Así que estaba teniendo un mal día y pensé que me mejoraría el ánimo si subía esto y—
No, sé lo que están pensando y no funciona. Esta vez fue un caso especial. ¬¬
¿En dónde estaba? Ah, sí; bueno, entonces, aquí tienen ¡capítulo nuevo!
... Y qué capítulo, no estoy segura de que pasó aquí. ._.
Okay, ahora, esto es muy estúpido pero es una pregunta importante: ¿alguna vez vieron la serie de Digimon? (¡No me juzguen! _) Porque de allí se me quedó pegada la imagen de las alcantarillas, ¿okay? Solo que… cubiertas con lozas de color blanco… ¡Esto es importante, gente!
Aclaraciones:
—Blah. -—Dialogo
"Blah." -—Stân. (No pregunten)
« Blah » -—Pensamientos, citas.
Earthian Angels
Tan Yn Lyn (Debajo del Lago)
« Cruelty has a human heart,
And Jealousy a human face;
Terror the human form divine,
And Secrecy the human dress. »
William Blake
El primer sonido interesante que surgió en La Posada esa mañana no fue un grito; fue más bien, algo así como el graznido de un ganso siendo estrangulado más el inconfundible ruido de alguien atragantándose y escupiendo el jugo que intentara consumir segundos antes.
Los gritos vienen después, no se preocupen.
Así que volvamos con la primera víctima de la locura a punto de desatarse.
La mañana de nuestra víctima, a quien de ahora en adelante llamaremos 'víctima número uno', comenzó de manera usual: desayuno y la lectura del periódico local.
Y todo iba muy bien hasta que se topo con la columna de chismes—se rehusaba terminantemente a llamar a esa bola de prosa purpura y exageraciones 'artículo'— en la que alguna persona con demasiado tiempo e imaginación enfermiza se había dado a la tarea de crear una especie de "¿Quién está saliendo con quién en el nuevo torneo de Beyblade? ¡Basado en hechos reales! ¡Con fotos!" en la que todos los embarazosos momentos que había vivido en México—más específicamente, cuando los Beyluchadores, él incluido, hacían sus dramáticas entradas al estadio— habían sido retorcidos a más no poder.
De hecho, lo que casi ocasionaba que sacar un pulmón entre toses, había sido el interesantísimo artículo del pretzel de relaciones que supuestamente existía entre su equipo y que había sido dejada al descubierto cuando habían rodado por la alfombra roja.
Se trataba de Robert, por supuesto, ¿quién si no un Majestic iba a despertarse a las siete en punto de la mañana para desayunar pan tostado con un café de tostado italiano, un plato de rodajas de papaya arregladas artesanalmente en un plato de cerámica y un vaso de jugo de naranjas hidropónicas?
Así que, como era de esperarse del orgulloso líder de los Majestics, su primera acción fue incorporarse de un salto y aullar el nombre del idiota que había manchado para siempre el nombre de su familia:
—¡Enrique!
Obviamente, a esas horas, el grito retumbó como un cañonazo, ya no por todo el hotel, sino por media ciudad.
En la habitación de los Majestics, Enrique pegó un salto y aterrizó en el suelo; Oliver que usaba tapones en los oídos, y Johnny, a quien le importaba un rábano lo que aquejara a sus compañeros, no reaccionaron. Ni entonces ni cuando una bastante enojada Catra (todavía en pijama) abrió su puerta de una patada y le arrojo una almohada al rubio—justo en la cara—antes de vociferar:
—¡¿No pueden callarse? ¡Hay quien está tratando de dormir!
Hubo un momento de silencio, antes de que Johnny estallara en carcajadas y Kain entrara, recogiera el arma ofensora, y saliera del cuarto en un solo fluido movimiento.
—¿No podías aventarles tu almohada, tenía que ser la mía? —pregunto el muchacho, bastante irritado.
—Es un mensaje de parte del líder —contestó Catra sin pestañear siquiera.
—¿Quieres decir una especie de 'hazlo otra vez y dormirás con los peces'? —una todavía adormilada Cristal intervino en la conversación.
A nadie le sorprendió que Catra no respondiera.
—Perdón por despertarlos —se disculpó Robert, teniendo la decencia de mostrarse apenado cuando su pequeño berrinche ocasionó que una horda de malhumorados beyluchadores rivales bajaran las escaleras a desayunar en diversas etapas del proceso de despertarse.
—Ah, por favor, no se preocupe —contestó Sycke (que, como siempre, parecía haberse materializado de la nada) sin darle importancia al asunto mientras se servía su propio desayuno.
—Si, además siempre quise un reloj despertador que gritara el nombre de Enrique —añadió Cristal sarcásticamente.
—Yo noooo —gimió Youhualtecutli, apoyando la cabeza en la mesa—. Ya bastante malo es tener a Roncazauhqui en el cuarto y ahora ese infernal chillido…
—¡¿CHILLIDO? —chilló Robert, apabullado.
—No más, por favor…
—¿Y se puede saber a qué debemos el placer de tu ataque de histeria, o deberíamos tan solo ahorrarnos las explicaciones y arrojarte tomates podridos? —los interrumpió Anya antes de que se desatara una pelea.
No había terminado de hablar cuando el líder de los Majestics ya había embarrado el periódico en la cara de su 'archi-enemigo' rubio.
Enrique se le quedo mirando al artículo sin ninguna expresión.
—… No estamos en una relación ilícita.
—¡Eso ya lo sé, tarado!
—Espera, espera, espera, ¿qué? —Eso, sin duda, había captado la atención de Motoko—. ¡Déjame ver eso!
—¡Si, si, queremos ver eso! —intervino la igualmente interesada Kaola, arrebatándole el periódico a Enrique.
La sonrisa de Robert se volvió perversa.
—Adelante.
En cuanto ambas Kumai tuvieron tiempo de leer la columna de calumnias hubo una especie de sonido mezcla de gato escaldado con alguien a quien se le atoró una cuchara de plástico en la garganta.
—¡Kai! —exclamó Kaola entre carcajadas.
—Kai —confirmó Motoko con algo parecido a la incredulidad.
—¡Dejen de decir mi nombre!
Los gérmenes de Enrique tomaron un vuelo express a la cara de Hiwatari, cortesía de la mayor de ellas.
Aunque merece algo de crédito por no gritar la expresión del muchacho era la de alguien que iba a salir en una cacería humana.
—¡Hey, Kai! ¿Fraternizando con el enemigo? — La sonrisa de Tala era todo lo que el peli-bicolor necesitaba para renunciar a su autocontrol y soltarle un puñetazo a su ex compañero.
