Concordia Discors
armonía en discordia
Advertencias: Er, así que aquí empiezan a verse algunos de los cambios que juzgue como "realmente necesarios": los nombres. Los (beeep) nombres. Déjenme decirles que tuve que hacer toda una investigación para (ahora sí) asignarles nombres a los personajes que fueran de acuerdo con su nacionalidad (en lugar de habérmelos sacado de la manga y que significaran, "como que esto me suena bien", ack). Además, Tyson Granger pasó a ser Takao Kinomiya para énfasis en eso de que, en realidad, es japonés. Yay.
Bueno, como sea, ya pueden leer esta monstruosidad de capítulo; al menos parece que no me estoy tardando tanto en sacarlos (digo, después de todo el embrollo de la dichosa investigación, ya tengo todo un poco más definido y creo que ahora más o menos tengo una idea de lo que hago; bien por mi).
¡Disfruten!
02. Pantomimas
A todas luces (o
mejor a todas sombras)
Mario Benedetti, "Como si nada"
La cosa comenzó así: el señor Dickenson había llamado a los integrantes originales de los Bladebreakers, a pesar de que ya llevaban un buen rato jugando a las sillas musicales con distintos equipos de beyblade (tal vez para ver si eran chicles y pegaban) y, sin ningún aviso, les embutió un nuevo miembro. O algo así.
Takao sintió que esto iba a ser el drama de Daichi de nuevo; mentalmente, rogó porque el nuevo miembro no fuera Daichi, ni Hiromi, ni nadie que conociera. Ojalá fuera uno de los gatos que Hitoshi había estado intentando regalar, una mascota les vendría bien, sería prácticamente terapéutico para el equipo. A veces era difícil recordar que Takao era uno de los miembros más optimistas del equipo, pero nada más ver cómo se habían tomado la noticia los demás miembros de los una-vez-Bladebrakers debería bastar para recordárselo a la mayoría.
En especial considerando que Kai acababa de pegarle un puñetazo al escritorio de roble del señor Dickenson que había hecho que Kenny pegara un brinco de medio metro del susto.
—No —gruñó Kai, como si le acabarán de ordenar que cambiara su peinado para que fuera idéntico al de su abuelo.
El señor Dickenson ni se inmutó, sólo sonrió con la expresión determinada de alguien que iba a ignorar todo lo que cualquiera de ellos dijera hasta que aceptaran lo que les acababa de decir.
—No te preocupes, Kai; estoy seguro de que su nueva entrenadora se esforzará para acoplarse a sus necesidades y darles el mejor régimen de entrenamiento posible.
El muchacho ruso procedió a tratar de fulminar con la mirada al señor Dickenson; Rei, el miembro más racional (usualmente) del grupo, se adelantó antes de que las cosas se salieran de control.
—No creo que necesitemos una entrenadora, los entrenamientos que nos ha proporcionado Kenny hasta el momento nos han funcionado bastante bien.
—Aparte de que nunca hemos escuchado de ella —añadió Max, quien no parecía particularmente molesto por la sugerencia de una nueva entrenadora, pero que estaba muy consciente de que, después del último torneo, las relaciones entre los miembros del equipo habían quedado en una condición bastante frágil—; no suena que sea alguien muy conocida.
En seguida se volvió a mirar a Kenny; si Max no la conocía de alguna información clasificada que hubiera conseguido obtener de su madre y su equipo especializado en estar enterado de todo lo que pasaba en el mundo del beyblade, y Kenny no había podido encontrar menciones de ella en la red con ayuda de Dizzy, entonces era difícil creer que existiera la clase de persona que había descrito el señor Dickenson. Kenny negó con la cabeza, confirmando sus sospechas.
