CAPITULO VIII
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"Citas"
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CAPITULO VIII
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- ¡No lo estás entendiendo! Esa poción debe estar detallada con precisión en el libro del Príncipe Mestizo. – los ojos de Harry centelleaban al recordar su viejo libro de pociones (en realidad, el viejo libro de pociones de Snape). La idea de reencontrarse con semejante ejemplar, al cual no había visto desde que lo escondió, y terminar de desentrañar los secretos que aún no había leído, le proporcionaba una emoción que hacía mucho tiempo no sentía – Todavía debe estar en la sala multipropósito. – Dijo más para sí mismo que para su amigo.
De repente, la esperanza volvió a asomarse en los azules ojos de Ron. El pelirrojo sonrió a su amigo abiertamente y, sacudiéndolo por los hombros con efusividad, comenzó a decir, cada vez con mayor emoción – ¡El libro del Príncipe Mestizo! ¡Snape es el Príncipe Mestizo! ¡Snape es el único que ha podido hacer la poción restauradora y él es el dueño del libro del Príncipe Mestizo! – Soltó a Harry de golpe y se quedó mirándolo con emoción, un poco agitado por el repentino ataque de vehemencia y esperando una respuesta efusiva de parte de su amigo.
¿Te sientes bien? – Harry lo miraba con desconfianza, Ron parecía haber combinado una cantidad incalculable de whisky de fuego con algún energizante barato. Ron parecía seguir esperando una reacción emocionante de Harry, así que el moreno ignoró sus ojos expectantes y dijo – Muy bien, supongo que primero deberíamos buscar el libro del príncipe y luego encontrar a Hermione. Preparamos la poción, le devolvemos la memoria a sus padres y regresamos a nuestra vida tranquila y pacífica en la Madriguera – terminando su frase, los ojos verdes de Harry brillaron con particularidad, dirigiéndose hacia arriba, como si pudieran traspasar el techo del castillo para observar las brillantes estrellas que ya asomaban en la noche que se avecinaba.
Ron supo que la cara de idiota de Harry sólo podía deberse a que estaba recordando a Ginny. Chasqueó sus dedos a un centímetro del puente de la nariz de su amigo, haciendo que éste volviera en sí, y le dijo. – Potter, el amor te ha oxidado tanto que has olvidado cómo pensar. – Harry le dedicó una mirada ofendida, pero luego arrugó el entrecejo en señal de incomprensión. Ron se sentó en el suelo y Harry lo imitó. El pelirrojo sacó de la mochila el Mapa del Merodeador y buscó con minuciosidad el nombre de Hermione entre los pasillos. – ¿No lo ves? ¡No está! – Le dijo, señalando el mapa con un gesto victorioso, como si hubiese descubierto el punto en el que se encontraba el tesoro de la isla.
Ron, me estás mareando. Revisamos el mapa hace menos de dos horas y tampoco estaba. ¿Qué es lo que te emociona tanto ahora? – O Harry realmente estaba oxidado, o estaba subestimando a Hermione. Quizás ese día particular no tenía todas las luces encendidas.
Harry, no hace falta buscar el libro y luego a Hermione: Ambos están en el mismo lugar- Harry alzó las cejas lentamente, como comenzando a percibir por qué Ron estaba tan emocionado al no encontrar a su amiga en el mapa – Escondiste el libro en la sala multipropósito, y Hermione lo sabe. Ella está dentro de la sala buscando ese libro, estoy seguro. Snape nos dijo que le había explicado a ella que él era el 'único mago que había logrado hacer correctamente esa poción'. – dijo, imitando con socarronería la voz irritante de Snape – Es obvio que ella recordó el libro y fue a buscarlo a la sala multipropósito que, curiosamente, no aparece en el mapa. – Terminó de exponer su teoría orgulloso de sí mismo y, cerrando el mapa con la actitud proactiva de un explorador experimentado, se levantó de un salto y apremió a Harry – Vamos, tenemos que subir muchas escaleras.