—¡Si! ¡Finalmente! —vitoreo Catra, alzando los brazos en señal de victoria, mientras su hermano refunfuñaba en el suelo.
—¡Pfft! ¡Fraternizando con el enemigo! —Tyson no habría podido controlar su risa ni aunque lo hubiera intentado.
—No es culpa mía que la persona que escribió esta estupidez no tenga nada mejor que hacer que crear rumores sin fundamento, Tyson; además, al menos mi nombre aparece en el diario. Incluso mencionan a Kenny y a Max, pero tú…
—¡¿Qué?
—¡Alguien está verde en este cuarto y creo que es Tyson! —cantó Yuzuriha, sin desperdiciar la oportunidad de burlarse de él.
—No sé de qué te quejas, no es como si fuera algo bueno salir en esa clase de… 'noticias' —fue el comentario de Akane.
Mikael se llevo una mano a la sien, exasperado.
—Actúen de acuerdo a su edad, ¿soy el único adulto aquí?
—Si —comentó Yokoh desde su lugar a unos metros de los supuestos adultos, lo cual por supuesto le gano varias miradas poco amistosas.
Tyson bufó.
—No dirías eso si leyeras lo que dice de ti.
—No me importa lo que digan de mi en tanto no sea cierto —respondió Mudou filosóficamente.
—"Además, el líder del equipo Night Wish fue visto atacando a su actual pareja sentimental debido a un ataque de celos; esperamos que pronto resuelvan sus problemas y que no se desanimen por estar en equipos contrario" —leyó Kinomiya, con algo de satisfacción. Y, como si necesitara aclararlo, añadió:— Hablan de Ixbalenqué.
El muchacho enarcó las cejas, puso cara de poker, se lo pensó unos instantes y contestó:
—No me importa.
—¡Hombre! ¿Qué va a pensar tu equipo de ti? —lo instigó un poco más el peliazul, enfatizando su punto al agarrar el brazo de una desprevenida Lintu y sacudirla como si eso fuera a hacer que Mikael cambiara de opinión.
El resto de los Bladebreakers representaron lo mejor que pudieron el papel de 'grupo de personas que jamás en su vida habían visto a ese idiota', a sabiendas de que si Tyson era arrojado por una ventana o algo así era porque se lo merecía. Pero Lintu tan sólo lo miro desinteresadamente antes de darle su respuesta.
—Yo creo mi propia opinión. Desafortunadamente tú no puedes seguir mi ejemplo porque requiere de un cerebro. Y quita tus manos de mí.
Kinomiya retrocedió riendo nerviosamente; los Majestics y los Demolition Boys lo miraron preguntándose cómo demonios habían perdido contra semejante idiota (incluso Tala, aunque tenía la cara escondida en una bolsa con hielos).
Alexandra se cruzó de brazos y negó con la cabeza.
—Y pensar que todo esto se hubiera podido evitar si nuestros coordinadores hubieran hecho su trabajo y nos hubieran conseguido un transporte como los demás equipos…
—Bueno, al menos aparecimos en un medio de comunicación masivo, ya sabes, "cualquier publicidad es buena publicidad".
—No ésta clase de publicidad, Pyro; nunca ésta clase de publicidad… —masculló Kain, sentado en la mesa con la cabeza hundida entre los brazos y sintiéndose algo más que exasperado. Tenían muchas cosas mejores en que invertir su tiempo en lugar de tratar de sostener una discusión seria sobre algo que era un montón de delirios de una persona que se ganaba la vida exagerando cualquier cosa con tal de atraer lectores.
Delón se veía positivamente menos seguro de sí mismo ante tal argumento, pero aún así logró protestar:
—Err… al menos… ¿vimos la ciudad?
—¡Si! —Pyro no había estado preparado para el ataque de 'agarre de oso' de Izcozauhqui y se quedó sin aire—. ¡Tú sí que sabes buscarle el lado bueno a las cosas!
—No veo nada de positivo en haber sido arrastrados de un lado a otro por alguien que le dio la vuelta a la misma manzana tres veces antes de darse cuenta —señalo Destiny con una risa burlona.
—Eso no fue mi culpa —se defendió Izcozauhqui, apretando aún más a su presa.
—Si no sueltas a Pyro en este momento lo vas asfixiar, y entonces tendré que lanzarte a los cocodrilos o algo —lo amenazó Malena, un poco en broma—. Tenemos que entrenar para la siguiente ronda.
—¡Restriégamelo en mi cara!
—Eso es exactamente lo que está haciendo —comentó Mayáhuel—, y si no hubieras sido tan estúpido, nosotros también tendríamos algo que hacer además de perder el tiempo aquí leyendo los chismes.
—Si lo notas, varios de los que pasaron a la siguiente ronda están aquí 'leyendo los chismes' —comentó divertido Ixbalenqué.
—Eh, eso si no cuentas a —Youhualtecuhtli comenzó a enumerar con los dedos—: los Black Death, que imagino tienen un cuarto a prueba de ruido o algo; los Light Soldiers, que son unos amargados, codos, hijos de la tiznada que tienen su propia mansión; y a… —la voz se le quebró— los Wayward Souls…
Qué manera de matar el ambiente agradable que acababa de formarse.
Hubo un silencio incomodo—no, no, 'incomodo' no era la palabra correcta; era pesado y frustrante, todos sabían que había pasado (era un tanto difícil de ignorar después de la escenita que habían montado Cloud y Beirekêr; jamás se hubieran imaginado que el sempiternamente calmado líder de los Wayward Souls era capaz de alcanzar niveles tan altos de histeria, y el miedo, la desesperación, la sensación de estar perdidos casi palpable en Kakeru y Kirei no ayudaba en nada; el equipo se había hecho pedazos en una fracción de segundo), pero resultaba difícil hablar de ello.
¿Qué podían decir, después de todo?
—… Pero a diferencia suya tenemos mejores cosas que hacer —dijo entonces Lein como de pasada, proveyendo una salida a la atmosfera agria que se había asentado en el cuarto.
—¡Restriégamelo en mi cara! —repitió Izcozauhqui, aunque su voz había subido de un Mi a un Fa que tembló en un par de silabas; y apretó con más fuerza a Pyro, quien aún no había logrado escapar de él, lo cual le hizo bufar un poco y poner los ojos en blanco.
Y entonces algo llamó su atención. ¿No era ese Kerberos abandonado en la mesa?
¿Qué diablos estaba haciendo allí?