Además, a esas alturas de sus carreras, parecía que conocían a todos los jugadores de beyblade importantes de los últimos torneos. Un prodigio, había dicho el señor Dickenson, una persona con un brillante talento para sacar a relucir el potencial escondido de los demás, había dicho, de naturaleza estricta y disciplinada, pero que siempre se preocupaba por las necesidades de su equipo, había dicho. Aquello se sentía cada vez más y más como publicidad engañosa; lo más probable era que se tratara de una de las amigas octogenarias del mismo director de la BBA que necesitaba un empleo y el señor Dickenson le había ofrecido el puesto de niñera de los Bladebreakers, porque probablemente lo necesitaban después de todo ese asunto de "ahora me ven, ahora no me ven" en el equipo.
El señor Dickenson siguió sonriendo, a pesar de las obvias reservas que uno de sus equipos estaba mostrando ante una decisión bastante importante; mentalmente, uno a uno, los Bladebreakers se fueron dando por vencidos. No había manera posible de negarse si querían seguir participando en los torneos de la BBA con su precaria posición del equipo desarmable, y las posibilidades de que, milagrosamente, el señor Dickenson cambiara de opinión eran de una en medio millón; no tenían muchas opciones aparte de resignarse o aplicar otra vez la misma salida que los había llevado a dicha precaria situación.
Kenny ajustó sus gafas y se aclaró la garganta.
—¿Y cuándo se supone que la conoceremos?
—Ah, ya debería de haber llegado, dejen que llame a la recepcionista…
El señor Dickenson nunca alcanzó a hacer tal llamada porque en ese mismo momento la puerta de su oficina se abrió de golpe y todas las imágenes que se habían formado en su cabeza de una amable abuelita cuya idea de entrenar fuera hornearles galletitas se despedazaron al ver a las personas que acababan de entrar; en primera, porque dos eran un par de los guardaespaldas que usualmente trataban de no dejarse ver en los eventos publicitarios debido a sus caras de matones, y la tercera era una chica—Max no pudo evitar que se parecía a su madre, incluso en la expresión de furia e indignación que tenía en esos momentos.
La sarta de creativas maldiciones en inglés que estaba murmurando bajo su aliento ("espero que una cabra se coma todas sus corbatas y que un montón de zarigüeyas obtengan el dominio completo del estacionamiento de este edificio y los baños cobren vida y se rebelen contra ustedes," por lo que alcanzaba a entender), no obstante, no tenían nada que ver con el carácter su madre. Nada más para estar seguros, Max procedió a esconderse detrás de Takao.
Aunque no hizo falta, en cuanto la muchacha se dio cuenta de su presencia su actitud cambió completamente, irguió la espalda, cruzó las manos frente a la falda de lo que probablemente era un uniforme, y adoptó exactamente el tipo de sonrisa con el cual los había recibido el señor Dickenson, quien, por cierto, se adelantó en esos momentos, extendiendo una mano para señalar a los Bladebreakers.
—Déjenme presentarlos, entonces…
—No hace falta —interrumpió la recién llegada—, sé quiénes son.
Aquella interrupción había sido, a los ojos que sabían de esas cosas, una especie de tiro de advertencia; el director de la BBA levantó las manos en un gesto apaciguador, todavía sin dejar de sonreír.
—Muy bien, entonces sólo hace falta que te presentes tú, Kirei.
Otro tiro de advertencia, uno que buscaba recordarles a las personas involucradas que una de ellas tenía balas de salva y la otra no. Kenny procedió a buscar refugio detrás de Max, quien seguía detrás de Takao, quien había agarrado a Rei por el antebrazo, totalmente dispuesto a jalarlo en frente de él para que fuera su escudo humano en caso de que algo pasara. Las manos de la muchacha se crisparon y su sonrisa se torció, pero no desapareció del todo cuando se volvió a saludar con una inclinación a los Bladebreakers.
—Mucho gusto —entonó, en un tono cordial y practicado que la hacía sonar como una guía de turistas—, permítanme presentarme, mi nombre es Kirei Amamia.
Y luego se volvió a ver al señor Dickenson, como retándolo a que dijera algo; el señor Dickenson simplemente asintió con la cabeza y siguió sonriendo, como si de pronto esa se hubiera convertido en la única expresión que era capaz de hacer. Hasta Kai había comenzado a preocuparse.
