Concordia Discors
armonía en discordia
Advertencias: No sé ni que estoy haciendo con mi vida, déjenme decirles. Como estamos ahora con equipos más decentes, no hay mucha violencia que digamos (a menos que quieran contar a las bestias bit, digo, yo qué sé), pero si hay un par de descripciones desagradables y Bryan, así que... bueno. Oh, y ahora los nombres de los Light Soldiers tienen significados, yay.
8. Palingenesia
Death or the goddess, to aid or deceive
Many weird faces deep in the trees
Dare you to find me, I dare you to try
But lad if you trick me then yours is to die
Nathaniel Johnstone, "Baba Yaga"
Los trabajadores habían trabajado rápida y eficientemente; en los veinte minutos que había anunciado Jazzman habían alcanzado a limpiar la arena, quitar lo poco que quedaba del plato destruido, y reemplazarlo por otro. Mientras tanto, los demás beyluchadores se habían dedicado a hacer ajustes y discutir estrategias de última hora; pero finalmente los veinte minutos pasaron y los dos equipos siguientes aparecieron en las pantallas: Dinastía F vs Light Soldiers. Las bancas ya estaban desocupadas, así que los equipos no tardaron en dirigirse a las que les correspondían.
Sin embargo, antes de que los miembros de los Light Soldiers pudieran ocupar sus lugares, Kaius y Nigellus ya se habían dirigido al plato de beyblade, el primero había alzado ambos brazos para llamar la atención de la Dinastía F y el segundo había llevado sus manos alrededor de su boca para formar una bocina y gritarles, ahí mismo, en medio del estadio y enfrente de todos:
—¡Dinastía F, escuchamos que su especialidad son los dobles!
Goldier se frenó en seco ante la exclamación, casi haciendo que Drustanus se estampara contra su espalda, y tuvo que tomar un par de inspiraciones largas antes de seguir avanzado y sentarse en la banca designada irradiando puro enojo. Drustanus y Viatrix se sentaron en la orilla contrario de la banca.
Al otro lado del plato, Julia se giró inmediatamente hacía los miembros de los Light Soldiers que seguían de pie y esbozó una sonrisa confiada.
—¡Por supuesto! ¿Les interesa un juego?
Nigellus y Kaesillus sonrieron exactamente de la misma manera.
—Claro —contestó el primero, con un asentimiento de cabeza.
—Nos gustaría acabar con esto lo más rápido posible —añadió el segundo.
La sonrisa de Julia se torció inmediatamente, al mismo tiempo que Raúl se cubría la cara con las manos. En la banca de los Light Soldiers, Drustanus se contentó con dejar caer su cabeza hacia el frente y suspirar, tampoco podía permitir que todos los miembros de su equipo mostraran tan poca dignidad en televisión.
Para su mala suerte, Jazzman decidió que aquel era el momento perfecto para intervenir.
—¡La tensión entre los dos equipos podría cortarse con uun cuchillo, querido público! —El micrófono emitió un chirrido ante el volumen de su voz que hizo que Drustanus cerrara los ojos—. ¡Los Light Soldiers han decidido retar a la Dinastía F en su especialidad, así que este encuentro se decidirá a través de una única beybatalla de dos contra dos!
Goldier entrecerró los ojos para demostrar la poca gracia que le hacia todo el asunto.
—¿No es eso lo que acaban de anunciar Nigellus y la bruja pelirroja? No veo por qué es necesario repetirlo.
—Ah, —Drustanus sonrió como si tuviera un dolor de muelas—, para animar al público, probablemente.
Goldier le dedicó una mirada que comunicaba lo mucho que lo decepcionaba la humanidad en general, pero dado los sonidos que estaba emitiendo el público en esos precisos momentos (varios "ooooh"s y "aaaaah"s, con uno que otro "buuuu" que le daban ganas de arrojar su propio beyblade a la multitud), en realidad no tenían muchas opciones más que dejar que la pelea de dobles tuviera su lugar.
Las cámaras del estadio no tardaron en transmitir la decisión a la que habían llegado los dos equipos, mostrando los nombres de los representantes: Raúl Fernández & Julia Fernández vs Nigellus Lebbaeus Juvenalis & Kaius Caecilius Nicephorus.
Julia se encamino hacia el plato de beyblade con absoluta confianza, con Raúl luchando por seguirle el paso con una expresión nerviosa; por su parte, Kaius y Nigellus también comenzaron a dirigirse hacia el plato, con cada uno de sus pasos en sincronía. Goldier cerró los ojos y tomo una bocanada de aire por la boca silenciosamente, no necesitaba ver la batalla para saber cómo iba a terminar, en especial ya que era obvio que los juegos mentales que eran el fuerte de Kaius ya habían comenzado a surtir efecto.
Los cuatro tomaron cada uno su posición correspondiente a cada lado del plato, preparándose para lanzar sus beyblades, Julia y Raúl con sus lanzadores modificados en las guardas de sus brazos, Nigellus con un lanzador normal de color blanco únicamente modificado para utilizar una sarta de perlas como cuerda, y Kaius con un lanzador incorporado a un Pilum pesado.
Jazzman alzó uno de sus brazos para indicar que se prepararan.
—¿Listos, beyluchadores? ¡Es todo o nada en este encuentro, así que... tres, dos, uno, LET IT RIP!
Ninguno de los equipos había tenido suficiente tiempo como para formular una estrategia, pero ninguno de ellos consideraba que fuera realmente necesario.
Nigellus y Kaius intercambiaron sonrisas apenas un segundo antes de sus lanzamientos.
—¡Buen juego, Kaius!
—¡Buen juego, Nigellus!
Julia cerró los puños con saña.
—¡Hazlos morder el polvo, Raúl!
Raúl hizo una mueca, pero no tardó en responder:
—¡Aquí vamos, Julia!
En cuanto los beyblades tocaron el plato, Julia se había abalanzado contra Kaius y Nigellus; no había contado con que aquello fuera exactamente lo que ellos habían esperado que hiciera. En el instante en que se había abierto una brecha entre los beyblades de Julia y Raúl, sus contrincantes se habían movido para asegurarse que no les fuera posible cerrar aquella distancia; habían logrado separarlos en el primer ataque, obteniendo una ventaja difícil de ignorar, especialmente cuando de dobles se trataba.
Jazzman estaba sorprendido. Las personas que sabían cómo jugar beybatallas dobles eran excepcionales; oh, por supuesto, cualquiera que supiera los básicos del beyblade podía jugar junto con otra persona, de ser necesario, incluso hasta ganar, con algo de suerte, pero había mucha razones por las cuales el beyblade consistía principalmente de batallas individuales a pesar de ser comercializado como un deporte en equipo. Para empezar, tendría a atraer a personalidades problemáticas. Y ser capaz de sincronizar un conjunto de piezas de plástico y metal en forma de un trompo glorificado que giraban a velocidades a las que fácilmente podrían arrancarle los dedos a alguien con el de alguien más, al mismo tiempo que chocaban contra otros dos trompos iguales, no era una tarea fácil.
Julia y Raúl se complementaban el uno al otro, buscaban cubrir las debilidades de su compañero, sus errores, sus malos habitos y eran capaces de hacerlo porque tenían la importante ventaja biológica de ser gemelos, así como de haber pasado sus vidas enteras conociéndose el uno al otro.