Pyro se zafó del agarre de Izcozauhqui y tomó el olvidado beyblade de Kumai, acto seguido recorrió la habitación con la mirada, intentando localizar a su compañera; sintió como si el montón de cubos de hielo de la bolsa de Tala cayeran dentro de su estomago cuando no la vio y se volvió hacia su equipo, su ansiedad creciendo a pesar de que trataba de controlarse.
—¿En dónde está Kaola?
La atmosfera de la que acababan de escapar volvió como un latigazo.
... will you hurt me?
Un paso a la izquierda.
Un paso a la derecha.
Otro paso a la derecha.
¡Correr hacia la izquierda!
¡Aghh!
Kaola se estaba cansando rápidamente de este pequeño juego con el gato endemoniado que le estaba bloqueando el camino en esos momentos; había escuchado como todos eso de que los gatos negros traen mala suerte, pero no que fueran una molestia constante. Apenas había comenzado a dirigirse al hotel (después de todo, la conversación se había vuelto considerablemente menos divertida después de que le habían quitado el periódico) cuando el animal se había cruzado en su camino y no la dejaba avanzar.
Era como si estuviera decidido a no dejarla poner pie en el bosque; ya se imaginaba al gato pidiéndole una lata de atún como peaje…
—¡Aja!
Cuando, al más puro Eyeshield 21, logró pasar al gato se dio cuenta de que quizás el gato sabía algo que ella no y que hubiera sido una buena idea hacerle caso y regresar por donde había venido. El bosque—este no era el bosque al que se había acostumbrado, todo el lugar parecía haber cambiado; el paso adelante había sido el clavado y era como abrir los ojos bajo el agua, todo era igual y conocido, pero distorsionado, sofocante y, al menos allí, amenazador.
Consideró la posibilidad de disculparse con el gato y estaba a punto de hacerlo cuando el crujido de las hojas y ramas a un lado de ella la interrumpió, casi de inmediato sintió como se le erizaba el cabello. Los gruñidos que siguieron después no ayudaron en nada.
Instintivamente su mano buscó su lanzador y su beyblade—al menos tendría tiempo suficiente de escapar si lograba crear una distracción…
O no.
¡¿En dónde estaba Kerberos?
Miro de reojo al gato, que lanzó otro siseo antes de darle la espalda y echarse a correr. Con una maldición en la punta de la lengua Kaola lo siguió, si no por otra cosa, porque le parecía la opción más viable en ese momento.
Ni siquiera estaba segura de estar tocando el suelo. Tan solo podía sentir la adrenalina empujándola más allá de lo que había creído que eran sus límites, los estruendosos golpeteos de la sangre en sus orejas y los músculos de sus piernas a punto de desgarrarse o romperse o provocarse un… algo, que no importaba que pudiera curarse con pomada y reposo, porque si las cosas seguían su curso iba a resultar fatal para ella.
Lo más seguro es que sean las… cosas… que atacaron a los Nightwish la última vez; lo cual no es ningún consuelo, después de todo, terminaron en el hospital con heridas que solo de milagro no los sacaron del torneo. Kaola no quería ser la siguiente.
El suelo aun estaba húmedo y lodoso por la lluvia y la nieve, y a pesar de haber alcanzado a recuperar el equilibrio a manotazos un par de veces que había estado a punto de caer, como dicen, la tercera es la vencida. Ni siquiera alcanzo a meter bien las manos, sus únicos pensamiento centrados en encontrar apoyo y levantarse lo más rápido posible, así que había optado por arriesgarse a tener algunos raspones en la cara y en las rodillas con tal de apuntalar bien sus palmas en el suelo e impulsarse en una maroma que hacía una hora antes no había sabido que podía ejecutar. Al parecer estas situaciones de vida o muerte si que sacaban el lado escondido de las personas.
Pero no tuvo demasiado tiempo para regocijarse acerca de su recién descubierta habilidad gimnastica porque cada vez sus atacantes se oían más cerca, se sentían más cerca, con una presencia ominosa y salvaje y se le estaba acabando el aire… El gato giro la cabeza para mirarla, casi haciéndola sonreír. Sentía los pulmones a punto de reventar y las piernas amenazaban con doblarse bajo su peso, gritando presas de un dolor al que no se podía permitir sucumbir, pero todavía no podía detenerse.
La idea de que iba a morir en lugar de ser capaz de escapar casi la hizo trastabillar de nuevo, sin embargo no tuvo que preocuparse por la posible caída. El gato se había detenido abruptamente y si sus reflejos hubieran sido un poco más lentos probablemente se hubiera ido de cara contra la altísima pared justo frente a ella.
Había permanecido escondida por los arboles, además de que estaba parcialmente cubierta por nieve y plantas trepadoras que habían creado la ilusión de un camino continuo lleno de vegetación, como el que había estado siguiendo. Con razón no la había visto antes. El gato agitó la cola en un movimiento ansioso y la muchacha vio como se le erizaban los pelos del lomo. Curioso, que un gato estuviera tratando de protegerla; lo triste era que no tenía esperanzas en contra de sus perseguidores, si eran lo que ella creía que eran.
Kaola olió más que sintió al primer atacante cuando este se acercó; casi tuvo que maldecir y clavo las uñas en la solida pared con toda la fuerza de la que era capaz para contener cualquier demostración de miedo. Al menos no les daría esa satisfacción. Lo que fuese que estuviera tras ella hedía como un perro en un día lluvioso, excepto que peor, no era sangre el otro olor que atacaba sus sentidos… era algo putrefacto, profano… De pronto estaba feliz de no haber tenido tiempo de desayunar.
Cerró los ojos con fuerza cuando sintió la ¿garra? ¿pata? cerrándose alrededor de su cuello y luego… luego…
(No estaba loca; estaba segura de que no estaba loca—podría jurar… No estaba loca. No, no, no, no.)
La cosa habló.
—Bueno, bueno... —la voz gutural y el extraño acento hacían difícil entender las palabras, pero ya no había duda alguna de que no eran simples bestias. —Parece que tenemos algo de carne fresca.
Se inclinó hacia ella, casi reposando un hocico sobre el hombro de la chica, el tufo de su aliento hizo que la bilis le subiera a la garganta; todavía tenía los ojos cerrados y un hilillo de sangre bajaba por la comisura de sus labios, se había lastimado pero no iba a gritar.
Por dios que no iba a gritar.
—Hola, carne.
Irracionalmente, Kaola se preguntó si el gato que la había acompañado hasta entonces había conseguido escapar.
(Ella no lo sabía, pero así fue.)
If you do, I will fear you,
Una persona desaparecida era un suceso horrible, un trágico y lamentable accidente, pero, aún así, solo coincidencia y mala suerte.
¿Dos?
Era hora de jugar "Clue: ¿Quién es el culpable?"
