Teheeee lo siento, mi computadora está hecha pedazos y funciona solo cuando quiere hacerlo así que dejare esto aquí y retrocederé lentamente…

Peroooo traigo buenas noticias ¡he decidido ir al grano! Basta de drama y vamos a hacer que estos dos se quiten de rodeos… a no seeeer

Bueno, sin más, ¡disfruten!


"No seas patético…"

Una mañana más y el frio era abrumador, había olvidado como de costumbre prender el calentador. Un inicio de semana poco tentador, la Universidad le dejaba poco tiempo para sus asuntos de suma importancia… tales como ver anime, jugar videojuegos o ir a convenciones.

Solo una cosa era diferente después de aquellas cortas semanas de descanso, y era aquel chico de cabello azabache y expresión tenebrosa. No encontraría una manera de excusar su atracción a él, hacía poco que identificaba esa sensación por el chico como "atracción", pero al menos se alegraba de no haber pasado por un largo proceso de aceptación, después de todo, ver historias románticas al estilo "Boys Love" había sido de ayuda.

Vistió de forma casual, colocó sus gafas y se dedicó a salir de su departamento camino a la Universidad.

"Cuál es el punto…"

Akira, por el contrario, estaba en una batalla consigo mismo pensando en las cosas asquerosas que había hecho y pensado con Sakamichi como protagonista. Ese algo que lo orillaba a hacer cosas estúpidas estaba presente siempre que el chico de lentes andaba campante por ahí. Entrenar día a día solo mantenía ocupada su mente por un periodo de tiempo, pero siempre en la soledad de su habitación, su radiante rostro estaba ahí, el suave toque de sus labios contra los suyos y el emanar de su calor corporal, que solo era visible a través de su vestimenta. No sería fácil, pero algo lo mantenía insistente. Tomó el aparato en sus manos y ubicó el nombre de Onoda. ¿Para qué lo quería? No tenía un plan o algo, y no era como si el chico estuviese libre para aceptar una invitación inminente… ¿desde cuándo se había vuelto tan considerado?

—No, no es necesario.

Onoda intentaba sobrevivir a la clase. El profesor no era muy eficaz, le sorprendía que aún estuviera despierto o cuerdo para entender lo que pasaba frente a sus ojos… hasta que el vibrar de su bolsillo lo hizo entrar en sí. Sin revisar el remitente, pidió permiso para salir de la clase y responder a la llamada. Ansioso esperaba que fuera de esa persona, o al menos así lo esperaba.

— ¡Hola!

— ¡Onoda-kun!

Escuchó como respuesta su nombre, pero su voz era un tanto distinta al tono frígido que esperaba.

—Me alegra no haberlo intentado más veces, ¡no sabía si lograría comunicarme contigo! —Continuó la voz al otro lado del teléfono soltando una leve risita al final.

— ¡Ma!… ¡Manami-kun! —Respondió Onoda realmente emocionado, el chico de cabello celeste había sido uno de sus grandes amigos a través de la preparatoria y ni decirlo del Interescolar, tres años enfrentándolo como su mayor rival. — ¡Nunca pensé escucharte de nuevo t-tan pronto! —Continuó el chico de lentes

— ¿Tan pronto? Ha pasado más de un mes Onoda-kun, ¿qué dices, vamos a comer? O bien quieres recordar… no sé si decir viejos tiempos… ¡buenos tiempos!

—Manami-kun… L-lo siento, ahora mismo estoy en clases y no creo

— ¿Cuál es tu horario de salida? No me importaría pasar por ti

—Ah uh es a las tres pero en realidad no creo tener…

— ¡Bien! ¡Ya nos vemos Sakamichi-kun! —Percibió en uno de sus sentidos para escuchar después el pitido de que la llamada había terminado. — ¿¡No escuchas Manami?! —Exclamó mientras que en el mismo momento su profesor asomaba su rostro, indicando que callase y entrara a clases de una vez.

