Notas: Bueno, no tengo idea de si saben o no, pero las cosas no han estado muy bien por donde vivo en estos momentos (aunque bueno, con tantos desastres naturales hay un montón de lugares que no están bien), y supongo que me he puesto a trabajar de puros nervios. Espero que todos estén bien. La verdad no sé que decirles; ojalá ojalá que estén bien.


Concordia Discors

armonía en discordia

Advertencias: Y bueno, otros mil años de oscuridad después y un montón de re-planeación que resultó en un capítulo que debería haber estado súper recortado, pero no; pero aquí estamos de nuevo. Como hubo suficiente "espontaneidad" el último capítulo, me volé casi toda la paja de este, pero de todas formas me tarde porque volví a encontrarme con un antiguo enemigo: la narración de las peleas. Um, hay un poco de violencia y sangre en este capítulo, pero ya saben, lo normal.

*Trompetas*


7. Sobre las alfombras rojas (y los peligros que estas representan)

Y así fue como trece de los dieciséis equipos participantes terminaron apiñados en tres autobuses con destino al estadio.

... o al menos a Hitoshi le hubiera gustado dejar así la explicación, pero algo le decía que su jefe le iba a dirigir una de esas miradas decepcionadas patentadas si lo hacía, así que mejor se evitaba problemas y tomaba nota de que había ciertas cosas importantes que realmente tenía que enseñarles a sus co-coordinadores, porque en una de esas iban a dejar a sus escuincles varados en medio del desierto con una navaja roma y una botella de gasolina y lo único que iban a hacer era voltear a verlo (como lo estaban haciendo en esos momentos) y esperar que arreglara todas sus estupideces.

Hitoshi resopló, colgando el teléfono y sintiendo calor en su oreja derecha, que había estado pegada a dicho aparato durante la última media hora y de seguro se le había puesto roja.

Brooklyn tuvo la decencia de mostrarse algo apenado, a diferencia de Mathy, que se limitaba a contemplar el barullo que dichos trece equipos habían armado en el momento que se habían enterado que iban a compartir un transporte con los que ahora eran, según ellos, sus más acérrimos enemigos. Aunque era posible que estuviera parafraseando, porque no todos los equipos se lo habían tomado tan mal, y la verdad era que les había dejado de prestar atención como a los dos minutos de gritos desaforados, completamente segura de que se iban a cansar. Eventualmente.

Lo cual había sucedido más pronto de lo esperado; tras varios empujones, intentos fallidos de mutilación, un par de amenazas y como mil insultos, los trece equipos se habían puesto más o menos de acuerdo (si uno no contaba a uno de los Tzitzimimes todavía quejándose del mal uso que se le daba al poder de la amistad en las beybatallas) en cómo se iban a repartir en los autobuses y habían comenzado a pasar lista y asignarse asientos ellos solos, para el total y erróneo deleite de los coordinadores.

Era difícil de creer, considerando lo mucho que habían protestado, pero en realidad a ninguno de los participantes del torneo les importaba que les hubieran o no conseguido un transporte de lujo (como los de los equipos que se habían largado por su cuenta) para que los llevará al torneo, tampoco les importaba compartir un autobus con los equipos rivales, aunque era necesario fingir que sí para conservar algo de dignidad; ni siquiera les importaba que los coordinadores no tuvieran idea de lo que estaban haciendo, o bien no les importara hacer su trabajo. No, ese no era el problema.

A los coordinadores les debería haber importado, pero no les importaba (no realmente, no era algo que fuera a quitarle el sueño a ninguno de ellos); era un momento de aprendizaje, un encogimiento de hombros y la más o menos vaga y poco sincera decisión de que lo harían mejor la próxima vez cuando no había certeza alguna de que fuera a haber una próxima vez. Parecía que se les había olvidado que su trabajo era coordinar a los equipos y a los miembros de los mismos. Parecía que se les había olvidado por qué era necesario, ocupados como estaban enfocados en sí mismos por distintas razones.

El problema, entonces, era este:

Hitoshi veía potencial; veía las cosas que debían hacerse y la gente (gente en el sentido más general posible, no individuos, no personas o niños o adolescentes) que podían ayudarlo a asegurarse de que se realizaran. Veía una visión del futuro que debía asegurarse, por todos los medios posibles, que se hiciera una realidad; estaba tan perdido entre los grandes objetivos que perseguía que le era imposible distinguir los componentes de los mismo, las consecuencias. Era un juego de ajedrez en los que el sacrificio de unas cuantas piezas era esperado y aceptable, y uno no tenía idea de qué representaban las piezas.

Brooklyn veía una oportunidad de redimirse a si mismo; intentaba hacer lo correcto, actuar de la manera en que debía, seguir las reglas, al punto de que parecía bondad hasta que uno recordaba que todo eso lo hacía para él mismo, para su propio bien. No era algo malo, no exactamente, pero era una decepción ver todo aquel talento y posibilidades malgastados, asfixiados bajo capas de miedo y deber y sin tener otro propósito además de querer probar que no era una persona terrible. Era posiblemente noble, aunque apenas bastaba en algunos momentos, y no había manera de saber si sería suficiente en el futuro.

Mathy estaba en el mismo bote únicamente porque era lo que más le convenía a sus intereses, porque la otra opción era dejar que las manos de los fantasmas de su pasado la arrastraran al fondo del mar; había preferido caminar en una cuerda floja suspendida entre pagar una cuota de protección e intentar genuinamente cumplir con las responsabilidades que le habían dado, sin detenerse a pensar en los porqués. Sin detenerse a pensar en la manera en que sus acciones podrían afectar a aquellos que dependían de ella sólo porque había aceptado desempeñar aquel papel.

Dicen que en el país de los ciegos, el tuerto es rey. Nadie se pone a pensar en lo fácil que sería mentir en esas circunstancias.

Era como el cuento de Rumpelstiltskin: una persona que se jactaba de conocer a alguien que podía convertir la paja en oro, cegado por su amor propio; una persona que sabe bien que no es capaz de tal proeza, pero que debe intentarlo de todas formas porque la alternativa no es una alternativa en absoluto; una persona que es capaz y está dispuesta, por un precio que es demasiado para pedir y demasiado para pagar por todas las razones equivocadas; pero era difícil decir quién era quien en la historia que se encontraban entretejiendo.

Era mucho más fácil decir quienes eran la paja; el problema era descubrir quiénes podían transformarse en oro.