Y Pyro tenía una idea bastante buena al respecto.
Aunque sería una mentira decir que a Stân lo sorprendió el montón de papeles que se estrellaron sobre la mesa frente a él mientras intentaba desayunar (un menú completamente hedonista compuesto por huevos estrellados, salchichas, tocino y hot-cakes con miel en cantidades suficientes para tapar todas sus arterias de golpe, y un café tan negro como su conciencia). Lentamente alzó los ojos hasta encontrarse con los del muchacho; no tardó en notar al resto de su equipo detrás de él.
—¿Puedo ayudarles en algo?
—¿Por qué me diste esto? —Fue lo primero que salió de la boca de Pyro, y luego—: ¿Qué es esto?
—¿Hm? Que gracioso que lo menciones, yo mismo me lo estaba preguntando…
—¡No te hagas el tonto conmigo! ¡Casi nos matan por esta cosa! ¡¿Y todo por qué? ¡Por una estúpida profecía que en primer lugar no tiene ningún sentido, y en segundo lugar no tiene ningún sentido!
—Ah, contrólate, Temis, estás dando un mal ejemplo, —lo riño Stân como si se tratara de un niño—. Tan solo quería ser servicial, creí que una pizca de turismo ocultista para conocer el folklor local les haría su estancia más entretenida y pensé que esto los ayudaría. Ya sabes, como en Las Pistas de Blue.
El cerebro de Pyro hizo un alto total ante esa declaración tan estúpida.
Así que no es difícil de imaginar la sensación de satisfacción que sintió Alexandra cuando estrelló con fuerza las palmas de sus manos contra la mesa, consiguiendo que el muchacho saltara en su asiento y centrando eficazmente su atención en ella.
—No sé qué parte juegas en todo esto, Helldoors, no sé si tienes contactos con el mercado negro de órganos, o si de verdad estas tan loco como para tratar de asegurarte la victoria de un torneo usando medios tan bajos; pero sé que tienes algo que ver con estas desapariciones, ¡y voy a averiguarlo!
… Stân no se veía muy impresionado. Se limitó a beber un sorbo de café, pasarse la lengua por los labios y luego apoyó la cara contra la palma de su mano, mirando a los Dark Elite como si fueran un grupo de vendedores de enciclopedias.
—Vaya… ¡Lo dicen como si fuera todo culpa mía! – Algo pareció brillar como el filo de una navaja en sus ojos, cuando continuó—. De hecho, están tan ocupados vigilando al 'sospechoso habitual número uno' que ni siquiera se dan cuenta que el grupo de serie navideña ha estado actuando muy raro —lentamente, algo parecido al entendimiento comenzó a alterar las expresiones de sus inquisidores—. ¿Oh? ¿No lo había notado—la forma en que nos evitan y se ponen nerviosos en un cuarto lleno de gente con todo el derecho de exigir respuestas?
Las palabras de Stân eran como una lluvia de mana, pronunciadas con la inflexión necesaria para escucharse como verdades; del tipo que cae como una espada sobre el cuello del infractor.
—No creo que estén muertas, no; los animalitos del bosque que conocimos gracias a los Nightwish no parecían preocuparse mucho por ocultar los cadáveres, y aunque las hubieran devorado y triturado hasta los huesos, aún así hubiéramos sido capaces de encontrar alguna prueba.
Una súbita y terrible realización de los hechos, de qué, a pesar de lo mucho que quisieran negar sus acusaciones, estas no podían ser más ciertas; el mundo estaba desbordándose de la misma malicia que teñía su voz y esa sonrisa como el brillo de una hoz.
—Pero, ¿y si sus atacantes fueron humanos? Ah. Eso cambia todo; sólo una persona seria capaz de idear y poner en práctica atrocidades que van más allá de la comprensión de una simple bestia—inteligente, tal vez, pero nada más que un animal al fin y al cabo.
El silencio a su alrededor se había convertido en una capa de plomo sobre toda su audiencia; en algún momento los Gothic Lights habían entrado desprevenidos al cuarto, sin esperar el embate violento de sus palabras y habían sido arrastrados por el discurso, dejando que la red que había tejido el integrante de la Muerte Negra los rodeara tan completamente como a los Dark Elite.
—Es… una aseveración muy fuerte la que estás haciendo; encima de que no tienes prueba alguna… —Este tipo de situaciones no eran su fuerte, pero la sonrisa de Mona Lisa de Anya era un arma formidable. Su instinto, una parte de ella misma en la que había aprendido a confiar, le decía que aun si lo que ese hombre decía era cierto, debía de tener algún motivo oculto para revelar tanta información.
Algo en todo eso le olía a trampa y no estaba dispuesta a caer en ella; mucho menos dejar que sus compañeros lo hicieran.
Stân alzo las cejas, en un falso gesto de sorpresa.
—No, supongo que tienes razón, todo lo que he dicho son suposiciones mías. Sin embargo, esta vez te diré una verdad, así que atesórala: ni yo ni mi equipo somos responsables de la desaparición de ninguna de las dos contendientes.
Kain frunció el entrecejo ante tal declaración y se limitó a observar con atención como el resto de su equipo, que hasta entonces habían permanecido juntos y tensos como las cuerdas de un violín se relajaba un poco, aunque podía saber, por la forma en que todos conservaban su posición (una media luna defensiva, notó vagamente) que no habían olvidado lo que los había traído allí… ni lo que habían escuchado.
Intercambiaron miradas rápidamente; era cierto que la otra profecía estaba en posesión de Pyro de la Dark Elite, pero claramente podían ver que no era ni el momento ni el lugar para pedírsela. Además, puede que su equipo no hubiese sido afectado, pero si lo que decía Stân tenía la más mínima pizca de verdad (y algo les decía que así era), entonces lo mejor que podían hacer era sostener una larga charla con los Light Soldier; si no para otra cosa, para averiguar la verdad.
Casi sin hacer ruido dejaron la habitación de la misma manera en que habían entrado y se prepararon para lo peor.
Malena aspiro entrecortadamente; podía ver la línea tambalearse de un lado a otro, esa luz que no existía culebreaba, desviándose del punto al que hasta el momento siempre parecía apuntar hacia otro completamente distinto, y si debía tomar eso como indicación, algo malo, realmente malo, iba a suceder; o, más bien dicho, algo terrible ya había comenzado y tenía que hacer algo para detenerlo. Porque esa era la voluntad de esa estúpida alucinación en el suelo y si no hacia algo se iba a volver todavía más loca, tan solo lo sabía.
