CAPITULO XI

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- Diálogos -

"Citas"

/Pensamientos/

Redacción

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CAPITULO XI

Abrió los ojos y se encontró en un espacio profundamente a oscuras. Se sorprendió al sentir con tanta intensidad la materia: hubiera supuesto que el pasadizo de un armario evanescente desintegraba lo concreto mientras lo transportaba de una esquina a otra del pasaje. Pero no, podía sentir cada célula de su cuerpo, porque le ardía. Ardía con tal intensidad que Ron le era posible percibir cómo se le desgarraban los poros de la piel en contacto con el aire caliente del derredor. Las gotas de sudor le poblaban la frente. Sin embargo, debajo de la piel, sentía frío.

Tomando aire con una profunda respiración, se puso en marcha. Agitó su varita y con un leve "lumos"tuvo una visión más clara de lo que lo rodeaba. Parecía estar en un laberinto hecho al azar de lava solidificada. El suelo que pisaba se resquebrajaba bajo sus pies, pero podía sentirlo más viscoso un par de metros bajo la superficie. La oscuridad era tan densa que la luz de su varita no le permitía ver más de un metro hacia adelante.

Le temblaban las manos, no supo si por temor o por ansiedad, y el movimiento hacía bailar la luz proyectada por la varita, lo que lo mareaba un poco. Avanzando lo más rápido posible, con la respiración agitada y agudizando al máximo la vista, Ron se perdía entre los pasillos buscando a Hermione. Tenía la garganta seca y petrificada, de otra manera hubiese gritado su nombre a todo pulmón. Por un momento no supo si había estado caminando en círculos o si el laberinto de roca ígnea era interminable; estaba comenzando a perder las esperanzas.

- ¡¿Quién anda ahí? -una voz aguda y temblorosa lo sacó de sus cavilaciones. Frente a él pudo ver la luminosidad de otra varita: temblaba más que la suya propia y la luz era más débil. Sin embargo no pudo más que entregarse a la esperanzada seguridad de que la única persona que podría encontrarse ahí con él no era otra sino Hermione.

Aún no podía hablar, pero fue como si una fuerza superior a él le hiciera mover las piernas con agilidad. Sabía que debería haberse anunciado antes de arrojarse a toda velocidad hacia la varita encendida, pero los músculos no le obedecían y sólo podía sentir su corazón golpeando en sus oídos.

Cuando llegó hasta su acompañante pudo verla con mayor nitidez. La luz proyectada le hacía brillar los ojos, pero Ron pudo intuir que estaban más opacos que de costumbre. El pelo desordenado y lleno de tierra, la cara manchada y surcada de lágrimas ya secas. La ropa arrugada y sucia. El semblante cansado y triste. Era ella. Era Hermione. Y, como siempre a los ojos de Ron, estaba hermosa.

La miró hondamente, no pudo saber durante cuántos segundos, y ella le sostuvo la mirada, aunque le temblaba casi imperceptiblemente. Cuando se cansó de leerle los ojos, de contar sus pestañas y ver destellar las lágrimas en la esquina de los párpados, sintió la profunda y desgarradora necesidad de tocarla, de sentirla, de saberla real. Con un paso y sin interrumpir el contacto visual, hizo desaparecer la distancia entre ellos hasta que la tuvo, todavía sosteniéndole la mirada tambaleante, a la altura de la barbilla. Ella no se movía.

Intentó sonreír y no pudo. La angustia comenzó a empaparle las entrañas desde la boca del estómago. Entrecerró los ojos y, casi involuntariamente, dejó ir un corto suspiro, que parecía una mezcla entre un sollozo y una imperceptible risa. Y así, derrotado, se dejó caer hasta ella y la envolvió fuertemente con los brazos. Ella, entonces, comenzó a temblar.

- Oh, Ron… -Dijo casi en un susurro. Él sintió cómo los músculos de Hermione se ablandaron de repente entre sus brazos y cómo, lentamente, ella guió sus manos alrededor de su torso, devolviéndole el abrazo débilmente. Escuchó cómo aspiraba las lágrimas en un llanto silencioso y liberador, sintió como los puños de ella se aferraban a su ropa en su espalda, acompañados de un temblor que denotaba que Hermione lloraba desconsoladamente.Las varitas estaban ahora apagadas, pero sus ojos se habían acostumbrado a la oscuridad.

