Concordia Discors

armonía en discordia

Advertencias: Bueno, para empezar, tengo que decirles que en realidad no creo que este capítulo les guste; quiero decir, me esforcé y hay partes decentes, pero... no sé, creo que traté de arreglar eso de meter tantas descripciones seguidas con un éxito bastante dudoso. Además, el enfoque de la narración en este capítulo está un poquito más centrado en los coordinadores que en los equipos en si.

Pero ya que, de todas maneras espero que lo disfruten.


04. Miren bien, lobos

Un idéntico temple de heroicos corazones

debilitados por el tiempo y el destino, pero firmemente resueltos

a luchar, buscar y encontrar, sin rendirse jamás.

Lord Alfred Tennyson, "Ulises"

Un enorme gato felpudo y atigrado movió su cola en medio de dos cactus (secos) mientras observaba como su dueño se vestía con una mano y se cepillaba los dientes con la otra. Por primera vez en su vida, Hitoshi Kinomiya iba a llegar tarde, realmente tarde; la única razón por la cual no había comenzado a imitar al conejo blanco de Lewis Carroll era porque tenía medio pedazo de pan metido en la boca; pero claro, eso no le importaba en absoluto al gato, el cual escogió ese momento para comenzar a maullar, indicándole a su irresponsable dueño que era hora de alimentarlo.

—¡No, no, no, Mufle, ahora no! Dicho dueño casi se atragantó con el pan en su prisa por pasárselo. ¡Ya estoy suficientemente atrasado!

El gato maulló lastimeramente.

—¡Necesitamos organizar este nuevo equipo y el señor Dickenson me matara si por alguna razón no entran al torneo, ahora piérdete!

El gato maulló otra vez, de manera decididamente menos lastimera, y arañó la pierna de Hitoshi.

—¡Condenada bola de pelo...!

Hizo ademán de patear el aire, sin ninguna intención de realmente darle a su gato, y salió corriendo de su departamento, abrochándose los botones de la camisa con una mano y llamando un taxi con la otra.

Quince minutos después se estrellaba como bala de cañón contra la puerta de la oficina del señor Dickenson, abriéndola de un empujón que ocasionó que se estrellara de lleno contra la persona que, hasta esos momentos, había estado recargada en dicha puerta, con lo que ambos terminaron dándose un buen encontronazo con la madera. Hitoshi rebotó hacia la misma dirección por donde había venido y, si el barullo del cuarto era alguna indicación, la persona que acababa de ser atacada por la espalda se había ido de bruces contra la cara alfombra del director de la BBA.

No era por desearle mal a nadie, en especial a unos mocosos que ni la temían ni la debían, pero Hitoshi esperaba que le llenaran de sangre la alfombra al señor Dickenson; de hecho, se tomó unos cinco minutos para contemplar el techo del edificio con todo y sus telarañas y reconsiderar todas las decisiones que había tomado en su vida que lo habían conducido a aquellas circunstancias. Estaba tan inmóvil que, después de rato, alguien tuvo que salir para ver si no estaba muerto; tal vez eso de haberse quedado tirado en el piso no había sido tan buena idea, después de todo.

Alguien se inclinó sobre él, bloqueando su vista de las telarañas. Era una chica de cabello castaño hasta la cintura y ojos verdes quien, con una sonrisa casi angelical, le preguntó:

—¿No estás muerto?

Hitoshi no pudo evitar sonreír.

—No, lamento decepcionarte, ¿Marion Bathory, verdad?

—Sí, y tú debes ser Hitoshi Kinomiya, el señor Dickenson justo nos estaba hablando de ti.

—No lo dudo, en todo caso… —Hitoshi se levantó ágilmente (probablemente porque estaba acostumbrado a disfrazarse de ninja y posar sobre las ramas de los árboles), entró a la oficina como si nada hubiera pasado, y dijo—: Entonces, permítanme presentarme, mi nombre es Hitoshi Kinomiya y seré el coordinador de su nuevo equipo durante este torneo.

Un sonido ahogado de desacuerdo sonó justo al lado de Hitoshi, en donde un muchacho de cabello rojizo con negro y ojos felinos de color amarillo, se encontraba cubriendo la parte inferior de su rostro con una de sus manos, aunque todavía era posible ver que se le estaba formando un buen moretón; entonces, probablemente era la victima del portazo. Hitoshi alzó un poco las cejas al mirar los tatuajes en la piel del muchacho, sus largas uñas color negro y la cinta amarrada alrededor de su frente que caía hasta alcanzar sus tobillos, pero no hizo ningún comentario.

—Ah, Hitoshi, este es Mikael Mudou, basándonos en el nivel de experiencia que tiene, será el líder designado del equipo.

—Eh, sí, felicidades… lamento lo de la puerta.

Los ojos de Mikael se entrecerraron en un gesto peligroso pero antes de que pudiera decir algo alguien más se adelantó y tomó las manos de Hitoshi a modo de saludo, sacudiéndolas rápidamente hacia arriba y hacia abajo.

—¡Encantada de conocerte, yo soy Destiny Bookmaster! —Lo saludó una chica de cabello largo y rubio, con ojos purpuras; su vestimenta era probablemente la más normal del grupo, con unos pantalones de mezclilla, blusa y tenis negros y una chamarra azul amarrada en la cintura. Hitoshi se preguntó mentalmente por qué la mayoría de los beyluchadores tenían una noción to pobre de lo que significaba vestirse de acuerdo a la ocasión, estaban en la oficina del director de la BBA, por el amor de dios y sólo una persona iba vestida más o menos formal.

