Concordia Discors
armonía en discordia
Advertencias: Pues, no estoy muerta. Eso sí, me retrase un montón con el trabajo y porque me quedé sin mi laptop (y sigo sin ella) y tuve que rehacer una parte del capítulo ya re-hecho por pura estupidez; originalmente, tenía planeado que la "pre-inauguración" fuera un evento simpático y ameno y los equipos conviviendo sanamente, pero no. Decidí que quería hacerlo sufrir, así que tuve que volver a planear y escribir la dichosa pre-inauguración (con lo cual también sufrí yo, porque tener tantos personajes en una sola escena es brutal para mí).
Pero ya, aquí estamos y este capítulo es todavía más largo que el anterior, ¡disfruten!
(También volví a cambiar el título, porque de todo lo que dicen que está bien nada lo está.)
05. Bien, bien, bien
I... I came here by day, but I left here in darkness
And found you, found you on the way
And now, it is silver and silent, it is silver and cold
AFI, "Silver and Cold"
Gracias (muchas gracias, había mascullado Kai) a otra de las maravillosas ideas del señor Dickenson aquel sábado, que debería haber sido un día de reposo y recuperación para los Bladebreakers, exceptuando uno de ellos, había terminado convertido en un ejercicio de convivencia forzoso que había terminado con varios guaruras de la BBA "escoltándolos" hasta un parque vacío (probablemente también gracias al señor Dickenson) para que pasaran algo de tiempo de calidad juntos o lo que fuera.
Takao y Max se lo habían tomado bastante bien, y Kenny, en vista de que de usualmente pasaba más tiempo con ellos y se contagiaba de su optimismo, casi no había protestado; los únicos dos de los presentes que parecían tener una de esas nubes de lluvia trágica encima eran Kai y Kirei, quienes habían optado por sentarse en la única banca del parque, la cual usualmente era usada por los padres de los mocosos que frecuentaban aquel lugar para poder vigilarlos. Viendo cómo Takao gritaba y salía corriendo hacía los juegos, Kirei se preguntó si era así como se sentían; no se preguntó cuándo había caído tan bajo porque conocía perfectamente la respuesta, pero si inquirió en voz alta:
—¿En dónde está Rei?
La pregunta estaba más dirigida al aire en general que a otra cosa, porque a esas alturas era imposible que Takao, Max o incluso Kenny la escucharan, además de que lo más probable era que su "compañero de banca" la estuviera ignorando; pero de todas formas preguntó porque, demonios, si la habían sacado a rastras de su casa para sufrir con los Bladebreakers, más le valía asegurarse que sufriera con todos ellos.
(Esa clase de mentalidad, no obstante, era la clase de cosa que la había conducido a esa situación.)
No obtuvo una respuesta inmediatamente, lo cual en sí no era raro, pero las razones de aquel hecho tenía menos que ver con su afán de ignorar al mundo y más con el hecho de que no tenía ni idea de cómo dirigirse a la persona que estaba sentada a su lado, quien, vale la pena mencionar, se parecía vagamente a Kirei Amamia.
Desde el lunes fatídico de la semana pasada en el cual había sido designada como su entrenadora, Kai solamente había visto a Kirei enfundada en el sobrio uniforme de su escuela: falda gris, blusa blanca, saco guinda; casi como si se tratara de una de esas caricaturas donde los personajes tienen un closet lleno de la misma ropa. La persona a su lado, sentada con las piernas extendidas y la espalda encorvada, llevaba puesta una sudadera azul y unos pantalones deslavados de mezclilla doblados a modo de pesqueros, además, en lugar de su coleta alta usual parecía que nada más se había anudado el pelo en la parte baja de la nuca; hasta su usual actitud casi impecable había desaparecido, al igual que su maquillaje.
Conclusión: esa no era la Kirei Amamia que él conocía.
Si se molestaba en mirar a aquella chica por el rabillo del ojo, cosa que únicamente hacia porque no podía ser peor que ver a Takao atascándose en la resbaladilla que obviamente estaba diseñada para niños diez años menores que él, podía notar que la parte inferior de su cara estaba salpicada de pequeñas marcas blancuzcas—cicatrices, en realidad; como diminutas cortadas, en sus mejillas, en su barbilla y alrededor de su boca.
No que Kai se estuviera fijando en esas cosas, o que le interesaran.
—Hoy es la pre-inauguración del torneo, cada equipo debía enviar un representante —dijo, dándose de patadas mentalmente, para darles a sus neuronas algo en que ocuparse.
—Oh —Kirei se volteó a ver a Kai, sin poder evitarlo—; ya veo. Gracias… por dejármelo saber.
No podía decir "por molestarte en hablarme", pero lo pensó. Después de aquel elocuente intercambio ambos permanecieron sin decir más, solamente allí sentados, sin moverse. Al cabo de un rato, y comenzando a sentirse un poco incómodo, Kai buscó algo que decir. Internamente, se regañaba a sí mismo; nunca había pensado que sería el que empezara una inútil conversación con otro ser humano. Se aclaró la garganta.
—Lo que pasó el viernes… —el muchacho tomó aire y apretó los dientes antes de continuar—: No debí de haberte hecho esa pregunta.
Casi cualquier otra cosa que hubiera dicho hubiera tenido como resultado una serie de velados insultos; lo que la casi disculpa le ganó, sin embargo, fue un encogimiento de hombros acompañado por un totalmente apático:
—¿Por qué no?
Lo cual obviamente cimentaba la creencia de Kai de que aquella no era Kirei Amamia, sino su hermana gemela malvada, o quizás un clon; y también debería de dejar de ceder a los ruegos de Tyson de acompañarlo a ver los bodrios de películas que tanto le encantaban porque le estaban pudriendo el cerebro.
Kirei, por otra parte, estaba disfrutando ver la expresión de Hiwatari en tanto revaluaba su vida, así que prosiguió:
—El señor Dickenson se aseguró de que leyera los reportes sobre ustedes, incluyendo su información personal, pero estoy bastante segura de que no les dijo nada sobre mí. Encuentro razonable que no puedan confiar en mí a ciegas.
Encontraba razonable que nadie que conociera su historia pudiera confiar en ella; encontraba razonables muchas cosas, no tenía muchas opciones al respecto. Por lo mismo, cuando se le presentaba la oportunidad de escoger entre opciones, tendía a escoger la peor; además, quería creer que si había una persona capaz de entender lo que había hecho, lo que había sido, ese sería Kai: otro maestro a la hora de tomar malas decisiones. Y fue por eso que, antes de que pudiera pensárselo mejor y decidir que era una idea terrible, le preguntó:
—¿Todavía quieres que te cuente?
El sonido afirmativo que emitió Kai fue lo único que necesito para decidirse; después de todo, de acuerdo con los médicos que se encargaban de sus evaluaciones psicológicas de rutina, hablar de lo que había ocurrido podría ayudarla. Podría, quizás; si es que podía hacer tal cosa.
Kirei tenía una facilidad de expresión que le había sido inculcada desde que tenía memoria, pero le fallaban las palabras para explicar lo que quería decirle a su ahora atento oyente, en buena parte porque nunca había tenido que explicarlo; después de todo, las personas a quienes podría habérselo contado habían estado allí y, aparte de esas sombras del pasado, no había nadie más en su vida. Resultaba casi deprimente pensar en eso, así que se esforzó en sonreír todavía más.
—No empecé a jugar Beyblade por una buena razón, no lo jugué de buena manera, y no me "retiré" tanto como me obligaron a dejar de jugar; a no volver a jugar, en realidad… —Había sido más que simplemente ser joven y estúpida; había sido peor que ser egoísta y cruel, pero por eso tenían que saber; continúo, sin piedad—: Creo que estaba tratando de llamar la atención, al principio, y no me importaba qué tuviera que hacer para lograrlo. No hace falta decir que eso no terminó muy bien —acabó de decir la muchacha, forzando su sonrisa hasta hacer que sus dientes rechinaran.
Kai consideró a la chica en el momento de silencio que siguió a sus palabras; muy a su pesar se encontró recordando a los Sharkbladers, a la Abadía, a su abuelo, y entonces preguntó lo único que él consideraba importante:
—¿Eras buena?
La sonrisa forzada de Kirei se torció en un gesto terrorífico y completamente honesto, tal vez el primero que Kai le había visto.
—¿No estabas prestando atención, Kai? No creo que nadie haya usado esa palabra para describirme… O a mi manera de jugar. No me importaba ganar, ¿sabes? Ganar era simplemente el único resultado que podía esperar; lo que me importaba era torturar a mis oponentes todo lo posible antes de que me declararan ganadora.
Kirei dejó escapar un sonido tosco y seco que podría haber sido una carcajada
—Suena horrible cuando lo digo en voz alta, ¿verdad? Pero bueno, eso es lo que pasó y el porque me asignaron como su entrenadora, ¿te hace sentir mejor saberlo?
Kai nunca respondería afirmativamente ese tipo de preguntas, así que se le limitó a gruñir algo que podría haberse considerado como un sonido vagamente satisfecho, algo que Kirei inmediatamente decidió contar como una victoria, dado que el muro de hielo que se alzaba entre ellos dos había perdido un poco de terreno. Eso estaba bien, si tenía que pasar tiempo con ellos lo mejor para su presión arterial sería que se toleraran al menos.
Una tregua, si no otra cosa. Sí, eso estaba muy bien.
