El siguiente día llegó para Iceman y Selina. Él se levantó temprano, consumido por la ansiedad y sin saber qué hacer para pasar el tiempo hasta que llegara la hora. Serena desayunó con su hijo y luego lo llevó con la señora Kinomoto, su vecina, quien lo cuidaba mientras ella estaba en el trabajo.

_Hoy pasaré temprano por él.

_No hay problema, querida. Tú ve tranquila.

_Se lo agradezco mucho, señora Kinomoto -se acercó a su hijo y lo besó en la mejilla- Adiós hijo, te portas bien ¿entendido?

_Si mami -le sonrió a su madre que le devolvió el gesto-.

Selina se fue directo a las oficinas de Lunatec, aunque en todo el día no logró concentrarse en su trabajo. Se preguntaba si lo que estaba haciendo estaba bien, si realmente era lo mejor para su hijo. Quería con todas sus fuerzas poder creer en la palabra de Iceman pero le resultaba muy difícil. La herida aún estaba abierta y dudaba que logre cicatrizar algún día. Para el albino destructor las cosas no eran muy distintas. Había decidido practicar un poco con Falcon en la terraza pero el pelirrojo lo estaba derrotando de forma aplastante, en todo el día no había podido encestar ni una sola vez. Cayó al suelo totalmente rendido, ya no podía más y no lograba concentrarse en el juego.

_¿Realmente estás tan ansioso?

_¿Tanto se me nota?

_No has podido quitarme el balón ni encestar una sola vez en todo el día...Sí, se te nota bastante. Quién diría que un niño que no conoces te pondría así.

_Sólo es la incertidumbre, pero ni yo mismo sabría explicártelo. Sólo tengo deseos de verlo.

_Pues ve a bañarte, ya no falta mucho. Y no querrás que tu hijo te vea todo sucio.

Era cierto, no se había percatado de que pasaron varias horas, mejor así, no habría sabido qué otra cosa más hacer para pasar el tiempo. Se bañó y salió hacia el parque, estaba nervioso, intentaba disimularlo pero le resultaba muy difícil. No conocía a su hijo pero ya lo quería, sentía cariño por él aunque no lo hubiera visto, ni él sabía cómo era posible eso. Llegó al parque donde se veían a varios niños jugando entre sí o con sus padres y se preguntó si él podría jugar así con su hijo en algún momento. De nuevo se reprochó su ausencia, se había perdido de muchas cosas, el embarazo, su nacimiento, su primera palabra, sus primeros pasos, tantas cosas...Esperaba poder recuperar algo de todo eso, con suerte quizás hasta podría enseñarle a basquear. Sonrió ante ese pensamiento, se podía imaginar a un pequeño niño corriendo detrás de un balón. Con estos pensamientos seguía mirando a su alrededor hasta que la vio, Selina estaba sentada sobre el cesped, a la sombra de un árbol y un bulto podía verse en su regazo. Con pasos temblorosos se acercó a ella quien enseguida notó su cercanía, el pequeño bulto se movió como si también lo hubiera notado y volteó a ver a la rubia. Ella sólo le sonrió y asintió con la cabeza a la pregunta no formulada del infante, éste volteó hacia Iceman quien se había colocado en cuclillas para estar a la altura del niño.

_¿Papi? -Iceman sólo asintió con una sonrisa y el niño corrió para lanzarse a sus brazos- ¡Papi!

