Los recuerdos venían y venían a su mente, no podía dejar de mirar aquel papel que traía en la mano, no podía…
Estaban bajo la copa de ese gran arbol mirando el cielo, era su entretencion favorita desde hace años, se la pasaban alli dias enteros de relajo, otros jugando bajo ese arbol y otros simplemente dormian alli, aquellas noches de verano siempre estarian en su mente con sus dos mejores amigas pasando aquellos tranquilos momentos.
Aunque en ese instante solo estaba con una de sus amigas, ambas relajadas mirando el cielo, era la unica forma que tenian de soñar, de ver el mundo de otra forma en vez de aquella crueles realidades en las que siempre vivian, ya que aquellos sueños de que una familia se las llevara eran solo sueños, a sus edades no podian desear aquello, siempre se llevaban a los más pequeños para ello.
Y ellas ya tenían 14 años…
Los pasos apresurados de alguien alejo sus miradas del cielo, sentandose para mirar como su otra amiga llegaba corriendo junto con ellas. Ella era mayor por 2 años, sus cabellos cafés siempre los tenia amarrados en dos moñitos muy peculiares y sus ojos color chocolate siempre , parecía agitada por la carrera, aquel lugar era bastante grande, debía serlo puesto que todos los días un niño nuevo llegaba
Sin embargo este no era un día cualquiera…
- ¿Por qué la prisa Tenten? –pregunto la rubia con extrañeza-
- chicas, llego un niño nuevo –aviso ella con una nerviosa sonrisa en el rostro-
- ¿Y eso que tiene?, aquí llegan niños todos los santos dias, ¿acaso no te habias dado cuenta de ello?, por algo esto es un orfanato –expreso sin mucha ciencia la pelirrosa quien se volvió a acostar en la hierba mirando al cielo, aquello no era una novedad para ellas-
- pero este es un bebe, no tiene ni siquiera un año, es mas, apostaría que no tiene más de seis meses de vida –recalco la castaña quien ya había visto al pequeño, su gota en la cabeza apareció cuando vio a la rubia encogerse de hombros e imitar a la pelirrosa acostándose en la hierba-
- estoy de acuerdo con Sakura, aquí llegan niños todos los dias, bebes o niños no hace la diferencia, ¿Qué tendria este de especial? –pregunto la rubia mirando al cielo nuevamente, ninguna de ellas noto como la castaña sonreía con malasia frente al tema-
- que este bebe no deja de llorar y está sacando de sus casillas a la directora Anko –su sonrisa creció cuando sus dos amigas se sentaron de golpe mirándole con la misma malicia-
- ¡Vamos a ver! –dijeron al tiempo de salir corriendo las tres juntas hasta donde se supone están los niños que recién llegan, después de todo, ver a la directora Anko desquiciada no era tan fuera de lo normal pero si era divertido-
Escuchaban el llanto del bebe a una distancia nada despreciable, realmente se asombraronde aquello, sobre todo porque debido a ese llanto habian muchos mas niños y jovenes allí viendo aquel espectáculo.
Uno de tantos tenia a aquel bebe en brazos, lloraba y lloraba a pesar de que ese chico lo mecia, todos aquellos que habian intentado callarlo tenian un aura deprimente sobre ellos al no haberlo logrado, el joven tenia una gota en la cabeza al no poder lograrlo, y los demas se le unian con sus nerviosas miradas puestas sobre el pequeño bebe, solo la mujer de cabello morado tenia un aura asesina sobre ella mirando al pobre pequeño.
- ese bebe se asusta mas si la directora Anko lo mira así, con razón no deja de llorar –le susurro la pelirrosa a la rubia de su amiga con una nerviosa mueca, esa mujer asustaba hasta al más valiente y un bebe no podía ser precisamente valiente-
- hasta yo me pondría a llorar si ella me mirara así –reconoció la rubia sintiendo hasta cierto punto lastima por ese pequeño, debía extrañar demasiado a su familia y por ello debía llorar tanto, todos allí entendían lo que era extrañar a sus seres cercanos-
- ¿nadie ha sido capaz de poder calmar a ese bebito? –nuevamente la pelirrosa hablo, aquella pregunta iba dirigida a su amiga la castaña quien negó con la cabeza dándole la razón-
Volvió su mirada a aquel pequeño, le veia llorar desesperadamente, incluso podia sentir como su garganta se irritaba de tanto llanto. Entrecerro los ojos con un sentimiento bastante peculiar, era tristeza, podia entender de cierta forma al pequeño, extrañaba estar entre los brazos de sus padres, era seguro, sabia lo que se sentia, pero ese niño era aun mas desafortunado, no recordaria a los que fueron sus padres asi como ella si les recordaba.
