CAPITULO XIV
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CAPITULO XIV
El mar de Australia seguía infinitamente azul e impoluto, ajeno a la decisión que se alojaba en los ojos de Ron, y al esperanzado temor que guardaban los de Hermione. El susurro de las olas los acompañó mientras caminaban de la mano hacia algún punto de Sidney. El olor a salitre les llenaba los pulmones y la brisa del mar le silbaba les acariciaba la piel.
La gente los miraba con curiosidad manifiesta y Ron se sintió ser una atracción callejera otra vez. Aunque infinitamente hermoso, Australia era un país extraña, no podía imagina una extensión tan inmensa sin una pizca de magia en algún punto. No pudo evitar acordarse de aquellos quienes lo habían recibido cuando se sentía tan perdido, y a quienes había dejado sin siquiera avisar. Pensó en el pequeño Cris y sonrió con la mirada perdida, captando la atención de Hermione, quien le apretó la mano cuestionando su gesto. Él la miró detenidamente: habían decidido no detenerse en la Madriguera antes de partir para Australia, por lo tanto, Hermione seguía herida, sucia y cansada, y Ron pensó que ninguna excusa era mejor que esa, sonrió aún más.
- Antes de ir por tus padres, debes darte un baño y cambiarte. Quizás podamos comer algo antes de buscarlos, estaremos un largo rato explicándoles la verdad – le dijo de buen ánimo, sin dejar de sonreír.
- No lo creo, Ron. No tenemos muda de ropa, ni dinero muggle para rentar un cuarto, un par de hechizos bastarán – le dijo, suspirando. Ron ensanchó su sonrisa y Hermione cuestionó otra vez - ¿Por qué sonríes tanto? – inquirió con el ceño fruncido
- Pues porque, aunque no lo creas, sé dónde podemos cambiarnos y descansar un rato. Conozco el mejor hospedaje de Australia – respondió con los ojos brillantes. Hermione lo miró sorprendida.
- Vaya, tu sí que estás lleno de sorpresas – le dijo, mirándolo sin entender cómo conseguiría Ron hospedarlos en algún lado sin dinero y en esas pintas. Ron carcajeó levemente y le apretó la mano para apurar un poco el paso.
- Ven, hay alguien que quiero presentarte – le dijo alegremente, y se perdieron calle abajo.
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Hermione comenzaba a creer que Ron le estaba jugando una broma, o que había perdido el juicio; pero no podía entender cómo el "mejor hospedaje de Australia" se encontraba en esa zona tan destrozada, oscura y sucia. Las casas diminutas se sucedían una pegada a la otra, con paredes oscuras y puertas de madera vieja. Los tejados con arreglos precarios le hacían temblar los tobillos, y la basura al costado de la calle casi le fue justificativo suficiente para sacar su varita y limpiar todo, sin importar cuánto muggle estuviese observando.
Cuando Ron se detuvo frente a una de las casas más deterioradas de la zona y abrió la portezuela delantera, Hermione descartó la opción de la broma y comenzó a preocuparse seriamente por el estado mental de su amigo. Sin embargo, cuando una mujer se lanzó a sus brazos, y vio que Ron correspondía, su preocupación se fue convirtiendo lenta pero intensamente en venenosa furia y agudizados celos.
Ron se separó de Megan y se volvió a Hermione, se acercó a ella y la tomó por la muñeca, tirando hacia él para acercarla a la mujer. La castaña quedó de pié, casi petrificada, frente a una dama morena de ojos cálidos que la miraba como si la conociera. Ella iba a hablar, pero la dueña de casa fue más rápida y, sorprendiendo a Hermione de sobremanera, la abrazó a ella también. La joven bruja apenas pudo apoyar las palmas de sus manos en la espalda de quien le daba tan cálida bienvenida, y mirar de reojo a Ron, que sonreía bonachonamente mirando la escena.
- Hermione, querida. Estábamos tan preocupados – la mujer no sólo la abrazaba y la nombraba como si la conociera, sino que también le hablaba con maternal cariño.