Women and men (both dong and ding)
La primera etapa del torneo se llevaría a cabo en la capital de México, era la primera vez que una etapa del torneo, además de las preliminares obligatorias por región, se celebrara en aquel país y se había tenido gran cuidado con los preparativos para promocionar aún más aquel deporte; los últimos detalles seguían puliéndose el día en que se había decidido tener la pre-inauguración con los representantes de cada equipo.
Por lo cual los tres coordinadores designados por la BBA se encontraban reunidos en la sala en la que tendría lugar la pre-inauguración, cada uno revisando papeles. Kinomiya fue el primero en romper el silencio.
—En realidad parece que tenemos a gente bastante decente aquí —comentó Hitoshi, alzando una ceja, antes de dirigirse a Brooklyn—: cómo lo conseguiste no tengo idea, pero buen trabajo.
El pelirrojo azotó su fajo de papeles en la mesa con una mueca de disgusto.
—¿Por qué crees que le sugerí al señor Dickenson todo ese circo de que los papeles de entrada los tenían que recoger los líderes de cada equipo y hasta dos acompañantes? Si quitas a los líderes y a las personas a las que hasta ellos no pueden dejar sin supervisión te quedan unas opciones aceptablemente decentes —el muchacho chasqueó la lengua, frunciendo el ceño—. Porque por alguna razón casi todos los líderes tienen serios problemas de conducta o actitud o ambos.
Mathy tamborileó los dedos sobre la mesa al tiempo que hojeaba rápidamente sus propio bonche de hojas impresas, fingiendo estar muy interesada en lo que decían (que no lo estaba, ya había releído los papeles al menos tres veces y Hitoshi seguía sin decirles qué se suponía que hicieran durante la reunión que debían estar preparando).
—Tienes una lógica muy retorcida, Brooklyn; por no mencionar tus prejuicios con respecto a los líderes de equipo —y luego, nada más porque podía, aunque sabía que no debería hacerlo, añadió—: por cierto, ¿qué no eras tú líder del equipo que casi destruye la BBA y el beyblade como lo conocemos?
Definitivamente no debería de haberlo hecho, porque todo el color se drenó de la cara de Brooklyn; el único punto a su favor que Mathy debía concederle era que no había hecho nada más, no se había encogido, ni hecho ningún sonido, ni siquiera parpadeado. Mathy no quería sacar las cuentas de cuántos insultos de aquel tipo tendría que haber recibido para desarrollar tal nivel de insensibilidad, pero sabía que, si realmente quisiera, podría hacerlo.
Afortunadamente, no tuvo tiempo de reflexionar más en ello porque Hitoshi aprovechó su momento de distracción para recargar sus papeles sobre la cabeza de Mathy.
—… okay, Mathy, en primer lugar, nada más le estás dando la razón, y en segundo, eso fue hace mucho tiempo.
La cara de Brooklyn se relajó de manera casi imperceptible antes contestar:
—Hitoshi, eso fue hace un año.
—¡Un año y siete meses!
—Hitoshi, está bien, de verdad.
Por un momento dio la impresión de que el peliazul iba a insistir, pero al cabo de un momento se encogió de hombros y volvió a mirar los papeles en su mano.
—De acuerdo. En todo caso, tengo que explicarles cómo se va a manejar la reunión de pre-inauguración.
—Que también es una de tus ideas para complicar el torneo —replicó inmediatamente Brooklyn, deslizándose con una facilidad que sorprendió a Mathy en su papel de subordinado molesto una vez más.
Aunque eso no significaba que estuviera dispuesta a que esos dos le hicieran perder todavía más el tiempo.
—¿Podemos saltarnos la parte de su dúo cómico y pasar a la explicación?
Brooklyn se abstuvo de contentar, pero si puso los ojos en blanco; Hitoshi no fue tan considerado.
—Niños, se supone que ustedes son jóvenes, ¿por qué actúan tan amargados?
Ninguno de los otros dos coordinadores contestó, pero al menos uno de ellos pensó que la respuesta a esa pregunta era "porque tenemos que lidiar contigo". Algo de su opinión, sin embargo, debió de haberse reflejado en su rostro porque Hitoshi procuró apurar el paso de la discusión.
—… Como iba diciendo, esta reunión está diseñada para poner a prueba varios factores en los equipos, desde su capacidad para elegir un buen representante a recabar información y comunicarla a sus compañeros, trabajo en equipo, habilidad para reaccionar a situaciones inesperadas y responder a crisis…
—Pensé que estábamos organizando un torneo de beyblade, no entrenando a los equipos a enfrentar un desastre natural —comentó Mathy, arqueando las cejas en un gesto inquisitivo.
—¡Nunca se sabe! De todas formas, es un poco para comprobar que tan bien funcionan los equipos que se formaron y cómo han mejorado o empeorado los otros equipos.
—¿Y cómo —comenzó a decir Mathy, quien en ese punto ya había pasado a ignorar por completo el bonche de papeles que se suponía tenía que memorizar— se supone que vamos a hacer eso si estamos ocupados con nuestros propios equipos?
—Porque si vas a introducir nuevos coordinadores para cada equipo la verdad es que te estas tardando, tendrán que ser personas con experiencia, porque no podemos darnos el lujo de tener que instruirlos —añadió Brooklyn, antes de inclinar un poco la cabeza hacia su compañera a modo de reconocimiento—. Sin ofender.
—No estaba ofendida hasta que dijiste "sin ofender", Brooklyn.
—Pues.
Era obvio que si se les daba la oportunidad de continuar los dos nuevos coordinadores iban a terminar metidos en un pleito; lo bueno era que Hitoshi no tenía que preocuparse por eso. Todavía no les había dicho la mejor parte.
El peliazul abrió mucho los ojos y se tapó la boca con una mano en un gesto dramático exagerado que de inmediato captó la atención de sus dos subordinados.
—Oh —dijo, en un tono consternado—, ¿no les avise?
Ni bien había acabado de decir las palabras, Brooklyn ya se había alterado al punto de recordarle a Hitoshi a su gato cuando le daba por esponjarse y hacer ruidos infernales.
—¿Qué? —Exclamó el muchacho, a la defensiva y tratando de fingir que no.
Mathy fue mucho más directa, entrecerrando los ojos y agarrando de nuevo sus hojas impresas con toda la intención de utilizarlas como arma.
—Qué.
Hitoshi se cruzó de brazos y suspiró lo más ruidosamente que podía antes de asentir regiamente con la cabeza.
—Nosotros tres nos haremos cargo de todos los equipos.
—¡¿QUÉ?! —El grito combinado de Mathy y Brooklyn fue una experiencia maravillosa para el mayor de los Kinomiya, quien continuó con su charada despiadadamente.
—… ¿No les avise?
—¿Tú qué crees? —Masculló el muchacho pelirrojo, al tiempo que dejaba caer pesadamente su cabeza sobre sus hojas.
—No, nos avisaste —confirmó Mathy, mientras elegía tomar un acercamiento más proactivo y le lanzaba sus papeles a Hitoshi, quien los esquivo fácilmente. Las cosas buenas de haber tenido por hobby pretender ser un ninja.
—Oh, bueno. Entonces, les aviso…
—¡Es demasiado tarde para eso! —Ladró Brooklyn, todavía con la cara hundida en los papeles.
—No, no, déjenme explicar. No les vamos a prestar la misma atención súper personalizada que a los equipos recién creados, por supuesto; simplemente seremos las personas con las que deberán acudir en caso de tener dudas o peticiones, es un rol mucho más pasivo que hacerla de niñeros, erm, cuidadores.
El pelirrojo levantó un poco la cabeza, tan sólo lo suficiente como para ver a sus interlocutores sin tener que despegar la barbilla de sus hojas.
—No tienes que fingir que no quisiste decir lo anterior, Hitoshi.
El peliazul lo ignoró.
—Nos dividiremos los equipos, ustedes dos se encargaran de cuatro y yo de cinco, además de los equipos que ya teníamos asignados.
—… Por favor dime que no vas a usar tu tómbola otra vez, por favor —Mahy prácticamente suplicó, hundiendo su propia cabeza entre sus brazos—. Brooklyn, dile que no use la tómbola otra vez. No puedo soportar esa clase de humillación.
—Hitoshi, por favor no uses la tómbola otra vez…
—¡No iba a usar la tómbola!
—¿En serio? —Inquirió Brooklyn, sin confiar ni un poquito en Hitoshi.
—En serio, me tome la molestia de pensar en cómo dividir los equipos y todo y así es como me pagan.
—¿De verdad? ¿De verdad?
—¿De verdad? —Insistió también Mathy, probablemente considerando que tenía que contribuir con algo en la conversación.
—Son unos ingratos y tienen suerte de que sea su superior —espetó Hitoshi con toda honestidad—; los criterios son la facilidad con la que se pueden controlar a los equipos o las conexiones ya existentes; en lugar de tratar de evitar un conflicto de intereses, explotaremos las relaciones que cada una tiene. Brooklyn, obviamente estas a cargo de BEGA, además, te asigne a equipos que son un poco raros, como tú, pero no son desastres ambulantes: los All Starz, los Majestics y los… ¿las? Como sea, el equipo que se llama Tzitzimime. A Mathy, como la más nueva, le tocarán los que considero son bastante controlables: la Dinastía F, los White Tigers X, los Umbreakables… y a un tipo que me da una mala espina como tienen idea y no lo quiero a menos de seis metros de mí, así que, los Black Death son tuyos.