—Ella se encargara de entrenarlos en preparación para el torneo mundial que se llevará a cabo en unas semanas; todavía no hay una fecha oficial de apertura, pero no tardaran mucho en anunciar los equipos que van a participar.
—Oh —Rei parpadeó, sacudiendo su brazo para liberarlo del agarre de Takao—, ¿no vamos a participar en los torneos de calificación?
—No está vez, como miembros del equipo del actual campeón su lugar ya está asegurado —contestó el señor Dickeson.
—Lo cual los pone en desventaja porque no podrán medir directamente las habilidades de los demás competidores —añadió Kirei, con un tono de voz que rayaba en lo sacarino pero, indudablemente, venenoso—. Y aquí estoy, a disposición suya, para salvaguardarlos de tal desventaja, porque dios sabe que no queremos que su desempeño sea algo menos que estelar…
Y eso fue todo lo que se necesitó para que Kai gruñera algo bajo su aliento y saliera de la oficina dando un portazo; el señor Dickenson le dirigió una mirada que hubiera agriado la leche a la recién nombrada entrenadora.
—Ah, ¿fue algo que dije? ¿No es eso exactamente para lo que hizo que me fueran a secuestrar en medio de clases, para que viniera entrenar a su grupo de beyluchadores favoritos en todo el mundo?
—Kirei…
—Exactamente.
—Fuera de mi oficina.
Y así fue como los cinco de ellos terminaron afuera de la oficina del director de la BBA, cuyas puertas se habían cerrado con otro portazo detrás de ellos, en lo que probablemente era uno de los silencios más incómodos que habían tenido que experimentar en sus cortas pero siempre entretenidas vidas; y Kirei, quien finalmente había dejado de sonreír, alzó las manos en un gesto de rendición muy parecido al del señor Dickenson y dijo:
—Y apenas es lunes…
[Bladebreakers:
Kai Hiwatari
Takao Kinomiya
Rei Kon
Max Tate
Kenny
+ Kirei Amamia]
Eloquently, you'll become accustomed to obedience
Hacía frío, lo cual no resultaba un hecho muy sorprendente, considerando que se encontraba en Noruega y Noruega se encontraba más o menos en la misma la latitud que Alaska y Siberia, y tal vez un parque al aire libre no fuera el mejor lugar de reunión en esas circunstancias, pero Sacrass no creía que fuera para tanto como para envolverse en chamarras al punto que parecía que en cualquier momento uno se fuera a caer de lado y rodar lejos. Sin embargo, al menos una de sus compañeras de equipo estaba en desacuerdo.
Lo cual tampoco era de sorprender, ya que a diferencia de Ambra y él mismo, quienes habían crecido en Dinamarca y Rumania, respectivamente, Okalani había pasado casi toda su vida en su natal Hawái. De no haber sido porque Ariel, su siempre bien dispuesto líder, había insistido en tenerla en su equipo, probablemente se hubiera ahorrado el tener que aguantar aquel tipo de clima. De hecho, era muy probable de que, de no ser por el ya mencionado Ariel y su obcecada insistencia en escoger los miembros de su equipo personalmente y sin tomar en cuenta de donde eran, nunca la hubieran conocido, ni al resto de su equipo.
No obstante, aquello también hubiera significado que no estarían en aquel lugar precisamente porque acababan de ganar uno de los torneos de calificación de Europa para el torneo de beyblade que se acababa de anunciar y habían decidido reunirse una vez que su siempre adorado líder hubiera ido a recoger los papeles necesarios para comprobarlo y mandar a su representante a la reunión previa a la inauguración.
Así que, si uno tomaba eso en cuenta, valía la pena soportar un poco de frío. Incluso si el bulto de ropa que era Okalani comenzaba a dar la impresión de estar absorbiendo a la muchacha de cabello azulado sentada al lado suyo entre sus pliegues, en un intento por aprovechar el calor que generaba. Sacrass se aclaró la garganta.
