CAPITULO XIII
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Referencias:
- Diálogos -
"Citas"
/Pensamientos/
Redacción
[…] Flash Back […]
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Respiró hondo y el polvo le hizo cosquillas en la garganta. Tenía los ojos herméticamente cerrados y los brazos entumecidos de sostenerla con fuerza. Dejó que el aire fresco le enfriara la piel hirviendo y sonrió para sus adentros, sabiendo que habían abandonado ese laberinto de lava y sed. Sintió su cabello rozarle la barbilla y dejó que Hermione se separara de él. Abrió los ojos lentamente, sabiendo que la luz de Borgin & Burkes le lastimaría la vista, acostumbrada a la oscuridad profunda de aquella cueva. Sin embargo, se sorprendió al notar que todo estaba en tinieblas.
- ¿Dónde estamos? – Susurró Hermione, que aún no le soltaba el torso, aunque se había separado de su pecho.
- No estoy seguro… – respondió él, también en voz baja, y mirando hacia todas direcciones, sin identificar ninguna figura con nitidez.
En ese momento, las luces se prendieron repentinamente y la pareja cerró los ojos en una reacción automática. Ron abrazaba a Hermione con el fin de protegerla, y arrugaba el rostro para sellar al máximo la vista. Ella lo invitó a abrir los ojos.
- Ron – le llamó suavemente – Ron, lo logramos. Estamos en Borgin & Burkes – le dijo, sacudiéndolo levemente para que reaccione.
Ron abrió los ojos con delicadeza y, lenta y sutilmente, los rincones del local fueron apareciendo ante sus ojos. Los libros que él había estado leyendo en el suelo le daban la bienvenida, tan abiertos y polvorientos como los había dejado. Comenzó a escanear el lugar, pasó por el destartalado escritorio del Señor Borgin, miró las pilas de artículos que se erguían al final de los pasillos y vislumbró la punta oscura del armario evanescente por el que hace unas horas había entrado. Borgin & Burkes estaba desierto, Malfoy debía de haberlo abandonado apenas él desapareció dentro del armario. Finalmente, bajó la vista. Iluminado por todas las luces del negocio, el rostro sonriente de la castaña se le presentó a la vista como nunca antes: tan entregado, tan femenino, tan suyo, tan Hermione. Deslizó una mano por su rostro y, sólo cuando ella sonrió, pudo distinguir cuán herida estaban su piel y sus labios. Con el pulgar, y con infinita delicadeza, acarició cada una de las pequeñas heridas, mientras la miraba con una mezcla de protección paternal y dulce arrepentimiento.
- Mírate cómo estás herida… - susurró, como culpándose por cada rasguño. El rostro compungido y la mirada oscura. Las cejas arrugadas. Los labios dulces. Hermione sólo atinó a ensanchar su sonrisa y, por enésima vez en el día, estirar al máximo su figura para alcanzar su boca. Y Ron le respondió, cerrando los ojos y arrastrando su mano hacia la parte trasera de su cuello.
Hermione lo besaba con alegría efusiva, con agradecimiento. Él sentía que con cada beso la conocía un poco más, que ella se le entregaba de mil formas distintas, que lo invitaba a sumergirse en ese caudal de emociones inagotables que había preparado para él. Suspiró sobre sus labios y ella sonrió contra su boca, él le besó las comisuras y ella sonrió aún más. Ya estaba todo dicho. Apretó sus ojos, aún cerrados, y la besó una vez más, dispuesto a entregarse entero. Había pasado la mitad de su vida discutiendo con ella y ahora, en un segundo de lucidez y dulzura, iba a levantar la bandera blanca de la derrota y declararse absolutamente perdido de amor. Le tomó el rostro y la miró a los ojos, clavándole la intención en el alma.
- Hermione… - comenzó. Tenía la garganta seca y la voz inaudible. Tragó saliva. – Hermione…
Borgin & Burkes oscureció de golpe, interrumpiendo su declaración y su calma. Ella se aferró a su cuerpo y él, tragándose la entrega una vez más, la envolvió protectoramente. Ella respiraba con pesadez y miraba hacia todos lados. Él tanteó su bolsillo, preparando su varita. Tomó aire para invocar un "lumus", pero las luces se encendieron nuevamente antes de que pudiera emitir sonido. Y entonces, como la manifestación inocente de un susto injustificado, escuchó su voz.
- Maldito Weasley… ¿Qué se supone que hiciera yo con esta cosa? – El bufido de un fastidiado Draco terminó de estirar la sonrisa de Ron. Allí estaba su enemigo íntimo, jugando con su Desiluminador. Relajó sus brazos alrededor de Hermione y no pudo evitar soltar una carcajada sonora.