Entre leves empujones y jóvenes adultos alborotados, logró abrirse paso y salir del instituto. Con su vista, pobre pero funcional, intentó ubicar al ex alumno de Hakogaku. Unos minutos pasaron y cuando las pequeñas multitudes se despejaban un poco más, comenzó a pensar que tal vez se había retardado lo cual no le sorprendería en absoluto.

Sintió como unas manos frías cubrieron sus ojos, y como consiguiente una suave respiración a su costado. — ¿A dónde mirabas Onoda-kun? —Escuchó al fin decir. El chico de lentes volteó y quedó sin palabras y con una expresión ingenua, el chico al frente suyo estaba ahí, no era creación de su imaginación, hablábamos de que Sangaku podía desaparecer sin dejar rastro. Manami se lanzó contra Onoda, que de no ser porque lo envolvió con sus brazos diría que lo había envestido.

— ¡Onoda-kun! Como has crecido

—Solo han sido unos meses M-Manami…

— ¿Así? Ha pasado mucho desde entonces

—He… puedo asegurarte que si —Respondió Sakamichi, rascando su nuca un poco nervioso. — ¿Y… quieres ir a…? —Continuó, pero no esperó nada más como respuesta pues se encontró con la mirada penetrante del chico de Hakone, quien solo lo miraba con una sonrisa. —Ah, ¿Manami-kun? —Insistió dando una temblorosa media sonrisa. — ¡Tengo tanto que contarte! —Habló por fin el de Hakone, y antes de que Onoda pudiera digerirlo Manami lo había tomado por la mano, dirigiéndose a la parada del autobús.

Ambos, todo un día conversando sobre cosas que habían sucedido durante el tiempo que no pudieron verse; Aunque claro, Sakamichi no pudo hablarle sobre Akira, algo simplemente lo detenía, no sabía una razón.

Siendo relativamente temprano, habían decidido volver a casa, al menos Onoda sabía a donde dirigirse.

—Bien, creo que es hora de que retorne, no me gustaría llegar a casa por la noche ¡ja! —Habló primero Manami, riendo tímidamente. —Así que aquí es tu linda vivienda Sakamichi-kun —Continuó Sangaku. — ¡Así es! —Exclamó Onoda.

En silencio, más que con el sonido de las cigarras alrededor, no supieron que más hablar. Con miradas dispersas, suaves y sonoras risas, se dignaron a decir algo.

—Ha sido bueno verte Sakamichi, me alegra saber que aún me recuerdas. —Dijo Manami dándole con cada palabra a Onoda un golpecito en su pecho. —Por favor, veámonos pronto, ansío enfrentarte una vez más en alguna colina por Hakone, a no ser que tengas una mejor idea…

— ¡Suena genial! ¡Y-Yo en verdad quiero enfrentarte de nuevo Manami-kun! Yo t-te llamo o…

— ¡Ja! No has cambiado Onoda-kun —Sonrió ladino el peliazul, para darse media vuelta y alejarse poco a poco del azabache. La presencia de Sangaku solía sacarlo de su realidad.

El resto de la semana pasaba a velocidad incongruente, al menos para el megane. Todo el tiempo le emocionaba saber que Manami lo había "visitado", pero su humor bajaba de inmediato al recordar que Midousuji no daba señales de vida. Era algo que hacia sus manos sudar frío y su cabeza dar vueltas.

Envuelto en un grueso cobertor, miraba la televisión con poco interés. Ver anime no lo llamaba mucho en ese momento, solo quería ver algo diferente. Agradecía que la semana hubiera acabado y ansiaba disfrutar de su tiempo libre, sin embargo quería dedicar esa noche a relajarse y cubrirse del frio. El sonido de su móvil lo interrumpió y tuvo que salir de su pequeño fuerte para alcanzarlo estando al otro borde del sofá.