- Hermione… - le dijo en un susurro, pero no pudo más que hacer eso, mientras seguía abrazándola. Ella lloró aún con más energía, hundiendo el rostro con fuerza en su pecho, todavía aferrándose a su remera con intensidad. -Hermione…-repitió, y consiguió dominar un poco su cuerpo, comenzando a acariciarle la espalda consoladoramente.

Se dejó ser entre sus brazos y sus lágrimas durante un tiempo. La percibió indefensa y necesitada de protección y se sintió importante, valioso. La agitada respiración de la castaña comenzó a regularizarse y sus sollozos amainaron lentamente. Él siguió acariciándola por unos minutos más, disfrutando sólo de ella, sólo él. Hermione no decía nada, se aferraba a él primero con desesperación y luego con posesivo y decidido cariño. Por un momento, Ron pensó que ella intentaba introducirlo dentro suyo, porque lo acercaba a su cuerpo con tanta fuerza, que parecía querer fusionarlos. Él era consciente de que ella podía sentir los desbocados golpes de su corazón, pero eso no le molestaba. Lo único que le pesaba en ese momento era no poder sentir los latidos del de ella. Dejó de acariciarle la espalda y aguardó un segundo. Entonces dijo con voz seca, aunque sin dejar de abrazarla.

- … me mentiste… -.No lo dijo en recriminación de nada. No lo dijo violentamente. Ni siquiera lo dijo con enojo. Fue la exposición de una verdad, revelada en un susurro cargado de dolor, manifestada con la solidez de una piedra que se desliza hacia el fondo de un lago, con lentitud y decisión. Suave, pero claro. Contundente.

Pudo sentir cómo ella volvía a tensarse entre sus brazos y supo que ya no era dueño de su paz. Por un segundo se maldijo por eso, pero ya no había barreras entre ellos, y él debía hacerle notar que la desilusión se le escapaba por los poros. Ella se separó de él con lentitud y lo miró a los ojos con detenimiento. Su vista ya no temblaba, pero todavía estaba húmeda. Hermione lo miró con una mezcla de profunda pena y ternura, y Ron tuvo que cerrar los ojos para no abrazarla otra vez.

- Lo sé -le dijo, y Ron apretó los puños, ahora colgando a los costados de su cuerpo - y lo siento…

- ¿Por qué? -le preguntó, aún con los ojos y los puños sellados con potencia.

- Porque estaba convencida de que ésta era mi batalla. Porque sabía que no sería fácil, que tardaría mucho tiempo en resolver este problema. Porque estaba segura de que debías quedarte con tu familia, que ésa era tu batalla.-hizo una pausa mientras comenzaba a liberar nuevas lágrimas, aunque ella no dejó de mirarlo a los ojos - Ron… no imaginas lo desesperante que fue fallar el hechizo rememorizador, a pesar de saber que debería estar preparada para que falle. No te he dicho todo lo que significa quitarle la memoria a mis padres... devolverla es más complicado de lo que te hice creer… -bajó la vista y respiró hondo - Cuando llegué a Londres pensé en ti… -dijo con profunda suavidad y volvió a mirarlo - me dije que mientras más rápido terminara con esto, más rápido volvería a verte -suspiró- Ya ves en qué lío me he metido… -se cubrió la cara con las manos y bajo la cabeza para llorar en silencio. Ron esperó hasta que ella se descubriese el rostro y, con tranquilidad pero aún con dolor, volvió a preguntar.

- ¿Por qué me dijiste que habías encontrado al mundo mágico de Australia? - él buscaba con sus ojos su mirada en la cara gacha de ella. Ante esta pregunta, Hermione alzó el rostro tan de golpe que a Ron le dio un vuelco el corazón.

- Yo nunca te dije eso, Ron… el mundo mágico en Australia es imposible de encontrar. Encontré una lechuza en una galería y te envié una carta apenas pude, pero hallé a mis padres antes de dar con el Ministerio -Hermione parecía sorprendida de que Ron le acusara de una falta que ella estaba segura de no haber cometido. Ante la sincera sorpresa de la castaña, él ablandó un poco el ceño.

