Harry se levantó de inmediato sin borrar la sonrisa de su cara, extendió sus brazos y su hija corrió hacia él. Ginny se acercó a ellos y le dio un fuerte beso a Harry en la boca, indicándole a Cho quien era la dueña de ese hombre.
Cho en ningún momento le quito la mirada a Ginny, a pesar de llevar únicamente unos pantalones vaqueros ajustados y algo despintados, una blusa rosa y unos tenis sencillos, esa pelirroja imponía.
- Tú debes de ser Cho – sonrió Ginny.
- Sí, amor, ella es Cho, de quien te hablé. Cho, te presento a Ginny, mi novia.
Ginny, sin dejar de sonreír, extendió la mano para saludarla y se sentó frente a ella en la mesa. Cho, un poco desconfiada, le correspondió el saludo.
- Y ella es Lily, mi hija – Harry le dio un beso a su pequeña pelirroja que llevaba en brazos - ¿a poco no es hermosa?
- No sabía que tenías una hija.
- Ya sabes que el ministerio siempre me ha apoyado con mi vida privada – Cho asintió, fue por eso que nadie en el mundo mágico sabía que ella y Harry algún día fueron novios.
- Veo que ya empezaron a cenar, muero de hambre – dijo Ginny quintándole el plato a Harry quien seguía dándole besos a su hija.
- Esa comida es de Harry, no se le debe quitar su comida – dijo Cho indignada por la acción de Ginny.
- ¿Por qué? Siempre lo hago – dijo Ginny llevándose un pedazo de carne a la boca.
- Puedo servirte otro plato, Harry – se levantó Cho apurada.
- No te molestes, Cho – le dijo Harry – Ginny y yo hemos compartido nuestro plato muchas veces.
- Entiendo – regresó Cho a su asiento.
Ginny se quedó observando a Cho mientras comía del plato de Harry, ya que éste seguía jugando con su hija. Como toda una buena auror, analizaba a su enemigo y pudo darse cuenta que Cho era un corderito miedoso. Cada vez que Cho levantaba la vista para verla, de inmediato la bajaba, era como si ella fuera una luz brillante que le molestaba al mirarla. Y ni que decir de Harry, cada vez que lo veía a él, era como si estuviera viendo a un ídolo.
- ¿Así que eres sanadora?
- Sí – contesto Cho sin levantar la mirada.
- Me imagino que debes de ser muy inteligente para poder estudiar esa carrera.
- Bueno, en realidad a mí me gusta diseñar ropa – Harry dejó de hacerle cosquillas a su hija y frunció el ceño viendo a Cho.
- ¿Y porque no estudiaste esa carrera?
- Bueno, es que… - volteó a ver a Harry – preferí ser sanadora.
- Cho, debiste hacer lo que a ti te gustaba – le dijo Harry.
- Ya es demasiado tarde, así estoy bien.
- Nunca es tarde – le dijo Ginny – yo no me imagino siendo otra cosa más que un auror y tal vez algún día, jefa del cuartel – le cerró un ojo a Harry, mientras que éste le saco la lengua.
- A veces uno hace las cosas esperando algo a cambio – volteó de nuevo a ver a Harry, haciéndolo sentir un poco culpable.
- Lo siento tanto, Cho.
- Debo saber perder – bajó la mirada.
- ¿Perder? – se extraño Ginny - ¿a qué te refieres?
- Cho estudió para ser sanadora por mí – le dijo Harry y Ginny abrió la boca sorprendida.
- ¿Qué hiciste qué? Pero… no entiendo… tomar una decisión así de importante por… ¿un hombre y no por ti misma?
- A mí me educaron de esa manera. Una mujer debe de servir al hombre.
- A mí también, pero ¿sabes por dónde me metí esa educación?
- Ginny – la regañó Harry.
- Creo que tú hubieras sido la hermana perfecta para mis hermanitos.
- ¿Qué practicas vas a hacer en San Mungo, Cho? – preguntó Harry para cambiar de tema.
- Bueno, me estoy especializando en enfermedades y heridas muggles.
- Interesante.
- Vine a hacer un curso especial, en China no lo hay.
- ¿Cuánto tiempo piensas quedarte? – preguntó interesada Ginny.