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El pasillo del séptimo piso les daba la bienvenida en silencio y soledad. Hogwarts podía llegar a ser una construcción misteriosa, rozando lo tenebroso, cuando no se encontraba abarrotada de estudiantes. A Harry le costó seguir el paso de Ron a través del corredor. Además de que su amigo tenía las piernas considerablemente más largas que él, la ansiedad y la emoción del pelirrojo lo hacían avanzar a una velocidad energúmena.
El tapiz de Barnabás el Chiflado había sido restaurado después de la guerra y, aunque aún conservaba manchas oscuras de las explosiones, seguía indicando el punto exacto en el que habría de aparecer mágicamente aquella famosa puerta de madera brillante.
Necesito el lugar donde se esconde todo – dijo Harry, ante la ansiosa mirada de Ron. Sin embargo, y a pesar de haber reproducido las exactas palabras que pronunció cuando buscaba la diadema perdida, la pared permaneció muda e inerte, como un lienzo inmaculado e impenetrable.
¡Prueba otra vez! – Dijo Ron. El obstáculo que ahora se les presentaba había disminuido el buen humor de su compañero.
Necesito ingresar al lugar en donde todo está oculto – Dijo Harry, reformulando su petición y doblegando su firmeza. Sin embargo, la pared permaneció intacta, ignorando las órdenes de los muchachos.
Probaron de numerosas maneras más, Ron inventó las más extravagantes formas de solicitar un cuarto, y sin embargo la puerta seguía sin aparecer. – Tal vez hayan cambiado el lugar de ingreso. – Sugirió Ron, intentando conservar el optimismo.
Mmm, lo dudo. – Dijo Harry, intuyendo qué sucedía en realidad con esa sala – Sugiero que le preguntemos a la profesora McGonagall.
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- ¿La sala multipropósito? – La directora de Hogwarts se alarmó de una manera que Ron consideró exagerada - ¿Por qué querrían entrar allí, Potter? – Preguntó con extrañeza a Harry, casi como advirtiéndole que estaba por tomar una decisión equivocada.
- Creemos que Hermione está ahí dentro, profesora.- Respondió Harry, con una seria tranquilidad que Ron admiró: él ya le hubiese gritado con impaciencia.
- Señor Potter, la sala multipropósito ha sido destruida. El fuego maldito que se generó en su interior durante la batalla en el castillo rompió los sortilegios y selló la entrada. Nadie ha podido hacer aparecer esa puerta desde entonces, pero debo admitir que tampoco lo hemos intentado demasiado. No sabemos qué puede haber del otro lado, la magia negra deja peligrosas secuelas… - La profesora hablaba con una mezcla de precaución y temor, lo que hizo que Ron se asustara aún más por la suerte que podría estar corriendo su amiga.
- ¡Pero, Hermione puede estar ahí dentro! – Insistió, esperando una respuesta favorable de parte de la mujer.
- Señor Weasley, les he dicho que la señorita Granger se retiró del colegio con las manos vacías. Yo misma la acompañé hasta el límite de los sortilegios del castillo y la vi desaparecerse. Hermione no está en el castillo, señores, lamento no poder ayudarlos más – Y con la típica mirada que la profesora les dirigía cuando les imponía un castigo que en realidad no quería aplicarles, inclinó la cabeza a forma de saludo y se perdió por los pasillos rumbo a su despacho.
Ron la miró retirarse y sintió que se hacían presentes las mismas dudas y nebulosas que tenía en la mente antes de suponer que Hermione se encontraba en la sala. Harry miraba el punto en donde la profesora había dado vuelta la esquina, pero, aunque se lo veía desanimado, parecía estar pensando concentradamente en algo más estratégico.
Igual vamos a tener que averiguar cómo entrar, ¿sabes? Aunque Hermione no esté ahí, vamos a necesitar el libro. Debemos entrar a la sala. – Harry hablaba sin apartar la vista del punto invisible que había estado observando hacía ya varios segundos.
¿No la oíste, Harry? Nadie pudo hacer aparecer esa puerta desde la batalla – Dijo Ron, mirando a su amigo - ¿Cómo sugieres que la hagamos aparecer nosotros? – preguntó escéptico.