- El mundo mágico en Australia no existe… hace años que no existe. Pensé que lo sabías - le dijo, como si estuviese dándole una mala noticia.

- No lo sabía -le respondió ella en cautelosa sorpresa - ¿Cómo es que tú lo sabes?

- Lo sé porque fui a buscarte... -le dijo - Recibí tu carta y fui a buscarte... Hasta Australia-Ron quería hacerla sentir culpable. Culpable de ilusionarlo con devolverle la memoria a sus padres velozmente para regresar con él, de hacerlo perder el tiempo durante más de una semana en Australia sin encontrarla, de humillarlo ante Draco Malfoy, de arrastrarlo ansiosamente hasta Borgin & Burkes, de desesperarlo hasta la pérdida de los sentidos. Culpable de no amarlo como él a ella.

Hermione encogió el ceño con congoja y movió suavemente una de sus manos como queriendo alcanzar la de él, aún enroscada en un puño. Pero la detuvo súbitamente a mitad de trayecto, y la devolvió a su costado, bajando la cabeza.

- Oh, Ron… todo esto se me ha ido tanto de las manos. -le dijo, volviendo a quebrar la voz y a humedecer sus ojos. La castaña y el pelirrojo estaba a escasos centímetros de distancia, pero asemejaban dos líneas paralelas: sin importar cuán cerca se encuentren, no se juntan más que en el infinito.

Ron la oyó llorar frente a él durante varios segundos y, por un momento, sintió ganas de consolarla. De decirle que sus padres la recordaban aunque no se dieran cuenta, de manifestarle su deseo de acompañarla de vuelta a Australia y nunca más separarse de ella. Pero calló, y esperó que ella se explicara. Hermione dejó de sollozar de golpe y, tras dar dos hondas bocanadas de aire, lo miró a los ojos con triste tranquilidad.

- Apenas llegué a Australia comencé a buscar el mundo mágico, pero parecía imposible de encontrar. Al segundo día me dediqué a la búsqueda de mis padres. Pensé que si seguían siendo como antes, en un día templado como ése saldrían a almorzar a algún restaurante en el centro, así que comencé a recorrer la ciudad para visualizar posibles lugares en donde podría encontrarlos.-hizo una pausa, tragó saliva, y siguió - Más tarde encontré una galería luminosa llena de barcitos delicados que daban a una vereda adoquinada, la recorrí memorizando cada restaurante minuciosamente; fue entonces cuando encontré la tienda de la lechuza parda -aRon le cosquillearon las comisuras de los labios: quería sonreír pues sabía a qué tienda se refería. - El vendedor no me dejaba verla fuera de la jaula, pero finalmente lo convencí; entonces te mandé la carta. Me escapé corriendo para que no viera que la lechuza había desaparecido y entonces me choqué con mi padre que caminaba por la galería. -Hermione tenía una brillante mirada melancólica y sonreía ante el recuerdo de su padre - Cuando lo vi no podía creerlo: los había encontrado a las pocas horas de llegar a Australia. Pero me quedé tan dura de la impresión que cuando reaccioné ya se estaban alejando. Los seguí un tiempo hasta que capté su atención e intenté el hechizo rememorizador. Pero no funcionó. -Hermione bajó la vista, descolgada del recuerdo de su reencuentro - Ellos creyeron que yo era una especie de huérfana o algo así, me invitaron a pasar el día con ellos… y yo no pude negarme. -levantó la vista empapada, como suplicando indulgencia - Pero al atardecer los abandoné, no podía seguir jugando, debía devolverles la memoria… así que me dirigí a Hogwarts… -hizo una pausa, Ron no pudo evitar interferir.