Ese no era el caso de Nigellus y Kaius. Jazzman no se refería a la obviedad de que no fueran parientes, porque de haber sido aquel un criterio necesario habría muy pocos encuentros dobles, pero la interacción de Julia y Raúl, dentro y fuera del plato, aún mantenía la fricción de una interacción humana normal. La forma en que Nigellus y Kaius controlaban sus beyblades tenía la fluidez de dos engranajes haciendo operar un mecanismo no por otra cosa sino porque aquella era su función. Era la clase de sincronización que debía obtenerse por medio de tiempo, sangre y lágrimas; un simbiote creado artificialmente después de retirar todas las partes innecesarias para su funcionamiento.
Jazzman podía notarlo porque ya lo había visto antes. Jazzman había visto un montón de cosas antes.
Su comportamiento, sin embargo, era un poco menos común.
—¡Bien hecho, Kaius! —Exclamó Nigellus, ofreciéndole una sonrisa brillante y un pulgar hacia arriba a su compañero.
—¡Lo mismo digo, Nigellus! —Contestó Kaius, también ignorando olímpicamente a sus contrincantes. De no haber sido porque los beyblades de ambos seguían atacando a la Dinastía F Jazzman podría haber pensado que se les había olvidado que estaban en medio de una batalla.
—¡De ningún modo, Kaius, sabes que eres el mejor!
—¡Ni hablar, Nigellus, todo es gracias a ti!
—¡Es el fruto de nuestro trabajo en equipo, Kaius!
—¡Por supuesto, somos un gran equipo, Nigellus!
Jazzman se había quedado sin palabras, con una sonrisa un poquito forzada en la cara mientras aquella conversación resonaba por todo el estadio gracias a la buena acústica de este y los buenos pulmones de los miembros de los Light Soldiers. Julia estaba demasiado ocupada gritándoles a sus contrincantes como para notar que su beyblade había sido acorralado; visto así, por supuesto que era una estrategia brillante.
Finalmente, a Julia se le agotó la paciencia.
—¡Es hora de terminar con esta farsa, Torch Pegasus!
Aunque obviamente no del todo de acuerdo con la idea, Raúl siguió la estrategia de Julia.
—¡Pegasus Trueno!
Al parecer aquello era lo que habían estado esperando, porque Kaius y Nigellus intercambiaron miradas en ese momento y extendieron sus brazos hacía el otro, los dedos de la mano derecha de Kaius se sujetaron a los dedos de la mano izquierda de Nigellus, tras lo cual cada uno señaló hacia el frente con los brazos que tenían libres.
—¡Crea un ciclo infinito, Oceanus!
—¡Llévanos a un lugar sin retorno, Ceto!
La luz que surgió de sus beyblades creo la ilusión de una fuente de la que brotaba agua a caudales, dispuesta a arrasar con todo a su paso, y de aquellas turbulentas y espumosas aguas se irguió la imponente figura de una sirena, cuyo cabello verde azulado, como el resto de su cuerpo, se agitaba violentamente, como si estuviera en medio de una tormenta; inmediatamente después, el cuerpo alargado de una serpiente marina comenzó a culebrear entre aquella vívida ilusión, se alargó y enrosco sobre si misma innumerables veces, siseando y moviendo la cabeza en un ademán amenazador, mientras su cola se agitaba violentamente detrás de su figura, al tiempo que sus escamas relucían bajo las luces del estadio.
Hubo un destello cuando las bestias bit se abalanzaron rugiendo unas sobre otras, una columna de luz que pareció envolver el plato de beyblade y a los beyluchadores mismos; el impacto creando fuertes ráfagas de viento que rugían como entes vivientes intentando escapar del estadio, Kaius y Nigellus se mantuvieron firmes en su lugar, el agarre de sus manos un ancla que los dejaba soportar la tormenta que rugía como una bestia primordial a su alrededor.
Hubo un momento de silencio, Jazzman había tenido que cubrirse la cara con uno de sus brazos y se estaba esforzando por entreabrir los ojos lo más posible para ver a qué equipo le pertenecia el beyblade que podía escuchar que seguá girando en el plato.
—Y los ganadores son...
Otro silencio de parte de la multitud, esta vez expectante.
—¡Los Light Soldiers!
When the stars threw down their spears,
El pubico todavía seguía aplaudiendo cuando los nombres de los siguientes equipos se anunciaron en las pantallas: White Tigers vs Wayward Souls.
Jazzman no pudo evitar la sonrisa que se le había formado en la cara al ver los nombres de los equipos; le gustaba pensar que era una buena persona y nunca, ni una sola vez, había disfrutado con el sufrimiento de alguien más, pero, por encima de todo, lo que más disfrutaba era un buen espectáculo y los Wayward Souls nunca lo habían decepcionado en ese aspecto. Y, por supuesto, su sonrisa no hizo más que ensancharse en cuanto vio los nombres de los primeros participantes: Kirei Amamia vs Lee Wong.
En las gradas, más precisamente con los Bladebreakers, Rei sonrió con algo de malsana satisfacción, sin duda esperando que su antiguo amigo vuelto enemigo, pero convertido nuevamente en su amigo, trapeara el piso con la cara de Amamia.
Kirei no estaba sonriendo, a diferencia del resto de los Wayward Souls, que no había podido evitarlo mientras se dirigían a la banca que les correspondía, más o menos por las mismas razones que Rei.
Una batalla de líder contra líder era un evento popular, pero Kirei era especial. Y de todos modos, como en muchos otros casos, su líder no era el mejor jugador de su equipo, para una cierta definición de "mejor", pero era el único que podía mantenerlos a todos bajo control. Kirei también tenía ganas de trapear el suelo con la cara de alguien y, al igual que Rei, estaba dispuesta a aceptar el sustituto más cercano. No obstante, a Kirei sólo le había hecho gracia al principio y ya había tenido tiempo más que suficiente para superarlo.
Después de todo, tenían una ventaja con la que los otros equipos no contaban: la BBA estaba totalmente de su lado. Se habían enterado de las asignaciones de los equipos desde antes de ir al estadio, sabían quién se iba a enfrentar contra quién; sabían que no les tocaría ir contra de uno de los nuevos equipos porque ellos mismos habían ingresado como un "nuevo" equipo, no les tocaría ir contra los Bladebreakers (todavía) por razones obvias, y no les tocaría ir contra los Blitzkrieg Boys porque eso sería simplemente cruel.
Así que mientras ella se dirigía hacia el plato de beyblade, su equipo se había acomodado en la banca de manera muy obviamente irreverente; Rong se había acomodado justo entre Bereiker y Cloud, recargando prácticamente todo su peso en el primero y reposando sus piernas en el segundo, descarada y abiertamente proclamando que estaba segura de que no sería necesario que ninguno de ellos se moviera; era una burla, sin más ni menos, una confianza absoluta en la victoria de Kirei y de quien le siguiera que se mofaba de sus oponentes, quienes tendrían que ser idiotas para no darse cuenta. Kakeru esperaba su turno al lado de Beireker y si atribuían el hecho de que fuera él, y no ninguno de los otros que su compañera estaba usando como muebles, quien iba a ser el siguiente a la suerte o a que hayan hecho trampa, bueno, en realidad a ninguno de los Wayward Souls les importaba.