Selina contempló emocionada el encuentro entre padre e hijo y no pudo hacer más que sonreír. Iceman se puso en pie con Fubuki en brazos y la miró agradecido, separó un poco al niño para poder verlo bien. Era idéntico a él, cabello plateado y ojos rojos pero tenía la misma sonrisa de su madre, era un niño precioso y al parecer lo había aceptado, estaba feliz no podía negarlo. Sin embargo no todo era color de rosa, él sabía que las cosas no eran tan fáciles. Debía hablar con Selina, era consciente de que ella no lo quería/necesitaba a su lado como pareja, por lo que tenían que ponerse de acuerdo en cuanto a Fubuki. Él aceptaría el régimen que ella impusiera, ya era demasiado que le haya contado todo y le permitiera conocer a su hijo, no le exigiría nada, no podría hacerlo. Pasearon por el parque un rato, Fubuki le contaba todo sobre él, que tenía dos años, que le gustaba comer pizza, mirar caricaturas, los autos de juguete, los animales, etc. Se sentaron en una banca y Fubuki en el suelo jugando con Righty y Lefty mientras sus padres lo vigilaban, fue el hombre de hielo quien rompió el silencio.

_Gracias, en verdad te agradezco que me hayas permitido ser parte de esto.

_Tenías todo el derecho del mundo a saber sobre él. Sin importar qué haya pasado entre nosotros, sigues siendo su padre y eso nadie lo puede cambiar.

_Yo...me gustaría poder verlo de vez en cuando...estar con él...

_Puedes verlo cuando tú quieras, no voy a prohibírtelo.

_¿Quién lo cuida mientras tú trabajas?

_Mi vecina, la señora Kinomoto. Es una anciana pero me ha ayudado muchísimo cuidando a Fubuki durante el día.

_¿Crees que podrías...permitirme cuidar de él mientras trabajas? Me gustaría poder pasar tiempo con él para poder conocerlo. Estoy libre por un par de días, hasta que mi bigfoot esté listo para entrenar. Quiero aprovechar esos días para pasar tiempo con Fubuki.

_Aún me cuesta entender todo eso de la leyenda, el balón relámpago y el proyecto de Slash –suspiró y miró hacia su hijo- Hijo, ¿estás de acuerdo en que te cuide tu padre por unos días en vez de la señora Kinomoto? -el pequeño pareció pensarlo por un momento-.

_Si mami -respondió con una sonrisa hacia sus padres-.

_Parece que no hay problema.

_Me asombra lo listo que es a pesar de ser tan pequeño.

_¿Verdad que si?

_Mami quiedo unas mascotas como las de papi.

_¿Hmm? No sé si pueda conseguir mascotas así en la Luna.

_¿Pod qué no? -el niño bostezaba ya en brazos de su padre- A mí me gustan.

_Estás cansado. Será mejor que vayamos a casa para que comas algo y te acuestes a dormir.

_Te acompaño, yo cargaré a Fubuki.

A regañadientes aceptó, cierto era que no podría cargar sola a su hijo hasta la casa. Caminaron en silencio, él para no molestar el sueño de su hijo y ella sumergida en sus pensamientos. El ver a Iceman tan atento con su hijo había hecho que los sentimientos por él despertaran de nuevo. Le resultaba sumamente difícil creer en él pero no podía evitar morirse de amor al verlo a su lado cargando a su hijo. Pero no quería volver a caer ante él, no por orgullo sino por miedo, miedo a salir herida de nuevo, ella no era tan fuerte como para resistir tanto dolor otra vez. Llegaron al edificio y subieron al cuarto piso, un muchacho salía de un apartamento. Un joven alto, moreno de ojos violetas quien se acercó muy sonriente a Selina.

_Hola preciosa, ¿llegando del trabajo tan tarde?

_Hola Leiko, salí con Fubuki a pasear y se me hizo algo tarde.

_Claro primor, pero ten cuidado, más si sales con el niño. Podría ser peligroso que una bella dama ande sola por ahí con un pequeño niño.

_Lo tendré en cuenta, nos vemos Leiko.

_Adiós preciosa.

Selina sonrió y abrió la puerta de su apartamento, dejó pasar a Iceman antes de encender las luces y guiarlo hacia la habitación de Fubuki. Le puso el pijama a su hijo, lo arropó en la cama y besó su frente para después salir del cuarto con Iceman detrás de ella siguiéndola en silencio. Al albino no le agradó nada como el tal Leiko se acercó a Selina con tanta confianza, era obvio que pretendía más que sólo un trato cordial con la rubia y eso lo enfurecía. Ahora resulta que tenía un declarado rival, nada de eso, Selina era suya e iba a pelear con todas sus fuerzas por ella. Sin embargo sus celos no lo dejaban en paz, ningún idiota se le acercaría a su mujer, bueno no era su mujer pero era la madre de su hijo y no quería que otro hombre estuviera cerca de ella o del pequeño, no lo permitiría.