Totalmente desconcertada, Hermione miró a Ron en busca de respuestas, mientras intentaba soltarse del abrazo de Megan. Ron rió de forma transparente y dijo con animosidad.
- Hermione, te presento a Megan. Ella fue como una madre para mí la última vez que estuve en Australia – Dijo el pelirrojo, mirando con cariño y agradecimiento a la mujer, que ya había soltado a Hermione.
- Espero que a tu verdadera madre le avises cuando desapareces, Ronald. Nos tenías muy preocupados – dijo Megan, intentando reprocharle, pero sin poder ocultar su alegría. Ron sonrió dulcemente manifestando una disculpa y luego se volteó hacia a Hermione.
- Megan, te presento a Hermione. Ella… - se quedó mirándola. ¿Qué decir de ella? ¿Cómo explicarle a Megan quién era Hermione para él sin desentrañar siete años de carnavalescos sentimientos? ¿Cómo presentarle a alguien a Hermione sin enumerar puntillosamente cada una de sus virtudes? ¿Cómo introducir a alguien como Hermione, si no existen palabras para describir lo que se siente estar con ella, pelear con ella, besarla? La mirada expectante de Megan hizo que la castaña carraspeara, apurando a su amigo - Ella es… – no podía dejar de mirarla y, aún así, no podía describirla en una palabra. Hermione comenzaba a ruborizarse – Bueno, ella… ella es...
- Ella es Hermione… - le interrumpió Megan, tomándole del hombro y mirándole a los ojos. Ron escrutó la mirada de la mujer y se dio cuenta de que sólo su nombre era capaz de describirla. Se volvió a Hermione, que había bajado el ruborizado rostro, y la miró con amor infinito. La tomó de la mano, haciendo que lo mirara de golpe, le sonrió de lado.
- Sí, ella es Hermione – dijo Ron, casi riendo. Hermione le sonrió dulcemente.
- Hermione, bienvenida.- los interrumpió alegremente Megan - He oído todo sobre ti. Pero adelante, pasen – dijo, abriendo de par en par la pequeña puerta de su casa – les prepararé algo de comer mientras me lo cuentan todo – dijo, mientras dejaba ingresar a su pequeño hogar a un agradecido pelirrojo y a una castaña que no dejaba de mirarlo con ojos brillantes.
Mientras preparaba las salchichas con puré, Megan explicó a Hermione la situación de los magos en Australia, el por qué vivían en esa casa destartalada y cómo se habían encontrado con Ron, ya varias semanas atrás. Minutos más tarde, la mesa estuvo dispuesta para los recién llegados.
Hermione no comprendió si fueron los días de ayuno o la mano habilidosa de Megan, pero la comida sabía deliciosa. Ron devoraba su plato alegremente mientras le contaba a la dueña de casa por qué había abandonado Australia con tanto apuro y sin avisar, y hasta dónde había ido para buscarla. La castaña comía con timidez, un poco por estar en una casa ajena, otro tanto porque Megan la miraba de reojo cada vez que Ron mencionaba los lugares hasta los que tuvo que ir para rescatarla.
- Deberías haberlo visto, Hermione – le dijo la mujer, casi jocosa – Todos los días se levantaba al alba. Guardaba su varita en el bolsillo derecho de la túnica, tu carta en el izquierdo y salía a buscarte. – Megan hizo una pausa para mirar a Ron, que tenía la vista enterrada en su plato de comida y las orejas de color granate, sonrió levemente y se volvió a Hermione – A veces volvía desanimado y cansado, pero aún así se levantaba temprano al otro día. Yo estaba convencida de que no te encontraría aquí, pero el bien tozudo no quiso escucharme – dijo sonriendo mientras lo miraba de reojo – Él estaba convencido de que te encontraría en Australia, "si ella dice que está aquí, está aquí" – dijo, imitando la voz determinante de Ron, lo que hizo que el pelirrojo levantara la cabeza de su plato. Megan se dirigió a él.- Cuando desapareciste, Cris pensó que habías perdido las esperanzas y habías regresado a Londres. Pero ahora veo que seguiste buscando… y, pues, aquí están – dijo, volviendo a mirar a Hermione, aunque ésta ya no la escuchaba, sino que miraba a Ron hipnotizada.
