CAPITULO X
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Referencias:
- Diálogos -
"Citas"
/Pensamientos/
Redacción
[…] Flash Back […]
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CAPITULO X
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Transitaron el Callejón Diagon en silencio, a paso firme y serio. Draco iba unos centímetros más adelante, como si no quisiera demostrar que caminaba acompañado de sus históricos enemigos. Harry iba al medio, su mirada era vacilante y su paso cada vez se hacía más lento. Ron, a su izquierda, lo miraba de reojo sin comprender a qué se debía el radical cambio de actitud en su amigo, ¿se habría arrepentido de hacer a Draco Malfoy parte de aquella tarea?
El edificio cerrado y polvoriento de "Sortilegios Wasley" se alzaba en la esquina de una curva, en el lugar más vistoso (y ahora menos cuidado) del callejón. Al verlo, Ron comenzó a oscurecer el ceño con tristeza, pero lo endureció con furia cuando el rubio que los acompañaba giró su petulante barbilla para mirarlo sugerentemente. Ron estaba a punto de defenderse con un comentario antes de que Malfoy pudiera decir algo ácido, pero Harry se frenó de golpe y comenzó a hablar. Draco se volvió a escucharlo con fastidio.
- Bueno, - dijo el moreno relajadamente: su debate interno había terminado - es aquí donde yo los dejo…- Ron no pudo esconder su sorpresa y desacuerdo. Levantó las cejas, abriendo los ojos tanto que parecía que iban a desprenderse de sus cuencas, y se acercó a Harry.
- ¿Cómo que aquí nos dejas? Tú eres el cerebro del grupo ¿Qué se supone que haga yo ahora? -Ron le hablaba casi susurrando, esperando que Malfoy no escuchara el descontento que manifestaba ante la idea de quedarse con él como única compañía. No es que le interesara esconder su desagrado hacia el rubio, simplemente no quería mostrar ningún signo de debilidad. A sus espaldas, pudo escuchar el comentario de Draco.
- ¡Oh, genial! -dijo con sarcasmo - no sólo debo rescatar a Granger, sino que llevo al inútil del novio para torturarme mientras tanto -cruzaba sus brazos sobre su pecho y estiraba su figura con altivez. Ron, por un segundo, se sintió indigno. Prefirió tener que estudiar toda una biblioteca de artes oscuras antes de seguir compartiendo el aire con Draco Malfoy.
Apretó los puños dentro de los bolsillos de su túnica. Tenía razones de sobra para dejarlo cubierto de moretones, pero lo necesitaba para salvar a Hermione. Arrugando las cejas lo miró desafiante para luego volverse hacia Harry. El moreno clavó sus ojos verdes en él y habló con voz pausada y susurrante
- Amigo, esto es algo que debes hacer tú solo. -le dijo con una mirada profunda - Ella está allí, ya la hemos encontrado. Eres tú quien debe rescatarla -y, luego de decir eso, estiró hacia un lado sus labios en una media sonrisa y le guiñó un ojo. A Ron se le colorearon las orejas y bajó la mirada.
No dijo nada más. Ni a Harry, ni a Draco. Sino que se limitó a girar sobre sus talones y, a paso lento aunque decidido, encaminarse hacia el Callejón Knockturn, ignorando la desolada tienda de sus hermanos, la mirada sugerente de Harry y el gesto suspicaz de Malfoy que, encogiéndose de hombros con fastidio, comenzó a seguirlo hacia la dirección de Borgin & Burkes. Escuchó el sonido de la desaparición de Harry a sus espaldas. Imaginándoselo corriendo hacia los brazos de Ginny, dijo para sus adentros, sin entender por qué se sentía enojado: /Maldito Potter/.
. . .
El extraño y desagradable vendedor seguía examinando su vieja revista sobre el escritorio. Mientras ellos pasaban frente a la vidriera, el hombre no se inmutó. Ron lo vio bostezar de una manera desagradable y se imaginó incrustándole en la garganta un bollo de papel hecho con la hoja más sana del excesivamente añejo ejemplar. Una extraña sensación de satisfacción le descendió por la garganta hasta la boca del estómago.