- A buscar libros de pociones avanzadas -le dijo, como explicando que él lo sabía. Hermione frunció el ceño profundamente, no entendiendo cómo Ron podía saber eso. Ron sonrió con tristeza y suspiró. - Creo que subestimas cuánto te conozco, Hermione. En Australia yo también encontré a tus padres y ellos me explicaron lo mismo que tú. Deduje que el hechizo había fallado y que irías a Hogwarts a buscar explicaciones… McGonagall nos contó todo… -Hermione bajó la cabeza y se mordió el labio inferior, Ron supo que ella quería preguntar sobre sus padres, sobre McGonagall, sobre quién era el otro incluido en el "nos contó todo". Pero ella sabía que su rol en ese momento era dar explicaciones, podía preguntar más tarde.

- Ron… necesito el libro… el del Príncipe Mestizo. En la biblioteca del colegio no hay nada que me sirva, pero sé que en ese libro sí. Decidí buscarlo en la sala multipropósito pero es imposible ingresar a través de Hogwarts. Casi tan imposible como entrar por Cabeza de Puerco: Aberforth selló el pasaje y, aunque no lo hubiese hecho, no me dejaría pasar por nada del mundo. Sólo me quedaban los armarios evanescentes. Borgin es más fácil de convencer que los demás, además de que no le importa lo que pueda pasarme. Finalmente conseguí que me dejara ingresar…

- Sí. Le dijiste que no te importaba no regresar porque lo que más amabas en el mundo dependía de que ingreses -Él sabía que Hermione iba a seguir explicándose, pero no pudo contenerse y dejó salir su sarcasmo en una avalancha de celos y dolor, que ella supo leer a la perfección. Si no estuviese rodeado de tanto calor y oscuridad, Hermione hubiese podido notar el color en sus mejillas cuando Ron bajó la cabeza luego de soltar su acusación. Él la vio agacharse para encontrar sus ojos.

- Ron… -Le dijo con suavidad - ¿Cómo me encontraste?

- ¿Y eso qué importa? - le dijo con débil agresividad levantando la vista. Hermione le mantuvo firme la tierna mirada, Ron bufó y respondió, mirando hacia otro lado - … el desiluminador…-dijo resignado, en voz baja y grave. Hermione sonrió.

- Exacto… -dijo con brillantez. Hizo una pausa y volvió a buscar sus ojos - Ron, mis padres son mis padres y no podría vivir sin ellos… pero, por alguna razón, es en ti en quien pienso cuando pierdo las esperanzas -su voz se fue apagando mientras decía las palabras, pero no perdió la ternura. Ron cerró los ojos cuando ella terminó la frase y soltó por la nariz el aire contenido en los pulmones. Hermione terminó de derretirlo por completo: - Te dije que no puedo vivir sin mis padres, Ron… pero no puedo morir sin ti. Eres tú lo que necesito ver por última vez -y dicho esto, bajó la cabeza y se alejó un paso de él.

Ron suspiró y abrió los ojos. La vio alejada de él y sintió frío. Cerró los ojos un segundo más y, volviéndolos a abrir dio un paso hacia ella. Hermione alzó la vista al ver la punta de los zapatos de Ron rozar la de los suyos y se encontró de golpe con los ojos azules enterrados en su rostro. Ella iba a decir algo más pero, cuando tomó aire para seguir hablando, él flexionó apenas las rodillas, alcanzando su altura. Sus ojos se conectaron una milésima de segundo y luego, Ron la besó.

Los labios de Hermione estaban secos y sabían a sal fresca, pero eran los labios de Hermione. Al principio percibió la tensión de la castaña ante ese beso inesperado, pero luego la sintió relajarse y devolverle el beso. Una cálida sensación de paz comenzó a inundarlo desde la garganta, y en el interior de su cuerpo se levantó un calor acogedor. Porque besar a Hermione era como volver a casa.

Se separó un segundo de la castaña, sin abrir los ojos, y humedeció sus propios labios con la lengua. Luego, volvió a atrapar los de ella. Hermione lo besaba con suavidad y ternura, y Ron pudo percibir el algodón y los lirios de su esencia debajo de las heridas que el calor y la deshidratación habían abierto en sus labios. Dejo de sentir el aire y el suelo y, hasta por un momento, dejó de sentirla a ella. El estómago le borboteaba como aceite hirviendo, haciéndole cosquillas en el alma. Él sólo sellaba los ojos con fuerza, hundiéndose en cada pequeña sensación, sabiendo que si volvía a abrirlos todo volvería a ser concreto, punzante, hiriente, finito. Porque besar a Hermione era como desaparecer.

