Concordia Discors
armonía en discordia
Advertencias: Okay, veamos, más cambios de nombres y un poquitín de violencia y cosas desagradables de manera implícita, incluyendo temas religiosos y menciones de situaciones familiares bastante horribles. Creo que eso es todo, que bien.
¡Disfruten!
03. El hombre que tenía un corazón de hielo
Pensamientos y consejos unidos,
igual esperanza y riesgo en la gloriosa empresa.
John Milton, El paraíso perdido
Podrían haberla secuestrado y coercionado para que firmara el dichoso contrato que indicaba en las letras chiquitas que, antes cualquier incumplimiento, se asegurarían de que no pudiera volver a ver un beyblade en su vida, pero Kirei todavía tenía un último recurso al cual acudir, y tal recurso era la única persona en el mundo con la autoridad directa de mandar a la trituradora cualquier cosa que el director de la BBA firmara, aunque fuera con sangre.
Nada más llegar al departamento en donde vivía, llamó a su padre.
Y procedió pasar por las infames "CINCO ETAPAS" por teléfono.
La primera era fácil porque, después de todo, era en la que había estado desde el momento en que se había enterado de qué querían que hiciera: negación; al menos había empezado bien. Para cuando su padre contestó el teléfono, ya tenía pensado un muy buen discurso, preparado con todos los elementos que le habían enseñado en la clases extracurriculares de oratoria para la materia de liderazgo.
Por supuesto, la respuesta de su padre fue simplemente:
—No.
Lo dijo en un tono tan afable e indulgente que por un momento Kirei pensó que había dicho que sí; pero no. Aunque no hacía falta que una negativa de su padre tuviera ningún otro tono o emoción, esa única palabra bastaba y sobraba para quienes lo conocían y estaban muy conscientes de que nada lo haría cambiar de opinión.
Así que pasar a la etapa de ira también fue relativamente fácil; Kirei apretó el auricular con tanta fuerza que este crujió en sus manos. Aunque era todavía más consciente de los peligros de su propio enojo que de la negativa rotunda de su padre, así que se obligó a sí misma a pasar apresuradamente a la siguiente etapa que, en ocasiones anteriores, le había funcionado bastante bien—hasta cierto punto y a pesar de las consecuencias.
Intentó negociar, utilizando todas las artimañas que poseía en su repertorio.
Mencionó los problemas que le traería en su desempeño escolar: no.
Destacó que una colaboración así no pasaría desapercibida por mucho tiempo: no.
Empleó su ingenio, el don de persuasión que había heredado: no.
Recurrió a los ruegos, las súplicas, las promesas: no.
Al tono de voz más alto que podía alcanzar, a los recordatorios de "la última vez" al borde de las genuinas lágrimas:
—No, princesa—contestó su padre, ante lo cual Kirei comenzó a considerar seriamente ahorcarse con el cable del teléfono—. ¿Cómo te fue en la escuela?
—Bien, hoy tuvimos taller de artes plásticas —se sonó la nariz y luego preguntó, en voz muy alta—: ¿Por qué no?
La depresión no le serviría de nada, ni a corto ni a largo plazo, pero de todas formas no tenía más remedio que darse por vencida. Colgó el teléfono, con más fuerza de la necesaria, recordándose que, en algún momento de su vida, no habría tenido problemas arrancándolo de la pared, arrojándolo al lado contrario de la habitación y poniéndose a gritar hasta que los vecinos llamaran a la policía a preguntar si alguien llevaba media hora descuartizándola. Respiró hondo.
Lo más calmada y cuidadosamente posible, procedió a tropezarse con la mesita de la sala, tirando el florero que sostenía, dejando un charco de cosas rotas y a medio morir en el centro; pero bueno, había algunas cosas que no cambiaban.
(Al menos eso lo podía aceptar.)
