CAPITULO VII

Referencias:

- Diálogos -

"Citas"

/Pensamientos/

Redacción

[…] Flash Back […]

CAPITULO VII

Apareció al lado del ingreso al patio delantero de la Madriguera. La irregularidad con la que su casa parecía contener habitaciones que flotaban en el aire le hizo agradecer encontrarse frente a la magia de nuevo. Se permitió un único segundo para mirar el punto en el que había visto a Hermione por última vez y, saltando la verja con agilidad, corrió colina arriba hacia el ingreso a su casa.

Abrió la puerta con brusquedad, asustando a Percy, que leía con tranquilo sobre el sillón del living. - ¡Ronald! ¡Vas a matarme del susto! ¿Qué es eso de entrar con tanta violencia a la casa? -Había pegado un salto en el sillón y sus lentes resbalaron hasta la punta de su nariz. Ron lo miró fugazmente y se dirigió a toda velocidad escaleras arriba, gritándole a su hermano en el camino:

- Percival, también me alegra verte. Yo muy bien, gracias por preguntar -La ironía de sus palabras se perdía mientras ascendía a toda velocidad hasta la habitación de Ginny. Mientras se acercaba, cambió el destinatario de sus gritos: - ¡Potter, estoy por entrar así que suelta a mi hermanita! -y, considerándose anticipado, empujó la puerta del cuarto de la pequeña Weasley.

Cuando entró no supo si realmente estaban jugando al ajedrez mágico o si su hermana y su amigo disimulaban muy bien; pero, para su sorpresa, los encontró a considerable distancia, sentados en el piso al otro lado de la puerta. Los ojos verdes de Harry lo examinaban con curiosidad y sorpresa detrás de sus redondos anteojos.

- Ron, ¿qué haces aquí? Se suponía que estabas en Australia ayudando a Hermione a buscar a sus padres. -Harry parecía desconcertado, se levantó del suelo y examinó a Ron con la mirada - ¿Sucede algo? -Preguntó, reparando en la actitud agitada e impaciente de su amigo.

- Sí, o no. Creo que sí. -Agitado y pensando un millón de cosas al mismo tiempo, Ron apenas podía hilar un par de palabras sin mucho sentido. Se serenó para explicar lo sucedido: - Encontré a los padres de Hermione en Australia, pero no la encontré a ella. Creo que está aquí, en Londres. Es más, estoy convencido de que está en Hogwarts. Necesito el mapa del merodeador, quizás tu capa de invisibilidad, y una buena escoba…- Comenzaba a enumerar lo que necesitaba como si revisara mentalmente la lista del supermercado. Segundos después, y volviendo a la realidad, miró a Harry que seguía examinándolo casi con miedo - Tengo que ir a buscarla. Algo raro está pasando. -Harry no se movió. Claramente estaba esperando una explicación más contundente - No me mires así y muévete. Te contaré los pormenores en el camino.

Ginny se consideraba a sí misma una hermana paciente y comprensiva. No era fácil para Ron que su mejor amigo se haya enamorado de su hermana pequeña, ni tampoco verlos mantener una relación casi de convivientes; pero que se lleve a su novio de un segundo al otro y sin consultarle era algo que no estaba dispuesta a tolerar. Interrumpió su, hasta ese momento, llamativo mutismo y se paró frente a Ron con autoridad - ¿En el camino a dónde, Ronald? No pensarás arrastrar a Harry a esta locura tuya…

Ron miró a su hermanita con el entrecejo fruncido y un leve dejo de desagrado en la mueca de sus labios. - Ginevra, eres más posesiva y melosa que Fleur. -Sabía que había tocado el punto débil de su hermana y, viéndola enrojecer con velocidad, prosiguió con su alegato: - Sólo te lo quitaré por un par de días, luego lo tendrás para erosionarle el cuerpo a abrazos, si quieres. -Rápidamente miró a Harry y, sin dejar que Ginny replicara, le habló - ¿Vamos?

Harry miró a su novia con una mezcla de /¿puedo?/y /lo siento/digna de un niño que quiere convencer a su madre de que le levante un castigo. Le tomó de la mano y la miró con dulzura - Será como recordar viejos tiempos. No puedo dejar que Ron se divierta solo. -y en un acto de estratégica seducción, acomodó un mechón colorado detrás de la oreja izquierda de la pelirroja.