Cuando sintió que comenzaban a dolerle las rodillas, estiró las piernas y, sin desearlo, se separó un poco de ella. Para volver a besarla plenamente, llevó una de sus manos a su cintura y la atrajo hacia sí, desapareciendo el poco espacio de aire que quedaba entre ellos; deslizó su otra mano por el cuello de Hermione, acariciándole la nuca y acercándola lo máximo posible a sus labios. Ahora él fue quien tuvo el deseo de volverse uno con ella. Necesitaba sentirla dentro de su espíritu, cargarla con él a donde sea que vaya, eliminar la posibilidad de verse separado de ella otra vez. Porque besar a Hermione era como enamorarse de sí mismo.

Ella estiró su mano izquierda y tomó con suavidad un pliego de su remera a la altura de su abdomen; luego, Ron pudo sentir los finos dedos de la mano derecha de Hermione apoyarse en su barbilla. Él separó su mano de su cuello y, con el dorso de la misma, comenzó a acariciarle el rostro lentamente. No recordaba haberse sentido así cuando ella lo besó en la batalla de Hogwarts, tal vez ahora era un beso más sincero, más buscado. Le era inevitable enamorarse de ella cada día un poco más.

Hermione separó de la quijada de Ron su mano y atrapó la de él, que seguía bailando contra su rostro. Él sintió que ella se separaba suavemente. Intuyó que había estado parada de puntillas y acababa de apoyar sus talones en el suelo. Él seguía tomándola por la cintura, ella seguía amarrando el pliego de su remera, como en un tímido intento de permanecer en contacto con él. Sus narices se rozaban delante de sus ojos aún cerrados, ya no se besaban, pero parecían necesitar un segundo para volver a la realidad. Ron le dio otro casto beso y se separó un poco de ella. Abrió los ojos: ella seguía con los suyos cerrados y las mejillas teñidas de rosa pálido. Volvió a cerrar los ojos y la besó de nuevo. Finalmente se separó de ella, soltando su cintura. Ella sonrió y soltó la prenda de él, abriendo los ojos al fin. Todavía sostenía la mano de Ron junto a su rostro. La besó con suavidad y dijo en un susurro:

- Hola… -lo miraba con infinita dulzura, la sonrisa imborrable. Casi no pestañeaba. Él alzó su otra mano y le tomó el rostro.

- Hola… - le dijo, casi imperceptiblemente. Se miraron con intensidad unos segundos más y volvieron a besarse mientras sonreían.

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Se besaron durante largos e inolvidables minutos. Cuando se separaron otra vez Ron se puso serio y, aún sosteniendo su rostro, le preguntó

- ¿Qué hacemos ahora? - vio cómo la sonrisa de Hermione se deshizo de golpe y sintió una punzada en el corazón. Ella negó lentamente con la cabeza.

- No lo sé… he intentado de mil formas llegar a la Sala Multipropósito, pero este laberinto es interminable. He llegado a pensar que los pasillos están formados por los objetos derretidos. -Tragó con pesadez y suspiró con tristeza - Ron… he reabierto el pasaje, pero el otro armario se deshizo, ésta debe ser la sala multipropósito. El libro del Príncipe Mestizo debe ser un pedazo más de este montón de chatarra inservible… -sus ojos comenzaron a humedecerse y bajó la cabeza - Ni siquiera sé cómo saldremos de aquí… y ahora tú estás conmigo… -lo miró con ternura, con una sonrisa triste - y lo único que se me ocurre es que ahora los dos estamos atrapados… -y volvió a bajar la cabeza. Ron seguía con su mano apoyada en su mejilla y, con infinita suavidad, la hizo mirarlo.

- Bueno, eso es algo que yo puedo solucionar -le sonrió con delicadeza y vio cómo los castaños ojos se iluminaban de esperanza y sorpresa.

- ¿Cómo? -le dijo en un susurro. Ron hinchó el pecho y respondió, denotando la ironía de la situación.

- Con la ayuda de Draco Malfoy…

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