Veía aquella habitación recordando el día que llego a ella. Fue a mediados de año, lo recordaba, un verano de lo más caluroso.
Cuando llego a aquella gran cuidad y se encontraron por segunda vez con Sasuke, recordando cómo habían chocado él y su pequeño hijo en el aeropuerto.
Cuando comenzó a trabajar con él y poco a poco haciéndose amigos.
Su preocupación constante para con ellos por su parte, actuando casi como un padre para Satoshi, tiempo en el que ella se comenzó a enamorar poco a poco de él.
Como graciosamente se dieron cuenta de lo que sentían, con el beso de aquel día de deportes, luego en el parque de diversiones, después en el cumpleaños de su hijo.
Sin duda él tenía que ver en que ellos se hubieran enamorado
Estaba viviendo ese mismo año el más candente de los inviernos, aplacando el frio y el sonido de la lluvia con gemidos y caricias que le subían la temperatura cada que el azabache la tocaba.
Vaya, como pasaba el tiempo, los meses se le fueron volando sin siquiera notarlo, no se había percatado de cuando dejo de llover y comenzó a nevar.
El año pronto terminaría, sin duda había sido el mejor año de su vida,
Pero todo termina
Esta vez a diferencia de otras ocasiones, seguramente, para pasar otro mejor.
Principios del blanco diciembre, ese que por los anteriores años habían pasado solitaria y austeramente con su pequeño pelirrojo y que este año cambio dando un giro de 180 grados.
Veía cada rincón de esa casa la cual ahora estaba vacía, sin poder evitarlo soltó unas lágrimas con una graciosa sensación en él estomago. Sería la última vez que estaría allí en ese lugar sin que fuera de visita.
"Quiero que te vengas a vivir conmigo"
Nuevamente la frase hizo eco en su cabeza haciendo que soltara aun mas lagrimas de emoción la cual se reflejaba en su rostro.
- ¡Frentona te están esperando fuera! –Anuncio la voz de una cierta rubia quien diviso la espalda de la pelirrosa en medio de aquella vacía habitación- ¿Qué tanto haces? –Pregunto luego mirándole darse vuelta con una sonrisa y secándose lágrimas que salían de sus ojos-
- solo… recordaba –rio levemente a confesarlo, no podía evitar sentir un aire de nostalgia por aquel lugar, tal vez su paso por aquella casa fue el más breve pero sin duda seria un lugar especial para ella siempre-
Esa era su casa, la que obtuvo después de años de sacrificio juntando poco a poco cada yen y pidiendo un crédito que con esfuerzo cada mes pagaba con su trabajo. Esa fue la casa por la que el pequeño se había entusiasmado, arreglando su cuarto y disfrutando de su habitación propia. Esa era la casa que el azabache pago completamente como un regalo para ella, desinteresadamente, solo se entero después de que lo había hecho, y claro que le dio las gracias, pero él le hizo pagarle torturándole de la forma más placentera que encontró.
- ¿estás segura que quieres abandonar esta casa?, aun estas a tiempo de arrepentirte Sakura, puedes conservarla, puedes rentarla o venderla –afirmo la rubia Yamanaka quien veía con algo de felicidad la expresión de la pelirrosa, las lagrimas de esta la iban a hacer llorar a ella también en poco tiempo-
- no Ino, no, ya lo habíamos hablado con Sasuke, ahora esta es tu casa –afirmo la pelirrosa abrazando a la rubia sin hacer el mínimo esfuerzo por dejar de llorar, ahora contagiándole el llanto a su amiga del alma-
- Sakura yo… no sé qué decirte… ¡Siempre me haces llorar frente de marquesina! –exclamo divertida y llorando la rubia quien también abrazo fuertemente a la pelirrosa, esa amiga del alma, su hermana y compañera en muchas ocasiones de la vida-
La que ahora le había dado el mejor de los regalos
No es un misterio que los niños salidos de un orfanato no tengan un resplandeciente futuro, queriendo salir adelante con todo el esfuerzo del mundo. Para ellos siempre el sueño y la meta máxima es tener una familia y una acogedora casa donde sus hijos crezcan sin las pellejerías que ellos tienen que vivir.
