N/A: Saludos a todos, pues solo vengo a actualizar la historia, algo desanimado por no ver ningun review pero espero no dure mucho, de todos modos seguire actualizando hasta donde se tiene la historia =)
3. La selección
Conforme el tiempo transcurría, el atardecer daba paso a una hermosa noche estrellada, donde el sonido predominante en aquel ambiente no podía ser otro que el andar de las ruedas del Expreso sobre los rieles que lo guiaban. En uno de los tantos cristales de este transporte se veía el reflejo de un rostro moreno, contemplando el paisaje nocturno relajado y en paz.
De pronto, volteó al interior del pequeño lugar para observar como Geryon terminaba de colocarse la túnica de la manera correcta, luego de media hora y varios intentos infructuosos. Gedeon simplemente sonrió burlón ante los apuros de su hermano con una tarea tan sencilla.
—¿Al fin me la puse bien?— dudó Geryon al tiempo que observaba su reflejo en el cristal.
—Sí… Y solo tardaste media hora— Gedeon contestó a manera de burla, sabiendo que su hermano ni se percataría de ello. La verdad es que para su sorpresa Geryon se había cambiado correctamente a la primera, pero cuando éste inocentemente quiso cerciorarse, le mintió en venganza por los apuros que le hizo pasar antes.
—Entonces este es nuestro uniforme para Hogwarts— comentó Geryon mientras se miraba por todos los ángulos posibles su nueva vestimenta, negra en su totalidad—¿No crees que si todos usamos esta misma ropa no nos distinguiremos?
—Al menos distinguirás a que casas pertenecen por los escudos y colores que lleven. Lo sabrías si me hubieses escuchado hace rato en vez de salir solo, ¡cómo no debías hacerlo!— Definitivamente la paciencia no era una virtud de Gedeon, sin embargo su gemelo ni se inmutó al verle subir el tono de voz.
Ya ambos se encontraban sentados uno frente al otro, mientras el expreso comenzaba poco a poco a aminorar su marcha, el ruido en los pasillos comenzaba a generarse y aumentar gradualmente.
—Simplemente no podía aguantar más.
—Eso te sacas por tomar demasiada soda.
—¡Estaba deliciosa!— Geryon se relamía los labios con sólo recordar el sabor.
—Y mira en que problemas nos metiste, que digo; en que problemas me metiste.
—¿Notaste lo linda que era la chica de hace rato?
Geryon si que sabía cómo cambiar de tema tan naturalmente…
—¿Te refieres a la pelirroja que casi me deja sin gemelo?— Gedeon no pudo evitar reírse al recordar como le dejaron a su gemelo luego de aquel… incidente.
—No, a su amiga, la chica que me defendió— la vista del ojiazul se perdió mirando las estrellas.
—Ella seguro es alguien muy paciente— agregó el moreno observando a su gemelo, quien ni se inmutó ante el comentario.
Luego de unos minutos más, los morenos salieron del vagón sorprendiéndose con el mar de niños y jóvenes que iban de un lado a otro, todos usando la misma túnica negra que ellos. Geryon comprobó que había algunas diferencias en cuanto a los colores de los bordes y los escudos entre algunos de ellos.
Más adelante, al lado de la locomotora del expreso había un hombre que más asemejaba a un gigante por su altura, debía medir unos 5 metros. Su aspecto era algo descuidado y lo cubrían gruesos ropajes. Gedeon notó que a su alrededor se arremolinaban los más jóvenes de los estudiantes, así que tomó de un brazo a Geryon, quien parecía muy concentrado intentando encontrar a alguien; y lo jaló consigo dirigiéndose donde aquel "gigante".
—Espera Ged… —Geryon intentaba infructuosamente zafarse de su hermano mientras seguía volteando en todas direcciones.
—Estate tranquilo, luego podrás busc…— pero no pudo continuar ya que de repente era Geryon quien lo jalaba del brazo a él, pero ni necesidad tuvo de averiguar el extraño cambio de su acompañante.
—Es un gusto verlos de nuevo chicos— justo entre ellos y el grupo de niños de primer curso se encontraba la misma castaña del incidente en el expreso.
—Quieroagradecertepordefender medetuamiga— Geryon habló tan rápido que la chica apenas pudo entender lo que intentaba decirle.
—No tienes de que — respondió restándole importancia— En parte fue mi culpa por no estar atenta— agregó sonriendo. —Devona Synne y soy nueva.