—Ehh… —No, mal hecho; ella era la líder de ese equipo, ¡tenía que actuar con decisión! – Ajem. Así que, si le dijera que tengo un presentimiento acerca de donde esta Kaola, vendrían conmigo… ¿Verdad?
Wow, que manera de sonar segura de sí misma, era toda una femme fatale.
—No, —fue la respuesta seca de Anya.
—¡NO! Ni loco, —dijo alborotado Pyro.
Alexandra y Cristal no respondieron nada, no sentían que un tajante 'no' fuese educado para con su líder.
—¡Ack! ¡Por favor! ¡Estoy completamente segura de esto!
—Entonces di que sabes dónde está, no digas que tienes un 'presentimiento' —la amonestó Cristal de forma amistosa—. Eres la líder, ¿no es así?
—Err… ¿sí?
—¡Dilo con convicción! – resonó el resto de su equipo a coro.
—Muy bien, muy bien, entonces… ¡vamos!
Era una locura, y lo saben, en cuanto salen del hotel, tras una pista que puede no existir; pero Malena se mueve como si tuviera una brújula y si hay esperanzas de encontrar a su compañera perdida no tardaran en seguir a su líder.
Stân los miro alejarse mientras tomaba otro sorbo del café que a estas alturas ya se había enfriado.
—Hm. Parece que tenían prisa, —comentó, mientras se encogía de hombros, sonriendo como si se tratara de un chiste que solo él entendía.
Y luego comenzó a reírse.
Y se rió y se rió y se rió…
If you don't I will despise you.
Unos dedos delgados se extendieron entre la oscuridad; hacia el lugar donde las sombras eran más profundas, como si intentaran, sin ningún éxito, alcanzar algo.
Si hubiese habido alguna luz—incluso una pequeña rendija que dejara pasar los rayos del astro que se mostrase en esos momentos—se podría notar los restos de sangre bajo las uñas y los aros en carne viva bajo los grilletes de metal en sus muñecas, que empeoraban a cada movimiento inútil que hacía.
El pánico inicial había pasado; dejando su orgullo herido y una gélida y fangosa sensación de haber sido… ¿qué? ¿Traicionada?
Algo pulsó con un dolor sordo detrás de sus costillas rotas.
Si, 'traicionada' era una palabra que le servía tanto como cualquier otra en esos momentos.
Sus ojos comenzaban a ajustarse a la oscuridad, pupilas dilatándose, aunque en realidad no había mucho que contemplar en el cuarto. Pero la oscuridad no la molestaba; en situaciones como estas, era un aliado reconfortante.
Y lo que debías de temer era la luz.
Entonces lo escuchó.
—Abre la puerta, Dustinnian.
Ah, claro que se había echado la sal.
El chirrido metálico no provocó la reacción de la ultima vez, afortunadamente; no quería otro baño de agua bendita, gracias. Una vez era más que suficiente. Al menos para ella.
Había sido divertido—de una manera un tanto mórbida y masoquista, okay—pero…
Bueno, no tenía un 'pero' en mente; dicha mente no funcionaba muy bien, aunque estaba haciendo un muy buen trabajo al ignorar al bastardo que se había sentado delante de ella dirigiéndole una mirada de psicólogo reformador. Del tipo de 'tú estás mal, yo estoy bien, ¡pero puedo ayudarte a que estés bien también! Ayúdame a ayudarte…'
—En nombre del Vaticano—
Por supuesto.
—voy a hacerte unas preguntas. Necesito que las respondas honestamente y cuando todo esto acabe serás libre de marcharte sin—
Hubo un ruidito chistoso en ese momento, que no estaba convencida del todo que proviniera de su interlocutor; algo como un suspiro, pero en reversa, como inhalar rápido… y había sonado casi, casi, como si quisiera transmitir algún tipo de emoción humana.
Oh, sí; ese pequeño baño le había dañado el cerebro.
Mhhmh.
—más daños.
Y se oye un poquito arrepentido; hey, él sabe qué clase de dolor causa esa cosa. Debe de haberlo experimentado regularmente, aunque a ninguno le está permitido conservar las cicatrices.
—¿Rong?
Una reacción sensible hubiera sido preguntar de que se le acusaba, otra hubiera sido mentir (regla de oro de los abogados: si no pueden probarlo, niégalo, niégalo, niégalo~); en una situación desesperada, rogar por clemencia funcionaba igual de bien.
Goldier comenzaba a marearse por la mezcla de olores desagradables que había en el cuarto (y si, el agua bendita apestaba como whisky barato para él) y solo quería salir de allí, lomásrápidoposibleporfavor,grcs.
Rong parpadeó.
Y entonces lanzó la cabeza hacia atrás prorrumpiendo en carcajadas atroces; un sonido horrible que hizo que algo en el pecho de su captor temblara por un instante.
Y se rió y se rió y se rió…
To be feared, to be despised,
Cuando recuperó la conciencia lo primero que Kaola notó fue el hecho de que nadie se había molestado en intentar atarla o nada por el estilo; lo segundo que notó explico un poco tal comportamiento: se encontraba en el centro de un círculo hecho por las cosas que la habían capturado, cerrando todas las posibles rutas de escape.
Su respiración se le atoró en la garganta, viéndolos tan de cerca. Criaturas semejantes a una mezcla de gato y reptil, con bocas repletas de colmillos afilados por sobre los cuales resbalaba una lengua bífida; el cuerpo, musculoso y flexible estaba recubierto por un corto pelaje de las distintas tonalidades del barro: verde, pajizo, negro, rojizo, amarillento, pero siempre barro. Sus ojos se encontraban entrecerrados, ya que en ese momento todos sus captores se encontraban despatarrados en el suelo, aparentemente durmiendo.
Kaola respiró hondo.
« Muy bien, cálmate... esto es solo... un... horrendamente real sueño y... ¡OH DIOS MIO, UNO SE MOVIO! »
Se llevo una mano a la boca, tratando de regular su respiración y evitar un ataque de pánico; seguramente su equipo había notado su desaparición, seguramente debían de haber comenzado a buscarla, seguramente hallarían la manera de sacarla de este enredo.
No tenía idea de cómo iban a pasar por encima de esos monstruos, pero creía en ellos.
Claro, porque ninguna de las otras alternativas resultaba agradable.
these are your choices.
—Alguien puede por favor decirme ¿a dónde vamos?
—Creo que nuestros planes de "rescatar a Kaola" no han cambiado en los últimos cinco minutos, Pyro —respondió Anya, algo más que un poco irritada.
—¡No me refiero a eso!
—Uhm… no creo que este sea el momento adecuado para pelear —intervino Yuzuriha—. ¿Falta mucho para llegar?