Ginny suspiró con resignación y murmurando - ¡Hombres! -se tiró de nuevo en el suelo y se dedicó a guardar las piezas de ajedrez mágico con tediosa minuciosidad. Harry besó la coronilla de su novia y, segundos más tarde, siguió a Ron escaleras arriba, rumbo a su habitación, en donde el pelirrojo le explicó todo lo sucedido.

Una hora más tarde, luego de haber saludado con velocidad a sus padres y controlado el humor de George (visita que terminó con Harry siendo víctima de una broma pesada), se aparecieron en Hogsmeade, justo frente a Cabeza de Puerco.

Una vez allí, consultaron con velocidad el mapa del merodeador, las huellitas indicadas con el nombre "Hermione" brillaban por su ausencia. - ¿Estás seguro? -preguntó Harry a su amigo, poniendo en tela de juicio su teoría.

- No. -Dijo Ron, todavía examinando el mapa por las dudas se le hubiese pasado algún centímetro sin revisar - pero es la única idea que tengo.-Cerraron el mapa con cuidado, montaron en las escobas y, a toda velocidad, se dirigieron hacia el castillo que se vislumbraba imponente un par de kilómetros más adelante.

Las clases aún no habían comenzado, pero el recientemente restaurado Hogwarts seguía provocando la característica sensación de aire académico. Sabían que encontrarían a los profesores adentro: además de que algunos vivían allí, a esas alturas del año deberían encontrarse acordando horarios y clases del ciclo lectivo, próximo a comenzar.

Volaron por encima de la cabaña de Hagrid, resistiendo a la tentación de descender a saludarlo, y pisaron tierra firme a escasos centímetros de la puerta principal del castillo. Dejando tiradas las escobas al lado de los escalones, se dirigieron al interior del edificio en búsqueda de la profesora McGonagall, ahora directora del colegio.

Mirando a ambos lados de los pasillos, por si encontraban a McGonagall merodeando por el colegio, pasaron por la puerta del imponente gran salón. De todos los recuerdos que Ron podría esperar evocar cuando reingresara a su antigua escuela, el de Hermione en el baile de Navidad de cuarto año era el menos esperado. La vio vívidamente: caminando con delicadeza, con un vestido que le hizo notar, con el impacto de un baldazo de agua fría, cuán bella podía llegar a ser esa sabelotodo escondida debajo de una cascada indefinida de cabello enmarañado. A su lado, el gorila insufrible de Krum la devoraba con la mirada.

Ron sacudió la cabeza para eliminar los pensamientos desagradables, pero la imagen de su "archi-enemigo" le sugirió un recuerdo más atesorable y reciente.

[…]

- Vamos a bailar -le dijo con brusquedad, y por un segundo temió que ella le devolviera un "no" todavía más violento. Para su complacencia, ella lo miró sorprendida durante un segundo, pero luego tomó gustosa la mano que él le ofrecía. Juntos, en silencio y sonrojados, se perdieron en la selva de parejas que se balanceaban en la pista de baile.

Ron no tenía idea de cómo mover los pies, y la presencia de Hermione como jurado de su desempeño no le ayudaba a hacerlo con gracia y desenvoltura, sin mencionar que no habían pronunciado palabra desde que se levantaron de la mesa. Se tomaban de la punta de los dedos, como si tuviesen potentes virus contagiosos, y se balanceaban sin ritmo alguno, con inercia incoherente. Ron decidió romper el hielo.

- Antes de que alguien más lo haga -le dijo sonriendo de lado y levemente sonrojado.

- ¿Disculpa? -Hermione había abandonado sus propias elucubraciones al escuchar las palabras de Ron, pero evidentemente desconocía de qué estaba hablando su amigo.

- Eso. -respondió el pelirrojo- Que te he sacado a bailar antes de que alguien más lo haga -le dijo, y bajó la cabeza, ahora completamente sonrojado. Hermione dejó escapar una carcajada fresca.

- Es cierto. Aunque también puede decirse que fui tu último recurso… -Le dijo divertida - Luna ya estaba bailando sola, y es evidente que preferías bailar conmigo antes que con Viktor. -dijo, riendo nuevamente. Sabía que había tocado la fibra delicada de su amigo.