Only a week since They said: Have no patience.

La entrada principal del estadio era un verdadero pandemonium: reflectores por todas partes, flashes de cámaras fotográficas, las voces de un número indefinido de reporteros que comentaban la llegada de los equipos al estadio y los gritos de los fans que habían acudido aquel día para ver a sus equipos favoritos. La cacofonía de la fama, si quieren ponerlo así. La entrada de cada persona por la alfombra roja colocada en la puerta principal sería comentada, juzgada y convertida en pequeños trocitos de información para el consumo del público.

En ese sentido, había pocas más peligrosas que ser los primeros en llegar, pero bueno, había pocas cosas que le importaran al equipo que había sido el primero en llegar.

Una limusina de color marfil se detuvo justo frente a la entrada, en cuanto las puertas se abrieron, comenzaron a salir uno a uno los integrantes de los Light Soldiers. No obstante, ninguno se alejó de la limusina; en lugar de ello, formaron dos lineas, como si ellos fueran el comité de bienvenida. Los flashes de las cámaras se volvieron casi insoportables cuando todos los reporteros trataron de capturar el momento en que Goldier Glace prácticamente se había arrodillado para poder asistir a la sacerdotisa Vinicia Mellitus a salir del auto, y los Light Soldiers únicamente emprendieron la caminata hacía el estadio una vez que la joven se había asido al brazo del muchacho, de una manera que lo hacía parecer más un accesorio que otra cosa.

A pesar del ruido y las luces a su alrededor, los integrantes del equipo se movían como una marcha solemne. Todo mundo estaba de acuerdo en que sería una primera impresión difícil de superar.

O hubiera sido difícil de superar de no haber sido porque el siguiente equipo en llegar fue absolutamente todo lo contrario a la sutil dignidad de los Light Soldiers.

El siguiente auto en detenerse en la entrada del estadio fue una limusina negra; las conversaciones bajaron de volumen y los fotógrafos alistaron sus cámaras, esperando tal vez una repetición del acto anterior, pero eso no fue lo que obtuvieron. En realidad lo que obtuvieron no tuvo nada que ver, porque lo primero que anunció la llegada del auto era la música ranchera a todo volumen que hacia retumbar las ventanas polarizadas y que seguramente estaba en contra de las leyes sobre la contaminación acústica, y en cuanto la velocidad del auto había aminorado apenas lo suficiente para que saltar de este no fuera un completo suicido, la puerta de pasajeros se abrió de golpe y u cuerpo humano rodó fuera del vehículo, aterrizando de rodillas a casi medio metro de la alfombra roja que habían preparado para recibir a los equipos con una especie de jadeo húmedo antes de comenzar a gatear a toda velocidad hacia la entrada.

La puerta de la limusina casi golpeó a la chica que intentó salir después de su compañero, quien soltó una maldición antes de abrirla otra vez de una patada y salir jalando tras ella a otro muchacho que se le parecía un montón. Lo últimos en salir fueron el líder del equipo y su acompañante más joven, la cual estaba sobre su hombro en una perfecta imitación de un saco de papas y cubriéndose los oídos con las manos.

Los muy malhumorados Black Death se adentraron en el estadio en ese orden, ignorando los reflectores y las cámaras a su paso, pero sin duda alguna dejando toda una impresión.

Los siguientes en llegar fueron los Majestics, que al igual que los dos equipos anteriores habían elegido una limusina como su medio de transporte, aunque nadie sabía cómo habían conseguido una que fuera color morado metálico; y, desafortunadamente para ellos, su entrada en definitiva no resultó tan majestuosa como la habían planeado, y discutido, y ensayado, y... Bueno, digamos que se tomaban muy en serio la primera impresión.

Lo único que no habían tomado en cuenta es que si te pasas como hora y media en el tráfico dentro de una limusina con ventanas polarizadas y sales justo en medio de una verdadera guerra de flashazos y reflectores como que las cosas tienden a no ir del todo bien.

—¡Gaah! —el grito de Enrique atrajo la atención de lo fotógrafos, de su equipo y demás curiosos presentes en la escena, inmediatamente se cubrió los ojos, intentando poner una distancia segura entre él y las cegadoras luces.

Y entonces el muchacho chocó contra Johnny, quien apenas tuvo tiempo de maldecir antes de estrellarse contra Oliver, quien trato de evitar su inevitable caída asiéndose a la muy costosa camisa de Robert, con lo cual consiguió dos cosas: 1) casi ahorcar al antes nombrado, y 2) que ambos terminaran en el suelo. No pasaron ni diez segundos antes de que Johnny se tropezara con ellos gracias a otro empujón de parte de Enrique, quien continuaba cegado y dando manotazos al aire ante las cámaras, hasta que tuvo a bien caer encima de sus compañeros para así crear una especie de "Sandwich Majestic Especial" con su dignidad como guarnición servida allí mismo sobre la alfombra roja, en medio de todavía más flashes de cámaras.

Por suerte para ellos, la atención de los reporteros dejo de estar centrada en sus escarnio público cuando llegó el primer autobús que contenía una mezcolanza de los equipos participantes.

La distribución de los equipos en los autobuses había completamente metódica y sistemática, en gran parte porque los All Starz se habían encargado de que así fuera; aunque quizás no habían tomado en cuenta las relaciones interpersonales que existían entre los equipos. En particular, las relaciones de "acérrimos enemigos", que o bien no habían conocido o no habían creído que fuera importantes.

O tal vez les había valido cacahuate, uno nunca sabía; hasta era posible que ésta fuera su manera de reducir a la competencia. Nadie nunca podría probar nada contra ellos.

El primer autobús en llegar fue el que había quedado a cargo de Brooklyn, para gran sorpresa de todos los demás coordinadores y equipos, porque cargaba con los desastres ambulantes que eran el Batallón Barthez, BEGA, los Bladebreakers, además del equipo Dark Elite y los dos miembros con menos sentido común de los Tzitzimime, y aún así habían conseguido llegar con los menos contratiempos posibles (probablemente porque la cara de espíritu chocarrero que había puesto Brooklyn al primer intento de causar desmadre en el vehículo había conseguido que todos se quedaran quietos en sus lugares fingiendo que eran invisibles). Así que su entrada había sido una procesión muy seria de gente vagamente aterrorizada detrás de un pelirrojo con cara de basilisco que nada más no le había hecho señas obscenas a los fotógrafos porque iba jaloneando a Izcozauhqui con una mano y a Mystel con la otra.