A Kirei, ciertamente, no le importaba.
Las condiciones que ella se había visto forzada a aceptar habían sido así: no podía volver a jugar beyblade (si es que lo que había hecho hasta ese momento podía llamarse así); no podía estar ni cerca de donde se practicaba el deporte; no podía poseer un beyblade, por lo cual habían 'confiscado' el suyo; no podía asistir a torneos, profesionales o de otro tipo, incluso como espectadora; ni siquiera podía intentar entrenar, o fingir entrenar con un beyblade imaginario, porque claro que no; y habían hecho especial incapié en que, de preferencia, evitara interactuar con aquellas personas que tuvieran la libertad de realizar cualquiera de las acciones interiores, lo cual, como cabía esperar, limitaba su círculo social como la plaga. Tenía la televisión, y hasta ahí llegaba. Había aprendido a devorar detalles con los ojos. Se había vuelto muy, muy buena observando.
Y con tales poderes de observación, su conclusión ante la situación en la que se encontraba era pensar que todo esto era una soberana estupidez.
Después de tanto tiempo castigada, ni siquiera la habían dejado practicar antes de su primer re-debut 'oficial'. Por todo lo que sabían, se había oxidado como un clavo en lo que respectaba al juego (¡ja!), y esperaban arrojarla a la refriega como si estuvieran empujando a alguien al agua helada.
No, tal vez eso no era del todo cierto. Tal vez su padre había pospuesto esto lo más que había podido para protegerla. Después de todo, él tenía una perspectiva muy diferente de lo que el beyblade le había hecho, lo que había hecho de ella. Tal vez esperaba que esto pudiera ser como quitar una curita, ponerla en una situación en la que tenía que concentrarse únicamente en el presente (ganar) en lugar de pensar en lo que había sucedido antes (no podía llamarlo exactamente perder).
Kirei Amamia no era 'Jacey', y, por lo tanto, no podía jugar como ella; Kirei Amamia, de acuerdo con la BBA, no podía jugar en absoluto, para ser completamente honestos, porque en ese respeto sus manos habían estado completamente atadas.
Si 'Kirei Amamia' no podía jugar, entonces era obvio quién tendría que jugar en su lugar. Realmente no habían pensado bien al respecto, pero en realidad no los culpaba; ella misma era culpable de no pensar demasiado en muchas cosas.
Por ejemplo, [Jacey]; nadie, excepto quizás su padre, sabía por qué había elegido usar ese nombre. Ella misma no podía responder honestamente esa pregunta. Quizás había estado esperando encontrarse a sí misma. Quizás había estado esperando, en contra de los deseos de su padre, ser encontrada.
Jacey. JC. Incluso al elegir aquel nombre, había sido una cobarde.
Jacey había sido una existencia salvaje e indómita. Libre. Bajo el nombre [Kirei Amamia], ella no tenía ese lujo. Al menos, hasta ese momento, en que finalmente había aflojado la correa en su cuello lo suficiente para permitirle respirar y apenas algo más; con ese permiso explícito, su nombre, cualquiera de esos dos, en realidad no importaba. Su título, por otra parte, era una historia diferente.
No debería darle tanta satisfacción pensar que iba a limpiar el piso con el antiguo equipo de Rei, y estaba conciente de que no se iba a sentir mejor hasta que lo hiciera, tal vez ni incluso entonces porque no eran su verdadero objetivo, pero sería un comienzo...
Y esa ya debía ser Jacey hablando. Quizás podía hacer esto, después de todo. Pero no, eso tampoco era del todo cierto. Kirei nunca había dudado de su victoria, en gran parte porque perder siempre había sido algo que les sucedía a otras personas; sólo había dudado ser capaz de soportarlo nuevamente. Aquella sed de ganar era lo que la había llevado a ahogarse en primer lugar.
Aquella sed de ganar la consumía, todavía, al punto de que, a pesar de que ciertamente había notado que la boca de Lee llevaba un buen rato moviéndose, no había escuchado ni una palabra de lo que había dicho.
La voz de Jazzman fue lo que finalmente logró sacarla de sus pensamientos.
—¡Tres, dos uno...!
Kirei inhaló y exhaló.
—¡LET IT RIP!
Su lanzador era espantosamente llamativo, estridente en su coloración dorada y púrpura, y le resultaba completamente extraño en sus manos; lo lógico en aquellos momentos sería guardar su distancia, ni siquiera debería estar segura de recordar como beybatallar, menos como ganar... pero lo estaba y lo hacia y, ultimadamente, era lo que siempre había hecho; más que nada, estaba harta de todos y de todo, y Rei merecía una pequeña venganza por casi haberla estrangulado durante la fiesta de bienvenida.
Kirei ni siquiera espero a que su beyblade tocara el plato antes de abrir la boca y llamar a su bestia bit, muy literalmente llamar a su bestia bit:
—¡Ven por mi piel, Black Agnes!
Kirei no podía compararse muy bien con un cuchillo (una maza, un lucero del alba, tal vez), y, de todos modos, el óxido en ella sólo significaba que no podría proporcionar una muerte rápida y limpia, que era algo que nunca había hecho en primer lugar. No veía razón para comenzar ahora.
Y, de todas formas, a su bestia bit le resultaría imposible intentarlo. Como la mayoría de las bestias bit, estaba basada en un mito, era una figura humanoide de color azul, con un único ojo y largas garras; y, al igual que el monstruo en el que se basaba, sólo tenía un propósito. Las garras de Black Agnes se cerraron alrededor del beyblade Lee y comenzaron a apretar con un chirrido horrendo; Lee maldijo.
—¡Galeon!
Kirei se permitió finalmente sonreír; ya era demasiado tarde, ah, ah, había sido demasiado tarde desde el momento en que había recibido aquella invitación. Los colmillos de Black Agnes se cerraron alrededor del cuello de Galeon, que ni siquiera había alcanzado a manifestarse por completo antes de quedar completamente a merced de la otra bestia bit. Lo que siguió no fue propiamente una batalla, en el sentido más estricto de la palabra; a Kirei no le había dado tiempo ni de hacer un comentario cruel antes de que su bestia bit deshiciera el beyblade de Lee en cachitos.
La sangre le retumbaba en los oídos, sentía calor en sus manos por primera vez en mucho tiempo, podía sentir el cosquilleo de las yemas de sus dedos, su corazón que latía con fuerza; se sentía viva y ni siquiera estaba segura de quién era, quién se suponía que fuera. Supuso que podría culpar a la adrenalina que rugía en sus oídos de que, por un momento, olvidara el presente, atrapada como estaba en una escena de su pasado, por lo que hizo lo que siempre había hecho en momentos como aquel: levantó la cabeza, con su cabello dando un bandazo casi violento (poco importaba que estuviera en una cola de caballo en lugar de una trenza), y alzó el brazo, sus dedos cerrandose en un puño, como si estuviese atrapando algo—
Y Jazzman tomó eso como una señal para anunciar su victoria de la misma manera que solía hacerlo antes, años atras:
—¡La Reina! ¡La Reina mantiene su corona!
La computadora de Kenny se le resbaló de sus manos y habría terminado en cachitos en el suelo de no haber sido por los reflejos felinos de Rei, que logró atraparla justo a tiempo.