—Mucho gusto, Gedeon Auger. El mudo aquí a mi lado es mi hermano Geryon y también somos nuevos.
—Así que son los 3 chicos nuevos de sexto— escucharon una voz grave pero amigable proveniente del semi—gigante— Ustedes deben tomar los carruajes —les indicó hacia donde estaban los últimos estudiantes abordando el mencionado transporte —Los botes son sólo para los de primer año— Casi gritaba mientras conducía a los de primer curso hacía la orilla del lago donde algunos ya comenzaban a subirse a sus respectivos botes, que los llevarían hacia el castillo que se veía imponente con aquel cielo oscuro de fondo.
—De haber sabido, me iba con Lily— pese al tono de decepción en su voz, Devona no dejaba de sonreír. —Será mejor que nos demos prisa, ¿no creen chicos?— y sin esperar por una respuesta, se encaminó hacia el último carruaje del lugar, sin dejar de ser observada por un par de ojos azules.
—La Tierra llamando a Geryon— se burlaba nuevamente el moreno, pasando su mano frente al embobado chico sin obtener respuesta— No se ni para que me esfuerzo. –Y volvió a jalarlo del brazo, sólo que esta vez su gemelo se dejaba hacer.
Cuando llegaron al transporte, Gedeon hizo subir a su hermano primero, y cuando estaba haciendo él lo mismo…
—¡Ahhh! ¡Un muerto viviente!— Cuando Gedeon se dio cuenta, estaba tirado en el suelo con Geryon encima y temblando de miedo; mientras un chico de piel blanca como la nieve, pelo negro y ojos oscuros como la noche estaba parado en la puerta del carruaje.
—¿A quien llamas muerto viviente so tonto?
—Obviamente él es el "muerto viviente" y más con ese mal genio, no culpo a Geryon por espantarse— meditaba el ojiazul mientras intentaba quitarse a Geryon de encima. –Ya levántate ¿quieres?— ambos se levantaron pero Geryon no soltaba a su hermano, aún seguía temblando—Deja de temblar, ¿no ves que es un ser humano?... Aunque no lo parezca.
—¿Qué cosa?— el enojo de aquel chico solo crecía mientras seguía observando despectivamente a los gemelos.
Gedeon se encaminó de nuevo a la puerta, con Geryon temblando y escondiéndose detrás de él.
—¿Nos dejas pasar?—a Gedeon se le terminaba la paciencia y ni se inmutó al ver como el pelinegro claramente tomaba su varita a modo de amenaza— ¿O te tengo que quitar?— preguntó viéndolo a los ojos sin ningún temor.
Ante aquello el de piel nívea se decidió a sacar su varita, cuando una mano proveniente del interior del carruaje se lo impidió.
—¿Qué sucede Snape?— Devona presenciaba seria la escena— Entren de una vez o tendremos problemas.
Así se acomodaron los gemelos frente a Devona y el llamado Snape en medio de un silencio sepulcral y una gama de miradas distintas; desde analíticas y suspicaces, hasta de admiración y reto.
Aunque para algunos de los presentes les pareció una eternidad, luego de viajar durante 10 minutos en aquel carruaje, los pasajeros notaron como este se detenía poco a poco. El primero en bajar fue Snape, quien simplemente no soportaba más aquella situación. Le siguió Devona con unos gemelos algo distraídos detrás de ella.
Geryon estaba simplemente maravillado con el imponente castillo que tenían frente a ellos, y más sorprendido quedó cuando entraron a él.
—Te veré luego, espero que quedes en Slytherin— comentó Snape a su reciente amiga para luego irse a través de unas puertas dobles de madera, que se cerraron luego de que el chico pasara.
—Ya se en que casa no quiero estar— murmuro Gedeon aliviado de librarse de la presencia del chico. Luego cayó en cuenta que ahora estaban ellos 3 completamente solos— Supongo que siendo nuevos y sin ser de primero deberemos esperar aquí a alguien ¿No crees Geryon?— Pero su rostro cambio de suspicacia a enfado al notar que su hermano volvía a quedarse embobado, sin prestarle la más mínima atención.
—Tu hermano es algo distraído ¿cierto?— le respondió Devona alegre.
—Yo diría que a veces se concentra demasiado. –Agregó dándolo por caso perdido.
Mientras esperaban a que alguien llegara a guiarlos hablaban animadamente, aunque más bien era Geryon quien hablaba sobre "la gran aventura" que pasó para poder vestir adecuadamente la túnica. Y solo Devona parecía prestarle algo de atención, ya que no dejaba de sonreír, mientras observaba los exagerados ademanes que el pelinegro hacía.