Mortífagos.- Sentenció Harry, seguía con la mirada perdida hacia adelante, pero cuando, por el rabillo del ojo, vislumbró la cara de desconcierto de Ron, se volvió a mirar a su amigo – Los mortífagos que entraron al castillo la noche que Dumbledore murió ingresaron por un armario evanescente que tiene su gemelo en Borgin & Burkes, ¿Recuerdas? – Harry lo miraba con seriedad y hablaba monocordemente. Ron le sostenía la mirada con los orbes abiertos y las cejas elevadas. Finalmente, habló.
¡Hasta que vuelves a ser tú! – Dijo, aliviado de que su amigo recupere su mente sagaz en los momentos más necesarios - No se hable más, vámonos. – y tironeando a Harry levemente, lo guió hacia la puerta principal en donde recogieron sus escobas y se alejaron volando del castillo, haciéndose prácticamente invisibles en la noche ya cerrada.
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El callejón Knockturn se encontraba tanto o más solitario que aquella noche en que persiguieron a Draco por sus corredores. Harry marchaba a paso decidido, con mano izquierda cerrada en un puño y la derecha apoyada en el bolsillo delantero de su túnica, en donde guardaba su varita. Ron, a su lado, fruncía el pálido rostro con la aparición de cada nuevo local, que se sucedían un al lado del otro como un escalofriante desfile de fenómenos. Estaba un poco asustado, pero el motivo que más le crispaba los nervios era pensar que Hermione había transitado ese oscuro callejón a solas.
Borgin & Burkes parecía ser una tienda que permanecía abierta todo el día. Era cerca de medianoche y aún así, con la vaga luz amarillenta de una vela que bailaba con la brisa que ingresaba por la puerta abierta, el encargado del local leía con parsimonia una revista raída y vieja sobre el mostrador. Harry y Ron ingresaron a paso lento pero decidido. El vendedor despegó la vista de su lectura, los escaneó con veloz desconfianza, y luego siguió leyendo, ignorándolos por completo.
Harry tuvo que carraspear tres veces hasta que el joven, de unos veintiocho años y sucio cabello castaño, levantara nuevamente un par de ojos oscuros, inyectados en sangre.
Oh, lo siento. – Dijo con fingida amabilidad – No había notado su presencia.
¿Es usted el señor Borgin? – Preguntó Harry, un poco irritado. Para sorpresa de Ron, el desagradable individuo sonrió con perspicacia y entornó los ojos
Ya estaba yo seguro de que ustedes no suelen venir aquí. – Dijo, casi con malicia – ¡Ja! El señor Borgin. Yo soy el nuevo señor Borgin. Si ustedes buscan a mi padre, debo decirles que falleció. – y para mayor sorpresa de los jóvenes, ensanchó mas su sonrisa cínica y, luego de mirarlos detenidamente a ambos, bajó la vista nuevamente hacia el artículo.
Ron miró a Harry con la frente exageradamente fruncida, lo codeó y señaló con un movimiento de cabeza al armario evanescente que, imponente, se alzaba un par de metros a su izquierda. Harry miró a Ron, luego miró brevemente el armario, y volvió la vista al "nuevo señor Borgin".
Eh… señor. Quisiéramos probar el armario evanescente que tiene allí – dijo Harry, pretendiendo pasar por un inocente comprador y señalando con un dedo al oscuro mueble. El vendedor no levantó la vista, ni para mirar a Harry, ni para comprobar que efectivamente estaba señalando al armario. Simplemente siguió moviendo los ojos sobre la lectura y respondió sin interés.
Ese armario no está a la venta por ahora – y, sin decir más, se mojó con la punta de la pálida lengua un índice huesudo y dio vuelta la página.
Sólo queremos verlo, señor. No tomará mucho tiempo – Dijo Harry, que estaba comenzando a perder la paciencia y cada vez asía con más determinación su varita dentro del bolsillo. El vendedor, sin cambiar su posición, respondió.
Tampoco se puede ver. No por ahora. – Sentenció.
¿Y se puede saber por qué no? – Preguntó Harry levantando el tono. La reacción del moreno provocó que el vendedor levantara la vista, cosa que Ron agradeció mucho porque estaba a punto de quitarle la revista para hacerla un rollo y estampársela en la frente. El vendedor volvió a sonreír y, mirando a Harry, dijo.