—Okalani, si sigues así vas a sofocar a Ambra, por favor… —trató de interceder, aunque sólo consiguió que la parte superior del bulto se meneara de un lado a otro en un gesto de negativa.
—Está bien —la mencionada Ambra respondió, alegremente—, no me molesta. Además, estoy segura de que ya no deben tardar.
Ni bien acabó de decir eso, los tres (incluso el bulto) alcanzaron a escuchar un estruendo que se acercaba hacia donde ellos estaban; Sacrass se encogió en su lugar, Ambra se levantó del banco, abandonando el bulto de ropa a su suerte, y el bulto cayó pesadamente sobre el lugar que había estado ocupando su compañera con un ruido amortiguado.
E, inmediatamente después, un bólido salido de la nada se impactó contra Ambra con una especie de chillido; Sacrass pegó un brinco del susto, el bulto rodó hasta caerse el banco, y el muchacho de cabello verde que venía corriendo detrás del bólido, tratando de recuperar el aliento, se resbaló y probablemente se hubiera dado un buen golpe si el otro muchacho detrás de él no hubiera alcanzado a atraparlo.
Hubo un momento de absoluto caos a continuación, interrumpido solamente cuando el último muchacho en llegar soltó al muchacho que había alcanzado a rescatar (dejándolo caer pesadamente al suelo, al mismo tiempo que el bólido anterior exclamaba "¡Nerid!"), se aclaró la garganta y extendió los brazos con aire teatral, diciendo:
— Los Unbreakables son oficialmente parte del torneo, como no podía ser de otra manera. Gracias a mí. ¡Reveréncienme!
El muchacho en el suelo aplaudió desanimadamente mientras el bólido, que en realidad era una chica rubia, lo ayudaba a incorporarse, Sacrass ponía los ojos en blanco, y Ambra trataba de levantar al bulto de ropa del suelo, riéndose entre dientes.
No podían esperar.
[Unbreakables:
Ambra Dam
Okalani Kaiwi
Nerid Lundgren
Ariel Singvard
An-Nai Tao
Sacrass Varek van Helsing]
Insolently, you cannot fight against flattery
Había dos personas sentadas en una de las mesas en medio de la sección de comida rápida de una plaza, nada más con verlos y a juzgar por el mismo tono de cabello (negro) y ojos (grises), por no mencionar las idénticas expresiones medio sardónicas en sus caras, uno podía suponer, correctamente, que eran familia. En esos momentos estaban jugando cartas; la chica, quien parecía ser la mayor de ellos, barajeaba una serie de naipes españoles y el chico tamborileaba los dedos sobre una de sus rodillas. Cuando comenzó a repartir las cartas, la chica examinó los alrededores antes de soltar un bufido.
—Están retrasados —dijo, azotando una carta sobre la mesa con más fuerza de la necesaria.
—Sí, bueno —el muchacho se encogió de hombros—, a lo mejor se le pasó algo a la hora de falsificar nuestros documentos y los acaban de arrestar.
La muchacha lo fulminó con la mirada.
—Eso no va a pasar, Asherigo.
—Probablemente no —concedió el muchacho, un poco más aplacado ante la mención de su nombre—, pero somos tan temáticos que antes nos confundirían con una banda medio gótica que con un equipo de beyblade. ¿Te imaginas? "Zatanna y sus oscuros amigos del inframundo"… Oye, eso en realidad no está tan mal…
Zatanna colocó una carta de su mano boca abajo al lado del montón de carta sin repartir.
—Ocho para hacer nueve, y estás mal de la cabeza.
Asherigo se encogió de hombros antes de colocar él también una carta boca abajo en la mesa y jalar la que había dejado su hermana hacía su propia mano.
—Bueno, algo de teatro sí que tiene, eso no me lo vas a negar.
—El teatro es mi especialidad —resonó una voz a sus espaldas, en un tono que oscilaba entre falsa modestia y mordacidad; la interrupción bastó para que Asherigo dejara caer sus cartas, efectivamente arruinando su juego.
