Titulo: Alma Rota
Capítulo 4.- Lo que siempre había soñado
Pareja: Hermione Granger / Draco Malfoy
Disclamer: Los personajes usados no me pertenecen, solamente, los tengo prestados para pasar un buen rato.
Notas de la Autora: Espero este capítulo les agrade, aquí comienza el cambio real de Hermione, espero no defraudarlos jajaja
Capítulo 4. Lo que siempre había soñado.
La cacería fue intensa, de su varita salían maldiciones y hechizos, aunque en realidad no eran letales, si eran precisos, y lograba acorralar a sus presas cuales ratas en un laboratorio y es que Hermione era una mujer de ciencia, y esa ciencia la llevaba a investigar, a comprobar.
Al rubio que siempre gozaba con ponerla a cuatro patas, lo localizó cerca del vestíbulo de aquella enorme mansión, estaba de espaldas a ella y recordó como tomó a su madre del cabello por lo que le pegó las piernas y lo hizo caer, le quitó la varita y le apuntó a la garganta.
El hombre se quedó paralizado, la miraba con asombro, le preguntaba a gritos como había logrado tener su varita y vencer a Bellatrix pero la respuesta fue una sonrisa y comprobó la primera maldición Imperdonable que aplicaría, el Crucio.
Los gritos de dolor de ese idiota, fueron como música para sus oídos, Bellatrix estaba cerca de ella, sin intervenir, solo observándola pero Hermione apenas si le prestaba atención, ellos eran sus presas.
-Impregna tu varita con todo tu odio, será más doloroso –le había aconsejado y le hizo caso, apretó la varita con fuerza y los gritos se intensificaron haciendo que el otro tipo se apresurara a ir a la sala de estar lanzando un par de maldiciones hacia la castaña que logró esquivar.
Y la segunda maldición que probaría esa noche salió de sus labios haciendo que Bellatrix la mirar orgullosa.
-¡Sectumsempra!- si buen jamás había usado esa maldición, pero el escucharla de Harry usada en Draco Malfoy, el miedo de verlo desangrarse en el baño, los sollozos de dolor, hicieron que su mente trabajara rápidamente.
El tipo cayó por las escaleras comenzando a desangrarse, la varita de él cayó a sus pies y la pisó con fuerza partiéndola a la mitad.
-¿Recuerdas los gritos de mi madre? –dijo acercándose a su cuerpo sangrante, adolorido.
-Asquerosa Impura, La señora Lestrenge te matará…-dijo en un tono que era más suplicante, pero la sonrisa de Bellatrix sentada en el sofá, le dieron menos credibilidad.
-Tengo curiosidad, mientras te desangras ¿Qué podría hacerte un Crucio? –preguntó la castaña, la risa histérica de Bellatrix hizo retroceder al tipo, arrastrándose hacia atrás hacia el inicio de las escaleras, dejando un camino de sangre en la alfombra oscura.
-No… ¡No te atrevas!- gritó histérico.
-Anda, Pruébalo… las mejores brujas siempre prueban sus nuevos experimentos con la escoria que si se descompone, puede ser fácilmente reemplazada…-la voz emocionada de Bellatrix fue un aliciente para Hermione, por alguna razón, bajo su mirada comenzaba a sentirse segura de sí misma, con poder, con el control.
-Crucio- fue un susurro pero el pequeño rayo blanco salió de su varita e hizo retorcerse a aquel hombre mientras sus heridas sangraban más profundamente, los gritos eran ahogados, frenéticos, suplicantes hasta que no se movía más.
Y lo pateó con fuerza y rabia.
-Menuda idiotez, no aguantó nada -se enfureció y Bellatrix se acercó a ella con paso animado.
-Ya probaste el Crucio y el Sectumsempra, que debo decir que es impresionante, incluso a mí, me costó trabajo dominarlo con esa puntería… -el otro Mortifago estaba al borde de la inconciencia en la alfombra, sus piernas juntas, su varita desaparecida, su cuerpo adolorido y su mente el shock.
-Por algo soy la mejor bruja de Hogwarts- dijo con orgullo, su mirada era dura, arrogante y Bella enloqueció de felicidad.