- Dos semanas.
- Creo que no vas a ver a mis padres, ellos se fueron de vacaciones por un mes.
- Tus padres son muy amables.
- Cualquier cosa, siéntete como en tu casa – le dijo Harry amablemente.
Después de cenar, Cho subió al cuarto de huéspedes para instalarse. Harry cargaba a Lily quien se había quedado dormida en su hombro. Ginny había permanecido en silencio, solo observando los movimientos y gestos que hacia Cho durante la cena.
- Suéltalo – le dijo Harry al ser observado minuciosamente por Ginny.
- ¿Qué hacían cuando eran novios?
- Básicamente…nada – Harry acostó a Lily en el sofá – yo tenía entrenamientos y ella solo estaba conmigo.
- ¿La llevaste a la cama?
- No.
- ¿Lo pensaste?
- Creo que no. Ella era una gran compañía, siempre me apoyaba y me daba ánimos.
- Tu mamá me dijo que estuviste con ella por agradecimiento.
- Sí, tal vez. Después de Voldemort ya no tenía nada que hacer, digo toda mi vida había trabajado para cumplir con una misión, una vez terminada, no supe que hacer. Cho seguía a mi lado, así que decidí intentarlo, pero fue un grave error. Ella seguía viéndome como el héroe, aquel del que yo me quería olvidar.
- Por eso te fuiste a Estados Unidos.
- Exacto y ahí conocí a una pelirroja que me cambió la vida – la abrazó y le dio un beso en el cuello.
- Qué razón tenía tu mamá.
- Lily Potter siempre tiene la razón – resopló Harry - ¿Qué te dijo?
- Que Cho y yo éramos completamente diferentes.
- Efectivamente.
- Y tú me amas a mí.
- Mucho.
- Así que no tengo nada de qué preocuparme porque te quedas con ella.
- De nada.
- Aun así – se quedó pensando Ginny – creo que pondré algunos hechizos en tu habitación.
La relación de Harry y Ginny cada día se hacía más fuerte. Con la llegada de Cho, Ginny tuvo que auto controlarse un par de veces, y no precisamente por coquetearle a Harry, sino por su carácter sumiso. Al comienzo pensaba que era una estrategia para conquistar a Harry, pero poco a poco se dio cuenta que en realidad ella era así. Lo que tanto criticaba en una mujer, lo era Cho. Llegando el fin de semana, en lugar de odiarla le tenía lastima.
Cada día, antes de llegar a su casa, Harry pasaba un tiempo con Ginny y su hija. Trataba muy bien a Cho, pero eso no significaba que iba a desatender a sus mujeres. Además, Cho pasaba muchas horas en San Mungo, así que no tenía por qué preocuparse.
Una tarde en especial, Lily se había quedado dormida, así que Harry y Ginny aprovecharon para irse a la cama.
- Odio que sea rápido – le decía Ginny quitándole la ropa – quiero que estés conmigo toda la noche.
- Puedo hacerlo esta noche, después de cenar le digo que estoy cansado y…
- Eso no está bien.
- ¿Desde cuándo Ginny Weasley sigue las reglas?
- ¿Desde cuándo Harry Potter las rompe?
- Desde que conoció una pelirroja que lo volvió loco – la besaba en el cuello.
- Tal vez te conviene Cho para que sigas siendo el niño obediente y bien portado que conocí en Estados Unidos.
- Muy chistosa – dejo de besarla para verla a los ojos – odiabas a ese Harry.
- Era un aburrido, mandón y amargado, pero me encantaban tus ojos.
- Y tú eras una berrinchuda, desobediente y terca, pero me encantaba tu cabello, tus pecas, tu cuerpo – empezó a besarla de nuevo.
- Te gusté desde el primer momento que me viste.
- Eres hermosa, y de eso me di cuenta cuando Ron me mostró una foto tuya antes de conocerte – le dijo Harry terminando de quitarle la ropa a Ginny.
- Ron – rodó los ojos Ginny – y su maldita costumbre de llevar una foto mía en su cartera, espero que ya la haya desecho y puesto una de Hermione.
