Concordia Discors
armonía en discordia
Advertencias: Okay, todavía no estoy muerta (aunque quizás debería, este pobre fic ya tiene más de 10 años). Entonces, los retrasos se deben en parte a que huí del país por un par de meses, y a que mientras trataba de ver qué hacía con los siguientes capítulos, descubrí que mi línea de tiempo era súper estúpida y que los personajes se suponía que estuvieran en México pero estaba nevando porque creía que era Nueva Zelanda y cosas; y como una persona que ahora sabe lo absolutamente espantoso que es sufrir jetlag después de un vuelo de 14 horas, no les iba a hacer eso a los personajes.
Así que ya ven, uno siempre puede aprender cosas nuevas y ahora estoy rehaciendo la línea de tiempo por completo, así que verán varias cosas en un orden distinto. Pero pasemos al capítulo de hoy, que ya es lo último antes del torneo en sí, ¡yay!
6. Bienvenidos
Light thinks it travels faster than anything but it is wrong.
No matter how fast light travels, it finds the darkness has always got there first, and is waiting for it.
Terry Pratchett, Reaper Man
Sorprendentemente, la mayoría de los equipos había respondido bien a la tarea impuesta por los coordinadores durante la reunión de pre-inauguración; algunos más que otros, pero la minoría no eran para nada lo que habían esperado.
En realidad, y considerando que era la primera vez que Mathy se había visto involucrada en un evento de la BBA, la recién nombrada coordinadora no había tenido idea de qué esperar; y aun así, algunos equipos habían logrado decepcionarla. No sabía si era por la clase de equipos que le habían tocado, pero, en su opinión, parecía que ni siquiera lo habían intentado; ya fuera que hubiesen tenido un plan previo, creyeran a tal grado en la habilidad de su equipo, o simplemente prefirieran esperarlos para hablar cara a cara, Mathy les había restado puntos mentalmente—aunque a algunos más que a otros.
No le sorprendía en absoluto la decisión de Raúl Fernández, ya que su hermana era la fuerza arrolladora que impulsaba a la Dinastía F, y por lo que había escuchado de los Unbreakables, tenía sentido que Ambra esperara a su líder. Y, teóricamente, Zatanna debería de entrar en la misma categoría, porque se había limitado a llamar al líder de su equipo y decirle que "el plan" (cualquiera que fuera) no había cambiado; aquello no la había impresionado, no el hecho de que tuvieran un plan, o que este no necesitara ningún ajuste tras revelar las reglas, pero si le había dejado un mal sabor de boca. Realmente no era un mensaje terriblemente ominoso, pero algo en la forma en que lo había dicho le había causado un mal presentimiento y, después de todo, Mathy no había sobrevivido huyendo de su familia ignorando esa clase de sentimientos, por irracionales que pudieran ser.
En el lado completamente opuesto del espectro, Mariah había sido sorprendente—en el sentido en que Hitoshi todavía no había podido descubrir como se las había arreglado para meterse en su cuarto (el cual estaba cerrado como con tres candados distintos, es decir: la seguridad del hotel, la seguridad de la BBA y la paranoia del mismo Hitoshi) y robarse la enciclopedia que había obligado a Mathy y Brooklyn a aprenderse de memoria; no sabía bien si era correcto darle puntos a un equipo por cometer un crimen tan flagrantemente, pero había puesto a Hitoshi como basilisco y eso le brindaba una alegría inconmensurable.
Y por último, la representante de su equipo principal, Catra, había demostrado ser bastante precavida al enviar mensajes cortos a su equipo a lo largo de la reunión sobre cada punto importante tratado (y una que otra anécdota y comentarios poco favorecedores sobre los demás representantes, con particular saña respecto a Bryan—no que en opinión de Mathy no lo mereciera), así que al menos eso la había complacido.
Por otra parte, Brooklyn no estaba tan complacido; cuando Hitoshi le había dicho que le iba a asignar a los equipos que eran "un poco raros" como él, había esperado uno que otro dolor de cabeza, pero no se había preparado lo suficiente mentalmente.
Para empezar, porque tenía a su cargo a tres equipos veteranos y todos caían en la categoría de "dolores de cabeza": Emily, de los All Starz, había enviado una serie de números a su equipo, y cuando le había preguntado para qué, les había dicho (en ese tono superior que le daba temblores de ceja a Hitoshi) que su equipo había preparado una lista de los posibles cambios y añadiduras a las reglas ya existentes y era sólo cuestión de confirmar cuáles aplicaban. Brooklyn había tratado de no estar impresionado, a pesar de no apreciar la ya usual mala actitud de ese equipo.
Oliver, de los Majestics, había soltado una paloma; Brooklyn no sabía si era una paloma mensajera de verdad o era una táctica de intimidación porque qué rayos, pero había preferido no hacer más averiguaciones.
Y no estaba muy seguro de cómo calificar el desempeño de Mystel, ya que por una parte eran miembros del mismo equipo y le faltaba imparcialidad, pero por otra parte, el muchacho se había limitado a hacer una llamada de menos de veinte segundos y lo único que había hecho era darle a su equipo las grandiosas instrucciones de que no hicieran nada estúpido (el muy bastardo, Hitoshi hasta había sonreído un poco).
En cuanto a los equipos nuevos, sus opiniones estaban igualmente divididas. Aunque tenia que admirar un poquito a los Tzitzimime por haber encontrado la manera de hacerse pasar por personal del hotel y reunirse con su representante bajo las mismas narices de los tres coordinares y el equipo de organización de la BBA; incluso si no habían pasado del todo desapercibidos, porque Hitoshi había estado a punto de caerse de las escaleras al encontrarse con un "clon" de Izcozauhqui enfundado con una larga peluca pelirroja (y que aparentemente había conseguido hacer que la representante de los Gothic Lights lo confundiera con uno de los miembros de su equipo), pero bueno. Habían recibido la información y eso era lo que contaba.