No obstante, Hitoshi vio sus pensamientos interrumpidos cuando otras dos chicas se acercaron a presentarse; una de ellas era delgada, con el cabello y los ojos azules, y un par de lentes que contrastaban un poco con la sudadera amarilla, la falda tableada (también azul) y las medias largas que traía puestas. La chica al lado suyo también tenía cabello azul pero, a diferencia de su compañera, fluctuaba entre tonos claros y oscuros, aunque lo más notable eran las marcas en su rostro: un par de líneas atigradas en sus mejillas y una media luna grabada en su frente, todas del mismo color gris que sus ojos; ella vestía una playera negra sin mangas, un short azul marino, botas y guantes sin dedos de color morado.

—Mi nombre es Akane Tsubame —se presentó la primera de ellas, sin hacer ademán alguno por acercarse más de lo necesario.

—Y yo soy Yokoh Inutaishy Higurashi, mucho gusto —lo saludó la segunda, tendiéndole su mano derecha.

—Igualmente —respondió Hitoshi, más en automático que por cortesía, mientras estrechaba su mano; finalmente se volvió hacía la única persona que aún no se presentaba.

Hitoshi hizo su mejor esfuerzo por contener un suspiro; la chica estaba vestida totalmente de negro, desde sus pantalones pesqueros desgarrados, su camiseta de lycra, sus botas militares, sus guantes de cuero y hasta sus uñas; los únicos toques de color en su persona eran las muñequeras y el cinturón de color plateado, los toque rojos en su cabello negro y sus ojos verdes. En serio, tal vez era por ser un anciano senil de casi treinta años (okay, veinticinco) pero Hitoshi no entendía el súbito afán de las personas de rostizase en un día caluroso por llevar puesta tanta ropa negra.

—Entonces tú debes ser Lintu, ¿cierto?

La chica asintió, esbozando una sonrisa apenas perceptible.

—Perfecto —el señor Dickenson tomó la palabra en ese momento—, ahora que están todos reunidos, podemos registrarlos oficialmente en el torneo como el equipo Nightwish.

Mikael, todavía con una mano cubriendo su mandíbula, repitió medio incrédulo el nombre.

—¿Qué? ¿A quién se le ocurrió piratearse ese nombre?

—Bueno, era eso o "Los Cariñositos" pero se los ganaron —respondió Hitoshi, en un tono sarcástico y recibiendo un par de miradas que deberían haberle derretido la piel de los huesos, ante lo cual añadió—: Es publicidad, ¿sí? Bueno para ellos, bueno para nosotros y completamente legal. Y de todas formas lo que debería preocuparles en estos momentos es escoger a quién van a enviar a la fiesta de pre-inauguración del torneo.

—Oh, pues… —La cara de Destiny se iluminó como un sol artificial—, ¿Mikael es el líder, no?

—Los líderes no pueden ir —mencionó Hitoshi—, ¿el señor Dickenson no se los dijo?

—Ah, me temo que no alcancé a mencionar ese detalle…

—Pues no les queda mucho tiempo para decidir, el evento es pasado mañana.

Con tales palabras, Hitoshi observó con cierta satisfacción como casi todo el equipo entraba en pánico y recurría a brillantes ideas del calibre de piedra, papel o tijeras para resolver su problema. Finalmente, cuando Lintu resultó la ganadora de un boleto de avión (es decir, la perdedora del mini torneo de piedra, papel o tijeras), se dio por terminada la reunión.

No obstante, mientras salían de la oficina del señor Dickenson, Hitoshi fue detenido por alguien que le había apresado el brazo en algo que parecía un gesto amistoso pero se sentía como el agarre de una anaconda.

—Hitoshi —comenzó a decir Marion, sonriendo dulcemente—, ¿tú tienes dinero verdad?

Kinomiya se congeló en su lugar.

—Erm… lo siento mucho, pero va en contra de las políticas de relaciones laborales…

—¿Qué? No, no sé qué estás pensando pero no —Marion siseó, resistiendo el impulso de estampar a Hitoshi contra la puerta otra vez—. Me refiero a un presupuesto asignado para los gastos del equipo.

—Oh —Hitoshi parpadeó—. Oh, sí. ¿Qué necesitan?

—Voy a necesitar que compres ropa.

—… Ropa —Hitoshi hizo una mueca—. ¿Para qué? ¿Quieres hacer juego con el tema casi funerario de los demás?

—No. Quiero que mandes a hacer unos uniformes, o chamarras o playeras con el logo del equipo o algo —dijo Marion, antes de que su sonrisa adquiriera una cualidad casi terrorífica, y añadió—: para que tengan algo que ponerse después de todos los misteriosos accidentes que van a sufrir sus guardarropas.

Hitoshi sufrió un corto circuito mental y en esos momentos alucinó todo un coro de querubines que descendían del cielo a su alrededor, anunciando su salvación; en cuanto pudo reaccionar preguntó:

—¿Cómo quieres los logos?

[Night Wish:

Marion Bathory

Destiny Bookmaster

Yokoh Higurashi

Mikael Mudou

Akane Tsubame

DESCONOCIDO alias/Lintu]

Ash, ash

Brooklyn Masefield se había vuelto un tanto infame en algunos círculos (buen, más bien en la mayoría) del mundo del Beyblade por todo el drama que había causado en el torneo del año anterior, tras lo cual se había encontrado bajo la "custodia" de la corporación Hamartia. Era una de las cosas que no se había esperado, en gran parte porque ni siquiera sabía que tal corporación existía; aunque, considerando lo que había pasado con los Blitzkrieg Boys después de su propio drama, tal vez no debería haberse sorprendido. La BBA no le hacía publicidad a ese tipo de cosas, usualmente esforzándose más por ocultarlos, pero Hamartia se tomaba muy en serio limpiar los desastres que llegaba causar el juego-deporte que patrocinaban, casi con el mismo entusiasmo con el que se dedicaban a crearlos.

