Para Luka fue difícil entrar al complejo de apartamentos, especialmente cuando pasó junto al auto de Len y se dio cuenta de que el chico lo había aparcado en el mismo sitio donde Rin solía hacerlo.
Infeliz degenerado, pensó cuando presionó el botón para llamar al ascensor.
Era inaceptable, increíble, algo que no podía ser.
Len… ¿Con Rin?
Rin… ¿Con Len?
¿Y cómo era que nadie se había dado cuenta antes?
Aunque, cuando Luka lo pensó detenidamente, se percató de que no habría podido ser más evidente.
Recordó todas aquellas ocasiones en las que Len había cancelado sus planes con ella, bajo la excusa de que debía ayudar a Rin con algo en su apartamento. Rin necesita un trabajo de fontanería, Rin tiene problemas con la señal del Internet, Rin quiere cambiar la pintura de su dormitorio y necesita que le ayude a llegar a los rincones difíciles, Rin hará un pequeño trabajo de jardinería y necesita que le ayude a llevar los sacos de tierra fértil, Rin va a mudarse a un nuevo apartamento y necesita que le ayude con las cajas más pesadas, Rin me ha pedido que la ayude a desembalar algunas cajas, Rin no puede ensamblar algunos muebles y yo debo ayudarla...
Rin…
Rin…
Rin…
Siempre era Rin. Rin siempre necesitaba algo. Rin siempre requería de la ayuda o de la presencia de Len.
¿Y Rin? ¿Ella tenía algo que la señalara como inocente?
No.
Mientras el ascensor subía, Luka recordó todas aquellas ocasiones en las que Rin canceló sus planes con el grupo para pasar el día con su hermano: Len y yo iremos a ver una película que a ustedes no les gustará, Len me ha invitado a desayunar esta mañana, Len me ha invitado a cenar esta noche, Len está muy cansado para conducir y le he permitido dormir en mi apartamento, Len y yo salimos a tomar un trago anoche y Len aún no ha podido levantarse, Len me ayudará a desembalar las cosas de la mudanza, Len está tan cansado que se ha quedado dormido y no quiero despertarlo…
Len…
Len…
Len…
— ¿Cómo pude ser tan estúpida…?
El corazón de Luka estaba destrozado. Intentaba pensar en alguna forma de ahuyentar esas ideas que la torturaban, pero le fue imposible.
Len las había engañado a ambas, había jugado con los corazones de las dos chicas que lo amaban más que a nada en el mundo.
Era imposible de olvidar la expresión de Rin en aquél momento. Esos ojos azules cubiertos por una espesa capa de lágrimas, la forma en la que su barbilla temblaba cuando el llanto se hizo presente…
—Pude ser yo…
En su propia cama, pensó Luka cuando cerró con fuerza los puños hasta que sus uñas le provocaron heridas en las palmas de las manos. Len me hizo el amor en la misma cama donde fornicaba con su hermana.
Al punto se sintió sucia, asqueada.
Culpable.
—Esto tiene que terminar —se dijo a sí misma.
Esto tiene que terminar, repitió en sus pensamientos cuando las puertas del ascensor se abrieron y ella se encontró en el pasillo que conducía al apartamento de Rin.
Len consiguió conciliar el sueño una vez que aquella efectiva píldora para dormir hizo efecto. Cayó rendido en el sofá, con una pierna y un brazo colgando gracias a la posición en la que Morfeo lo había atrapado. Quizá los efectos de la píldora para dormir se habían visto afectados por la botella de sake que yacía en el suelo. Vacía. Él se la había terminado de un trago.
—Rin…
Las lágrimas brotaban de sus ojos a pesar de estar dormido.
Soñaba con ella, y el recuerdo lo torturaba incluso en sus aventuras oníricas.
Se veía a si mismo de pie junto a Rin cuando ella entró en la habitación. La imagen era aterradora, especialmente verse a sí mismo traicionando a su hermana de una forma tan cruel. El Len del sueño siguió a Rin cuando ella decidió saltar por el balcón de la terraza y fue el impacto de la caída lo que hizo que Len despertara sobresaltado, con un intenso y punzante dolor de cabeza.
Controló su respiración exhaltada y se sentó en el sofá. Aclaró su mente, o al menos eso intentó, cubriendo su rostro con ambas manos. Buscó a tientas la botella de sake y al comprobar que estaba vacía, la lanzó contra la pared soltando un alarido cargado de ira. Y cuando escuchó el rechinido de la puerta al abrirse, creyó que había sido el viento.
Sin emabrgo, se irguió casi de inmediato cuando detectó qué puerta había soltado el rechinido.
La puerta principal.
— ¿Quién es? —preguntó con voz ronca.
No obtuvo respuesta.
— ¿Luka, eres tú?
Silencio.
Un silencio que le decía a Len que había alguien más en el apartamento.
Y, de pronto, una risa.
Una risa que le heló la sangre.
— ¿Rin…?
No podía ser, la simple idea era impensable.
¿Cómo podía ser ella, si él mismo la había visto morir?
—Rin, responde.
Fue una súplica en toda regla.
Una súplica que no obtuvo respuesta.
Entonces, pudo verla en la isla de la cocina.
—Rin…
Le aterró verla con las mismas ropas que ella había estado usando aquella fatídica noche en la que, por culpa de la excitante aventura de su hermano, ella había decidido quitarse la vida. La sangre ensuciaba sus ropas, un hiliyo de la misma brotaba de ambas comisuras de sus labios. Sus ojos estaban cubiertos de lágrimas, rojos e hinchados. Una triste sonrisa adornaba su rostro.
Len no pudo hacer más que caer de rodillas ante ella y soltar un sollozo.
—Rin… Lo lamento…
—Te amo, Len…
Su voz se escuchó con un eco espectral. Y aquella última declaración de amor fue lo último que Len escuchó en la vida, pues en ese momento sintió el filo del cuchillo clavándose en su pecho hasta perforar su corazón. Vio los ojos azules de Rin antes de caer al suelo y cuando su visión se nubló, sintió cómo ella se arrodillaba a un lado de él. Ella se inclinó para besarlo cuando la vida se escapaba de sus labios. Pero cuando ella se incorporó para ver los ojos de Len apagarse, él vio una cabellera de color rosa en lugar de los rubios cabellos de su hermana.
— ¿Dónde está Rin…? —fue lo último que pudo decir.
—Aquí. Contigo.
Pero Len ya no pudo escuchar la voz de aquella persona. Sus ojos perdieron el brillo y el último aliento escapó de sus labios, cuando Luka se levantó y miró el cuerpo inerte del que había sido su primer gran amor.
—Te amo, Len —repitió ella.
Una lágrima de Luka cayó sobre la mejilla de Len, misma en la que se reflejaron aquellos bellos ojos azules tan llenos de vida e inocencia.
Luka levantó la mirada y Rin se la devolvió, reflejada en los cristales del ventanal que tenía enfrente. Rin sonrió a modo de agradecimiento y se inclinó sobre el cuerpo de Len.
Sintiéndose vacía y devastada, Luka tan sólo asintió y salió del apartamento
FIN