—Hola…

— ¡Sakamichi-kun! —Al escuchar la voz proveniente, una sonrisa cubrió su rostro.

— ¡Midousuji-kun! —Respondió emocionado. — ¿Estas bien? No he sabido nada de ti, o ¿has mandado algo? Porque no he recibido mensaje…

— ¡Calla! Solo llamaba porque necesito saber si conoces el bar que esta por el centro, por ese desagradable maid café.

— ¿Uh? P-Por supuesto, tienen horarios muy amplios, creo que en si son bares nocturnos

—Me da curiosidad saber cómo es por dentro, seguro que si lo sabes —Interrumpió el de Kyofushi, insinuante. —Así que pasare por ti en un momento. —Terminó.

— ¿Ah? S-si, ¡e-está bien! Nos veremos en algún lugar o pasarás p-por mí. —Dijo Onoda, avergonzándose un poco del hecho de que había sonado como una adolescente soñada.

— ¡Chico de poca monta! Olvídalo, nos vemos allá. —Dicho esto, colgó primero como de costumbre. De nuevo, sabía que hablaba siempre de más, pero era extraño, lo peor que cruzaba en su mente en ese instante, era lo primero en mencionar.

Onoda se sentía iluso que a pesar de haber asistido un par de veces con Naruko e Imaizumi, estaba nervioso por entrar a un lugar así solo con Midousuji, ¿Con qué fines? Tomaba con mucha medida… De cualquier manera, no querría decir que el chico solo fuese con esos fines.

En todo momento no se podía sacar de la mente el hecho de que era una "cita", no con fines románticos o algo así, pero el pequeño detalle era que Onoda tenía unos sentimientos un tanto culpables.

—Midousuji-kun… ¡! —Exclamó con una gran sonrisa, levantando su brazo derecho indicando su ubicación entre la poca multitud que los separaba. Sin poder atravesar el muro de gente, Onoda solo insistía para no hacer esperar al chico, cuando de pronto sintió que tomaban su muñeca y lo jalaban a través de, llegando de golpe hacia Midousuji chocando con su delgado y largo cuerpo. —Akira-kun…

—Debería ponerte correa. —respondió inexpresivo alejando suavemente al chico de sí. Ambos se adentraron en el lugar e intentaron buscar un lugar, apartado o lo que fuese, algo que se adaptara más al gusto de Midousuji. Onoda en verdad estaba indiferente hacia aquel ambiente, no le molestaba, mas no se sentía en su "estado de confort", lugares así no eran muy concurridos por él. Un lugar no muy grande, el color abundante era grisáceo, un toque elegante, pero las luces de los alrededores de colores complementarios lo hacían dar un toque más interesante.

Habían estado ya una parte de la noche en una pequeña mesa en los alrededores del bar, Sakamichi como siempre tomando el tema de conversación. Inconscientemente y víctima de los silencios que Akira le dedicaba desinteresado el de gafas solía pedir una bebida con harto alcohol, pero que sabía cómo disimular el fuerte sabor, dejando la idea del chico en que solo era una mezcla de bebida energizante.

—Y… Dime… Midousuji… —Habló entre suspiros, mientras acomodaba sus gafas y tallaba su frente con ambas manos, quitándose el leve sudor que se deslizaba a través.

—No sabes tratar con bebidas alcohólicas. —Dice el chico de Kyoto, recargando su rostro en una de sus manos, observando como el de menor estatura caía preso de ello. Midousuji sabía lo que Onoda pedía, y solo observaba curioso mientras hacía lo mismo después de unos instantes, él no tenía responsabilidad en él, ni sabía cómo trataba este tipo de sustancias, pero algo lo mantuvo expectante y no cruzó por su vaga mente detenerlo. —Dime Sakamichi, ¿Crees poder ponerte en pie? —Habla curioso, continuando su anterior fase.