—Ajajaja, hola, Stan —el muchacho le sonrió, algo avergonzado pero sin una pizca de arrepentimiento, a los lentes oscuros del recién llegado—. Te voy a regalar un cencerro para tu cumpleaños.
—Ni te molestes —otra voz muy diferente lo interrumpió, y, acto seguido, el dueño de la misma procedió a sentarse en su mesa y se bebió de un trago la bebida que había comprado el muchacho—. En cuanto se lo ponga el cencerro se va a morir, kaput, adiós cencerro, nunca te oiremos sonar, sólo serás un adorno brillante más. Bling, bling.
—Hola, Spectrum —Asherigo saludó al muchacho de cabello púrpura, dirigiendo una mirada rápida y dolida a su vaso, ahora vacío—. ¿No te digo? "Spectrum y los tenebrosos espectrales", seríamos famosos. O qué tal, "Los súper diabólicos muñecos sin alma"; por cierto, hola Derien.
La niña, que no podía tener más de doce años, y quien hasta ese momento había permanecido escondida detrás de Stan, asomó un poco la cabeza al escuchar su nombre y movió una de sus manos, lentamente, a modo de saludo. Zatanna le picó las costillas a su hermano con sus palillos de comida japonesa.
—Cállate, Asherigo.
El muchacho bufó, el primer recién llegado sonrió antes de revolverle afectuosamente el pelo.
—Ah, siempre es bueno verlos, ¿se divierten?
—En eso estábamos, ¿les dieron los papeles?
—Por supuesto —el joven, de cabello negro con mechas rojas, esbozó una sonrisa confiada—; no hubo ningún problema.
—Que estupidez —Spectrum espetó, al tiempo que se metía en la boca uno de los sushis que acababa de robarse del plato de Zatanna—, ¿para qué fregados necesitan complicar tanto las cosas? El líder y hasta dos acompañantes tienen que ir a recoger los papeles, y luego uno de los miembros del equipo que no haya ido a esa perdedera de tiempo tiene que ir a la pre-inauguración.
Zatanna movió su plato de la mesa, lejos de Spectrum, de un jalón.
—Que estupidez —repitió el muchacho.
—Y a todo esto —Asherigo interrumpió a sus compañeros—, ¿cuál es el nombre de nuestro equipo?
—Ninguno de los que acabas de mencionar —masculló Zatanna, apuñalando el último de sus rollitos de sushi con sus palillos.
—Son mucho mejores que eso de llamarse "equipo número cuatro, nombre pendiente", que es como tú nos registraste en el torneo de clasificación.
Stan lanzó la cabeza hacia atrás, soltando una carcajada que atrajo la atención de la mayoría de las personas a su alrededor, después, se acomodó los lentes, como para asegurarse que no se habían movido de su lugar, y sonrió como un reptil venenoso.
—Black Death, Asherigo —dijo, pasando un brazo sobre los hombros de la niña, a quien había movido para que quedara al lado suyo—; somos la muerte negra.
[Black Death:
Asherigo Abyss
Zatanna Abyss
Spectrum Cross
Derien Escopas
Stan Helldoors]
Lose everything
Estaba esperando en la catedral; bueno, para ser precisos, fuera de la catedral. En esos momentos Mayáhuel estaba asomándose a uno de los cristales que habían colocado en el piso bajo el cual se podían ver los restos del templo azteca sobre el cual la habían construido. El cristianismo, como era usual, se había levantado por encima de los huesos de los dioses paganos de una cultura que no se habían molestado en intentar comprender. Si se inclinaba lo suficiente, de hecho, le parecía ver la figura de un cráneo humano entre las piedras al fondo y los helechos que habían crecido bajo el cristal.
Y entonces alguien le dio una palmada amistosa en la espalda que casi la mandó a irse de boca contra el vidrio; Mayáhuel gritó inarticuladamente antes de soltar una patada hacia atrás, la cual fue recibida con otro grito, este, decididamente masculino.