Afortunadamente, los miembros de la Dark Elite se habían visto menos afectados por la terrorífica disposición de Brooklyn, probablemente porque ya lo habían visto así antes, y habían podido ofrecer algo de apoyo moral a los miembros de los demás equipos dejando que prácticamente se aferraran a ellos o los utilizaran como escudos humanos tras los cuales esconderse, dando la impresión de ser una pasarela para los miembros de su equipo para el deleite de los fotógrafos, camarógrafos y reporteros de revistas de chismes.

A continuación, y para la inmensa alegría de esos mismos reporteros, llegó el autobús que le había tocado a Hitoshi, bamboleándose de un lado a otro y lleno de gritos que todavía se alcanzaban a oír por encima del ruido causado por la multitud. En cuanto la puerta del autobús se abrió, la mitad de los Night Wish se desparramaron en el suelo, como si hubiesen estado apretujados contra la puerta (como que tenían algo de mala suerte con las puertas), y estuvieron a punto de ser aplastados por los White Tigers X, detrás de los cuales habían salido el resto de los Night Wish y los Wayward Souls, estos últimos con cara de acabar de salir de una pelea, medio arreados por Hitoshi, quien tenía a Tala de los Blitzkrieg Boys en una media llave Nelson, y, por último, los dos miembros faltantes del equipo del pelirrojo y el Tzitzimime que les había tocado.

El entusiasmado "¡Eso fue genial, que bueno que me tocó este autobús!" de Ixbalenque fue recibido con un golpe por parte de Bryan que mando al Tzitzimime volando hacía las cintas elásticas que mantenían a los reporteros a raya, contra las cuales rebotó y salió disparado hacía su atacante, con lo que ambos terminaron despatarrados en el suelo.

Ohhh, Ahhh, dijo la multitud, tomando fotografías de la escena, ignorando los gruñidos de dolor de los muchachos hasta que Hitoshi tuvo a bien soltar a Tala y optar por arrastrarlos hacia el estadio.

El último autobús en llegar, entonces, fue curiosamente el que contenía a los All Starz. Algo que dicho equipo no había planeado y que más bien se había debido a la insistencia de algunos de los miembros de otros equipos a detenerse a comprar comida (aunque por eso mismo habían puesto a los Bladebreakers en otro autobús), y a la insistencia de Ariel de los Unbreakables, en particular, de tratar de convencerlos de coreografiar su "entrada triunfal" al estadio en la cual fungirían como su leal séquito; sugerencia que había conseguido que Lein de los Gothic Lights casi lo estrangulara, provocando otra parada no planeada que Mathy había aprovechado para amenazar a todos los presentes de que si no se comportaban los iba a dejar ahí mismo en medio de la calle y tendrían que irse caminando solos al estadio, tras lo cual finalmente habían podido reanudar su camino, pero no sin un considerable retraso.

Cuando finalmente llegaron a su destino, Mathy ya se había encargado de separar a los "miembros problemáticos" de los equipos y les había asignado compañeros como si fuera una excursión de escuela primaria; compañeros que, cabe mencionar, tuvieron que mantenerse pegados hasta que entraron al estadio, para la fascinación del circo mediático afuera del edificio.

Los All Starz, que definitivamente no habían planeado nada de eso, juraron venganza en su fuero interno.

The next time it was: Be insatiable.

Como se había explicado a los representantes en la reunión súper especial de Hitoshi, los equipos participantes habían sido divididos en dos bloques; aquel día, el primero y el más importante en cierto aspecto, porque la BBA tenía que probar que estaba lista para volver a organizar torneos de la manera usual, se conducirían las beybatallas de octavos de final con ocho de los equipos que habían logrado clasificar. Los integrantes de dichos equipos que iban a competir en el Bloque A habían terminado acomodados en los cuartos de espera de los participantes, esperando a que se decidieran los equipos que iban a enfrentarse, en tanto que los equipos que habían sido asignados al Bloque B habían sido conducidos a las gradas del estadio para que pudieran disfrutar los encuentros y, posiblemente, tomar nota de sus futuros contrincantes.

De cierta manera, podría considerarse como una desventaja, pero los papeles se intercambiarían al día siguiente y todos los equipos que siguieran en el torneo después de esta ronda tendrían tiempo más que suficiente para preparar sus estrategias en lo que volvían a la sede principal del torneo de Nueva Zelanda. Además, si algo les había quedado claro era que los coordinadores (en especial Hitoshi) eran unos bastardos y probablemente tenían preparado algo peor para el Bloque B.

Finalmente, Jazzman (¿quién si no?) hizo su aparición y comenzó a explicarle al público las reglas de torneo, como si de verdad no supieran qué estaban haciendo allí, tras lo cual se anunciaron los equipos que iban a participar en la primera batalla; los nombres y logos de los dos equipos aparecieron en todas pantallas que había en el estadio: All Starz vs Gothic Lights.

Ambos equipos salieron de los cuartos de espera a la arena del beyestadio, en donde fueron recibidos por la ensordecedora aclamación del público, y se dirigieron hacia donde estaban las bancas que debían de ocupar a lados opuestos de la arena, cada una con una pantalla en la parte superior que indicaba el nombre del equipo al que pertenecía. Los All Starz se habían instalado en la banca con un aire de alegría vengativa ante la posibilidad de cobrar venganza contra uno de los equipos que habían causado su retraso

Los Gothic Lights habían reaccionado de forma completamente diferente.

—No importa cuantas veces vea su nombre, siempre me molesta el hecho de que deletreen incorrectamente 'Stars' —comentó Cristal con un suspiró, contemplando el nombre en la pantalla al lado contrario de la arena con cara de decepción; a un lado suyo, Sycke se encogió de hombros con una sonrisa.

—Estética.

Estupidez —resopló Lein, sin siquiera tratar de disimular su opinión poco favorecedora del equipo con el que se iban a enfrentar.

Catra fue más directa.

—¡Oigan, manada de iletrados! —gritó, poniendo sus manos alrededor de su boca para proyectar su voz a través del estadio.

Los All Starz voltearon, listos para desmembrarla.

—¡Sí, ustedes!

Kain, como el valiente líder de aquel equipo, hundió la cara entre sus manos con un sonido de exasperación. Michael, como el valiente líder del otro equipo, fue el que respondió:

—¿Tienes algo que decirnos, Ivanov?