El caso aquí no era diferente, ambas habían luchado de diferentes maneras por lograr sus sueños, la pelirrosa lo cumplió primero, pero ahora alcanzo la máxima de las felicidades y se había ganado por esfuerzo todo lo que ahora tenía y le esperaba en un futuro por tan solo ser ella.
En ese momento, esa casa estaba vacía, su dueña se iba con aquel hombre que mas amaba, pero no la dejaría abandonada, le dio el mejor de los usos que pudo haberle encontrado.
Se la dio a su amiga, a su hermana…
- ¡Ya suéltame frente de marquesina! –grito con diversión la rubia rompiendo el abrazo, claro que aun conservaba el llanto y su sonrisa de felicidad, al igual que la pelirrosa- no puedes estar toda llorona, Sasuke te espera abajo con Satoshi, vamos, ve y diviértete un rato con ellos, yo aquí espero a Deidara y Sai para acomodar lo que traiga y Sakura… esta siempre será tu casa –sonrió volviendo a llorar mas dramáticamente la rubia haciendo reír entre lagrimas a la Haruno, no había cambiado nada, siempre había sido así de llorona y dramática-
- gracias cerda –sonrió divertida la pelirrosa quien nuevamente fue abrazada dramáticamente por la rubio quien seguía llorando con la sonrisa en el rostro-
OoOoOoO
Nevaba, claro que era más cómodo a que lloviera. Apenas era la primera semana de diciembre y ya todos adornaban las calles, casas y tiendas, con luces de navidad, ángeles y santas por todos lados.
El mercado no era la excepción
Allí se encontraban caminando el Uchiha con su novia y el pequeño pelirrojo quien veía fascinado todos los colores en medio del frio blanco, entre el hielo y la nieve.
Habían llegado después de que la rubia Yamanaka soltó a la pelirrosa, momento en que llego su novio Sai, un artista y publicista de los mejores, prometieron invitarles cuando la casa estuviera ordenada y completamente arreglada.
Almorzaron y luego se dedicaron a mirar vitrinas, buscando cosas que les faltaran o que les gustaran, ¿Y porque no?, adelantando compras navideñas, ambos concordaban en que odiaban las aglomeraciones masivas de gente así que decidieron comprar algunos regalos para ahorrarse el después salir cuando la fecha llegara y la gente atestara el mercado.
Una rica fragancia floral para Ino
Un juego de pinturas profesional para Sai
Ramen… para Naruto
Claro que no solo ellos compraban regalos
Una muñeca bastante bonita para Shikako
Una cadena con un colgante de perlas para Minako
Ramen… para Minato
Si, el pequeño también hacia sus compras con los ahorros que tenía
Una vez cansados comenzaron a caminar fuera del mercado hasta donde habían estacionado aquel automóvil en el que habían llegado, el cual había quedado algo lejos porque de igual forma siempre las calles cerca del mercado central pasaban llenas de automóviles estacionados.
- ¿es mi idea o está comenzando a helar? –pregunto la pelirrosa quien se frotaba las manos en las cuales tenía guantes, estaba muy abrigada, al parecer poco toleraba el frio-
- es diciembre, ¿Qué esperabas? –respondió divertido el azabache sonriendo de medio lado, si llegaban pronto a casa se aseguraría de quitarle el frio a esa chica-
- diciembre…-repitió en su mente el pequeño pelirrojo mirando al cielo como la nieve caía-
Nevaba mucho, sentía el frio penetrar su ropa aun cuando se había puesto su chaqueta mas abrigadora. Daba pasos sin saber a dónde iba, miraba a todos lados la gente caminar, observando las manos de los niños que iban de la mano de sus padres y/o madres para no perderse.