—Muchas gracias por eso.
—De nada. Yo tomaré a los equipos más difíciles: los Bladebreakers, los Blitzkrieg Boys, el Batallón Barthez, los Light Soldiers y… los Wayward Souls.
Brooklyn había estado a punto de quejar, Mathy había estado a punto de soltar un comentario ácido al respecto, pero la extraña pausa (casi duda, casi aflicción) que se había colado en la lista de Hitoshi los detuvo. Aquello en definitiva no era normal. Aunque Hitoshi estaba tratando de fingir que nunca había pasado y seguía hablando como si nada.
—En fin, los equipos estarán divididos de esta manera en la pre-inauguración, en una especie de mesa redonda, cada uno de nosotros actuara como moderador y responderá las preguntas de los representantes. La cuestión para hacerlo interesante, claro, es que las tres mesas se llevan a cabo al mismo tiempo, cada miembro podrá hacer un número limitado de preguntas y tendrán un tiempo limitado para comunicar toda la información que sean capaces de reunir a sus equipos en cuanto se dé por terminada la reunión.
Mathy miró a Brooklyn con cierta sorpresa, mirada que el muchacho contestó con una llena de aprehensión; lo que Hitoshi proponía distaba mucho del sano entretenimiento que se suponía que fuera el torneo de beyblade. De hecho, si habían entendido bien la actividad que pretendía realizar…
Brooklyn tragó saliva, cuando intentó hablar su voz sonaba como si estuviera pasando a través de un plato de gelatina.
—En otras palabras…
El rostro de Kinomiya súbitamente se desencajó en una sonrisa a la que bien podría haberse aplicado el adjetivo de "malévola"; Brooklyn se atragantó con su propio aire. Tal vez para eso ellos dos necesitaban Mathy, quien no se vio afectada de ninguna manera por la expresión del peliazul (después de todo, había visto muchas peores dirigidas a ella misma).
—En otras palabras, además de tener que prestar atención a las preguntas que hagan en su mesa, tendrán que intentar escuchar las conversaciones que se lleven a cabo en las otras dos, tendrán que cuidar que sus preguntas no se repitan o entrecrucen…
—Por supuesto, no podrán intervenir con las otras mesas y solicitar que se repita una respuesta se contará como una pregunta gastada, adicionalmente, no se proporcionaran elementos con los que tomar notas y no nos tomaremos la molestia de esperar a que terminen de escribir en los materiales que ellos mismos traigan antes de pasar a otra pregunta —siguió diciendo Hitoshi, como si aquel circo de terror fuera lo más natural del mundo, incluso antes de añadir—: por no mencionar que es perfectamente válido sabotear la reunión a fin de que todos tengan la menor información posible y dificultarles el torneo, si es que alguien tiene fe en que su equipo pueda lidiar con dicha situación. Considérenlo como una carrera de obstáculos mental.
—Hitoshi, a veces realmente me sorprendes —dijo Brooklyn, con voz ahogada.
—Sí, la verdad es que me arrepiento de lo que dije antes, obviamente tú eres el que tiene la mente más retorcida de nosotros —concedió Mathy, algo impresionada.
Fue el turno de Hitoshi de poner los ojos en blanco.
—Lo tomare como un cumplido, ahora, prepárense para trabajar.
summer autumn winter spring
No se podía decir que la cosa había empezado bien, porque todavía no había empezado, pero al menos los representantes de los equipos se habían sentado en sus lugares designados y ya estaban inspeccionando las tres tarjetas de colores con un signo de interrogación impreso en el centro que habían estado colocadas bajo los trípticos con sus nombres.
Hitoshi, por supuesto, había pensado que eso sería divertido; pensaba que sería divertido y lo mejor sería aprovecharlo mientras todavía podía. Antes de que las cosas se pusieran definitivamente menos divertidas.
—¡Buenos días y bienvenidos a la sesión de pre-inauguración e información del torneo de Beyblade! —Fue lo primero que dijo, una vez que ocupó su asiento designado y mientras Brooklyn y Mathy se dirigían a los suyos.
Hubo una serie de respuestas cordiales antes de que todo se sumiera en un silencio expectante y un poco incómodo; Mathy y Brooklyn rebulleron en sus asientos mientras Hitoshi se dedicaba a sonreír sin disimulos a todos los presentes. Los representantes intercambiaron miradas y, todo lo educadamente que podían, aguardaron en silencio a que continuara por unos buenos tres minutos. Y, mientras que Hitoshi no paraba de sonreír, los otros dos coordinares no se estaban tomando aquel silencio incómodo demasiado bien, Brooklyn prácticamente se retorcía en su asiento con una mueca de contrición como la que su equipo no le veía desde hacía alrededor de un año y siete meses, y a Mathy le había dado por esconder la cara detrás de un bloc de hojas amarillas.
Finalmente, Lintu se cansó de esperar y le preguntó al coordinador de su mesa:
—Entonces, ¿nos dices qué vamos a hacer o qué?
Hitoshi sonrió, obviamente complacido.
—Muchas gracias, Lintu. ¿Me pasas una de tus tarjetas?
La muchacha alzó una ceja pero accedió a pasarle una de las tarjetas con un signo de interrogación en su posesión al peliazul, quien asintió con la cabeza antes de aclararse la garganta y alzar la voz para que todos los presentes pudieran escucharlo.
—Bien, está es la dinámica de este ejercicio: podrán hacer una pregunta por cada tarjeta que tengan para recabar la información que crean necesaria sobre el torneo y cada uno de los coordinadores presentes hará su mejor esfuerzo para responderla. Claro, todas las preguntas cuentan, así que esperamos que presten atención.
Brooklyn nada más hacía caras de fastidio ante lo que para él eran las mentiras descaradas de Hitoshi; en especial eso de que iban a hacer su mejor esfuerzo para responder las preguntas, porque estaba seguro que si a algo le iba a dedicar esfuerzo era dar las respuestas menos útiles que fuera posible. El pelirrojo volteó a ver a Mathy, quien también lo estaba viendo con cierto aire de incredulidad, era obvio que se iban a tener que esforzar para que este ejercicio no fuera un completo desastre.
Hitoshi se aclaró la garganta.
—Entonces, ¿alguien quiere hacer la siguiente pregunta?
Alguien más en su mesa alzó la mano, era el representante de los Waywards Souls, un muchacho albino con ojos violáceos, con una sonrisa absolutamente perfecta y vestido como si se hubiera perdido de camino a una fiesta de alfombra roja. En otras circunstancias, Hitoshi habría apreciado el esfuerzo de vestirse algo formal para la ocasión; en sus circunstancias actuales, sin embargo, se limitó a asentir con la cabeza con un movimiento casi espasmódico.
—¿Si, Beirekêr?
El susodicho resplandeció ante la mención de su nombre antes de deslizar una de sus tarjetas hacia Hitoshi por encima de la mesa y hacer su pregunta, la cual fue:
—¿Estás soltero?
El silencio que siguió tal frase fue, si lo pueden creer, todavía más incómodo que el que había reinado en el cuarto durante esos tres minutos muertos anteriores.
De cualquier otra persona, absolutamente cualquier otra persona, aquella pregunta probablemente hubiera conseguido que Hitoshi se sonrojara, mínimo, tal vez más por sentir vergüenza ajena, pero ese no era el punto; sin embargo, dado que la pregunta había salido de la boca del representante de los Wayward Souls, lo único que logró fue que la ceja de Kinomiya temblara levemente por un momento mientras su expresión entera se avinagraba y prometía un final decisivo y desagradable para todo aquel que hiciera una pregunta igual de estúpida.
—Sí, estoy soltero. Cualquier otra pregunta de este tipo hará que sean expulsados de la reunión y su equipo será penalizado en el torneo.
El muchacho albino se encogió de hombros antes de deslizar una segunda tarjeta hacia Hitoshi.
—De acuerdo, ¿qué desayunaste hoy?
Antes de que Hitoshi tuviera la oportunidad de responder, alguien en la mesa que presidia Brooklyn le había lanzado una tarjeta al pelirrojo con una intención asesina que estuvo a punto de sacarle un ojo.
—¡¿Puede hacer eso?! —Exclamó Yuzuriha, azotando las palmas de sus manos en la mesa.
—Ahh… si, la verdad es que sí puede —contestó el muchacho, con una sonrisa torcida, al mismo tiempo que, en su propia mesa, Hitoshi ponía los ojos en blanco y mascullaba algo que sonaba como "waffles, a ti qué te importa".
Inmediatamente después de eso, Bryan Kuznetov utilizó el mismo método que el representante de los Wayward Souls para deslizar una de sus cartas hacia el coordinador peliazul, acto seguido señaló al antes mencionado representante de los Wayward Souls y espetó:
—¿Habría alguna penalización si atacáramos a uno de los presentes, aunque fuera por una buena razón?
—Sí, me temo que sí.
Bryan bufó y cruzó los brazos antes de arrellanarse en el sillón; el representante de los Bladebreakers, que estaba a su lado, estiró el brazo para alcanzarle una de sus tarjetas a Hitoshi.
—¿Puedes decirnos cómo se llevarán a cabo los encuentros?
El coordinador asintió con una sonrisa que hizo que tanto Brooklyn como Mathy se encogieran un poco en sus asientos, antes de contestar:
—Puedo.