Los pasos apurados en el pasillo le hicieron notar que su risa había asustado a su rubio compañero. Medio segundo más tarde, un despeinado Malfoy le enfrentaba con el ceño fruncido, la varita en alto y la negra ropa cubierta de polvillo. Cuando reconoció a quienes habían producido el ruido se sorprendió: abrió los ojos grises exageradamente, y dejó caer con parsimonia el brazo que sostenía la varita hasta el costado de su cuerpo. Luego, como si recordase que frente a él se encontraban Hermione Granger y Ron Weasley, estiró su figura altaneramente y comenzó a sacudirse la ropa con desinterés. Tragó saliva y luego alzó la vista y cruzó su mirada con la de Ron, que seguía sonriendo.
- Creí que no volverías…- le dijo, arrugando la nariz – ya te daba por muerto, Weasley. Me sorprende que, si tu amiguita no pudo salir, tú hayas podido sacarlos a los dos de ahí adentro – sonrío a Hermione de una manera exageradamente irónica y volvió a clavar los ojos en Ron.
- Yo no saqué a nadie de ahí, Malfoy… – respondió Ron tranquilamente, Hermione miraba sorprendida la pasiva reacción del pelirrojo. Éste ensanchó más su sonrisa - … fuiste tú – dijo, casi con diversión.
Malfoy descompuso su rostro en una mueca de asco y luego rió forzadamente.
- No me hagas reír, comadreja que, si por mí fuera, tú y esa… – señaló a Hermione y clavó el gris de sus pupilas en el castaño de las de ella y se quedó helado. Ron pudo ver como Draco apretaba el puño con bronca antes de volver a mirarlo - … chica… hubieran muerto ya hace tiempo… - y, como sorprendido de sí mismo, se dio media vuelta y se dirigió al costado del armario al final del pasillo, donde había dejado su túnica.
- ¿Qué haces aquí, Malfoy? – preguntó Ron, que había caminado hacia la boca del pasillo que daba al armario. Hermione se acercó a él y se paró detrás de su hombro derecho, tomándole la mano.
- Vaya, veo que hacer la del héroe da resultado… - dijo Draco, señalando las manos unidas, e ignorando con habilidad la pregunta. Hermione se sonrojó levemente. Ron apretó con firmeza la mano de la castaña y volvió a preguntar.
- Creí que apenas desapareciera en el armario volverías a tu palacio… – había perdido la sonrisa, pero no el respeto – Deben haber pasado al menos dos horas desde que entré. ¿Por qué sigues aquí? – insistió.
- Lo que yo haga o deje de hacer no es de tu incumbencia, Weasley – respondió Draco, notablemente nervioso – Estoy aquí porque estoy aquí, y punto – dijo con agresividad y se agachó para recoger la túnica que estaba en el piso.
Cuando la levantó, algo plateado se deslizó por ella y rodó hacia adelante. El rubio lo alzó con delicadeza y lo observó profundamente. Accionó el Desiluminador y dejó Borgin & Burkes a oscuras una vez más. Ni Ron ni Hermione hablaron. Segundos más tarde, las luces volvieron a aparecer y Draco observó a la pareja una vez más
– Te devuelvo tu juguetito – dijo, sosteniéndolo en la mano estirada en la otra punta del pasillo, sin moverse ni un centímetro hacia ellos. – Ni siquiera sé para qué sirve… - terminó, como queriendo menospreciar tan intrigante objeto.
Ron iba a dar un paso hacia él para recuperar su Desiluminador, pero Hermione a su lado le apretó la mano y avanzó en su lugar. Ron permaneció inmóvil mientras la castaña se acercaba a quien le hubiese insultado de mil maneras años atrás. Ella se dirigió al Slytherin con seguridad, pero con la mirada clavada en el instrumento de plata. Estiró su brazo para alcanzarlo y, justo cuando sus manos se encontraron al intercambiar el objeto, la castaña clavó sus ojos en el rubio, que le devolvió una mirada cargada de desagrado, sorpresa y un poco de temor.
- …Gracias – dijo con profundidad Hermione, retirando su mano de la de Draco, ya en posesión del Desiluminador, y sin dejar de mirarle a los ojos.
Malfoy carraspeó sonoramente y rompió el contacto visual. Se estiró lo más que pudo y acomodó altaneramente la solapa del cuello de su túnica. Comenzó a caminar hacia la puerta mirando al infinito. Pasó al lado de Hermione, quien ni siquiera volteó para verlo abandonar el local. Como si no existiera, también pasó por el lado de Ron, que ni siquiera hizo un movimiento de cabeza para saludarlo, sino que permaneció con la mirada clavada en el alborotado cabello de Hermione que seguía de espaldas. Draco agradeció que no hubiese despedida por parte de su pecoso compañero y se acercó a la puerta con alivio. Un segundo antes de salir, y sin voltear a verlos, se detuvo en la puerta y dijo con seriedad:
- Espero no volver a verte en mi casa, Weasley – y se retiró, con la misma solemnidad impecable y agresiva con la que los había recibido en la mansión Malfoy un día atrás.