Soltó unas pequeñas lágrimas mudas viendo aquello
Miro al cielo, los copos de nieve caían sobre su cabeza y su cara al observarlos. Se adentro a un callejón donde vio que había un pequeño techo y una caja abierta, allí podría resguardarse hasta que se le quitara el frio y pensar a donde iba a ir, que iba a hacer. Jamás había salido de casa tan lejos sin su madre
Pero ahora estaba solo, completamente solo…
- ¿Satoshi? –le llamo la pelirrosa quien no sintió las pisadas del pequeño tras de ellos como de costumbre y ver como este observaba la nieve caer con una expresión de nostalgia-
- ¿sucede algo malo Satoshi? –Pregunto el azabache, al parecer a la pelirrosa no le había escuchado porque no reacciono a su voz, pero si reacciono a la del azabache-
- no… solo miraba como caía la nieve –sonrió el pequeño pelirrojo, una casi perfecta sonrisa con la cual apaciguo un poco la preocupación de su madre y hacia latir con más fuerza la duda del azabache-
Pero los dos estaban igual de preocupados porque notaron lo levemente forzada que era su sonrisa
Sus ojos negros cambiaron de inmediato. Escucho lo imperceptible, un llanto que al parecer su madre y el Uchiha no habían escuchado. Salió corriendo en dirección a aquel llanto bajo la asombrada mirada del azabache y la pelirrosa quienes no tardaron en correr tras él.
Dieron vueltas entre algunas calles por las que veían alejarse al pequeño pelirrojo, corría mas rápido que ellos, no entendían que era lo que perseguía hasta que oyeron nuevamente el sollozo de un llanto, entendiendo el porqué el pequeño corría.
Dio la vuelta en una calle y fue todo. Ambos adultos llegaron a la misma calle dándose cuenta de que habían perdido al pequeño pelirrojo en una bifurcación de cuatro calles.
- ¡Satoshi! ¡Satoshi! –comenzó a gritar la pelirrosa a todos lados mirando, esperando a que él pequeño pelirrojo se asomara, pero cada segundo que pasaba sentía su corazón acelerarse de miedo al no recibir respuesta- ¡Satoshi! –Volvió a gritar más fuerte la pelirrosa quien soltó dos lágrimas mirando a todos lados-
- ¡Satoshi! –Llamo también el pelinegro, no sabía cómo era posible que le perdieran, también sentía esa desesperación en su pecho al no encontrar al pequeño por ningún lado-
- ¡Satoshi! –Grito aun más fuerte la pelirrosa, grito acompañado del llanto y las lagrimas que ahora aparecían en sus ojos sin control-
Quería desesperadamente que apareciera, miraba a todos lados y no le encontraba. No podía perder al pequeño pelirrojo, era la luz de su vida, si él se iba, se perdía, él se llevaría aquella luz con él. Solo en una ocasión había sentido esa desesperante sensación en el pecho que le apretaba el corazón y la llenaba de angustia, solo en una ocasión.
En aquella ocasión…
- ¡Satoshi responde! –grito más fuerte la pelirrosa quien cayó de rodillas llorando, sentía su pecho vacio al igual que su estomago en ese momento-
- Sakura no es momento de que llores –le afirmo el Uchiha quien se había arrodillado frente a ella tomándole los hombros-
- Satoshi… perdimos a Satoshi… -hablo con el corazón en la garganta, sus ojos llorosos y expresión de angustia total miraron al azabache haciendo que el corazón se le rompiera en pedacitos con tan solo observarla-
- vamos a buscarle, si no lo encontramos vamos a la policía, no sacas nada llorando, tenemos que encontrarlo –si, debía mantenerse frio, tenía que pensar con claridad, uno de los dos debía hacerlo y como la pelirrosa obviamente no podía él tenía ese deber-
Tomo la mano de la pelirrosa parándola de golpe y comenzando a correr con ella, estaba decidido a encontrar a ese pequeño, no solo la felicidad de la pelirrosa dependía de él, no solo ella le amaba. El también sentía la angustia en el pecho, esa desagradable sensación de volver a perder a alguien querido, esa que solo en una ocasión había sentido.