En la mesa de Brooklyn, Mystel se inclinó hacia el antiguo líder de BEGA y, en un momento totalmente fuera de personaje, susurró:
—Que maldito es, ¿siempre es así?
El pelirrojo optó por cubrirse la cara con las manos en lugar de contestar.
—Por favor, alguien haga una pregunta, no quiero tener que escuchar el desastre que va a terminar siendo esa mesa…
Emily York, representante de los All-Starz, le extendió una de sus tarjetas al pelirrojo.
—Quisiera saber cuáles son, exactamente, los criterios de cumplimiento de los beyblades que se pueden usar en el torneo y si hay limitaciones en específico respecto a los mismos.
Brooklyn dejó escapar un suspiro de alivio.
—En vista de que ese es un punto bastante importante y obligatorio, cada equipo recibirá tales lineamientos impresos después de esta reunión.
—Me parece bien.
En la mesa que presidia Mathy, la representante de los Gothic Lights colocó una de sus tarjetas en el centro de la mesa, como si se tratara de un juego de cartas, en lugar de entregársela a la coordinadora.
—Quisiera saber cuáles son los equipos que van a participar en el torneo y si podemos saber quiénes son los integrantes —enunció con cuidado Catra, ignorando decididamente a cierta persona que casi se había torcido el cuello para voltear a ver la mesa en la que estaba al escuchar su voz.
Mathy pareció considerar su respuesta con igual cuidado.
—Me parece que varios equipos son bastante conocidos, pero tienes razón, también hay bastantes equipos nuevos. Entre los ya conocidos y que no han tenido cambios en los integrantes, se encuentran los All Starz, los Bladebreakers, el Batallón Barthez, los Blitzkrieg Boys, la Dinastia F, los Majestics y los White Tigers X; BEGA tuvo un cambio, ya que Brooklyn funge como coordinador en este torneo y por lo tanto no puede participar; entre los equipos nuevos que clasificaron están los Black Death, los Light Soldiers, los Tzitzimime y los Unbreakables; y, por supuesto, los tres equipos que se formaron con las personas que clasificaron de manera individual fueron los Dark Elite, Nightwish y Gothic Lights.
Hubo una larga pausa, probablemente porque la mayoría intentada escribir toda aquella información ya fuera con lápiz y papel o en sus celulares, pero también había un aire un poco inquieto entre los presentes.
—Estee… —Catra jugueteó con otra de sus tarjetas, como si no se decidiera si la pregunta que quería hacer contaba; finalmente, puso la segunda tarjeta en el centro de la mesa—. ¿No te faltó un equipo?
Mathy se dio cuenta, con cierta alarma, de que le había faltado un equipo; de que no lo había contado en absoluto porque no le habían dado ninguna clase de información sobre tal equipo. Aunque no podía admitir eso.
—Desafortunadamente, Hitoshi acaparó todos los expedientes de los Wayward Souls, así que no conozco su estado o condición actual.
—Ah, si no va en contra de las reglas, yo mismo puedo responder esa pregunta —ofreció el representante de los Wayward Souls, sonriendo.
—Va en contra de las reglas —espetó Hitoshi, antes de añadir—: ya habían participado y no hay cambios en sus miembros. Siguiente pregunta.
Lintu aprovechó esa oportunidad para hacer una pregunta de verdad, en vista de que Hitoshi le había quitado su primera tarjeta nada más para explicar que tenían que hacer.
—Hasta donde yo sé, se supone que los equipos se dividirán al menos dos bloques, pero quiero saber si hay algún criterio especial para decidir qué grupos participan en cada bloque.
Hitoshi se rascó una mejilla con un gesto desganado mientras evitaba mirar a las personas en su mesa.
—Esa es una pregunta muy elaborada, ¿me imagino que no te contentaras si te digo que no tengo muchas ganas de responderla?
—Y por eso mismo no te pregunte si podías o querías responder.
—Está bien, está bien, que carácter —resopló el coordinador—. Tratamos de evitar que en un principio se repitieran encuentros pasados, es decir, equipos que ya se habían enfrentado antes, así que se dividieron los equipos nuevos para que hubiera el mismo número en cada bloque y tener posibilidades nuevas…
—Okay, ¿ves? No fue tan difícil —comentó Lintu, con algo de sarcasmo, mientras tomaba nota mental de la información.
—Tú no sabes eso, siento que me va a dar un calambre.
El posible calambre de Hitoshi fue interrumpido por una carta voladora que se estampó (de manera inofensiva) en la frente del muchacho. El culpable, el representante de los Blitzkrieg Boys, hizo una breve mueca de satisfacción.
—De la forma en que yo lo veo —comenzó a decir Bryan, en un tono poco amistoso—, hacer que los equipos nuevos se enfrenten a los que ya han participado antes nos pone en desventaja por la cantidad de información disponible, así que, ¿les van a dar más ventajas a los equipos recién formados o es nada más esto?
Los tres coordinadores presentes sintieron los clavos incluidos en aquella bomba de pregunta, pero afortunadamente sólo uno de ellos tenía que lidiar con aquel problema.
—Urg, ya decía yo que era demasiado bueno; tal vez me libré de todos los dementes, pero ahora estoy hasta la coronilla de mocosos amargados —masculló Hitoshi bajo su aliento.
—No me has respondido.
—De la forma en que yo lo veo, les estamos dando la oportunidad de enfrentarse a personas con poca o nada de experiencia jugando en equipo, participando en un torneo de esta escala o enfrentándose a beyluchadores profesionales de su estatura, así que me disculpas si no lo vemos como una ventaja para ellos. En ese sentido, y para contestar tu pregunta, no se les dará ninguna otra "ventaja".
Alguien en la mesa que presidía Brooklyn hizo sonidos como de disparos; era Mayáhuel, la representante de los Tzitzimime, quien también se había molestado en mover sus dedos índices como si fueran pistolas de un programa censurado por 4Kids, llamando la atención de casi todos los presentes.
—Um… ¡Uhh! ¡Perdón! No quise interrumpir, er, alguien haga una pregunta, por favor.
Su mesa, careciendo todo sentido de solidaridad, permaneció silenciosa. Fue alguien de la tercera mesa quien terminó salvándola de aquel momento incómodo.
—Yo tengo una pregunta —Catra colocó la última de sus tarjetas en el centro de la mesa—; además de lo que ya mencionaron sobre evitar encuentros pasados, ¿cómo se decidirá qué equipos se van a enfrentar?
—Aparte del criterio principal que ya mencionaron, se procuró evitar que se enfrentarán entre sí a los equipos nuevos, pero fuera de ello los encuentros se decidieron por azar.
—Okay, gracias.
Era afortunado que ningún miembro de su nuevo equipo estuviera presente, porque probablemente les sería difícil reconciliar la imagen que les había presentado con la actitud que estaba desplegando en aquellos momentos; y todo era culpa de Bryan Kuznetov. No sólo por el hecho de que o bien no la hubiera reconocido o la estuviera ignorando, sino porque, después del tiempo transcurrido, nada más verlo le hacía recordar la razón por la cual no era (y nunca había sido) parte de aquel equipo. Si no hubieran estado en mesas diferentes y Hitoshi no hubiera dicho que cualquier acto de violencia sería penalizado, habría querido darle un buen golpe. Incluso se conformaría con un puntapié en las espinillas.
Antes de que pudiera meditar un poco más sobre sus posibles actos violentos, el representante de la Dinastía F puso una de sus tarjetas sobre la pila en la mesa.
—Quisiera saber qué tipo de batallas habrá en el torneo, ¿todas van a ser de uno contra uno, o habrá posibilidades de dobles u otros?
—En teoría, las batallas serán individuales, a menos que ambos equipos elijan por acuerdo mutuo decidir al ganador mediante una sola batalla con dos o tres participantes de cada equipo.
—O-oh, ya veo —el muchacho sonrió y su cuerpo entero pareció hundirse un poco en la silla, reflejando su alivio.
Hubo algunos codazos y cuchicheos ante eso, pero es mejor no decir de parte de quienes. Tras lo cual, y como no era participe de ello, el representante de los Bladebreakers se aclaró la garganta y le entregó a Hitoshi una de sus tarjetas.
—Sólo para confirmar, me gustaría que nos dijeras cuáles serán las condiciones para ganar o perder un encuentro.
Hitoshi agradeció internamente que alguien tan juicioso estuviera en el mismo equipo que su hermanito; era una verdadera bendición que lo dejaba dormir por las noches. De verdad. Incluso si lo encontraba un poquitín aburrido.
—Lo más básico se mantiene: si un beyblade sale del plato o deja de girar se considera una derrota para ese beyluchador, en casos más extremos, lo mismo pasa si el beyblade es destruido. De igual manera, es posible que uno de los beyluchadores se dé por vencido verbalmente. En casos que requieran de un juicio más delicado, el referí tendrá la última palabra.
En la mesa que presidía Mathy, Mariah, la representante de los White Tigers X, colocó una de sus tarjetas en el centro de la mesa.
—¿Qué pasa en caso de un empate, o no se permitirán empates en primer lugar?
—Se permiten empates en las batallas individuales, pero no como resultado final de un encuentro.
Y tal vez Mathy hubiera alcanzado a explicar más las cosas, pero Raúl Fernández se le adelantó y prácticamente estampó una de sus tarjetas en el centro de la mesa.
—E-Entonces, ¿cómo se decidirá el equipo ganador de un encuentro que tenga un empate como resultado final?