And now my heart stumbles on things I don't know
Dios misericordioso…
Goldier Glace no podía rezar de la manera en que lo hacían otras personas, aunque no por falta de haberlo intentado; sin embargo, aquello podía compararse con meter un cerillo encendido en un vaso de alcohol, esperando apagarlo. Era igual de estúpido y con los mismos desastrosos resultados; y no era como si no fuera mucho más fácil apagar un cerillo de un soplo, pero la necedad está a la orden del día.
En especial porque no le faltaban razones para intentarlo, de todas maneras. Tras prepararse mentalmente y reconocer que rezar no le iba a servir de nada, desenterró la cara de entre sus manos y le dirigió una mirada que hubiera agriado la leche a la puerta que acababa de abrirse y por la cual había entrado una joven enfundada en un hábito de monja completamente blanco y con bordados dorados. El muchacho sentado al lado de Goldier se tensó en su asiento como si le hubieran pegado una tira de cinta canela en la espina dorsal y contuvo la respiración; Goldier se dijo a sí mismo que no llegaría al punto de perder el conocimiento, aunque a lo mejor esa era su intención, porque así lo dejaría solo para lidiar con los problemas que sin duda alguna estaban a punto de echarles encima.
Goldier le pegó un codazo en las costillas a Drustanus; los dos muchachos sentados al lado del mismo se rieron bajo su aliento, tratando de no llamar demasiado la atención a su existencia, no fuera a ser que la sacerdotisa que acababa de tomar su lugar en la cabecera de la mesa se diera cuenta de que estaban respirando el mismo aire. Al lado de ellos, es decir, en el extremo más alejado posible (después de todo, era una mesa cuadrada), estaba sentada una niña con los ojos vendados y, junto a ella, la otra cabecera de la mesa permanecía vacía.
Nadie esperaba que su ocupante designado apareciera; si la mayoría de ellos lidiaban con la presencia de la gran sacerdotisa Vinicia Mellitus pretendiendo que no existían, Abraham se aseguraba de salir del país cada vez que existía la más remota posibilidad de que sus caminos pudieran cruzarse. No que importara en realidad, sabían muy bien a que se debía aquella reunión; algunos de ellos llevaban toda la vida preparándose para la misión que estaban a punto de asignarles y los que no habían recibido las explicaciones pertinentes, se les había dado tiempo incluso de sentir incredulidad y protestar al respecto.
Y Goldier había hecho ambas cosas en gran medida y por largo tiempo; tenía suerte de contar con el ausente Abraham como aliado. Tenía suerte, punto. O quizás tenía suerte hasta cierto punto, desde cierto punto de vista.
La sacerdotisa se aclaró la garganta.
—Muy bien, hemos logrado nuestro primer objetivo de calificar en el torneo y garantizado así el acceso que necesitábamos a la ciudad en donde se llevará a cabo. Lo único que nos resta, entonces, es asegurarnos que cumplamos nuestro objetivo principal… Ganar no es estrictamente necesario, pero debemos asegurarnos de mantenernos en el torneo durante el mayor tiempo posible para descubrir la ubicación exacta de la reliquia que hemos estado buscando. Además, los donativos a nuestras sedes se han incrementado desde que tomamos parte en este deporte secular.
Ojalá hubiera sido una persona desagradable, alguien con un carácter y personalidad verdaderamente terribles, pero no; Vinicia era peor, era una verdadera fanática criada con valores casi obsoletos, una mente hecha de hierro frío y que poseía una autoridad casi papal.
La sacerdotisa extendió varios papeles frente a ella, y miró uno por uno a los reunidos en la mesa.
—Todos los preparativos están completos, hemos arreglado su transporte y alojamiento, así como los documentos y protecciones necesarios y encontraran sus nuevos uniformes en sus habitaciones. Mañana partirán a primera hora y confío en que el representante que asistirá a la pre-inauguración estará listo…
Drustanus se levantó, empujando su silla con un chirrido.
—¡Si, por supuesto…!