En aquella ocasión…
La misma en la que perdió a su propio pequeño sin haberlo jamás encontrado…
Rogo a Kami el encontrarle a él, no tenía la suficiente fuerza para perder ahora al pequeño pelirrojo, al que prácticamente ya consideraba su hijo, no podía perderle a él
No de nuevo a su hijo
OoOoOoO
- no llores –pidió el pequeño pelirrojo acariciando la cabeza de una pequeña niña-
Había llegado a un callejón no muy lejano pero sí bastante oculto de la vista de todos. Encontró allí a la que estaba llorando, una pequeña niña de cabello plata y ojos verdes, tan verdes que le recordaron a los hermosos ojos que su madre tenía. Tenía una chaqueta blanca con adornos rosas, una cinta rosa en la cabeza y una falda también rosa, medias blancas y zapatos de charol blancos, pensó que si no fuera por la falda fácilmente se confundiría entre la nieve.
- quiero… a mamá y a… papá… -dijo entre sollozos la pequeña, refregándose los ojos por las lagrimas que salían de ellos-
- sé lo que se siente–pensó el pequeño sin perder vista del llanto de la niña-
- miren al enano que me encontré –sonrió burlón aquel chico, parecía ya bastante mayor que él, tendría unos 12 o 13 años, y algunos otros aun mas mayores que ese, en total eran seis, de los cuales uno le agarro del cuello de su chaqueta y lo elevo del suelo-
Desigual
- oye niñito de mami, danos lo que traes y prometemos no golpearte… muy fuerte –la sonrisa tétrica de ese chico le helo la sangre, cosa no muy buena si se toma en cuenta que tenía hasta los huesos congelados del frio-
- solo tengo esta chaqueta y mi mochila con una frazada –respondió el pequeño con miedo, por primera vez se sintió completamente desprotegido, en ese momento comprendía lo cruel que era el mundo exterior del cual hasta hacia unas horas había sido protegido por la pelirrosa de su madre-
- bien, sáquenle la chaqueta y nos llevamos la mochila, simple, fácil y sencillo, ¿alguna objeción enano? –Pregunto el líder de esos muchachos tronando los puños dándole una imagen aun más tétrica a los ojos del niño, se veía que era el mayor, aparentando entre 16 o 17 años-
- que me moriré de frio –expreso con miedo el pequeño mirando bastante asustado al líder de ellos quien rio con sarcasmo, al igual que la mayoría de ellos-
- pobrecito, se morirá de frio –dijo con sarcasmo haciendo que los demás chicos rieran aun mas- creo que podemos hacer algo por eso, ¡Con esto se te quitara el frio! –anuncio al momento de cerrar uno de sus puños hasta él-
Lo siguiente que sintió fue su estomago retorcerse y chocar contra la pared…
- ¡Quiero a mi mami! ¡Buaa! –el llanto de la niña le saco de golpe de sus recuerdos, había comenzado a llorar con aun mas desesperación-
Suspiro, suerte que tenia la manía de llevar consigo su mochila y guardar todo allí. La pequeña le veía con curiosidad cuando dejo la mochila en el suelo y comenzaba a buscar algo dentro de ella. Sonrió cuando al fin encontró lo que quería, aun sin sacarlo miro a la niña y sonrió.
- ¿Cómo te llamas? –pregunto el pelirrojo a la pequeña quien seguía llorando-
- Yuuki –respondió la pequeña, incluso su nombre era como la nieve, con razón era tan bonita pensó el pequeño pelirrojo, por suerte él la había encontrado y no tuvo la misma suerte que él tuvo a los 6 años-
- ¿Cuántos años tienes? –Volvió a preguntar en lo que la niña se quedo callada levantando el número de dedos que tenia por edad- con que 6 años, supongo que esto te gustara –sonrió el pelirrojo sacando de su mochila aquella muñeca que había comprado como regalo-
La pequeña dejo de llorar mirando aquella muñeca que simulaba ser una bebe, con todo y vestido, tenía el cabello negro y curiosamente los ojos del mismo verde que ella. Asintió con una sonrisa tomando la muñeca cuando el pequeño pelirrojo se la paso, momento en que sonrió feliz olvidando el llanto y dejando de llorar.
