Ya sé, ya sé, no tengo perdón de dios, puras promesas rotas, ve a colgarte de un nogal, ya sé. Me lo merezco todo. Así que primero: disculpas y explicaciones. Disculpas, obviamente, por el retraso monumental que prometí que ya no iba a pasar, pero aquí estamos y les debo una explicación, también. No estoy segura de haberlo mencionado antes, pero como soy muy mala en todas eso de las "escenas de acción", se suponía que una persona me estaba ayudando con dichas escenas. Se suponía digo, porque hace como un año que este capítulo estaba listo, salvo por una dichosa escena de ese tipo, y en ese tiempo esta persona nada más no dio signos de vida. Así que hice de tripas corazón y me avente a escribir esto, con todo y falta de escena, yo solita y así seguiré porque no quiero cancelar este fic. ¿Okay? Okay.
Um, en otras noticias, es muy probable que le cambie el nombre al fic; quiero avisarle a las, quizás, dos personas que siguen leyendo esto.
Y en otras advertencias un poco más serias sobre el capitulo, esperen encontrar algo de sacrilegio. O bastante; profanar iglesias, matar fieles, y eso.
(No creo que sea la última vez, tampoco. :/)
Eh, ¿espero no decepcionar?
15. Diáspora
Oh, honey-bodied beautiful one,
Come forth from iron,
Red your heart is.
Fragile-tender, fragile-tender life-body,
More fearless than iron all the time,
And so much prouder, so disdainful of reluctances.
D. H. Lawrence, "Almond Blossom"
—¿Sabes, líder? —Comenzó Cristal, en un tono engañosamente calmado y apartando un par de mechones de cabello que le habían caído sobre la frente para poder ver mejor el 'camino' que estaban siguiendo; aunque en realidad decir 'camino' era casi una exageración, considerando que nada más caminaban por donde había menos árboles—. Si planeabas llevarnos hasta la casa de campo de los Light Soldiers al menos podrías habernos rentado un coche.
—¿Con qué dinero? —Espetó dicho líder, casi resoplando y tratando de no hundirse en los charcos creados por la nieve a medio derretir y los montones de nieve que todavía no se derretía—. ¿Crees que doña Romanov me da presupuesto para lo que queramos? Creo que con trabajo paga nuestra estancia en el hotel.
—Pero Hitoshi dijo que todos los equipos tenían un fondo para gastos imprevistos, tan sólo tenemos que pedírselo porque él es el tesorero designado por el señor Dickenson… —Comentó Sycke como de pasada, sonriendo bajo la sombra que le ofrecía su sombrilla.
—… ¿Hitoshi? —Preguntó Cristal incrédulamente y casi logrando chocar contra un árbol cuando se volteó a ver a su compañera—. ¿Cuándo dijo eso?
—En la recepción para los equipos que hicieron en Terpsícore; claro, eso fue cuando Mystel y Ming-Ming se estaban peleando por el micrófono, así que supongo que nadie le estaba prestando atención.
—¿Así que todo este tiempo hemos dejado que un Kinomiya administre nuestro dinero? —Inquirió Lein casi cínicamente ante tal perspectiva.
— … Ah —Catra se llevó una mano a la barbilla al tiempo que evitaba un encuentro cercano con una rama baja—. Bueno, eso explica cómo pudo pagar esas catorce bolsas de comida gourmet para gato el otro día.
—Oh, sí —Yagami sonrió sardónicamente—. Me hace pensar en esas señoras que alimentan a las palomas, sólo que, ya saben, con gatos.
—¿Comida para gatos? —Cristal pareció atragantarse con la idea—. ¿Me estás diciendo que me voy a desgastar mis zapatos porque ese idiota tiene ganas de alimentar al millón de gatos callejeros que viven en esta ciudad?
—Ya verá, cuando regresemos le voy a llenar la ropa de comida para gatos y lo colgare de un árbol —masculló Lein bajo su aliento.
—Podrás hacer lo que quieras cuando regresemos, pero de momento tenemos cosas más importantes con las cuales lidiar —respondió Kain, mientras seguía avanzando a través del bosque.
—Claro —la voz de Cristal era monótona, como si estuviese dando un discurso acerca de las maravillas del intrincado arte de pelar manzanas—. Interrogar a un equipo que en realidad no conocemos, sobre la supuesta desaparición de dos personas que tampoco conocemos, que son parte de equipos que conocemos sólo por el hecho de que es probable que nos enfrentemos a ellos, y que puede ser o no culpa suya. Gran plan.
Kain Yagami le dirigió una breve mirada a su compañera ante el sarcasmo, y se encogió de hombros desapasionadamente.
—Ese es el plan, sí.
La muchacha entrecerró sus ojos esmeraldas.
—Te das cuenta que estamos siendo manipulados y que ni siquiera hemos tratado de pensar en oponernos, ¿verdad? —Masculló Volcova oscuramente, como si acabara de declarar que la ciudad había sido infestada por gigantescas ratas mutantes cuyo único propósito era devorar a todos sus habitantes.
—"Nos estas llevando directo a una trampa," es lo que quieres decir, ¿no? —Preguntó a su vez Kain.
—… Sí.
El muchacho asintió.
—Sí, probablemente tengas razón.
—… ¿Y por qué seguimos avanzando entonces? —Preguntó Lein, en el mismo tono de voz que una persona normal usaría para preguntarle a alguien si eran quienes habían secuestrado a su familia.
Realmente no era una pregunta que necesitara una respuesta, la voz de Stân seguía resonando en sus oídos como un eco interminable anclado detrás de su nuca.
¿No lo había notado—la forma en que nos evitan y se ponen nerviosos en un cuarto lleno de gente con todo el derecho de exigir respuestas?
De todas formas, Sycke respondió serenamente:
—Porque Stân Helldoors insinuó que el equipo de los Light Soldiers había tenido algo que ver con la desaparición de dos participantes del torneo, y es responsabilidad de alguien investigar una acusación de ese tipo; así que, ¿por qué no nosotros?
Catra suspiró.
—Eso es lo que él dijo, pero la verdad es que no sabemos si es cierto.
Lein frunció el ceño, deteniéndose en su lugar.
—¿Damos la vuelta?