Mathy decidió que no ganaba nada diciéndole que acaba de desperdiciar una de sus tarjetas y mejor optó por contestar:
—Dependiendo de cómo se hayan llevado a cabo los encuentros, de manera individual o en grupo, se decidirá el tipo de desempate, el cual también puede ser acordado entre los equipos; también es posible, como Hitoshi señaló antes, que un equipo se declaré como el perdedor por voluntad propia.
En su mesa, Brooklyn sintió que alguien le daba unos golpecitos en el hombro y al voltear se encontró cara a cara con un sonriente Oliver Polanski, el representante de los Majestics, quien le ofrecía una de sus tarjetas; obviamente aquello no podía acabar bien.
—¿Si?
—¿Quisiera saber qué sucede si un equipo hace trampa durante los encuentros?
En la mesa de Hitoshi, la representante del Batallón Barthez (¿y no era una ironía que hubieran decidido conservar aquel nombre, después de todo?), Matilda Alster, se encogió ante las palabras. De no haberlas merecido, alguien probablemente hubiera dicho algo. Brooklyn cuadró los hombros y trató de mantenerse lo más ecuánime posible.
—Obviamente, la BBA y todos los involucrados harán todo lo posible por evitar dicha situación y penalizar a los culpables, ya sea que se trate de un solo individuo o de un equipo completo.
Hitoshi apenas y se sorprendió cuando Matilda le entregó dos de sus tarjetas, con un temblor apenas perceptible en sus manos que tuvo la decencia de fingir que no estaba ahí; la muchacha lo miró con unos ojos claros que decididamente lo impresionaron.
—Quiero saber qué acciones se considerarán como 'hacer trampa' o que serán infracciones de las reglas establecidas, y cuáles serán las consecuencias al respecto.
—Por supuesto, como pueden imaginar, no está permitido modificar un beyblade de manera que viole los parámetros establecidos que les estaremos enviando, alterar los platos que se utilizarán en el torneo, chantajear de cualquier manera a cualquier persona involucrada, desde el director de la BBA a los réferis o incluso a los miembros del equipo contrario, aceptar dicha clase de chantaje, amenazar, agredir o incapacitar por medios ilícitos a los miembros de un equipo con el fin de que no puedan asistir o desempeñarse de manera normal en el encuentro, interferir en la beybatalla de alguien más, utilizar elementos ajenos a su beyblade para obtener una ventaja injusta, y otras cosas que realmente espero sean de sentido común, como arrojarse al plato de beyblade, tomar rehenes o atacar físicamente al jugador contrario; por favor, alguien hágale saber a ese demente de Garland que ya incluimos esta medida oficialmente en las reglas y tiene que controlarse, por el amor de dios.
Alguien en la mesa de Brooklyn, que podría o no haber sido Yuzuriha, se rió entre dientes; Hitoshi decidió ignorar aquello y tomó aire, antes de proseguir:
—Las penalizaciones se decidirán dependiendo de la gravedad de la falta, desde una simple amonestación a no permitirle a un miembro participar en un encuentro e incluso la descalificación del equipo completo y expulsarlos por un período determinado o permanentemente de los torneos organizados o patrocinados por la BBA.
—Wow —Lintu arqueó una ceja—, ahora si te creería que te fuera a dar un calambre.
El coordinador peliazul le dirigió una mirada y una sonrisa medio sarcástica.
—Ni me digas, igual y ya no puedo seguir respondiendo preguntas.
Mystel, quien finalmente se había decidido a tomar parte en la dinámica, se aclaró la garganta y colocó una de sus tarjetas frente a Brooklyn.
—Ah, ya que estamos en la hora de reabrir viejas heridas, me gustaría escuchar cuál es la condición actual de la BBA, considerando que no se celebró un torneo el año pasado porque su estado no se lo permitía, y ahora parece que están echando la casa por la ventana.
El pelirrojo casi sonrió.
—La BBA se ha recuperado, gracias, en gran parte al apoyo de una de las empresas co-fundadoras que patrocina este torneo. ¿Alguien más quiere sacar traumas, deberíamos hacer de esta una sesión catártica?
—Er, mejor no —Mayáhuel, de los Tzitzimime alzó una de sus manos, luego, como recordando, alzo la otra, está vez sosteniendo una de sus tarjetas—. Huh, ¿te la doy?
—Lo… apreciaría mucho, ¿asumo que tienes una pregunta?
—¡Sí! —Mayáhuel le entregó la tarjeta a Brooklyn—. Okay, entonces, volviendo al tema, y con todo eso de las penalizaciones, ¿qué causaría que un equipo fuera descalificado?
Brooklyn se mordió la lengua porque había estado peligrosamente cerca de responder a eso con alguna variación de la frase "eso es de sentido común", antes de recordar la clase de circo en la que los torneos de beyblade usualmente terminaban por convertirse, a pesar de los mejores esfuerzos de los organizadores.
—Todo lo que mencionó Hitoshi, dependiendo ultimadamente de los resultados, podría causar una descalificación; aunque la decisión final estará a cargo de personas con más autoridad.
Casi antes de que hubiera terminado de hablar, Yuzuriha había estirado un brazo hacia él, sosteniendo una de sus tarjetas entre sus dedos.
—Hablando de descalificar, ¿habrá algún código a seguir durante las batallas?
—¿Quieres decir, aparte de todo lo mencionado? —Preguntó Brooklyn en un tono de voz completamente desapasionado, antes de agarrar la tarjeta que le ofrecía la muchacha—. Se espera que se comporten con algo de decencia básica y se abstengan en lo posible de violencia, pero como a final de cuentas todo esto no deja de ser un espectáculo, en tanto no haya daños permanentes, físicos o mentales o de propiedad, las autoridades se mostraran algo permisivas en este aspecto.
Y pensó "tampoco deja de ser un juego", pero no lo dijo. No había forma de que lo dijera.
No obstante, al tiempo que Brooklyn había comenzado a dar su respuesta, alguien en la mesa de Hitoshi había deslizado una de sus tarjetas hacía el coordinador y preguntado, ignorando por completo al otro coordinador:
—¿Cuáles serán los horarios de los encuentros?
Varias personas en su mesa (y algunas de las otras mesas) miraron al representante de los Light Soldiers, Drustanus Ceyx Rogatus, con una mezcla de sorpresa y "¡¿cómo te atreves?!". Hitoshi sonrió con toda la maldad de la que era capaz, hasta que Lintu (que en realidad no le tenía un gran respeto que digamos) le pegó un codazo en las costillas, recordándole que tenía que responder.
—¡Augh! Um, sí, bueno, como en realidad no podemos arriesgarnos a que culpen a esta reunión por no dejar claros esos datos, los equipos recibirán un itinerario impreso, por correo y habrá uno en la página web del torneo.
—Oh, gracias.
Algunos de los representantes de los equipos menos responsables también dieron las gracias silenciosamente, a pesar de haber perdido el hilo de la conversación en la mesa de Brooklyn.
La representante de los Unbreakables, Ambra Dam, colocó una de sus tarjetas en el centro de la mesa que presidía Mathy antes de comenzar a hablar.
—Si no mal recuerdo, la primera y la segunda etapa se llevarán a cabo en lugares diferentes, ya nos avisaron que la primera sería en México, pero me gustaría que fueran más específicos al respecto.
—La primera etapa se llevará a cabo en la capital del país anfitrión, mientras que la segunda tendrá lugar en una ubicación todavía no revelada de Nueva Zelanda —respondió Mathy—; lo más probable es que hagan el anuncio oficial al terminar la primera etapa. ¿Algo más?
Ambra colocó sus dos tarjetas restantes al centro de la mesa.
—Si, en realidad. Quiero saber si van a proporcionar transportes para que los equipos se trasladen de una locación a otra y si también correrá por cuenta suya el alojamiento de los equipos en ambas locaciones.
—La BBA organizará y cubrirá los gastos principales de transporte y hospedaje, tal como se había hecho hasta ahora; si desean moverse por su cuenta, entonces eso se considerará como "de su propio bolsillo" —contestó Mathy, parafraseando una versión resumida del capítulo entero que había tenido que memorizar al respecto—. ¿Alguien más?
Brooklyn, que estaba distraído contemplando que pasaba en la mesa de Mathy, casi brincó en su asiento cuando una tarjeta apareció justo enfrente de su cara.
—Yo tengo una pregunta —dijo Yuzuriha, una vez que estaba segura de haber captado la atención del coordinador pelirrojo—, en medio de todo este ir y venir, ¿también habrá ciertas reglas que tengamos que seguir?
Brooklyn parpadeó, era una buena pregunta; ni siquiera estaba seguro de que sus manuales de género tabicón hubieran cubierto esa parte. Lo más discretamente que podía, volteó a mirar a Hitoshi, porque se suponía que era el que más sabía de los tres (incluso si en esos momentos estaba cubriéndose la boca con las tarjetas como si fueran un abanico, probablemente para disimular el hecho de que estaba tratando de no reírse), y luego a Mathy, quien prácticamente se sabía de memoria todos los documentos que les habían hecho leer (y quien había decidido mirar atentamente la pared, en un mudo gesto de desaprobación por no haber memorizado dichos papeles); sobra decir que eso no ayudó mucho.
Mentalmente, Brooklyn se encogió de hombros.
—Si —contestó, con toda la seriedad de la que era capaz.
Y luego cerró la boca, sin tener intenciones de volverla a abrir.