—¡Eso mismo me gustaría saber!
—Pues eso no es lo que preguntaste.
Alexandra se llevo las manos a la cabeza, sintiendo venir una jaqueca.
Fantástico. Realmente fantástico. Aquí estaban, en plena noche, en una misión de rescate, y sus propios compañeros ya estaban echándose las manos al cuello.
La noche estaba oscura y nublada, todavía con vestigios de la nevada, y allí estaban ellos, en medio de un bosque negro como boca de lobo —Malena, Alexandra, Yuzuriha, Anya, y Pyro —, todos avanzando entre los árboles muertos que se alzaban en la oscuridad.
Y el asqueroso bosque y la asquerosa noche parecían saturados de una amenaza acechante. Y no veían, y no sabían exactamente a dónde se dirigían ni que iban a hacer cuando llegaran allí y ni siquiera si la pista que seguían era buena o falsa. Lo único que podían hacer era seguir a su líder y esperar que no fueran a ser atacados o se congelaran en medio de la nada.
Y allí—
… había un gato sentado sobre la línea. No a un lado, no cerca, si no, literalmente, sobre la línea.
Malena se detuvo en seco, casi provocando que Anya chocara con ella, y miró al gato.
Sólo… lo miró.
Dicen que si miras largo rato al abismo, el abismo también te mira.
Eso fue exactamente lo que pasó.
Malena agarró la manga de Anya y señaló al gato.
—No estoy alucinando, ¿verdad? ¿Esa cosa esta de verdad ahí?
—… Si. ¿Tiene eso algo de raro?
El gato movió la cola y Malena habría podido jurar que le sonrió.
—No. Nada raro, solo confirmaba… Ehm, ven, gatito, gatito…
—¡Malena, no te acerques!
Yuzuriha se plantó frente a su líder, lista para lanzar su beyblade.
—¿Qué-?
—¿Qué diablos es eso?
"Eso" estaba cerca del gato, con los ojos prendidos en ellos, y, aunque inmóvil, parecía listo a echárseles encima a la menor provocación.
—¿Uumm-nuus?
Hubo un gruñido seguido de la pregunta, y luego una sombra que se desprendía del suelo y se incorporaba lenta y trabajosamente, pero con una gracia innegable a pesar de los crujidos de hueso contra hueso; eso y el olor de la sangre fue lo que les hicieron darse cuenta de que estaba herido. Para cuando se irguió en su totalidad frene a ellos no pudieron esconder su sorpresa.
Si el hombre hubiera descendido de los felinos, entonces este sería el eslabón perdido.
—¿Uuum-aAAa-nuus? —Repitió la criatura, con los ojos febriles y brillantes.
—¿Acaba de decir 'humanos'? —Inquirió nervioso Pyro, mirando a sus compañeras.
—Eso… eso creo. Si, uhm… ¿qué sugieren que hagamos?
—Lider, quizás no sea la mejor de las ideas pero… —Yuzuriha tomó aire y bajo su lanzador—. Pero… si existe la más mínima posibilidad de que tenga información…
—¿Uum-aa-nuus? ¿…Koomuu laa uutr-aa?
Si hubieran volteado más rápido alguien se hubiera torcido el cuello.
—¿'La otra'? ¿Acaba de decir 'la otra', verdad? ¿Está hablando de Kaola?
—Eso no lo sabemos, Yuzuriha—la cortó Anya tajantemente.
—¡Pero podría! —Insistió ella.
—Podría, pero no hay manera de saber—
—¡Basta! —Ambas guardaron silencio ante el inesperado grito de Malena—. Este no es el momento ni el lugar. ¡Y-y tú…! —Se dirigió hacia… lo que fuera esa cosa—. ¡Si sabes en donde esta Kaola más vale que nos digas o… o… te lastimaremos!
Es mejor ignorar el hecho de que el mouse que utilizaba como lanzador no lucia muy amenazador.
—¿Quiere decir, más de lo que ya esta lastimado…? —Murmuro Pyro.
—Lo que yo quiero saber es si habla en serio, —fue lo que dijo Alexandra, seriamente dudándolo.
—…laa uuttra. ¡Laa uuttraaaa! —La criatura optó por llamar la atención de Malena cerrando una de sus… manos (al menos le hacía sentir mejor pensar que eran manos) alrededor de su muñeca—. ¿Peeer eellaa? ¿Lleevuuu peer ellaa?
—Esta debe ser la versión Resident Evil de Lassie.
—Hay tantas cosas mal en esa frase, Delón—comentó Anya con deliberada calma—; que no sé por dónde empezar.
—Alto, momento —interrumpió Alexandra con creciente intranquilidad—; no están… quiero decir-no vamos a seguirlo, ¿o sí? ¡Tendríamos que estar completamente dementes, completamente locos…
—…fuera de nuestros cabales, con graves trastornos mentales! ¡No puedo creer que lo siguiéramos! ¡No puedo creer que bajáramos por una coladera, una coladera!
Y luego, como si quisiera afirmar su punto, Evans le pegó una patada a la pared de las alcantarillas.
—¡Una coladera!
Así estaban las cosas; habían seguido a su 'guía' hasta una de las coladeras que conducían a las entrañas del drenaje de la ciudad, las cuales, a pesar de su sorprendente buen estado, no dejaban de ser unas alcantarillas, como no dejaba de hacerles notar su 'protestadora oficial'. Aunque, a decir verdad, ninguno de ellos estaba muy complacido con la situación.
—Juro que si nos salen ratas gigantes o arañas patonas lo primero que voy a hacer cuando regrese es patear el trasero de Brooklyn —masculló Yuzuriha bajo su aliento.
—Todo esto es culpa suya —Pyro asintió con la cabeza, utilizando su lanzador-espada para apartar unas cuantas telarañas del camino.
Anya dejo escapar una carcajada cristalina.
—Pobre chico, a veces creo que no sabe ni dónde tiene la cabeza.
Yuzuriha parpadeó y luego se acerco a Pyro para cuchichear:
—¿Estamos hablando del mismo Brooklyn, verdad; el que nada más nos ve y nos mira como si estuviera planeando como arrastrarnos a su sótano lleno de instrumentos de tortura?
—Eso creo.
—No parece, ¿verdad?
—Ni un tantito.
—Bueno, al menos aquí adentro no hace tanto frio.
—Sólo tú, Malena, buscarías el lado positivo de esta situación —la aludida le sonrió a Anya—. Pero no me vas a negar que sigue siendo antihigiénico.
—A-ah…
Alexandra miro hacia el canal de agua sucia que corría al lado suyo y del que solo estaban separados por unos cuantos centímetros.