—No —Kain negó con la cabeza con determinación—; puede que estemos jugando en sus manos pero, por esta vez, comparto sus sospechas.
La chica de cabello negro continuó avanzando tras esa respuesta, aunque no se veía precisamente contenta.
—Al paso que vamos prácticamente nos estamos dejando usar como marionetas.
—Pero nosotros sabemos que los hilos están ahí, Mijáilovich; mientras no olvidemos eso seremos capaces de cortarlos cuando llegue el momento.
La expresión de Lein reflejaba todo el entusiasmo de un lobo ante un plato de sushi.
—Y mientras tanto…
—… Mientras tanto, haremos lo que Stân quiere que hagamos. No creo que haya mentido; definitivamente no dijo la verdad, pero no mintió. Lo único que se me ocurre es que provocar un enfrentamiento entre los Light Soldiers y nosotros lo beneficia de alguna manera.
—Aja —bufó Catra despectivamente—, nosotros lo ayudamos a deshacerse de los Light Soldiers, con quien es bastante obvio que tiene un problema, y si tiene surte, ellos se deshacen de nosotros de paso.
Los ojos de Cristal se ensancharon.
—Por supuesto, por supuesto: una pelea ajena al torneo entre dos de los equipos participantes; no importa si ganamos o perdemos, lo más seguro es que si se descubre seamos expulsados. Los dos, quiero decir.
Hubo una pausa en lo que la joven parecía meditar algo y luego añadió:
—Porque… vamos a buscar una confrontación, ¿verdad?
—Oh, sí —el pelirrojo asintió con la cabeza, haciendo una mueca al ver que su cabello se había enredado en una rama baja, por lo cual se detuvo a tratar de rescatarlo—; quiero decir, si encontramos evidencia de que tuvieron algo que ver con las desapariciones.
—Aunque sepamos que es una trampa —señaló Catra pateado el árbol frente al cual se había detenido Kain, consiguiendo que una pequeña cantidad de nieve cayera sobre ambos y consiguiendo que su líder hiciera otra mueca.
—Creo que ya establecimos ese punto.
—Aunque Stân posiblemente sabe que sabemos que es una trampa —prosiguió Catra sin piedad, pateando de nuevo el árbol.
—… No empieces, Ivanov —pidió Lein, llevándose una mano a la frente—. Si siguen así me va a dar un dolor de cabeza.
—Y no es por ser la persona desconsiderada y sin corazón del grupo —interrumpió Cristal—, pero me gustaría que alguien explicara porque somos nosotros los que tenemos que ir a peregrinar a la casa de los Light Soldiers a investigar todo este desastre, ¿no deberíamos dejarle esto a las autoridades del torneo?
—¿Nunca leíste las fabulas de Esopo? En una cuenta la historia de cuatro bueyes —comenzó a decir Kain algo exasperado, mientras jalaba violentamente de su trenza para finalmente desenredarla del árbol.
—¿Nos acaba de decir 'bueyes'? —Interrumpió Ivanov, comenzado a seguir a su líder de nuevo.
—… Creo que no, Catra —respondió Sycke apaciguadoramente, aunque levemente divertida.
—… Cuenta la historia de cuatro bueyes —continuó Kain, ignorando la interrupción lo mejor que podía— que son devorados uno por uno por un lobo; al final, el último se da cuenta de que si hubieran estado unidos hubieran sido capaces de defenderse.
—Ahora si nos acaba de comparar con bueyes, ¿no?
—Ah, supongo que sí —concedió Silverhell, sin dejar de sonreír.
—¡Ese no es el punto!
—No, no lo es —al cabo de un rato Cristal suspirando y masajeándose las sienes aún mientras caminaba detrás de sus compañeros—. Pero supongo que tienes algo de razón.
El pelirrojo bufó despectivamente.
—Yo sé que tengo razón.
Lein rodó los ojos y dijo cáusticamente:
—Lo que tú digas, líder.
Pero no se detuvo de nuevo.
Ninguno de ellos lo hizo, hasta que llegaron a la mansión de los Light Soldiers.
Mass confusion (When they say that they died for you)
Era imposible decir cuánto tiempo habían estado los dos en completo silencio, sumidos en la oscuridad y en sus pensamientos, todavía más oscuros; hubiera dado igual que el otro no hubiera estado ahí. No era un silencio incomodo, y mucho menos confortable, era el silencio muerto y árido de dos personas que, por más cosas que tuvieran que decirse, sabían que en cuanto las dijeran todo se iría al infierno. No que a ninguno de los dos le importara.
Además, las cosas que tenían que decirse debían de ser gritadas, y ninguno de los dos podía arriesgarse a atraer más atención de la absolutamente necesaria.
El tintineo metálico de las cadenas meciéndose de un lado a otro, chirriando, chillando, llorando, suspirando, era lo único que llenaba la estancia; pero eventualmente los fantasmas colgados de las espaldas de ambos se volvieron más insoportables que la presencia del otro.
Las palabras escapan como arañas de una roca recién levantada y hieren el aire como una aguja bañada en veneno.
—Así que ahora te usan como su perro de ataque…
Por supuesto, los dos se conocen lo suficiente como para saber que lo que sigue no es una risa; es seco como un cacareo metálico, como uñas largas rasgando vidrio y rompiéndose en el proceso. ¿A quién creen que engañan?
—No, está bien, no puedo decir que me sorprende.
Cierra los ojos, aunque no puede verla en la oscuridad de la mazmorra—porque es una mazmorra; para los enemigos de Dios, ni más ni menos, aprecia la ironía (o no del todo) de que ambos estén ahí. Y todavía hay espacio, como bien sabe. Es un gesto que tiene como fin reconfortarlo y no otra cosa, un signo de la debilidad que no puede permitirse bajo el escrutinio de la luz, y aun así está consciente del suave aleteo, no más ruidoso que el batir de alas de una mariposa que lo siguió hasta ese lugar—hasta la oscuridad. Si deja que se den cuenta de esa debilidad, esa duda que basta y sobra para condenarlo, podría perderlo todo. No es un riesgo que esté dispuesto a tomar, no después de todo lo que ha pasado, todo lo que ha hecho, ni siquiera por ella. Especialmente no por ella.