Porque tiene una chica atrapada adentro – A Harry se le ablandaron los dedos alrededor de la varita mientras el vendedor lo miraba sugerentemente, con la sonrisa cada vez más ancha. Ron levantó las cejas y, sin requerir permiso de nadie, llegó en tres zancadas hasta la puerta del armario y abrió la puerta con violencia.
¡Hermione! – Gritó, como si en lugar de un armario se tratara de un túnel. Comenzó a desesperarse, a tantear las paredes y patear la parte inferior del mueble. Se metió dentro y cerró la puerta. Saltó, se hizo un bollo, se estiró, intentó desaparecer con el armario encima y, finalmente, salió disparado con una furia incontrolable. Sin reparar en Harry que lo miraba sorprendido, se acercó al mostrador con violencia y arrancó la revista del escritorio, haciendo que el vendedor borre instantáneamente esa insoportable sonrisa histriónica. - ¡¿Dónde está? – Le gritó a la cara. Por un momento creyó que había logrado asustar al desagradable sujeto pero, para su sorpresa, el hombre parecía disfrutar de su desesperación y le respondió volviendo a restaurar su mirada burlesca.
¿Cómo se supone que lo sepa? Yo le advertí que podría salir mal y ella no quiso escucharme. Se metió por su propia cuenta y todavía sigue allí – Miró brevemente al armario y, encogiéndose de hombros con desinterés, volvió a mirar a Ron, que apretaba su puño derecho con indescriptibles deseos de hundirle la ganchuda nariz en el rostro. Por suerte, Harry tuvo una mejor idea.
Muy bien, suficiente. – Sentenció el moreno y, con un breve movimiento de varita, hizo aparecer unas brillantes cuerdas negras que inmovilizaron al vendedor en su silla. El sujeto había perdido por completo su sonrisa y miraba a Harry con el ceño fruncido en un marcado gesto de enojo – Mire amigo, necesitamos saber qué sucedió y usted parece ser el único testigo. Responda las preguntas y puede volver a su lectura – Dijo señalando con la cabeza y los ojos a la revista que seguía abollada en el puño izquierdo de Ron. El "nuevo señor Borgin" pareció acceder a la extorsión y, acomodándose como pudo en la silla, levantó las cejas solicitando el comienzo del cuestionario. Harry no se hizo esperar - ¿Cuándo llegó ella? –
Hace unos cuatro días. – comenzó a relatar el sujeto con monotonía y desinterés – Al igual que ustedes solicitó ver el armario. Era obvio que no estaba acostumbrada a comprar objetos tenebrosos. Me di cuenta porque, además de que temblaba un poco, nadie pide ver un armario evanescente: uno simplemente lo paga y lo lleva sin decir palabra. Esos objetos no sirven como muebles, sólo se buscan con otro fin – los pequeños ojos inexpresivos del vendedor dejaron ver un leve destello cuando comenzó a pensar en las malvadas intenciones que alguien podría tener al comprar un armario evanescente.
Y usted le permitió verlo… - Dijo Harry, incitándolo a que siga con el relato.
Le dije que podía llevarlo, sin necesidad de verlo, a un bajo costo, porque estaba roto. - Harry interrogó con un casi imperceptible movimiento de cabeza, incitando al hombre a explicar por qué. El interrogado rodó los ojos con intolerancia y respondió – Durante la batalla hubo una especie de explosión en la parte final del pasadizo. Cuando se dio cuenta, mi padre quiso sellar el paso con un hechizo bloqueador. Lo único que consiguió fue desestructurar la conexión y morir quemado. – volvió a sonreír, como si quisiese generar en Harry una sensación de timidez. Sin embargo, el moreno no bajó la varita ni el tono.
Pero ella no se llevó el armario… – le insistió Harry
Por supuesto que no. La jovencita sabe negociar. – dijo aún sonriendo – En un principio supuse que no conocía el secreto de los armarios, pero luego me di cuenta de que lo conocía a la perfección. Me dijo que ella lo arreglaría a cambio de que yo le permitiera usarlo sin llevarlo. Es obvio que acepté, yo podría vender el armario a un mayor precio y ella seguiría viniendo durante un tiempo – Maliciosamente miró a Ron mientras estiraba en sus labios una sonrisa pervertida. El pelirrojo crispó la mirada y abolló con odio la revista en su puño.
