Darkangel: Ya. Aquí está el pequeño interludio que necesitaba; el siguiente capítulo deberia salir relativamente rápido porque ya estaba hecho, pero al releerlo no me gusto mucho así que... tendre que modificarlo. No creo que me tarde demasiado, otros dos meses o menos, o algo así.

Err, así qué, ¿voy mejorando... aunque sea un poco?

Aclaraciones:

- Blah. --- Dialogo

"Blah." --- Stân. (No pregunten)

« Blah » --- Pensamientos.


Earthian Angels

Interludio

« And it's obvious that you're dying, dying.

Just living proof that the camera's lying.

And oh oh open wide, 'cause this is your night.

So smile, 'cause you'll go out in style.

You'll go out in style »

Paramore, "Fences"

Todos los equipos, incluso aquellos que habían sido eliminados, habían vuelto a Nueva Zelanda sin mayores contratiempos; al menos no más de los esperados. Casi todos los equipos que habían quedado fuera tras la primera ronda habían decidido quedarse como espectadores y continuaban hospedándose en las habitaciones que buenamente habían podido encontrar en distintos hotelitos de menor renombre, debido a que al menos una parte del hotel se había visto afectado por las llamas del incendio ocurrido apenas después de la inauguración. Nada grave, por supuesto, pero aún así las zonas chamuscadas habían sido cerradas al público.

Esa tarde había comenzado a nevar más copiosamente de lo que la mayoría estaban acostumbrados, así que tanto los que habían acudido a presenciar el torneo como los equipos que participaban habían elegido refugiarse en lugar de arriesgarse a salir, mientras que los pocos que se encontraban afuera comenzaban a volver y, como se había vuelto típico en esos momentos, la mayoría de los participantes (o al menos los que no optaban por recluirse solos en sus oscuras habitaciones); en esos momentos los únicos que faltaban eran los integrantes del Batallón Bartez.

Eso era, en sí, bastante raro; casi todos los que se habían atrevido a salir a entrenar eran los que habían asegurado su lugar en la segunda ronda y necesitaban, por lo tanto, entrenar, así que no era eso. Nadie los había visto salir, nadie sabía por qué habían salido, nadie sabía cuando volverían o si volverían, siquiera.

Fue el estrepitoso sonido de uno de los tantos espejos colgados en las paredes cayendo y haciéndose añicos contra el suelo lo que interrumpió las, hasta ese momento, animadas conversaciones.

Desafortunadamente no hubo tiempo para que la atmosfera destrozada se recuperara, porque en ese momento el Batallón Bartez volvió.

Cuando Aaron y Claude entraron, con los ojos enrojecidos y las expresiones serias, transportando a su herido una oleada de horror y compasión se extendieron por todos los presentes. Miguel estaba mutilado. Sus ropas estaban rasgadas y empapadas en sangre, de la carne amoratada de las piernas sobresalían unos huesos astillados que se enterraban dolorosamente en el musculo. Le habían arrancado los ojos, respiraba trabajosamente y sus sollozos quebrados trajeron un nuevo miedo a los presentes. Él no era ningún cobarde, ¿qué clase de monstruosidad sin nombre tenía el poder -la crueldad- para hacerle algo así? Destruir el cuerpo y el alma... Lintu se acercó mientras Miguel era recostado en un sillón y se arrodillo quedando a su altura. El muchacho giró su cabeza, dirigiendo sus cuencas ensangrentadas y vacías hacia la nueva presencia, los dedos de ella acariciaron su cabello y murmuraron palabras que nadie alcanzo a escuchar.

En alguna parte de la habitación alguien ahogo un sollozo.

Claude habló con voz lúgubre, - Él quería.... dijo que tenía.... un mensaje para ustedes...

- ¿Donde lo encontraron?

- En el bosque... cuando escuchamos sus gritos yo... - Matilda torció su cara, convirtiéndola en una mueca de dolor.

- Miguel, - la voz de Lintu era suave e hipnótica; le tomo la mano, dándole un suave apretón para tranquilizarlo, - estamos todos aquí. Puedes comunicar tu mensaje.