-¡Mátalo!, ¡Usa un Avada con ese cretino!- le dijo en voz chillante, Hermione flaqueó un poco, ¿matarlo a sangre fría?
Se giró a ver al hombre y su rabia la cegó de nuevo, ¿Cómo tener compasión con alguien que la había usado, la había violado, había matado a su padre y había desgastado tanto a su madre sin tenerle piedad?
Ella había cambiado, la tierna e inocente Hermione, la solicita Hermione, la amigable Hermione, la educada, la amistosa, la preocupada por los derechos de los demás… Hermione Jean Granger había muerto en aquella mazmorra junto a sus padres, había muerto con dolor, angustia y crueldad.
Levantó su varita y con odio, lo susurró.
-Avada Kedabra- era un hilo verde, suave, como si flotara pero rápidamente se impactó en el pecho de aquel hombre que quedó así, con el rostro aterrado, sus ojos abiertos y ella se sintió libre.
Bellatrix canturreaba atrás de ella, loca, entusiasmada, feliz de haber encontrado a una potencia como ella, sangre sucia o no, era poderosa y ella la había encontrado. Hermione se sentía liberada, se sentía otra, se sentía fuerte y poderosa. Sentía que nadie podía detenerla y era lo que siempre había querido.
Cuando era niña y sus ataques de magia accidental se daban, ella soñaba con ser una princesa, vivir en un castillo llena de lujos y esas cosas, porque ella era especial, porque ella era única, ella tenía un poder que los demás no tenían, magia en sus venas.
Y recordó su niñez, como los niños la molestaban, como las niñas la hacían de lado por ser diferente, por ser única y los odio. Sucios Muggles, y su mente la traicionó.
Recordó a todos aquellos que la habían molestado, los que la habían torturado, los que la habían traicionado y sintió la necesidad de matarlos, de asesinarlos con sus propias manos.
-Bien, bien, pequeña, eres una Joya en bruto, eres un diamante y yo me encargaré de pulirte…-le dijo tomándola de los hombros, Hermione se giró a verla y su mente calculadora se hizo más fría, se dio cuenta que su única llave era esa mujer desquiciada.
A pesar de todo, esa mujer loca, asesina, Mortifaga, le estaba dando una oportunidad, una entre millones.
-¿Serás mi tutora en la Magia Oscura?- Bellatrix estalló en carcajadas.
-Mejor que eso, te adoptaré como mi propia hija- Hermione parpadeó, esa mujer estaba demente.
-Soy una sangre…-
-¡Shh! – la calló con un dedo en sus labios y se hizo hacia atrás- Ya no más, ya no eres una sangre sucia, ahora serás la respetada hija de Bellatrix y Rodolphus Lestrenge, serás una sagrada Sangre Limpia y yo me encargaré… -Bellatrix levantó su varita y apuntó hacia su pecho mirándola con amenaza, Hermione no se movió, la miraba atentamente.
¿Su hija?
-¿Me matarás?- susurró Hermione sin intentar defenderse, Bellatrix sonrió.
-No te matará, está revisando tu poder mágico… -una voz oscura y ronca vino desde la puerta de la mansión, los ojos de Hermione se giraron y vieron a un hombre con el cabello negro, barba descuidada y una mirada igual de demente que la de Bellatrix.
-Cariño, has vuelto a casa… mira, tengo a nuestra próxima hija aquí –la mujer tomó de los hombros a Hermione y la giró hacia él que sonreía y se acercaba con paso lento pero decidido, aplastando la mano de uno de los dos cadáveres haciéndola crujir.
-Por fin seremos la familia Lestrenge, seremos la mano derecha del Señor Tenebroso y le quitaremos el puesto a los Malfoy – algo dentro de Hermione se encendió.
"Quitarle el puesto a Malfoy, humillarlo, pisotearlo".
Sonrió.
-¿Te gusta la idea preciosa? –Susurró Rodolphus y le tomó del rostro con una caricia casi paternal- Es perfecta, es bella, pero odio su cabello castaño –le dijo tomando con desprecio uno de sus rizos- Te quedaría mejor el cabello negro como Bella- sentenció.