_Iceman regresa de una vez.

_¿Huh?

_Llevo tiempo llamándote y no me escuchas. ¿En qué te quedaste pensando? -era cierto, ni cuenta se había dado de que se quedó sumergido en sus pensamientos-.

_Nada sólo que... -se acercó a ella de golpe y la acorraló contra la pared de la cocina- ...me pongo celoso cuando otro hombre te coquetea de la forma tan descarada como lo hizo ese tal Leiko. Eres mía Serena.

Susurraba contra su boca y ella se perdía en las sensaciones, él era su perdición. En el momento que en la tomó en sus brazos sus defensas se derrumbaron por completo, no podía evitar suspirar anhelante ante la cercanía de ese hombre. La besó desesperado, ella titubeó un momento pero terminó correspondiéndole y aferrándose a él con fuerza. Él la sujetó con fuerza por la cintura atrayéndola hacia sí, quería sentirla cerca suyo y ella no podía negarse, le había hecho mucha falta su compañía. Apenas se acabó el oxígeno inmediatamente él descendió por su cuello arrancando suspiros de la rubia que temblaba entre sus brazos. Apresándola entre su cuerpo y la pared, volvió a besar sus labios, aquellos labios que lo volvían loco, mientras acariciaba su cuerpo con fervor, estaba más hermosa que nunca y él no podía resistirse a la tentación. Se separaron por la falta de aire, ambos jadeantes pero antes de que Iceman volviera al ataque, Selina usó la poca cordura que le quedaba para sostenerlo por los hombros y apartarlo un poco.

_I-Iceman p-por favor d-detente.

_No puedo Selina, te amo y voy a pelear por ti. Te quiero a mi lado, a ti y a Fubuki -lamió su cuello arrancándole un suspiro- ¿He sido claro? Haré que me ames de nuevo, igual o más que antes.

_No se trata de amor Iceman -él la miró a los ojos- Yo nunca dejé de amarte. Pero ya no puedo confiar en ti, me da miedo volver a entregarte todo y que luego desaparezcas de mi vida otra vez. Y no, ya no tengo el coraje para arriesgarme a sufrir, no soportaré el mismo golpe una segunda vez -no pudo reprimir algunas lágrimas qué él secó con la yema de sus desos, besándola con suavidad-.

_Entonces haré lo que haga falta para que vuelvas a confiar en mi, a como dé lugar -la besó fervientemente una vez más y mordió su cuello para luego dirigirse a la puerta- Vendré a primera hora por Fubuki.

Se marchó dejando a Selina más confundida y asustada que nunca. Pensando en lo que pudo haber pasado sino lo hubiera detenido. Lo deseaba, claro que sí, pero no estaba lista para afrontar lo que vendría después. No sabía qué hacer, huir no era una opción pero tampoco estaba segura de poder enfrentarlo. Se sentía completamente a la deriva, ya no tenía idea de nada. había pensado que lo mejor para su hijo era estar cerca de su padre, creyó que podría manejar la situación y adaptarse a ella pero estaba completamente muerta de miedo, no quería volver a sufrir, se había mantenido en pie sólo por su hijo pero ahora sentía que poco a poco empezaba a caer. Con todo ese lío de pensamientos y emociones, se quedó dormida en el sillón de la sala. Por otra parte Iceman llegaba al apartamento a tiempo para la cena que preparaba Falcon, se sentaron a cenar y el pelirrojo le preguntó cómo le había ido, sobre el niño y sobre la chica. El albino respondió sin problema alguno, a fin de cuentas, Falcon era su única compañía por lo tanto, el único con quien podía compartir aquello.