- te la doy si dejas de estar triste –sonrió el pequeño haciendo a la pequeña asentir, mas de igual forma bajo la mirada dando a entender que no podía, seguía pensando en sus padres- haremos esto, buscaremos a tus papás y a los míos, ¿te parece?, si no los encontramos iremos a la policía para que nos ayuden, ¿si? –Pregunto al momento que sintió la mano de la niña tomar la suya y asentir con una leve sonrisa-
- gracias –sonrió la niña quien comenzó a caminar al mismo paso que el pequeño cuando salieron del callejón-
OoOoOoO
Ya pronto se haría de noche, buscaban por todo los alrededores y no había caso. Curiosamente, al buscar al pequeño pelirrojo se encontraron con otra pareja que buscaba a una niña gritando el nombre de "Yuuki"
Quizá ese había sido el llanto que el pequeño pelirrojo sintió
- ¡Yuuki! –se escucho la voz del padre de la pequeña llamando a su hija con todo lo que su voz entregaba-
- ¡Satoshi! –ahora fue la pelirrosa quien llamaba al pequeño pelirrojo sin resultado alguno-
- ¿están seguros que están juntos? –Pregunto la madre de aquella pequeña mirando con ojos de ruego a la pelirrosa quien recién había llamado a su pequeño-
- no estamos seguros, solo escuchamos un llanto y él se fue tras ese llanto, no sé si era de su hija pero probablemente si encontramos a uno encontramos a los dos –respondió la pelirrosa, ya había dejado de llorar, gracias al azabache pudo reaccionar, si había encontrado a su pequeño una vez, podría dos, tres, cuatro y las veces que fuesen necesarias-
- ¡Satoshi! –volvió a gritar el Uchiha quien veía el sol ponerse mas y mas a cada segundo- si no los encontramos cuando el sol termine de ponerse, iremos con la policía –afirmo con seriedad el azabache haciendo asentir a los otros tres adultos-aparece Satoshi, aparece–pensó el Uchiha oyendo los gritos de la pelirrosa llamando al pequeño pelirrojo, el también se estaba desesperando-
OoOoOoO
Estaban ambos sentados a un costado de una calle. Suspiro, habían caminado mucho rato y no habían encontrado ni indicios de sus padres o los de la niña. Miro de reojo a la pequeña, al parecer lo único que le mantenía distraída del llanto era la muñeca que tenía en la mano.
De la nada sintió hambre, saco de su mochila una barra de chocolate que era lo que había comprado para él, no siempre veía que vendían chocolate amargo. Al momento en que iba a mascarlo, escucho el sonido del estomago de la pequeña quien le acompañaba, era normal sentir hambre por la hora. Tomo la barra de ambos lados partiéndola en dos y extendiéndole una de las mitades a la pequeña, curiosamente, la mitad más grande.
- come –le dijo a la pequeña quien sonriente tomo la barra de dulce, le miro llevársela a la boca y poner cara de disgusto cuando probo un trozo de ella, él sabía que reaccionaria así-
- esta amargo –se quejo la pequeña en un puchero, adorable a su parecer, sonrió de medio lado mordiendo un trozo de su chocolate bajo la atenta mirada de la pequeña-
- no me gustan mucho los dulces, prefiero el chocolate amargo –le explico con una leve sonrisa en el rostro, era divertido ver el puchero de esa niña, se recordaba así mismo cuando se dio cuenta que los dulces no le agradaban-
Dio otro mordisco a su chocolate terminándoselo, la pequeña aun comía el suyo, el silencio les invadió, uno algo frio pero a la vez cómodo. Volvió a mirar el cielo viendo la nieve caer, las imágenes de cuando tenía los mismos 6 años aparecían en su mente, golpeándole mentalmente. Agito la cabeza de un lado a otro, no era momento de recuerdos, tenía que encontrar a su mamá y al Uchiha, tenía que cuidar a la pequeña ojijade y tenía que ser pronto, según veía, el sol ya comenzaba a ponerse y eso solo significaba una cosa…
- jamás los había visto por aquí niñitos –escucharon la voz de alguien al momento de que ambos desviaron la mirada hasta donde habían varios tipos con miradas tétricas-
Matones…
Se paro tomando la mano de la niña y comenzando a caminar ignorando olímpicamente a los recién aparecidos, solo les dedico una inexpresiva mirada y comenzó a caminar. Frente a él apareció otro, esta vez solo eran cuatro y no seis como una vez él ya había vivido.