—Soy un soldado al servicio del Vaticano, y mi deber para con la iglesia triunfa sobre cualquier otra consideración.
Ordenes son ordenes, es lo que quiere decir, y no es como si pudiera ir en contra de ellas, aunque quisiera.
La voz que le contesta le resulta extraña, como el ulular de un búho escuchado a través de un túnel, pero no alcanza a enmascarar del todo la acusación implícita, la malicia en ella.
—Si decirte eso te hace dormir mejor…
Así es, pero no tiene por qué admitirlo, ni siquiera a sí mismo.
—¿Desde cuándo te volviste tan cínica?
¿Qué clase de juego es este? No puede haber ganadores, ninguna de las reglas que se arrastran en el suelo tiene sentido y los dos ya saben todas las respuestas de las preguntas que ellos deberían estar haciendo. Es un remedo de mímica con un megáfono entre dos sordos que se dan la espalda.
—No soy cínica, soy honesta.
No es verdad, no es verdad; es cierto. No está siendo cínica, sólo brutalmente honesta; pero no es verdad eso, tampoco. No es 'sólo', es imposible pretender ignorar el sabor, la sensación de amargura bajo su lengua. Se filtra en sus palabras, son dardos, no meras observaciones; como ésta no es una conversación sino un intercambio de mordidas y gruñidos bajo la máscara de humanidad que ninguno de los dos tiene el valor de abandonar en un mundo de humanos. Son un par de cobardes, los dos.
Pero lo que ha dicho, las palabras, son ciertas. Ni siquiera Goldier puede rebatir eso.
—Mírame a los ojos y dime que me equivoco.
Lo está retando, él lo sabe tan bien como ella, pero, desafortunadamente, es una victoria que debe concederle. Así que se muerde la lengua. No lo suficiente como para trozarla, pero tiene que mostrar su arrepentimiento de algún modo. Las cadenas resuenan contra la pared, un cambio de posición que se ve tentado a imitar; de pronto se siente tan condenadamente cansado.
—Eso pensé.
Hay una pausa en ese momento, como si ambos hubiesen decidido detenerse al mismo tiempo para inhalar profundamente una bocanada de aire, como animales que se agazapan antes de abalanzarse contra su presa; obviamente algo se mueve bajo la superficie. La tormenta cruje mientras se acerca a ellos en la oscuridad; el sonido del primer trueno los alcanza y hace eco cuando finalmente ella retoma la palabra.
No es una conversación.
Por supuesto que no, nunca lo fue, pero ahora, esto…
—Pero, ¿sabes? Yo también tengo un perro, y debe de estar buscándome... ¿qué crees que te hará cuando me encuentre?
… esto, es una declaración de guerra.
Los ojos de Glace se entrecerraron en un gesto de amenaza; el relámpago ilumina sus ojos con una furia inhumana, con una determinación inhumana, y con un miedo muy humano. Esa siempre es la contradicción, la enfermedad.
—Si vienen por ti...
Incluso en la oscuridad, incluso si había olvidado como lucía aquel gesto, supo que Rong estaba sonriendo como una víbora.
—Entonces vienen por mí, y tú tienes un problema.
Delusion (Say that the dreams don't come true)
—Uh —comentó elocuentemente Catra una vez que se encontraban lo suficientemente cerca del "cuartel secreto" de los Light Soldiers para apreciar su tamaño—. Bonita mansión.
—Es curioso como un edificio tan grande pudo pasar desapercibido por tanto tiempo; creo que he tropezado con el campamento de los Unbreakables más veces —observo Cristal de una manera que casi habría podido ser considerada como casual de no haber sido porque tenía su lanzador listo en una de sus manos.
Kain asintió lentamente con la cabeza, casi como si cada palabra fuera a explotar si no las manejaba con cuidado.
—Si… Muy curioso.
—Líder —comenzó Catra en un tono exasperado—, cuando dices "curioso" con ese tono suena como si dijeras "peligro inminente adelante, abróchense los cinturones".
—Sería más como "preparen sus lanzadores", ¿no? —inquirió a su vez Sycke con una sonrisa que no era tensa todavía, pero parecía a punto de llegar a eso.
—Sí, Sycke; buena idea. Será mejor que vayamos preparados, tengo un mal presentimiento —añadió Yagami bajo su aliento, aunque en el silencio del bosque sus compañeras lo alcanzaron a escuchar perfectamente.
Tras lo cual, por supuesto, hubo un silencio súbito.
—No puedo creer que dijeras eso —masculló Catra al cabo de un rato.
—¿Qué?
—Eso, no puedo creer que dijeras eso —siguió diciendo Ivanov, lanzando las manos hacia arriba en un gesto de incredulidad.
—Tengo que reconocerlo, Kain, no esperaba tal cosa de ti —se le unió Volcova, siguiéndole la corriente a su compañera aunque en un tono mucho más sarcástico.
—¿Qué?
—¡Echarnos la sal de esa manera! ¡Igual podrías haber dicho "¿qué podría salir mal?"! —Terminó Catra, alzando la voz sin importarle quien pudiera escucharla.
El muchacho pelirrojo rodó los ojos y siguió caminando, una vez que había racionalizado el comportamiento de sus compañeras en la carpeta de "bah, patrañas".
—No sean supersticiosas.
—Nos van a descuartizar nada más cruzar la puerta, tenemos todo el derecho de ser supersticiosas —afirmó Catra con toda seriedad.
—Por no decir paranoicas —siguió diciendo Kain, como si no lo hubieran interrumpido.
Silverhell alzó las cejas y respiró profundamente; podría estar completamente de acuerdo con su líder en lo que se refería a esta empresa en particular, pero eso no significaba que no estuviera preocupada. Desearía haber tenido un poco más de tiempo para prepararse o trazar un plan, o, al menos, haber conseguido el apoyo de otro equipo, las opciones eran muchas… en un mundo ideal, quizás; en esos momentos, sin embargo, estaban haciendo lo mejor que podían con lo que tenían y no podía culpar a Kain por eso. Al cabo de un rato se aclaró la garganta y dijo:
—Preferiría describirnos como "profundamente preocupadas por motivos perfectamente razonables", si no le molesta.