El pelirrojo había vuelto a bajar la cabeza y su rostro había alcanzado un tono que parecía inexistente en la tabla de colores; Hermione sintió que podía derretirse de dulzura. Quería tomarle la pecosa mano que él apoyaba descuidadamente sobre la mesa. Quería correr a sus brazos, apretarlo contra ella y besarle la decorada nariz. Pero se limitó a estirar lentamente su pie por debajo de la mesa, hasta que sintió que rozaba el de él. Ron levantó la vista, y ella le sonrió con dulzura. Pudo sentir que el zapato de Ron se deslizaba, rozando el suyo, hasta que casi pudo rodear su tobillo. La castaña se ruborizó intensamente y Ron pudo percibir cómo cada poro de su cuerpo tembló. Ella desvió la mirada nerviosa, él sonrió de lado, ella volvió a mirarlo y él estiró suavemente su mano para tomar la de ella. Las manos de Hermione estaban frías, como siempre, frías y blancas, suaves y niñas, tan de ella, tan de él. Ante el contacto, la castaña sintió como algo cálido descendió desde su garganta hasta la boca de su estómago; respiró hondo, se atrevió a acariciar el tobillo de Ron por debajo de la mesa, mientras dejaba que él le enredara los dedos en los suyos.
Megan atestiguaba la escena, intentando pasar lo más desapercibida posible. Ella había intuido hacía ya mucho tiempo que Ron estaba enamorado de su desaparecida amiga, pero, a decir verdad, dudaba de que ella le correspondiera. Ahora comprobaba que los dos tórtolos que no paraban de mirarse, sonrojarse y volverse a mirar frente a ella estaban irrevocablemente entregados. Sonrió para sus adentros y recordó a su esposo con dulce melancolía. Lentamente, fue levantándose de la silla para dejarlos solos. Sin embargo, la puerta abriéndose estrepitosamente interrumpió sus planes.
- ¡Ron!
- ¡Cris!
Casi tambaleándose, un pequeño descalzo y de cabellos alborotados, corrió hasta lanzarse a los brazos de Ron, que lo elevó en el aire mientras sonreía ampliamente. Hermione no supo bien por qué, pero observar esa escena, le aceleró sorprendentemente el corazón.
- ¿Dónde estuviste? ¿Por qué no me llevaste contigo? Mamá dijo que te rendiste y volviste a tu casa, pero yo nunca le creí, le dije que los Griffindors no se rinden nunca, ¿verdad? – el pequeño abrazaba a Ron con efusividad y disparaba las preguntas sin esperar la respuesta. Ron liberó una sonora risa y, dejando al pequeño Cris en el suelo, se acercó a Hermione para incentivarla a que se ponga de pié.
- Hermione, te presento al pequeño Cris, él es un gran amigo – le dijo a Hermione, guiñándole el ojo, mientras la castaña se agachaba frente al pequeño – Cris, ella es Hermione. – el pequeño abrió los redondos ojos y sonrió con diversión.
- Hola, Cris – dijo la castaña con dulzura mientras estiraba su mano para saludarlo.
- ¡La encontraste! – gritó el pequeño, sin responder a Hermione y mirando a Ron. El pelirrojo asintió con una sonrisa y, para sorpresa de Hermione, Cris apartó la mano que ella le ofrecía y le abrazó por la cintura – ¡Sabía que la encontrarías! – dijo contra su vientre, mientras una sorprendida Hermione le revolvía el cabello y miraba a Ron. El pequeño se separó de ella – Ron me contó todo sobre ti – ahora Cris se dirigía a Hermione. La castaña sonrió, miró a Ron y luego volvió a mirar al niño.
- ¿Ah, sí? – preguntó dulcemente mientras se agachaba para quedar a su altura - ¿y qué te contó, por ejemplo? – preguntó, sólo para entablar una conversación con el niño, y sin reparar en el rubor de las mejillas de su amigo.