De repente Gedeon pudo percibir algo extraño en el ambiente, algo débil; pero considerando la cantidad de magia que poseía Hogwarts, sentir aquello aunque fuese mínimo era algo que debía considerarse.
Con cautela, y viendo que su acompañante estaba metida en el soliloquio de su hermano, decidió ir a investigar un poco. Así que se encaminó a través de un oscuro pasillo, y luego descendió por unas escaleras.
Al llegar al nuevo corredor, mucho más oscuro y tétrico que el anterior; alcanzó a divisar unas sombras a pocos metros de él enfrascadas en algo parecido a una discusión en murmullos.
Identificándolas como la fuente de aquella sensación, decidió actuar. Sacó su varita dispuesto a lanzar un hechizo aturdidor; pero no pudo siquiera pronunciarlo al ser diestramente desarmado mientras una de las sombras se alejaba a pasos largos.
Aún sin varita, no se inmutó en absoluto ya que no retrocedió, aunque decidió esperar hasta que su rival hiciera su movimiento.
—No debería atacar sin saber antes con que o quien se enfrenta, jovencito. –Al instante, apareció delante de Gedeon un hombre rubio, alto y delgado, de ropas finas y unos impactantes ojos rojos que le intimidaron un poco. En cada una de sus manos sujetaba una varita, clara señal de que fue él quien lo desarmó tan fácilmente.
—¿Es acaso un profesor?— preguntó al instante, sin dar a notar la impresión que se había llevado.
—Profesor Ynrec Chaplet D'Aiapnab para usted, ¿señor…?
—Auger —contesto el ojiazul sin vacilar.
—Buenos reflejos, pero debe trabajar más su capacidad de respuesta señor Auger. –El profesor le extendió su varita a Gedeon, la cual fue tomada rápidamente.
—¡Hermano! ¿Dónde estás?— la voz provenía de las escaleras por donde había bajado.
—¡Por aquí!— gritó al voltear y ver a su hermano y Devona acercarse a él, cuando volvió su mirada al frente, se encontraba totalmente solo—. Demasiado extraño, aún en Hogwarts —susurró guardando su varita.
—¡Vamos! — sin esperar a más, Geryon tomó del brazo a su gemelo y arrastró a ambos de regreso por donde vinieron— ¡No quiero morir!
—La subdirectora dijo que nos castigaría hasta morir si no regresábamos en 5 minutos con ella. —Explicó Devona al ver la cara de desconcierto de Gedeon.
Rápidamente el trío volvió sobre sus pasos al piso superior, donde la que Gedeon suponía era la subdirectora los esperaba impacientemente. Al llegar junto a ella se detuvieron a recuperar el aliento.
—Síganme –sin esperar, la mujer comenzó a caminar haciendo que los chicos la siguieran como podían. Anduvieron a través de varios pasillos hasta que llegaron a una puerta de madera la cual no dilataron en atravesar.
—Cuando diga su nombre, se sentaran aquí – la subdirectora les señaló un pequeño taburete, sobre el cual se hallaba un sombrero viejo y raído – para saber a que casa pertenecerán.
—Ge- Gee- dee-onn— el aludido sintió la insistencia de su hermano quien no paraba de jalarle la manga de la túnica, sin dejar de ver horrorizado el sombrero —¡Esa cosa esta viva!
Al instante siguiente, Gedeon sintió como cientos de pares de ojos los observaban. Algunos alumnos reían por lo bajo, mientras la mayoría comenzaba a susurrar cosas como "¡Que tonto!" "Mira, le tiene pánico al sombrero" o "Alguien así no se ve todos los días".
Gedeon hubiera preferido quedarse sin conocer lo que las palabras "vergüenza pública" significan.
—Como decía – continuó la profesora luego de reponerse de la impresión – Se sentaran aquí y se colocarán el sombrero; el cual decidirá a que casa pertenecerán, mientras estudien aquí. –Hizo una pausa para ver si alguno de los 3 chicos no tenía duda, pasando por alto el miedo palpable de Geryon. –Auger, Gedeon.
Al escuchar su nombre, Gedeon intentó ir hacia al taburete, de no ser por que su hermano no se le despegaba ni dejaba de temblar.
—¡No vayas hermano!— el pánico en Geryon, así como la vergüenza en Gedeon, crecían cada vez más—. ¡Te comerá la cabeza!