Y luego, cuando intentó sentarse de nuevo, por completo olvidando que había movido su silla, hubiera terminado en el suelo de no haber sido por la rápida reacción de Nigellus. Goldier pensó con amargura que su todavía cuidador era una de las personas más accidentalmente auto-destructivas que conocía; luego se fijó en los papeles que tenía en frente, frunciendo el ceño.
"Light Soldiers," sí que habían escogido un nombre irónico, si bien apropiado; soldados que luchaban por preservar la luz, aunque tuvieran que hacerlo a ciegas, sumidos en la más negra oscuridad por voluntad propia. Sus ojos eran prueba de ello; los ojos de todo su equipo, como los suyos, eran negros. O lo serían.
[Light Soldiers:
Goldier Glace
Nigellus Lebbaeus Juvenalis
Kaius Caecilius Nicephorus
Viatrix Ireneus Procris
Drustanus Ceyx Rogatus]
This weakness I feel I must finally show
Hitoshi Kinomiya había fingido estar muy interesado en la pared de la oficina de su jefe mientras este contestaba la llamada que había recibido (aunque, por su parte, la mayoría de la conversación había consistido en solo una palabra), y también fingió no verlo colgar el teléfono con una expresión dolida.
—Ah —Hitoshi se aclaró la garganta—, ¿señor?
—Sí, discúlpenme por favor —el hombre rubio volteó a sonreírle a las otras dos personas dentro de la oficina—; tenía que responder esa llamada. ¿En dónde estábamos?
—Acababa de decir que quería hacerme una oferta —respondió fríamente la joven castaña sentada frente a su escritorio, bastaba ver la manera en que sus ojos color ceniza se habían entrecerrado para darse cuenta de lo sospechoso que le parecía todo aquel asunto.
—Claro, claro, probablemente debería explicar un poco mejor la situación —el hombre entrelazó sus manos frente a él y clavó sus ojos celestes en ella—. Como ya debes saber, este año la manera para clasificar en el torneo de beyblade se realizó de una manera un poco diferente…
—Sí, este año se presentaron dos opciones para participar en el torneo, una categoría por equipo y otra individual. Aunque me parece que esto no es particularmente diferente a los años anteriores.
—No, tienes razón, ya habíamos experimentado con ambas opciones pero este año las implementamos juntas. Siempre es bueno ver a una jovencita tan bien informada; y, por supuesto tú, Mathy Romanov-Kisaragi, te encuentras entre las personas que calificaron.
El hombre le sonrío, pero Mathy no pudo sino fruncir aún más el ceño; estaba bastante familiarizada con las técnicas de manipulación y la manera en que las personas podían intentar usarlas en ella, pero su familia había favorecido la intimidación y la violencia por encima de los halagos. Sin embargo, si el fin era el mismo, Mathy no tenía razones para no reaccionar de la misma manera.
Se levantó.
—Si eso es todo, me retiro.
—¡Ahh-ja-ja! Cuánto lo siento —Hitoshi le cerró el pasó antes de que pudiera alcanzar la puerta—. Tendrás que disculpar al señor Amamia, siempre se pone un poco sentimental después de hablar con su hija y actúa más extraño de lo normal…
—Hitoshi, sigo siendo tu jefe y puedo escuchar cada palabra de lo que dices.
—Sí, bueno, deberías subirme el sueldo porque acabo de evitar que tu nueva coordinadora potencial se vaya nada más porque estás en medio de otra crisis familiar.
Mathy alzó las cejas en un gesto de sorpresa al ver la expresión miserable en el rostro del hombre rubio.
—No es una crisis… —protestó débilmente.
—Entonces haz bien tu trabajo —espetó irritado Kinomiya, cruzándose de brazos.
—… Como iba diciendo, ah, por favor toma asiento, Mathy.
Mathy decidió otorgarles el beneficio de la duda nada más por el espectáculo que acababan de ofrecerle.