Él nunca había sido así. Disfrutar de las debilidades ajenas no le resultaba nada divertido, sobre todo porque se conocía a sí mismo como foco de esas burlas en numerosas ocasiones. Y sin embargo, sentía que una asquerosa víbora se le enredaba en la fibra del corazón y esparcía su veneno por vía sanguínea. Antes de llegar a la entrada, al otro extremo de la vidriera, miró su reflejo caminar por ese tramo del callejón: Ron Weasley no se sentía bien consigo mismo. Su hermano había muerto y se sentía responsable por su familia a la cual no estaba acompañando. Su mejor amigo lo había dejado solo, o mejor dicho, con el peor de sus compañeros de colegio, y se había ido a su casa, a disfrutar de su familia. Y, para mayor, su chica se había perdido, le había mentido y acababa de enterarse de que no lo quería como él a ella.
Y aún así, él la quería. Y la quería tanto que le asustaba. Allí estaba él, rescatándola... y a ese punto, ya no sabía muy bien si para gastarla a besos hasta enamorarla del todo, o para mirarla a los ojos hasta descifrar qué era lo que ella realmente sentía.
Ese sentirse miserable lo había acompañado a lo largo de su vida, pero le sorprendió reconocer que, en otra ocasión, hubiera bajado la cabeza con el rostro sonrojado, o cometido alguna estupidez; sin embargo, en ese momento, sólo lo invadía una rabia que se acumulaba en sus puños y en sus carrillos, haciendo temblar de vigor a la víbora de sus entrañas. Se volvió frente al ingreso del local y, como si fuese un carcelero guiando a un preso, hizo un brusco movimiento de cabeza indicando a Draco que ingresara.
- Tú primero -le dijo violentamente. Malfoy se frenó en seco y miró hacia su derecha al local del Sr. Borgin. Con una mirada que mezclaba incredulidad y superioridad, miró a Ron mientras señalaba con el índice a través de la vidriera.
- ¿Ése es el armario que quieres restaurar, Weasley? ¿El que llega a Hogwarts? -y luego empezó a reír con ganas. Ron no modificó su gesto, y esperó que Draco terminara de reír y siguiera hablando - ¿Eres bobo o qué? El mellizo de este armario evanescente fue destruido, Weasley. Tú estuviste allí. No existe posibilidad de ingresar a Hogwarts por ahí. Tu noviecita debería saberlo... Deja de hacerme perder el tiempo. -Y, dándose media vuelta, comenzó a alejarse con tranquilidad y satisfacción.
Ron no pudo ver el rostro de sorpresa de Malfoy cuando lo agarró con violencia por el cuello de la túnica, pero le hubiese fascinado. Lo giró hacia sí y le espetó con severa vehemencia - Sé que ella no está en Hogwarts. Está atrapada entre los dos portales, necesito que arregles éste para que pueda entrar y sacarla de ahí -luego lo soltó con violencia y dio media vuelta hacia el ingreso del local - Andando -dijo, y sin mirarlo, entró con seguridad.
A su derecha, el vendedor levantó la vista con desinterés pero, a diferencia de la primera visita que hicieron con Harry, no la devolvió inmediatamente a la lectura, sino que sonrió de lado con diversión y habló, enderezándose en el escritorio.
- ¡Rojito! Has vuelto por tu chica - espetó, con ironizada alegría - ¿Y dónde está tu amigo? -el vendedor miró a Ron, que no se molestó en responder, y comenzó a buscar con la mirada a Harry. Su sorpresa fue mayúscula al ver la figura de Draco Malfoy que, enderezándose la túnica por el cuello, ingresaba a su local detrás del pelirrojo - Señor Malfoy -dijo con respetuosa extrañeza - Qué sorpresa encontrarlo aquí nuevamente -miró a Ron con curiosidad y preguntó señalándolo con la mirada- ¿Viene con el señor?