Brooklyn, entonces, había tenido el honor de graduarse del programa de rehabilitación que Hamartia tenía preparado para todos lo beyluchadores que habían sido afectados negativamente por el beyblade debido al afán que muchos dementes compartían por "crear el jugador perfecto" sin reparar en la clase de métodos inhumanos que llegaban a usar ni sus consecuencias; o por estupidez propia, como era su caso. Hamartia hacía lo posible por ayudar a las víctimas y ofrecerles una segunda oportunidad; de no haber sido tan necesario, Brooklyn lo encontraría encomiable.

Pero bueno, esa era la razón por la cual se encontraba en las oficinas del Mediterráneo de Hamartia como el recién nombrado coordinador de uno de los equipos del nuevo torneo; sí, esa era la razón por la cual estaba intentando correr a través de un pasillo kilométrico de ese condenado edificio laberíntico recién bajado de un avión y con el estómago y su zona horaria hechos estragos gracias al vuelo, tratando de impedir que las autoridades de Grecia deportaran a los jugadores que le habían asignado.

Muy en su interior, le echó la culpa a Hitoshi; no porque su influencia espantosa pudiera cruzar océanos, aunque a lo mejor podía, peor porque culpar a Hitoshi siempre lo hacía sentir mejor. Después se recordó a sí mismo que lo mejor sería evitar que Hitoshi se enterará de este desastre, no fuera a ser que decidieran retirarlo como coordinador. Para eso, lo primero que tenía que hacer era alcanzar a su equipo, el cual en esos momentos seguía huyendo de los guardias de seguridad del edificio después de que, según las cámaras de seguridad, una de las integrantes dejara inconsciente a un guardia al aventarle un pisapapeles con forma de elefante.

Según las mismas cámaras, su equipo debería estar en esa parte del edificio; sólo esperaba poder alcanzarlos rápido, o al menos antes de que se le acabara el aire…

Afortunadamente para él, nada más después pensar de eso, dobló una esquina y se estampó contra alguien que venía corriendo en dirección contrario; tras lo cual procedió a ser aplastado por quienes venían corriendo detrás de la primera persona. Brooklyn se quedó sin aire por una razón completamente diferente.

—¡Pyro! ¿Estás bien?

—Oof… ¿qué? Sí, estoy bien… —respondió algo encima de Brooklyn.

—¿Bien? Más bien, ¿en dónde estamos? —Interrumpió otra voz—. Estoy bastante segura de que esta es la dirección de donde veníamos.

Hubo una pausa, la cual Brooklyn aprovecho para hacer un auto-chequeo forense y asegurarse de que no tenía nada roto una vez que el peso que tenía encima fue disminuyendo. Luego, la discusión se reanudó:

—Er, ¿estás segura, Anya?

—Eso es lo que dije, ¿no?

—Pues yo no tengo idea de donde estamos —proclamó otra voz, sonando enfurruñada—; no sé ustedes, pero yo creo que ya nos perdimos.

—Sí, bueno —una nueva voz escogió ese momento para intervenir—, en realidad es tu culpa que estemos en este lio.

—¿Mi culpa? ¿Mi culpa? ¿Es mi culpa que todos los pasillos se vean exactamente igual?

—No, Yuzuriha, lo que Alexandra quiere decir es que es tu culpa que nos comenzaran a perseguir los guardias de seguridad.

—… por descalabrar a uno con su propio pisapapeles… —alguien más intervino esta vez, sonando como si estuviera haciendo un gran esfuerzo por no reírse.

—¡Malena, deja de reírte que esto es serio!

—Un pisapapeles con forma de elefante rosa —mencionó alguien más, sonando como si en realidad no se estuviera esforzando mucho por no reírse.

—¡Kaola!

—Oh, pues. Nada les parece.

El pleito probablemente hubiera seguido un rato más de no haber sido por la voz de ultratumba que de pronto sonó a sus espaldas, la cual estuvo a punto de provocar unos cuantos paros cardiacos entre los presentes, y lo que la voz dijo fue:

¿Qué creen que están haciendo?

—¡Aaah, corran!

—¡Nada de corran!

Broklyn estiró el brazo y pescó a la persona que acababa de gritar, una joven de tez morena con su cabello negro recogido en un chongo, por el cuello del suéter azul que llevaba puesto (y el cual hacia juego con sus medias azules con puntos blancos, pero Brooklyn no estaba prestado atención a esos detalles en aquel momento), y con el otro brazo alcanzó a aplicarle media llave Nelson a la otra persona más cercana a él: una chica que parecía ser la menor del grupo, de piel clara y cabello con bucles, que llevaba pantalones de mezclilla y una playera color celeste con mangas de tres cuartos, y quien emitió un corto y lastimero grito al verse víctima del enfurecido coordinador.

El único otro muchacho presente, vestido con ropa estilo militar, de tez medio morena, cabello morado y ojos rojos que lo miraban horrorizado intentó dar un paso hacia atrás, esperando pone algo de distancia entre ellos y, probablemente, huir; desafortunadamente se encontró chocando con algo detrás de él que lo empujaba hacia Brooklyn sin ninguna misericordia. Al voltear se encontró con la mirada dorada y gatuna de una de sus compañeras, quien tenía el cabello negro y casi hasta los tobillos, y vestía casi por completo de charol negro, desde sus zapatillas a su mini-chamarra y su falda larga, de la cual colgaban cadenas.

—¿Anya? ¿Qué… qué están haciendo?

—Pyro —comenzó a decir la chica de tez pálida, casi cadavérica, sonriéndole con dulzura—, ¿recuerdas cómo prometiste protegernos, aunque terminaras en pedacitos, porque eres el único hombre en el equipo?