—Gracias. Entonces, como iba diciendo, ya es oficial el hecho de que hayas clasificado para participar en el torneo, sin embargo, nos gustaría pedirte que no lo hicieras.
Mathy estuvo a punto de levantarse otra vez, pero, tal vez percibiendo tal cosa, el señor Amamia comenzó a hablar más rápido.
—Quiero decir, queremos que tomes parte en el torneo, pero no como una de las participantes. A pesar de las dos distintas categorías para clasificar, al final el torneo será una competencia entre equipos, de modo que quienes clasificaron de forma individual serán asignados a equipos para poder participar. No obstante, para asegurarnos de que estos equipos no tengan problemas durante el torneo, nos hace falta personal capacitado. De manera que ésta es la oferta que deseo presentarte: Mathy, nos gustaría que actuaras como coordinadora en este torneo.
Decir que Mathy puso cara de sorpresa sería quedarse corto.
—Por favor, no nos malentiendas, tu habilidad es más que suficiente para otorgarte un lugar en el torneo, pero también posees cualidades únicas para desempeñar un trabajo que nos es más necesario y creemos que te desempeñarías mejor como coordinadora que como concursante.
—Por supuesto, si te niegas de todas formas te asignaremos a uno de los equipos, así que siéntete con libertad de responder honestamente —añadió Hitoshi, moviéndose para quedar entre la joven y la puerta de la oficina de nuevo.
—Disculpen, pero hasta donde yo sé el señor Dickenson es el director de la BBA, ¿realmente les dio la autoridad necesaria para contratar a alguien como coordinador por su cuenta?
La sonrisa que recibió como respuesta poseía un tipo de ferocidad rígidamente controlada que Mathy no había visto nunca tan de cerca; le hacía pensar en fenómenos naturales más que en una persona de carne y hueso.
—Bueno, supongo que hubiera sido mejor empezar por ahí…
—Supongo —masculló Hitoshi bajo su aliento.
—En fin, permíteme presentarme: mi nombre es Koori Amamia y soy el cofundador y mayor accionista de la compañía conocida como "BBA". No sólo cuento con la autoridad de ofrecerte y darte un trabajo como coordinadora, sino que junto a este pondría a tu disposición todos los recursos de mi compañía, la cual es prácticamente dueña de la BBA. Incluyendo un equipo de seguridad que se asegurará que ningún miembro de tu familia o persona que sea contratada por ellos vuelva a acercarse a ti mientras seas uno de mis empleados.
Las manos de Mathy se crisparon en la tela de su traje de sacerdotisa japonesa.
—¿Cómo sabe de mi familia?
—Obtener información es otro de los recursos con los que cuenta mi compañía—contestó Koori, agitando una mano como si descubrir los oscuros secretos del pasado de alguien no fuera más difícil que consultar un artículo de Wikipedia.
Aquella oferta se había hecho mucho más sospechosa de lo que Mathy había pensado en un principio, pero lo que ofrecían… Su familia llevaba años enviando a dementes para recordarle que era propiedad de la familia Romanov; la idea de deshacerse de ellos era, por decir lo menos, seductora.
—Y, exactamente, ¿cómo lidiaría este equipo de seguridad con mi familia? —Inquirió, cuidando de mirar a la cara a su interlocutor, porque sabía que la sonrisa de aquel hombre sólo se tornaría más peligrosa ante tal pregunta. Después de todo, acababa de morder el anzuelo.
—De la manera en que tú lo prefieras, por supuesto. Temporal o definitivamente. No te afectará de ninguna manera, ni siquiera si decides renunciar, lo cual también podrás hacer cuándo lo desees.
Eso era todo lo que Mathy necesitaba oír.
—Muy bien… muy bien —repitió, con un poco más de fuerza—. Acepto.
—Perfecto. Bienvenida a Hamartia, Mathy.