Draco respiró con fastidio y miró a Ron reticentemente. Éste permanecía erguido mirando directamente al armario evanescente, dándole la espalda, como esperando que el rubio resuelva todo. Malfoy se volvió hacia el vendedor y, como si fuese un niño repitiendo de memoria una fastidiosa lección, le dijo - Borgin, necesito que dejes el local por unas horas. Tenemos que trabajar en ese armario. -dijo, sin mirar ni señalar al mueble.
Borgin abrió los ojos sorprendido y, luego de asentir y cerrar la revista con cuidado, comenzó a acomodar el polvoriento escritorio y retirarse lentamente - No sabía que la linda chica era su amiga. -Dijo, sonriendo de lado -Bueno, espero que la liberen así vuelvo a verla… -terminó, buscando la reacción de Ron que seguía de espaldas. El pelirrojo sintió que la ira se le escapaba por los poros, pero siguió ignorándolo. Finalmente, el hombrecillo se perdió por el callejón, luego de ayudar a Malfoy a cerrar las cortinas.
Aún mirando hacia la dirección de la calle, y luego de ponerle llave a la puerta, Draco dijo para sí con fastidio -"Linda chica"… lo que hay que oír… -luego se dio vuelta y le sorprendió casi chocarse con la barbilla de Ron, que se había vuelto hacia él en silencio y lo esperaba firme como un roble a sus espaldas - Bien, comadreja, ¿ahora qué…? -Preguntó, esquivando su mirada encendida y bordeándolo para alejarse de él.
- Tú sabrás. Has tu gracia -le dijo el pelirrojo, con la voz empapada en enojo, pero en un ritmo extrañamente pausado y sereno. Draco alzó las cejas con sarcasmo y, volteando rápidamente de manera teatral, se dirigió con la varita en alto hacia el armario evanescente. Ron lo vio deslizarse por el corto pasillo y se desinfló, dejando que el enojo se transforme en una angustia que le relajó de golpe los músculos y le hizo cerrar los ojos. La víbora venenosa en su interior seguía retorciéndole las entrañas.
. . .
A la una del mediodía Ron había abandonado su pose guerrera y se paseaba con impaciencia y preocupación a lo largo del pasillo. Por su parte, Draco se había deshecho de la pesada túnica negra y, todavía sin conseguir ningún resultado, continuaba probando hechizos desconocidos para abrir el pasadizo. A Ron le sorprendió la perseverancia del Slytherin, sobre todo porque se trataba de salvar a nadie menos que a Hermione. Pero al parecer el orgullo de un Malfoy es difícil de doblegar, y Draco no podía permitirse errar frente a Ronald Weasley.
El pelirrojo, por su parte, había separado todos los libros de magia negra que había encontrado en el local y los ojeaba con desesperación en busca de otro hechizo que consiguiera abrir el portal. Pero su improductividad lo estaba poniendo nervioso y, lo único que conseguía hacer, era hostigar a Draco preguntándole sobre diferentes hechizos que encontraba sueltos por ahí. Finalmente, lo absurdo pareció lo más lógico y, jugando su última carta, preguntó a su compañero.
- ¿Probaste con Alohomora? -Estaba en el suelo, rodeado de libros, cubierto de polvillo y con el cabello revuelto. Miraba hacia arriba, en dirección al rubio que seguía de pié intentando penetrar la barrera del armario. Draco tardó unos segundos en darse vuelta para responder y, cuando lo hizo, miró a Ron con una expresión más cargada de desconcierto que de soberbia.
- Realmente no sé cómo has hecho para terminar con esa sabelotodo, Weasley -con la palma de la mano se golpeó la frente, simbolizando lo estúpido del comentario, y sin explicar más, se volvió a su tarea con fastidio.