Su propio equipo había manejado la tarea de manera bastante decente, aunque Yuzuriha había malgastado una de sus valiosas preguntas, también había tenido en cuenta puntos importantes que los equipos que llevaban más tiempo en el circo que eran los torneos (y por alguna razón no podía dejar de pensar en ellos de esa manera) ya ni siquiera tomaban en cuenta; además, si bien no había brillado por su astucia, al menos tampoco le había dado razones para sentirse decepcionado o molesto, y a fin de cuentas su equipo había recibido un correo (escrito a una velocidad casi terrorífica y con una cantidad igualmente terrorífica de errores ortográficos) con todo lo que necesitaban saber.
Así que, Brooklyn podía no estar del todo complacido (y estaba 100% dispuesto a culpar a la condenada paloma), pero al menos no tenía que buscarse aspirinas para combatir una migraña causada por sus equipos. En especial porque tal honor le correspondía a Hitoshi; pero bueno, eso le pasaba por asignarse a los equipos que él mismo había clasificado como difíciles.
Por un lado, Matilda no había dejado de impresionarlo, porque aparentemente se había pasado la reunión tomando notas en sus antebrazos, a los cuales les había tomado fotos, las cuales había enviado al líder de su equipo. Su equipo estaba reiventándose, a pesar de haber elegido seguir utilizando el nombre del desgraciado que los había usado y desechado, dejando una mancha indeleble en sus carreras como beyluchadores; era casi admirable.
Por otro lado, Drustanus también le había sorprendido, pero de una forma muy diferente; en especial porque en un principio el muchacho le había dado la impresión de ser una persona decente (a diferencia de muchos de los otros mocosos con los que tenía que lidiar), o a lo mejor se había dejado llevar por todo el marketing católico que había llegado a colarse en su deporte de elección, así que había sido una desagradable sorpresa descubrir que el representante de los Light Soldiers había tenido un micrófono encendido durante toda la reunión, la cual había sido completamente grabada para que su equipo pudiera no sólo enterarse de todos los detalles en tiempo real sino también tener tiempo de revisarlos cuantas veces quisieran. No estaba en contra de las reglas, pero se sentía tentado a declararlo peligrosamente cerca de "hacer trampa".
Y bueno, a comparación, los demás equipos, si bien no habían brillado por su creatividad, tampoco habían sido terribles.
Aunque Bryan era un caso especial, en el sentido de que había hablado por teléfono con los miembros de su equipo por casi los quince minutos completos, pero tomando en cuenta que se había dedicado primero a cuchichear y luego a gritar sobre cosas que nada tenían que ver con las reglas (por lo que habían alcanzado a grabar), entonces Hitoshi no estaba muy seguro de como calificarlo.
De hecho, se sentía casi agradecido por tener a gente normal a su cargo; o, al menos, lo más normal que podía ser alguien que jugara beyblade cuasi profesionalmente. Lintu había mostrado un sentido común descomunal y simplemente había buscado un teléfono público fuera del hotel para llamar a su equipo y se había tomado su tiempo para explicarles las reglas, en tanto el resto de su equipo hacía barullo al otro lado de la línea. De cierta manera, era un alivio; al menos este equipo era capaz de convivir y comunicarse de una manera más que menos sana, a diferencia de varios otros.
Y, porque no podía evitarlo, Hitoshi reconoció que Rei continuaba siendo el miembro más cuerdo del equipo de su hermano menor, ya que se las había arreglado para convencer a una de las concierges del hotel que entregara un mensaje en su lugar.
Y si Hitoshi no había podido evitar pensar en ese equipo de desadaptados que seguramente —si la presencia de Beirekêr era una indicación— debían de estar pasando por otra crisis existencial en esos momentos, bueno, nadie tenía que saberlo. En especial si uno tomaba en cuenta que él había estado bien consciente de que dicha crisis existencial iba a pasar desde el momento en que había recomendado asignar a "Kirei Amamia" como su entrenadora; una crisis que había podido evitar de haberlo querido y que era, al menos en parte, culpa suya, pero Hitoshi tenía cosas más importantes de las que preocuparse.
Y si Hitoshi había pensando en los Wayward Souls y en su representante, que no había tomado nota de nada ni había tenido necesidad de hacerlo, y se había limitado a enviar una sonriente selfie a los miembros de su equipo (cuya respuesta no se quería ni imaginar), nadie tenía que saberlo tampoco; como tampoco tenían por qué saber que si fuera necesario que supieran algo, Hitoshi sería el afortunado encargado de proporcionarles hasta el último detalle. Y de todas maneras, las reglas normales no aplicaban para ellos.
De todas maneras, ahora era solo cuestión de esperar.
No que tuvieran que esperar mucho, la mayoría de los equipos ya deberían de estar llegando.
Open up to find
Rei había optado por esperar a su equipo dentro del aeropuerto, en gran parte para asegurarse de que pasaran el menor tiempo posible sin él, porque al menos cuando él estaba cerca le daba la impresión de poder controlarlos cuando se destrampaban. Algo que tendía a pasar muy seguido.
Además, estaba un poco preocupado. Su equipo no estaba en las mejores condiciones cuando habían decidido enviarlo como representante a todo aquel fiasco de la pre-inauguración, y la verdad es que no esperaba que hubieran mejorado mucho en su ausencia, en especial porque los había dejado con la ya de por sí volátil combinación de Takao y Kai más la entrenadora que les había asignado el señor Dickenson.
… No que Rei tuviera nada particular en su contra, pero no había sido la mejor idea en la historia breve pero tormentosa de su equipo; la cual, cabe mencionar, ya estaba más que repleta de malas ideas.