Camino automáticamente entre todos hasta llegar frente a aquel bebe y al sujeto que le cargaba, algo en ella le pedia a gritos que le tomara, ese bebe se lo pedia con el llanto, no sabia que era aquello que le llamaba.
La Sangre
Ironía, después de todo ahora sabía que era su tía
Sonrió de medio lado al recordarlo
Y una lagrima cayó sobre aquel trozo de papel al recordar aquello
- Kiba, ¿me lo permites? -Recordó como estiro sus brazos pidiendo que le pasaran al pequeño, pidiendo que le dejaran tomarlo, ella no había tomado a un bebe en su vida, no sabía que haría, solo lo pidió-
Sin protesta aquel tipo con marcas rojas en sus mejillas y de edad aparantemente un poco mayor que ella, se lo cedio con un aura deprimente sobre él, no habia podido callarlo, ahora seria la risa de todos, como aquellos que no pudieron.
Silencio…
Casi todos abrieron los ojos con asombro de ver a ese pequeño dejar de llorar de un momento a otro, abriendo los ojos dejando ver aquellas oscuras perlas de profundo color onix que le veían con completa ingenuidad.
Sonrió levemente al ver como el pequeño dejaba de llorar entre sus brazos, todos estaban callados esperando que el llanto nuevamente apareciera, pero por el contrario, el pequeño estaba tranquilo, miraba a la pelirrosa de forma tal que nadie se esperaba.
Era pequeño, muy pequeño, tanto que pudo tomarlo con un brazo y con la otra mano acerco su dedo hasta la nariz del chiquito haciendo cosquillas en ella, todos se dieron cuenta de ello cuando el pequeño estornudo por ello. Leves risas aparecieron en el ambiente al ver a aquel bebe ya calmado rascandose la nariz con su pequeña manita como si un gatito a acercar su dedo al rostro del pequeño y fue cuando él con su pequeña manito agarro el dedo de la pelirrosa.
- parece que te caigo bien –sin poder evitarlo, sonrió de lo más tierna al ver como el pequeño bebe ahora, con su dedo aun agarrado, bostezaba cerrando levemente sus ojitos con relajo absoluto-
- impresionante –la voz de la directora de ese entonces se escucho al lado de le palirrosa quien asintió con una enorme sonrisa- yo me hago cargo ahora, gracias Sakura –sonrió dulce la pelimorada quien estiro sus brazos para que le diera al pequeño bebe-
Con un gran dolor y contra su corazon, tenia que pasarle el bebe a ella, debian registrarlo y hacer todo el procedimiento que comunmente se hacia para ingresar a un bebe como aquel.
Pero vaya…
No solo a ella le dolio el separarse del pequeño, al parecer al pequeño tambien ya que al sentir el cambio de brazos abrió los ojos de par en par y al ver a la pelimorada el puchero aparecio en su rostro y nuevamente el llanto acompañado de lagrimitas de los ojos del pequeño.
Todos sonrieron nerviosos al ver como el pequeño nuevamente lloraba a todo lo que sus pulmones daban y Anko no sabia que hacer, mecia y mecia al pequeño sin poder calmarlo, era desesperante aquella situación.
Estiro los brazos para que nuevamente le pasaran al pequeño, a lo que la directora no se nego en lo absoluto. Al sentir otro cambio de brazos abrio los ojos sin dejar el llanto solo para ver a quien ahora le tomaba, y sorpresa para sus ojos, era la pelirrosa. Nuevamente dejo de llorar mirando a la pelirrosa quien le sonreia gentil, agarro uno de los mechones de su largo cabello rosa y como si fuera una mantita la apreto cerrando sus ojitos y acurrucandose en el pecho de aquella chica, muchos hombres veian al pequeño con envidia, ella era hermosa y muchos la tenían de presa.
Pero luego de que ese bebe se quedara con ella, ningún hombre jamás se le podría acercar de nuevo
Exceptuando a un solo hombre…
Otra lágrima cayó sobre el papel al recordar todo aquello, sus labios estaban fruncidos por la pena, no podia ser como ese niño y aguantar el llanto de manera natural, ella era un libro abierto, y los recuerdos la abrumaban.