(En alguna parte del estadio, dos de los tres integrantes de los Blitzkrieg Boys se atragantaron con las botanas que intentaban comer en esos momentos.)

Catra ignoró las miradas de halcón de su equipo y sonrió.

—Apuesto a que ganaremos.

Ahora sí que tenía la atención de todos.

—¿Qué estas haciendo, Catra? —preguntó Cristal con una sonrisa afilada, aunque su tono de voz reflejaba más curiosidad que preocupación; después de todo, le habían dicho que las apuestas amistosas entre los equipos estaban permitidas.

La aludida movió las cejas de arriba a abajo con una expresión divertida en el rostro.

—¡Hago las cosas más interesantes!

—¿Haces las cosas "más interesantes" con los All Stars-con-zeta-al-final? —Preguntó Lein con sarcasmo—. Me imagino que tiene que ver con gráficas y números o no van a saber que hacer.

—Ah —Sycke sonrió de manera gentil—, estoy segura de que merecen el beneficio de la duda.

Kain le dio un codazo a Catra.

—Haz que su tema musical sea "All Star" si pierden.

—Haz que tengan que pintarse estrellas con glitter en la cara —añadió Cristal, finalmente viendo el valor de entretenimiento de la situación.

—Haz que se compren una de esas varitas de plástico rellenas de diamantina con una estrella en la punta y las carguen a todos lados durante el resto del torneo —añadió Lein.

—¿Cuáles? ¿En dónde viste esas varitas?

—¡Okay, okay! —Catra interrumpió a su equipo para volver a dirigirse a sus oponentes—. ¿Si oyeron?

—Oímos perfectamente; por supuesto, si nosotros ganamos, ustedes se convertirán en nuestros conejillos de india y nuestras mulas de carga durante el resto del torneo —anunció Michael, ante lo cual el resto de su equipo asintió con caras de que ya habían ganado—. ¿Hecho?

—¡Hecho!

Cabe mencionar que, durante aquel diálogo, Jazzman se había dedicado a repetir palabra por palabra lo que había dicho cada uno de los beyluchadores, añadiendo su comentario personal, para entretenimiento de la audiencia; al menos hasta que los nombres de las personas que iban a participar en la primera pelea aparecieron en las pantallas. Y, claro, como querían empezar a lo grande, la primera pelea sería entre los líderes de ambos equipos: Michael Parker vs Kain Yagami.

—Parece que seré el primero en ganar —dijo con insolencia el líder de los All Starz, dirigiéndose hacia el plato al centro del estadio.

—Eso ya lo veremos —el tono de voz de Kain no reflejaba nada, sin embargo en sus ojos brillaba un mudo desafío—. Después de todo, enfrentaras a toda la creación en esta batalla.

Dicho aquello, él también se dirigió al plato.

Jazzman levantó un brazo, listo para señalar el inicio de la beybatalla, y con la otra mano se llevó el micrófono a la boca para anunciar:

—¿Preparados? ¡Tres, dos uno... Let it RIP!

Ambos beyblades salieron disparados, produciendo una lluvia de chispas al tocar el plato. Michael había decidido que necesitaba una victoria, por lo cual había lanzado su beyblade con la mano derecha, agregándole potencia extra y esperando que fuera suficiente para despedazar a Yagami en un movimiento decisivo. Como era de esperar, los All Starz habían buscado la manera de recabar toda la información posible acerca de sus adversarios, pero apenas habían encontrado la suficiente para preparar gráficas tentativas con un margen de error muy alto, con lo que su estrategia apenas y era digna de tal nombre y Michael se había visto forzado a recurrir a la fuerza bruta que tanto despreciaba. Realmente odiaba no tener datos de los cuales depender.

—¡Ve, Trygle!

La bestia bit se levantó, saliendo de una columna de luz, dispuesta a seguir las órdenes de Michael, con datos o sin ellos.

—Puedo no tener información concreta sobre ti, ¡pero definitivamente puedo hacer una estimación razonada!

Los ojos de Kain adquirieron un brillo peligroso; ahora parecían emitir una oscuridad que latía con vida propia y en aquellos orbes negros se distinguía una resolución que iba mucho más allá de lo mortal.

—¿Cuando entenderás? —inquirió él en apenas un murmullo—. Los verdaderos guerreros no pueden medirse con simples números.

La actitud de Michael realmente estaba poniendo a prueba su paciencia, no soportaba el prácticamente dogma de los All Starz; el creer que podían analizar y comprender toda la creación basándose en cifras inútiles que eran archivadas por maquinas que jamás entenderían conceptos como el valor y la perseverancia. Sin importar lo mucho que trataran, ni todos sus datos del mundo podrían ayudarlos si no conocían primero la verdad que yacía en la naturaleza humana, aquello que impulsaba a las personas a seguir, a perseguir sus sueños, a ir tras sus ideales sin rendirse jamás, y que era diferente en cada ser humano.

Si creen que pueden medir mi poder, sobrepasaré los límites de mi humanidad; rasgaré los cielos con la sola fuerza de mi voluntad y me alzaré victorioso sin importar los obstáculos que se presenten en mi camino. Nada ni nadie podrá decirme cuándo he de rendirme ni hasta dónde puedo llegar... ¡Eso es algo que solo decido yo!, pensó, con cierta rabia vengativa.

Había decidido que no valía la pena prolongar la batalla que acababa de comenzar.

—¡Last Dragoon!

Con un estruendoso rugido, un dragón de siete cabezas se alzó como un obelisco sobre el plato de beyblade; seis cabezas de reptiles, de color rojo, amarillo, verde, azul, blanco y negro, abrían y cerraban sus mandíbulas llenas de colmillos afilados y, en medio de ellas, se alzaba una figura que resplandecía: envuelto en un halo de temblorosa luz, el cuerpo de un ángel asemejaba una estatua de mármol con las manos cruzadas sobre el pecho y la cara levantada hacia el cielo con una expresión que abarcaba todos los misterios del mundo en unos ojos demasiado brillantes como para verlos directamente.

Michael no estaba impresionado.

No, no, no, no. En absoluto. De hecho sus rodillas estaban temblando de la "emoción", para nada de miedo. ¡Él era Michael, por todos los cielos! No se iba a dejar amilanar por una bestia bit que lo miraba como si fuese un bichito muy aplastable... o, en todo caso, no lo iba a demostrar.

—No me impresionas. ¡Acaba con esa cosa, Trygle!

Kain decidió que ya había tenido suficiente de la actitud prepotente de Michael.