Ron no supo bien si le dolía más el orgullo por haber hecho semejante comentario frente a un imbécil como Draco Malfoy, o el corazón por el hecho de que, ese mismo sujeto desagradable, haya señalado que él era muy poco para Hermione. ¡Vaya si eso era algo que había sentido! Sus miedos habían desaparecido lentamente luego de la batalla pero, en los últimos días, estaban renaciendo con intensidad inusitada. Primero sintió una profunda angustia, pero segundos más tarde, el monstruo en su interior reapareció con la fuerza de una estampida. Decidido a servir de algo, y guiado por el vacío de su estómago, se paró con pesadez y salió a buscar algo para almorzar.
. . .
Eran las cuatro de la tarde cuando Draco bajó los brazos. Suspirando agotado se sentó, casi arrojándose en el suelo, y con el fino cabello rubio despeinado y el rostro más pálido de lo normal, miró a Ron, aun conservando su tono altanero y petulante.
- Es inútil. Tendrá que quedarse encerrada para siempre -le dijo, dejando rodar la varita por el suelo y apoyándose contra la pared con los ojos cerrados. Ron sintió tantas ganas de golpearlo que se le hizo difícil ignorar sus instintos. Se mantuvo unos segundos mirándolo con profundo odio, luego suspiró y, casi sin quererlo del todo, estiró el brazo y le lanzó un paquete de comida que cayó golpeando el costado interno de la pantorrilla izquierda del rubio. Ante el golpe, Malfoy abrió los ojos.
Por un segundo, la presunción desapareció del pálido rostro, pero al instante pareció darse cuenta porque volvió a arrugar el ceño y preguntó agresivamente.
- ¿Y qué se supone que es esto? -inquirió, alzando el paquete en una mano y mirándolo con desconfianza. Ron le dirigió una dura mirada antes de responder.
- Eso - dijo, señalando el paquete - es tu almuerzo. Es lo mismo que acabo de comer. Te aviso, por si quieres dejarlo y morir de hambre, antes que comer "lo mismo que un Weasley" -terminó, remedando la frase que Draco había dicho anteriormente y, con una sonrisa sarcástica, volvió a enfrascarse en la lectura de uno de los tantos libros que había encontrado.
Draco sonrió, era obvio que no de agradecimiento: disfrutaba saber que Ron recordaba aquel comentario hiriente. Sin embargo, no dijo nada y, en profundo silencio, desenvolvió su almuerzo y lo comió con la misma puntillosidad de un lord inglés. Durante un rato se ignoraron mutuamente hasta que, para sorpresa de Ron, Malfoy volvió a levantarse. Suspirando y arremangándose la camisa, volvió a abrir el armario y siguió intentando combinaciones de hechizos irrepetibles.
Dentro de su profundo enojo y aversión hacia el slytherin, Ron sonrió para sus adentros. Pensaba que, a las cuatro de la tarde y sin avances, ya se encontraría solo tratando de penetrar el armario con hechizos improvisados y resultados catastróficos. Imaginó que, en momentos como ése, la persona indicada a quien llamar sería Hermione. Qué ironía que ella se encontrara del otro lado de semejante desafío, ignorante de la perseverancia y el esfuerzo que él ponía en rescatarla.
Con un dejo de angustia en la base de la garganta, se restregó los ojos y siguió leyendo, ya sin comprender una palabra de lo que el libro decía.
. . .
- ¡Es inútil! -Draco se arrojaba al suelo por tercera vez en la tarde, pero ésta vez tenía el inconfundible tono de la resignación - Esta cosa es impenetrable. Ella debió haberlo sellado o algo por el estilo... Ni siquiera el viejo Dumbledore sería capaz de abrir esto -Draco hablaba más para sí que para Ron y había olvidado poner su posturita. Respiraba con pesadez y se miraba las manos llenas de polvillo.
Ron alzó la cabeza para mirarlo - ¿Dumbledore?-dijo con el ceño fruncido. Draco levantó la vista sin comprender la intervención del pelirrojo. Ron se metió una mano en el bolsillo, sacando el desiluminador. Lo observó unos segundos, reposando en su palma estirada, y dijo con resignación - ni siquiera él me ayudaría en este momento- suspiró y se pasó la mano por la cabeza despeinándose con impotencia. Malfoy arrugó el ceño.