—¿Puedes ayudarme?— suplicó el moreno a Devona. Quien posó una de sus manos sobre el hombro del aterrado chico.
—Tranquilo, observa a tu hermano, ya que también tú lo harás –Aquellas palabras solo mortificaron más a Geryon, sin embargo poco a poco soltó a su hermano.
Una vez libre, Gedeon procedió a seguir las instrucciones, sin temor alguno pese a tener todas las miradas de todo el colegio sobre él. Cuando se colocó el sombrero, escuchó como este comenzaba a hablar…
—Vaya, una difícil decisión. ¿Me pregunto que casa te ayudaría más? –En ese momento, la mirada de Gedeon se topó con unos ojos esmeraldas, que lo observaban atentamente. Y por el color que distinguía su túnica, supo a que casa pertenecía aquella chica. —¿Gryffindor? Tienes mucho coraje, es cierto.— Pese a verse perdido en aquella mirada, sintió otra muy distinta por la cual se sintió atraído. —¿O en Slytherin? Te ayudaría a llegar lejos— Luego de unos segundos, decidió cerrar los ojos e inhaló profundamente, serenándose. —… Oh, no, esto está mucho mejor… En ese caso, que sea: ¡RAVENCLAW!
Ante la decisión del sombrero, la casa mencionada estalló en aplausos dándole así la bienvenida a uno más de los suyos, aunque no duraron mucho.
—Auger, Geryon— el mencionado sintió como si acabaran de dictarle sentencia a muerte; simplemente no paraba de temblar. Viendo que el chico no se movía un milímetro, Devona le ayudó con un "sutil" empujón; que terminó por dejarlo justo detrás de donde se hallaba el sombrero.
—Puede proceder— el tono frío de McGonagall no le ayudó en nada al pobre chico. Pasados unos instantes donde Geryon seguía inmóvil, fue la misma profesora quién tomo el sombrero y lo colocó sobre la cabeza del moreno.
Para alivio de todos, incluyendo al propio Geryon; el sombrero dio una rápida respuesta.
—¡RAVENCLAW!
Acto seguido, el ojiazul se dirigió a toda prisa donde su hermano quien sólo suspiro aliviado de que todo terminara.
—Synne, Devona.
La castaña realizó el proceso rápidamente. El sombrero tardó unos segundo en dar la última sentencia por este año añadiendo un miembro más a la casa azul y bronce.
En cuanto Devona tomó asiento frente a los gemelos, el director se puso de pie, atrayendo la atención de todos los presentes.
—Después de esta pequeña interrupción, pido que continuemos con el banquete.
Con un "plin", los platos de la cena desaparecieron y llegaron los postres. Geryon se vio abrumado.
—¿Aquí te enseñan la comida para darte primero el postre? —preguntó desconcertado.
—No. Aquí te enseñan que acabas de perderte el banquete —repuso Gedeon arrugando el ceño, como si su tarta de melaza tuviera la culpa—. No entiendo, ¿nos tardamos tanto?
—Estabas lejos —dijo Devona encogiéndose de hombros—. Y demos gracia a tu hermano. Fue el que te encontró sin rodeos.
Gedeon resolvió que era inútil llorar sobre la leche derramada, o sobre la tarta desbaratada, porque ya había clavado en ella la cuchara de postre y la deshacía con toda intención de procesarla en el estómago, cuando cayera. Geryon ya se atragantaba de cuanta cosa comestible se estuviera quieta el suficiente tiempo para pincharla. De veras, ese chico era un pozo sin fondo. Apartó su plato de él, apresurándose en servirse más cosas, para llenar el vacío que debió ocuparse con la cena. Devona, previendo la escasez de alimento, separó unos cuantos pastelillos, riendo con la boca tapada cada vez que Geryon alzaba la cabeza, con un bigote de merengue rosado.
Gedeon sonrió divertido. Ya no se sentía tan incómodo. Devona era agradable y todos a su alrededor daban muestras de alegría y entusiasmo por contar con alumnos nuevos. Vio la mesa de Slytherin. Nailah sonrió y agitó una mano, comunicándose sin palabras con él: «¿ves? Consideraste Slytherin, pero terminaste en Ravenclaw»; canturrearon los ojos malvas. A su lado se enfurruñaba ese chico; Snape. Su cabello negro se balanceaba mostrando sus ojos abismales estrechados, molesto con el intercambio de saludos tan amistoso. Desvió la mirada hacia la mesa del fondo. Allí estaba el profesor Ynrec, charlando con una profesora larga como una vara de tumbar gatos.