- Maldito búlgaro. -dijo Ron entre dientes. Luego, ante la mirada severa de Hermione, dejó de maldecirlo en su interior y le dijo a su amiga - No seas tan dura conmigo, podría estar bailando con cualquier otra chica de la fiesta en este momento, pero te he invitado a ti.

- Eso es verdad, tienes un punto a favor -Le respondió Hermione divertida. Luego se quedó en silencio, contemplando a Ron con infinita dulzura.

- ¿Qué? -preguntó el chico después de unos segundos, sintiéndose incómodamente observado con profundidad.

- Nada. Es sólo que no puedo creer que lo recuerdes -Le dijo Hermione apartando la vista y dirigiéndola al suelo, con las mejillas encendidas.

- ¿Que recuerde qué? -Preguntó Ron, haciéndose el desentendido.

- La discusión del Baile de Navidad. -explicó Hermione, sin leer en el tono de Ron que realmente había entendido a qué se refería - Fue hace más de dos años…

- Aún así no podría olvidarlo -arriesgó el muchacho, comenzando a jugar al divertido, aunque peligroso, juego del coqueteo - Eras la chica más linda de la fiesta.

- Ya déjate de tonterías. Había muchísimas chicas más lindas que yo en ese baile. Y que seguramente arreglarse les había tomado menos tiempo -terminó la castaña, hablando más para sí que para su pareja de baile.

- Pues, para mí estabas muy linda -Dijo dando por zanjada la discusión. Aunque luego agregó - no creo que te haya tomado tanto tiempo arreglarte… -dijo, acercándose cada vez más a Hermione, quien seguía tomándole la punta de los dedos.

- Créeme, Ron. Me llevó más de lo que te imaginas - Decretó la chica, sonrojándose al notar la cercanía cada vez mayor. -Las chicas como yo tardamos eternidades en ponernos bellas. -dijo, ahora jugando ella también, probando hasta dónde era el pelirrojo capaz de defender su femineidad y su belleza.

- Pues hoy estás hermosa. Y que yo sepa, hasta hace cuatro horas estabas tomando la merienda conmigo. Si te pones a pensar no te ha llevado tanto tiempo -le dijo, con aires de superioridad, y eliminando el último espacio que separaba sus cuerpos. Las puntas de sus pies se rozaban al moverse al compás de la música.

- Bebiste demasiada cerveza de manteca, ¿verdad? - Hermione apelaba a su humildad para seguir escuchando halagos del pelirrojo.

- No tanta como para no ser consciente de lo que digo - respondió Ron, dejando en claro que los halagos que dirigía a su amiga eran enteramente intencionales.

Hermione carcajeó cantarinamente una vez más y, para sorpresa de Ron, apoyó su cabeza sobre el pecho del chico, que ya estaba a un centímetro de distancia. Ron sintió deseos de abrazarla con posesión, pero, sin saber bien por qué, se limitó a entrelazar sus dedos con los de ella, envolviendo sus manos completamente, y apoyar su mentón en la coronilla castaña y perfumada.

[…]

No supo en qué momento arribaron a la gárgola de piedra, pero ya se encontraba girando hacia el nivel superior cuando despertó de su letargo. A su lado, Harry hablaba algo sobre una contraseña, pero decidió no prestarle demasiada atención.

El despacho de la ahora Directora McGonagall era muy similar a como Ron recordaba haber registrado el de Dumbledore hacía ya más de dos años atrás. La principal diferencia radicaba en dos nuevos cuadros mágicos, que se sumaban a la ya extensa colección de ex directores montados en la pared. A la derecha del escritorio central, y con su característica mirada por sobre los lentes de media luna, Albus Dumbledore se rascaba la barbilla sobre el lienzo; a la izquierda del mueble, con su particular rostro cetrino y su mirada de sugerente intolerancia, Severus Snape alzaba las cejas al verlos entrar al despacho.

Detrás del escritorio, y recargada sobre el mismo con las palmas estiradas sobre la madera, Minerva McGonagall los esperaba. En sus ojos tenía una mezcla de maternidad y compañerismo, como si se rehusara a mirar a sus ex alumnos como a dos adultos competentes y maduros.

- Buenos días, profesora. Lamentamos importunarla pero estamos buscando a Hermione Granger, tenemos la sospecha de que está aquí en el colegio -Harry habló cuando la profesora les sonrió al recibirlos. Ron seguía medio en las nubes, recién descolgado de su recuerdo.