- No te pongas sentimental conmigo, Weasley… -Malfoy volvió a enderezarse, adoptando la soberbia que había abandonado y, arrugando la nariz, agregó mirando curioso el desiluminador - Que mi madre me haya prácticamente obligado a acompañarte, no significa que te esté haciendo un favor, ni que de repente me caigas bien. Sigues pareciéndome un pobre tipo y sólo hago esto con la esperanza de no tener que cruzarme contigo de nuevo -a Ron no le sorprendió la falta de filtro con la que Draco decía cosas hirientes, pero su desgano había alcanzado hasta sus ganas de replicar. Miró a su acompañante con desinterés y, como sin quererlo, accionó el desiluminador.
El negocio quedó significativamente a oscuras. El sol estaba prácticamente oculto y el aumento de las sombras hacían que Borgin & Burkes tuviese el aspecto de una casa tenebrosa. La casi imperceptible luminosidad que ingresaba por los bordes de la vidriera golpeaba las siluetas de los más insólitos objetos. Draco comenzó a moverse inquietamente.
- ¿A qué se supone que estás jugando? -preguntó. Con la voz imperceptiblemente aguda. Ron volvió a accionar el desiluminador y la luz volvió a derramarse por el local. El rubio lo miraba con el ceño fruncido y, señalando el objeto con un movimiento de cabeza, dijo - ¿Te diviertes? ¿Cómo se supone que esa cosa va a ayudarte si te tragas la luz, imbécil? -Ron levantó las cejas, como advirtiendo particularmente el insulto.
- Esto -dijo con agresivo orgullo - es lo que siempre me ayuda a encontrarla. La luz me lleva donde está ella…- y, bajando el tono y la vista, agregó - es sólo que ahora no funciona… -Draco lo miraba casi con asco, miró a Ron unos segundos y luego dijo burlonamente.
- Oh, pobrecito niño cursi, no puede encontrar a su novia… -
- ¡No soy cursi, imbécil! -lo interrumpió con violencia, y agregó en un susurro - … y ella no es mi novia...
- ¿Que no es tu novia? -Draco tenía los ojos bien abiertos y una mueca de sorpresa deformaba su sonrisa burlona - ¿Estás haciendo todo esto para rescatar a alguien a quien ni siquiera tienes derecho a besar? -Ron lo miró ofendido - Naah, tú sí que has ido demasiado lejos… y yo que creía que ya le habías jurado amor eterno -dijo, casi riéndose, y juntando las manos en un gesto típico de una adolescente soñadora.
Ron apretó el desiluminador en un puño, miró a Malfoy con el ceño profundamente fruncido, y cerró los ojos con fuerza.
[…]
La sala común de Gryffindor se hallaba sorprendentemente en pié. Varios cuadros y adornos estaban desperdigados por el piso y algunas paredes estaban saltadas por los temblores que las explosiones de la batalla habían provocado. La señora gorda había desaparecido, dejando el ingreso sin custodio. El ambiente olía a quemado y óxido, y el aire se respiraba turbio y pesado.
Habían pasado las últimas cinco horas reconstruyendo y acomodando lo que podían en el castillo. Ron acababa de acompañar a su familia, junto con la de las demás víctimas de la batalla, a colocar el cuerpo de Fred dentro de uno de los cajones que habían dispuesto para los héroes caídos. Había llorado poco y hablado aún menos. Finalmente, aprovechando el momento en el que nadie le prestaba atención, había desaparecido escaleras arriba, a refugiarse en la familiaridad de su antigua sala común. Sentado en el viejo y polvoriento sillón de dos plazas, suspiraba con exagerada frecuencia mientras miraba fijamente la chimenea vacía.