Lo único que lo consolaba era el hecho de que era muy poco probable que tuvieran que lidiar con eso durante el torneo; lo más seguro era que el entrenamiento especial se hubiera dado por concluido en su ausencia y que Kirei se quedara en Japón, mientras su equipo trataba de soportarse los unos a los otros en las distintas locaciones del torneo; sintiéndose particularmente optimista, recordó que en realidad habían mejorado bastante bajo la tutela de Kirei, probablemente se había despedido de ellos un poco satisfecha. A lo mejor hasta Kai se sentía menos amargado de lo usual por librarse de esos entrenamientos.
A lo mejor, por una vez, a su equipo le iba bien fuera de los platos de beyblade.
Por supuesto, aquel sentimiento optimista sólo duró hasta que vio a su equipo; obviamente dejarlos a su suerte había sido un error y tendría que pasarse el resto del torneo pegado a ellos como cola.
Obviamente, todo aquello era culpa de Kirei Amamia.
your action leaves behind
Para esos momentos, ya en el hotel conocido como "La Posada" (porque los dueños tenían sentido del humor), Hitoshi se encontraba en uno de los armarios que el personal usaba para guardar los productos de limpieza; no estaba muy seguro de cómo exactamente había acabado metido en semejante lugar (supuso que tendría que ver porque en un momento de pánico lo había considerado más seguro que su cuarto con llave, la sala de conferencias que habían reservado, también con llave, la cocina, y como otros seis lugares en donde había intentado esconderse en las últimas dos horas), pero el por qué si que lo tenía bastante claro. Y el por qué era un equipo en particular.
Como era usual, pero de todos los equipos a los que Hitoshi trataba de evitar (una lista sorprendentemente larga que a lo largo de los años había incluido a los Bladebreakers, los Demolition Boys, BEGA, y varios otros), los Wayward Souls siempre—siempre—ocupaban el primer lugar. La última vez que habían tenido la desgracia de estar en el mismo edificio (el día que habían separado al equipo nolens volens), Hitoshi había tenido muy buen cuidado de pasar toda su jornada laboral escondido con el tabique que era su computadora personal en el cubículo de baño personal de su jefe; muy para sorpresa de Koori, por cierto.
Los Wayward Souls habían sido la respuesta de la BBA a la hija descarriada del presidente ejecutivo de la compañía súper secreta a la cual prácticamente pertenecía. Fue un plan que había consistido en, básicamente, reunir a los (entonces) peores "niños problema" del mundo del beyblade, en particular de los ámbitos clandestinos y el submundo que tanto les gustaba fingir que no existía (o, al menos, del cual negaban fervientemente la existencia), y ponerlos en el mismo equipo junto con la oveja negra que se había vuelto Kirei—que por esos entonces insistía en usar un sobrenombre artístico y ocultaba su identidad con un par de goggles para esquiar que, por favor, no engañaban a nadie que supiera quién era.
Dichos goggles (con protección para el sol y que aparentemente había usado en sus últimas vacaciones familiares, cuando habían ido a Suiza, como no dejaba de lamentarse Koori) eran, en parte, para ocultar su identidad, si, como ya había mencionado; pero también para proteger sus ojos de los fragmentos voladores de plástico y metal que solían, inevitablemente, formar parte de sus peleas.
Había sido una de esas "etapas", Kirei había estado en "esa edad" y como toda adolescente había pasado por una "fase"; o al menos eso decía su padre, se recordó a sí mismo Hitsohi. No es que nadie le creyera, pero al fin y al cabo él era el jefe de Hamartia y si quería que sus empleados le dijeran que el cielo era verde, pues bueno, lo único que iban a hacer era averiguar que tono de verde quería que fuera.
Entonces, así habían estado las cosas; Koori quería dejar que su hija jugara y quería tener cierto control sobre su demencia y por alguna razón se le metió en la cabeza que juntarla con otras personas todavía más dañadas serviría como una especie de terapia catártica para todos los involucrados y, claro, como un rebaño de idiotas, todos sus subordinados hicieron lo posible por conseguir justamente eso. Habían reunido (por no decir capturado) a los mocosos y les habían dado una opción solamente: o jugaban como un equipo, o no jugaban en absoluto. En retrospectiva, tal vez no había sido la más brillante de las ideas; aunque, para ser honestos había sido idea de Voltaire y su grupo de fanáticos dementes, así que no debería de haberse sorprendido del potencial desastrozo que esa idea tendría—o tuvo, más bien. Claro que los recién formados Wayward Souls iba a jugar, y cuando se trataba de joder a los que los habían obligado a formar un equipo, jugaban para ganar.
En resumen, había sido un terrible plan que había terminado todavía peor, en gran parte porque no tenían idea de lo que estaban haciendo ni les había importado como afectaría a las ratas de laboratorio que querían fueran compañeros de Kirei; aunque nunca les habían importado en absoluto, al grado de saber poco o nada sobre ellos. Es decir, nadie —ni siquiera él, ni siquiera Koori, ni siquiera los mismos Waywards con respecto de los otros— estaban seguros de dónde habían salido o cómo habían habían terminado jugando un deporte en teoría recreativo que tenía muy poco que ver con sus personalidades; en especial si uno tomaba en cuenta que la mayoría de ellos eran más propensos a dislocarle un brazo a alguien que a depender de unos trompos de plástico y metal en un platón glorificado para resolver sus problemas.
O tal vez esa había sido la razón: dar rienda suelta a sus instintos destructivos dentro del marco aceptable de un deporte con regulaciones oficiales que no dudaban en romper; después de todo no los habían sacado de torneos patrocinados por la BBA, sino de lo más hondo del inframundo de las beybatallas ilegales. La verdad sea dicha, e incluso dejándo de lado todo ese asunto sobre rebelarse contra sus creadores, se notaba que no eran beyluchadores normales, y eso tomando en cuenta los cyborgs, medios cyborgs y gente que igual y podrían haber sido cyborgs, y demás personajes pintorescos que participaban en los torneos regulares.