- No, aun la conserva. Una vez se la pedí y me quiso matar con la mirada – Ginny empezó a reírse mientras Harry la acostaba sobre la cama – y después me dijo que esa Ginny era su hermanita.
- ¿Y qué le contestaste?
- Le dije que no había problema, en esa foto que tiene en su cartera tienes quince años y yo puedo tener una tuya en mi cartera así como estas ahora.
- ¿Cómo estoy ahora? – levantó la ceja - ¿desnuda?
- ¿Qué crees que haría Ron si la viera?
Después de haber hecho el amor, se fueron a casa de Harry. Cho casi siempre llegaba muy tarde debido al intenso trabajo que tenía en el hospital, pero aun así asistía a cenar junto con ellos. Ginny ya no le tenía tanta desconfianza, trataba muy bien a Lily y jamás le hizo una grosería a ninguna de las dos.
Ginny hablaba y hablaba durante la cena, mientras que Cho solo escuchaba sin decir una sola palabra.
- ¿Y tú, Cho, alguna novedad en el hospital?
- Ninguna, solo trabajo.
- Voy a llevar a Lily a cambiar de pañal – les dijo Harry dejándolas solas.
- ¿Acaso no hay un chico que te guste? – le preguntó Ginny sonriendo.
- No.
- Eres muy bonita, solo te falta un poco mas de seguridad en ti misma ¿Por qué eres así?
- Mis padres así me educaron.
- Pero no dejes de ser tu misma, si quieres algo, lucha por ello – Cho suspiro - ¿aun te interesa Harry?
- Harry es muy lindo, siempre me trato muy bien. Yo hacía todo para complacerlo y así él continuara a mi lado.
- Todos nos equivocamos alguna vez. Yo salía con muchos chicos para molestar a mi hermanos – le dijo Ginny divertida, Cho frunció el ceño – todos hacemos algo por alguien, pero después me di cuenta que lo mejor es hacer las cosas por nosotros mismos. En realidad yo jamás quise salir con esos chicos, pero mis hermanos me molestaban tanto, que solo lo hacía para vengarme.
- Yo sabía que Harry no estaba enamorado de mí, pero él me había pedido que fuera su novia, así que algo bueno había hecho…
- Cuidarlo, protegerlo.
- Fue por eso que continué haciéndolo.
- ¿Pero no te pusiste a pensar que ya había muchas personas a su alrededor haciéndolo? – Cho se quedó pensando – ¿Qué lo menos que él quería era que su novia también lo hiciera siempre?
- Tal vez. Tú si haces feliz a Harry.
- Porque lo trato como un hombre normal, eso es justo lo que él necesita.
- Tienes mucha suerte. Yo jamás encontraré a un hombre…
- Cho, por favor, mírate, eres hermosa y una inteligente sanadora. Tus estas para escoger a un hombre, no para que ellos te escojan. Piénsalo – le cerró un ojo.
/
Tenían todo preparado para la misión de Ginny: regresar a la hacienda por su bolso y encontrarse con Draco Malfoy. Dean ayudaba a Ginny a colocarse todo el equipo muggle y Hermione revisaba que las cámaras y micrófonos funcionaran a la perfección, tanto el que llevaba Ginny en su ropa, como el que llevaría en su bolso. Harry y Ron estaban en la cabina/camioneta van, en la cual por fuera parecía muy pequeña, pero por dentro era todo cuarto de control donde estaban viendo los monitores y escuchando el audio, ambos nerviosos pero disimulándolo muy bien.
- ¿Estás listo?
- Sí – le contestó Ron poniéndose su saco de chofer.
- ¿Krum?
- Está dentro de la hacienda, se está haciendo pasar por un jardinero – sonrió Ron burlonamente – Dean y Hermione estarán en los alrededores por cualquier cosa y yo estaré siempre con ella.
- Bien, me acercaré un poco más.
- No es conveniente Harry, si ven la camioneta, sospecharan.
- No te preocupes.
Cuando Ginny llegó al cuarto de control, Harry suspiro y se talló los ojos nervioso. Ginny de nuevo parecía una mujer muy elegante y sensual. Ron le dio las últimas instrucciones y antes de salir de la camioneta, Ginny le susurró a Harry en el oído un "te amo".