- Pues – Cris comenzó – me contó que se conocen desde siempre, y que eres la bruja más inteligente que conoce. – Hermione rió levemente, Ron sonrió y suspiró - Me dijo que eres bonita, pero yo no sé nada de esas cosas – Hermione se sonrojó y, de reojo, miró disimuladamente a Ron, encontrándolo hirviendo de pudor, rió levemente.
- ¿Eso dijo? – pregunto con fingida inocencia.
- Sí – dijo el niño, sin percatarse del coqueteo de la castaña, y terminó, como si agregara un dato insignificante – y hasta me dijo que cuando te encontrara te pediría que fueras su novia – Hermione se quedó en piedra. Ron casi se derrite de la vergüenza.
- Cris, cielo – Megan al rescate – Creo que Hermione quiere descansar y darse una ducha. ¿Por qué no van con Ron a preparar tu habitación mientras yo acondiciono el baño? –
Ron no esperó demasiado, como si de una orden se tratara, caminó hacia Cris, lo tomó de la mano y lo llevó hasta la habitación, sin dirigir a Hermione ni una mirada, y con el firme propósito de enseñarle a Cris el significado de comenzar una frase diciendo "te cuento un secreto".
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Caminando por las calles de Australia, Ron y Hermione no volvieron a mencionar la involuntaria infidencia de Cris. Hermione se había dado una ducha reconfortante y había dormido cuarenta minutos. Ron se había dedicado a contarle a su pequeño amigo cada una de sus aventuras. Cuando la castaña despertó, merendaron los cuatro juntos y, tras convencer al niño de que esta vez no podría acompañarlos, la pareja abandonó la casa con la promesa de regresar a despedirse, y con la esperanza de encontrar a los Granger cuanto antes. El silencio era incómodo, ya no caminaban entrelazados y evitaban mirarse a los ojos. Ron sentía que le ardían los dedos al sentirla tan cerca y no poder tomar su mano, Hermione elucubraba formas de traer a colación el tema del "noviazgo" sin ser demasiado obvia. Finalmente, la castaña habló.
- Son una familia muy dulce – dijo, sin mirar a su acompañante. Ron sonrió
- Sí, de verdad lo son, fueron la mejor compañía que pude haber tenido – le dijo, deteniéndose – creo que le diré a Percy que trate de conseguirle a Megan un puesto en el Ministerio de Londres, no merecen vivir como viven. – analizó, más para sí mismo que para ella. Hermione lo miró con admiración.
- Esa es una excelente idea – le dijo, y ya sin vergüenza, le tomó de la mano y lo miró a los ojos- ¿Seguimos buscando? – preguntó con una sonrisa
- Sí, señora – dijo él alegremente, y apretó la mano de Hermione dentro de la suya.
Caminaron un largo rato por la galería, cerca del local de venta de aves. Tenían la esperanza de hallar a los padres de Hermione allí, ya que ambos se habían encontrado con ellos en esa zona. Luego de dos horas y media, Ron parecía comenzar a perder la paciencia.
- Quizás deberíamos buscar en otro lado – dijo Ron, sentado al lado de Hermione.
- No, nos quedemos aquí – dijo la castaña, bajando la cabeza – es mejor esperar aquí – dijo, con un dejo de tristeza que Ron notó.
- Hermione – le llamó, haciendo que lo mire a los ojos- ¿Qué pasa? – preguntó con dulzura.
- Creo que no funcionará Ron– respondió con la voz quebrada – El hechizo desmemorizador es muy poderoso, no creo que vuelvan a recordarme – le dijo, ya con lágrimas en los ojos– Si lo que tú dices es cierto, y ellos me extrañan, volverán a buscarme a esta galería y entonces tendré el valor de decirles la verdad…- hizo una pausa y bajó la cabeza – pero mientras tanto, esperemos aquí – terminó en voz baja, ya liberando el silencioso llanto. Ron la rodeó con un brazo.