¿Pudo arreglar el armario? – Harry habló alto, antes de que Ron le dirigiera un insulto que cambiara el sentido de la conversación.
No lo sé con exactitud. Pudo abrir el pasadizo de nuevo, eso es claro. Hizo un par de conjuros que no conozco, se metió adentro y cerró la puerta. No ha vuelto a salir desde entonces. Pensé que lo habría restaurado, habría aparecido del otro lado y no volvería otra vez; pero el rojito aquí presente – dijo mirando a Ron con insolencia – acaba de comprobar que la conexión volvió a cortarse, así que existe la posibilidad de que esté atrapada adentro. Era de esperarse, no es fácil arreglar un armario evanescente cuando el otro portal explota.
Harry no pudo identificar si la ira de Ron fue por lo de "rojito" o porque el vendedor sabía que Hermione estaba atrapada hacía cuatro días y no había alarmado a nadie; lo cierto es que cuando el moreno quiso detenerlo, las grandes manos de su amigo ya habían agarrado el cuello de la vestimenta del maniatado comerciante. Ron le hablaba muy cerca del rostro, con los ojos encendidos y los dientes apretados.
¿No le advertiste que las cosas podrían salir mal, sabandija? – Le dijo con furia. Su interlocutor le devolvía la mirada impasible, disfrutando de la desesperación del pelirrojo.
No te confundas conmigo, rojito. Disfruto de la malicia pero sé reconocer a la gente que vale la pena volver a ver. – le guiñó un ojo, provocando que Ron apretase aún más el cuello de su túnica – Le dije que era posible que quedara atrapada entre los portales. Sé reconocer dónde hay vestigios de magia negra. Le dije que seguramente no bastaría con restaurar la conexión. – Miraba a los ojos de Ron fijamente, como disfrutando su mirada desesperada y llena de temor.
¡Mientes, canalla! No le explicaste las cosas bien. ¡De otro modo no se hubiese arriesgado! – le gritó Ron, mientras le daba un torpe sacudón. Harry seguía manteniendo la varita en alto, pero su mirada había abandonado la seguridad.
Oh, yo creo que sí se hubiese arriesgado. – le dijo el vendedor con malicia, sin borrar su sonrisa – Tu amiga es más amable que tú, pecas. Y claramente entiende mejor de normas de comunicación. – le dijo mirándose hacia abajo, atado de pies a cabeza – Cuando le dije que las cosas podían salir mal, ella me respondió que tenía que intentar pasar. Dijo algo así como que 'lo que más le importaba en el mundo dependía de ello' – y luego de citar las palabras de Hermione, miró con profunda maldad a los ojos de Ron y estiró al máximo su sonrisa circense.
Ron dejó caer la revista de su mano izquierda, ablandó el puño derecho soltando al Borgin y, con la lentitud de quien recibe un veredicto de condenación, se dejó caer al piso apoyado en una inmensa góndola que tenía a sus espaldas. /'Lo que más le importaba en el mundo'/ repetía dentro suyo, /no una de las cosas que más, sino 'lo que más le importaba en el mundo'/. Respiraba pesadamente por la nariz y tenía la mirada clavada en sus zapatos al final de sus largas piernas extendidas frente a él. Borgin soltó una carcajada algo histérica.
¡No me digas que es tu novia, rojito! Y acabas de enterarte que no te ama. Oh, pobre pecas. – comenzó a consolarlo sarcásticamente – Odio haber tenido que ser yo quien te lo diga, pero de alguna forma debías enterarte …
Pero Ron ya no lo escuchaba, como tampoco escuchó el -¡Cállate! – que profirió Harry, apretando las cuerdas alrededor de Borgin con un movimiento de varita. Permanecía ensimismado, sintiendo la sangre embotada en la sien y la densidad del aire que ingresaba por su larga nariz. Luego un nudo en la garganta, de un profundo sabor amargo
[…]
Se encontraba tumbado en su cama, intentando leer una revista de Quidditch. Sin embargo, sus ojos recorrían las páginas sin prestar atención (¡y eso que se trataba de Quidditch!). Miró por enésima vez el reloj en su muñeca, las agujas indicaban las dos y cincuenta de la mañana. Luego miró hacia la izquierda: la cama vacía perfectamente tendida. Suspiró con enojo: /¡Maldito Potter roba hermanas!/ pensó. Volvió a mirar su reloj y regresó a la revista.