—¡Flama Supernova!

El ataque no se parecía en nada al efecto que podría esperarse de una llamarada dirigiéndose hacia Trygle, sino que fue más como contemplar el nacimiento de un nuevo sol; un fuego tan intenso que se reflejaba en los ojos de Yagami casi como un augurio. Después de que se extinguieran las llamas, el beyblade de Michael quedó reducido a apenas restos de plástico y metal que todavía continuaban derritiéndose, dejando tras de si gotas de acero y polímeros derretidos.

Pero aún no era suficiente.

—¡Hidro Tornado!

Las columnas de agua se materializaron del mismo aire, la presión que las sostenía era suficiente para provocar un temblor que sacudió el beyestadio; el plato de beyblade se vio inundado en cuestión de segundos y el beyblade de Michael fue arrastrado fuera de éste, haciéndose añicos ante el brusco cambio de temperatura ante los ojos atónitos de su dueño.

Jazzman miró boquiabierto el lugar donde había estado el beyblade de Michael, no sabía si debía sentirse decepcionado o aliviado de que los nuevos equipos no hubiesen participado en los torneos anteriores.

—¡Y el ganador es KAIN! —anunció ante la agitada multitud que vitoreaba con fervor.

Cuando el muchacho se dirigía hacia la banca de los Gothic Lights, dio un último aviso al equipo rival.

—Ya han perdido.

El equipo de Kain aprobó el dramatismo de su líder, al igual que el público. Los All Starz, no tanto, pero no tuvieron tiempo de hundirse en la miseria porque los nombres de los siguientes contrincantes ya estaba siendo anunciados: Steven Jones vs Cristal Volcova Diez.

Cristal sonrió con toda la confianza del mundo antes de dirigirse al plato, al mismo tiempo que Steven hacía lo mismo desde el lado opuesto del estadio; era obvio que ambos competidores estaban convencidos de su inminente victoria, pero, tristemente, uno iba a tener que darse cuenta de su error. Cristal ya había decidido que esa apersona no iba a ser ella.

—¿Estás listo? —Le preguntó a su oponente, al tiempo que alistaba su lanzador.

—No tienes oportunidad contra mí —contestó Steven sin un ápice de duda—. Es posible que Michael se haya dejado vencer por un mero descuido, pero no será el caso conmigo...

—Te pregunté si estabas listo, no quería un recuento de tus traumas más recientes.

—¡Oooooooh! —Exclamó Jazzman, interrumpiendo el duelo verbal—. ¡La tensión es tal que podría cortarse con un cuchillo, esta pelea será interesante!

—En serio, ¿es necesario que señale lo obvio siempre? —preguntó en voz baja Catra, desde la banca de su equipo.

—Ah, estoy segura de que lo hace con la mejor intención —respondió Sycke con tono conciliador.

—Eso no es un "si".

—Porque la respuesta no es "si".

Afortunadamente, Jazzman no se encontraba lo bastante cerca como para escuchar aquella conversación y había optado por comenzar la cuenta regresiva para el inicio de la batalla:

—¡Tres, dos, uno... Let it rip!

Ambos contrincantes lanzaron sus beyblades, llenando el aire a su alrededor con chispas que centellearon al recibir la luz de los reflectores del estadio. El beyblade de Steven tenia una clara ventaja en el aspecto de la fuerza bruta gracias alas modificaciones hechas por su equipo, pero la maniobrabilidad y velocidad de Dark Wolborg eran suficientes para evitar todos los intentos de asestar un ataque definitivo del muchacho, quien optó por evitar prolongar la pelea y decidió usar su carta del triunfo:

—¡Ve Tryhorn!

Era una verdadera lástima que eso fuera exactamente lo que Cristal había estado esperando; la chica se permitió que una sonrisa helada se formara en sus labios.

—¡Dark Wolborg, Fuego Congelante!

El beyblade de Cristal se vio envuelto en llamas azules que parecían agitarse como si estuvieran en medio de una tempestad, proyectando caprichosas sombras que se deformaban y cambiaban a cada segundo; antes de que Steven pudiera reaccionar, su beyblade fue embestido con una fuerza demoledora. Poco o nada le sirvieron los anillos de defensa ni el propio poder de su beyblade ante tal ataque y salió despedido del plato, rebotando contra el suelo del estadio hasta detenerse frente a la banca de los All Starz.

—¡Y la ganadora es Cristal! —anunció Jazzman con voz estentórea—. ¡Los Gothic Lights acaban de obtener una arrolladora ventaja de dos victorias contra uno de los equipos veteranos favoritos!

—¿Favoritos de quién? —Masculló Lein bajo su aliento al tiempo que se incorporaba para recibir a su compañera de equipo de nuevo en la banca con un asentimiento de cabeza aprobatorio ante su reciente victoria.

—Yo creo que de ellos —comentó Catra con una sonrisa, alzando sus dos manos para chocarlas con las de Cristal, quien le lanzó su beyblade a Kain para poder completar en gesto. El líder de los Gothic Lights también le ofreció una leve inclinación de cabeza, antes de decir:

—Buen trabajo.

Su victoria estaba asegurada; sólo quedaba ver si podían avanzar con un record perfecto.

Sobra decir que los integrantes de los All Starz se encontraban en el espécto opuesto del rango emocional, Steven incluso se había dejado caer derrotado de rodillas, incapaz de esconder su frustración e incredulidad al ver como la fe que tenía su equipo en los datos se veía arrastrada por el lodo una vez más.

Cristal se giró para verlo antes de sentarse y apretó sus labios hasta que su boca se volvió una delgada y estricta línea ante el comportamiento de su oponente. No tenía nada en contra de sus datos, ni en la fe que les tenían, pero una de las lecciones que había tenido que aprender era que a veces el verdadero poder yacía en el interior de uno mismo, y de nada valía culpar tu debilidad en factores externos. La muchacha tomó asiento justo cuando los nombres de los (posibles) siguientes combatientes aparecieron en las pantallas: Emily York vs Lein Mijáilovich.

Lein se incorporó y estiró los brazos de manera casi insolente antes de dirigir una mirada de desafío hacia el otro equipo; algo que Emily consideró no podía quedarse sin respuesta. Ambas contrincantes se dirigieron al plato de beyblade, aunque con actitudes muy diferentes. Jazzman estaba casi dando saltitos en su lugar.

—¿Preparadas? ¡Tres, dos, uno...! ¡Let it RIP!