El joven herido tomo aire penosamente y enterró las uñas en la mano de la muchacha hasta dejar marcas en carne viva; comenzó a hablar, deteniéndose continuamente para tomar aire, - No sé que son... pero no pertenecen aquí... había algo repugnante en ellas, en todas... me ordenaron darles un mensaje... « El caos es la sangre que nos da la vida. La muerte, nuestra comida y nuestra bebida. Y no olvides decirles que me cebo en tu miedo. »

El gemido que lanzó fue un sonido irreal y espantoso, que helaba la sangre al intentar el alma describir por medio físicos una herida recibida en lo más profundo, una estocada precisa y mortal; toda la esperanza había muerto para él y eso intentaba transmitir, el conocimiento de haber sufrido lo indecible, una tortura que nunca nadie había conocido y, muchos rezaron en silencio, ojala nadie tuviera que conocerla.

- ¡Me cebo en tu miedo! - Miguel comenzó a gritar, la sangre salía a regueros por su boca, dándole a su imagen un aspecto todavía más grotesco. - ¡Me cebo en tu miedo... en tu miedo!

Su cuerpo sufrió un espasmo y se quedo rígido, con la expresión petrificada en una máscara de terror.

Hubo un grito que surgió de más de una garganta y, segundos después, varios beyluchadores habían tenido que correr al baño a vaciar la comida que les habían dado en el avión. Los que habían permanecido en el cuarto no eran del todo capaces de ocultar su horror e indignación ante el evento, pero unos pocos (muy pocos) eran capaces de sentir que esto no era más que el principio.

- Brooklyn, saca a todos de aquí, - la voz de Hitoshi estaba tensa, pero permanecía controlada cuando se volvió hacia los demás beyluchadores. – No hay nada que podamos hacer ahora, dejemos que… las autoridades se encarguen de esto.

Lentamente, uno a uno, los presentes fueron saliendo del cuarto, dejando al Batallón Bartez. Todos--

Casi todos.

Mathy seguía de pie ahí, incapaz de apartar la mirada del cuerpo mutilado de Miguel; por más que su cerebro quisiera alejarse del lugar y olvidarse de todo lo más pronto posible su cuerpo no le respondía, como si estuviese clavada al piso.

Beirekêr se volvió hacia la coordinadora, sus ojos oscurecidos en un violento purpura.

- ¿Por qué no vas a la sala con los demás?

No era una pregunta, no era una sugerencia; era una orden. Seguro, no sonaba como una, pero Mathy sabía que así era. Lo sabía.

Salió, cerrando la puerta tras de sí y, tras unas cuantas hondas respiraciones se unió al grupo de personas, en distintos grados de alteración, que iban desde la irritación a la histeria en la sala de la posada.

No se dio cuenta de cuando cayó dormida, ni de cómo llego al cuarto donde se alojaba, ni de lo que sucedió después…

Y la noche paso.

Al día siguiente la conversación en la mesa del desayuno se centraba en las fantásticas beybatallas del día anterior, de las anécdotas que les habían ocurrido a los equipos cuando intentaban llegar al estadio y de lo que esperaban del torneo…

Nadie lamentaba la muerte de Miguel. Y nadie había notado la ausencia del Batallón Bartez.

Nunca habían estado allí.


Darkangel: .U .U ... Je je je... ¡lo siento! . ¡Tenia que deshacerme de ellos! TOT

Vagio: (en un rincón oscuro) ... Pero de qué manera tan horrible lo hiciste... ¬.¬

Shiroi: Whoa... ¡Gore! ^O^

Darkangel: (tose) Lo que pasa es que me perdí casi todo Byeblade G Revolution... así que no tenía ni idea de qué hacer con ellos.

Sesshomaru: Y los mataste así porque así. o.ô

Darkangel: No, no... ¡Sirvió para transmitir el mensaje!

Todos: ¬¬#

Darkangel: ... ¡Lo siento!

Lightdeil: Nada más quiero ver que a alguien le caiga bien Miguel y quiera cazarte...

Darkangel: O___OU … Uhm… no es para ponerlos nerviosos ni nada, pero últimamente he estado leyendo mangas medio violentos y, probablemente tengan cierta influencia en la trama de la historia (como si no fuera suficiente la mezcolanza de cosas que ya había hecho -.-); así que esperen todavía más muertos y cosas feas.

Jo, jo, jo. ¡FELICES FIESTAS!