—Hablando de preocupaciones, Sycke —intervino finalmente Lein, todavía teniendo bastante trabajo en creer que estaban en lo que ella no dudaría llamar una misión suicida—. No creo que sea buena idea discutir tan cerca de la entrada, si nos escuchan nos van a echar a—
El resto del equipo nunca descubrió a donde los iban a echar porque en ese momento Mijáilovich se congeló y la sangre se le drenó de la cara como si todas las ideas de cosas terribles que podrían salir si esto salía mal que se había estado imaginando se hubieran materializado en frente de ella; la mano de la chica salió disparada hacia adelante y asió la muñeca de Cristal, quien se encontraba delante de ella, y entonces siseó:
—¿Qué demonios es eso?
Con los nervios de punta, los Gothic Lights voltearon hacia la dirección en la que los ojos rojizos de Lein estaban clavados; allí había un rastro de sangre—un verdadero rastro: una línea trazada casi recta en el suelo, que salía de la puerta destrozada de la mansión y se adentraba al bosque… no muy lejos de donde ellos se encontraban.
Luego, de entre los árboles, surgió un crujido de ramas quebrándose y el sonido de una criatura que no se podían imaginar; y, sin esperar nada más, Kain gritó:
—¡Entren a la mansión, ahora!
Y entonces sólo quedaba correr sin mirar atrás y esperar a que los demás fueran lo bastante rápidos.
Solution (It can take a hold of you)
La cámara estaba silenciosa—casi, el único sonido era el de tela contra piedra mientras rebullía en su lugar; entonces hubo un momento de luz, la puerta—la única puerta de la cámara—abriéndose, dejando pasar el sol por un momento, y—
Un portazo. El sonido de algo pesado siendo arrastrado por el piso; tela contra piedra, también.
De haber sido físicamente posible, se hubiera encogido aún más.
Pronto otro sonido reemplazó el hasta entonces gélido silencio; como si un mocoso acabara de comer y se estuviese chupando los dedos. Uno—por—uno.
—¿Terminaste?
Su captor, un muchacho apenas, más joven incluso que él, se dirigió al recién llegado; otro muchacho, un niño, en realidad.
Aunque resultaba bastante obvio que sabian muy bien lo que estaban haciendo, niños con tanta violencia en las venas no son nunca lo que aparentan; hay una madurez que sólo la sangre procura y esos dos era más viejos de lo que quizás él jamás lleguaria a ser.
Lo sabía muy bien, no tenía muchas oportunidades.
Kakeru Ogami se sacó los dedos de la boca y, con un gesto ausente, se limpió la mano en su playera, dejando un rastro medio rojizo, saliva y sangre, en la tela, y que hacia juego con el que manchaba las comisuras de su boca y barbilla.
— Si —una pausa—. Ya no hay más guardias… en los alrededores.
—¿Y eso?
No tenía que abrir los ojos para saber a qué 'eso' se refería, quizás lo que resultaba más perturbador era la falta del olor a sangre en el ambiente; así, sin la sangre, era como si se tratara de un simple fardo. No lo era, se dijo a sí mismo, pero repetirlo no servía de mucho, dadas las circunstancias.
El muchacho rubio se movió entonces, provocando que el cuchillo que tenía apoyado en su cuello se acercara peligrosamente a la yugular de su captivo ('este es un cuchillo my especial,' le había dicho, 'no causa casi ningún daño al entrar, pero cuando lo sacas, un montón de cosas salen junto con él; no se había atrevido a moverse desde entonces) y comenzó a hablar.
—Tengo que reconocerlo, no me esperaba encontrar una barrera de sefirot alrededor de este lugar; aunque eso explica porque las criaturas que han estado atacando a los demás no se les han acercado. Ni siquiera pueden detectar este lugar, ¿verdad?
Lo impresionante no era sólo que supiera qué era una sefira, aunque ese hecho en sí resultaba sorprendente; lo verdaderamente impresionante, aquello con los que quienes habían establecido la barrera no habían contado, era que también sabía cómo romperla, y que estuviera dispuesto a hacerlo.
El rubio continuó:
—Pero una barrera de diez sefirot es más que simple protección. Lo cual me lleva a pensar que están ocultando algo dentro de este lugar y que no quieren que nadie lo encuentre.
Ésta vez, cuando el filo del arma blanca se hundió con saña en su cuello, fue de manera totalmente intencional.
—Hicieron un buen trabajo, pero nosotros somos mejores... Y ustedes tomaron algo que no debían.
Sus ojos se ensancharon; finalmente, algo de emoción en su voz hasta entonces mesurada. Emoción verdadera, también, estaba siendo honesto. Deseó con todas sus fuerzas saber por cuál crimen tendría que pagar él, qué le habían arrebatado a estos dos niños para llevarlos a cometer los actos nefastos que estaban llevando a cabo.
Y si es que había valido la pena.
Todas sus vidas, siempre preparadas para ser entregadas en servicio de sus creencias, habían sido reclamadas y esperaba que hubiese valido la pena.
Pero el muchacho seguía hablando.
—Keter, Binah, Jojmah, Gewah, Jesed, Jod, Netzah, Maljut…
Hubo un golpe sordo cuando el cuerpo de (su amigo, compañero, hermano) el otro guardián cayó pesadamente sobre el suelo.
—Yesod.
Una pausa; le estaban permitiendo recobrar el aliento, dejando que el impacto de sus palabras se registre completamente en su cerebro. No había necesidad, comprendía lo que estaba pasando—lo que iba a pasar, lo que esperaban de él.
Lo que se negaría a hacer.
—La mansión está protegida por Tiferet, tú eres la última línea de defensa; estoy seguro que entiendes lo que quiero decir.
Tensó la mandíbula, sus dientes casi rechinando ante la presión; no suplicaría, no rogaría por su vida. Porque, a final de cuentas, de cualquier forma que lo viera, pasara lo que pasara, su vida estaba perdida.
—Me mataran si rompo el sello —admitió en un siseó. Cloud ni siquiera pestañeó.
—Y yo te mataré si no lo haces. No sé por qué, pero creo que hoy no será un buen día para ti. Pero descuida, no voy a obligarte a romper tus votos; y respeto tu decisión, así que haremos esto lo más indoloro posible. ¿Verdad, Kakeru?