- Ah, aquí estás -La aliviada voz de Hermione sonó a sus espaldas, él sonrió apenas, sin volverse. - Te estaba buscando -La castaña dio la vuelta al sillón y, sentándose lo más alejada que pudo de él, lo miró con dolor - Es absurdo preguntarte cómo estás, ¿cierto? - Ron aún no se volvía a mirarla. Ante este último comentario, sonrió con ironía y bufó suavemente. Hermione bajó la cabeza y habló muy despacio - ¿Necesitas estar solo, verdad? -le preguntó, jugando con sus manos nerviosamente y mirándolo con timidez, sin levantar el rostro.
Ron se volvió levemente sorprendido y, al verla indefensa y retraída frente a él, ablandó su gesto indescifrable y la miró con ternura. Todavía en silencio, negó lentamente con la cabeza y estiró apenas sus brazos para invitarla a acercarse más.
Hermione no lo dudó: se aproximó de golpe y se lanzó a su pecho, llorando con desconsuelo - Oh, Ron… -decía, mientras él le acariciaba los cabellos y seguía mirando al infinito - yo pensaba que algo así sucedería, pero nunca me imaginé esto… yo… -pero no pudo terminar de hablar, porque el llanto le invadió la garganta. Ron parecía aún ausente y seguía acariciándole el pelo con una parsimonia mecánica. - Oh, Ron… lo siento. Debería ser yo quien esté consolándote… -dijo Hermione, levantando la cabeza sobre su pecho, buscándole la mirada. Ron pareció percibir de manera especial este último comentario, porque sonrió tristemente de lado y bajó la vista para encontrarse con la suya, empapada.
- Yo estoy bien… -le dijo, perdiéndose en el café de su mirada - estoy bien -repitió. Y, cerrando los ojos, apoyó su mejilla en la frente de la castaña.
Hermione bajó la cabeza, cerrando los párpados también ella y, envolviéndole el torso con los brazos, le dijo con infinita suavidad - No te cierres así conmigo, Ron… Háblame… Dime qué sientes -Parecía que ella se estaba quedando dormida, así que el pelirrojo decidió ignorar su pregunta. No respondió, ni se movió, pero seguía acariciando el abultado cabello. Las manos de Hermione se movieron en su espalda, acariciándolo casi con temor, en un perceptible símbolo que indicaba que estaba esperando su respuesta. Sin abrir los ojos, Ron se encogió de hombros.
- Nada… -dijo, y luego suspiró - no siento absolutamente nada... -
Los brazos de Hermione lo apretaron en un intento de consuelo, pero no pasó mucho tiempo hasta que ella comenzó a sacudirse en un silencioso pero imparable llanto. Ron no emitió palabra, simplemente llevó su mano hasta su mejilla y, tanteando los húmedos ojos, comenzó a secar asiduamente las lágrimas, que no paraban de resbalar por sus largas pestañas. Luego de unos segundos, Hermione tomó la masculina mano con la suya y, apretándola con fuerza, la besó y la envolvió con su brazo contra su pecho, como quien abraza a un oso de felpa. Hundiéndose más en el cuerpo de Ron, siguió con su profundo llanto.
Ante este gesto tan infantil, Ron abrió los ojos y le miró el rostro. Hermione apretaba los ojos con fuerza mientras las lágrimas seguían escapándosele. Su rostro estaba arrugado en una mueca de miedo y dolor, y se apoyaba sobre su brazo y su pecho, como buscando refugio en una noche de furiosa y helada tormenta. Ella lo conmovió hasta la médula.
- Hey… -la llamó suavemente - todo está bien. Yo estoy aquí contigo -le dijo con ternura y suavidad. Hermione pareció relajarse un segundo y, suspirando profundamente, abrió los ojos, encontrándose con los azules de él.
- Estás aquí conmigo… -le dijo, y acurrucó su rostro en el pecoso brazo, que todavía abrazaba con firmeza. -estás aquí conmigo… -repitió y volvió a cerrar los ojos y apoyarse en su pecho. Su respiración se hizo casi imperceptible, y su voz también, a medida que iba quedándose dormida - estás conmigo -dijo en un último susurro.