- Señor Potter, señor Weasley.-saludó la profesora - Sus sospechas son acertadas, la señorita Granger estuvo en el colegio -Ahora, la directora acaparaba el ciento diez por ciento de la atención de Ron - Lamentablemente, llegan ustedes tarde. Hermione se retiró del edificio hace ya más de cinco días. -McGonagall parecía no entender cómo sucedía que los dos mejores amigos de la castaña no supieran a ciencia cierta que ella había visitado Hogwarts, y mucho menos en dónde se encontraba ahora.

- Profesora -Ron se acercó casi con impertinencia. Le resultaba insólito tener que perseguir a Hermione por el mundo como si fuese la sombra de un fantasma - ¿Puede usted darnos un indicio de hacia dónde se dirigió?

- Vaya, vaya, Weasley. Ni siquiera has marcado el rebaño y ya se te pierde una oveja -a Ron le resultaba raro que el dibujo de Snape al frente de él no hubiese emitido comentario, y de alguna manera, lo estaba esperando. Se limitó a arrugarle el ceño y volver a mirar a la profesora, que ignoraba olímpicamente al cuadro parlante.

- Lo único que sé, señor Weasley, es que ella vino al colegio a buscar libros de pociones muy avanzadas. Sin embargo parece no haber encontrado nada, porque se retiró con las manos vacías a las pocas horas de haber llegado.

- Profesora -Harry parecía haber decidido que lo mejor era explicar las cosas en detalle- Hermione había modificado la memoria de sus padres. Les hizo creer que eran una pareja sin hijos que soñaba con vivir en Australia para alejarlos de los peligros de la guerra. Ahora ella está intentando devolverles la memoria, pero el contra-hechizo falló. ¿Podrá tener esto algo que ver con un libro de pociones que busca?

- Oh, sin duda, Harry -Ahora era el turno de Dumbledore de intervenir en la conversación - Los hechizos desmemorizantes son muy riesgosos, sobre todo cuando se eliminan registros de peso.

- ¿Qué quiere decir, señor? - Preguntó Ron, casi interrumpiéndolo. Comenzaba a molestarle la diplomacia que empleaba su ex director al hablar. A veces prefería el ácido pinchazo de Snape, certero y veloz, antes de tener que escuchar tanto contexto para entender una minúscula parte de sus discursos.

- Verá, señor Weasley. -Dumbledore lo miraba con una expresión que denotaba conocer la intolerancia del pelirrojo, a Ron le resultó profundamente incómodo - El problema es el siguiente: cuando uno modifica la memoria de las personas, juega con cajones escondidos en lo profundo de la mente. Si alguien saca algo de esos cajones, es necesario reemplazar ese contenido; de lo contrario, revertir el hechizo no basta con reacomodar los datos, porque se requiere volver a generarlos, ¿me explico?

- ¿O sea que, cuando Hermione borró su existencia de la memoria de sus padres vació uno de esos cajones y ahora el contra-hechizo no funciona porque ella ha eliminado esa información que necesitaría reacomodar? -Harry sacó una conclusión rápida. Ron lo miró sorprendido de la facilidad que tenía su amigo para comprender las explicaciones laberínticas de su ex director. El Dumbledore de lienzo parecía enorgullecerse de ello, porque asentía con la cabeza felicitando a Harry por tan iluminada observación. Sin embargo, había algo en el relato que no cerraba.

- Eso es imposible. Hermione estudió mucho sobre cómo modificar la memoria de sus padres, y todos los aquí presentes sabemos que ella estudia hasta el número de las páginas. ¿Cómo no va a saber que no podía dejar un cajón vacío? -preguntó mirando a Dumbledore, como exponiendo una falla en su teoría. El anciano, sin embargo, sonrió con dulzura.

- Oh, nadie niega la inteligencia privilegiada de la señorita Granger, señor Weasley. -Le dijo, como queriendo evitar una reacción más bélica por parte de Ron - Yo sinceramente creo que ella lo sabía, simplemente prefirió ignorarlo. -dijo con seguridad y calma.

- ¿Cómo es eso posible? -preguntó Ron a punto de salirse de sus casillas. No sabía bien por qué, pero sentía que estaban insultando a Hermione.