- sácale tu la foto –pidió aquella mujer de cabello morado pasándole la maquina a la pelirrosa y dejando al trió de amigas con una gota en la cabeza-
- directora Anko, está dormido, no pasara nada –repuso con nerviosismo la pelirrosa quien tenía la cámara en sus manos-
- pero si despierta y se da cuenta de que yo soy la que le fotografío va a llorar y no aguantare otro llanto como ese –explico con una asesina aura la pelimorada dejando a todas con otra gota en la cabeza, esa mujer no tenía mucha paciencia, de hecho siempre se preguntaron porque había llegado allí a trabajar con niños cuando su paciencia era nula-
- está bien –acepto ella en un suspiro, acomodándose para sacarle la foto al pequeño quien dormía entre mantitas azules las cuales eran lo único que no le habían dado en el orfanato y eran solo de él-
El flash se vio, producto de ello el bebe desperto, como lo habia predicho Anko, pero al ver que era la pelirrosa quien estaba frente a él no lloro, por el contrario, miraba la camara con sus inocentes ojitos negros como si esperara ser fotografiado de nuevo.
Otro flash salió de aquel aparato, le hizo cerrar los ojitos de momento y al otro la pelirrosa ya no tenia la maquina frente a él. Le vio dirigirse a otras personas sin que su mente procesara aun quienes eran, solo veia a la pelirrosa. El puchero apareció en su rostro.
Se dio vuelta hasta el pequeño quien tenia aquel puchero, lo cargo de inmediato, no le agradaba verlo con aquellas muecas de tristeza e incomodidad, realmente se habia encariñado en tan solo esos minutos que llevaban juntos.
- ¿quieres que les saque una foto a los dos juntos? –pregunto la pelimorada haciendo sonreír a la pelirrosa quien asintió con ánimo cargando al bebe para que mirara al frente- sonrían –aviso al momento de que iba a apretar el botón-
Y como si entendiera, no solo la pelirrosa sonrió, el pequeño bebe también
Aquella era la foto que tenia en sus manos, aquel trozo de papel que siempre guardo con tanto cariño, la primera foto que tenia con ese pequeño pelirrojo y quiza la unica de las formas que ahora podría verlo, en fotos.
Mas lagrimas cayeron en el trozo de papel al pensarlo, se le apretaba el pecho por ello, pero sabia que sin ella estarian mejor. Ahora ese pequeño estaba con su padre, le cuidaría de todo como alguna vez ella lo hizo, tal vez para su desgracia también estaba rondando cerca de él la madre de ese niño, pero sabia defenderse, sabía que el azabache le cuidaría, y sabia que había la posibilidad de que volvieran a ser los tres una familia, después de todo
La sangre tira
Ella había sido solo una entrometida en sus vidas, por juegos del destino ella quedo en medio como antes lo estuvo Satoshi entre ella y Sasori, le pagaria cada favor que ese niño le hizo alumbrando su vida, le dejaria ir para que estuviera con quienes más le querían.
Nuevas lagrimas cayeron sobre el trozo de papel por aquel pensamiento
- les rogamos abrochar sus cinturones para el aterrizaje, siguiente destino, Osaka –anuncio la voz de aquellos parlantes sacándole de sus pensamientos-
Si, al fin había llegado a aquella cuidad, solo debia esperar, si ese niño le conocia como ella creia, si de verdad le importaba tanto al azabache, no tardarian en encontrarla. Se abrocho su sinturon al momento que el avion comenzo con su acostumbrada turbulencia, pero algo diferente ocurrió en aquel momento.
Su estomago se retorció de dolor en aquel segundo
OoOoOoOoO
Aquella foto no era unica, habian dos, una la tenia ella y otra se la habia dado a él, incluso la tenia guardada como el mejor de sus recuerdos.
Recordaba que durante el incencio del orfanato, aquel que habia sido provocado, tenia esa foto y sus mantas de bebe guardadas juntas como aquellos recuerdos que mas atesoraba. En aquella ocasión, salvo ambas cosas, las dos significaban demasiado para él, pero vaya, destino quería que perdiera completamente la conexión con su padre, ya que a pesar de todo, solo esa foto se salvo, las mantitas no corrieron la misma suerte, ya que de igual forma alcanzaron a quemarse sin que pudiera apagarlas o salvarlas.
- por eso esta levemente quemada –había explicado el pequeño pelirrojo quien tenía la foto en sus manos, miraba con sus ojos vacios a aquella pelirrosa de 14 años quien le recibió con los brazos abiertos cuando este era bebe-
- comprendo, pero esa no será la ultima foto que tengas Satoshi –intento animar un poco el azabache a su hijo, de cierta forma, se había acostumbrado tanto a ver al pequeño sonreír o estar tranquilo que el verle triste le encogía el corazón como nadie podía comprender-
- no, no es ni será la ultima, pero si la mas especial –dijo el pequeño quien se limpio las lagrimas con la manga de su brazo, no podía evitar llorar al ver la foto y recordar que la pelirrosa ya no estaba junto a él-
Dirigió su mirada a la ventana de aquel automovil, iba de copiloto, usualmente ese puesto lo tenia la pelirrosa, solo ese dia él habia ocupado ese asiento y ahora se arrepentia con todo su ser.