Nombres, le están dando sus nombres, eso quiere decir que no le van a dar la oportunidad de revelarlos; pero es mejor así, mejor una muerte 'compasiva' que vivir con la vergüenza de suplicar, o, peor, de fallar.
—Hay un dato muy curioso —comenzó el castaño, aunque parecía que su mente estaba a mil kilómetros de allí—, se supone que si golpeas el cuello de alguien de la forma correcta puedes separar el cerebro de la espina vertebral. ¿Me pregunto si será solo un mito?
Cloud emitió un sonido de curiosidad.
—Hmm, bueno, no lo sé; pero suena interesante, ¿no? ¿Por qué no lo averiguamos? Seguro sabes cuál es la "forma correcta."
—Prueba y error, no puedes aprender nada si no te equivocas primero.
Y entonces lo estaba mirando, con esos ojos avellana tan vacíos e inexpresivos como los de un muñeco. No había nada, allí, realmente "nada" que sugiriera esperanza, al menos: compasión, remordimiento, fervor, anhelo, fe, pasión; no había nada que indicara por qué estaban haciendo esto, por qué ni si quiera llevaban a cabo este acto atroz como si fuera su deber.
—Pero no hay razón para preocuparse. Soy realmente bueno, no es muy seguido que me equivoco.
No era un deber, una imposición; y él, que no conocía otra cosa más que esas palabras como motivación, no puede descifrar qué los impulsaba, qué los llevaba a actuar como si todo esto fuera necesario (necesario, no justificado; al contrario de los hombres que conoce que buscan justificar cada acción hecha en nombre de su señor). No pueden no hacerlo, eso, al menos, lo comprendía.
Era un consuelo muy pobre, y realmente no le brindó paz alguna en el momento en que sintió el estallido de dolor en el cuello, explotando como chispas negras detrás de sus ojos y—
Nada.
El último centinela, el último obstáculo que les impedía entrar a donde tenían que estar, cayó como todos los otros (Keter, Binah, Jojmah, Gewah, Jesed, Jod, Netzah, Maljut, Yesod), nueve, ahora diez, hombres y mujeres, viejos y jóvenes que no hacían nada más que seguir sus propias ordenes; su cadáver, al igual que el de sus hermanos y hermanas, todavía una herramienta que podían ser usada, aquí, dentro de la capilla, a diferencia de los otros (Keter, Binah, Jojmah, Gewah, Jesed, Jod, Netzah, Maljut…).
—No tengo —comenzó Cloud, muy lentamente, con una calma que bordeaba en la absoluta locura— nada en contra de la religión, pero creo que sería conveniente enviar un mensaje.
No hace falta que Kakeru dé su opinión, su opinión es la del líder; Cloud es el líder, Cloud es incuestionable, su opinión podría igual ser una orden.
Ordenes son ordenes, reflexiona, encontrándole cierta gracia al asunto; no es como si quisiera ir en contra de ellas, aunque le dieran la oportunidad.
Metódicamente, de la misma forma de caos organizado en la que han hecho todo (en la que hacen todo, realmente), arrastra los dos cuerpos que yacían en el suelo de la capilla a los pies del altar al que rendían homenaje.
Dios.
(Allí es donde abandona a Yesod, como un grotesco maniquí roto, doblado imposiblemente.)
Y a los pies del hijo de este, de ese hombre-divinidad, el último centinela.
A ninguno de los dos les causa ningún placer lo que hacen, pero tienen que enseñar y dejar bien clara, ésta lección en particular.
Kakeru extrajo una cajita de un bolsillo oculto entre sus ropas y la entregó a Cloud con expresión solemne. Abriéndola con igual solemnidad, el muchacho sacó algo de ella y lo colocó en la mano del último centinela.
Una tarjeta de visita con letras en relieve dorado transmitía el siguiente mensaje:
«Con los mejores saludos de las Almas Descarriadas».
Conclusion
No había nadie a quien pedirle ayuda dentro de la mansión y quizás eso era lo que más los había sorprendido; habían esperado… algo. Una recepción fría, incluso hostil; al equipo mismo de los Light Soldiers negándoles la entrada, tal vez, pero la ausencia de toda presencia no había entrado en sus planes. No había nadie, ni siquiera había ruido.
Hasta que de pronto lo hubo.
Ante el sonido de pasos amortiguados, los Gothic Lights se detuvieron e inmediatamente y procedieron a sacar sus lanzadores, preparándose para hacerle frente a esta nueva amenaza; Kain, en papel de líder (y porque se trataba del perfecto sacrificio humano, en caso de que algo saliera mal—al menos en la opinión de sus compañeras), se adelantó hacia la esquina donde doblaba el corredor, el lugar de donde provenían los pasos, y, una vez que todo el equipo estaba en una posición en la que podrían defenderse de su posible atacante, o huir, si la cosa se complicaba, se adelantó en un movimiento rápido—
Bajo estas circunstancias, las partes involucradas merecen extra crédito por poseer la coordinación suficiente como para lograr detenerse a una distancia segura unos de los otros, evitando de esta manera un cliché más que usado.
Rong (porque era Rong), de los Wayward Souls, se les quedó mirando como si ellos fueran lo raro en aquella escena, a pesar de ser ella quien iba descalza, con el cabello hecho un nido de arañas y… y con…
(Bueno, tenían que saber, ¿eran esas manchas de sangre en su ropa?)
—Okay —la chica dio una pequeña palmada con sus manos, a semejanza de un corto aplauso, y dijo: — hagamos esto: ustedes se van para ese lado y yo me iré para este otro; pretendan que nunca nos vimos.
—Excelente idea —se escuchó una voz a espaldas de los Gothic Lights antes de que estos tuvieran oportunidad de responder; los miembros del equipo se giraron para ver de quien se trataba, aunque algunos ya habían reconocido la voz y otros esperaban no estar en lo cierto—. Sí, regresen por donde vinieron; después de todo, están en propiedad privada.
Goldier Glace se encontraba detrás de ellos, una espada (una de verdad, notaron con desasosiego los demás presentes, con lo que parecía sangre en la hoja) ornamentada en su mano derecha y una expresión bastante contrariada en su rostro.
