¡No tengo palabras con las cuales agradecerles todo el apoyo!

Muchas gracias por seguir esta historia. Lamento no haberla podido hacer más larga pero al igual que este fic, una nueva era está por llegar a mi vida y con esto cierro un ciclo.

Epilogo

—Lo encontramos—Susurro Japón con una sonrisa triste en la cara—Apareció una isla en medio del océano Atlántico, creemos que puede ser el.

Alfred suspiro y sobo sus sienes. Esto era un asco. Por fin se había podido sentir cómodo en esta nueva forma de vida pero algo tenía que arruinárselo…como siempre.

Pasaron años, lustros, siglos para que todo volviera a la normalidad. Por alguna extraña razón que aún no comprendían el mundo había vuelto a regenerarse, más, esta vez sin contaminación, sin cosas dañinas para la salud y con nuevas especies de plantas.

Para la sorpresa de las representaciones humanas de los países sus memorias estaban intactas. Podían recordar todo lo que había ocurrido en su vida pasada con una exactitud escalofriante que les aterrorizo al principio pero conforme al tiempo les ayudo a formar una mejor sociedad para todos.

Empezar de nuevo les había servido.

La humanidad estaba en su mejor etapa. Nadie dominaba al otro, todos vivían en paz y en armonía. La cura de varias enfermedades mortales se había encontrado junto con la forma de preservar la naturaleza y convivir con ella sin lastimarla.

Pero aun así, siempre existía esa incógnita…hasta ese momento.

Inglaterra…

Inglaterra no había vuelto a revivir. Su isla no se volvió a generar e incluso recientes estudios demostraban que no se encontraba nada en donde solía estar, solo era mar cuya profundidad jamás podrían saber.

— ¿Estás seguro, Kiku? —Alfred miro con estrés la pantalla de la computadora que no paraba de emitir pitidos que le perforaban la cabeza. El japonés asintió.

Por primera vez en mucho tiempo tenía miedo, miedo a lo que pudiera ocurrir, porque aquel pedazo de tierra podía significar la llegada de una persona que tal vez estuviera totalmente trastornada de la cabeza o simplemente una representación de una nueva nación nunca antes vista.

—Tenemos que ir—Murmuro Francia mientras le daba palmaditas en la espalda.

— ¿Y qué haremos si el también recuerda todo? —Pregunto España mirando la pantalla.

—Aun así no podemos quedarnos con la duda—Japón camina a la puerta— Considero, si ustedes aceptan también mi idea, que lo mejor es ir a investigar un poco. Mi gobierno estará dispuesto a colaborar con ustedes.

O-o-o-o

La investigación fue aceptada sin dudar por los gobiernos. Estos ahora eran menos autoritarios, humanos y escuchaban la opinión de los países quienes eran vistos como grandes sabios. A Alfred le causaba risa esa forma tan presuntuosa por la cual le llamaban pero tampoco se quejaba de aceptar los halagos de sus ciudadanos.

Y ahora se encontraba allí, en aquella frondosa isla con varias naciones que al igual que el tenían una baja esperanza de encontrar a alguien ¿Quién los culparía? Llevaban tres semanas en ese lugar y no había ninguna señal de vida, además la naturaleza, por alguna extraña razón, crecía en cantidades desorbitantes lo que hacía un poco más difícil la búsqueda.

—Bien…yo no soy pesimista pero creo que es hora de terminar todo…es solo una isla desierta más—Concluyo Francia sentándose en una roca mientras los demás lo imitaban.

—Aun no…sé que estamos cerca de algo—Alfred saco su termo lleno de té, que últimamente había estado tomando para tranquilizarse. Se sirvió en la tapa y lo dejo a un lado mientras sacaba unas donas para acompañar la bebida. Frunció el ceño al notar que se habían aplastado un poco así que les retiro el plástico que las envolvía con cuidado para no quitarles el glaseado, al terminar le dio un mordisco a una y trato de tomar su taza improvisada pero algo se lo impedía— ¿Qué demonios?—Unas pequeñas manitas blancas tomaban con fuerza la tapa del termo, el dueño de estas tenía el cabello color rubio cenizo, ojos verde esmeralda y unas cejas tan grandes que parecían pequeños arbustos pegados en su cara.

Estados Unidos abrió los ojos sorprendido, trato de hablar pero ninguna palabra salió de su boca y a causa de todas las emociones sentidas en tan solo unos segundos cayó al suelo inconsciente.

O-o-o-o

Todo el mundo corría de un lado a otro, unos traían leche, otros juguetes y algunos solo se quedaban a observar curiosos de tal extraño fenómeno. Inglaterra estaba vivo, como un pequeño niño de 1 año.

La confusión llenaba todo el lugar al igual que los murmullos.

¿Tendrían que juzgar a ese niño por los crímenes que cometió en el pasado o educarlo con los nuevos principios que tenían?

Arthur había tenido una vida demasiado tormentosa. La historia de Inglaterra incluía cientos de guerras, invasiones y periodos duros donde se dudaba que se pudiera sobrevivir…Alfred atribuía el carácter de su ex tutor a eso pero quien sabe…nunca puedes conocer una persona por completo.

Tal vez educándolo de otra manera podía tener un futuro mejor.

Pero si lo cambiaban…ya no sería Inglaterra…sería diferente.

Alfred suspiro frustrado parando el tren de ideas que se formaba en su cabeza. Había una oportunidad y no la podía desperdiciar.

Se levantó decidido a ir a ver al pequeño pero justo cuando su mano toco la manija de la puerta se arrepintió.

Esto era más difícil de lo que pensó.

Le estaba temiendo al cambio…o al futuro que le esperaba.

Miro hacia la ventana que estaba abierta de par en par. El atardecer era hermoso, varios tonos de rojo y naranja se pintaban en el cielo, y a pesar de la hora aun los pájaros cantaban.

No podía rechazar más su realidad.

Frente al hermoso ocaso que se presentaba frente a él con esplendor, suspiro y sonrió antes de murmurar las palabras que durante mucho tiempo se negó a aceptar.

—Bienvenidos a la nueva era.