Claro que reconocía aquella frase, una frase única, que Jazzman sólo había utilizado para una persona, que no había tenido necesidad de cambiar nunca porque dicha persona nunca había fallado en proteger su metafórica corona.
La Reina de la Destrucción, quien había comenzado a ser anunciada exclusivamente con aquel nombre poco después de su explosivo inicio y meteorico ascenso entre las filas de los beyluchadores alrededor del mundo, aunque su desaparición había sido igual de súbita poco tiempo después; no obstante, en sus inicios se había presentado con otro nombre, uno que no era Kirei Amamia: Jacey. Sin apellido, sólo el nombre de pila; otro alias, sin duda, ¿había acaso algo de esa mujer que fuera genuino?
Kenny ni siquiera se había dado cuenta de que se había enterrado las uñas en las palmas de las manos hasta sacarse sangre hasta que primero Takao y después Rei habían tomado una de sus manos cada uno, y luego Rei había depositado su computadora en ellas y había sonreido, le había dicho que no se preocupara. Kenny apretó su computadora contra su pecho.
Dios, como odiaba a esa mujer.
Y a su alrededor la multitud seguía ovacionando a aquella mujer, incluso después de que hubiera abandonado el plato, incluso después de haber ocupado su lugar en la banca de su equipo, incluso después de que los nombres de los siguientes contrincantes hubieran sido anunciados en las pantallas: Mariah Wong vs Kakeru Ogami.
Kakeru se había levantado de un brinco, dedicando a su compañera una amplia sonrisa y un pulgar hacia arriba antes de dirigirse al plato, una de sus manos haciendo girar la parte metálica en forma de tonfa de su lanzador como si estuviera jugando. Mariah, por su parte, había tenido que ayudar a Lee a recoger los pedazos salvables de su beyblade, y su expresión al dirigirse al plato no podría haber sido más diferente de la sonrisa medio juguetona de Kakeru. En las gradas, Rei entrelazó sus dedos y respiró hondo, reviviendo las esperanzas que Kirei había aplastado sin piedad alguna.
—¡Mariah, tú puedes! —Exclamó, con sus manos alrededor de su boca como una bocina.
Aquello pareció animar a la chica; quien inmediatamente esbozó una amplia sonrisa en la dirección general de la voz de Rei.
—Mmm, tú debes ser amiga de los Bladebreakers —comentó Kakeru como de pasada, alzando las cejas en un gesto sorprendido.
—Y tú debes ser el compañero de la chica que consiguió hacer enojar a Rei —fue la rápida respuesta de Mariah, que, por el puro tono de voz en que la había dicho, no era exactamente un cumplido.
La cara de Kakeru se congeló en aquel momento y acto seguido perdió toda expresión, como si una súbita avalancha hubiera ocultado bajo una capa de frialdad la calidez humana que había parecido ser una parte intrínseca del muchacho; aquel fenómeno duró apenas un instante, lo suficiente como para que quienes lo habían alcanzado a notar pensarán que lo habían imaginado. Es decir, a menos que lo conocieran lo suficiente, o fueran más sensatos.
—Sí —respondió Kakeru, nuevamente con una sonrisa, una con filo en cada extremo—, sí lo soy.
En alguna parte de las gradas, dizfrazado de incognito con una gorra y unos lentes oscuros que sólo conseguían hacerlo parecer más sospechoso, Hitoshi dejó caer su cabeza entre sus manos.
Tras esa no-conversación los dos finalmente habían tomado sus lugares al lado del plato, preparando sus beybldes en sus respectivos lanzadores. Jazzman los recibió con una sonrisa casi maniaca.
—¿Listos, beyluchadores? Tres, dos, uno... ¡LET IT RIP!
Ambos contrincantes lanzaron sus beyblades al mismo tiempo, pero algo raro sucedió cuando tocaron el plato. Algo más raro de lo costumbre. Un gato había aparecido en el centro del plato. Hubo un súbito silencio, más nacido de la confusión general que por otra cosa.
El gato ignoró el ambiente general, se sentó, alzó una de sus patas y comenzó a limpiarla con la lengua. El beyblade de Mariah, que había permanecido girando en un mismo punto ante aquel evento inesperado, recibió un impacto de lleno del beyblade de Kakeru que casi lo sacó del plato. En el momento en que Mariah evitó aquel ataque sorpresa, Kakeru chasqueó la lengua.
—Vamos, vamos, no te distraigas —la voz de Kakeru había vuelto a ser juguetona y, cuando escuchó el sonido, el gato volteó a verlo, con su pelaje naranja chisporroteando como una falla en un contacto.
Mariah gruñó e inmediatamente inició su propio ataque contra lo que obviamente no podía ser otra cosa que la bestia bit de su contricante; Kakeru interceptó aquel ataque, así como los siguientes que Mariah dirigió contra su bestia bit. El gató panzón continuó limpiándose en medio del plato, ignorando los beyblades con los que lo compartía, y, desde su lugar en las gradas, Hitoshi valientemente intentó suprimir su mueca de desesperación, todavía con la cara escondida entre sus manos.
—Debes estar bromeando —fue lo que finalmente dijo Mariah, tras lo cual su expresión se oscureció—. O estás subestimándome; sea cuál sea el caso te vas a arrepentir. ¡Acabemos con esto, Galux!
Una columna de luz se alzó desde el beyblade de Mariah acompañada por un rugido, su bestia bit comenzando a tomar forma en cuanto había terminado de pronunciar su nombre. Kakeru sonrió en ese momento, la sonrisa de un animal peligroso.
—¡Devora y roba, Bakeneko!
El gato alzó la cabeza ante aquellas palabras, se puso a cuatro patas de un salto y con un siseó poco amistoso erizó todo su pelaje, haciéndolo parecer el doble de grande, y continuó erizándose, con el ruido de electricidad estática, su tamaño se triplicó, cuadriplicó, quintuplicó... sus garras y colmillos se extendieron de igual modo, hasta volverlo una copia exacta de Galux, distinto solamente en cuanto a su coloración, que permanecía naranja. En cuanto la transformación de había completado, la bestia bit de Kakeru se había abalanzado sobre Galux, a ratos arrancando mordidas de la otra bestia bit cuando lograba pasar las defensas de esta.
—¡Galux!
El grito de Mariah no hizo ninguna diferencia, el sonido grotesco de una entidad de energía devorando a otra continuó hasta que ya no quedaba nada por devorar, e inmediatamente le siguió el silencio de un beyblade que acababa de dejar de moverse.
Hitoshi ni siquiera había tenido que descubrirse la cara; honestamente, no sabía que estaba pensando, dejándose creer aunque fuera por un momento que Kakeru iba a perder contra Mariah. Era una preocupación sin fundamento; Kakeru estaba tan familiarizado con el fracaso como Kirei con la derrota. Incluso en sus últimos momentos como equipo, antes de que los hubieran disuleto y desechado, nunca habían realmente perdido.
Además, si era honesto consigo mismo, tendría que admitir que Kakeru no solía intentar activamente ser cruel ni enseñarles algo de humildad a sus oponentes en nombre de su equipo; pero su hasta cierto punto tolerante comportamiento tenía límites. Y demostrar abiertamente hostilidad hacía uno de los miembros de su equipo era uno de ellos.