No obtuvo nada como respuesta, el de ojo celeste solo intenta reanimar su cabeza tallando su rostro frenéticamente, para así poder responder. — ¡Estoy bien! Solo que al parecer esta bebida tenía un poco más de… alcohol… alcohol del que pensé.

—Esa "bebida" tenía sesenta por ciento de alcohol, Asquimichi, estás ebrio.

Onoda se mantuvo en silencio con una expresión de recién levantado, ojos llorosos y un leve color rojo en sus mejillas, no muy ebrio, pero no estaba en todos sus sentidos a la vez.

—Hora de volver. —Continuó Midousuji, dejando el dinero en la mesa y dirigiéndose a Sakamichi para tocar su hombro e indicarle que se levantara.

— ¡S-Si! —Entendió el chico de Chiba y anduvo tras de Akira.

Ambos por la calle a altas horas de la noche. Sakamichi tropezaba continuamente con pequeños baches o por el hecho de que no ponía mucha atención al asfalto, pero Midousuji estaba cerca para mantenerlo de pie, ayudándolo de vez en cuando. "A punto de tocar el suelo con la cara, es momento de intervención" era la regla en aquel momento de Akira, riendo burlón y repetidamente por los sonidos que Onoda emitía al tropezar.

— ¿Falta mucho? —Habló Onoda, tratando de mantener un poco de coherencia en sí. —Midou-kun… —Insistió. —Ah… mis pies duelen y tengo un extraño movimiento en mi estómago.

—Te lo has buscado, tonto. —Respondió Akira sin mirarlo. Al no recibir respuesta, giro para observar al chico, el cual estaba inmóvil observándolo. — ¿Qué pasa Asquimichi? ¿Esperas que te suba a mi espalda y te lleve en ese aspecto hasta tu hogar? —Continúa, diciéndolo con un toque de sarcasmo increíble.

Ambos ahí, en medio de una calle completamente vacía, en silencio, se observan mutuamente. Onoda no respondió. Midousuji da un palmazo en su rostro al saber lo que le esperaba. Con sumo cuidado ofrece su espalda al chico de Chiba, inclinándose para que este pudiera "montarlo" más fácil. Sakamichi, sedado y poco cuerdo, solo se inclina hacia él dejando caer su cuerpo sin mover alguna de sus extremidades.

— ¡Asquimichi! ¡Haz un esfuerzo! —Exclama al sentir el peso y poco esfuerzo del otro. Bufa molesto y se las arregla para reacomodar a Onoda y ponerse de pie junto con él.

Logran llegar al hogar del megane a salvo. Midousuji logró percibir las palabras de Sakamichi indicando donde vivía, todo un logro para alguien que estaba bajo los efectos del alcohol, aunque fuera solo en murmuro.

Akira busca en los bolsillos traseros de Onoda las llaves del chico para poder internarse en el lugar. Después de toques incómodos, logra conseguirlas sin bajarlo. Al entrar, se da cuenta que su departamento no se aleja de lo que todo un "otaku" adornaría su lugar de residencia. Un poco confuso, Midousuji logra encontrar la habitación de Sakamichi. Pasos ligeros y sin necesidad de ocultar el espectro de la oscuridad del frente, lo deja como un objeto inerte en su cama.

—Midou-kun… —Murmura el chico de lentes, postrado en su cama con pecho al frente. El chico de Kyoto lo escucha, y antes de salir de la habitación vuelve hacia él.

— ¿Qué es lo que quieres? —Responde sin atención a lo que el otro le pueda contestar.

—Akira-kun… —Continua el megane. Algo, algo lograba que Midousuji se mantuviera en esa habitación, obscura y con olores frescos. No sabía que era lo que ganaría, podría fácilmente irse y dejar las cosas como fuese, pero ese algo…

Sin decir nada, se acerca al aposento e intenta buscar con más claridad el rostro de Sakamichi, apoyando sus largos brazos sobre el futon. —Midou-kun… no me dejes así… —Susurra, esta vez abriendo levemente sus grandes orbes azules, con sus labios un poco abiertos y ese rubor que manaba de sus mejillas. Ahí estaban, víctima de su rostro, de sus palabras que aunque estuviese adormilado, ansiaba escuchar por su parte.