(Sí, ese era probablemente el recibimiento hostil que los Gothic Lights habían estado esperando; al menos eso los dejaba en un territorio más familiar.)
Los integrantes del equipo Gothic Lights cerraron filas, preparándose para cualquier ataque; Kain señaló a Rong, ahora ubicada detrás de ellos, con la cabeza.
—¿Algo que quieras compartir con nosotros? — Una pregunta seca, llena de sospechas.
—No, — una respuesta seca, llena de secretos.
—Pues entonces parece que vamos a tener un problema.
—Los problemas que ustedes decidan o no tener no son asunto mío; el que invadan este suelo consagrado, por otra parte, sí que lo es. Así que lo repetiré una vez más: regresen por donde vinieron.
El duelo de miradas duró varios segundos y Catra, quien no podía evitar hacer comparaciones entre los dos participantes y el idiota de su hermano, tuvo que mentalmente felicitar al líder de los Light Soldiers por sostenerle la mirada a Kain sin dudarlo, desafiándolo como un guerrero orgulloso que había roto todas las reglas y no se arrepentía de nada; aunque en este caso, en su opinión, ese orgullo estaba bastante fuera de lugar (porque claro que las manchas eran sangre, ¿qué otra cosa podrían ser?).
— Me parece que estás obviando el pequeño pero muy importante detalle de que acabamos de encontrar a una de las jugadoras desaparecidas en este "suelo consagrado" apartado de la civilización —comentó Cristal, interrumpiendo el momentáneo silencio, con su usual deje se sarcasmo a pesar de que sus nudillos se habían vuelto blancos debido a la fuerza con que sostenía su lanzador.
—Haz el favor de no mancillar este suelo consagrado con tus herejías si no estás consciente de la situación —respondió Goldier,
Herejía. La palabra pesaba en los ojos de Goldier, quien los miraba como si fuera un ángel vengador listo para pasar sentencia.
—¿Qué tal si cortamos las medias amenazas y más que obvias evasiones? —Interrumpió Kain, apuntando su lanzador a la cara de Goldier—. La verdad es que no estamos interesados ni tenemos tiempo para esto, así que, lo que vamos a hacer es lo siguiente: vamos a… ah…
—Tomar custodia —ofreció Sycke, solicita.
—Perfecto. Gracias, Sycke. Vamos a tomar custodia de esta persona reportada como desaparecida y nos vamos a largar de aquí y, en el caso que intentes detenernos, alegaremos que te dimos una paliza en defensa propia.
Incluso Rong, que hasta entonces se había mantenido al margen (probablemente contemplando la posibilidad de escapar por la ventana) se mostró interesada ante eso.
— Me parece que sobreestiman sus propias habilidades —Goldier alzó la barbilla en un gesto decididamente pretensioso que, de alguna manera, lograba transmitir cuan estúpido creía que era lo que acababa de escuchar y lo seguro que estaba de sí mismo.
—Bueno, considerando lo mucho que parece encantarte oírte hablar, yo diría que el que se está sobreestimando es otro —contestó Lein en un tono acido, mientras su boca formaba una sonrisa despectiva—; después de todo, ya sabes lo que dicen: "perro que ladra no muerde".
Hasta ese momento, en lo que iba del torneo, nadie había visto a Goldier sonreír, no realmente; la suya no era más que la curvatura de labios civilizada de alguien cumpliendo una función meramente diplomática y que deseaba acabar lo más pronto posible. Sin embargo, en ese momento, cuando finalmente sonrió, fue un gesto feroz, bestial; dientes un poco más afilados de lo normal, apenas lo suficiente para perturbar a alguien, entre dos labios que se extendían hacia los lados, en lugar de hacia arriba o hacia abajo; parecía una advertencia animal más que otra cosa. Como si fueran uno sólo, el equipo entero de los Gothic Lights decidió que era un gesto que preferirían no volver a tener que ver.
—En ese caso —comenzó a decir, todavía con aquella mueca en el rostro—, veamos qué pasa si muerdo.
Por un momento todos los presentes dudaron de si el muchacho realmente se atrevería a atacarlos con la condenada espada que tenía en las manos, existían muchísimas razones por las cuales era una idiotez total (comenzando por el hecho de que el intento de asesinato es un crimen en la mayor parte del mundo, siguiendo por el hecho de que de seguro eso ameritaría la descalificación de su equipo, además de las muy reducidas posibilidades de que pudiera acabar con los seis de los presentes él solo sin repercusiones, y las lista podría haber seguido), pero Goldier simplemente pareció ignorar toda clase de razones y procedió a trazar un arco en el aire con su arma, el cual parecía tenía como objetivo partir a Lein a la mitad. Por suerte, Mijáilovich alcanzó a lanzarse a un lado a tiempo, tras lo cual tuvo que utilizar su lanzador para parar la patada que el pelinegro había lanzado a continuación.
Ante el ataque a su compañera, el resto del equipo de los Gothic Lights se preparó para intervenir; sin embargo, antes de que pudieran hacerlo, hubo explosión.
Los escombros de una de las paredes cayeron sobre un sorprendido Goldier antes de que este pudiera reaccionar y ellos mismos apenas lograron apartarse del resto de los escombros; entre el humo y las llamas que parecían haberse materializado de la nada, a pesar del zumbido que ahora les perforaba los oídos, creyeron escuchar una risa.
Era casi peor que la mueca de Goldier.
Inspiration (Is what pulls you through)
—No me importa.
Hitoshi Kinomiya se congeló en su lugar, después parpadeó y se aclaró la garganta.
—¿Disculpe?
—Dije que no me importa. Si me haces repetirlo de nuevo te obligare a usar un dispositivo de ayuda auditiva —amenazó Koori Amamia, abriendo y cerrando sus puños en un afán por controlar el impulso de tamborilear con los dedos en la mesa de su oficina privada, o, peor aún, de estrellar su cabeza repetidas veces contra dicha mesa.