Los golpes suaves en la puerta le aflojaron el ceño y lo hicieron sonreír /¿Qué otra persona podría ser a las tres de la mañana?/. Cerró la revista y se sentó en la cama.
Pasa – dijo con suavidad y luego vio cómo, enfundada en un pijama verde pálido, la menuda figura de Hermione pasaba por la puerta de su habitación, más despeinada que de costumbre y con los pies descalzos. Cerró la puerta y se acercó caminando de puntillas; desenganchó la colcha del otro lado del colchón y, sentándose de piernas cruzadas a los pies de la cama de Ron, se tapó hasta las rodillas y le sonrió.
Sabía que no podrías dormir hasta que regrese con Ginny – le dijo sonriendo divertida.
Tampoco te veo muy dormida a ti, Granger. – le dijo Ron, con media sonrisa y señalándola con el índice – No me digas que esperas a Harry. – Dijo, chistoso.
Oh, sí – Dijo Hermione, con la comisura de los labios temblando a punto de estallar en una carcajada – Estoy profundamente celosa de Ginny y quiero que regresen cuanto antes – terminó con la voz temblándole y riendo suavemente
Ron no siguió el juego. En cambio, su semblante cambió y observó a Hermione con profundidad y un dejo de contrición en la mirada.
¿Qué tienes? – Hermione había dejado de reír ante el cambio en el gesto de Ron y ahora lo observaba con preocupación. Ron bajó la cabeza y habló casi en un susurro.
Lo siento - dijo mirándose las manos sobre el cubrecama. Luego de unos segundos levantó la cabeza. Hermione seguía interrogándolo con la mirada preocupada – Siento haberte abandonado – le dijo al fin, mirándola a los ojos.
Ron…
Es que, no imaginas las cosas que ese relicario me hacía pensar. Cosas sobre ti, sobre Harry. Sobre tú y Harry… - Hablaba mirando sin mirar, como si observara frente a él una película de lo que vivió en esos tiempos.
¿Sobre mí y Harry? – Preguntó Hermione con los ojos abiertos exageradamente - ¿Sobre mí CON Harry? – inquirió otra vez.
Lo sé. – dijo Ron, ahora mirándola – Un poco estúpido, ¿no? – preguntó con una tímida media sonrisa
¡Mega estúpido, Ronald! – alzó la voz la castaña – ¿Por eso te fuiste? ¿Porque creías que algo pasaba entre Harry y yo?- Hermione parecía a punto de golpearlo. Ron se alejó un poco de ella.
No vuelvas a enfadarte conmigo, por favor. – le dijo mirándola con ojos de cachorro mojado y extendiendo las palmas de las manos frente a su rostro en señal de inocencia – Sé que es una locura, pero ese maldito relicario seguía sugiriéndome pensamientos oscuros y…
No eras el único que llevaba el relicario, Ron. Y ni Harry ni yo decidimos abandonar – lo acusó con enojo, era evidente que seguía enojada. La palabra "abandonar" pesó en los oídos del pelirrojo como una acusación excesivamente violenta, acertada, pero violenta.
No me estoy justificando, Hermione. Sólo te estoy explicando lo que sentí. Tú no entiendes lo que se siente, siempre eres la primera en todo. – Ron había engranado y ahora también alzaba la voz – Tu no podrías entender lo que significa ser el último en tu familia, el segundo entre tus amigos, el menos inteligente, el menos valiente, el menos todo… - estaba poniéndose cada vez más colorado y movía las manos con exageración. Hermione había abandonado su cara de enojo y ahora miraba a Ron con profunda pena y un dejo de arrepentimiento
Ron…
Y yo – siguió sin dejarla hablar – creía que entre tú y yo había una conexión especial. Que nos entendíamos sin hablarnos. Que, de alguna forma, era distinto que con Harry. Y… - se detuvo de golpe y suspiró. Bajó el volumen, luego el tono, finalmente la vista y, con el espíritu enroscado hacia adentro, dijo – y creer que hasta tú lo preferías a él fue horrible.