Hitoshi había sabido cómo iba a terminar aquel encuentro en cuanto Mariah había abierto la boca, era lo que quería decir, y había una parte (una pequeñísima, minúscula parte) de él mismo que no podía evitar pensar que la chica sólo podía culparse a sí misma por eso. Todavía con la cara enterrada en sus manos, Hitoshi escuchó claramente a Jazzman anunciar los resultados:
—¡El ganador es Kakeru!
Hitoshi no necesitaba ver para saber que Kakeru debería estar sonriendo nuevamente, simplemente porque ninguna otra opción era viable, pero de todas formas alzó la cabeza aunque fuera para confirmar quiénes iban a ser los siguientes contendientes. Tal como lo esperaba (tal como les habían informado), los nombres recién anunciados en las pantallas eran: Gary Tan vs Cloud Zuishou.
En la banca de los Wayward Souls, Rong alzó las cejas en un gesto inquisitivo, casi retando al otro equipo a quitarle a su reposa-piernas. Con un gruñido casi animal, Gary Tan se dirigió hacia el plato de beyblade, confirmando sin palabras que eso era exactamente lo que planeaban hacer. Con un suspiró casi resignado, Cloud se quitó de encima las piernas de su compañera y también fue a ocupar su lugar en medio del estadio.
Sin perder un segundo, Kirei se deslizó al lugar que Cloud había ocupado, dejando que las rodillas de Rong se apoyaran sobre su regazo, tras lo cual obtuvo una sonrisa brillante de parte de la otra muchacha. Kakeru, sin perder un momento, se sentó a su lado y se apretujó contra ella.
Cloud contempló el comportamiento de sus compañeros con cierta envidia antes de dirigirle una mirada avinagrada a su oponente y alistar su lanzador, cuya única idiosincrasia era que estaba hecho completamente de metal; probablemente podría usarlo como un arma en caso de necesidad.
No era un encuentro de líder contra líder, pero a Cloud en realidad no le importaba. En tanto su equipo ganara todo estaba bien, y, como siempre ganaban, todo siempre estaba bien. Lo único de lo que tenía que preocuparse era su equipo.
—¿Listos, beyluchadores? —Jazzman miró primero a uno y luego al otro, casi esperando que siguieran con el patrón de las batallas anteriores y demostrarán abiertamente alguna clase hostilidad, pero si eso era lo que buscaba tendrían que decepcionarlo. Cloud le ofreció una sonrisa plácida y Gary asintió con la cabeza, tomando sus posiciones y sólo en espera de la señal—. ¡Bien! Tres, dos, uno... ¡Let it RIP!
El sonido de ambos beyblades tocando el plato casi hizo que Hitoshi volviera a ocultar su cara entre las manos, pero no lo hizo, aunque probablemente más por masoquismo que por otra cosa. Cloud era, supuestamente, el más decente del grupo, pero eso no significaba nada. Era como decir que era la roca más suave. Por supuesto, después de sus otros dos compañeros, Cloud debería parecer casi normal; no por su aspecto, porque los otros dos también podían hacerse pasar por personas normales, pero después de someter al publico al espectáculo malsano que esos dos en particular siempre ponían cuando tenían un beyblade en las manos, era difícil saber si la gente esperaba un respiro o una repetición, pero peor.
Y por supuesto que iba a ser peor. En opinión de Hitoshi, cualquier Wayward que tuviera un beyblade en la mano (o el que estuviera más cerca de él) siempre era el peor.
Gary comenzó como siempre con un ataque frontal, Cloud se limitó a esquivarlo, casi como si estuviera distraído; no que aquello fuera verdad, Cloud simplemente tenía cosas más importantes en que pensar, no era culpa de Gary en absoluto. Por lo general, trataba de al menos mantener las cosas civilizadas, no era uno de esos beyluchadores que disfrutaban de provocar a sus oponentes. Lo consideraba vulgar y la mayoría de las veces era echar sal en una herida; pero Kirei deseaba destrozar a este equipo, por alguna razón, por cualquier razón: Cloud no sabía cuál y no necesitaba saber, saber que era su deseo era suficiente, como siempre había sido. Si Kirei quería sal y sangre, era parte de su trabajo proporcionarlos, así que abrió la boca y dijo:
—Dime, Gary, ¿sabes algo de Física? —Al recibir sólo una mirada incrédula como respuesta, Cloud se limitó a suspirar teatralmente—. Sí, eso imagine. Bueno, el día de hoy es tan bueno como cualquier otro para empzar a aprender...
El beyblade de Zuishou comenzó a trazar círculos alrededor de Galzzy, al principio casi con pereza; yendo tan sólo con la velocidad necesaria para evitar los atentados de ataque de su adversario, pero con cada vuelta iba cobrando velocidad.
—La energía cinética se basa en dos partes: masa y velocidad. Al incrementar cualquiera de estas variables hasta el extremo se puede obtener un arma muy letal, como, por ejemplo, una bala.
El movimiento del beyblade se hizo cada vez más rápido; como si un violento frenesí se hubiese apoderado de la bestia bit atrapada dentro de él. Más vueltas impulsadas por un deseo loco de ir más y más velozmente, cediendo al impulso de una adrenalina inyectada en venas inexistentes; y aun así recorriendo la misma trayectoria una y otra vez, hasta que no era más que una franja multicolor rodeando el beyblade de Gary.
Sal y sangre, sal y sangre, pensó, menos como una oración y más como una lista de compras; al menos Kirei era fácil de complacer, las cosas que pedía siempre eran simples.
Ni siquiera iba a tener que llamar a su bestia bit. El beyblade de Cloud se impactó con un sonido estruendoso contra el beyblade Gary, con la suficiente fuerza para resquebrajar el anillo y, también, para mandarlo volando fuera del plato. Era casi anticlimático. No que a Cloud le importara eso tampoco.
—¡El ganador es Cloud! —declaró Jazzman, inmediatamente, antes de añadir: —¡Una victoria perfecta para los Wayward Souls!
El muchacho rubio se adelantó para recoger su beyblade, pero antes de regresar con su equipo se volteó para encarar a los White Tigers, sonrió afablemente, moviéndo su brazo izquierdo hasta quedar tras su espalda, colocó su mano derecha sobre su pecho y se inclinó en una reverencia casi teatral, al tiempo que decía, todavía con esa sonrisa blanca, afable e indudablemente llena de desprecio:
—Con los mejores saludos de las Almas Descarriadas.
Detrás de su líder, alineados frente a la banca en la que habían estado despatarrados hacía apenas unos momentos, los demás miembros de los Wayward Souls repitieron en perfecta sintonía el gesto y la despedida, cada una de sus sonrisas otra aguja cruel en el orgullo de los White Tigers.
Cuando el público estalló en ovaciones, y los nudillos de Rei se habían vuelto blancos por la fuerza con la que había apretado las manos, Stan se encontraba sonriendo.
And watered heaven with their tears,
El Bloque A había concluído y con ello se había vaciado el estadio tanto de espectadores como de participantes; al haber sido uno de los últimos equipos en participar, los Wayward Souls habían salido por una salida diferente, con lo que, afortunadamente, Kirei no había tenido que cruzarse con nadie que la conociera.
Kirei estaba completamente segura de que, al margen de los desafortunados equipos veteranos que habían tenido la suerte de haber conocido a los Wayward Souls antes de su desintegración, el resto de los integrantes no tenía idea de qué pensar de su equipo (su equipo); eran, después de todo, en muchos aspectos, un poco fuera de lo común, incluso para los estándares habituales del beyblade. Y aún así, a pesar de lo que les habían hecho, seguían siendo tan buenos como antes de todo aquel drama.