Su madre les había dicho que irian juntos al centro comercial y ellos le habian pedido ir solos, no midieron que quiza eso fue algo cruel cuando apenas se habian enterado que ellos eran padre e hijo, no pensaron en que hace no mucho ellos vivian juntos, y tampoco pensaron que le doleria a la pelirrosa, aunque la culpa la tenia la pelirroja Seidou por llenarle la cabeza de mentiras a la pelirrosa, ellos habian dado el pie inicial para que el sentimiento de vacio le recorriera en ese momento al dejarla sola cuando siempre habian salido los tres juntos para todos lados.
- deja de pensar, la vamos a encontrar, ¿estas seguro que fue a Osaka? –pregunto el azabache al pequeño quien desvió su mirada de la ventana para mirarle directamente a él-
- no se me ocurre otro lugar, aun si no esta allí, podría preguntar a algunos conocidos si saben de ella, pero si conozco a mi madre como la conozco, se dónde y con quien ira, espero conocerla como creo –expreso el pequeño quien nuevamente miraba la foto que tenía en sus manos, no podía creer cuanta falta le hacía la presencia de su madre a su lado, siempre que se separaban, para la escuela o para salir, siempre sabia que ella le esperaría con una sonrisa y que le abrazaría cuando el volviera-
Pero ya no era así, quizá ya no vería su sonrisa nunca más
- ¿a qué edad supiste que Sakura no era tu madre real? –pregunto el azabache sin dejar de mirar al frente, manejando tenía que estar atento al tráfico, sobre todo en una autopista-
- al parecer siempre le dije mamá a Sakura, pero vagamente recuerdo que me lo explicaron cuando tenía cuatro años, mientras leía un cuento bajo la sombra de un árbol –recordó el pequeño quien volvió a ver por la ventana, sentía aquella brisa de verano y aquel tibio sol como si fuera ayer, era uno de sus primeros recuerdos y quizá el más importante de todos-
- en ese momento el pequeño Kenji fue severamente regañado por su padre, "no jugaras con tus amigos hasta que arregles el desastre que has hecho" –la voz de aquella mujer sonó divertida intentando imitar a un gruñón hombre molesto, situación que a él le dio mucha gracia- después de que papá le regañara, Kenji le hizo un enorme puchero a su madre, la cual respondió "vamos cariño, es solo un pequeño niño, Kenji lo siente, ¿verdad hijo?", entonces sonrió y finalmente el pequeño asintió con ojitos tiernos diciendo "lo siento papi, hare caso a partir de ahora" y cruzo los dedos tras su espalda –leyó intentando imitar una aguda voz infantil de niño con la última frase, lo que hizo que nuevamente el pequeño comenzara a reír por las gracias que su madre hacia para él cuando leía-
Lo recordaba con claridad, era el primer cuento que la pelirrosa le leyó, aquel libro del que se hizo fanático, la vida de un pequeño que vivía con sus padres y le hacía jugarretas a todos, ese libro era la primera edición de "Las travesuras del pequeño Kenji". Estaba él en medio, tirado en la hierva con aquel cuento de dibujos frente a él, a su lado su madre pelirrosa leia aquel cuento con diversion, estaba en su misma posision, tirada en la hierva leyendole, no recordaba cuando empezaron a hacerlo pero ya era una costumbre que las tardes de verano cuando no estaban estudiando, se colocaran alli a descansar mientras le leían un cuento.
En la misma posición que ellos estaba una rubia, en ese momento volvian a ser tres, ya que su amiga de cabello café se habia ido del orfanato apenas hacia un año cuando conocio a un muchacho, ambos enamorandose y ese joven de ojos perlados llevandosela a una mejor vida.
Aun así, no estaban tristes con ese pequeño pelirrojo no tenian tiempo de ello, cada salida de ese niño era unica, gozaban en grande cada momento con él, finalmente la pelirrosa se habia hecho cargo de ese pequeño como si de verdad fuera su hermana mayor, o su madre.
