John POV
Estaba recostado sobre mi cama. Era de noche y llevaba encerrado ahí un par de horas ya que seguía vigente mi castigo. Ya los demás se encontraban dormidos, pero yo jugaba con mi encendedor en la oscuridad. Mi cabeza daba vueltas sobre mi conversación con el Profesor Xavier, había pasado una semana desde ella. Me estaba embargando una sensación extraña. No quería admitir que era culpa o tristeza. Ella no se merecía que sintiera eso... pero... quizás yo necesitaba cerrar una etapa o algo así, quizás necesitara decir adiós o un vete al diablo.
Me puse de pie en la oscuridad y abrí mi closet para vestirme. Un pijama no era ropa para hacer un viaje. Me cambié sin encender la luz, sería sospechoso hacerlo a esas horas y no quería llamar la atención de nadie. Encendía mi encendedor de vez en cuando para aclarar mi visión que se desorientaba. Tomé mi mochila negra (Jean grey me la había regresado el día anterior con una advertencia) sin saber qué metería en ella, así que seguí mi instinto... por así decirlo: metí las cervezas que me quedaban. Debería recordar reabastecer el escondite. Luego metí un cobertor, mis pocos ahorros y giré mi vista de lado a lado por el cuarto, buscando algo más, no sabía qué era, pero sentía que me faltaba algo. Luego, ahí las vi, amontonadas en toda mi habitación, de varias formas y colores. Tomé algunas y las metí dentro. Luego saqué un trozo de papel y una pluma, debía escribirle una nota a Tabitha. Ya que de vez en cuando uno de los dos se escabullía a la habitación del otro para dormir juntos y no quería que se asustara por no encontrarme, terminaría delatándome. Además yo presentía, que esa noche, ella vendría.
Y sí, era una de esas estupideces de débiles mentales que están enamorados, de las que siempre me burlé. Digan algo y los quemo.
Dejé la nota sobre mi almohada y me dispuse a salir por la puerta. Tras ella apareció una figura, luego de eso, todo pasó en un segundo: di un paso hacia atrás, poniéndome en guardia, prendí mi encendedor, llevando dos lenguas de fuego a mis manos, dejándolas en alto, listo para atacar. La figura frente a mi reprodujo mis movimientos, solo que en sus manos aparecieron dos bolas de energía blancas, que iluminaron su rostro, un rostro femenino de rasgos finos, ojos azules y corto cabello rubio. Era hermosa.
—¿Boom boom? —susurré. Ella río bajo.
—Sí, idiota ¿Quién más vendría a verte por la noche? —Apagó las bombas, lo que me entristeció un poco, al arrebatarme la belleza que mis ojos disfrutaban—. Sé que siempre digo que eres sexy, pero no deberías confiar tanto en mi buen gusto —bromeaba con cierta malicia—¿A dónde vas? —Frunció el entrecejo al ver la mochila que colgaba de mi hombro.
Apagué las llamas de mis manos. Me había atrapado en plena huída.
—Nada importante.
—¡John! —Me dio un puñetazo en el hombro.
—¡Oye!—Me quejé bajito. Golpeaba duro—. No debí enseñarte a pelear.
—Cierra la boca. Tú no me enseñaste nada. Ahora dime: ¿A dónde vas? —sonaba molesta a pesar de que solo eran murmullos.
—Iba a dar un pequeño viajecito en moto —confesé con cierta picardía en mi voz. Ya me había atrapado de cualquier forma. Podía volverlo una escapada con la chica que amaba. No podía ser malo recibir apoyo de ella en esto.
—¿Sólo?
—Claro que no. Iba a buscarte —mentí.
—¡Oh, cállate! Sería estúpido deambular por la mansión de noche. Te atraparían antes de que llegaras al garaje —me acusó.
Sonreí por sus palabras, mientras jugaba con mi encendedor. Su mente era brillante y malévola.
—El peligro lo hace más atractivo. —La tomé de la cintura, acercándola a mí. Sentía la tela del baby doll negro bajo mis dedos. Imaginaba su aspecto. Era simplemente irresistible. Lamentaba que debajo llevara un pequeño short negro, aunque no se veía, ni duraba mucho en ella cuando entraba a mi cuarto.
—Cállate. —Me empujó con ambas manos, golpeando el pecho—. Dame mi ropa, y larguémonos.
Traté de recobrar la compostura buscando una muda de ropa que solía dejar en mi closet. Era por si acaso se quedaba dormida en la mañana. No podía andar por ahí en pijama. Hacer travesuras era una cosa, pero aumentar la vigilancia fuera de nuestros cuartos por la noche, era algo que no estábamos dispuestos a arriesgar. Las visitas nocturnas eran algo nuestro y no queríamos perderlas. Inclusive en su habitación había una muda mía también.
Cuando se vistió, nos besamos antes de salir. Era una especie de tradición antes de hacer una travesura juntos. Nos deseábamos suerte.
Caminamos de puntillas por el corredor, no había otra opción para llegar al garaje. Yo llevaba una figura similar a una serpiente de fuego bailando por el suelo para iluminarnos lo suficiente, tratando de evitar un tropiezo que haga alboroto. Solo una tenue luz nos iluminaba el camino, nadie sospecharía. La apagué cuando pude divisar la puerta del garaje. Abrí lentamente. Pero la luz del lugar se encendió de repente, haciéndome contener la respiración y prender mi encendedor, tomando a Tabitha por la cintura para acercarla a mí. Trataba de protegerla, aunque ella no lo necesitara. Ya había encendido una bomba en su mano derecha.
No había motivos para que alguien de la mansión estuviera ahí, debía tratarse de un intruso.
Unas risitas llamaron mi atención. Y ahí pude divisar dos figuras.
—¿Hoy no nos invitan? —preguntó una voz masculina.
—¿Qué diablos…? —blasfemé molesto.
Nota: Chan, chan, chaaaaannn … ¿Quiénes serán? ¿Doy asco con el suspenso? Háganmelo saber en reviews, sería muy tierno de su parte (?. Be free, be happy.