—Absolutamente antigénico.
—Si atrapamos un virus horrible por estar aquí abajo al primero al que voy a infectar es a Brooklyn —masculló Yuzuriha.
—Y entonces sí que tendremos nuestro casting de Resident Evil, ¿no, Lassie?
Sus compañeras hicieron muecas ante el poco usual apodo que le había dado Pyro a su guía; aunque a la criatura no parecía importarle mucho, ya que se limitaba a ignorar a Pyro, casi de la misma manera en que un gato de verdad lo haría.
En ese momento 'Lassie' saltó hacia el lado contrario del que habían estado caminando, escabulléndose por un agujero en la pared que parecía conducir hacia una especie de caverna.
Hubo un momento de silencio, mientras los Dark Elite contemplaban dicho agujero con incredulidad.
—Oh, grandioso, como si las alcantarillas no fueran suficiente —fue el elocuente comentario de Alexandra—. ¿Cómo vamos a cruzar?
—Erm…
—Oh, yo me encargo~ —respondió Anya casi en un ronroneo, desenvolviendo el látigo que usaba como lanzador con un gesto que provoco que sus compañeros retrocedieran un poco.
Le tomo un par de maniobras a la Indiana Jones, pero Anya logró transportar a los miembros de su equipo el lado en donde se encontraba la abertura y, sin detenerse a pensar en lo que les aguardaba dentro (porque ya era muy tarde para eso), se adentraron a lo que parecía ser una galería de piedra caliza subterránea, llena de estalactitas y estalagmitas; avanzaron despacio, siguiendo el rastro de sangre que les había dejado su 'guía' hasta que encontraron al mismo, acurrucado contra una enorme roca, respirando con dificultad. Sin atreverse a respirar siquiera más fuerte de lo estrictamente necesario, los Dark Elite se fueron acercando hasta quedar también ocultos, de espaldas a la roca.
Y entonces Yuzuriha asomó la cabeza y vio a Kaola, en medio de un circulo de… Bueno, a comparación, si 'Lassie' le hacía honor a su nombre, las cosas que rodeaban a su compañera parecían más como un montón de 'Cujo's.
Kinomiya ya había separado los labios y el primer fonema estaba a punto de salir de entre ellos cuando Anya le tapo la boca con una mano, le paso un brazo por la cintura y se impulso hacia atrás, girando en el momento justo para quedar de espaldas contra la pared.
—¡¿Estás loca? —susurró viciosamente—. ¿Qué estabas pensando?
—¡La tienen atrapada!
—¡Pero si nos atrapan a nosotros también de nada servirá!
—... Buen punto.
—Entonces, ¿qué sugieren? —Preguntó Pyro que se comentaba a sentir bastante alterado—. ¿Los tomamos por sorpresa?
—¿Y qué, nos echamos cinco de esos monstruos cada uno? —Espetó Alexandra burlonamente.
—No sería lo ideal, pero si no hay más opciones…
—No —la nota de finalidad en la voz de Malena los sorprendió a todos; ese era un 'no' categorico y no abierto a discusión—, les estoy prohibiendo que se arriesguen; vamos a recuperar a Kaola y a salir corriendo como si Brooklyn hubiera conseguido una sierra eléctrica y nos estuviera persiguiendo con ella. Nadie va a pelear a menos que sea total y absolutamente necesario. Nuestra prioridad es que todos los integrantes equipo salgan de aquí en una sola pieza.
—Ah, ahora sí que sonaste como la líder —comentó Anya con una sonrisa gélida, pero genuina, en sus labios—. Muy bien, ¿cuál es el plan?
Malena respiró hondo y miró a su equipo; que extraño era, se dijo, pensar que hace menos de un mes ni siquiera sabía que los demás existían y ahora aquí estaban, en una situación completamente inverosímil.
—Anya y yo vamos a crear una distracción con la ayuda de Lykatas e Isis; en cuanto vean que tienen oportunidad de acercarse a Kaola, Alexandra, Yuzuriha y Pyro se encargaran de llegar hasta ella, devuélvanle a Kerberos por si las cosas se ponen feas, y estén listos para correr como nunca lo habían hecho en sus vidas.
Hubo una serie de asentimientos en tanto se mostraban de acuerdo con el plan; después de eso, Yuzuriha se acercó a Pyro hasta quedar detrás de él y le sonrió nerviosamente cuando el muchacho se volteo para mirarla.
—Sí parece que están a punto de comerme, tomas mi lugar, ¿okay?
—No.
—¡No seas malo!
—No te preocupes —le dijo Alexandra con una sonrisa confiada—, no suelo dejar que maten a mis amigos. ¿Listos?
Anya y Malena se prepararon para lanzar sus beyblades en tanto sus otros tres compañeros se alistaban para sortear lo más rápido posible al montón de… cosas a las que tendrían que buscarle un nombre… No se percataron de que prácticamente se había olvidado de su propia 'cosa sin nombre' hasta que la escucharon gruñir; Evans fue la primera en voltear, tan sólo para ver como este se había agazapado como si también se estuviera preparando para algo, sólo que lo que iba a hacer era-
La señal. La criatura saltó por encima de sus cabezas con un rugido espantoso y cayó en medio de los desprevenidos enemigos, todo zarpas, colmillos y desgarrones. Era todo lo que ellos necesitaban.
—¡Ahora!
El restallido de un látigo cortando el aire resonó incluso por encima de la pelea.
—¡Lykatas!
—¡Isis!
Hubo una explosión de fuego, rocas voladas en pedazos y nubes de polvo, y entonces los tres echaron a correr, dando tropezones, esquivando animales y fragmentos de la caverna que se desmoronaba. Finalmente, mientras que sus compañeras dispersaban la atención de las bestias, Delón esquivo un zarpazo de uno de los animales y rodó por el suelo hasta llegar a donde se encontraba Kaola.
—¡Pyro!
—Ah, hola Kumai; creo que esto es tuyo —de su bolsillo sacó el beyblade que la muchacha había olvidado.
Kaola lo tomó entre sus manos, casi solemnemente.
—Gracias, ahora si no te importa…
—Oh, sí, ¡Malena, hora de irnos!
Su líder asintió con la cabeza y en un momento ella y Anya se habían unido a ellos dos, esperando tan sólo que Alexandra y Yuzuriha les abrieran un camino para salir con ayuda de Ngila y Yue. De una manera que no debería de haberles sorprendido, lo primero que Kaola pregunto fue:
—¡¿Por qué se tardaron tanto?
Malena le sonrió.
—Más vale tarde que nunca, ¿no?
—¡Ja ja! Okay, entonces, será mejor que salgamos de aquí antes que sea demasiado tarde.