Desde la mesa de Hitoshi se oyó un sonido raro, como una cruza de gaita desinflándose y juguete para perro apachurrado, que probablemente era Hitoshi, todavía luchando por controlar su risa. En su propia mesa, Brooklyn creyó escuchar que Yuzuriha le había dicho una frase que no podía repetir. Brooklyn decidió fingir que no había oído nada.
Mientras tanto, Hitoshi se vio forzado a dejar de reírse y tratar de recuperar el aliento cuando Drustanus deslizó otra tarjeta hacía él.
—Quisiera saber qué clase de premios se entregarán a los ganadores.
—Huh —dijo, inteligentemente, en medio de un corto circuito, porque, bueno, esa no era la clase de pregunta que había esperado de un equipo "patrocinado" por una institución religiosa.
—En particular —Drustanus aclaró, sin que tuvieran que preguntarle—, me interesa saber si podremos disponer libremente del premio, sin importarla naturaleza del mismo, por ejemplo, con fines de caridad, o si podremos utilizar la publicidad de ser ganadores como mejor nos parezca.
Hitoshi alzó una ceja, aquella era una posibilidad bastante peligrosa, el dejar que un grupo religioso se beneficiara de la publicidad de un deporte en pleno auge como el beyblade, aunque, por suerte, no creía que tuviera que preocuparse mucho al respecto.
—Los premios seguirán siendo parecidos a los de años anteriores, la manera en que un equipo desee utilizarlos podrá discutirse en más detalle con las autoridades apropiadas cuando haya un equipo ganador.
—Ya veo —Drustanus no se vio afectado en lo más mínimo por las evasivas del coordinador y simplemente asintió con la cabeza.
En la mesa de Mathy, la representante de los Black Death, Zatanna Abyss, que hasta ese momento había observado todo el desarrollo de la dinámica sin mostrar ningún interés, colocó una de sus tarjetas al centro de la mesa con un movimiento grácil.
—Lo único que me interesa sabes es si está permitido hacer apuestas.
—De manera oficial no se permiten las apuestas dentro del beyestadio, pero ciertamente no podemos detener a nadie que desee hacer apuestas por otros medios a menos que interfieran con el torneo.
Zatanna asintió antes de colocar una segunda tarjeta.
—¿Las personas que participan tampoco pueden hacer apuestas entre ellos?
—¿Entre los equipos, quieres decir?
—Eso es exactamente lo que quiero decir.
—En tanto sean "amistosas" y no involucren dinero o cualquier cosa que interfiera con el curso natural del torneo, ese tipo de apuestas serán admisibles.
Aquello desató otra ronda de cuchicheos que los coordinadores decidieron ignorar; los minutos siguientes se dedicaron a aclarar o repetir la información ya dada, cortesía de las personas que todavía tenían algunas tarjetas y estaban interesadas en recopilar dicha información.
Al menos hasta que Lintu recordó la muy importante misión que le había encomendado una de sus compañeras de equipo; de manera que colocó su última tarjeta frente a Hitoshi y preguntó:
—¿Hay algún código de vestimenta que tengamos que seguir? Digo, como va a ser un elemento televisado y hay ratings que cuidar…
El coordinador sonrió; Lintu resistió el impulso de darle un pisotón.
—Pues, les diría que no hay lineamientos rígidos en tanto se apeguen a su sentido común, pero… bueno, no creo que haya problemas en tanto lo mantengan PG, y de todas formas, si usan algo inapropiado no los dejaremos entrar al estadio. Por lo demás, no creo que haya problema.
Hitoshi inhaló profundamente, haciendo un esfuerzo por mantener una sonrisa plasmada en su cara; ya casi terminaban. De verdad que no volvía a hacer una estupidez de este tipo. Había sido divertido, peor también sentía que le iba a dar una migraña. Se aclaró la garganta.
—Creo que ya cubrimos casi todo, y que ya todos se acabaron sus tarjetas, ¿a alguien le queda alguna?
El representante de los Wayward Souls (quién si no, pensó agriamente Hitoshi) deslizó la última de sus tarjetas por encima de la mesa; el peliazul notó con cierta satisfacción que Bryan se había movido de manera que estuviera preparado para lanzarse como bala de cañón por encima de la mesa en cuanto terminara de formular su pregunta, al diablo con las penalizaciones.
—Quisiera saber cuáles son los protocolos a seguir en caso de emergencias durante la duración del torneo —fue lo que salió de la boca del muchacho, a pesar de la sonrisa pintada en su cara y de la voz recubierta de azúcar que había utilizado para pronunciar las palabras.
Bryan se congeló con las dos manos y una rodilla apoyadas en la mesa, en parte porque Rei se había apresurado a jalarlo por la tela de su ropa para detenerlo.
Hitoshi debería de haberse sorprendido ante tal cambio de actitud, debería haberse mostrado sorprendido, aunque fuera sólo fingido; pero Hitoshi sabía con quién estaba tratando, aquello… aquello iba mucho más de acuerdo con la personalidad de Beirekêr.
Ni siquiera tuvo que aclararse la garganta antes de responder.
—En caso de cualquier emergencia que se pueda clasificar como desastre natural se seguirán las prácticas estándar establecidas, además, contamos con un grupo de expertos para garantizar la seguridad de todos los participantes y personal involucrado, así como la cooperación de las autoridades locales para velar por el bienestar de todos los demás espectadores y personas no relacionadas directamente.
El muchacho asintió, aparentemente complacido con la respuesta, y se levantó de su asiento, todavía sonriendo como un ingrato.
—¡Perfecto! En ese caso, creo que será mejor comunicarle a mi equipo toda la maravillosa y útil información aquí aprendida, antes de que nos lo impidan, porque me imagino que eso es parte del ejercicio.
Hitoshi se encogió de hombros.
—Tienen quince minutos antes de que se corten las líneas de teléfono y el internet y confisquemos todo aparato que pueda servirles para contactar al mundo exterior.
La gran mayoría de los presentes, al escuchar tales palabras, procedió a salir de la sala de conferencias como una estampida de búfalos, sin importar a quien pudieran atropellar en el proceso, para comunicarles toda la información posible a sus respectivos equipos.
Mathy y Brooklyn voltearon a mirar a Hitoshi con expresiones algo turbadas.
—Bueno —dijo él, cruzándose de brazos—, creo que eso salió bastante bien.
reaped their sowing and went their came
Nunca habían tenido un código secreto ni nada por el estilo; a lo mucho, usaban eufemismos y lo que hacían habría podido considerarse estar jugando a ser espías. Pero, en aquel juego al menos, habían sido unos espías condenadamente buenos.
Kirei se llevó un dedo a los labios, volvió la cabeza para poder fijar su mirada en el reloj de pared; había micrófonos ocultos en casi todas las habitaciones, la gente que se preocupaba por ella siempre temía que hiciera algo estúpido y ruidoso, de verdad.
La chica rubia que había estado acostada en su sillón se incorporó y movió la cabeza en un gesto de negativa.
—Hola, Kirei —dijo, enunciando las palabras para que el micrófono las captara claramente—; cuánto tiempo sin vernos.
—Cuanto tiempo, sí —entonces ya sabían que estaba aquí, en cuyo caso no estaban rompiendo las reglas; bien.
… No, aquello no podía estar posiblemente bien. Aquello tenía el potencial de volverse algo terrible.
—¿Puedo ofrecerte algo?
—No, gracias, ésta es una visita oficial y todo lo corta que eso conlleva.
Lo que significaba que no sólo sabían que estaba ahí sino que la habían enviado, a pesar de las prohibiciones que ellos mismos habían establecido al respecto; sin embargo aquello descartaba toda posibilidad de una visita social… de un encuentro amistoso. Kirei le dio la espalda a su invitada y se dirigió a la cocina.
—En ese caso, espero no te moleste si yo tomo algo.
—Si eso te hace sentir mejor…
No la hacía sentir ni un poquito mejor, pero necesitaba algo de tiempo para poner en orden sus pensamientos, aunque fuera el minuto y medio que le tomaba sacar una botella de agua del refrigerador y abrirla; lo más apropiado y acorde a su carácter hubiera sido preparar una infusión aromática, pero había ciertas personas con las que no valía la pena el esfuerzo de conservar las apariencias y la chica que la esperaba en la sala era una de ellas. Además, las manos le temblaban demasiado en esos momentos como para arriesgarse a poner agua a hervir. Cuando regresó a la sala, había un sobre blanco esperándola en la mesa de centro; Kirei tuvo buen cuidado de mantener sus ojos fijos en el mismo en lo que su acompañante explicaba qué era.
—Es una invitación al torneo que va a comenzar, bueno, sería más apropiado decir "llamamiento", en nuestro caso —la chica frunció el ceño ante el sonido que emitió su interlocutora y bajo la voz antes de continuar—. No quisieron "mostrarnos", por así decirlo, en las preliminares, y no se nos dio la opción de rehusarnos a tomar parte en el torneo; básicamente nos asignaron participar en equipo como una misión.
Kirei cerró los ojos, esperando que aquel gesto la ayudará a calmar la sensación de vértigo que la acababa de atacar; a decir verdad, en esos momentos estaba experimentando algo muy similar a la denominada "llamada del vacío": el súbito e irracional arrebato que experimenta una persona al encontrarse al borde de un precipicio, real o metafórico, de saltar, tal vez debido al deseo imposible de volar como las aves que había eludido la biología humana. Estaba segura de que si se permitía mirar el rostro de su acompañante no dudaría en saltar, jubilosamente, del borde a lo largo del cual se había arrastrado por tanto tiempo, cuya existencia casi había olvidado simplemente porque nadie le había hecho mirarlo, pero—
Primero, habían estado los Bladebreakers.