- entonces cuando yo le hice una jugarreta a la directora Anko y ella le reclamo a tía Ino porque no me vigilo es como si alguien le reclamara a papá –afirmo el pequeño haciendo a la rubia mirarle asesinamente por decir aquello de compararle con un hombre- y cuando ella me regaño y tú me defendiste es como cuando la madre del pequeño le defendióy cuando el pequeño se disculpo cruzando los dedos detrás es como cuando yo hago lo mismo –sonrió feliz el pequeño niño mirando el dibujo de aquellos tres personajes sentados en la mesa como una familia, imagen que solo tenía gravada de cuando comía con aquellas dos mujeres-
- no Satoshi –negó la pelirrosa dejando al pequeño con una mirada de confusión- papá es un hombre, papá es la palabra que se usa para describir al hombre que te dio la vida y que te cuida porque eres su hijo, Ino es mujer –hizo notar la diferencia la pelirrosa al momento de que le revolvió el cabello al pequeño quien rio ante la caricia-
- ¿entonces donde esta mi papá? –pregunto pasando de la risa a una expresión perpleja cosa que dejo a ambas mujeres con una extraña expresión a sus ojos, ambas se miraban sin saber que decir ni cómo explicarle a un niño de apenas cuatro añitos que no tenía un padre, siquiera una madre-
- por allí, divagando en el mundo, supongo –expreso sin mucha ciencia la rubia al momento de colocar sus dos manos en sus mejillas y apoyando allí su rostro ya que sus codos estaban en el suelo-
- ¡Ino! –reclamo con ojos fulminadores la pelirrosa quien golpeo en la cabeza a su amiga dejándole con ojos de espiral y un enorme puchero en su rostro- mamá es como llamas a la mujer que te dio la vida, quien te cuida y quiere, bueno, en teoría –explico nuevamente la pelirrosa queriendo cerrar el tema del padre, no encontraba como decírselo a ese pequeño quien apenas si entendía algunas cosas, es más, ella podía intentar suplir la ausencia de su madre, pero sabía que jamás podría suplir a un padre-
- entonces tu eres esa mamá –sonrió el pequeño mirando con inocencia a la pelirrosa, desde siempre ella había estado con él, cuidándole, protegiéndole, enseñándole, queriéndole, haciendo todo lo que ella le dijo que debería hacer una madre, para él, ella era su madre-
- no del todo Satoshi, Sakura es quien te cuida, pero entenderás que ella no es quien te dio la vida, cuando crezcas sabrás que nadie aquí tiene a sus padres al lado –la voz de la rubia se volvió a escuchar una vez sus ojos pararon de ser espirales, la pelirrosa no podía hacer nada, debía en algún momento explicarle aquello al niño, mejor temprano que tarde, le costaría menos asimilarlo de aquella forma-
- ¿entonces Sakura no es mi mamá? –pregunto parpadeando muchas veces el pequeño mirando a la pelirrosa, luego a la rubia y de nuevo a la pelirrosa-
- no Satoshi –suspiro Sakura al saber las preguntas que se le venían-
¿Dónde estaría su madre?
¿Por qué no estaba con él?
¿Acaso no lo quería?
¿Aun seguiría con vida?
Pero jamás se espero la pregunta que el pequeño saco de su boca
- ¿aun así puedo llamarte mamá? –aquella pregunta fue la menos esperada por ambas mujeres quienes una vez pasando el shock sonrieron con ternura infinita para el niño-
Debieron esperárselo, él no sabria preguntar cosas de ese estilo, para ese niño su pequeño y dulce mundo eran ellas dos, el niño ya lo entenderia, pero se alegraban de ver que con esa completa siceridad e inocencia el quería a la pelirrosa.
Le abrazo muy fuerte al pelirrojo quien comenzo a reir cuando la pelirrosa refregaba su mejilla con la de él con ternura, era una sensacion divertida y extraña, un cariño tan unico que ninguno de los dos jamas se imagino sentir por el otro, sin duda era la imagen de una madre jugando con su pequeño.