—¡¿Qué?! ¡Yo nunca dije eso!

—Fuiste tan valiente, Pyro —comentó otra chica detrás de él, también de pelo negro, aunque la mayoría lo cubría con una boina negra, y quien, a diferencia su compañera, era morena y parecía estar divirtiéndose con todo aquel espectáculo; vestía una blusa blanca sin hombros, un pantalón negro, una campera roja y guantes sin dedos.

—Honraremos tu sacrificio —añadió la última integrante del grupo, también de cabello negro, el cual le llegaba hasta los muslos, y vestida también de negro, con unos pantalones ajustados y una blusa con mangas de tres cuartos en ese color, solamente contando con el adorno de una estrella plateada en medio de su blusa.

Y así, el muchacho recibió un empellón que lo hizo salir disparado hacia adelante; Brooklyn se limitó a dar un paso a un lado, jalando a sus dos rehenes, para esquivarlo y arruinar el brillante plan de escape de las tres chicas restantes.

—Bueno, eso no salió muy bien —comentó la chica de la boina negra.

—Gracias por tu tan valiosa observación, Alexandra.

—Sólo digo que si íbamos a sacrificar a Pyro deberíamos de habernos asegurado que fuera a funcionar.

—Err… ¿A-Anya… Alexandra?

—¿Qué pasa, Cristal? Oh, no.

Brooklyn se encontraba frente a ellas, todavía con sus rehenes y bloqueando su posible ruta de escape porque, como bien recordaban, lo único en la dirección por donde habían venido corriendo era un balcón para fumadores que no les servía para nada porque estaban en el quinto piso del edificio; las tres chicas se pegaron unas a otras por puro instinto.

—No tienen idea del infierno por el que acabo de tener que pasar por su culpa —masculló el pelirrojo, tratando de mantener su voz lo más controlada posible—. Prácticamente me acaban de dar mi credencial de coordinador, tuve que ir a un curso de inducción con Hitoshi, tuve que cuidar a seis huevos con caras pintadas por una semana, tuve que memorizar una guía de liderazgo efectivo y el manual de coordinares actualizado de la compañía, que Hitoshi escribió nada más para torturarme, y lo primero que tengo que hacer con ustedes es evitar que se los lleven a la cárcel por atacar al personal de seguridad de la compañía que patrocina el torneo con un arma de oportunidad…

No estaba gritando, pero había terminado su frase con una especie siseo grave que lo hacía sonar como si estuviera lanzando una maldición antigua sobre ellos y todos sus descendientes, los gemidos como de zombie de Pyro, quien seguía en el suelo, no ayudaban en absoluto.

—¡Era un pisapapeles! —Chisporroteó la agresora, es decir, Yuzuriha, tratando de defenderse.

—¡Arma letal, lo que sea!

—No es por interrumpir —lo interrumpió una de las chicas que tenía atrapadas—, ¿pero tú quién eres?

El efecto fue inmediato, para cuando se dieron cuenta estaban formados en línea frente a un sonriente pelirrojo que los saludó con una educada inclinación de cabeza y dijo:

—Me disculpo, mi nombre es Brooklyn Masefield y seré su coordinador en el torneo de beyblade en el cual tomaran parte.

Hubo un coro de saludos y presentaciones apresuradas antes de resumir el silencio confuso de antes.

—¿Brooklyn Masefield —cuchicheó Malena, en voz baja, dándole un codazo a su compañera al lado de ella—, de dónde me suena ese nombre?

—Me sorprende que no lo conozcas —comentó Alexandra, antes de decir—, aunque me gustaría saber que es todo este asunto del coordinador.

—Básicamente estoy a cargo de su equipo, como un manager, pero directamente bajo las órdenes de la BBA, para evitar problemas de administración —explicó Brooklyn, pacientemente; luego, alguien alzó la mano—. ¿Si, Kaola?

—Err, ¿cómo sabes mi nombre?

—… La BBA me informó de los integrantes del equipo al que me asignaron.

—Oh, okay; bueno, lo que quiero saber es cómo formaron los equipos porque entre al torneo con alguien más y no terminamos en el mismo…

—Ah, lo siento —Brooklyn frunció el ceño—, me temo que no me dieron esa información. Considerando que mezclaron participantes de distintas regiones podría haber sido por azar o porque pensaron que los equipos que escogieron serían los más balanceados.

—Ohh…

—Oye, a todo esto, ¿nos asignaron nombre? —Inquirió Pyro.

Brooklyn suspiró.

—Sí y, dicho sea de paso, también se decidió quien sería líder del equipo y no se aceptara ningún cambio al respecto.

—Lo haces sonar como si nos hubiera tocado un nombre terrible —comentó Anya, arqueando las cejas.

—N-no —el pelirrojo se aclaró la garganta, esperando sonar un poco más convencido, y añadió—: el nombre del equipo es "Dark Elite".

—Ooooh, en realidad me agrada —Kaola sonrió, expresando el alivio y aprobación general.

—Y la líder del equipo será… —Brooklyn se esforzó en sonreír, o al menos estaba bajo la impresión de que la mueca de dolor que tenía su cara debía parecer una sonrisa, antes de anunciar—: Malena Romero.

Brooklyn trató de no pensar en los métodos a los que había recurrido Hitoshi para escoger a los líderes de los equipos que no le habían asignado a él; en parte porque estaba convencido de que era un intento de sabotaje y en parte porque nada más pensar en ese idiota hacia que le dolieran las neuronas.

—¡¿Malena?! —Llegó inmediatamente el coro de incredulidad, seguido por un:

—¡¿Yo?!

—Es para... —Brooklyn se devanó los sesos unos segundos en busca de una excusa plausible y luego mintió descaradamente—: darte más experiencia, tómalo como una oportunidad para crecer como jugadora.