Los dos beyblades tocaron el plato al mismo tiempo y casi inmediatamente se movieron a extremos opuestos del mismo, guardando su distancia. No había espacio para errores o debilidades de ninguna parte, Emily no podía arriesgarse a caer en los mismos fallos que habían cometido sus compañeros y para Lein nunca había sido una opción en primer lugar. Emily no tenía datos en los que basarse, e incluso si de alguna manera lograra conseguir una victoria para su equipo, eso sólo significaría que los Gothic Lights pasarían a la siguiente ronda sin un marcador perfecto; su equipo no iba a tener la oportunidad de avanzar, hiciera lo que hiciera, pero aún así...

Aún así, Emily no se había dedicado a jugar beyblade profesionalmente esperando perder, datos o no.

—¡Ve, Trygator!

Una vez que su bestia bit se manifestó por encima de su beyblade, Emily inició una serie de ataques rápidos, con la esperanza tomar a Lein desprevenida y, con algo de suerte, asestar un golpe que sacara al beyblade de la chica del plato.

No obstante, Lein demostró tener una defensa impecable, bloqueando los ataques que no alcanzaba a esquivar y evadiendo gracilmente los que eran demasiado lentos para su beyblade; al cabo de un rato de aquel juego, Lein decidió que ya había gastado demasiado tiempo con su oponente y que era hora de aplastarlos. No sonrió, ni alzó la voz, pero el nombre de us bestia bit se escuchó en todo el estadio.

Loshter.

Una única palabra, y las puertas de un mundo de fuego y azufre se abrieron ante ella; su bestia bit surgió de una columna arremolinada de llamas y cenizas que se esparcian a su alrededor con un viento seco. Unas alas majestuosas que oscilaban entre sangre y noche surgieron de entre las flamas y se expandieron hasta cubrir el plato casi por completo, la cabeza del dragón oscilando apenas de un lado a otro, sin apartar su mirada de Emily como si se tratara de su presa.

Probablemente para Loshter así era.

Los ojos rojizos de Mijáilovich se reflejaron el mismo brillo depredador presente en los del dragón cuando dio su orden:

—¡Tormenta de fuego!

El mundo del que había surgido la bestia bit se derramó sobre el plato como si se tratase de un pasaje bíblico; rocas incandescentes descendieron sobre Trygator y una ola de intenso calor hizo que se levantará una cortina de vapor que cubrió a ambas beyluchadoras; Trygator lanzó un chillido estridente al convertirse en el blanco de la tormenta que hizo estremecer el lugar por completo antes de desvanecerse. Cuando el vapor se aclaró un poco, el beyblade a medio derretir de Emily se encontraba todavía sacando humo.

Jazzman, que había corrido a resguardarse lo más lejos posible del plato, levantó una mano antes de anunciar a todo pulmón:

—¡La ganadora es Lein, los Gothic Light arrasan con los All Starz y avanzan a la segunda ronda!

La ovación del público fue ensordecedora.

Lein se permitió una sonrisa cuando se dio cuenta que los miembros de su equipo habían comenzado a cantar la canción de "All Star" que, sin duda, iba a perseguir al equipo que acababan de derrotar por lo que restaba del torneo.

Then: Save yourself; others you cannot save.

Jazzman no los había dejado ni terminar la canción, puesto que casi enseguida se habían anunciado los siguientes equipos a competir en las pantallas, BEGA vs Black Death, y tanto los Gothic Lights como los All Starz habían tenido que abandonar las bancas cercanas al plato para que los siguientes equipos pudieran ocuparlas. Una vez que se habían acomodado, no tardaron en aparecer los nombres de las primeras dos personas que se enfrentarían: Ming Ming vs Spectrum Cross.

La muchacha se levantó de un salto de la banca de su equipo, nada más para asumir enseguida una pose inspirada en Salior Moon, antes de exclamar:

—¡Voy a ganar esto totalmente!

Brooklyn sonrió, mientras Mystel gruñía y Garland pretendía no haberla escuchado.

Del lado contrario Cross sonrió, mechones de cabello púrpura proyectando una sombra siniestra que no alcanzaba a ocultar del todo el brillo febril en sus ojos; Asherigo y Zatanna se volvieron a verlo en tanto ajustaba las cuerdas de la ballesta a su brazo y se dirigía al plato. Stan chasqueó su lengua y luego pasó uno de sus brazos por encima de los hombros de Derien, quien no se movió ni reaccionó.

—Ni siquiera va a ser una pelea interesante.

Los rostros impasibles hasta el momento del resto de los Black Death cambiaron a una cruel mueca que imitaba una sonrisa y que reflejaba todo el instinto salvaje de un depredador hambriento. Aquel intercambio, que no había pasado desapercibido por los miembros del equipo contrario, ocasionó que Mystel, Garland y Brooklyn intercambiaran miradas preocupadas, pero no fue suficiente como para considerar detener a su compañera, quien, al igual que Spectrum, ya se había dirigido hacia el plato y estaba en posición de lanzar su beyblade. Jazzman sólo tenía que dar la señal y saldrían disparados a hacerse frente el uno al otro. A hacerse pedazos, literalmente, si se llegaba a ese extremo.

—¿Listos, beyluchadores? ¡Tres, dos, uno...! ¡LET IT RIP!

El rugido de la audiencia silenció el sonido que hicieron los beyblades al chocar el uno contra el otro, arrojando chispas volando por todas partes; antes de siquiera idear una estrategia, Ming Ming ya había pasado a la ofensiva, con la esperanza de atrapar a Spectrum con la guardia baja.

—¡Voy a acabar contigo! —Exclamó Ming Ming, dando un giro antes de mandar un beso volando a Spectrum.

Los otros tres miembros de su equipo enterraron las caras en sus manos en un movimiento sorprendentemente coordinado. En cambio, los miembros de los Black Death parecían casi vibrar con una energía nerviosa, esperando la reacción de su compañero. Brooklyn entendió por qué enseguida.

El muchacho tornó su mirada hacia Ming Ming, para el completo horror de la desprevenida chica; las pupilas de Spectrum estaban dilatadas y un músculo saltaba espasmódicamente en una de sus mejillas grotescamente estiradas en una sonrisa asimétrica. La integrante de BEGA no pudo evitar dar un paso hacia atrás.

—Voy a acabar contigo —repitió el muchacho, en un tono inquietante, al mismo tiempo que movía su cuello haciendo crujir los huesos.