Ron caminaba detrás de Ginny, Hermione le había hecho un hechizo para que no fuera pelirrojo y así Draco no sospechara absolutamente nada. Segura de sí misma y como toda una buena auror, llegó hasta la puerta de la hacienda, después de haber engañado a todo el equipo de seguridad.
Cuando por fin entraron a la hacienda, parecía un poco más pequeña a como la recordaban en la fiesta. Esperaron un par de minutos y Draco Malfoy hizo presencia.
Harry veía directamente a los monitores, tenía que confiar en Ginny, pero aun así venia preparado: su capa de invisibilidad la tenía a la mano.
- Te dije que te volvería a ver – sonrió Draco con arrogancia.
- Olvidé mi bolso.
- Suelo tener suerte con ese tipo de detalles.
- ¿Podrías regresármelo?
- ¿Tienes prisa?
- No – le sonrió Ginny.
- Ven, vamos a mi despacho…solos – le dijo al ver que Ron caminaba detrás de Ginny.
- Espérame aquí – le dijo Ginny sin voltear a verlo, de antemano sabía la mirada que tenía su hermano.
- No te preocupes, ella está conmigo – sonrió Draco viendo lujuriosamente a Ginny.
Harry inmediatamente se tensó y tomó la capa, pero escuchó un "no" tan despacio, como un susurro, y supo que era Ginny quien les decía a todo el equipo que todo estaba bien, que no hicieran nada.
- ¡Dobby!
- Si joven amo – apareció el pequeño elfo haciendo una reverencia.
- Cuida a Ginny, si ves que ese hombre, Draco Malfoy, saca una varita, inmediatamente lo atacas, no importa las consecuencias ¿entendido?
- Sí, amo.
De nuevo Harry se puso en alerta, si veía que ese tipo pretendía acercarse de más, sin pensarlo, entraría a salvarla.
Ginny en todo momento seguía con su papel, no dejaba de coquetearle a Draco para que la mantuviera en esa casa y así obtener la mayor información posible.
- Que hermosas pinturas – dijo Ginny entrando al despacho.
- Todas originales – presumió Draco.
- ¿Dónde las conseguiste?
- Regalos – sonrió de lado – aunque ni ellos saben que me las regalaron.
- ¿Cómo?
- Nada, olvídalo ¿champagne?
- Por favor.
- ¿Así que viniste por tu bolso? – Ginny sonrió y se sentó en un lujoso sillón cruzándose de piernas - ¿Dónde está el tipo que acompañabas aquella noche en la fiesta?
- No lo sé, a veces salgo con él y a veces… no – levantó la ceja viendo directamente a Draco y recibiendo la copa de champagne.
- ¿Escapas de él?
- Siempre tiene trabajo.
- Son unos tontos – Draco negó con la cabeza burlándose.
- ¿Tú no trabajas tanto? Tienes muchas cosas, supongo que así has de trabajar.
- Yo tengo lo que quiero cuando quiero… así de fácil.
- ¿Todo?
- Todo.
Draco invitó a comer a Ginny, en todo momento no dejaba de presumir y pavonearse de todas sus pertenencias y logros. El equipo estaba tranquilo, pero alerta. Harry no dejaba de ver los movimientos de Malfoy por el monitor y se comunicaba con los otros integrantes del equipo. Sin embargo, a pesar de mantenerse en su posición de auror, no dejaba de maldecir al ver como Ginny le coqueteaba a ese tipo.
Ya habían pasado un par de horas y Ginny estaba desesperada, sentía que no estaba avanzando en nada.
- ¿Tienes mi bolso? – le preguntó Ginny después de recorrer las caballerizas.
- ¿Ya quieres irte? ¿Tanto te aburrí?
- Claro que no, de hecho, me encantaría volverte a ver – le dijo Ginny mientras Harry resoplaba apretando el puño – claro, si tú quieres.
- Por supuesto, vamos a mi despacho.
- Tu casa es maravillosa, me encantaría conocer tus otras casas.
- Cuando quieras.
- ¿Quién vive en ellas?
- Nadie, solo empleados, simples muggles.
Tanto Harry, Ginny y todo el equipo se puso alerta.
- ¿Muggles? – preparó su varita Ginny.