Localizó un nuevo objetivo. La mesa de Gryffindor estaba muy lejos. Gedeon tuvo que alzarse para ver la melena pelirroja balancearse. Y atrapó al chico de gafas, de pelo negro revuelto, mirándola con ensimismamiento. Algo lo quemó y rugió en su interior; no tenía que ver con su estómago, que ronroneaba agradecido ante los alimentos.
—¡Mira, Ged! —llamó su gemelo con entusiasmo—. Nunca había probado esto…
Gedeon no prestó atención. Seguía ocupado mirando a la pelirroja, y al chico de gafas ruborizado, mientras sus amigos le pinchaban los costados.
—¿Qué es? ¡Ya sé! ¡Chocolates, Ged!
El chico altanero se había revuelto; las bromas habían ido muy lejos. El castaño enfermo trataba de calmarlo mientras el de ojos grises se excusaba en un farfullo, o eso podía suponer por las cejas arqueadas y los labios fruncidos.
—¿No quieres…? Bueno me los voy a comer…
Sucedieron tantas cosas que a Gedeon, sentado en la punta de la silla como si quisiera echarse a volar, se le hizo que el tiempo se ponía en cámara lenta. El chico de gafas se levantó y avanzó resuelto hacia Lily, deteniéndose a su lado revolviéndose el pelo. Ella lo miró, intercambiaron un par de palabras y la chica se ruborizó, abriendo la boca para hablar. Mientras tanto —y a la vez— a su lado se escuchaba un chillido acompañado de un «¡puaj!», y decenas de cosas oscuras parecidas a gusarapos llenos de baba le atacaron la cara, dándole pellizcos y picaduras. Gedeon se inclinó con un aspaviento y el corazón desbocado de susto, y su imagen se incrustó contra una tarta de helado. Sintió como el frío penetraba sus fosas nasales y le taponaba la boca, como si le hubieran acertado una bola de nieve saborizada en la campanilla.
Pensó que estaba sordo. No se escuchaba ni una mosca. Despegó la cara de la tarta, mostrando una mascarilla roja y blanca. Miró a Geryon, que estaba a su lado con la lengua afuera, todavía con el rostro hacia él. Escupió uno de esos gusarapos —ahora sabía de donde había salido la baba— que cayó la mesa, mostrando dientes negros y afilados.
—'erdón —balbuceó agitando la lengua como un banderín de carne—. ¡'oabía 'e 'ordían!
—Son mordiscos, tonto. Tienen que morderte —gruñó Gedeon estrechando los ojos merengados.
—¡Pero no me dijiste nada! —gimoteó el gemelo.
Los oídos le estallaron en carcajadas y los ojos se le inundaron de parodias de su salto a la tarta, y cómo tenía adornada la cara como payaso.
—A ver —Devona alzó la varita aguantando la risa—. ¡Scourgify!
En un parpadeo, la mascarilla desapareció y las risas disminuyeron hasta desaparecer; la cara del moreno daba a entender que no estaba para bromas.
—Descuida —la mano cálida disipó su malhumor—. Ya lo olvidarán. Pero si no aprendes a disfrutar de estos momentos, van a agarrarla contigo porque saben que te enojas con facilidad, y eso es diversión para muchos.
—Gracias —dijo a Devona. Geryon se encogía a su lado; su rostro se contorsionaba en una amalgama de emociones indefinidas—. Lo tendré en cuenta.
Los platos desaparecieron y Dumbledore se levantó, abriendo grande los brazos, del tamaño de la sonrisa. Sus ojos azules brillaban vivos.
—¡Bien niños, ya todo está dicho y hecho! —exclamó, acallando los murmullos—. Así que pueden retirarse a sus habitaciones, sólo un par de palabras más: ¡cuish, cuish, cuidado con las goteras del segundo piso!
—Nos perdimos el discurso inicial —se lamentó Devona. El prefecto de Ravenclaw agitaba a los alumnos.
Gedeon, que estaba cansado de escuchar discursos de Dumbledore, de cierta forma se alegraba de haber tardado. Geryon lo siguió todavía con la extraña expresión, caminando con torpeza y ni siquiera parecía estar con los pies en la tierra. Fueron conducidos hacia una torre, contrarios al río de rojo y oro. Geryon no admiraba nada ahora. Gedeon enseguida supo por qué, pero prefirió esperar a estar en un lugar más privado. Sabía lo que había golpeado al gemelo. La melena pelirroja se perdió tras un arco. El chico de las gafas la seguía de cerca, todavía con las orejas encendidas. Sus amigos guardaban silencio, intercambiando miradas.