(La segunda regla que le habían impuesto era que no podía acercarse a ningún beyblade ni a ningún beyluchador; pero ellos la habían forzado a romperla, ¿qué esperaban?)
Y ahora, aquí estaba, con una prueba irrefutable de que todas aquellas condiciones habían llevado implícita la leyenda de "en tanto nos convenga".
(La primera regla había sido, por supuesto, que ella misma no podía tener un beyblade ni utilizarlo; pero ahora le estaban enviando una convocatoria para participar en el torneo que iba a empezar; ¿qué estaban pensando?)
Por lo tanto, los esfuerzos y sacrificios que había hecho Kirei, habían resultado ser completamente inútiles. Alzó la mirada hacia su acompañante, aunque sólo fuera para confirmar lo que ya sabía: la chica estaba sonriendo; no le sorprendía en lo más mínimo, de todo ellos, ella siempre había tenido un talento descomunal para notar las peores partes de los demás. Las manos le temblaban todavía, sí, pero Kirei estaría mintiendo si dijese que era de miedo.
—Entiendo —dijo, porque no podía decir "está bien" cuando todo estaba tan jodidamente mal.
—Eso sí que sería una sorpresa —se rió la chica, levantándose del sillón y encaminándose hacia la puerta—. Aunque, siendo honestos, creo que el que entendamos o no es la menor de sus preocupaciones, en tanto cumplamos con lo que nos piden —y después añadió, más para los micrófonos que para su compañera—: que es exactamente lo que haremos, lo mejor que podamos, blah blah obediencia y arrepentimiento blah.
Todavía estaba riéndose entre dientes cuando azotó la puerta tras de sí; finalmente, Kirei se permitió dejar que se le doblaran las rodillas, se deslizó con lentitud hacia el suelo y se agarró el rostro con las manos, enterrando las puntas de sus dedos en su carne y en su cuero cabelludo, mientras respiraba la boca y contenía la risa ahogada que luchaba por escapársele.
Así era como daba por terminada esa maravillosa farsa que le habían obligado a representar, la vida que le habían impuesto por su propio bien, sesgada por la misma mano. ¿Qué había estado haciendo esos últimos cuatro años, entonces? ¿Ocultándose de sí misma, viviendo de sueños que le habían prestado, esperanzas que no habían sido nunca suyas? Si… por supuesto que sí, había estado haciendo todo eso y más; pero ya no.
Tan rápido como la había perdido, recobró la compostura; se levantó, tomó la invitación que todavía yacía en la mesa entre sus manos.
—Con los mejores saludos de las Almas Descarriadas —canturreó Kirei bajo su aliento, mientras rasgaba en pedacitos el sobre, sin molestarse siquiera en abrirlo; después de todo, la clase de cosas para las cuales llamarían a su equipo no podían ponerse en papel.
¿Querían que volviera? Bien, muy bien, eso es exactamente lo que haría.
La Reina de la Destrucción volvería a los platos de beyblade y no habría manera de evitarlo.
sun moon stars rain
Era una decisión más bien ceremonial, pero Kirei había extendido un lazo entre ella y el equipo que le habían asignado y lo más apropiado era cortarlo antes de ir a ahorcarse con otro muy diferente. Era lo único que podía hacer, dadas las circunstancias, y las posibilidades de que acabara bien eran prácticamente nulas, pero era lo correcto. Esperaba que fuera lo correcto.
Les habían avisado de aquella reunión de emergencia hacia menos de una hora pero Kirei no dudaba de que vendrían, el que los había llamado había sido el señor Dickenson, después de todo, no era una persona a la que fuera fácil decirle que "no". No era persona que aceptara un "no" por respuesta, tampoco, y eso también era parte del problema, pero estaba tratando de no pensar en eso.
La puerta se abrió, el inconfundible chachareo que seguía a los Bladebreakers a donde fueran fluyó del pasillo al interior de la oficina del señor Dickenson, estaban hablando de ella, por supuesto, de su entrenamiento con ella, de que ella, sin duda alguna, era la razón por la cual los habían llamado y Takao, cállate, está sentada justo allí, tarado; Kirei hubiese querido echarse a reír o a llorar ante lo absurdo del asunto, pero la noticia que había recibido ya había comenzado a surtir efecto, ya se sentía desconectada de lo que debía o no sentir. Entumecida, como si se hubiera dormido sobre su propio brazo, perdiendo toda sensibilidad.
(Si, aquello también estaba bien, probablemente era lo mejor.)
Se levantó, haciendo que las patas de la silla chirriaran y encaró a los miembros de lo que estaba a punto de convertirse en su ex-equipo; no que en realidad hubiera llegado a ser parte de los Blabreakers, pero bueno.
—¡Buenas tardes, equipo! —Exclamó, con un muy obvio falso entusiasmo, consciente de que la entonación de sus palabras era extraña, la expresión de su cara, sus gestos casi espasmódicos debían de parecerles discordantes y artificiales, como los de un autómata descompuesto—. Estamos aquí reunidos para una ocasión muy especial, el señor Dickenson aquí presente y su servidora acabamos de discutir el magnífico y sorprendente desarrollo que han tenido esta última semana de entrenamiento, estamos más que complacidos, ¿no es así, señor Dickenson?
—Por supuesto, a pesar de las dificultades iniciales, parecen haber obtenido unos muy buenos resultados.
—¡Exactamente! Y es por esta razón que les tenemos la noticia que seguramente estaban esperando: ¡el entrenamiento está oficialmente concluido, felicidades!
Era la clase de anuncio que debería haber sido acompañado por espanta-suegras y cantidades obscenas de confeti, tal vez un letrero colorido, pero, mientras que lo habían considerado, no habían tenido tiempo de preparar ninguna de esas cosas. El señor Dickenson había mandado a alguien a comprar un pastel, al menos. No era el tipo de anuncio que debería haber sido recibido con caras de estupefacción y silencio sepulcral. O truenos.
Verdaderamente fantástico; estaba lloviendo, hasta el clima había decidido ser era poéticamente estúpido.
—Felicidades, muchachos —intervino rápidamente el señor Dickenson, tratando de salvar la situación—. No pensé que fueran a mejorar tan rápido, pero parece que están listos para el torneo. Me gustaría que usaran estos próximos días para descansar, recuperarse y prepararse para su estancia en Nueva Zelanda.
—¡Felicidades! —Reiteró Kirei, rogando porque repetir aquella palabra suficientes veces terminara por convencer a los Bladebreakers de que toda esa situación era normal y positiva y exactamente lo que deberían querer; incluso trató de darle énfasis aplaudiendo un poco en el silencio incomodo que reinaba en la oficina y agradeció internamente que Rei hubiera sido enviado como representante, después de todo, aquel chico era decididamente el más listo de ellos.
—¿Qué significa esto, señor Dickenson? —Interrumpió Kenny con un tono de voz tan circunspecto que Kirei terminó su aplauso casi aplastándose los dedos.
Corrección: el segundo más listo.
—No es una buena idea interrumpir un régimen de entrenamiento tan abruptamente, estuvo bien descansar el fin de semana, pero si dejamos de entrenar los próximos días nada nos asegura que nos mantendremos en el nivel que conseguimos alcanzar —interrumpió Max, soltando una frase que nadie esperaba de él.
Kirei resistió el impulso de morderse la lengua, un nervio le saltaba en la mejilla; okay, así que obviamente había sobreestimado a Rei. Max era el verdadero genio del grupo. O tal vez lo que acababa de decir lo había oído de su madre, quién sabe.
—Es… tamos muy conscientes de este problema, por supuesto, no era nuestra intención que no entrenaran en absoluto estos días, pero sí que… se prepararan más mental que físicamente.
No era una mentira exactamente, algo de preparación mental seguramente les serviría para cuando descubrieran que era muy posible que terminaran enfrentándose con su entrenadora en el torneo.
—Claro —Kenny escupió la palabra con tanto veneno que sorprendió a todos los presentes—; y supongo que no nos dirán la verdadera razón por la cual el entrenamiento contigo debe interrumpirse tan súbitamente.
La mandíbula de alguien (probablemente Takao, casi llegó a tocar el suelo) ante la inesperada hostilidad del muchacho; el señor Dickenson se levantó de su asiento, en un intento por calmar la situación.
—Ciertamente no esperábamos que les preocupara tanto saber la razón, pero si es lo que quieren no tenemos inconveniente.
Y cerró la boca, gesticulando hacía Kirei, como un mago que señala a su asistente antes de un truco de magia. Desviando la atención de su público de la trampa que estaba a punto de hacer; Kirei asintió con la cabeza sin perder un momento, entretejiendo las mentiras dentro de su cabeza a una velocidad que debería haberle resultado preocupante.
—Por supuesto, no quería molestarlos antes del torneo, en especial faltando tan poco, pero debido a Force Majeure, no puedo continuar actuando como su entrenadora. En el caso de que deseen continuar con un régimen de entrenamiento en preparación al torneo, la BBA les facilitará a otro entrenador.
—¿Y quién es ese Forz Menjurje para decidir si puedes entrenarnos o no?