- claro, porque tu eres mi pequeño bebito al que siempre voy a cuidar –afirmo ella sin dejar su acto de ternura para con el niño, lo que no se imaginaba es que aquella frase, aquellas caricias, todo aquel momento se gravo con fuego en la mente del pequeño-
- en ese momento no entendía lo que significaba que ella no fuera mi verdadera madre, por lo que solo le seguía llamando así de apego, cuando lo entendí ya sabía a lo que se referían, por ello nunca me dolió ya que no tenía motivos, no me mintieron nunca respecto a aquello, de hecho molestaban mucho a mamá porque creían que fue madre joven, pero nunca le importo, siempre cuido de mi como si de verdad ella me hubiera dado la vida –conto Satoshi recordando aquel momento, como esos hubieron demasiados, así era como había aprendido a leer, el primer cuento que comenzó a leer solo fue aquel libro que la pelirrosa le dio, las aventuras de un pequeño niño como él y que siempre hacia travesuras, era su libro favorito porque con ello recordaba siempre cuando su madre le dio su primer libro-
- te diré algo Satoshi, padres no son quienes engendran, son los que crían, los que cuidan, los que procuran la vida y quienes están dispuestos a dar la vida por sus hijos –dijo el azabache con la voz más dulce que pudo, realmente él no entraría en la categoría no porque no quisiera, pero debía admitirlo, diez años lejos de su hijo, donde no le cuido, no le alimento ni mantuvo no eran precisamente acciones de un padre, solo podía decirse padre de ese niño por haberlo cuidado un tiempo, amarlo y estar dispuesto a dar la vida por él-
- ya la ha dado por mi muchas veces, por eso no importa si no naci de su vientre o que no lleve su sangre directamente, Sakura es mi mamá… ella es mi mamá –afirmo el pequeño que nuevamente miro aquella fotografía de él cuando estaba pequeño con la pelirrosa de adolecente-
- solo espero que conozcas a Sakura como crees conocerla–pensó el azabache mirando solo de reojo al pequeño quien guardo silencio al momento que le vio volver a secar nuevas lagrimas que aparecían en sus ojitos- ya vamos llegando al aeropuerto Satoshi, vete alistando, si alcanzamos el vuelo de las once de la noche llegaremos a Osaka mañana a primera hora –comento al tiempo en que aumentaba la velocidad de aquel automóvil-
Eran exactamente las diez y quince, justo a tiempo para el que seria uno de los ultimos vuelos de ese dia, de aquella ciudad a Osaka demorarian unas seis horas en avion, la pelirrosa ya les llevaba ventaja y tenian que seguirle el paso.
OoOoOoO
Acababa de salir del baño del aeropuerto, se sentia horrible, no recordaba haberse sentido tan mal la ultima vez que viajo, seguramente el estrés mental hacia estragos con ella, eso y que no habia comido nada en todo el dia pues ni hambre le había dado.
Miro la hora, había pasado casi una hora alli encerrada. Suspiro, al menos se sentia mejor, lo unico que habia comido era el desayuno y ahora ni eso tenia en el estomago. Tomo de uno de sus bolsillos el comprobante para ir a buscar sus maletas y se fue directo donde estaba el mesón de las maletas.
Al retirar un bolso, el cual cabe decir que no era demaciado grande, se dirigio a la salida de aquel inmenso lugar, debiendo pasar por un detector de metales y la seguridad policial. Uno de ellos se paro frente a ella inpidiendole el paso, su gorro de guardia tapaba su rostro solo dejandole ver su mueca de sonrisa de superioridad y diversion, se estreso mas por ello, no estaba para el juego de nadie.
- no se enoje señorita, solo procedimientos –informo el guardia sacándole su gorro del rostro y dejando ver una mejillas marcadas en rojo así como su expresión de diversión-
- ¡¿Kiba? –pregunto con asombro la pelirrosa quien no creía ver lo que veía-
- al menos no me olvidas Sakura –sonrió con diversión el hombre afirmando lo que la mujer de cabellos rosas dijo-
- ¿Eres guardia del aeropuerto?, no te habia visto, en todo caso ni que viajara tanto –bromeo la ojijade haciendo reir tambien a su amigo de años, hace mucho no lo veia, lo que le hizo recordar cierto extraño detalle- un segundo, según Tenten me conto supo de ti fue que te habías metido en pandillas –expreso con duda, es decir, si supo eso y ahora encontrárselo de guardia eran polos completamente opuestos-
- si… este… veras, realmente me fui a pandillas, gracias a eso encontré a mi verdadera familia, ellos estaban insertos en la droga y el alcohol, por un tiempo eso me divirtió, pero empecé a ver lo dura de esa vida, no quería eso para mi futuro, por lo que me salí hace un tiempo, hice un curso de guardia rápido y ahora trabajo aquí junto a mi compañero –explico rascándole las orejas a un gran perro que estaba a su lado el cual saco la lengua amistosamente, la pelirrosa enternecida miro al gran can y después ella comenzó a rascarle las orejas-
- ¿de dónde sacaste a este perrito? –pregunto ella sonriente mientras el perro se dejaba domar, estaba bastante domesticado para dejarse acariciar así por cualquiera-
- era de mi familia, se encariño conmigo, cuando me vine el vino conmigo, está entrenado para detectar el aroma de las drogas así que me es muy útil aquí, por eso soy guardia y reviso todo lo que tenga que ver con los bolsos, este es mi nuevo trabajo, claro, ahora vivo bien gracias a esto, rento un apartamento y tengo una novia –dijo sonriente y complacido, Sakura también se alegraba de ver así a uno de sus amigos, ese hombre había sido en muchas ocasiones un gran hermano mayor con ella- y dime, ¿Satoshi ya no está contigo? –pregunto borrando levemente la sonrisa de ella quien sonrió de forma más nostálgica que feliz, detalle notado a la perfección por él-
- digamos que… encontró su lugar, esta con su verdadero padre, él le ama y… me aparte para que rehicieran sus vidas justo donde las habían dejado, ambos se adoran uno al otro –conto con cierta felicidad, si ese pequeño estaba feliz, ella también lo estaría, tenía algo que probarse a sí misma y dentro de esa prueba también estaba el pequeño y aquel hombre padre del pequeño- quiero pedirte un favor, ¿tú sabes de Konan?