Por ejemplo, Kakeru Ogami le recordaba a uno de los gatos callejeros que había intentado adoptar: lo único que parecía interesarle era la comida y si alguien se acercaba demasiado tenía que estar preparado para la posibilidad de que lo hiciera sangrar. Claro, se había vuelto un poco más sociable con los años, tal vez demasiado sociable, incluso, pero eso no cambiaba el hecho de que al principio Hitoshi había estado convencido de que el muchacho de cabelllo castaño pertenecía al primer lote de experimentos de la juventud de Boris; aunque Koori lo había negado, porque, en sus propias palabras, "Boris seguía vivo". Hitoshi había dejado de husmear en el pasado de los integrantes de los Wayward Souls después de eso, aunque no era como si hubiera mucho en donde husmear.
Es decir, dos de los últimos tres integrantes del condenado equipo ni siquiera existían, de acuerdo a todas las bases de datos y registros nacionales a los que Hamartia tenía acceso. Cloud Zuishou y Rong-Bi Shi (y Hitoshi estaba mil por ciento seguro de que esos no eran sus verdaderos nombres) habían aparecido literalmente de la nada sin clase alguna de rastro de papel. La mayoría de las personas que los veían asumían inmediatamente que eran familiares debido a los rasgos físicos que compartían —cabello rubio, ojos azules, piel de tonos pastel— y Hitoshi se había dejado engañar por la misma noción, pero sólo brevemente. Después de todo, uno no tenía más que prestar un poco de atención para darse cuenta de que en realidad no se parecían nada, ni siquiera en la apariencia, (Cloud era todo sol y sangre real en los ojos; Rong era un querubín deslavado, un tipo de belleza corroída que repelía más que atraer, al menos para Hitoshi); por no hablar de sus personalidades, porque a fin de cuentas así era como habían terminado en el equipo: en esos entonces Rong no había estado interesada en jugar, sólo en apostar en las peleas de Cloud, quien la seguía a todas partes y hacía todo lo que ella dijera, de manera que no se hubiera unido a los Wayward Souls (no hubieran existido los Wayward Souls) si no hubieran aceptado también a Rong. Eventualmente, ella había aprendido a jugar, se había conseguido su propia condenada bestia bit, sacada de quién-sabe-donde; era otra de esas cosas de las que Hitoshi se arrepentía.
Aunque las palmas se las llevaba el último miembro de los Waywards; había sido un acto de crueldad que Hitoshi nunca iba a poder superar (aunque eso lo había sabido en el momento mismo que había decidido llevarlo a cabo), tanto porque había visto como distorsionaba —de manera imperdonable— las vidas de aquellos mocosos, como porque, a final de cuentas, le había salido el tiro por la culata. Beirekêr Sindirlog era enteramente, si no culpa, responsabilidad de Hitoshi; después de todo, él lo había asignado al equipo en cuestión para mantenerlos bajo control plenamente consciente de las habilidades que el muchacho poseía y que había usado para encargarse de las misiones de "control de daños" que Hamartia le había asignado más de una vez y que usualmente se referían a circunstancias más que desagradables que tenían que ser eliminadas inmediatamente. En realidad, trataba de no pensar en ello, cosa que era particularmente difícil cuando tenía que verlos.
No le sorprendía en absoluto que las gentes que los habían reunido para poder controlarlos mejor se hubieran visto obligados a separarlos; como tampoco le sorprendía que, llegados a este punto, Koori hubiera decidido reunirlos de nuevo. Hitoshi odiaba admitirlo, pero realmente eran tan buenos como creían que eran, aunque en esta instancia "buenos" quería decir "contundentes". No por nada se habían ganado los nombrecitos que Koori (que era sumamente malo para recordar cualquier cosa que no fueran los nombres propios) había insistido que se incluyeran en sus fichas personales, una vez que se habían unido al equipo de contingencia del que Beirekêr había sido el único miembro.
Pero así estaban las cosas, de manera que los cinco dementes que formaban parte de los Waywards Souls —siendo estos la hija pródiga de su jefe, un rascacielos albino que se había tomado muy en serio su misión de infiltración, la versión beta de los súper soldados de Boris, y un par de rubios con problemas de codependencia— acababan de llegar al hotel en donde Hitoshi se hospedaba y era su trabajo salir a recibirlos y sobrevivir en el mismo espacio durante la inauguración del torneo. Verdaderamente, las cosas no podían ponerse peor.
(O al menos eso esperaba.)
the very hope that's given for the world to feel alive
Para la hora en que debía iniciar la inauguración real del torneo, Hitoshi seguía formando una hermosa amistad con los productos de limpieza. Su ausencia no había pasado desapercibida por los otros dos coordinadores, quienes se habían visto en la penosa necesidad de hacerse cargo de los equipos abandonados por Hitoshi. Al menos de momento sólo habían tenido que asegurarse de que cada equipo se sentara en la mesa que les habían asignado; lo difícil era mantener a los integrantes de los equipos bajo control después de que descubrieran que "coincidentalmente" estaban sentados junto a la mesa de un equipo (o más de uno) del cual se consideraban rivales a muerte, o algo por el estilo.
—¿En dónde demonios está Hitoshi? —Siseó el pelirrojo lo más silenciosamente que podía a través de la mueca en que se había transformado la sonrisa que se había forzado a esbozar durante la última media hora, después de haber tenido que separar por enésima vez a los Majestics y al Batallón Barthez, que estaban como perros y gatos.