- Hermione, no tengas miedo– le dijo suavemente en el oído – Tienes razón, es muy probable que no recuperen su memoria. Pero vamos a decirles la verdad, y la aceptarán de la misma forma en la que aceptaron siete años atrás que eres una bruja. Y quizás no te recuerden de pequeña, o de estudiante, pero estoy seguro de que volverán a amarte como entonces – terminó.
Hermione lo miró a los ojos con tanta dulzura y entrega que Ron supo que ese sería un excelente momento de confesarle aquello que cargaba en la punta del alma desde hacía tanto tiempo. Aunque pensando que la castaña lloraba por sus desmemorizados padres, prefirió callar. Hermione lo besó castamente, tomándolo por sorpresa.
- Gracias, Ron – le dijo apoyando la cabeza en su hombro. Ron le besó la frente.
- Cuando gustes – respondió, casi jocoso, apoyando su mejilla sobre la coronilla castaña. Un segundo más tarde, Hermione se separó de él.
- ¡Es que no puedo creer que Snape no recuerde cómo hacer la poción restauradora!– dijo Hermione exasperada – Lo único que supo decirme es que era un elemento sumamente complejo, y todo que pude deducir es que se trata de otra poción– comenzó a teorizar la castaña. Ron la miró extrañado
- ¿Otra poción?– preguntó – ¿El ingrediente extraño que hay que agregar para hacer la poción restauradora es otra poción?
- Sí, no existen elementos que puedan agregarse a una poción primaria y dar como resultado otra tan poderosa como la restauradora. Estoy segura de que es otra poción– respondió ella, Ron frunció el ceño.
- Nunca he oído de nadie que haya agregado otra poción a una poción del amor. Aunque dudo que lo que Romilda Vane le regaló a Harry en sexto año haya sido sólo Amortentia, créeme- dijo en chiste.
- Veritaserum– respondió Hermione, como si lo corrigiera.
- No, no. Amortentia. Los bombones que comí por accidente estaban llenos de Amortentia– confirmó Ron.
- No los bombones, Ron, la poción– siguió ella – La poción restauradora se obtiene agregando un elemento complejo a una medida de Veritaserum– recitó. Ron negó con la cabeza.
- De igual forma, es Amortentia– dijo Ron, seriamente – Lo recuerdo muy bien porque cuando Snape lo mencionó, Dumbledore comenzó su perorata del amor y la fuerza más poderosa– terminó en una mueca.
- Ron, estoy segura de que dijo Veritaserum– discutió la castaña – y es muy lógico, porque se recupera la verdad que había sido velada a la memoria– dijo con suficiencia.
- Y yo estoy seguro de que dijo Amortentia, Hermione– discutió Ron, engranando - ¿Por qué confundiría el Veritaserum con la Amortentia?- terminó, para comprobar que recordaba la poción exacta. Los ojos de Hermione se ampliaron llenos de luz. De golpe, se puso de pie.
- ¡Eso es!– dijo alegremente. Ron se paró a su lado y la miró intrigado.
- ¿Qué cosa?– preguntó, mirando a todos lados.
- El ingrediente complejo que completa la poción restauradora sí es otra poción. La fórmula es mezclar Veritaserum con Amortentia, tiene absoluto sentido– reveló brillantemente. Ron sonrió como nunca.
- ¡Hermione eres un genio!- la abrazó con efusividad y le besó el cabello sonoramente, sin embargo, la joven se separó de él visiblemente enojada, Ron la interrogó con la mirada.
- ¡Snape lo supo todo este tiempo!- gritó con indignación - ¿De qué otra forma nos hubiera dicho una poción diferente a cada uno, si no? Lo supo pero no quiso decírnoslo– arrugó el ceño sin comprender - ¿Cómo puede ser que después de todo lo que sucedió siga haciéndonos la vida imposible?– Ron la miró en silencio durante unos minutos. Luego habló.
- Quizás porque yo no estaba contigo– dijo finalmente, mirando sus zapatos. Hermione no se tomó esto muy bien y lo miró con el ceño fruncido
- ¿Disculpa?– le preguntó, visiblemente irritada.