—Ta-Takao, no es una persona… —Max levantó las manos, forzando una sonrisa, para tratar de corregir a su amigo; Kai prefirió golpearse la frente con la palma de la mano, reprochándose a sí mismo el haber tenido esperanzas en el muchacho.
—Quiero decir "Actos de Dios", "causas de fuerza mayor", llámalo como prefieras; el punto es que no puedo continuar entrenándolos —hubo una pausa extraña después de eso; por un momento su fuente de mentiras parecía haberse agotado, así que decidió decir, al menos, una verdad—: lo siento mucho.
—¿Lo sientes? —Finalmente, para bien o para mal, Kai se había decidido a abrir la boca—. Si ibas a renunciar a la mitad de tu trabajo hubiera sido mejor que no lo tomaras.
Oh, bueno, allá iba la tregua de la que tan orgullosa se había sentido hacía menos de veinticuatro horas. Tenía que ser un record.
—Hubiera sido mejor para todos, tal vez, pero pensar en el "hubiera" es un ejercicio poco fructífero. Ya hice todo lo que pude, todo lo que me… pidieron. Los entrené lo mejor que me fue posible, no pueden reclamarme eso.
—¡Te estamos reclamando que nos abandones así sin más justo cuando te necesitamos! —Explotó finalmente Takao, quien, más allá de las teorías sobre el entrenamiento apropiado y las sospechas que nunca se habían disipado, había aceptado a Kirei como una compañera; era un arma más cruel que las dos anteriores, aunque no lo supiera.
Decididamente, Kirei no miró al señor Dickenson y él tampoco la miro a ella, entre menos pareciera que habían planeado todo este circo, mejor. Aunque eso era exactamente lo que habían hecho, hasta un punto ridículo pero, aparentemente, necesario.
El plan A (distraerlos con el modo festivo) había fracasado estrepitosamente, el plan B (presentar su renuncia y ofrecerles a otro entrenador) solamente había logrado que sintieran más ganas de saber qué estaba pasando; los plane eran, por mucho, más desagradables: uno consistía en culpar la temprana conclusión del entrenamiento en la hostilidad que los Bladebreakers habían demostrado, ya que no querían arriesgarse a desbalancear al equipo antes del torneo (o eso les dirían, con lo que se arriesgaban a causar justamente eso), y el plan D era, bueno, el plan de operación estándar en el caso del equipo de Kirei—y no se refería a los Bladebreakers.
El plan era, como siempre, sacrificar al peón menos importante.
—Me disculpo, obviamente no será posible terminar nuestra relación amenamente, que es lo que esperaba conseguir con esta pequeña celebración. En todo caso, me resulta imposible entrenarlos ya que me encuentro en la precaria situación de tener que prepararme para el torneo; cosa que obviamente no puedo hacer si estoy ocupada con ustedes.
—El… ¿el torneo?
Kirei asintió lo más despiadadamente que pudo.
—Dado el conflicto de interés, el señor Dickenson decidió dar por terminado mi "fraternización" con ustedes, en especial para no darme oportunidad de reunir más información que pueda usar en su contra en el torneo. Y bien, esa es la explicación, ¿tienen alguna otra pregunta?
Nadie alcanzó a responderle porque justo en ese momento tocaron la puerta; era, como no podía ser de otra forma, el pastel que habían encargado con todo y el logo de los Bladebreakers (porque cuando el director de la BBA te decía que saltaras, tenías que preguntar qué tan alto). Era, también, el momento perfecto para escapar.
—Entonces, con su permiso me retiro.
Consiguió a salir por la puerta y, dado que echarse a correr (dramáticamente, a la vista de todos) no era en realidad una opción, se dirigió al elevador, pero ya entonces había una tromba tras ella. La flecha que indicaba que el elevador se tardaría una eternidad en llegar del lobby al piso donde se encontraba se iluminó burlonamente.
Detrás de ella, los pasos de la tromba resonaban, no se detuvieron hasta estar justo a sus espaldas y aún entonces Kirei podía escucharlo respirar.
No era Kai, ni siquiera era Kenny, quien finalmente tenía la oportunidad de decirle hasta de qué se iba a morir, y, obviamente, tampoco era Max. Era peor.
Takao pensó, en ese momento, que en realidad aquello era peor que Daichi, peor que Hiromi; aquello era ver a su equipo ser incapaz de mantenerse junto de nuevo, incluso si Kirei nunca había sido oficialmente parte del equipo. Si es que todavía podían llamarse un equipo, si es que alguna vez lo habían sido; Takao recordaba el último torneo, cuando cada uno de sus compañeros había regresado al equipo al que consideraban que pertenecían—al que siempre pertenecerían, como si los Bladebreakers fueran sólo un separador de páginas entre tantos.
Takao estaba harto.
—Si sabías que ibas participar en el torneo, si el señor Dickenson lo sabía… entonces, ¡¿para qué té asignó como nuestra entrenadora?!
Las puertas del elevador se habían abierto, misericordiosamente, y Kirei había conseguido escabullirse dentro, pero las palabras del muchacho la detuvieron. En gran parte porque eso era lo mismo, o algo muy parecido a lo que ella misma se había preguntado. También notó que los demás Bladebreakers habían optado por seguir a su líder, probablemente ni siquiera habían probado el pastel; lo cual era un pensamiento ridículo, pero toda aquella situación lo era.
Después de todo, allí estaba ella, acabando de renunciar a ser entrenadora de beyblade cuando Kirei Amamia no podía tocar un lanzador o un beyblade, porque esas habían sido las condiciones principales de su contrato. No le estaba permitido, o quizás ella misma había decidido renunciar por su salud mental. Kirei, después de todo, no era Jacey.
Y, como si eso fuera una revelación, Kirei golpeó el botón para detener las puertas del elevador antes de estas terminaran de cerrarse. Huir no le serviría de mucho, en especial si terminaría encontrándose con los Bladebrakers en el torneo, lo mejor era seguir su plan original y cortar sus conexiones con ellos de una vez. "Quemar puentes," era una expresión que usaba su padre; era bastante apropiada, con todo y las metafóricas quemaduras y posibilidades de asfixia. Así que alzó la cabeza y miró uno a uno a los muchachos frente a ella con expresión cansina; sabía bien que había escogido exponerse a un juicio con ellos y eran simplemente buenos modales escuchar la condena a la que la someterían.
—Takao, por favor, trata de moderar un poco tu voz —lo amonestó Kirei—; de verdad, ni el señor Dickenson ni yo misma esperábamos que sucediera esto. Fue más bien una decisión de último momento; una plaza quedó, desafortunadamente, vacía y para evitar descalificar a otro equipo se decidió invitar a uno de los previos finalistas, como la mayoría ya se encontraban entre los participantes, la plaza fue asignada al equipo al que pertenezco. Eso es todo, tan sólo mala suerte.
Por muchas razones, en especial considerando lo que había pasado hacía muy poco con todo el drama de BEGA, la reputación del señor Dickenson debía mantenerse impecable, intachable; cualquier tipo de consecuencia negativa que generara el hecho de que había prácticamente actuado como espía de un equipo rival por órdenes de este debía recaer en ella solamente. Debía, seguro, pero seguramente sabían a que se arriesgaban al pedirle que volviera. Deberían de haberlo sabido, en todo caso.
Kirei sonrió cuando volvió a dirigirse a ellos, un gesto que Kai reconocía.
—Más para ustedes que para mí, me temo. Realmente espero que no crean que no voy a compartir la información que tengo de ustedes con mi equipo, de verdad. El señor Dickenson prácticamente nos hizo un favor al asignarme como su entrenadora, ¿por qué no van y le echan pleito a él? Y ya que estamos en la hora feliz de las preguntas, y por pura curiosidad, ¿sabe la mayoría de ustedes rezar?
Ampollas metafóricas en su piel, quemaduras metafóricas en sus brazos, la piel de sus manos se había despegado, metafóricamente, de sus dedos carbonizados; así, así era como uno quemaba un puente. Kirei sonrió, hacía mucho que no se sentía tan satisfecha de sí misma; su sonrisa se siguió ensanchando hasta que las puertas del elevador se cerraron con el sonido de una campana y pudo estallar en carcajadas sin que los Bladebreakers pudieran ver como sucumbía a la histeria.
Eso sí, podían oírla perfectamente.
Takao parecía estar a punto de agarrarla a puñetazos contra la puerta, pero Kai lo detuvo; para gran sorpresa de todos los presentes, él mismo incluido. Que su boca se moviera y formara palabras completamente opuestas a lo que sentía también fue sorpresa.
—Déjalo, Takao; está bien —se oyó a decir, a pesar de que sus intenciones probablemente habían sido evitar que Takao le quitara la oportunidad de ser él quien golpeara la puerta; pero quizás era la verdad.
Quizás esto era lo mejor.
Tenía que serlo.
—Está bien —repitió, porque su equipo no se podía permitir desmoronarse (otra vez, todavía más).
Estoy desarrollando un apego malsano por las los coordinadores, especial cuando interactúan juntos. Creo que se nota (en parte porque Brooklyn es el interés amoroso secundario de Hitoshi, y Hitoshi es el interés amoroso secundario de prácticamente todo mundo).
Espero que me tome un poco menos de tiempo subir los demás capítulos, porque creo que estos eran los más graves, pero ya veremos.
Women and men (both dong and ding)
summer autumn winter spring
reaped their sowing and went their came
sun moon stars rain
E. E. Cummings, "anyone lived in a pretty how town"