—¿Cómo esperas que yo sepa? —Respondió Mathy, sorprendiéndolo con la asombrosa habilidad de hablar casi sin mover los labios—. Lo único que sé es que se suponía que estuviera aquí para ayudarnos a recibir a los equipos.
—Sí, pero el problema es que no está aquí.
El "nuestro problema" estaba implícito en la frase, así que ambos compartieron una mutua mirada de conmiseración.
(No tenían manera de saberlo, pero Hitoshi se encontraba muy ocupado encerrado a piedra y lodo con las escobas y echándose porras mentalmente para animarse a ir a ayudar a los otros dos coordinadores.)
Ese fue, por supuesto, el momento en que Ming-Ming decidió hacerse oír y le arrebató un micrófono a uno de los pobres incautos que trabajaba en la puesta en escena de la inauguración, con toda la intención de cantar su más reciente éxito pop a los presentes, para el completo horror de su equipo. Brooklyn incluido.
Mathy alzó una ceja al ver como el otro coordinador se tapaba la cara con las manos y trataba de contar hasta 10.
—¿Es este tu mecanismo usual para lidiar con ella?
Brooklyn asintió, luego pareció pensárselo mejor y negó con la cabeza (ignorando el hecho de que algunos equipos estaban cambiando de mesas con sus vecinos).
—Usualmente trato de pensar en cosas agradables mientras hablo con ella.
Justo en ese momento, un gruñido como de animal salvaje, pero que en realidad provenía de Mystel, llegó hasta sus oídos, y el muchacho rió suavemente mientras Garland hacia su mejor esfuerzo por evitar que el muchacho enmascarado le arrancara la cabeza a la peliazul. Mathy alzó una ceja.
—¿Y cómo la aguanta el resto de tu equipo?
La sonrisa de Brooklyn recobró algo de autenticidad.
—Piensan cosas desagradables.
Y como si se hubiera echado la sal, algo desagradable pasó en ese instante.
Finalmente, después de como haber convencido a tres equipos diferentes de cambiar mesas con ellos, los Wayward Souls habían terminado sentados justo al lado de los Blitzkrieg Boys, quienes obviamente no estaban del todo sorprendidos por aquel giro de los eventos, en especial si uno tomaba en cuenta que habían destrozado todas las servilletas en su mesa y las habían convertido en pequeñas bolitas de papel que habían dejado a la vista de todo mundo, como si se tratara de munición en espera de una excusa para ser usada.
Y, porque no podía ser de otra forma, Hitoshi hizo acto de aparición entonces; Brooklyn tomó cierto placer sádico al ver como los ojos del otro coordinador parecían estar a punto de salírsele de sus órbitas en cuanto vio lo cerca que estaban los dos equipos antes mencionados; y entonces alguien de la mesa de los Nightwish lo saludo.
—¡Oooh! —Dijo Destiny, al tiempo que se incorporaba y alzaba un brazo en un ademán amistoso—. Miren, ahí está Hitoshi, él probablemente sepa...
Hitoshi no alcanzó a oír qué exactamente querían preguntarle porque la mesa de los Wayward Souls había escuchado su nombre y, antes de que pudiera hacer otra cosa, cada uno de los integrantes de aquel equipo se levantó y arrojó sus bebidas no alcohólicas complementarias a los miembros de los Blitzkrieg Boys.
La quijada de Hitoshi se desencajó.
Se desató el caos.
Los Blitzkrieg Boys se levantaron al mismo tiempo y mientras que Tala se mostraba bastante decente, agarraba un puñado de sus municiones de papel (empapadas en refresco) y se las aventaba a sus agresores, Spencer optó por tratar de levantar la mesa entera y aventarle el mueble al otro equipo; Bryan se había olvidado por completo de cualquier tipo de herramienta y mejor se había lanzado él mismo contra ellos. Ante lo cual, por supuesto, los Wayward Souls emitieron un par de gritos colectivos algo sarcásticos ("¡La rabia, Cloud, mira, tiene rabia!" "Lo malo es que no sólo con nosotros, sino con medio mundo..." "¡Ahhh!"), y procedieron a salir corriendo, dispersándose entre las demás mesas con los tres rusos detrás de ellos.
Hitoshi se lanzó a un lado en cuanto vio al muchacho albino que se dirigía hacia él a toda velocidad seguido de un furibundo Spencer, quien tenía ambos brazos en alto sosteniendo una silla con toda la intención de lanzarla.
Mathy hizo lo propio, aunque tratando se mantener su dignidad, en cuanto notó que los otros dos muchachos, uno rubio y otro castaño, se encontraban corriendo hacia su dirección general, seguidos por el líder de los Blitzkrieg Boys, y retrocedió a toda velocidad para resguardarse tras la mesa de los Gothic Light, quienes la saludaron muy alegremente, como si encontraran toda la cosa muy entretenida, al menos hasta que una de las bolitas de papel de Tala le pegó en el ojo a Sycke, porque entonces Catra se levantó y, sin decir nada, agarró la jarra de lámina que servía como florero del centro de la mesa y se la arrojó, con tal tino que le dio justo entre las cejas al pelirrojo.
Tala miró a Catra con sorpresa, peor no le dio tiempo de decir nada porque en seguida se desplomó a un lado de la mesa de los Gothic Lights.
La sonrisa de Sycke no había desaparecido, a pesar de que la chica se estaba cubriendo un ojo y tenía el otro lloroso, pero si se notaba algo forzada.
—Mientras que apreció el sentimiento, Catra, no creo que eso haya sido necesario.
—Pero finalmente tenía una excusa para hacer eso...
Cristal le sonrió a Kain.
—Bueno, líder, te toca deshacerte el cuerpo de nuestras víctimas —le dijo.
—No, gracias.
Lein se encogió de hombros.