- Sí, suelo llamarlos así – dijo Draco sin darle demasiada importancia, entrando al despacho.
- ¿Por qué?
- Unos tontos, hacen exactamente lo que les corresponde: servirme, tratarme como me lo merezco.
- ¿Qué te hace especial?
- Todo.
Harry inmediatamente tomó la capa de invisibilidad y corrió hacia la casa, sin dejar de escuchar la conversación de Ginny con Draco por el audio que llevaba en su oído. A lo lejos alcanzó a ver a Dean que se encontraba cerca de una ventana, atento a todo, al igual que Víctor que fingía estar arreglando unas flores.
- ¿Tú manera de trabajar? He visto a muchos trabajar igual que tú.
- No, querida, no conoces a nadie como yo.
- Traficar armas, drogas, secuestros, no es algo nuevo.
- Pero la manera en que yo lo hago, si lo es.
- Eso dicen todos.
- ¡Yo no soy como los demás! – se exaltó Draco.
- Ginny, sal de ahí – le decía Harry corriendo hacia la casa bajo la capa. Ron caminó rápidamente hacia el pasillo donde había desaparecido Ginny con Draco. Dean, Hermione y Víctor inmediatamente empezaron a acercarse a la casa.
- He escuchado muchas veces eso, recuerda que yo he salido con hombres muy poderosos, tal vez más poderosos que tu.
- ¡Ginny, sal de ahí! – le volvió a gritar Harry, pero Ginny hacia caso omiso al audio que llevaba en su oído escondido.
- Jamás, óyelo bien, preciosa, jamás vas a encontrar a un hombre como yo. Toda esa bola de estúpidos muggles que creen que pueden controlar al mundo con sus tontos negocios – sonrió con arrogancia – piensan que son muy listos sin imaginar que hay personas superiores a ellos.
- ¿Superiores? ¿Personas que pueden hacer mejores negocios?
- Personas con poderes.
- ¿Dónde estás, Ginny? ¡Ron! – Harry ya había entrado a la casa, pero era tan grande que se encontraba perdido.
- ¡Al norte, Harry! – le dijo Ron, aun buscando el despacho.
- ¿Poderes? ¿Qué tipo de poderes? – continuaba Ginny.
- Poderes que jamás podrías imaginarte – Draco se acercó a Ginny y la tomó por la cintura fuertemente – te puedo demostrar lo poderoso que soy – le susurró juntando sus labios con los de ella – me gustas, me gustas mucho y no pienso dejarte ir. Te mostré todo lo que puedes tener con un simple sí.
- ¿Y que si digo que no? Lo que me mostraste es exactamente lo que otros pueden ofrecerme.
- Ginny, sal de ahí – le volvía a decir Harry.
- ¡Jamás, yo soy único, soy el dueño de todo! Yo soy quien maneja todos los negocios, todos me obedecen a mí.
- ¿Será que te obedecen porque llevas una varita contigo? – Ginny lo apuntó con su varita – Eres un idiota Draco Malfoy, tu arrogancia pudo más que tu cerebro.
- ¿Quién eres? – pregunto Draco sorprendido caminando hacia atrás.
- ¿Te suena una bruja de sangre limpia?
- Creo que sí.
Ginny estaba atenta a que Draco sacara su varita, la cual ya la había detectado sobre un estuche en el librero, y la atacara, pero jamás se imaginó que sacara una pistola debajo de su saco y le disparará. Ron corría directo hacia el despacho, entrando justo cuando Draco le disparó a su hermana. Sin mayor problemas, lo atacó con su varita dejándolo inconsciente. Harry entró sin importarle nada, había escuchado el disparo y su mente había quedado en blanco, presa del pánico. Ginny se encontraba tirada en el piso sangrando por montón, Harry le tomó su cabeza, viendo que estaba inconsciente, miró la herida en su estomago que no paraba de sangrar, apretó la herida, mientras las lágrimas corrían por su rostro.
/
Lily y James Potter llegaban a su casa antes de lo esperado. Extrañaban tanto a su nieta que ya no pudieron continuar con su viaje de vacaciones. Una semana de descanso había sido suficiente para ambos, ahora querían divertirse con su nieta.