—¿Se puede saber por qué casi intentas matarme?
Izcozauhqui, que se había agachado para poder sobar su espinilla izquierda, miró hacia arriba, indignado.
—¡¿Se puede saber por qué me tiraste una coz como si fueras una mula?!
Afortunadamente, antes de que la muchacha pudiera agarrar al chico y aplicarle una llave de lucha libre, alguien más los interrumpió.
—¡OKAY! Ejem, en caso de que lo hayan olvidado, nos hemos reunido aquí para algo muy importante, así que estense en paz —ordenó otro chico, de cabello entre marrón y rojizo, mientras se apresuraba a ponerse en medio de esos dos.
—O los ponemos en paz —añadió el muchacho que se había mantenido un tanto al margen del espectáculo que estaban montando sus compañeros, hundiendo las manos en su suéter tejido de rayas color naranja que casi hacía juego con su cabello.
Mayáhuel frunció los labios antes de darle una mirada despectiva a Izcozauhqui, tras lo cual giró la cara en un ademán que ocasionó que su trenza castaña prácticamente diera un bandazo en el aire y que tenía por objetivo dejarle muy claro que iba a ignorarlo a partir de aquel momento.
—Como sea.
—¡Bien! Espero que ya estés lista para ir a la dichosa fiesta de lo que fregados fuera porque ¡acabamos de recoger los papeles! —La voz del muchacho se había convertido en un chillido emocionado al llegar al final de la oración, y la única razón por la cual no estaba saltando animadamente en su lugar era porque el muchacho pelirrojo le había puesto una mano en el hombro (para evitar precisamente eso, porque conocía muy bien a su líder designado).
—Ya entendimos, Youhualtecutli.
Claro, la mano en el hombro de su líder no sirvió de nada cuando dicho líder se volteó, tomó al otro muchacho de las manos y se puso a girar como si estuvieran representando alguna escena cursi de la película taquillera romántica de la semana. Mayáhuel aprovechó para sacar algunas fotos con su celular, mientras que Izcozauhqui tuvo que echarse pecho a tierra para evitar más daños hacia su persona.
—¡Emociónateme más, Ixbalenqué, acabamos de clasificar para el torneo mundial de beyblade! ¡LA COSA APENAS COMIENZA!
—Yo voy a comenzar a vomitar si me sigues dando vueltas, Youhualtecutli…
—¡Eugh!
Youhualtecutli soltó abruptamente las manos de su compañero, con lo cual este sólo alcanzó a hacer una breve mueca de sorpresa antes de unirse a Izcozauhqui en el suelo. Mayáhuel soltó una carcajada.
—Y así quieren participar en el torneo; todavía ni empieza y ya damos pena ajena.
—¡No es cierto! —Protestó inmediatamente el líder del grupo, con aire ofendido—. Bueno… no es del todo cierto. ¡Somos buenos en lo que hacemos!
—¡Sí! —Exclamó Izcozauhqui, incorporándose de un brinco.
—¡Somos aferrados, somos decididos, somos animosos, somos…! Este… somos… ¿jacarandosos?
—Somos los Tzitzimime —añadió Ixbalenqué, al tiempo que tanto Mayáhuel como Izcozauhqui le tendían las manos para ayudarlo a levantarse.
Los cuatro sonrieron con complicidad.
—¡Somos los Tzitzimime!
[Tzitzimime:
Ixbalenqué
Izcozauhqui
Mayáhuel
Youhualtecutli]
Pues. Creo que ya les había comentado que los capítulos más afectados por la renovación iban a ser los primeros, ¿qué opinan? En todo caso, y probablemente debería haberlo mencionado antes, pero para no atarragarlos con demasiadas líneas de separación, estoy usando partes de una cita (en negritas) para dividir las secciones de la historia.
Creo que de momento eso es todo, en realidad me agrada como está yendo la cosa.
Eloquently, you'll become accustomed to obedience
Insolently, you cannot fight against flattery
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Yucha-P, "Blackjack" (Luka Megurine)