—Al menos ahora tenemos pruebas de que no hay por qué preocuparnos de que su relación con su hermano nos dificulte el torneo.
—Perfecto —Kain rodó los ojos—, todos ganamos. ¿Por qué no le tapamos la cara con una servilleta y fingimos que no está ahí?
Y mientras ellos hacían eso, en la mesa de los Dark Elite, Yuzuriha azotaba las manos en la mesa con una expresión indignada.
—¡¿Por qué a ellos no les dicen nada cuando dejan inconscientes a las personas?!
—¡Yuzuriha! —Alexandra la reprendió, escandalizada, en especial porque era un incidente que no necesitaba que se hiciera del conocimiento público.
—Probablemente porque ellos están eliminando a la competencia en lugar de guardias de seguridad —respondió Anya, con una pequeña sonrisa en los labios.
—Aunque no creo que te dejen "seguir eliminando a la competencia" usando ese método —añadió Kaola, rápidamente, como si de verdad creyera a Yuzuriha capaz de considerar seriamente esa posibilidad.
Claro, Yuzuriha no alcanzó a protestar porque en aquel momento una de los integrantes de los Wayward Souls se acababa de meter gateando a toda velocidad debajo de su mesa.
—U-um —dijo, inteligentemente (porque qué se suponía que uno dijera en esa clase de situación), y luego se levantó lo más rápido que ponía, colocando su silla entre ella y el furibundo Bryan que venía corriendo hacia su mesa.
—¡Espero te hayan vacunado contra el tétanos, mocosa, porque te voy a despellejar con una cuchara de madera!
—¡¿A qué clase de mente enfermiza se le ocurre eso?! —Exclamó Pyro, horrorizado, al tiempo que una voz proveniente de debajo de la mesa chillaba:
—¡Eso no tiene nada que ver!
Pyro parpadeó.
—Oh, tienes razón...
Malena, quien estaba tratando de actuar como la líder de su equipo, intervino, claramente ignorando a Bryan, quien estaba a punto de estamparse contra su mesa.
—Pyro, no creo que ese sea el punto...
Y cualquier cosa que hubiera estado a punto de añadir se vio interrumpida cuando alguien que no era Bryan se arrojó contra ella, en tanto otras dos personas diferentes tacleaban a Pyro y otra más le pedía al resto de los miembros de su equipo que se quitaran de en medio del curso de colisión del lívido ruso que un segundo después, como era de esperar, chocaba contra las sillas y la mesa gracias al impulso que había agarrado, antes de maldecir y agacharse, metiendo una mano bajo el mantel de la mesa.
Hubo otro chillido, un grito triunfal y Bryan se incorporó, jalando una pierna con ambas manos; al menos, hasta que la otra pierna surgió de debajo de la mesa y le dio una patada en el mentón, consiguiendo que soltara a la dueña de ambas, quien rápidamente aprovecho para salir del otro lado de la mesa y echarse a correr.
Bryan salió rodando hacia atrás, de alguna forma lográndo maldecir a pesar de estar cubriéndose la boca con ambas manos; tras lo cual pareció recuperarse y siguió con la persecución de su presa, que había comenzado a gritar "¡¿pero por qué yo?!" en lo que huía.
—Válgame la cruz de ocote —jadeó una voz, encima de Pyro—, ¿siguen vivos?
—Ejejeje —el otro muchacho, también encima de Pyro, se rió nerviosamente—, er, no sé, ¿yo creo que sí?
El líder de los Tzitzimime le dio un par de palmaditas en la cabeza a Malena, a quien había jalado detrás de si, como para asegurarse de que siguiera en una sola pieza, antes de dirigirse a sus compañeros.
—Están totes camotes vivos, vámonos... —Y luego añadió en voz baja—: Antes de que alguien nos acuse de algo.
Ixbalenqué e Izcozauhqui tuvieron a bien quitarse de encima de Pyro, para el alivio de sus compañeras, aunque el muchacho no daba la impresión de estar en condiciones para levantarse.
—Tons —dijo Mayáhuel, sonriente, mientras se dirigía a las tres integrantes del equipo que ella había alcanzado a quitar del camino sin recurrir a la violencia—, ¿cómo ven lo de eliminar a la competencia?
Anya, Kaola y Alexandra la miraron con la boca abierta.
Yuzuriha resopló.
—Se lo dejan hacer a todo mundo menos a mí.
—¡Ese era un guardia de seguridad!
Afortunadamente para aquel equipo, los demás espectadores ya les habían dejado de prestar atención, porque la víctima de Bryan había corrido hacia el equipo de BEGA, quienes seguían teniendo una pelea de tres vías por el micrófono, y se había escabullido entre sus piernas, dejando que Bryan se estrellara contra los tres en algo parecido a la recreación de una chuza, para el horror de Brooklyn, quien no tuvo oportunidad de tratar de actuar como coordinador e intervenir, porque en cuanto la presa de Bryan pasó corriendo a un lado de la mesa de los White Tigers X, la otra integrante de los Wayward Souls recogió el micrófono que se le había escapado de las manos a Ming-Ming al momento de ser atropellada por Bryan y lo arrojó con una precisión de francotirador a la nuca del muchacho, que se fue de bruces y comenzó a retorcerse en el suelo.
Mariah se levantó de su asiento, señaló al semi-inconsciente muchacho y, con una gran sonrisa en el rostro, declaró:
—¡Eso es por mandar a Rei al hospital!
El aludido se acercó a ella, con toda la intención de decirle "Mariah, eso fue hace tres años", pero entonces se dio cuenta de que la persona que había agredido a su otrora agresor no era sino Kirei Amamia; antes de que pudiera contemplar su curso de acción, su brazo ya había salido disparado y había asido a la muchacha por el cuello de su vestido, jalándola hacia él en un sólo movimiento violento, para la total sorpresa de todos los presentes, en especial su equipo.