En ese momento Hitoshi se adelantó y le ofreció un folder con varios papeles dentro.
—Aquí tienes, dentro encontraras una identificación de coordinador que te dará acceso a casi cualquier cosa dentro de la BBA, el reglamento de la compañía, una lista de contactos por si tienes preguntas, un boleto de avión y una invitación para asistir a la fiesta de pre-inauguración. Desafortunadamente no tendrás mucho tiempo para prepararte, pero Brooklyn, el otro coordinador, y yo mismo te veremos allá. Una vez que se armen los equipos que faltan te entregaremos los expedientes del equipo que quedará a tu cargo.
Era demasiado y demasiado rápido, pero de todas formas la joven tomó el folder entre sus manos.
—Entiendo. Lo único que pido es que cumplan con lo que me ofrecieron —miró a Koori, sus ojos gris ceniza se volvieron gélidos—; de la manera más definitiva posible.
—Por supuesto.
En cuanto Mathy salió por la puerta, Hitoshi se encargó de cerrarla y ponerle seguro; tras lo cual suspiró y le dirigió una mirada a su jefe, quien había hundido los hombros y tenía la cabeza apoyada en el respaldo de su silla como si estuviera exhausto.
—Voy a tener que mandarle una caja de chocolates a tu hija, si no hubiera llamado cuando lo hizo y hecho que te pusieras todo sentimental probablemente no la hubieras convencido.
—Ja, fui bastante convincente, ¿no?
—Jamás te había visto mentir tan bien, jefe.
Koori rio sin ganas, antes de echar la cabeza hacia atrás con los ojos cerrados y comenzar a girar su silla de un lado a otro.
—Sí, estoy de acuerdo, esperemos que no tenga que hacerlo con demasiada frecuencia, mi querida hija no va a llamar para gritarme antes de todas mi reuniones…
Hitoshi se giró tan rápido para verlo que podría haberse lastimado el cuello.
—¿Gritar?
—Ah, no, fue sólo una expresión. Últimamente se comporta de manera ejemplar. Aunque, personalmente, creo que eso es peor…
—Tú eres el único que piensa eso.
—Sí, bueno… —Koori sonrió con todavía menos ganas, Hitoshi se volteó y fingió no verlo de nuevo; su expresión transmitía prácticamente el mismo sentimiento que las figuritas de porcelana de payasos con caras tristes.
Su hija no había gritado, ni llorado, ni se había puesto histérica, no realmente, pero estaba bastante seguro de que hallaría la manera de no hablarle por el resto de la semana, si es que no del mes. Las discusiones entre ellos se habían vuelto una silenciosa y pasivo-agresiva guerra fría y, por lo que sabía, aquello no haría más que empeorar.
El torneo todavía no empezaba y ya estaba destruyendo su vida.
—Ahora, si me disculpas, creo que es hora de otra llamada telefónica desagradable…
[Coordinadores - BBA:
Hitoshi Kinomiya
Brooklyn Masefield
Mathy Romanov-Kisaragi]
Lend me your hand and we'll conquer them all
Dos de ellos estaban sentados en un auto deportivo azul estacionado en un callejón, el que se encontraba en el asiento del conductor tamborileaba impacientemente con la manos en el volante y la chica en el asiento del copiloto parecía muy enfocada en la computadora portátil en su regazo.
—Oooh, ya es oficial.
—¿Finalmente?
—Sí, sí, acabo de recibir un mensaje; nuestra reintegración no sólo es oficial, sino que también es inmediata.
El muchacho rubio frente al volante alzó las cejas y le dirigió una rápida mirada a su acompañante.
—¿Una misión?
—Aparentemente; protección, por lo que veo.
—Eso es nuevo.
—¡Ja! ¿"Lidiar con las amenazas inmediatas a la seguridad" de la nueva coordinadora? No lo creo.
—Okay —el muchacho concedió—; así que es lo de siempre. Pero "proteger" suena bonito.