- sí, es maestra de artes en una escuela que está cerca de donde antes estaba el orfanato, ¿para qué quieres verla? –pregunto con extrañeza, aquella mujer era muy amiga de la que Sakura considero su segunda madre, pero no muchas veces la había visto-
- cuando fui a Tokio a ella le pase las llaves del departamento que Tayuya me dejo, no es un apartamento muy grande ni lujoso, pero es cómodo al menos para una o dos personas –explico la pelirrosa haciendo a Kiba sonreír con entendimiento, aquel lugar tenía solo una habitación, fue donde por casi tres años se había quedado con el pequeño pelirrojo, aquel lugar que ella jamás podría olvidar-
- me encantaría llevarte, pero no hace mucho comencé mi turno –se lamento, de verdad quería pasar más rato con su amiga, pero ya era muy de noche y si le veían conversando y no haciendo su trabajo de verdad podrían despedirlo-
- no te preocupes, solo pídeme un taxi –dijo ella haciendo al Inuzuka asentir, pero luego una macabra idea paso por la cabeza de ese hombre, pudo deducirlo por la mueca que coloco este de un momento a otro-
- de acuerdo, pero ahora que veo no estás con Sasori… podríamos ir en mi auto al mirador y hacer cositas –subió y bajo las cejas mientras su mirada de pervertido patentada se hacía presente, esa que la pelirrosa conocía de lo mas bien puesto que muchas veces la uso con ella cuando bebían-
- te responderé de la siguiente forma –sonrió igual de coqueta la pelirrosa acercándose al Inuzuka, cuando vio sus pies lo suficientemente cerca, con el tacón piso la punta del pie del hombre perro haciendo que sus ojos se abrieran lagrimeando mientras un agudo dolor se disperso en su cuerpo y un grito de puro dolor salió de su boca- ¡Metete el ofrecimiento por donde siempre te dije que lo hicieras! –reprocho mirando como Kiba se agachaba tomándose el pie afectado, al sacarse el zapato se pudo observar su pie estaba todo hinchado y rojo, poco menos que palpitando como cuando a los anime les pasan esas cosas-
- solo era una broma, jamás pude llegar a tocar a la diamantina, sabes que eres como mi hermanita menor, no tenias para que ser tan acelerada –hizo un enorme puchero, sus ojos lagrimeaban aun, esa chica no había cambiado nada-
Y eso si que era un grato recuerdo
Por un momento recordó su propia infancia. Esa donde muchos le molestaban y aquel tipo siempre la defendió, esa donde después al crecer hizo a sus mejores amigos, esa donde fue cuidada por aquella pelirroja de amable corazón, donde después encontró a su pequeño y de donde se fue al mismo tiempo que ese hombre de en frente suyo, sin duda a pesar de no haber sido un actor principal en su vida, él siempre estuvo para ella mirándole y cuidándole desde fuera.