El prefecto los azuzó y no tuvo otra que apresurar el paso. Geryon lo siguió por inercia. Llegaron frente a una simple puerta de madera con una aldaba de águila. El prefecto la aferró y golpeó una vez. Entonces, el pico del animal se abrió, para preguntar con voz melodiosa:
—¿Cuántas personas como mínimo se necesitan para tener dos hijos, dos padres y un nieto?
Gedeon frunció el ceño, desconcertado. Geryon dejó de verse enfurruñado para mirar el águila con los ojos muy abiertos. Gedeon miró alrededor para descubrir que todos parecían pensar a profundidad. El Prefecto sonrió con levedad y abrió la boca, pero alguien se le adelantó:
—¡Tres personas!¡Un abuelo, un papá, y un nieto! —exclamó Geryon alegre.
—Correcto —dijo el águila—. Eres un digno Ravenclaw, chico.
La puerta se abrió con un rechinido y todos entraron en tropel a la Sala Común de Ravenclaw. El Prefecto; un chico larguirucho con muchas pecas, se detuvo en medio de una acogedora sala, con butacones revestidos de pana azul y las paredes tapizadas de celeste y bronce.
—Ya vuestras cosas están en los dormitorios —anunció—. Sus nombres y las habitaciones asignadas están en el tablón de anuncios. Chicas a la derecha y chicos a la izquierda. Esta es vuestra sala común, pueden bajar y estar el tiempo que quieran. ¡Buenas noches! Y a los nuevos, ¡bienvenidos!
Todos se desperdigaron. Gedeon se acercó a mirar el tablero, donde se aglomeraban los nuevos. Sonrió. Le había tocado con su gemelo y otros dos chicos que en instantes conocería, a juzgar por la prisa que tenían todos en subir. Giró sobre sus talones y tomó por un brazo a Geryon; comenzaba a preocuparlo, ya que después de aquel instante de euforia frente a la puerta de la Sala Común, había regresado a su mutismo. Alcanzó su dormitorio sin problemas y arqueó ambas cejas. En las literas del fondo conversaban dos chicos; uno muy moreno y el otro de piel amarillenta y ojos rasgados. Quedaron en silencio al descubrir a los morenos en la puerta, pero pronto sonrieron.
—¡Hola! Ustedes deben ser los nuevos —exclamó el de piel amarillenta. Se levantó de un salto y avanzó con una mano extendida—. Mucho gusto, soy Arrick Rumford. Lo que necesiten chicos, estoy a vuestra disposición.
—Yo soy Leeland Harlake —clamó el otro desde la cama—. Los esperábamos para conocerlos. Si los intentábamos buscar abajo, nunca los encontraríamos, somos muchos. ¿Y se llaman…?
—Soy Gedeon Auger, y él es mi hermano Geryon. Mucho gusto.
—Hola —saludó Geryon arrugando el ceño.
—Ya que nos presentamos, vamos a bajar —dijo Arrick—. Subimos después.
—No se desanimen, pronto harán amigos. No somos antipáticos como los Slytherin —sonrió Leeland pasándoles de lado con su amigo—. Hay ranas de chocolate en aquel cofre, por si gustan.
—¡Y grageas BerttieBlott`s!—agregó Arrick—.Acomódense.
Los dos chicos salieron y cerraron la puerta. Gedeon se volteó hacia Geryon y buscó su mirada.
—No sufras —le susurró—. No fue tu culpa que pasara eso en el Gran Comedor. Estaba entretenido, debí prestarte atención para decirte antes.
—Pero yo… —farfulló el gemelo.
—Tranquilo Gery. No tienes que esforzarte más. Olvídalo y estarás bien.
Geryon alzó la cabeza y su gemelo le guiñó el ojo.
—Mira, aquí hay muchos chocolates —lo animó, caminando hacia el cofre que le habían indicado sus compañeros de cuarto antes de irse.
—¿Son mordiscos? —preguntó el otro con reserva.
—No, ranas de chocolate. Saltan, pero no muerden. ¡Ven! Comamos algunas.
Geryon, más animado, se acercó a su gemelo y la primera rana le rebotó en la frente sacando la carcajada del otro. Y mientras se dedicaban a aquella faena, Gedeon miró el cielo estrellado.
Estaba ansioso por saber qué le deparaba el destino allí en Hogwarts.
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