—¿Qué haces aquí? —Le preguntó, con una voz como papel de lija en una herida abierta.
—¡¿Rei?! —El líder de los White Tigers X se incorporó de su asiento, al mismo tiempo que el resto de los Bladebreakers dejaban su mesa asignada y se acercaban a su compañero, preocupados por el comportamiento poco característico del muchacho.
—¿Oh? —Kirei le sonrió, ignorando la manera en que su agarre la obligaba a mantenerse de puntillas y amenazaba con sofocarla con su propia ropa—. Bueno, en caso de que no te hayan informado, me invitaron.
Y antes de que algo más grave pudiera pasar, alguien le pasó un brazo amistoso alrededor del cuello al muchacho, y procedió a apretar de una manera muy poco amistosa, haciendo que Rei soltara a Kirei.
—¡Bueno! —Dijo una voz sacarina en sus oídos, en tanto Rei trataba de zafarse del brazo aplastando su tráquea—. ¿Qué tenemos aquí?
Los Bladebreakers se paralizaron mientras miraban hacia arriba (y más y más arriba), contemplando al muchacho de casi dos metros que parecía haber perdido a Spencer en algún momento y había regresado justo a tiempo para ver a Rei agrediendo físicamente a su compañera-de-equipo/la antes-entrenadora-de-los-Bladebreakers, y que, a pesar de lucir una sonrisa digna de una pasarela, daba toda la impresión de estar listo para romperle todos los dedos al muchacho.
—Tienes a nuestro idiota —respondió una voz helada detrás de ambos—; suéltalo.
—Hmm, bueno, eso explica muchas cosas —el muchacho albino soltó a Rei, quien se llevó ambas manos a la garganta, tratando de volver a llenar de aire sus pulmones entre toses ahogadas.
El integrante de los Wayward Souls se giró para estar cara a cara con ellos, con lo que Takao y Max flanquearon a Rei, en un mudo gesto protector; Kai no se movió, lo cual causó que el otro muchacho sonriera antes de voltear para dirigirse a Kirei.
—¿Son amigos tuyos, dulzura?
Kai hizo una mueca ante el apodo, el resto de su equipo miró a la chica, para ver que tenía que decir.
Kirei le dirigió una mirada de desprecio a Rei y después se llevó ambas manos a las mejillas, le sonrió tímidamente al gigante albino y respondió con una voz llena de sinceridad:
—Nunca los había visto en mi vida.
Mariah y Lee, que habían tratado de mantenerse al margen del asunto, tuvieron que colgarse de los brazos de su antiguo compañero para evitar que se le fuera encima a su antigua entrenadora como un gato salvaje.
Para entonces, los demás miembros del equipo de Kirei se habían acercado para ver la conmoción. El muchacho rubio se cruzó de brazos teatralmente y negó con la cabeza.
—Que bueno que no los conoces, no te quiero cerca de esta clase de malos ejemplos.
Gary tuvo que ayudarle a sus compañeros a sostener a Rei después de ese comentario.
—Órales, que loco —el muchacho castaño tomó a Kirei de la mano y comenzó a alejarse—; mejor nos vamos, qué tal que se nos pegue.
Kevin trató de sostener las piernas de Rei, quien casi había logrado soltarse del agarre del resto de su equipo entre aullidos ahogados y toses.
—Qué tal que se nos pegue —repitió Kirei, lánguidamente, mientras dejaba que su equipo la condujeran lejos de los Bladebreakers.
La otra chica de aquel equipo ni siquiera se había dignado a mirarlos, pero si se río ante eso; y siguió riéndose hasta que su equipo estuvo nuevamente sentado en su mesa, apiñados alrededor de Kirei como un círculo protector.
Hitoshi trató de ignorar la expresión casi desconsolada de su hermano menor; falló miserablemente, se pasó una mano por el cabello, y suspiró.
—Bueno —dijo, sonando como si estuviera tratando de convencerse a sí mismo—, al menos no todos los equipos parecen necesitar chaperones.
—Ajá —contestó Brooklyn, con un tono de voz tan apagado que el otro coordinador tuvo que suprimir una mueca.
Los All Starz no se habían visto involucrados en el incidente, pero eso era sólo porque estaban muy ocupados tomando notas de todas la idiosincrasias de los equipos, lo cual incluía tener la cámara de su laptop comunitaria apuntada al centro de dicho incidente mientras los miembros se turnaban para narrar los eventos lo más científicamente que podían, algunos con más éxito que otros. Y la única razón por la que los miembros de la Dinastía F no se habían involucrado era porque Raúl se había agarrado de las piernas de su hermana gemela, negándole la posibilidad de ir y aventarse de cabeza a la "parte interesante de esta fiesta", en sus propias palabras, mientras su manager disfrutaba del espectáculo aprovechándose de la barra libre de la celebración.
Incluso los Majestics parecido haber llegado a una tregua con el Batallón Barthez, si no por otra cosa porque no querían caer en la humillación de montar un espectáculo como el resto de los equipos. Lo otros dos equipos que no se habían visto involucrados en aquel desastre era los Light Soldiers, quienes ni siquiera se habían dignado a hacer acto de presencia, y los Black Death, que estaban muy metidos en su juego de cartas y sólo contemplaban el caos alrededor de ellos ocasionalmente, riéndose en voz baja.
—¿Sabes qué? Me rindo, oficialmente doy por terminada mi jornada laboral del día de hoy; ahí nos vemos.
Brooklyn se encogió de hombros.
—Haz lo que quieras, pero tu equipo quería hablar contigo.