—Sakamichi… —Habla el chico de Kyoto, sosteniendo parte de su peso por encima de Onoda. Irresistible, su garganta estaba seca y sus ojos no podían ser separados de los del otro. Inclinó su rostro hasta llegar al del otro, poniendo sus labios muy cerca de él. —… En verdad eres patético. —Dijo como último para hundir sus labios en los de Onoda, separándose muy rápidamente, pero de inmediato, el de ojo celeste pasó sus manos a través de la nuca de Midousuji, acercándolo de nuevo hacia sí sin mediar palabra. Su cuerpo por encima de Sakamichi con problemas podía mantener la distancia, pero los brazos del megane lo ajustaban más y más a él, sus labios estaban ansiosos, moviéndose sincronizada y placenteramente para el gusto de ambos. Akira subió por completo a la cama, dejando en el centro de sí a Sakamichi. Sus rodillas tenían la distancia entre ambas caderas, pero Onoda levantó su cuerpo rozando continuamente la pelvis del otro. La lujuria inundaba de forma considerable el ambiente. Midousuji amaba el olor que Sakamichi le ofrecía, sudoroso y hambriento, así estaba en aquel momento el que solía ser el tímido "otaku". Parte de su larga lengua paso a través de sus labios, el olor a alcohol no era un problema en aquellos instantes. Sakamichi se las arregló para ajustar su cuerpo al de Akira; Movía sus caderas provocando que los pantalones de Midousuji fueran molestos, al igual que los suyos. El de Kyoto comienza a sobar por encima de la ropa el bulto que yace en la entrepierna de Onoda, moviendo consigo su cuerpo mientras hunde su ser en la boca del megane.

—M-Midousuji-kun… Yo… te quiero. —Susurra Sakamichi en su oído, gimiendo suavemente al tacto del mayor. Fue en ese momento cuando Midousuji entro a esa realidad. Se detuvo por completo y se separó del chico manteniendo la distancia entre sus rostros. Ahí estaba, Onoda estaba bajo los efectos del alcohol, su rostro era serio y confuso a la vez, sabía que ese carmesí que lo inundaba no era solo por la bebida, pero no, esa no era la manera de… Pero estaba duro, su cuerpo estaba en un éxtasis inexplicable, deseaba deshacerse de todo lo que le separaba devorarlo, pero algo lo regreso a la poca cordura que le quedaba después de todo. Hundió su rostro en el cuello de Onoda, vencido y debilitado. —Sakamichi… —Murmuró para sí, mientras sentía como su respiración era continua y profunda. El megane por su parte, estabilizó su cuerpo aunque le costase aun por su estado, y con sus brazos alrededor de Midousuji, lo sostuvo contra él, sin tomar importancia que el peso del contrario cayese sobre sí. No dijeron palabra alguna, Midousuji solo deseaba quedarse así, no querría irse con las manos completamente vacías.

—Descansa… —Suspiró Sakamichi a punto de quedar rendido.


¿Que seria de una historia de amor sin la típica escena del bar? O tener sexo ebrio, una de dos.

BRUUUHHH la escuela me tiene hecha mierda, lamento la expresión. Con estrés y excelente amor fraternal en casa (nótese el sarcasmo en esto último) La inspiración se va al carajo de golpe D: y estoy en plan FUCK EVERYTHING, pero ustedes que culpa tienen *w* Este fic tiene un futuro, y no lo dejare abandonado así nomas. Ya trabajo en el siguiente capítulo, así que es probable que actualice más rapidito.

De nuevo miles de gracias al seguir con esta historia de poca monta :'D Tienen mi amor incondicional.

¡Ya nos leeremos!