Mentalmente agradeció a todos los santos que pudo recordar cuando todo el equipo se tragó aquella mentira, luego recordó que había un detalle más que debía mencionar.

—Por cierto, necesitan escoger a alguien para que se presente en la celebración pre-inauguración del torneo; que no sea Malena —añadió—, los líderes no pueden participar. Demasiados egos, me imagino.

—Estoy justo aquí, coordinador.

—¿Así que, a quién quieren enviar?

Todos los integrantes del equipo intercambiaron miradas por un momento, luego, Alexandra de aclaró la garganta.

—Yo sugiero que vaya Yuzuriha, quien ya tiene conexiones en el torneo.

Brooklyn parpadeó.

—¿Conexiones?

—Sí, sí, como es pariente de Takao de los Bladebreakers —asintió emocionada Kaola.

—Por no mencionar que fue la que empezó todo este barullo en primer lugar —murmuró Malena bajo su aliento.

—¡¿Pariente?!

—Creí que te habían dado mi información —observó Yuzuriha, ante la incredulidad de Brooklyn.

—Creí que tu apellido era Sumeragi…

—Ese es mi segundo apellido.

Brooklyn tuvo que cubrirse la cara con las manos para evitar que su nuevo equipo viera la mueca de desesperación que estaba haciendo, tenía una muy buena idea de a quién se le había ocurrido quitar el primer apellido del archivo de la chica; de verdad, en cuanto viera a Hitoshi, lo iba a matar.

—Kinomiya —gimió—, otro Kinomiya… ya nos superan en número… esto es justo como un apocalipsis zombie…

—¿Cómo que un…? —Había comenzado a quejarse la ofendida cuando Alexandra le tapó la boca.

—Ahora no es un buen momento, Yuzuriha.

—Ya, ya, Brooklyn… este… —Pyro le dio unas palmaditas amistosas en la espalda y luego volteo a ver a sus compañeras, esperando que alguna tuviera alguna buena idea.

—Estamos seguros de que estás haciendo tu mejor esfuerzo —dijo Anya, sintiéndose particularmente caritativa en esos momentos.

Brooklyn sintió que igual y se ponía a llorar.

[Dark Elite:

Temis Delón alias/Pyro

Cristal Yuzuriha Kinomiya Sumeragi

Alexandra Marjorie Evans

Kaola Inglorion

Malena Romero

Anya Shoryuky]

You poke and stir.

Era la primera vez que Mathy visitaba Alemania; no llevaba ni una semana trabajando como coordinadora y ya le agradaban las ventajas que dicho puesto le ofrecía. Tal como el CEO de Hamartia le había prometido habían dejado de seguirla y su credencial de coordinadora le había dado acceso total a la sede de la BBA en Alemania, incluyendo un lugar en donde alojarse durante su estadía y toda la comida que quisiera. Algo que resultaba muy conveniente, considerando que podía recibir a su equipo en la cafetería al aire libre en lugar de tener que esperar en una oficina de juntas; era un espacio agradable muy parecido a un parque en donde se encontraban varias mesitas con sombrillas naranjas y en esos momentos Mathy se encontraba ocupando una de ellas, revisando una pila de documentos.

Curiosamente, la mayoría de los integrantes del equipo al cual la habían asignado eran de ascendencia rusa, al menos parcialmente; por un momento le había parecido que podría ser una broma pero lo más probable era que simplemente se tratará de que confiaban en su propio conocimiento del lenguaje para actuar como mediadora o traductora, dado el caso, si lo pensaba de esa manera la oferta de trabajo comenzaba a tener algo más de sentido…

—Muy buenas tardes —una voz resonó a sus espaldas, interrumpiendo sus pensamientos y casi logrando que saltara en el aire—. Ah, lo siento mucho, no era mi intención asustarla.

Mathy volteó a ver a al recién llegada, era una joven muy pálida con cabello plateado hasta las rodillas recogido en una coleta, un par de lentes oscuros, y vestida con una enorme gabardina que sólo dejaba ver sus guantes y parte de sus pantalones de piel ligeramente holgados; también lucía una banda negra en la frente, un par de aretes en forma de luna creciente y, alrededor de su cuello, una especie de relicario de plata.

—Permítame presentarme, mi nombre es Sycke Silverhell.

—Ah, yo soy Mathy Romanov-Kisaragi, seré su coordinadora. Toma asiento, por favor; todavía falta que llegue el resto del equipo.

Sycke ocupó una de las sillas y, sin dejar de sonreír, señaló los papeles que Mathy tenía sobre la mesa.

—¿Debería asumir que estos documentos son sobre los miembros de este nuevo equipo?

—Así es, pero preferiría responder a las preguntas que tengan una vez que estén todos.

—Por supuesto —Sycke asintió—, ¿puedo al menos preguntarle cuántos seremos?

Mathy suspiró; ni siquiera tenía que hojear sus propias notas para responder esa pregunta pero el hecho de preferir no hacerlo le recordó que se había saltado el curso de inducción de dos semanas para aprender cómo tratar a los equipos a su cargo. No obstante, contestó:

—Este equipo contará con cinco integrantes, me parece que los otros dos equipos creados de manera similar tienen más o menos el mismo número.

—Ya veo, muchas gracias.