Hubo una pausa más larga de lo normal; de no haber sido el hermano de Takao, Brooklyn no hubiera contemplado la posibilidad de que aquello se debiera a que estaba haciendo una lista mental de los posibles equipos a los cuales podría estar refiriéndose; si no hubiera estado esperando el momento en que sus ojos se deslizaron traicioneramente a la mesa de otro equipo, lo habría pasado por alto.
—Ah, sí —la voz de Hitoshi volvía a sonar indiferente—; creo que Destiny me quería preguntar algo. Pero después de eso, ustedes son responsables de los equipos.
—Yo no creo que Mathy pueda ser responsable de nada con la manera en que acaba de irse a robar el bar.
—¡¿Qué?!
Efectivamente, Mathy se había colado atrás de la barra, había hecho a un lado al barman y estaba apilando botellas con una expresión perturbada en la cara.
—... Bueno, creo que aguantó bastante, considerando que es su primer evento.
—Si tú lo dices.
—Sí, yo lo digo, ¿por qué no mejor vas a recoger a tu equipo del suelo?
Brooklyn, que se había olvidado totalmente de ellos, maldijo antes de ir a hacer justo eso. Satisfecho, Hitoshi se dirigió hacia la mesa de los Nightwish, en donde procedió a prácticamente tirarse encima de Mikael con un llanto fingido que hizo que la mayoría de la mesa pusiera los ojos en blanco.
—Oh, aquí estás, Hitoshi, te andábamos buscando —le dijo Destiny, sonriendo e ignorando por completo su drama.
—... Bueno, puedo ver que todos lo presentes son personas sumamente compasivas, pero dime en qué te puedo ayudar.
—Marion nos estaba comentando que íbamos a tener uniformes, ¿es cierto?
Por un momento, se le pasó por la cabeza decirles que era totalmente opcional; Hitoshi descuartizó y enterró la idea en un sótano en apenas un par de segundos.
—Sí, estamos buscando que los equipos nuevos resalten y me parece una muy buena idea.
—Algo de lógica tiene —concedió Akane, sonando vagamente sorprendida—. Sería bueno para la moral tener mejor publicidad.
—Sería algo bueno tener cualquier clase publicidad, en vista de que somos completamente desconocidos —comentó Yokoh, tomando un tragó de su bebida antes de dirigirse a Hitoshi—: Por cierto, ¿cuándo vas a soltar a Mikael?
Por toda respuesta, el peliazul hizo un sonido indignado y se aferró al muchacho más todavía, como un koala desamparado. Mikael se dio por vencido.
—Kinomiya, ¿qué quieres?
Hitoshi volvió a fingir un sollozo.
—Todo es un desastre y todavía ni siquiera hemos comenzado con los brindis.
Marion alzó una ceja y se cruzó de brazos.
—¿Realmente quieres soltarle alcohol a este grupo particular de personas después de lo que acaba de pasar?
—Oh, dios, no, no sobreviviríamos —gimió Hitoshi, en tanto estrujaba al líder del equipo—. Mi único consuelo es que ustedes me adoran y están dispuestos a protegerme de todos estos otros dementes.
—¿Cómo que "otros"? —Masculló Lintu bajo su aliento, al tiempo que Mikael finalmente se zafaba de Kinomiya y espetaba:
—Pues parece que tengo lagunas mentales, porque no recuerdo haber dicho eso.
—No te preocupes, yo estoy aquí para recordárselos.
—Eso es lo que nos preocupa —comentó Akane, como de pasada.
—¡¿Qué?!
—Que eso es lo que nos preocupa —repitió Yokoh, sonriendo.
Hitoshi se lanzó hacia Mikael de nueva cuenta, ante lo cual el muchacho no tuvo otra opción más que huir.
En la puerta, los miembros de los Unbreakables no se decidían a entrar.
—Jesucristo redentor —Sacrass masculló en voz baja, con sentimiento—, ¿qué pasó aquí?
—TODO lo divertido —respondió Annai, alzando las manos y poniendo los ojos en blanco—, ¡y nos lo perdimos por tu culpa!
—¿Cómo que por mi culpa?
—Ni modo que fuera culpa mía —lo interrumpió Ariel—. Yo soy perfecto.
—¡Ni quien te esté hablando a ti!
Ambra y Nerid intercambiaron miradas mientras el resto de su equipo comenzaba un desastre justo a la entrada del otro desastre.
—Que bueno que Kai no se ve, si Okalani lo hubiera visto hubiéramos necesitado una correa —comentó la muchacha, en voz baja.
—A estas alturas, creo que necesitamos correas para todo el equipo —le respondió sonriendo el muchacho, teniendo cuidado de no soltar el brazo de Annai en ningún momento, no se le fuera a ocurrir empezar alguna otra "diversión".
Viendo cómo estaban las cosas, el señor Dickenson, que había estado esperando hacer su entrada triunfal y dar su discurso de inauguración, decidió que era mejor evitarse un paro cardíaco y dejar que sus tres coordinadores (de los cuales uno estaba fingiendo llorar tras haber capturado al líder de su equipo asignado, otro estaba regañando a su antiguo equipo, y la última estaba aprovechando la falta de brindis para beberse una botella de vodka como si fuera kool-aid) lidiaran con la situación.
Horas después, como a las tres de la mañana, el personal de hotel seguía recogiendo beyluchadores de los pisos.
Okay, me tardé como mil horas en escribir la última parte, peor también fue lo más divertido de escribir este capítulo, espero lo hayan disfrutado y ya saben, si notan cualquier error, por favor avísenme. En otras noticias, me encanta escribir a los Tzitzimime.
Y ya, ahora sí espero que los demás capítulos salgan más rápidos, en especial porque no hay manera posible de que me aviente a rehacer las peleas, ¿okay? Okay.
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Jeremy Camp, "Open Up Your Eyes"