Se les hizo extraño que la casa estuviera sola, era fin de semana, pero recordaron que Cho estaba en Londres, así que supusieron que Harry y ella habían salido a comer. Decidieron desempacar y descansar un rato debido al viaje. Pero apenas iban a subir las maletas cuando un fuerte ruido en la cocina los asustó.
- ¿Dobby?
- Dobby es un mal elfo, Dobby malo, malo – se golpeaba el elfo sobre la pared.
- Cálmate – le dijo James - ¿Qué pasó?
- Dobby malo, Dobby malo.
- Dobby te ordeno que dejes de golpearte.
Dobby dejo de golpearse viendo con ojos tristes a su amo.
- ¿Qué pasó?
- El joven…
- ¿Harry? – se asustó Lily.
- El joven amo, me dijo que la protegiera – empezó a llorar Dobby – pero ese hombre jamás saco su varita.
- ¿Qué hombre? – le preguntó Lily.
- Draco Malfoy.
- ¿Malfoy? – ahora quien estaba asustado era James - ¿Harry esta con Malfoy?
- No, ese hombre se lo llevaron, se lo llevaron detenido ¡Dobby malo, no la protegió como el joven amo le había ordenado!
- ¿Qué te ordenó Harry?
- Que la protegiera, la protegiera si el hombre malo sacaba su varita, pero jamás lo hizo… fue un ruido horrible y la joven Ginny cayó al piso… y había sangre, mucha sangre.
- ¡Ginny!
- ¿Dónde está Ginny, Dobby?
- El joven amo se la llevó al hospital.
- ¡Vamos!
/
Dean y Víctor se habían hecho cargo de Draco una vez que Ron lo había dejado inconsciente. Harry se llevó a Ginny a San Mungo desesperado, tanto Ron como Hermione se fueron con él. Al llegar al hospital quien los recibió fue Cho, que al ver a Harry lleno de sangre se preocupó por él, pero al ver que Ginny era la herida, prometió que lo mantendría informado de cualquier cosa.
- Debo avisarle a mis padres y a mis hermanos – le dijo Ron a Hermione mientras Harry se había quedado paralizado viendo la puerta por donde se habían llevado a Ginny.
- Mándales un patronus, pero solo diles que vengan a San Mungo.
- Sabrán que se trata de Ginny.
- Cálmate Ron, ella estará bien.
- No debí separarme de ella.
Tanto Molly como Arthur se asustaron al saber que Ginny estaba en San Mungo. No tenían con quien dejar a la pequeña Lily, así que no tuvieron otra opción más que llevarla con ellos. Se aparecieron en el callejón, a un lado del hospital y entraron corriendo. Después de pedir información, fueron rápidamente al elevador para buscar a su hija, estaban muy asustados y mas al saber que estaba en el piso de enfermedades y heridas muggles. Molly no dejaba de sollozar, pero se aguantaba las ganas de llorar por su nieta, quien la llevaba en brazos sin saber exactamente qué pasaba.
- Este elevador – se quejaba Arthur al no tener respuesta de ninguno de ellos.
- Por fin – dijo Molly.
- ¡Esperen! – gritó un hombre para que no cerraran la puerta del elevador.
Arthur detuvo la puerta y se encontraron frente a frente con un hombre de cabello negro y gafas de carey y una mujer de ojos verdes y cabello pelirrojo.
- ¡Tata! – gritó la pequeña Lily emocionada al ver a su abuelo James.
Como sabrán ando con cero de tiempo, apenas el ayer domingo me propuse avanzar en el capitulo y logré terminarlo, claro hasta como las dos de la mañana, no es muy largo pero es exactamente donde lo quería dejar, si ya sé quieren matarme jejejeje.
Como vieron, ni Cho ni Draco fueron un peligro para Harry y Ginny, solo vinieron a reforzar mas su relación, ahora llegaron los Potter y los Weasley, a ver que pasa con ellos.
Mil gracias por todos sus comentarios aquí y en facebook, sin ellos ya hubiera mandado todo al diablo y ahorita estaría acostadita en el aire acondicionado, hace un calorón tremendo! pero por ustedes sigo aqui con dos abanicos jejejeje.
Saludos a todos!