Afortunadamente, antes de que pudieran sumirse en un silencio incomodo, llegaron las personas que estaban esperando; Mathy conocía más o menos las caras de todos ya que los archivos que le habían dado contaban con al menos una fotografía pero la verdad nos e comparaba a verlos en vivo y a todo color. Eran tres chicas y un chico: la que iba caminando al frente tenía cabello negro en una coleta y ojos verdes y vestía un pantalón holgado de color negro y un pequeño top con tirantes, también negro, encima de una blusa de manga larga blanca; un poco más atrás venían dos chicas que parecían un poco más jóvenes, una de ellas era chica pelirroja, con el cabello casi hasta la cintura, de ojos verdes y la que caminaba al lado suyo tenía cabello negro con puntas rojas y ojos de un tono de rojo bastante peculiar; finalmente, detrás de ellas, venía caminando un muchacho de ojos negros, con unos pantalones de mezclilla y tenis que desentonaban un poco con su camisa de vestir color blanco, bajo la cual traía una camiseta del mismo color, lo más notable de su aspecto era su cabello rojo sujetado en una larga trenza.

—Ah, ¿ustedes son parte del equipo? —Inquirió la primera joven, con una media sonrisa, mientras se sentaba en una de las sillas desocupadas.

Mathy gesticuló hacia su acompañante previa antes de responder:

—Ella es Sycke Silverhell y será parte del equipo —la recién nombrada inclinó la cabeza a modo de saludo—, yo soy Mathy Romanov-Kisaragi y actuaré como su coordinadora en lo que dura el torneo.

Los recién llegados le dirigieron un par de miradas evaluativas no muy bien disimuladas.

—¿En serio? —Barbotó la chica pelirroja.

—Si, en serio, ¿y ustedes son?

La joven que había hablado anteriormente seguía sonriendo pero sus ojos eran fríos, no parecía que ganarse su confianza fuera a ser una empresa fácil.

—Perdón por eso, sólo nos sorprendió un poco; mi nombre es Cristal Amanda Volcova Diez, es bastante largo, así que pueden decirme sólo Cristal.

—¡Ah! —La chica pelirroja de antes alzó una de sus manos, como si estuviera en un salón de clases y se presentó—: Yo soy Catra Alexandra Ivanov, muchos gusto. Er, siento lo de antes, no quise ofenderte.

—No me ofende, en realidad soy bastante nueva como coordinadora.

Mathy decidió que no era buena idea decirles qué tan nueva era.

—Espera, ¿Ivanov? —La otra chica, la de cabello negro con puntas rojas frunció el ceño—. ¿Ivanov como el Ivanov de los Blitzkrieg Boys?

—Eeeh… je je je —Catra se río nerviosa ante la atención que súbitamente estaba recibiendo—. Si, Tala es mi hermano… este…

—Lein, Lein Mijáilovich. ¿No iban a participar también en el torneo?

—Si —Catra asintió enérgicamente, entendiendo la indirecta de la chica—, pero eso no será un problema.

—Esperemos que no.

—Esperemos —repitió el único muchacho del grupo, jalando una silla en donde sentarse—; mi nombre es Kain Yagami, por cierto.

—Muy bien, ahora que todos se han presentado, les daré la información sobre su nuevo equipo —Mathy tampoco necesitaba revisar sus notas para lo que tenía que decirles, pero de todas formas lo hizo—. Para empezar, se decidió que el nombre de su equipo será "Gothic Lights" y el líder será… Kain.

Hubo un momento de silencio peligroso y Mathy resistió el impulso de soltar un suspiro derrotado.

—¿Kain? ¿Kain? —Cristal había entrecerrado los ojos con una expresión poco amistosa.

—No, no, más bien, me preocupa esa pausa sospechosa que hiciste antes de decir el nombre —señaló Catra, tratando al mismo tiempo de leer y alejarse de los papeles de Mathy, como si fueran a explotar.

Lein no había dicho nada pero se notaba que tampoco estaba muy complacida con el anuncio, la única que parecía que se lo estaba tomando decentemente viene era Sycke, y eso sólo porque no había dejado de sonreír ni un momento en toda la reunión; ni siquiera Kain se veía completamente convencido, aunque por la manera en que había murmurado "gracias por su voto de confianza" bajo su aliento, su expresión avinagrada se debía tanto al anuncio como a las reacciones al mismo.

—Fue una elección por eliminación basándose en varios factores —explicó Mathy, tratando de cerrar el tema de discusión lo más rápido posible—; edad, experiencia, aptitudes de liderazgo… la tómbola de Hitoshi… —masculló al final, reviviendo las ganas de arrojarle su propio beyblade a la cara al peliazul cuando le había contado sobre el proceso de selección.

—¿Qué, qué acabas de decir?

—Que si tienen algún problema con la decisión tendrán que hablar con alguien con más autoridad que yo. Aunque en realidad no tienen mucho tiempo porque la fiesta de pre-inauguración es en dos días y necesitan enviar a un representante que no puede ser su líder.

—¡¿Dos días?! —Exclamó Catra, quien se había incorporado de un saltó, azotando las manos en la mesa, haciendo que se sacudiera.

—Muchas gracias por ofrecerte como voluntaria, Catra —dijo Cristal, sonriendo ácidamente.

—¿Eh? ¿Qué?

—Me parece una gran idea —añadió Sycke, todavía sonriendo pero con considerablemente menos malicia.

—¿Tú qué opinas, líder?

Kain se encogió de hombros ante la pregunta de Lein, bastante seguro que, con ese equipo, el término de "líder" sería algo muy maleable.

—¿Por qué no? Al menos ella probablemente tendrá conocidos en la fiesta si el equipo de su hermano también va a participar.

—Oigan…

—Perfecto, entonces ya todo está decidió —declaró Mathy inmediatamente, recogiendo sus papeles.

—¿Cómo que ya está decidido? —Catra intervino, alzando la voz—. ¿Qué nadie me va a preguntar mi opinión?

—No —contestaron todos los demás al mismo tiempo, en variados tonos de indiferencia.