_Vaya, muero por ver con mis propios ojos a las personas que te ponen tan contento.

_Mañana traeré a Fubuki ,se quedará conmigo mientras Selina trabaja.

_Oh qué maravilla, al menos podré conocer a tu hijo. Oye no vayas a contagiarle al niño esa manía tuya de destruir las cosas.

_Hmp lo intentaré –respondió con una sonrisa ladina-.

Esa noche tardó en conciliar el sueño, no dejaba de pensar en Selina. Si no lo hubiera detenido probablemente ella estaría en sus brazos ahora. Le había costado mucho apartarse de esos labios y marcharse como si nada, la deseaba, anhelaba tenerla de nuevo. Ese encuentro lo dejó con ganas de más, la necesitaba pero haría lo que le dijo Falcon. Iría de a poco, se concentraría primero en su hijo y le probaría a Selina que podía confiar en él. La recuperaría, volverían a estar juntos, serían una familia, costase lo que costase lo conseguiría. A la mañana siguiente Selina esperaba a Iceman mientras desayunaba con su hijo, el albino llegó unos momentos después. No pudo evitar quedarse embobado al verla, el traje de ejecutiva le quedaba muy bien, hacía resaltar sus curvas. Vaya que tenía que controlarse para no saltarle encima y tomarla sobre la mesa de la cocina, ver a su hijo desayunando plácidamente le ayudó un poco a mantener la compostura.

_¡Papi! -saltó a los brazos de su padre-.

_Hijo, ve a tu habitación por tu abrigo.

_Si mami -abandonó los brazos de su padre y desapareció tras la puerta mientras ella lavaba los platos de espaldas a él-.

_Estás más hermosa que nunca -le susurró al oído sujetándola de la cintura- Ese traje te queda muy bien, aunque no me agrada la idea de que otros hombres te vean así.

La volteó y la besó apasionadamente, acorralándola contra el fregadero, a lo que ella no pudo resistirse. No podía contra él, siempre le había encantado esa actitud tan posesiva y pasional a la vez, pasó los brazos alrededor de su cuello y dejó que profundizara el beso. Ambos lo deseaban y entregaron todo lo que tenían en aquella caricia, todos sus sentimientos, el amor, el deseo, la añoranza, el miedo y las dudas. Se detuvieron por falta de aire y permanecieron con los ojos cerrados y sus frentes juntas, hasta que la voz de su hijo los trajo de vuelta a la realidad.

_¡Ya estoy listo papi!

Ella le sonrió y se volteó a ver a su hijo, tomó su abrigo y su cartera y salieron los tres juntos. En el pasillo volvieron a cruzarse con Leiko. Iceman ya pensaba que ese tipo estaba siguiendo a Selina como un perro faldero y eso sólo lo molestaba más, en especial por lo hipócritamente empalagoso que era con ella.

_Buenos días primor, ¿dejarás al niño con la señora Kinomoto? ¿Quieres que te lleve a la oficina? Mi auto está en la cochera, puedo llevarte si gustas.

_Yo me quedaré con Fubuki, no necesitamos nada, gracias –cortó mordazmente el albino-.

_Oh perdona pero, ¿quién eres tú?

_Leiko, él es Iceman Hotty el padre de Fubuki.

El moreno se sorprendió pero no tardó en reponerse y mirar con odio al albino que le devolvía la mirada con igual o mayor desprecio. En el ascensor no dejaron de asesinarse con la mirada pero Leiko perdió cuando el pequeño Fubuki le pidió a su padre que lo alzara en brazos y, desde allí, dirigirle al moreno una mirada de superioridad y una sonrisa ladina, digna herencia de su padre. Iceman sonrió complacido al notar la acción de su hijo, definitivamente le enseñaría su técnica destructora pero le diría que sólo la usara para "proteger" a su madre...de otros hombres claro. Oh sí, ya se estaba acostumbrando a eso de la paternidad y parece que podría formar una buena alianza con su pequeño hijo.