Los resultados del primer bloque eran exactamente lo que Kirei había esperado. Eran, con toda probabilidad, exactamente lo que la BBA había esperado. Pero pensar en eso le iba a amargar su primera victoria en años, así que estaba intentando no hacerlo.
Estaba intentando no ponerse a llorar, o reír, o vomitar, también. Aquella beybatalla no había sido como saltar al agua helada ni como quitarse un curita; había sido arrancarse suturas encarnadas en su piel, había sido la llamada al vacío que había estado evitando. De no ser porque su padre era quien lo había ordenado, en cierta medida, Kirei nunca perdonaría a ninguno de los involucrados por hacerla pasar por esto.
Pero... Su padre la amaba, a pesar de todo lo que había hecho; aquello era una certeza. Si no estuviera segura de este hecho, no estaría en donde estaba. Su padre la amaba, y seguirá amándola, sin importar las cosas terribles que hiciera, al igual que los miembros de su equipo. Estaba en el nombre; eran todo lo que tenían. Siempre la perdonarían o pensarían que no había nada que necesitara perdón, por eso ella podía cometer atrocidades en su nombre. Por eso estaba dispuesta a hacerlo.
(El problema de los Wayward Souls era que Kirei no era la peor persona del equipo, pero hacía su mejor esfuerzo por aparentar que lo era; las peores personas del equipo, como cabía esperar, hacían su mejor esfuerzo para aparentar que no lo eran.)
Did He smile His work to see?
Lejos del estado, lejos del hotel, lejos incluso de la ciudad misma en la que se estaban quedando todos los demás participantes del torneo, se erigia una mansión en medio del bosque. Aunque quizás "mansión" no era la palabra más adecuada para describir aquel lugar que, a pesar de su tamaño, tenía más en común con un pazo de arquitectura rural y austera que con la suntuosidad que se asociaba típicamente con aquella palabra; no obstante, así como La Posada era el nombre del hotel en donde se alojaban la mayoría de los participantes, La Mansión era el nombre de aquella residencia, que fungía como el centro de operaciones de los Light Soldiers.
No era, exactamente, un lugar de descanso, como bien podían corroborar los habitantes.
En uno de los muchos cuartos de aquel lugar, se encontraban reunidas tres de aquellas personas. Al igual que el resto de la mansión, se trataba de un cuarto austero: una cama, un escritorio con una lámpara, una silla. En la silla, una mujer joven. En el piso, dos muchachos arrodillados, con sus cabezas inclinadas y los ojos en las lozas.
No se atrevían a alzar la mirada, si sus ojos se encontraban con los de la sacerdotisa, perderlos sería la menor de sus preocupaciones; incluso si teóricamente estaba allí para felicitarlos por un trabajo bien hecho.
Vinicia también había sido una niña en aquel entonces, apenas unos pocos años mayor que ellos dos, pero ya era la Suma Sacerdotisa. Ni siquiera le había dirigido la mirada al grupo de niños harapientos, temblorosos y aterrorizados, tan dispuestos a hacer cualquier cosa por la promesa de una vida mejor; se había limitado ver a los clérigos a cargo y decirles que hicieran lo necesario.
La compatibilidad no importaba, si no podían superar sus diferencias como las deficiencias que eran y trabajar juntos, eran inútiles. Eran descartados. Nigellus y Kaius habían tenido que aprender a trabajar juntos porque no habían tenido elección; porque, de no hacerlo, hubieran desaparecido al igual que el resto de los niños que habían formado parte de su grupo. Habían alisado los bordes de sus personalidades hasta que el otro había encajado perfectamente, hasta que sus existencias estaban lo suficientemente incompletas como para permitir aquella automutilación constante, hasta que habían encontrado la forma de que todo lo demás que se les pedía encajara.
Aquella noche no era en absoluto diferente.
El día siguiente, con el inicio del segundo bloque del torneo, tampoco sería, en absoluto, diferente para ellos.
Did He who made the lamb make thee?
Con la llegada del día siguiente daría comienzo el segundo bloque de encuentros. Los equipos que ya habían tenido sus quince minutos de atención, ya fuera con su victoria o su derrota, había ocupado sus lugares entre las gradas del público general o, en el caso de aquellos que podían costearlo, los palcos privados. Hitoshi había hecho su buena obra del año y había pagado con sus propios ahorros uno de tales palcos para los Wayward Souls, única y exclusivamente para mantener a esa bola de desgraciados tan lejos de todos los demás como fuera posible, a fin de minimizar los daños; al fin y al cabo, después de su victoria del día anterior, Hitoshi había tenido que lidiar con un número no insignificante de equipos enteros que se habían sentido lo bastante estúpidos como para querer confrontales, ya fuera porque se trataban de viejos rivales o porque se trataban de los Bladebreakers, y Hitoshi de verdad que no tenía ganas de empezar a desentrañar esa clase de masoquismo.
Había sido conciente de que las semanas en que Kirei había actuado como su entrenadora iban a dejar marca en ellos, pero había esperado, quizás tontamente, que no de este modo. Sólo podía culparse a sí mismo, por supuesto; después de todo, había sido su idea. Después de todo, él había sido el único que disfrutaba escuchar las diatribas de Kirei sobre los torneos que sólo tenía permiso de ver por televisión, él había sido quien la había alentado a escribir los régimenes de entrenamiento imaginarios de los que tanto le gustaba hablar, diseñados para personas que se suponía que nunca fuera a conocer. El único equipo para el que no había escrito un régimen de entrenamiento personalizado altamente detallado eran probablemente los Blitzkrieg Boys, y eso sólo significaba que no lo tenía literalmente por escrito, porque Hitoshi la conocía y estaba seguro de que definitivamente lo había pensado en algún momento, aunque fuera sólo como una disculpa por lo que había pasado antes—
Antes de que Boris y la Abadía se desencarrilaran espectacularmente, y eso sólo había pasado después de Kirei. Pero, aun así, Hitoshi la había querido como la entrenadora de los Bladebreakers, porque sabía que sería condenadamente buena y sería buena para ellos, y había querido eso para el equipo siempre en estado "es complicado" de su hermano menor, incluso si era por un interludio corto de tiempo, e incluso si había sabido que él mismo se los iba a quitar.
Y era por eso que esos cinco idiotas tenían un palco desde donde todos los demás equipos podía verlos riéndose de ellos y aventando palomitas a los infortunados que estaban debajo de dicho palco, pero Hitoshi no se iba a disculpar por eso porque la otra opción (soltarlos entre el públcio general, en donde seguro alguien iba a terminar en el hospital) en realidad no era una opción.
La crisis existencial de Hitoshi se vio interrumpida cuando Jazzman finalmente ocupó su lugar en el centro del estadio, dándole la bienvenida al público e inaugurando oficialmente el incio del segundo bloque de aquel torneo.
