecía la idea, pero me dijo que no tenía a otro.

- ¿Tu a quien quieres?

- Si te soy sincero, me gustaría que Ginny estuviera en el equipo. Ella es muy buena peleando, no dudo que también se le de defensa muggle. Ginny es una excelente auror.

- ¿Se lo comentaste a Harry?

- Si, pero me dijo que Ginny no iba a salir de Londres, que todas sus misiones iban a estar aquí. No sé porque.

Pero Hermione y sobretodo Ginny, sabían el porque de la decisión de Harry. Estaba tan enojada que quería enfrentarlo de una buena vez y para siempre. Así que esa tarde, le pidió a Lily y a James que cuidaran a la pequeña Lily y le envió a Harry un mensaje de texto a su celular: "te espero en mi casa".

Harry se extraño al recibir el mensaje, así que preocupado se apareció en casa de Ginny para saber que era lo que ocurría. Ginny lo hizo pasar completamente seria.

- ¿Qué pasa? ¿Dónde esta Lily?

- Quería hablar contigo.

- ¿De que?

- Me quieres explicar ¿Por qué demonios todas mis misiones van a ser en Londres?

- ¿Otra vez con lo mismo? Ya te dije que si no te gusta…

- Quieres que renuncie ¿verdad? ¡Eso es lo que quieres!

- Si eso era todo lo que querías decirme, me disculpas pero quiero ir a ver a mi hija – Harry se dio la media vuelta pero Ginny le lanzó un hechizo en donde se estampó con una invisible pared.

- Aun no termino, Potter – Harry suspiro y se dio la vuelta para verla de frente, clavándole la mirada verde en señal de que no le había gustado nada lo que acaba de hacer, cosa que a Ginny la tenia sin cuidado - ¿Por qué no me quieres incluir en la misión que están Ron y Hermione?

- Veo que dos de mis aurores no han cumplido con su código de confidencialidad – se cruzo de brazos.

- Ve mejor que tienes a un auror que escucha conversaciones ajenas a escondidas – Harry le dirigió una mirada severa - ¿Por qué Cooper y no yo?

- No tengo porque darte explicaciones…

- ¿Será porque Cooper no te ha dado una hija y yo si? – Lo apuntó con la varita - ¿Es por eso?

- Baja esa varita en este instante.

- ¡Contéstame!

- ¡SI! ¿Contenta? Mientras este en mis manos que tú estés fuera de peligro, lo haré.

- ¡Eres un desgraciado, infeliz!

- Insúltame todo lo que quieras, pero jamás te pondría en peligro.

- ¡SOY UN AUROR, IDIOTA! ¡Sé defenderme!

- No me importa, eres la madre de mi hija y mi obligación es…

Pero Harry no terminó de hablar porque Ginny ya le había lanzado un hechizo haciendo que volara por los aires y chocara contra la pared, golpeándose la espalda y la cabeza.

- Vamos, defiéndete, imbécil.

- ¿Estas loca? – Harry se levantaba tocándose la cabeza debido al golpe.

- Si tengo que demostrarte que sé pelear, lo voy a hacer.

- Eso no va a cambiar…

Ginny de nuevo le lanzo un hechizo pero Harry pudo esquivarlo fácilmente, pero no contaba que ella no se iba a conformar con solo un hechizo, así que empezaron a volar objetos, floreros, platos, todos en dirección a él.

- Expelliarmus – exclamó Harry pero se sorprendió que no le funcionó con ella. Su hechizo favorito y en el que se sentía un experto, no rindió frutos con Ginny. Ella se había lanzado detrás de un mueble para esquivar el hechizo.

Así empezó una lucha por toda la casa. Ginny le daba con todo a Harry, haciendo que a veces los hechizos dieran en otro lado y la casa quedara semidestruida. Harry trataba de lanzarle hechizos para desarmarla o bien, detenerla en su furia, no quería hacerle daño, pero hasta ese momento no había podido hacerlo. Ginny era excelente en bloquear hechizos o bien, esquivarlos y moverse rápidamente para esconderse de él.

- ¡Acepta que soy un buen auror y que me vas a enviar a esa misión con Ron y Hermione!

- En tus sueños, Weasley – le contesto Harry escondido detrás de la puerta de la cocina, sabía que Ginny estaba en la sala, pero no sabia muy bien donde, porque cada vez que asomaba la cabeza, Ginny le lanzaba un sin fin de hechizos.

- ¡Maldito desgraciado! ¡TE ODIO! – le lanzó hechizos que hizo que la puerta de la cocina se partiera en trocitos, rebotando en la cabeza de Harry y haciéndole cortaduras en la cara.

- ¡Me diste, Ginny!

- Eso y mas te mereces, desgraciado. Me fui de casa de mis padres precisamente porque no quería que me estuvieran cuidando. Estudié la carrera de auror para demostrarle a ellos y a todos que puedo valerme por mi misma, que no soy una débil ni frágil mujer ¡Y ahora resulta que tú me quieres proteger! ¡Vete mucho al carajo, Potter!

Harry se arrastró por la otra puerta de la cocina y se asomó por el pasillo de la escalera, ahí la pudo verla a la perfección. Estaba escondida detrás de la mesa del comedor, que ahora lo tenía como escudo, pero le había hecho un pequeño orificio para de ahí ver a Harry cada vez que se asomara, sin necesidad de que ella levantara la cabeza para buscarlo. Harry sonrió, era lista, muy lista. Pero tenia que quitarle su varita a como diera lugar.