—Si te hace sentir mejor, te puedo comprar un helado, como líder —ofreció sarcásticamente Kain, señalando el camión helados que, efectivamente, llevaba un buen rato estacionando en la calle frente a la cafetería.

—Ooh… sí me hace sentir mejor.

Y, con esas palabras que en realidad nadie había esperado, se dirigieron hacia el camión antes de despedirse.

—¿Holaaa? —Catra comenzó a tocar las ventanas, que estaban cerradas como si no hubiera nadie dentro—. ¡Me gustaría pedir un helado! ¿Hay alguien dentro?

Finalmente, después de algunos ruidos extraños, algo que sonaba sospechosamente como alguien tratando de aguantarse la risa y varias sacudidas del camión, el vendedor se asomó por la ventanilla; era un muchacho de cabello castaño, el cual estaba medio cubierto por una gorra con el logo de una cadena de hamburguesas y su cara estaba medio cubierta por un par de enormes lentes oscuros, por no mencionar el muy falso bigote de color negro que tenía pegado bajo la nariz, el cual se sacudió peligrosamente cuando se aclaró la garganta.

—¿De qué sabor? —Les preguntó.

[Gothic Lights:

Catra Alexandra Ivanov

Lein Mijáilovich

Sycke Silverhell

Cristal Amanda Volcova Diez

Kain Yagami]

Flesh, bone, there is nothing there—

No había pasado ni una semana desde que les habían asignado su nueva "entrenadora" a los Bladebreakers cuando las cosas ya habían comenzado a irse al garete; aunque, para ser honestos, Kirei estaba bastante sorprendida de haber durado más de 48 horas, considerando como estaban las cosas y la tendencia que compartían todos los Bladebreakers de bailar la zandunga en el campo minado metafórico que era el "pasado" de Kirei. Algo que todos hacían, incluso los miembros menos inclinados a hablar de su grupo, es decir, Kai; pero cuando él pisaba una mina, resultaba casi siempre ser una mina anti-tanques.

Aunque no era como si ella fuera una perita en dulce, ahora que finalmente había encontrado una manera perfectamente legítima de dar rienda suelta a toda su ira reprimida. Razón por la cual, por supuesto, se encontraba discutiendo con el líder de los Bladebreakers, quien estaba luchando por no estrangularla ante tal abuso verbal, cosa que Kirei disfrutaba malditamente.

No eran malos; obviamente, por algo se habían aferrado al título de campeones, bueno, al menos uno de ellos. Los demás habían perdido aquel privilegio tras desertar del equipo y de allí derivaba su problema más inmediato. No eran un equipo; eran un montón de personas (okay, cinco) que habían jugado juntos y tenían intención de hacerlo otra vez pero tenían toda la sincronía de una banda de guerra de escuela primaria.

De hecho, eso era un insulto para las bandas de guerra; probablemente al menos ellos lo intentaban. Los Bladebreakers no hacían más que caminar de puntillas en círculos alrededor de los otros, a Kirei le daban ganas de sacudirlos hasta que sus ojos se les salieran de la cabeza para ver si así entraban en razón. Desafortunadamente, el contrato que le habían hecho firmar había tenido al menos tres clausulas distintas que le prohibían terminantemente maltratar, dañar, o abusar física o verbalmente de los beyluchadores a su cargo; pues bien, peor para ellos. Si lo único que podía hacer era entrenarlos, entonces se desquitaría con ellos con el entrenamiento mismo, al menos así el señor Dickenson no podría quejarse.

Y no porque él creyera nada de lo que le dijera Kirei, sino más bien porque el genio técnico del equipo y su computadora parlante llevaban un meticuloso registro de las estadísticas, niveles y cualquier otra información que pudiera poner en gráficas de los miembros de su equipo; graficas que mostraban sin lugar a dudas que esos cuatro días de entrenamiento infernal habían mejorado notablemente a los Bladebreakers. Kirei se había sentido medianamente impresionada incluso, aunque todo aquel trabajo no fuera otra cosa que la manera de Kenny de probar que no confiaba en ella en absoluto.

¿Acaso era su culpa que no fuera fácil encontrar información acerca de ella en el internet?

La respuesta era no, y nada más por eso hizo que los Bladebreakers practicaran sus lanzamientos por otra hora. En serio, lo único bueno de su contrato de esclavitud con la BBA era que podía reservar un gimnasio de beyblade para ella solita cuando y cuanto quisiera y no podían hacer nada para impedírselo.

—Sus habilidades básicas están bastante bien en realidad, sorprendentemente, pero tienen arraigados ciertos malos hábitos —estaba diciendo en esos momentos—; por ejemplo, tu lanzamiento es casi perfecto, Hiwatari, pero le imprimes demasiada fuerza y tu beyblade pierde el equilibrio durante unos segundos al tocar el plato. Con su nivel de habilidad y la calidad de sus beyblades usualmente algo así no es un problema para ustedes, pero si el beyblade contrario tocara el plato antes que el tuyo y alcanzará a golpearlo, podría perder el equilibrio o salirse del plato. Y la batalla terminaría antes de empezar.

—¿Si eso crees por qué no me lo demuestras?

Kirei estaba muy consiente (porque se había tomado la molestia de leer los archivos que le había mandado el señor Dickenson) de que Kai tenía Problemas con "P" mayúscula, comenzado por su familia, su crianza, toda su infancia y, aparentemente, buena parte de su adolescencia; y que usualmente dichos problemas se manifestaban en su más que pobre actitud. Lo que acababa de salir de su boca, lo supiera el muchacho o no, era una vil carnada para ver si podía demostrar que era mejor que ella y tener una excusa para dejar el entrenamiento, probablemente para detener el entrenamiento de todo el equipo. Kirei respiró hondo y se recordó a sí misma que Kirei Amamia no era capaz ni de sostener un lanzador.