—¡Bienvenidos todos a nuestro segundo día! ¡Espero que todos estén preparados para otra emocionante ronda de beybatallas de este torneo! —Jazzman hizo un gesto con una de sus manos e inmediatamente las pantallas del estadio se iluminaron con pixeles que simulaban un estallido de fuegos artificales antes de formar los nombres de los primeros dos equipos que inaugurarían el segundo bloque: Batallón Barthez vs Blitzkrieg Boys—. ¡Esta vez tendremos un encuentro entre dos equipos que ya habían participado antes, recibamos a nuestros contendientes!
El público irrumpió en ovaciones inmediatamente, algunos por pura inercia y unos pocos con la honestidad de los fans de aquellos equipos, cuyos miembros ya se encontraban en sus respectivos lugares en cada lado del estadio, sólo esperando que los primeros contricantes fueran anunciados; algo que prontamente tuvo lugar con sus nombres apareciendo en las pantallas: Miguel Lavalier vs Tala Ivanov.
El ruido en el estadio aumentó una vez que ambos beyluchadores se dirigieron al plato, como siempre, las expectativas ante un encuentro entre los líderes de los equipos eran muy altas.
Internamente, Miguel agradeció a todas las deidades que conocía al ver que sus oponentes eran los Blitzkrieg Boys; estaba un cien por ciento consciente de que se trataba de un equipo sumamente peligroso, puesto que no sólo eran veteranos, sino que ellos mismos se habían enfrentado antes, pero esa experiencia era muy valiosa, considerando el número de equipos nuevos y desconocidos en ese torneo. El primer golpe seria decisivo en aquella batalla; si tenía suerte (mucha, mucha suerte), utilizando todo su poder sería capaz de de tener la ventaja, por una fracción diminuta de tiempo en el cual haría lo posible para que el resultado del encuentro fuera decidido.
Era una jugada casi suicida, nacida de la desesperación, pero era también, muy probablemente, su única oportunidad para ganar.
Jazzman parecía estar físicamente vibrando en su lugar de la emoción, en cuanto ambos contricantes prepararon sus lanzadores, levantó uno de sus brazos y exclamó:
—¡Tres, dos uno... Let it Rip!
—¡Ataca, Dark Gargoyle! —ordenó Miguel, el mismo momento en que su beyblade toco el plato.
Una columna de luz respondió ante el comando y su bestia bit se abalanzo sobre el beyblade de Tala, dando rienda suelta a todo su poder en aquel primer agonizante segundo.
—Oh, no... Cuidado Tala, —dijo Bryan totalmente indiferente, desde su lugar en la banca de los Blitzkrieg Boys.
Tala ignoro el sarcasmo de su compañero, enfocándose en la batalla completamente; no tenía planeado darle ninguna oportunidad al Batallón Barthez y, además, tenía su propio plan para decidir la batalla. Con una sonrisa feroz, dijo:
—¡Wolborg!
Era hielo, nieve, y el aullido salvaje de un viento enfurecido, la sola presencia de aquella bestia bit convocaba una tormenta sobre sus cabezas y pronto una ventisca comenzó a girar alrededor de ambos beyluchadores, envolviendo al plato en un abrazo helado. La temperatura dentro del beyestadio cayó dramáticamente, el aliento de todos los presentes salía en forma de pequeñas nubes de vapor.
La sonrisa de Tala era tan fría como el elemento que controlaba su bestia bit; Miguel podía sentirla en sus huesos y tal vez sus manos temblaban no solamente por el frío.
—Bueno, supongo que este es el momento más dramático que podre conseguir para hacer un anuncio, así que será mejor que lo aproveche, —comentó Tala, deliberadamente concentrándose en el público y prácticamente ignorando a Miguel, echando sal a al herida (porque algo había aprendido de los Wayward Souls, aunque sólo tendía a salir a la luz cuando estaba cerca de ellos)—. Así que verán, tengo un anuncio que hacer...
Los dientes de Miguel estaban castañeando, su piel había sido cubierta por una finísima capa de escarcha y comenzaba a amoratarse; en contraste con el muchacho ruso, que parecía casi disfrutar el cambio en el clima que había forzado, si su sonrisa descomunal era indicación alguna. Tala le dirigó esa misma sonrisa a Miguel en el momento en que hizo su anuncio:
—He logrado el Cero Absoluto.
Antes de que el entumecido cerebro de Miguel, que se encontraba concentrado en cosas más importantes, tales mantener al beyluchador consiente en aquella temperatura inhumana, pudiera terminar de procesar lo que acababa de decir Tala, el mundo entero se congeló alrededor de ellos, como si se encontraran en el ojo de la tormenta; una calma momentánea, un instante de falsa seguridad...
Antes de que todo estallara en un número incontable de diamantes que simó a todo el estadio en una blancura desnatural.
Para cuando la escena volvió a ser visible, la batalla ya había terminado. Wolborg continuaba girando sobre la superficie congelada del plato mientras que los trozos de Dark Gargoyle se hallaban desperdigados por el suelo, y las diferencias entre los dueños de las bestias bit eran tan abismales como las de sus beyblades: Tala se hallaba de pie, ni un solo cabello fuera de lugar, mientras que Miguel había terminado de rodillas, encorvado sobre sí mismo para conservar algo de calor, su cuerpo se sacudía con temblores tan violentos que Jazzman podía escuchar el castañeó de sus dientes, y sus dedos, todavía cerrados alrededor de su lanzador, se habían vuelto azules, al igual que sus labios y las puntas de sus orejas.
Jazzman sabía que todos esos detalles eran muy mala señal.
—¡Traigan a los paramédicos! —Ordenó Jazzman con una vehemencia poco característica en él, antes de dirigirle una mirada furibunda a Tala, que hizo que inmediatamente el otro muchacho detuviera su beyblade, dejando que la temperatura volviera a estabilizarse en el centro del estadio; un equipo de paramédicos se dirigió a Miguel, envolviéndolo en mantas antes de subirlo muy lentamente a una camilla y sacarlo por una de las salidas de emergencia. Sólo entonces Jazzman alzó uno de sus brazos y luego señaló a Tala con el mismo: —¡La victoria es para los Blitzkrieg Boys!
Tala tenía que admirar su profesionalismo para inyectar toda aquella emoción a su voz cuando hacía apenas unos minutos el muchacho estaba seguro de que, de no haber sido por las cámaras, lo hubiera intentado descalabrar con su micrófono, con toda la certeza de que el público del estadio testificaría a su favor que se había tratado de un homicidio justificado. Tala alzó ambas manos (y una ceja, pero Jazzman era magnánimo y estaba disouesto a ignorar eso último) en un gesto sólo medio sarcástico de rendición y retrocedió lentamente hasta la banca de su equipo.
Como, a petición de los organizadores, el segundo bloque tenía que lidiar con alguna desventaja para ponerlos al mismo nivel que los equipos del primer bloque (cuya desventaja había sido prácticamente estar en el primer bloque), se había decidido que 'para hacer las cosas interesantes', sólo habría cambios de platos si ya no había un plato. Jazzman sospechaba que alguien no quería tener que lidiar con los costos de tener que reemplazar los platos después de cada beybatalla, pero no era como si pudiera culparlos. Por eso, no hubo ninguna pausa ni un intento de lidiar con los charcos de escarcha derretida que Tala había dejado, antes de anunciar a los siguientes oponentes, quienes Jazzman sólo podía esperar que no se fueran a resbalar y romperse algo porque eso sería muy anticlimático:
Claude Tavarez vs Bryan Kuztenov.