…
/Solos/, pensó Ron para sus adentros y, casi imperceptiblemente, se acercó a la castaña que seguía de espaldas con el Desiluminador en la mano. Le tomó el cabello desde los costados del rostro y lo estiró hacia atrás, dejando a la vista sus oídos. Apoyó su cabeza en el hombro derecho de Hermione y tomó una bocanada de aire profunda, cerró los ojos antes de hablar, decidido a terminar con ese plomo en la boca del estómago.
- Hubiera jurado que te escuchó nombrarlo y accionó el Desiluminador para hacerte llegar hasta aquí – dijo la castaña, ignorando la casi declaración del pelirrojo, interrumpiéndolo una vez más – creo que nunca entenderé cómo funciona este objeto realmente – dijo y, resignándose a tener que buscarlo en algún libro más tarde, se concentró en acariciar el anaranjado cabello de Ron que se desplegaba sobre su cuello y su hombro. Recordó a Malfoy y le resultó extraño el esfuerzo que el rubio había puesto en rescatarla. Luego miró de reojo la coronilla de Ron, que seguía apoyando la frente en su hombro, y sonrió con infinita dulzura. - … y gracias a ti también – le dijo, separando sus dedos de los cabellos de él.
Ron se irguió y la miró a los ojos mientras ella se giraba para quedar frente a él. La tomó de las manos y arrugó el ceño inquisitivamente.
- Gracias por salvarme, por no darte por vencido, por incluso ir a buscar a Malfoy para que nos ayude. – completó ella, respondiendo a su mirada, mientras cerraba los ojos y se apoyaba en el pecho de Ron. Él podría definitivamente acostumbrarse a esa sensación. Respiró profundo y separó una de sus manos para tomarle el mentón y guiarle la vista hacia sus ojos azules.
- Siempre estaré allí, ¿recuerdas? – le dijo, con una seriedad tan densa que la castaña pudo sentir que nunca nadie estaría tan a salvo como ella – Debería haber ido contigo desde el principio – completó Ron, reprendiéndose una vez más.
Los ojos de Hermione oscurecieron de golpe. Ella se separó de él con suavidad y, como si pidiera disculpas por interrumpir ese momento romántico, sonrió con amargura y preguntó.
- ¿Qué voy a hacer ahora, Ron? – se llevó las manos al rostro un segundo, luego volvió a mirarlo a los ojos, con marcada angustia y desesperación en su mirada – Mis padres siguen en Australia, el libro ya no existe y no sé de dónde puedo conseguir la guía para realizar la poción restauradora. ¿Cómo se supone que voy a devolverles la memoria? – preguntó casi en un sollozo y volvió a enterrar el rostro en las manos.
Ron se acercó a ella y la tomó por las muñecas, separándole las manos y dejando al descubierto su rostro al borde de las lágrimas. Le sonrió con dulzura y le dijo, casi en un susurro.
- Hablando, Hermione. – le dijo. Ella lo miró con seriedad, como si no comprendiese lo que Ron le decía – Diles la verdad, Hermione. Cuéntales todo. Tarde o temprano recuperarán sus recuerdos, o se acostumbrarán a los nuevos – terminó, encogiéndose de hombros. Hermione le sonrió con dulzura, pero negó lentamente con la cabeza.
- No funcionará, Ron. – respondió con resignación – Ellos creen que estoy loca, y cualquier cosa que les diga la atribuirán a eso. Nunca me creerán. – le dijo, con pesar.
- Sí que lo harán. Bastará con que hagas un poco de magia frente a ellos. Y si necesitas a alguien cuerdo que te respalde, yo estaré contigo – le dijo, intentando bromear.
- Como si eso bastara – respondió la castaña con una leve sonrisa.
- Oh, yo se que basta – replicó Ron, dejando de lado la broma, cosa que Hermione notó.
- ¿A qué te refieres? – preguntó ella, sabiendo que su amigo quería decir algo más. A Ron se le iluminó la mirada y la tomó de las manos.
- Hermione, - le dijo, respirando hondo – tus padres te recuerdan. Ellos aún no lo saben, pero te recuerdan. Pude verlo en lo preocupados que estaban cuando creían que te habías perdido, y en cómo brillaban sus ojos cuando me hablaron de ti – continuó, apoyando su mano en la mejilla de ella. Hermione cerró los ojos – No será tan difícil que vuelvan a recordarte si reforzamos esos detallitos que todavía guardan dentro suyo. – ella abrió los ojos y le sonrió - Ya verás como todo resulta bien. – terminó, sonriendo también.
- Oh, Ron… - Hermione le tomó el rostro y lo besó una vez más.
Ron recordó la última vez que, hablando justamente de la desmemorización de sus padres, Hermione había reaccionado violentamente contra su manifestación de optimismo. Sin embargo, esta vez, se encontraba saboreando sus labios con dulzura y sintiendo la fragilidad de su rostro y su cintura. Sonrió para sus adentros: las cosas, sin dudad, iban a resultar bien.
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El próximo capítulo, luego el epílogo y cerramos esta historia.
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