Se estaba volviendo demasiado viejo para esas cosas; tenía cuarenta años, una hija adolescente cuasi-bipolar y podía sentir como le salían canas cada minuto que pasaba en esa maldita ciudad. Ya era bastante difícil controlar la histeria inducida por la desaparición de los gatos y mantener las repercusiones alejadas de los beyluchadores participantes, el hecho de que sucesos extraños —como ataques de animales misteriosos, secuestros y el condenado incendio del otro día— estuviesen saliendo hasta de debajo de las piedras no ayudaba en absoluto.
Lo peor del caso era que Koori sabia (¡sabía!) que todo eso se detendría si tan sólo movían el torneo a otro lugar, pero eso no era posible porque iría en contra de la razón misma por la cual el torneo se estaba llevando a cabo; echaría a perder años—realmente años y años—de cuidadosa planeación, sacrificios y lo que sólo dentro de su cabeza se permitiría denominar como 'milagros'. Cambiar la locación no era, entonces, una opción viable.
El hombre se pasó una mano por los cabellos y observó a los tres coordinadores presentes en la oficina en ese momento: Hitoshi Kinomiya era alguien a quien conocía de ya bastante tiempo, era alguien en quién confiaba y cuyo sentido del humor lo mantenía más o menos cuerdo; Brooklyn era relativamente nuevo, pero parecía genuinamente arrepentido de sus… actos pasados, reformado, dirían algunos; Mathy, la más nueva adición a su equipo, todavía estaba en el extraño limbo de personas en las que, en circunstancias diferentes, no confiaría, pero no era como si tuviese… si, opciones. Esa maldita palabra lo iba a volver loco, en especial porque siempre iba acompañado de algún negativo.
Brooklyn y Mathy no sabían nada, entonces, pero eso iba a tener que cambiar bien pronto.
Pronto, pero no todavía.
—Hitoshi, contacta a Queen y a King, por favor. No hay mucho que podamos hacer de momento, pero creo que con su ayuda al menos lograremos contener un poco la situación. Ah, además es lo mínimo que pueden hacer después de todos los problemas que causaron. Probablemente no tengamos que pagarles mucho.
Hitoshi rodó los ojos y dijo algo para el efecto de 'que tacaño eres', mientras que Mathy ahogaba una risa corta; en cambio, Brooklyn frunció el ceño ante la sugerencia, obviamente nada complacido.
—Entiendo muy bien la idea de "medidas desesperadas" —comenzó con cuidado el pelirrojo, como si tanteara el terreno—, pero… ¿Queen y King? La última vez que chequé, esos dos estaban completamente fuera de control.
Mathy escogió ese momento para dirigirle a su compañero coordinador una mirada que transmitía la expresión completa de 'mira quién habla' con un toque de 'hipócrita' y luego, para maximizar su efecto, añadió:
—Mmm, se podría decir lo mismo de ti… ¿Sí estás consciente de eso, verdad?
—Sera mejor que vigiles tu lengua —gruñó el pelirrojo.
Romanov alzó las cejas en un gesto medio burlón.
—Eso es bastante difícil y me haría parecer ridícula, Brooklyn.
—No podríamos permitir eso nunca, Mathy —interrumpió Koori, medianamente divertido por la actitud de la chica; probablemente tendría que reevaluar su opinión sobre ella—. Aunque me gustaría saber qué sugerirías tú en mi lugar, Brooklyn. ¿Enviar a un cyborg? Porque todos recordamos que tan bien resultó eso la última vez, ¿verdad?
El muchacho hizo una mueca, entrecerrando los ojos como si hubiese recibido una patada en las espinillas; al comenzar a trabajar como coordinador había tenido que recibir información clasificada de varios proyectos fallidos (y exitosos, y todavía no podría decir cuál situación era peor) para crear un conocimiento de antecedentes que le permitiera lidiar con, bueno, prácticamente cualquier cosa que le encargaran. El proyecto del… muchacho artificial había sido bastante difícil de digerir; había… arrastrado a la luz varios sentimientos que había deseado dejar enterrados.
—Difícilmente puedes decir que lo que sucedió fue culpa de Zyo—replicó abruptamente.
'Zyo', si etiquetaba al experimento con un nombre le daba la ilusión de ser más humano y, de nuevo, Brooklyn no sabría decir si eso mejor o peor. Amamia levantó una mano y miró hacia otro lado, levantando una barrera física entre él y los pensamientos de Brooklyn.
—No me hables de ese incidente, no quiero saber detalles. Prefiero actuar como si nunca hubiera ocurrido.
A Hitoshi no le sorprendía dicho comportamiento, si bien nunca dejaba de molestarle—no del todo, al menos; pero lo cierto es que no podía reprocharle nada a su jefe. La Corporación Tachigatana siempre estaba metida en cualquier cosa que involucrara beyblades, en absolutamente todo. Ergo, Koori Amamia terminaba enterándose de todos los pequeños y sucios detalles, tenía que lidiar con el polvo que quedaba de los huesos y las operaciones que verdaderamente se alejaban del concepto del Beyblade como un "juego".
Cargaba con esqueletos verdaderamente pesados, él sólo.
Hitoshi mantuvo la boca cerrada.
Mathy Romanov se aclaró la garganta, entrecerrando sus ojos color ceniza y clavando una mirada glacial en el CEO, todo rastro de su buen humor desvaneciéndose en un momento; los ojos celestes del hombre le sostuvieron la mirada sin parpadear. Por eso, al menos, tenía que concederle cierta cantidad de respeto (la clase que tienes que buscar con lupa, pero respeto al fin).
—Creo que nos estamos desviando del tema… señor. No estoy completamente familiarizada con King y Queen, aunque si escuché los rumores generales que los describían como cazadores de partes, que me imagino es lo que preocupa a Brooklyn. ¿Hay alguna razón legítima para llamarlos?
Koori pareció considerar las palabras un momento.
—Pongámoslo de la siguiente manera: en este momento, todos o al menos la gran mayoría de los beyluchadores calificados que se encuentran dentro de ésta área son o eran parte del torneo que se está llevando a cabo; esto quiere decir que no podemos involucrarlos en ninguna actividad sospechosa o que pudiera ser vista como sospechosa por la población de este lugar sin asumir responsabilidad y comprometer el desarrollo del torneo mismo.