- ¿Qué?, ¿los nenes ya tienen que irse a tomar su biberón? –se mofo el muchacho que se había colocado frente a ellos, reconocía que era mayor, tendría 15 años, al igual que los que estaban tras él, la cosa no era tan desigual para él, pero recordó que tenia tras de él a la pequeña ojijade quien comenzó a temblar de miedo por la expresión del mayor-
- chupa tu biberón, vete a jugar con tus amigos a otro lado y aprovecha que te enseñen a bañarte, apestas –se quejo el pelirrojo mirándoles con ojos gélidos, una risa burlesca se escucho de los otros tres que estaban tras él y los puños del que estaba en frente comenzaron a sonar mientras los tronaba, lo había enfurecido-
- pagaras por tu insolencia –amenazo mientras tronaba los dedos intentando intimidar a Satoshi, mas este ni se inmuto, sus amenazas no surtían efecto en él, ni siquiera se digno a contestarle, cosa que le irrito aun mas y agrando la carcajada de sus amigos-
- este enano me cae bien, tienes agallas mocoso –se mofo otro de los tipos quien le tomo la cabeza comenzando a movérsela en lo que el agudizo su mirada gélida y la pequeña se encogió mas tras de él por la cercanía del otro tipo-
- suéltame –se quejo el pequeño moviendo su cabeza logrando que el agarre de la mano del muchacho le soltara- me contagiaras tu estupidez, mejor lárguense de mi vista, me apestan los nenes que se creen matones y escogen a los menores solo para lucirse y creerse superiores, los niñitos grandes al parecer no se la pueden ellos solos y siempre andan en patéticos grupitos, un bebe de 2 años que usa un cascabel tiene más dignidad que ustedes –desafío con la mirada a los cuatro muchacho haciéndoles fruncir el ceño, se había terminado el juego-
- te cerraremos la boca –amenazo el chico que estaba frente a él quien tenía el ceño fruncido hasta el tope y sus puños sonaban mas fuerte cuando los tronaba-
- aprenderás a respetar mocoso –le siguió luego el que le había tomado la cabeza usando la mirada más espeluznante que tenia y moviendo bruscamente su cuello haciéndole sonar-
- Yuuki, sostén mi mochila –pidió Satoshi sacándose la mochila y la chaqueta que llevaba puesta y entregándoselas a la pequeña ojijade quien tomo todo en cuanto se lo paso y se pego a la pared con miedo, dándole espacio al pelirrojo para que se moviera-
- tienes valor, veamos qué podemos hacer contra eso –sonrió con ferocidad el que estaba frente a ellos quien se saco su chaqueta de igual forma y la tiro al suelo-
- pedirás piedad –advirtió otro de ellos, uno de los que estaba tras de ellos al momento que los otros tres restantes también se sacaron las chaquetas, seria pelea, la pequeña veía todo atemorizada, ese niño pelirrojo no llevaba ventaja peleando contra mayores que él-
- por matones como ustedes aprendí a pelear, golpéenme si pueden –incito el pelirrojo adoptando una pose de defensa mirándoles y esperando el momento en que le atacarían, sabía que no podía dar el primer golpe y quedar en desventaja-
- ¡volverás llorando con tu mami! –Grito el que estaba frente a él lanzando un puñetazo en dirección al pelirrojo-
OoOoOoO
No, no podían encontrar a los pequeños, fue el momento en que los cuatro adultos decidieron ir a la estación de policía más cercana. Iban a paso apresurado, el sol ya se había ocultado, los colores rojos pronto desaparecerían del cielo y se oscurecería empezando a helar aun más.
El sonido de golpes y gritos les llamo la atención. Al detenerse se miraron, volvieron a escuchar golpes y unos cuantos gritos más. Asintiendo al mismo tiempo comenzaron a correr en dirección de ese ruido a ver qué era lo que sucedía.
En la esquina de la intersección de una calle lograron divisar a un tipo con ojos de espiral y sangre en la nariz, al parecer muy golpeado. Desde el punto ciego de la calle donde había un callejón, pudieron observar como otro sujeto de la misma edad que el primero aparecía y salía volando del callejón como si alguien lo hubiera lanzado, chocando con la pared y quedando encima del primero, claro que ninguno lo noto ya que los dos parecían estar inconscientes.