- ¿Por qué me miras así Sakura? –pregunto extrañado el Inuzuka, es decir, no era común en la pelirrosa el verle con ese cariño o esa ternura, incluso se llego a asustar por ello-
- solo recordaba que esta escena ya le he vivido muchas veces contigo –recordó sonriendo la pelirrosa, aquellos dulces recuerdos inmediatamente fueron entendidos por Kiba quien también sonrió de la forma más nostálgica que pudo, pero sin duda la dulzura de aquello no desaparecería ni con el tiempo-
- si… que recuerdos –sonrió con diversión al recordar lo que fueron quizá los momento más felices de lo que fue su vida de joven antes de llegar a todo lo malo que hizo luego-
- me pregunto… ¿Por qué nunca fuimos novios? –se pregunto al aire la pelirrosa, a ella le encantaba como era ese chico, siempre fue divertido, amoroso, le protegía mucho y siempre fue preocupado de ella, tierno, incluso era el compañero de travesuras de su pequeño, se llevaban de maravilla esos dos, mas aun así ella nunca se enamoro de él, se enamoro de una persona algo… bastante diferente de aquel tipo-
- porque sabes que nosotros somos como hermanos, además, de haber sido así, no habrías llegado a descubrir quién eres en verdad, Sakura Seidou –la afirmación le dejo helada, abrió los ojos con sorpresa, es decir, hace mucho que no le veía y este ya estaba enterado de ella-
- ¿lo sabías? –Pregunto con asombro el cual no se dejo esperar para expresarse en su rostro-
- todo el país lo sabe, salió en la mayoría de las revistas y periódicos, al igual que Satoshi es hijo de Sasuke Uchiha, supongo que por eso te apartaste –dedujo enseguida asombrándole a la pelirrosa, nunca fue de mente muy ágil, pero demostró cambiar con los años, todos cambiaban con el tiempo-
Incluso ella
- algo… -no tenía como negarlo, no iba a hacerlo, confiaba en ese tipo y sabía que pidiera lo que le pidiera, este le ayudaría en lo que más pudiera-
- tengo la corazonada de que los veré por aquí pronto Sakura, ¿Qué quieres que haga o diga? –le pregunto, realmente para él era de suma importancia tener consentimiento o la orden de la pelirrosa en que hacer respecto a ellos, después de todo, eran su problema y no de él-
- solo… el desentendido, no me has visto, ¿de acuerdo? –Quedo en la duda, la expresión de ella delataba que no le diría más, acataría pero había un detalle que al parecer ella olvidaba-
- ¿incluso si Satoshi me pregunta? –nuevamente la pregunta, ella pareció no asombrarse como él esperaba, situación que lo dejo aun mas perplejo, si que había cambiado, demostraba su completa madurez en ese momento-
- se que Satoshi te preguntara, pero esta es una prueba que tengo que hacerme a mi misma y a ellos, te pido de favor… que no les digas nada –pidió casi suplicante, sabía que Kiba cumpliría, era su amigo de confianza-
- ¿entonces para que quieres ir allí?, si ellos vienen, aun si no les digo nada sabes que es el primer lugar donde querrá buscar Satoshi, no es un buen lugar para esconderse si quieres escapar de ellos –pregunto con duda, no entendía en absoluto las ideas algo contradictorias de la pelirrosa, si quería esconderse aquel lugar no seria indicado, la encontrarían de inmediato y ella ahora tenía la situación para irse mas lejos o pagar otro lugar para esconderse-
- es porque no estoy precisamente escapándome, es mas… una prueba –confeso con confianza, confiaba en ella, confiaba en aquel pequeño, confiaba en aquel azabache, no tenía motivos para no creer que ellos llegarían, se había ganado un espacio en aquella familia, ¿no?-
La confianza es quebrantable
No sabes de lo que las personas que te aman son capaces de hacer
- no entiendo tus motivos Sakura, pero sabes que como hermano mayor, te apoyo en cualquier travesura que hagas –le miro de forma cómplice subiendo y bajando sus cejas a modo de confianza, le encantaba hacerle favores a la pelirrosa, sobre todo cuando podía fastidiar o hacer sufrir a la gente-
- gracias –sonrió como chiquita la pelirrosa haciendo un gesto infantil el cual luego se transformo en una mueca de sonrisa traviesa- ¿podría pedirte otro favor? –pregunto colocando un rostro algo más serio, dejando con una extraña mirada al Inuzuka quien asintió sin entender- quiero… algo para el estomago… me duele horrores…
- seguro y te pasaste con el trago de nuevo o ya te llego tu maldito periodo –afirmo en un suspiro, siempre era lo mismo con su amiga casi hermana, no era la primera vez que él le daba algo para el estomago-
Aunque ni una gota de alcohol había bebido
Ni su periodo le había llegado
- ¡Nadie te pregunto! –Grito al momento de golpear en la cabeza a su amigo, dejándole incrustado en el suelo y luego comenzar a zamarrearlo brutalmente mientras este estaba inconsciente, incluso al perro quien le acompañaba le salió una gota anime al ver a su amo siendo casi mutilado por la pelirrosa y por el cambio de actitud tan drástico de ella-
Porque ese cambio de humor sí que era descomunal
Incluso para ella