Durante sus entrenamientos aprendió a hacer un hechizo en donde la voz podía permanecer en un mismo lugar, aunque la persona estuviera en otro, así que lo puso en práctica.

- Ya cálmate, Ginny, aunque estemos peleando no vamos a llegar a nada.

Ginny le empezó a lanzar hechizos hacia donde provenía la voz, pero Harry salió por la puerta trasera, rodeando la casa para entrar por la puerta principal. En cuestión de segundos, Harry estaba a unos pasos de Ginny y ella le estaba dando la espalda sin ni siquiera darse cuenta de su presencia.

Todo pasó muy rápido, cuando Harry apenas hizo un movimiento, Ginny volteó de inmediato.

- Expelliarmus – gritó Ginny y la varita de Harry salió volando hacia el otro extremo de la casa.

Sin pensarlo, Harry se lanzó hacia Ginny cayendo ambos en un sillón, forcejeando para tener la varita de Ginny que ninguno de los dos estaba dispuesto a perder. Cayeron del sofá y rodaron por la alfombra de la sala que estaba llena de vidrios rotos. Harry logró quitarle su varita, pero no la pudo conservar porque Ginny seguía manoteando desesperada, cayendo apenas unos metros lejos de ellos.

- ¡YA! – Harry había terminado arriba de ella. Tomó sus muñecas y las colocó arriba de la cabeza de Ginny, quien aun seguía moviéndose y pataleando dispuesta a seguir peleando - ¡Ya, Ginny!

- Suéltame, imbécil.

Harry continuo deteniéndola, pero la posición en que estaban hacia que la situación no fuera nada fácil. Ginny dejó de moverse viendo hacia un lado, pero su respiración era aun agitada. Su pecho subía y bajaba debido a la reciente lucha, su enojo y los nervios de tener a Harry arriba de ella. Podía sentir su respiración en su oído, igual de agitada que la de ella. Después de que ambos se calmaron un poco, Harry decidió hablar.

- Solo ha habido dos personas que han podido desarmarme – Ginny se extraño por el comentario pero siguió viendo de lado – y esas dos personas han sido mujeres. Ni Voldemort, ni Dumbledore pudieron hacerlo cuando tuvieron oportunidad – Ginny relajo sus brazos, pero aun así, Harry seguía deteniendo sus muñecas – la primera fue Bellatrix, tu estuviste ahí. Estábamos peleando, ya le había hecho una herida profunda en la pierna que la hacia perder el equilibrio, era cuestión de minutos que terminaría con ella, pero de repente pude oler tu perfume acercándose – le confesó Harry en el oído – y me distraje…me distraje como un novato… me distraje al pensar que tu llegarías y esa tipa podría hacerte daño…ella aprovechó la situación y me desarmó – Ginny volteó a verlo, estaban a centímetros de distancia, sus narices casi rozando – pero ahora no estaba distraído, al contrario, estaba atento a lo que iba a hacer. Eso te convierte a ti, en la única persona que ha podido desarmarme realmente.

Ginny lo veía, ya no con enojo, sino con asombro por lo que le acababa de confesar Harry. Era esa la ocasión en que Ginny lo había salvado y con eso cobrado el pacto de aurores, pero ahora sabía que en realidad, ella había sido la causante de todo. Si ella no hubiera llegado, Harry hubiera matado o arrestado a Bellatrix solo y el pacto de aurores, jamás lo hubiera cobrado. Su pequeña Lily no existiría.

- Harry – le dijo Ginny en un susurro viéndolo directamente a los ojos. Estaba confundida. Meses pensando que había salvado a Harry, que en realidad si lo había hecho, pero porque ella lo había provocado inconscientemente.

- Mañana te reúnes con Ron y Hermione para que te expliquen la misión – se levantó Harry de arriba de ella – a partir de el lunes empiezas con ellos el entrenamiento de defensa muggle.

Ginny se quedó en el piso sin poder levantarse. Harry recogió las varitas y le entregó a Ginny la de ella. Sin despedirse, salió de la casa.


¿A que pensaban que iba haber beso? Como ya muchos saben por la foto que subí en facebook, en el próximo capitulo viene el tan esperado beso.

La escena de la pelea fue inspirada en la película "Sr. Y Sra. Smith" cuando pelean en la casa, pero en lugar de armas eran varitas jeje.

¿Ya saben quienes son esos dos aurores que mencionó Ron? Creo que si ¿verdad?

Para los que me escribieron diciéndome que no me encontraron en facebook pongan mi dirección de correo en buscar y ahí me encontraran (hpdenu (arroba) Hotmail . com) o bien, díganme cual es el de ustedes para buscarlos yo.

Mil gracias por todos sus comentarios, de veras que son tan importantes, por cierto ahora recibí de personas que nunca me habían escrito, muchas pero muchas gracias por animarse hacerlo.

Bueno, nos leemos el próximo viernes, si tengo tiempo subo una foto del capitulo 15 en face, si ya voy mas de la mitad y solo les puedo decir que hay mucho Weasley.

Los quiero.