—En otras palabras, piensas contratar a esos dos para manejar las situaciones que los equipos participantes no puedan y luego trataras el asunto como algo ajeno al torneo, la BBA y todos los organizadores porque técnicamente Queen y King no estaban participando y nunca fueron invitados oficialmente, ¿o me equivoco?
Amamia guardó silencio, pero esa era toda la respuesta que Mathy necesitaba.
Entrecerró los ojos. Aquella forma de hacer las cosas, sin importar su efectividad, le dejaba un gusto rancio en la boca; pero lo que realmente la molestaba era el hecho de que ese odioso hombre se quedará sentado en su lugar sin expresión alguna, como si no sólo no le importara el método que estaba empleando, sino que tampoco le importaba un pepino que una de sus propios coordinadores estuviera más que enojada y con buena razón por ello. Era como una estatua de hielo que la miraba desapasionadamente, esperando a que se le pasara un berrinche.
Eso sí que la molestaba proverbialmente.
Hitoshi Kinomiya escogió ese momento para aclararse la garganta de la forma más ruidosa posible para romper la tensión.
—En otras noticias, parece que tu hija le ha estado tomando cierto afecto malsano a cierto muchacho amargado que tristemente es parte del equipo de mi hermanito menor.
La cabeza del imperio de beyblade parpadeó en lo que su mandíbula de desencajaba, ofreciéndole un aspecto muy poco digno; Mathy y Brooklyn tuvieron al menos la decencia de voltearse a inspeccionar la pared, pero parecía que Kinomiya extraía un placer sádico al ver a su jefe en esas condiciones. Finalmente el hombre agitó su cabeza con un suspiro resignado y se cubrió los ojos con la mano derecha.
—Wow. Wow. ¿Kai, en serio? Tener malos gustos debe correr en la familia…
—No creo que su esposa aprecie que hable de ella de esa manera, señor.
—Creo que si la hubieses conocido compartirías mi opinión sobre ella, Hitoshi, pero nos estamos desviando del tema… Si, Mathy, lo que acabas de decir es exactamente lo que planeó hacer y me doy cuenta de que suena horrible, pero quiero dejar bien claro que no obligo a nadie a hacer nada. Queen y King vendrán a que les haga una oferta y son tan libres de rechazarla como lo eres tú de salir de esta habitación en el momento que tú quieras, tan sólo te pido que no azotes la puerta cuando lo hagas.
Eso tomó a la chica por sorpresa y Romanov abrió y cerró la boca varias veces, como si no encontrara las palabras adecuadas para responder a eso, o como si éstas se negaran a salir; al final, optó por seguir la sugerencia de Koori y dejó la habitación de un humor considerablemente peor del que había entrado, aunque eso sí, azotó la puerta con toda la fuerza que pudo.
Brooklyn maldijo bajo su aliento, murmuró algo así como 'iré por ella' y salió corriendo detrás de Mathy, dejando a Koori y Hitoshi solos; este último suspiro y se rascó la cabeza perezosamente mientras miraba con algo de reproche al hombre rubio todavía sentado tras su mesa como si nada.
—Si quieres mi opinión, te estás creando un montón de problemas innecesarios; si querías traer a esos dos mocosos pudiste haberlo hecho sin necesidad de decírnoslos, o, al menos, de decirles a ese par de coordinadores todavía verdes. En especial a Mathy, ella todavía no entiende cómo funcionan las cosas… o lo que está en juego.
—Gracias por expresar tu preocupación tan elocuentemente, Hitoshi, pero creo que era mejor hacerlo de esta manera. Ocultarles cosas "por su propio bien" resultaría más contraproducente y lo cierto es que tú no confiarías en alguien que te ocultara cosas, ¿no es cierto? Estas aquí conmigo precisamente porque dejo que metas las narices en todo.
El peliazul frunció el ceño—una expresión rara en un Kinomiya.
—Tal vez. En todo caso, la presencia de esos dos no es indispensable. Pudiste habérmelo pedido—
Koori emitió un sonido nasal que rayaba en lo burlón y que contrastaba horriblemente con su imagen de hombre trabajador responsable, y miró a Hitoshi casi expectante con una sonrisa torcida.
—¿Y qué ibas a hacer, Jiminy Cricket? Reconozco que tu cosplay de ninja te va muy bien, pero ya estás bastante mayor para eso… —El rubio se interrumpió, como si las palabras que acabara de decir no hubiesen sido las que había pensado; luego negó lentamente con la cabeza—. No, Hitoshi. Apreció lo que intentas hacer, de verdad, pero ya les he dado responsabilidades más que suficientes. No voy a arriesgarlos más de lo absolutamente necesario, al menos no si puedo evitarlo.
La silla giró silenciosamente 180°, de manera de que era sólo el respaldo de ésta y el cabello rubio de Koori lo que encaraban ahora a Hitoshi y, sorprendentemente, era quizás la primera vez que ese hombre lucia su edad a los ojos del peliazul; sus hombros estaban encorvados y su voz sonaba increíblemente cansada.
—Ya tengo demasiado en mi conciencia, Hitoshi; por favor no añadas más. Estamos intentando hacer todo lo posible para evitar un desastre… no podemos permitirnos más—pérdidas.
El joven sabía a qué se refería exactamente, él sabía qué estaba en juego. Sabía hasta donde estaban dispuestos a llegar para asegurarse de que no fueran a perder.
Era una de entre muchas razones por la cuales la Corporación Tachigatana tenía el nombre de un arma poco usual, de por qué dicha corporación era prácticamente desconocida, de por qué Koori Amamia se escudaba tras las figuras casi poéticamente opuestas de gente como el Señor Dickenson y el mismo Voltaire, de por qué Koori Amamia no era el nombre verdadero del hombre sentado frente a él.
—Quiero a Queen y a King en mi oficina para mañana en la mañana, Hitoshi —dijo sin voltearse a verlo—. No me importa cómo lo hagas, tan sólo hazlo.
Y nada de eso importaba porque Hitoshi ya sabía que iba a seguir a ese tipo, fuera cual fuera su nombre, al infierno.
—… Sí, señor
Mass confusion (When they say that they died for you)
Delusion (Say that the dreams don't come true)
Solution (It can take a hold of you)
Conclusion
Inspiration (Is what pulls you through)
Citizen Cope, "Let The Drummer Kick"