Mas golpes se escucharon, vieron como uno de ellos intento salir corriendo y al momento, en su espalda aterrizo un cuarto tipo, quedando uno sobre el otro, y ambos bastante golpeados.
Se sentaron sobándose uno la cabeza y otro la nariz, mismo momento en que un escalofrió los rondo ya que al mirar atrás se colocaron pálidos.
Los ojos asombrados del la pelirrosa y el azabache no se dejaron esperar al ver salir a Satoshi del callejón, tenía varios golpes y estaba muy sucio, pero su aura tétrica era el motivo del color blanco de los rostros de ambos sujetos, ya que el solo escuchar los puños del pequeño tronarse les había colocado la piel de gallina.
- ¿me recuerdan quien era el que iba a pedir piedad? –pregunto con una maliciosa sonrisa el pequeño pelirrojo, esos sujetos habían excedido su paciencia de tal forma que su descomunal fuerza había aparecido tan solo para poderles romper la nariz-
- e-espera, n-no es necesario esto… -intento hablar uno de los tipos quien aun estaba consiente al momento que se abrazaron con su amigo temblando y colocando su rostro aun mas pálido-
- ¡Vuelvan llorando con sus mamis! –Grito el pequeño haciendo que ambos tipos tomaran cada uno de una pierna a sus amigos inconscientes y salieran corriendo despavoridos por el rostro de malicia pura y sonrisa tétrica que el pequeño les había colocado-
- Sa-Satoshi –llamo asombrado el Uchiha llamando la atención del pelirrojo quien desvió su mirada hasta ellos luego de perder de vista a esos tipos-
- ¡Tío Sasuke! ¡Mamá! ¡No saben el gusto que me da verlos! –Sonrió el pequeño feliz de la vida, ambos adultos corrieron a abrazarlo, pero los otros dos extraños estaban con una gota en la cabeza por ver la bipolaridad de ese pequeño niño-
- ¡Satoshi! ¡No vuelvas a perderte de mí de nuevo! –pidió la pelirrosa abrazándole de forma estrangulante a su pequeño quien reía nervioso-
- de acuerdo –asintió el ojinegro al momento de mirar tras de él- Yuuki, ya sal, parece que encontraron a tus padres –afirmo el pequeño haciendo que los cuatro adultos desviaran sus miradas hasta el callejón-
Miraron tras el pequeño logrando divisar a una pequeña niña quien tenía sujetas la mochila que el pelirrojo siempre llevaba, su chaqueta y una muñeca en las manos, saliendo del callejón. Sus ojos brillaron cuando salió corriendo a los brazos de a la que reconoció como su madre, quien también le abrazo con mucha fuerza.
- ¡Mamá! –Grito llorando la pequeña aferrándose más a su progenitora-
- ¡Mi pequeña! ¡Perdóname por perderte de vista! –se disculpo llorando la madre de este, sentía la culpa de madre por haber perdido a su pequeña, sensación que tanto el azabache como la pelirrosa conocían a la perfección-
- ¡Satoshi! –escucho el grito de una voz conocida, pesadamente abrió los ojos para encontrarse con los verdes de su madre, ojos los cuales jamás pensó volver a ver-
- mamá –susurro el pequeño quien sintió luego el llanto de su madre cuando le abrazo con todas sus fuerzas-
- ¡Perdóname! ¡Jamás volveré a dejarte solo mi niño! ¡Pero perdóname! –Pedía llorando la pelirrosa quien a cada momento se sentía más y más culpable de haber encontrado a su pequeño en una situación tan deplorable-
- mami… -susurro el pelirrojo quien soltó por fin el llanto aferrándose al abrazo de su mamá-
- él me defendió, Satoshi me defendió mami –sonrió la pequeña mirando al pelirrojo quien salió de sus cavilaciones mentales cuando fue nombrado por la voz de la pequeña niña-
- gracias pequeño… gracias… -decía entre llantos la madre de la niña sin en ningún momento soltarla, como si fuera a perdérsele de nuevo-
- no es nada –negó el pequeño quien sonreía con ternura mirando a la pequeña, a su madre y luego a su padre abrazarlas a ambas con fuerza-
- pero si esa muñeca es…-noto de inmediato el azabache quien diviso la muñeca que el pelirrojo había comprado como obsequio ahora en manos de la pequeña-
Noto la mirada de sinceridad en el pequeño pelirrojo quien aun era abrazado por su madre. Vio pronto alejarse a la familia luego de haberles agradecido eternamente su ayuda y cuidados con la pequeña de ojos verdes.