- No estamos hablando de cambiar en la memoria una receta de tarta de melaza, joven Weasley. -Dijo Dumbledore con tranquilidad - En tal caso, se la reemplaza por una de guiso de riñón con patatas y, en caso de no poder restaurar la mente a su estado original, el guiso de riñón es sabroso y nutritivo. - hizo una pausa breve pero profunda- Pero éste es el caso de una persona, puntualmente una hija. La señorita Granger no sólo tenía que esconder en el subconsciente de sus padres el recuerdo de su existencia, sino que, además, tenía que plantar en su lugar la existencia de otra persona, a quien amarían como a ella y, mucho más importante, quien seguiría existiendo una vez aplicado el contra-hechizo. Jugar con los sentimientos de la gente es un desafío truculento. Era una decisión muy importante, y ella decidió no ingresar a terceros en el asunto, aún sabiendo los riesgos, y ahora necesita regenerar esa materia perdida. De cualquier manera, estoy seguro de que, siendo la mejor alumna de su clase, también estaba al tanto de la existencia de la poción restauradora.

- La que busca en algún libro de pociones avanzadas -Dijo Harry, mirando a Dumbledore mientras ataba cabos sueltos.

- Exactamente -Dijo Dumbledore - pero tal parece que ni la amplia biblioteca de Hogwarts tiene la receta de esa poción. Los laberintos de la mente son demasiado delicados como para jugar con ellos, no me sorprendería que la señorita Granger haya buscado en los libros de la sección prohibida, ya que no suelen estar al alcance de muchos. Muy pocos magos conocen los artilugios que dominan las ventanas de nuestros mundos intelectuales.

- Era obvio que no lo encontraría en la biblioteca. Han hecho una limpieza profunda de todos los libros interesantes que existieron alguna vez allí. -El retrato de Snape opinaba con aspereza y cinismo - Granger vino a consultarme sobre esa poción cuando hubo registrado la biblioteca sin éxito. -Ron lo miró de lleno a los ojos. Frunciendo el ceño, lo interrogó con apremio. Snape le devolvió la mirada con un gesto altivo y desagradable, luego prosiguió - Le dije que la poción restauradora vuelve las mentes a su estado original, es decir, el estado anterior al primer hechizo aplicado sobre las mismas. Esto quiere significar que no regenera recuerdos puntuales, sino que elimina los efectos que ha producido la magia en los subconscientes. Ella me explicó para qué lo necesitaba y yo sólo le dije que estaba buscando la poción correcta. Me pidió que le enseñara a prepararla. Desafortunadamente yo sólo recordaba que consiste en agregar un ingrediente complejo, no recuerdo cuál puntualmente, a una medida de Amortentia.

- No me sorprende, Severus. Para revertir un hechizo tan potente se necesita la fuerza más poderosa: el amor -Dumbledore hablaba con la misma solemnidad con la que daba discursos dos años atrás. Snape pareció ignorarlo.

- Aunque, si quieren mi consejo, Potter, Weasley -dijo con altanería y mirándolos respectivamente - yo dejaría de intentarlo. Lo mismo le dije a Granger: las posibilidades son muy escasas, yo soy la única persona que conozco que ha podido hacer esa poción correctamente... Con permiso - y echando una última mirada enigmática a Harry, Snape se retiró a lo profundo de su lienzo.

Ron respiró con pesadez y, luego de agradecer a la directora, dirigió a Harry hacia afuera del despacho. Cargaba sobre sí una pesada y estruendosa resignación: debía seguir rastreando a Hermione alrededor del mundo. Miró a Harry con aflicción.

- ¿Y ahora qué se supone que haremos? -le preguntó su amigo, claramente desorientado.

- Buscar lugares en el mundo que sean famosos por sus libros de pociones avanzadas -Dijo Ron encogiéndose de hombros con cansancio. En ese momento, Harry se detuvo en seco. Un par de pasos más adelante, Ron reparó en su ausencia y se volvió hacia su amigo con curiosidad.

- Snape es el único que ha podido hacer esa poción correctamente -Dijo, hablando más consigo que con su pelirrojo amigo - Snape es el único.

- Eso ya lo sabemos, Harry. Pero yo lo noté tan dispuesto a ayudarnos como lo estaría Umbridge -dijo Ron, claramente malhumorado.

- ¡No lo estás entendiendo! Esa poción debe estar detallada con precisión en el libro del Príncipe Mestizo.