Bellatrix sonrió con orgullo.
-¿Ves esos dos de ahí? ¡Ella los eliminó sin que le temblara la varita! – emocionada se acercó a patear al desangrado moreno- ¡Fue asombroso!- Rodolphus sonrió y se acercó a abrazar a la castaña.
-Pronto tendrás la sangre de los Lestrenge…-Hermione tembló entre sus brazos, aquel hombre olía horrible e intentó alejarse y fue cuando todas las luces se encendieron.
Hermione quedó sin habla.
-Vamos cariño, vamos a cambiarte esa sangre inmunda en tus venas, te podremos los genes de los Lestrenge y los Black, serás respetada, serás más poderosa y serás… la heredera de todo- ella sonrió.
Fue conducida por varios pasillos apenas iluminados, curiosa de aprenderse todos esos pasillos, uno por uno hasta detenerse en una de las puertas del tercer piso y Bellatrix la hizo entrar.
Era un centro con calderos, ingredientes de pociones, olía rancio, a putrefacción y se llevó una mano a la nariz acercándose a donde Bellatrix parecía aventar todo lo que le estorbara y sacaba un caldero nuevo y reluciente.
-Bien, comencemos… -tarareando, varias botellas de muchos ingredientes se fueron vertiendo en el caldero, el aroma de aquella poción era horrible y dio dos pasos hacia atrás chocando con el hombre.
-Es desagradable, pero pronto verás que vale la pena –la sonrisa torcida de él no le dio la confianza de sus palabras pero se quedó quieta tapándose la nariz.
De un momento a otro, la poción burbujeaba y de sus ropajes, Bellatrix sacó una daga plateada y tomó la mano de su esposo, Hermione pudo ver entre los pliegues de la camisa negra desgastada, la marca tenebrosa.
-La sangre del padre…-Bella cortó la mano de su esposo y varias gotas cayeron al caldero, luego se cortó a su misma la mano- y la sangre de la madre…logrará limpiar la inmundicia de la sangre de la hija-sonrió con satisfacción y dejó caer su sangre en el caldero.
La poción tomó un intenso color rojo quemado, el aroma era pesado, como a maderas perfumadas que estaban mojadas por una lluvia ácida. Y Bellatrix tomó una muestra en una copa de cristalería preciosa que invocó con su varita.
Se la ofreció a Hermione que la miró con desconfianza.
Era la hora de la verdad. ¿Tomar el poder, el control sobre todos?, ¿Volverse una Sangre Pura?...
Vengarte de la traición de Potter, del desprecio de Weasley, de la humillación de la menor Weasley, pisotear a Malfoy, ser poderosa, ser la mejor, ser pura…- cerró los ojos, despidiéndose de sus padres muggles que se pudrían en una mazmorra en aquella mansión y estiró su mano hacia la copa, tomándola.
La bebida estaba impresionantemente fría a pesar del espeso humo blanco que salía, el sabor era asqueroso, espeso..
-Posiblemente duela al principio, pero te daremos todo nuestro linaje, a ti… -Hermione les miró y bebió, sin tomarle sabor, todo el contenido de la copa.
Su pecho le ardió, en sus venas parecía comenzar a correr lava, su corazón latía con fuerza, dolía su cabeza, su rostro se sentía frío, sus manos se sintieron pálidas, perdía fuerza y caía hincada mirando a todos lados, era como si su cabeza quisiera explotar. Se sentía mal, sentía que se moría.
Sintió sus ojos arder y al llevar sus manos, pudo sentirlos húmedos, al ver sus dedos, se dio cuenta que lloraba sangre, se asustó.
¿La envenenaron?, ¿Moriría?
Pero antes de siquiera plantearse la muerte, todo se detuvo, sintió el poder correr en sus venas, como su hubiera sido purgada de adentro hacia afuera, como su sus manos estuvieran cosquilleando de magia más poderosa, se sentía como cuando de niña le dijeron que ella era bruja.
Se sintió única, una vez más.