—Muchas gracias por tu amable oferta —dijo, con voz sacarina—; pero me temo que tendré que rechazarla. En caso de que el señor Dickenson no les haya informado, ya no beybatallo.

—Pero solías hacerlo, ¿no? —Takao inmediatamente se mostró interesado al descubrir que finalmente tenía algo en común con su entrenadora—. ¡Deberías haberlo dicho antes! ¿En qué equipo estabas? ¿Cuándo dejaste de beybatallar? ¿Y por qué?

—Ah…

—¡Takao! —Max no solía ser el más sensible del equipo, pero Rei estaba demasiado ocupado desencajando su mandíbula ante la falta de tacto de Takao como para intervenir.

—No, está bien —la cara de Kirei se había quedado vacía de expresión, algo que resultaba mucho más perturbador que su mala actitud usual—; probablemente sea mejor que los saque de dudas. Veamos… ¿cuándo fue que ganaron el torneo mundial por primera vez, hace tres años? Yo deje de jugar beyblade unos meses antes de eso.

—¡¿HAA?! ¡¿Por qué?! ¡Esa es la edad perfecta para beybatallar!

Max trató de contener la histeria de Takao, Rei trató de ayudarlo en sus esfuerzos y Kai fingía no haber escuchado la conversación, pero Kenny ignoraba a su equipo en favor de sacar las cuentas que lo estaban molestando. Cuatro años era mucho tiempo, pero su conocimiento enciclopédico de todo lo relacionado con Beyblade era lo que le había valido el apodo del "El Jefe".

—Quieres decir que todavía participaste en el torneo donde los Demolition Boys ganaron el título de campeones.

El rostro de Kirei se mantuvo cuidadosa y antinaturalmente libre de expresión; Takao se había callado, al igual que sus demás compañeros y Kai finalmente parecía interesado en lo que decían.

—Se podría decir que sí.

Fue lo que dijo, con su voz tan absolutamente inexpresiva como el resto de su persona, si uno no se fijaba en la forma en que los dedos de su mano derecha se habían crispado espasmódicamente. Decididamente Kirei no pensó en aquel torneo, ni en su última beybatalla; no pensó en las tres pobres criaturas que habían sobrevivido a un infierno todavía con algunos pedazos de sí mismos pegados a los huesos nada más para encontrarse con ella; no pensó en el momento en que se dio cuenta de que era un monstruo, ni en cómo su padre había aceptado financiar la locura enfermiza de un demente con la esperanza de encontrar una cura milagrosa para lo que ella le había hecho a un muchacho; no pensó en el momento en que había visto en qué se habían convertido esos tres idiotas, años después, por su televisión por cable, ni en el súbito e inexplicable corto circuito que había fundido los fusibles de todo su edificio minutos después.

No pensó en nada en absoluto, pero de pronto tenía un dolor de cabeza infernal.

—¿Hooola? ¿Tierra a Kirei? —Takao movió su mano de un lado a otro justo frente a la cara de la chica—. ¿Qué tu última pelea fue tan mala?

—¿Qué…? ¿Qué?

—Digo, te quedaste allí haciendo caras raras...

—Ah, lo siento —la chica se llevó una mano a la cabeza y luego suspiró, dándose por vencida—. ¿Saben qué? Vayan a tomar un descanso de media hora… o tres. De hecho, creo que mejor lo dejamos hasta aquí por hoy. Bien por ustedes.

Takao se dirigió corriendo hacia los vestidores, arrastrando a Max y Kenny tras de sí y siendo seguido de cerca por Rei, quien sabía leer la atmosfera y estaba consciente de que Kirei había pintado un letrero de "quiero estar sola" sobre su frente. Letrero que Kai procedió a ignorar olímpicamente.

—En ese torneo, ¿peleaste contra los Demolition Boys?

—… se podría decir que sí.

—Pero no hay registros de que hayas participado en ese torneo —intervino Kenny en ese momento.

—Me imagino que no —contestó Kirei, tras lo cual sonrió y dijo—: aunque eso no es asunto suyo.

Ninguno de los dos Bladebreakers hizo ningún movimiento para detenerla mientras salía por la puerta del gimnasio, pero toda traza de irritación que Kai aún guardara hacia la muchacha se hicieron muy patentes en el vestidor mientras demolía por completo los tres casilleros contiguos al suyo; Rei observó pasivamente, esperando que los golpes y maldiciones se detuvieran para poder guardar sin peligro sus cosas.

—Tenía razón, ¿sabes? Tú mejor que nadie deberías saber que muchas personas no aprecian que alguien hurgue en su pasado —le dijo simplemente.

—Hn —el sonido que había emitido Kai por respuesta no tenía una clara distinción entre negativo y positivo, aunque lo más probable fuera que así era exactamente como quería que sonara.

Bueno, al menos Kenny se veía lo suficientemente mortificado por los dos, incluso Takao le había dirigido una mirada desaprobadora; mientras tanto, Max, quien había alcanzado a observar todo el intercambio, se apoyó contra la pared con gesto cansino y murmuró:

—Gracias a dios es viernes...


Este... este es el capítulo más largo de los "re-hechos"; espero que se note porque me tarde el doble de lo que originalmente había planeado. Bueno, creo que quedó mejor que antes, al menos. Notaran que me agarré a los Dark Elite como botana, espero que no se lo tomen a mal, es sólo que me gusta hacer sufrir a Brooklyn (ahora que descubrí que tiene un apellido, ja). Ahí me dicen si ven algún error o quieren hacer cambios, o cualquier otra cosa.

Ash, ash—

You poke and stir.

Flesh, bone, there is nothing there—

Sylvia Plath, "Lady Lazarus"