Ming Ming tragó saliva con dificultad y decidió que la situación requería algo más que su poder estelar y buena música de fondo.

—¡Ven, Venus!

Aunque tampoco hacia falta dejar de lado un poco de aliteración y musicalidad, las cuales sirvieron para realzar el momento en que su bestia bit apareció sobre el plato; desafortunadamente, tanto para Ming Ming como para su bestia bit, aquello no era sino la excusa que Spectrum había estado esperando para cumplir con la promesa que acababa de hacer. El beyblade del muchacho comenzó a girar erráticamente, con los anillos tocando el plato al punto que parecía que iba a irse de lado, sacando chispas; Spectrum sonrió.

—¡Juzga y desgarra, Ramiel!

Las chispas que habían rodeado a su beyblade se arremolinaron hasta formar una figura que asemejaba una arpía hecha de rescoldos de fuego y electricidad; Ramiel, quien era considerado el maestro del trueno, presidía visiones verídicas y tenía autoridad sobre las almas que serían levantadas de sus tumbas el día del juicio final. A su alrededor, el plato comenzó a resquebrajarse y las piezas salieron volando a ambos extremos del plato, sin hacer distinciones entre los contrincantes.

La exclamación de dolor de Ming Ming cuando unos de los trozos de plástico se clavó en una de sus piernas hizo que los miembros de su equipo se incorporarán, posiblemente con la intención de detener la pelea o al menos indicarle que se pusiera a cubierta, aunque sabían que no sería posible sin renunciar a la pelea. Ming Ming se mantuvo en pie, haciendo presión sobre la herida que había comenzado a sangrar con una de sus manos, dispuesta a continuar; Spectrum pareció sentir un renovado apreció por la beyluchadora, así que levantó un brazo (el que también había sido el blanco de varios trozos del plato) para señalar el beyblade su oponente, salpicando gotitas de sangre en el proceso.

El muchacho sonrió, su bestia bit daba la impresión de estar esperando sus órdenes.

—¡Tormenta eléctrica!

El sonido que dejo escapar Ramiel fue algo inhumano, mitad estática y mitad el eco de un trueno; el viento se agitó violentamente alrededor de ambos contrincantes, del suelo comenzaron a surgir látigos de electricidad que terminaron por destrozar el plato entre las carcajadas de Spectrum y los alaridos de Ming Ming al verse atacados nuevamente por los restos del mismo; en algún momento, uno de los beyblades salio disparado del plato y a los pies de Jazzman, tras lo cual la tormenta se detuvo abruptamente.

Jazzman trató de evitar hacer una mueca al ver los restos destrozados del beyblade de Ming Ming; luego cometió el error de dirigir su mirada hacia la muchacha, quien se encontraba de rodillas en el suelo y, al igual que Spectrum, daba la impresión de haberse transformado en un alfiletero humano con varias fugas de cosas que no deberían estar saliendo. Tragó saliva, una de sus manos se levantó en automático y se llevó el micrófono a los labios con la otra.

—¡El ganador es Spectrum! —Exclamó, y luego añadió con un mayor sentido de urgencia: —¡Traigan a los paramédicos!

Cuatro personas en uniformes blancos ingresaron corriendo al area del plato, los dos que portaban una camilla se dirigieron inmediatamente hacia Min Ming, quien había sido inmediatamente rodeada por su equipo, quienes, la verdad sea dicha, hacían poco más que estorbar ya que ni entre todos tenían manos suficientes para cubrir todos los cortes que había sufrido, y eso sin contar los pedazos de plático que todavía estaban clavados en su piel. Spectrum no se encontraba mucho mejor, al menos uno de sus brazos le colgaba inutilizado y hecho jirones, pero ni un solo miembro de su equipo hizo el menor ademán de acercarse a él en lo que los paramedicos lo conducían a la enfermería.

Ming Ming acababa de abandonar el estadio en la camilla cuando las pantallas del estadio anunciaron a los siguientes contrincantes: Garland Siebald vs Zatanna Abyss. Mystel y Garland intercambiaron miradas; Garland se dirigió hacia el plato destruido con una expresión de lúgubre determinación en el rostro, con lo que Mystel no tuvo más remedio que regresar a la banca de su equipo y sentarse junto a Brooklyn, quien tenía su teléfono en las manos.

—¿Noticias, tan pronto?

—Algo así —el pelirrojo hizo un esfuerzo por levantar una de las comisuras de sus labios—, me acaban de asegurar que ya tienen preparado a un equipo para atender a Ming Ming...

Mystel asintió.

—Uno de los beneficios de ser coordinador.

Brooklyn tuvo que suprimir una mueca, aunque afortunadamente Mystel ya había vuelto su atención a Garland y al equipo contrario. Al otro lado del estadio, Zatanna ya se había incorporado y se había detenido sólo un momento frente al líder de su equipo, quien se encogió de hombros con total desinterés ante la atención de sus compañeros.

—¿Qué quieres que te diga? Esto va a ser aún más aburrido que la pelea de Spectrum.

Los ojos grises de la chica vagaron hasta detenerse en algún punto indefinido del público al tiempo que apoyaba su guadaña sobre uno de sus hombros con una mueca de displicencia.

—Está bien, prefiero acabar rápido con ésta pérdida de tiempo.

Ambos contrincantes se acercaron a los restos del plato de beyblade, a la espera de las instrucciones del anunciador.

—En vista de que el plato de beyblade esta destruido, el resultado de esta batalla se decidirá tan solo conforme al beyblade, el primero que deje de girar, no importa en dónde, será el perdedor, ¿listos? —Jazzman miro nerviosamente a ambos participantes, ese nuevo equipo le ponía los cabellos de punta—. Tres, dos uno... ¡Let it rip!

La batalla comenzó en el mismo instante en que los beyblades tocaron el plato. En un movimiento desafiante, Garland se lanzó directamente a un ataque frontal, aunque, para su sorpresa, el beyblade de Zatanna respondió de la misma forma. Si bien ambos carecían de estrategia, o al menos esa impresión daban, tenían suficiente fuerza bruta para que eso no representara un problema para su estilo de pelea.

Garland chasqueó la lengua, decidiendo que su mejor oportunidad yacía en una pelea breve con un resultado contundente, así que en realidad sólo tenía una opción.

—¡Apolleon!