- ¿Qué pasa Satoshi? –pregunto su madre al verle extrañamente callado al pequeño quien negó con la cabeza sonriendo y darle el ultimo vistazo a la familia y luego dirigir sus ojos hasta su madre-
- solo… recordaba –comento el pequeño haciendo que su madre sonriera aguantando nuevamente el llanto y abrazándole con fuerza-
- esa muñeca… -dejo inconclusa la frase, aquella pregunta implícita que sabia el pequeño entendería muy bien, era lo bastante inteligente para ello-
- estaba llorando, no sabía cómo calmarla hasta que se me ocurrió dársela, así se quedo calmada y comenzamos a buscarles, ya por la hora tomamos un descanso e íbamos a la estación de policía, pero esos matones aparecieron y nos demoraron, lamento haberles preocupado –se disculpo el pequeño quien abrazo también a su madre, de forma más suave de lo que ella le abrazaba a él, pero con cariño y total delicadeza-
- ya comprendo, Satoshi tiene el instinto de proteger bastante desarrollado y si que se sabe defender solo–pensó con una sonrisa de medio lado el azabache quien miraba a la pelirrosa aun llorando mientras abrazaba a su pequeño y este también abrazándole con una sonrisa y las mejillas sonrojadas de felicidad-
OoOoOoO
Las luces de la cuidad se reflejaban en el vidrio del parabrisas, ya se había hecho bastante de noche, apenas encontraron al pelirrojo y le colocaron su chaqueta se fueron caminando al auto sin que en ningún momento la pelirrosa le soltara la mano a Satoshi, y notando el curioso detalle que el pequeño también apretaba de manera poco usual la mano de su madre como esperando jamás volverse a perder de su lado.
Vio por el retrovisor, el pequeño estaba acostado y con sus ojos cerrados, se había quedado dormido cinco minutos después de que subieron al auto, al parecer estaba agotado, claro que debía estarlo, se peleo con cuatro chicos de 15 años después de haber caminado toda la tarde.
Miro a la pelirrosa quien también veía al pequeño por el retrovisor, una sonrisa de felicidad adornaba su rostro, pero algo no le dejaba tranquilo después de notar tantos extraños detalles.
- Sakura –le llamo, ella enseguida desvió su mirada hasta él sin que este dejara de ver al frente el camino a casa- ya habías perdido a Satoshi una vez, ¿verdad? –Aunque pregunto más fue una afirmación, afirmación que la pelirrosa asintió con un enorme suspiro y notando como sus ojos se volvían levemente más opacos-
- fue cuando… Satoshi tenía 6 años, no lo perdí, él se escapo de casa –le contesto haciendo que sus ojos se agrandaran a más no poder, de hecho agradecía haber estado frenado en un semáforo porque estaba seguro que si el auto hubiera estado en movimiento habría frenado de golpe y con el trafico que había podría haber provocado un accidente-
- ¿se escapo?, ¿Cómo está eso? ¡Explícate! –le pidió al borde de los nervios, no podía creer que ese pequeño el cual adoraba su madre haya intentado escaparse de su casa-
Sabía que el pequeño era maduro para intentar algo tan descabellado, pero aguarda un momento Uchiha, ella dijo que era cuando tenía 6 años, en ese entonces él no era maduro.
Claro… ahora lo entendía
Algo debió pasar, algo que le hizo madurar de forma demasiado rápida para su edad.
Algo demasiado bueno o algo extremadamente malo.
Y por como lo demostraban las circunstancias, la segunda opción era lo más acertada
Algo extremadamente malo...