Se quedó callado, con las manos enroscadas en puños herméticos apoyadas sobre sus rodillas y la cabeza gacha, consciente de haber confesado algo que sólo Harry conocía. Se quedaron en silencio, Hermione lo miraba con ojos húmedos y Ron no alzaba la cabeza. Ella tragó saliva para desarmar el nudo que se había armado en su garganta y, casi temblando, estiró su mano para apoyarla en la de Ron. Ante el contacto, el chico ablandó la tensión en sus manos y Hermione le envolvió la mano con fuerza.
Ron. Tú nunca estuviste en segundo lugar. – le dijo suavemente. El pelirrojo alzó la vista y la clavó en sus ojos – No para mí. – dijo con una tímida sonrisa. Ron soltó el aire que hacía rato contenía en los pulmones y le sonrió apenitas con la comisura de los labios. Ella siguió hablando.- Quizás ese entendimiento que teníamos sin hablarnos no servía para contarnos estas cosas. Quizás si las hubiésemos hablado antes hoy no estaríamos teniendo esta conversación.
Y nunca te hubiera abandonado – dijo Ron acercándose a ella y apretando cariñosa e inconscientemente su mano
Y no habría tiempo perdido que recuperar – Dijo ella, acercándose también, sonriendo de lado con picardía. Ron rió cristalinamente y se acercó aún más.
Hermione bajó la vista a sus manos unidas y entrelazó sus dedos con los de Ron. Luego miró los ojos azules del pelirrojo y cerró los ojos lentamente. Ron alzó su mano libre y le acarició la mejilla izquierda, suspiró suavemente y, acercándose más a ella, cerró los ojos también. Podía sentirla respirar sobre su piel…
Lo sé, lo sé es tarde. No me golp… - Harry había abierto la puerta sin tocar y, sabiendo que su amigo lo esperaría despierto, comenzaba su alegato de defensa sin siquiera mirar adentro. Encontrando a sus amigos a punto de besarse, interrumpió su frase y los miraba con los ojos bien abiertos, en una mezcla de /¡Cómo los vengo a encontrar!/ y /Lo siento mucho, de verdad…/.
Para sorpresa del moreno, su amigo no parecía enojado ni avergonzado, sino que quien lo miraba con furia contenida era Hermione, que arrugaba tanto el ceño que parecía tener una sola y larga ceja sobre los ojos. Ron, en cambio, miró de pies a cabeza a Harry y luego consultó su reloj. Ahora sí, con una mirada de profundo enojo, miró a Harry:
¡Son las cuatro de la mañana! ¿Quién te crees que eres para traer a Ginny a esta hora?
Hermione lo miró, sorprendida, y casi ofendida, de que no esté enojado por semejante interrupción, y en un gesto de /¡no tiene remedio!/ se tapó la cara con una mano, negando con la cabeza.
[…]
¡Ron, no es tiempo de sentirse solo ahora! ¡Tenemos que sacarla de allí! – Harry lo sacudió de golpe y lo hizo regresar a la realidad. Lo miró fijo a los ojos y luego reparó en que el desagradable hombrecillo ya estaba liberado y seguía leyendo su revista, echando de vez en cuando vistazos hacia ellos.
Se sentía desdichado. Ella le había prometido regresar junto a él, y él había proyectado un futuro cercano con ella. Pero ahí estaba ella diciéndole a gente desagradable que sus padres eran "Lo que más le importaba en el mundo". Sin embargo, él la quería. Y la quería como a nadie. Respiró hondo y se paró frente a Harry, totalmente compuesto de su golpe. Antes de hablar, miró con furia Borgin y luego dijo
Muy bien… ¿Cómo ingresamos? ¿Conoces algún hechizo que podría haber usado ella? – le preguntó con serenidad.
No – Respondió rotundamente el moreno
¿Y cómo sugieres que averigüemos qué hechizos son?- le preguntó. Harry arrugó la nariz antes de responder:
No sé tú, compañero, pero yo sólo conozco una persona que haya arreglado uno de ésos alguna vez
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