BEGA, por alguna razón, no había recibido el mismo trato que el Batallón Barthez, con excepción de Brooklyn, pero no por eso habían dejado de hacer lo posible para mejorar y tener la oportunidad de probar que merecían seguir compitiendo. Que eran mejor que lo que habían creído ser.

Aunque, por supuesto, nada de eso le importaba a Zatanna. La chica inhaló, antes de ordenar:

—Reduce los cielos a cenizas, Sachiel.

Al igual que con el anterior ataque, las bestias bit se manifestaron al mismo tiempo. La noble figura dorada y quimérica de Apolleon ofrecía un contrate obvio frente a Sachiel, cuyo cuerpo alrgado de tonos azules daba la impresión de ser un humano sometido a la tortura del potro. En la mitología se le conocía como la Apariencia de Dios, un ángel caído que se dedicaba a servir a los cuatro príncipes del Infierno.

La expresión de molestia de la chica se transformó en una sonrisa cruel; Garland sintió un escalofrío recorrerle la espalda. Lo terrible de Zatanna, lo terrible de Spectrum y del jodido equipo de esos dos, era que no sólo no parecían tener problema al ser crueles (Bryan había sido sádico, Brooklyn había enloquecido, él mismo no había tenido ningún problema en recurrir a la violencia, pero nunca habían sido crueles), sino que parecían no conocer otra cosa.

—¡¿Qué estás esperando, Sachiel?!

La voz de su dueña impulsó a la bestia bit hacia adelante; con un crujido parecido al de los huesos quebrándose, ambos beyblades chocaron el uno contra el otro; pero, por más fuerte que fuese Apolleon, el poder del caído era arrollador. El beyblade de Garland salió disparado por los aires, incrustándose en la pared de la banca que ocupaba el equipo del muchacho. Mystel maldijo con voz ahogada.

Jazzman exhaló, aliviado, y señaló a Zatanna.

—¡La ganadora es Zatanna!

A diferencia de la batalla anterior, el público se permitió ovacionar a la muchacha, quien volvió a apoyar su guadaña en su hombro y volvió a la banca de su equipo sin el mínimo gesto de reconocimiento. Garland se mordió el labio y apretó los puños antes de también dirigirse a la banca en donde lo esperaban Mystel y Brooklyn; no había alcanzado a sentarse antes de que las pantallas mostraran los nombres de los siguientes contrincantes: Mystel vs Asherigo Abyss. Era una batalla opcional, ya que el resultado de la pelea entre equipos ya estaba decidido; podían retirarse o tratar de salvar un poco de su dignidad.

Bueno, para Mystel en realidad no era una opción; ya había comenzado a incorporarse cuando una mano se cerró fuertemente sobre su muñeca, el muchacho se volvió tan solo para encontrarse cara a cara con su líder, quien portaba una expresión casi torturada. En realidad, no tenía una razón justificada para detenerlo, él había sido mucho peor la última vez que se había visto involucrado en una batalla, pero lo que los Black Death le causaban no era un terror racional, así que no iba a actuar de manera racional. Brooklyn miró a Mystel a los ojos y negó con la cabeza.

—¿Brooklyn...?

El pelirrojo avanzó hasta donde se encontraba Jazzman y anunció:

—BEGA se retira.

—¡¿Qué?! —el chillido de Mystel fue coreado por la mayoría del público.

—Al diablo con el torneo —Brooklyn prácticamente ladró las palabras—, no pienso arriesgar a nadie más si el resultado ya está más que decidido.

—¿Al diablo con el torneo? —La voz de Stan pareció reptar hasta él y envolverlo; el pelirrojo contuvo la respiración—. Que maravillosa manera de decirlo.

Jazzman levantó un brazo por pura inercia para indicar que el resultado de aquel encuentro estaba decidido, y para las gradas más cercanas resultaba imposible ignorar la manera en que aquella extremidad temblaba, a pesar de que el anunciador se estaba esforzando por mantener una cierta apariencia de normalidad.

—¡L-Los Black Death pasan a la siguiente ronda!

Apenas había terminado de hacer su anuncio, Jazzman se llevó una mano al oido, frunciendo el ceño de manera casi imperceptible al recibir nuevas indicaciones por parte de los organizadores del torneo.

—¡Estimado público y participantes, el torneo tendrá un receso de veinte minutos para reemplazar el plato de Beyblade y reacondicionar la arena! ¡Les solicitamos salir del estadio durante este tiempo!

Casi enseguida, una versión similar de aquel anuncio comenzó a ser emitida desde las bocinas del estadio mediante una voz computarizada, con lo cual todos los presentes, tanto el público general como los beyluchadores e incluso los coordinadores y el mismo Jazzman, se vieron obligados a abandonar el estadio.

(Después de todo, sería mejor para todos los involucrados que se hiciera una pausa para al menos limpiar la sangre en el piso antes de seguir transmitiendo el evento en vivo.)

El tiempo pareció deslizarse más lento de lo normal en tanto varios empleados de la BBA hacían su mejor esfuerzo para quitar los restos del plato destrozado y colocar uno nuevo; como eran las primeras peleas del torneo, se había decido no utilizar los platos especiales, pero varios de los organizadores comenzaban a preguntarse si deberían hacerlo, estando los equipos tan dispuestos a destrozar todo como acababan de demostrar.

En su palco privado, Koori Amamia hizo una llamada, que prontamente fue a parar al buzón de voz de uno de sus coordinadores.

—Hitoshi —comenzó a decir, masajeándose las sienes—, espero que sepas que todos los platos que se tengan que usar como reemplazos se van a descontar de tu sueldo...


Como dije, después de mil años de oscuridad, pero bueno. Aquí estamos, un capítulo para los que querían ver a los Gothic Lights con "más personalidad"... creo que ya me agarre de ellos, este equipo me divierte.

De verdad que no me creerían la logística necesaria para este capítulo (tuve que investigar las distintas capacidades de diferentes tipos de autobuses de lujo, no lo puedo creer) y eso que en teoría no iba a cambiar tanto de este capítulo, pero ya ven. Para los curiosos, el reparto de los autobuses fue por la cantidad de miembros de cada equipo: un coordinador, un equipo de 6, uno de 5, uno de 4, uno de 3 y uno o dos Tzitzimime. Uff, y ya espero llegar a los capítulos que necesiten menos remiendos, dios.

Only a week since They said: Have no patience.
The next time it was: Be insatiable.
Then: Save yourself; others you cannot save.
Adrienne Rich, "Snapshots of a Daughter-in-Law"