Jazzman inhaló lentamente, sostuvo la respiración en lo que contaba hasta cinco y exhaló; eso lo ayudó un poco las súbitas ganas que tenía de azotar su cabeza contra una de las paredes reforzadas del estadio. Era un poco hipócrita de su parte tener una tolerancia tan baja para las tendencias destructivas de los Blitzkrieg Boys cuando apreciaba más de lo necesario las tendencias destructivas, aunque de forma completamente diferente de lso Wayward Souls, pero al menos estos últimos no solían mandar a sus oponentes al hospital. En sus tiempos, habían sido una coladera cruel, habían destruido las esperanzas, la autoestima, la moral, en algunos casos la cordura y en muchos más casos las bestias bit de sus oponentes; sólo los equipos más interesantes habían resistido estamparse de lleno contra ellos y, aún así, habían quedado marcados. Los miembros de los Blitzkrieg Boys no eran una excepción.
Los dos contricantes ya se encontraban en lados opuestos de plato de beyblade todavía medio congelado.
Jazzman inhaló nuevamente, esta vez para hacer su trabajo.
—Beyluchadores, ¿preparados? Tres, dos uno... ¡LET IT RIP!
Ambos muchachos lanzaron sus beyblades, pero Bryan no espero ni siquiera a que su beyblade tocara el plato antes de llamar a su bestia bit.
—¡Acabemos con esto, Falborg!
Al igual que Miguel, su plan (si es que podía llamarse así) era decidir la batalla lo más pronto posible; a diferencia de Miguel, era menos debido a que dudara de sus oportunidades de ganar y más porque no tenía ganas de perder su tiempo con el Batallón Barthez cuando los equipos a los que le interesaba enfrentarse no harían nada tan estúpido como perder en la primera ronda. De haberlo creído una posibilidad, Bryan no hubiera tenido ningún interés en ellos en primer lugar.
Claude maldijo, viendo su propio plan para intentar sacar ventaja desde el principio desintegrándose frente a sus ojos. Aún así, no quería perder. Sin importar que sus oponentes fueran un equipo veterano estúpidamente fuerte, sin importar que el nombre de su equipi hubiera sido arrastrado por el lodo debido a sus propias decisiones, sin importar que sus oportunidades hubieran sido casi nulas desde el principio—no quería perder.
—¡Cuento contigo, Rapid Eagle!
La pelea se desato como un furioso vendaval; el beyblade de Bryan acorraló al de Claude inmediatamente, sin darle oportunidad de defenderse o huir, y, en una sucia maniobra muy parecida a la que había utilizado contra Rei Kon, los fragmentos del beyblade que destrozaba salian disparados en dirección del integrante del Batallón Barthez, dejando a Claude con sangre saliendo por docenas de heridas diferentes extendidas por todo su cuerpo.
El muchacho ruso esbozó una sonrisa, lo cual era más que suficiente para poner al equipo contrario (por no decir nada del resto de su audiencia) nervioso.
—No ganas nada actuando rudo —comentó Bryan, en una voz que semejaba el sonido de un cuchillo acabado de salir del congelador—. Los dos sabemos que vas a perder. Ríndete ahora y tal vez te deje conservar tu beyblade en una sola pieza.
Claude se paso la mano por la cara, en un intento de limpiar la sangre que entorpecía su visión.
—Yo no me detendré. No mientras mis amigos confíen en mí. Podrás destrozar mi cuerpo, pero nunca mi espíritu.
La sonrisa de Bryan se amplió, no era una muestra de admiración ni nada por el estilo; era simplemente su deseo de hacer que su oponente se tragara sus palabras y se atragantara con ellas.
—¡En ese caso voy a reducir tu maldito cuerpo a cenizas! ¡De ese modo ni tu estúpido espíritu podrá volver a reunir todos sus pedazos!
La palabras del muchacho obtuvieron una respuesta inmediata de parte de su bestia bit, que con chillido estruendoso, como el que sólo un ave de rápida de tamaño descomunal podría emitir, se lanzó sobre la bestia bit de Claude en un torbellino de violencia con su pico y sus garras afiladas como cuchillos de cocina; Rapid Eagle respondió de la misma manera, la imitación de energía de plumaje de ambas aves creo un ambiente surreal alrededor de ambos beyluchadores, una lluvia de plumas de colores antinaturales que chisporroteaban antes de desaparecer antes de que pudieran tocar el suelo.
A pesar de las intenciones de Bryan, la batalla se alargó más de lo que había esperado; no obstante, el resultado fue exactamente lo que había querido. Rapid Eagle se desintegró en una columna de luz al sucumbir ante los ataques de Falborg, y este último no espero ni un instante antes de hundir sus garras en el beyblade de Claude, haciéndolo explotar en incontables fragmentos de metal y plástico que dirigió a Clade con un último batir de alas.
El aullido de Claude resonó en todo el estadio, casi tanto como la risa burlona de Bryan.
Jazzman estampó la palma de una de sus manos contra su cara, porque la otra opción era estampar su micrófono contra su cara y arriesgarse a dejarse a si mismo inconciente.
—¡Necesitamos a los paramédicos! ¡Otra vez! —añadió, casi ladrando las últimas palabras.
Ni siquiera se molestó en dirigirle a Bryan la mirada furibunda que le había dirigido a Tala; si lo hacía, lo más probable era que terminara arrojándole el micrófono a la cara y, por más entretenido que pudiera ser eso, iba en contra de su contrato.
Dicho y hecho, el mismo equipo de paramédicos que acababa de llevarse a Miguel ingresó nuevamente al estadio, sólo faltaba uno de sus miembros, probablemente porque se había quedado con Miguel; ellos sí que le dirigieron un par de miradas venenosas a Bryan, quien tuvo a bien responder con una mueca medio desafiante. En cuanto dejaron nuevamente el centro del estadio, en las pantallas se anunciaron los nombres de los siguientes oponentes: Matilda Alster vs Spencer Sergei.
Hubo un momento de silencio expectante, con los ojos del público y los demás beyluchadores clavados en la muchacha, esperando a que anunciara su siguiente movimiento.
Matilda y Aaron intercambiaron miradas, el muchacho negó lentamente con la cabeza, con lo cual la expresión de la muchacha se ensombreció, sus labios se apretaron en una pálida y delgada línea. Matilda se levató y se dirigó al plato destruido, y entonces, en un tono de voz extrañamente parecido al que había usado Brooklyn durante el primer bloque, anunció:
—El Batallón Barthez se retira.
Jazzman se permitió un breve suspiro de alivio antes de hacer su propio anuncio para cerrar aquel encuentro por encima de las exclamaciones del público:
—¡Los ganadores son los Blitzkrieg Boys!
When the stars threw down their spears,
And watered heaven with their tears,
Did He smile His work to see?
Did He who made the lamb make thee?
William Blake, "The Tiger"
Lo siento mucho, pero me tendrían que quitar mi parodia de Maito Gai y Rock Lee con una llave metálica.
Por otra parte, el año pasado fue una pesadilla constante en la que mi sentido del tiempo dejó de existir, así que esa es mi excusa por el retraso con este capítulo; eso y que tuve que hacer como mil cambios de organziación, ya ni siquiera de re-edición/re-escritura. Ojalá todos estén bien, cuídense mucho que todavía la situación está bastante fea.