—Estoy de acuerdo. ¡Es hora de irnos!
—¡Malena! —Esa era la voz de Alexandra—. ¡Acaban de bloquear la salida, necesitamos encontrar otra!
—¡¿HUH?
—Oh-oh, eso no es bueno —murmuró Pyro—. ¡Lassie, oye, Lassie! ¿Hay algún otro modo de salir de aquí?
Kaola alzó las cejas y miró a su líder con cara de confusión.
—¿Lassie?
—Es una larga historia, te contamos luego.
Si 'Lassie' resultaba ser el monstruo-pero-no-tanto-como-los-otros que se encontraba causando una masacre entre las otras cosas, entonces no quería ni imaginarse que clase explicación le iban a dar sus compañeros; debía admitir que era una escena magnifica, casi surreal, ver al casi felino, casi humano sobre una pila de cadáveres, con las zarpas chorreando casi tanta sangre como el resto de su cuerpo, con trozos de carne y pelambre aún atorados en ellas. Era aún más impactante cuando volteaba a mirarte con esos grandes ojos de gato y abria el hocico, mostrando un par de hileras de colmillos que realmente no le gustaría contemplar de cerca-
—¡GnaaaA-daAaa! —fue lo que salió en un rugido.
—¡¿Nada?
'Lassie' soltó una especie de bufido exasperado y, en la expresión más humana que le había visto, puso los ojos en blanco por un segundo; la criatura saltó, saliendo de la refriega que se había formado en torno a él, y corrió hacia Pyro con una expresión determinada en su rostro. Cuando llegó hasta donde el muchacho estaba lo alzó en vilo sosteniéndolo por la chaqueta militar que portaba y lo lanzó hacia la el agua.
—¡GNAADAA!
«Nada.»
—¡Esa laguna tiene que estar conectada con el lago de la superficie; tenemos que salir por ahí!
Anya miró dicha laguna con total incredulidad (notando apenas el 'splash' que había hecho Pyro).
—Oh, tienes que estar bromeando.
—¿Te parece que este es el momento adecuado para bromear?
La chica escogió no contestarle a Alexandra y, con una expresión de que casi preferiría quedarse a enfrentar a los monstruos detrás de ellos, se arrojó al agua. Su líder no tardo en seguirla, arrojando una mirada preocupada a sus otras tres compañeras.
Kaola negó con la cabeza.
—Recuérdenme no volver a ser secuestrada nunca —les dijo y luego, en una nota completamente diferente, agarró impulso y saltó con el grito de—: ¡Bala de cañón!
(Y pretendió no escuchar la sarta de palabras altisonantes que profirió Alexandra al ser salpicada antes de que la siguiera junto con Yuzuriha.)
Anya fue la primera en emerger (aparentemente Pyro se había perdido en el camino), tomando grandes bocanadas de aire y creando un chapoteo estruendoso al golpear desesperadamente el agua en un esfuerzo por salir de ella; la orilla el lago, afortunadamente, no estaba muy lejos.
Uno a uno fueron saliendo sus compañeros; al final Alexandra salió arrastrando consigo a Kaola que parecía haber tragado algo de agua, si la manera en que tosía era indicación alguna; Evans la remolcó hasta la orilla, donde sus compañeros las ayudaron a salir del agua, antes de dejarse caer al suelo otra vez.
—¿Estás bien? —le pregunto débilmente Malena.
—Estoy fantástica... —mintió Kaola con la cara hundida en el pasto húmedo.
—No eres buena mintiendo; ¿qué hay del resto de ustedes?
—Oh, sigo dolorosamente con los vivos, —gruño Alexandra medio incorporándose sobre sus codos; luego dio un rápido vistazo alrededor, asegurándose que el resto de sus compañeros estuvieran ahí—. Creo que se puede decir lo mismo de los demás, aunque no sé cómo se sientan...
—¿Qué cómo me siento? A ver... ¡MAL! —Gritó enojadísimo Pyro, tratando de incorporarse, pero quedando apoyado sobre las manos y las rodillas—. ¡Primero esa loca de los tzitzime me ataca con sus jarras y ahora casi nos ahogamos y es plena noche y voy a morir congelado, o de una neumonía o algo! ¡El agua me odia, me odia!
Anya tosió discretamente para interrumpir.
—Bueno, no sé si el agua te odia (-¡claro que me odia!-), pero si nos quedamos aquí, empapados, tal vez tengas razón y tengamos que salir del torneo por cuestiones de salud. –Y luego, en una voz que verdaderamente denotaba lo exhausta que se sentía, añadió casi con brutal honestidad—: Así que larguémonos de aquí, ¿quieren?
—Pensé que no ibas a sugerirlo nunca —suspiró Yuzuriha.
Así que, ¿valió la pena la espera, aunque sea un poco?
¡De verdad me esforcé! D:
Hmm… me siento un poco Mary-Sueista después de esa parte del calabozo… Er… ¿lo siento? Estaba tentada a incluir algo más de tortura pero creo que eso los aburriría rápido. Ya habrá tiempo de desmembramientos, sangre, y violencia sin sentido descrita gráficamente más adelante.
Lightdevil.—Well, well it seems that we have some fresh meat... Hello, meat. D
Darkangel.—¡Sacado del videojuego de Neopets: 'The Darkest Faerie'! … No sé porque lo jugamos, no sé porque todavía tengo ganas de jugarlo…
Eh, y sólo para que lo sepan, esa última parte fue escrita mientras tenía un algodón empapado en brandy metido en la boca (es que me están saliendo mis muelas del juicio), así que, ya saben…
En fin, ahora les tocó a los Dark Elite ser el centro de atención; el capítulo siguiente se centrará más en los Gothic Lights. Así que, Gothic Lights que todavía leen esto, si tienen ideas, peticiones, sugerencias o algo que quieran incluir, ¡este es el momento (por favor)! Uhm… Los Nightwish que todavía leen esto, tengan un poco de paciencia; la buena noticia es, ¡ya vamos por la mitad!
… *grillos*
Por cierto, el título viene de la canción de 'Tan yn Llyn' es interpretada por el grupo galés folk Plethynla. :D
En otras noticias, estaba buscando AMV's de Beyblade para ver si me devolvían mi inspiración… y vi uno que no debería de haber visto… y ahora quedé traumada para siempre. =_=
Quiero decir, ¿Ming Ming? ¿Qué diablos? .
« ... will you hurt me?
If you do, I will fear you,
If you don't I will despise you.
To be feared, to be despised,
these are your choices. »
Margaret Atwood, Circe / Mud Poems