- Hermione, ¿no te das cuenta?- le dijo, mirándola intensamente a los ojos – todo lo malo que nos ha sucedido tiene un por qué. Dumbledore le escondió la verdad a Harry todos estos años, y Harry tuvo que pasar por tanto sufrimiento ¿Para qué?- Hermione lo miró sin comprender - pienso que para que pudiera entregarse a la muerte sin remordimientos.- hizo una pausa, bajó la cabeza y sacó el Desiluminador de su bolsillo- Y quizás yo haya tenido que abandonarlos– dijo, recordando la búsqueda de Horrocroxes, la miró a los ojos– quizás yo haya tenido que pasar tanto tiempo lejos de ti para juntar el valor de volver, con todo lo que implica, y destruir ese maldito relicario- sonrió levemente – y quizás hizo falta que nos demos cuenta de que Malfoy no es un hurón tan malo para que podamos salir de la sala multipropósito gracias a él– se acercó más a ella – Hermione, creo que Snape no te dio la fórmula de la poción restauradora porque yo no estaba contigo - repitió, con la mirada oscura y la voz intensa – creo que me hizo pasar por todo esto para que entienda de una buena vez que no puedo estar lejos de ti, y que no puedo volver a dejarte sola– sentenció finalmente, clavándole la mirada en el rostro. Se quedaron unos segundos así, mirándose a centímetros de distancia, hasta que Ron respiró hondo, se separó un poco de ella y, recordando al viejo Dumbledore, miró otra vez el Desiluminador en su mano. Suspiró – Tal vez el amor sí sea la fuerza más poderosa…- dijo para sí.
- Te amo –
La voz de Hermione se deslizó por sus oídos como agua cristalina, y sus palabras se le instalaron en la boca del estómago como un sismo visceral. Se quedó de duro, mirando el Desiluminador en su mano y sintiendo cómo le ardían los ojos mientras se le llenaban de pequeñas y delatoras lágrimas. Ella permaneció a su lado, con su confesión todavía vibrándole en la punta de los labios, y la expectación bailando en sus pupilas; vio como Ron se tensó en su posición y pensó que quizás había precipitado las cosas. El pelirrojo cerró los ojos con fuerza y levantó la cabeza, cuando alzó los párpados se encontró de lleno con la mirada de Hermione. Lenta, muy lentamente, como si calculara cada uno de sus músculos, Ron guardó el Desiluminador en su bolsillo y tragó saliva; dio un corto paso hasta quedar a escasos centímetros de la castaña y suspiró, ella lo miraba en silencio. Ron tomó una mano de Hermione y la apoyó en su propio pecho, haciéndole sentir los desbocados latidos de su corazón, que parecía estar peleando por abrirse camino hacia el exterior de su cuerpo. Todavía sosteniendo la mano de Hermione sobre su pecho, tomó el rostro de la castaña y la miró a los ojos. Suspiró una vez, dos veces, tres veces, y volvió a sentir cómo los ojos se le llenaban de lágrimas, Hermione lo notó. Consciente de no poder ocultar más su sensibilidad, tomó aire para hablar, y así, liberar las cadenas que le aprisionaban la boca del estómago, dejando que, si así lo quería, su corazón saliera libremente de su pecho para instalarse en el de ella.
- Hermione – le dijo con voz quebrada y una media sonrisa- Hermione, yo también te amo…- dejó salir una risa mitad sollozo y terminó- tanto que hasta a veces siento pánico.
Hermione, que lo había observado seriamente y sin pestañar, soltó una risita leve y compuso una mirada infinitamente dulce. Con el dorso de su mano le acarició el pecoso rostro y se acercó para besarlo. Ron cerró sus ojos y atrapó sus labios, sintiendo, sin entender cómo, que su corazón latía aún con más fuerza dentro de su pecho, justo debajo de la mano de Hermione, que ahora lo besaba con amor infinito.
FIN
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No se alegren que aún queda el epílogo. No se librarán de mí tan fácil :)