Ron la miró entregarse al sueño y sonrió con tristeza. Volvió a apoyar su mejilla sobre la frente de la castaña y se dejó caer con suavidad hasta quedar semi recostado sobre el apoyabrazos del sillón. Hermione dormía profundamente en su pecho, transmitiéndole con su cuerpo una sedosa calidez que le llegaba hasta el alma. Sintiendo que el ácido punzante de la boca de su estómago desaparecía lentamente, reemplazado por un cálido cosquilleo imperceptible, Ron se dejó dormir también, aferrando a Hermione con protectora posesión.
/¡Weasley! ¡Hey, Weasley!…/
/¿Estás ahí? Comadreja, ¿me oyes?/
/¡Rooooooooo…
[…]
- …naaaaaaald! -El grito de Draco lo sacó de su profundo ensimismamiento. Por un momento creyó que se había quedado dormido. Su compañero lo zarandeaba con violencia, amarrándolo por la túnica.
Listo. Había decidido golpearlo: sacarlo de los lugares más cálidos de su memoria era una de las peores cosas que alguien podía hacerle a Ronald Weasley, y que Draco Malfoy lo haga era la gota que rebalsaba el vaso de su paciencia. Apretó con fuerza el puño en su costado y estaba a punto de enterrárselo en la cara (aunque eso signifique desatar una pelea que podía destruir todo Borgin & Burkes), cuando la oyó:
- Ron… -Por un momento pensó que seguía recordando somnolientamente, pero la reacción de Draco le hizo entender que no era así.
- ¡Hasta que despiertas! ¿Cómo puedes dormirte en cualquier lado? Es desagradable… -Draco lo había soltado y se sacudía las manos mirándolo desde arriba con cara de desprecio…
- Ron…
- De cualquier manera -Dijo Draco sin dejarlo hablar - no sé que le has hecho a eso, pero no para de repetir tu nombre… deberías responderle…-hablaba con sutil violencia, y señalaba el desiluminador con desconfiada extrañeza.
- ¡Hermione! -Dijo Ron, cuando comprendió al fin qué estaba sucediendo. Casi se le resbala de las manos cuando asió el aparato con fuerza para accionarlo. Lo miró una fracción de segundo…
- Ron… -el aludido sonrió suavemente y accionó el desiluminador. La pequeña bola de luz salió desprendida de la boquilla y viajó con seguridad hacia el interior del armario evanescente. Se detuvo suspendida en el interior de éste, como esperándolo.
- ¿Qué cuernos está sucediendo? -Draco no entendía nada, miraba alternativamente a la luz flotante y a Ron, que ya estaba erguido y se acomodaba la túnica con presteza.
- Sucede que voy a entrar -le dijo el pelirrojo sin mirarlo - Tú espérame aquí… te necesitaré para volver -le dijo, ahora levantando la vista. Draco le sostenía la mirada sin creer que Ron le estaba dando indicaciones, pero no tenía tiempo que perder. Miró el desiluminador un segundo y una corazonada le hizo arriesgarse. Agarró el brazo de Malfoy y le puso el aparato en la mano, ante la increíblemente sorprendida mirada del rubio - Sostén esto ¡y no lo pierdas! -Le dijo. Le dio una palmada en el hombro, como si se tratara de un viejo amigo, y se encaminó dentro del armario.
- No pretenderás que te espere aquí, ¿verdad? -el rubio lo siguió hasta el ingreso del mueble, gritándole para llamar su atención. - ¡Weasley! ¿A dónde se supone que vas? -le preguntó con un violento alarido. Ron, de espaldas dentro del armario, se volvió a mirarlo con una radiante sonrisa. La pequeña bola de luz se metió lentamente en su pecho.
- Espérame aquí. -habló Ron con emoción, olvidando cualquier matiz de enemistad en su voz - No tardo. -le dijo y, luego de cerrar las puertas del armario, y sintiendo el calor de la bola de luz en su pecho, desapareció, oyendo los alaridos de Draco, que todavía gritaba su nombre.
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Ya se está terminando la historia
¡Espero comentarios!