—Desafortunadamente, no nos tocará hacerlo esta vez. Ahhh, ahh, no puedo creer que nos ganaran.
—Esto es lo que pasa por detenernos a comprar donas con chispitas.
—Oye, oye, yo no me comí media docena de donas solita, ¿sabes?
—Por eso lo dije en plural.
—Eh, aunque tal vez sea lo mejor, este tipejo se ve súper sospechoso y se nota que no es un profesional en eso de acechar a alguien o no nos hubieran conseguido tantas imágenes de él en tantas cámaras de seguridad diferentes.
—Hmm —el muchacho volvió a tamborilear en el volante—, está bien; casi siento pena por él, todo el asunto de acechar a alguien realmente molesta a ya-sabes-quien.
—Sí —la chica asintió justo antes de volverse para sonreírle a su compañero—, ¿no es maravilloso?
Los otros dos se encontraban dentro de un camión de helados detenido en frente de un templo shinto; era, por mucho, un peor camuflaje. Ambos se estaban asomando por las ventanas traseras, sentados junto a un congelador de paletas. Uno de ellos hizo una mueca de desagrado.
—¿Sabes qué? En la escala de cosas que un ser humano no debería de hacer, creo que esto ganaría un ocho cinco.
Su acompañante alzó las cejas en un gesto de sorpresa, con una expresión que se debatía entre seria y risueña.
—¿En serio, un ocho cinco? Creí que te reservabas los ochos para quienes cometían asesinatos en masa.
—El acoso me desagrada particularmente —respondió el otro muchacho—; si tuviéramos tiempo, le enseñaría a esa alimaña cuánto me desagrada.
—Esas no son nuestras órdenes.
—Estoy bastante consciente de ello, pero no creo que cinco minutos con ese idiota sea mucho pedir.
—Esas no son nuestras órdenes.
—Lo sé, lo sé; pensar que cinco minutos de verdad es mucho pedir…
—No quiero que vuelvan a separarnos.
La honestidad en las palabras de su compañero hizo que el otro se congelara en su lugar con una expresión avergonzada; luego soltó una sonrisa corta y seca.
—A mí tampoco me gustaría eso, no, claro que no —tomó aire—. Muy bien, entonces, encarguémonos de esto como siempre; ¿te parece que puedo hacer los honores?
—Sólo si lo haces en menos de cinco minutos.
En ese momento era difícil de decir cuál de entre los dos muchachos poseía la sonrisa más terrorífica.
—No hay problema, sólo necesito uno.
Tenían razón: Prokhor Romanov, el enviado en turno de la familia Romanov, no tenía la más remota idea de cómo acechar a alguien sin ser descubierto; aunque, por otro lado, esa no era su intención. Ambos eran errores que no tendría que preocuparse por cometer jamás, sin embargo. En especial porque, la sexta vez que pasó en frente del templo shinto con intenciones de hablar con la recién contratada coordinadora de la BBA, la puerta del camión de helados se abrió detrás de él y un brazo se enredó alrededor de su cuello, aplastando su tráquea de manera que no pudiera gritar. Lo último que alcanzó a oír fue:
—Con los mejores saludos de las Almas Descarriadas.
[Wayward Souls:
CONFIDENCIAL alias/La_Armadura Vacía
CONFIDENCIAL alias/La_Autarca del Azar
CONFIDENCIAL alias/El_Dador de Sueños
CONFIDENCIAL alias/El_Devoravoces
- CONFIDENCIAL alias/La_Reina de la Destrucción]
Yeey, en el siguiente capítulo comenzaran a aparecer más personajes originales, cortesía de los autores que, en su momento, se incribieron a esta cosa y a quienes les debo como trescientas mil disculpas. Ja, ja, um.
And now my heart stumbles on things I don't know
This weakness I feel I must finally show
Lend me your hand and we'll conquer them all
Mumford & Sons, "Awake My Soul"
