EPÍLOGO

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Referencias:

- Diálogos -

"Citas"

/Pensamientos/

Redacción

[…] Flash Back […]

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La segunda cerveza de manteca transpiraba frío mientras la espuma dejaba liberar el gas a cuentagotas. La pecosa mano de Ron tamborileaba la mesa impaciente, silbando a veces, maldiciendo por lo bajo, otras. Cada tres minutos miraba hacia la puerta y, al no ver lo que esperaba, bajaba la vista hacia la mesa y, recordando que su cerveza seguía esperándole, daba un pequeño sorbo para luego seguir tamborileando.

Su vaso ya estaba mitad vacío (o mitad lleno) cuando la puerta de Las Tres Escobas se abrió de golpe y, casi llevándose puestas las mesas, una muchacha delgada atravesó el local y se sentó frente a él, con las mejillas levemente sonrosadas y el cabello alborotado por demás. Ella estiró su brazo y tomó su mano, que seguía golpeteando la mesa. Sonrió algo agitada y se encogió levemente de hombros.

- Llegas tarde – dijo Ron, luego de dar otro sorbo a su bebida, para después alzar el brazo, separando su mano de la de la chica, para llamar al mozo.

- Lo sé, lo siento mucho. Mamá está más entusiasmada que yo – respondió Hermione, volviendo a tomar su mano cuando la posó otra vez sobre la mesa. El mozo se acercó y la miró expectante, Ron la dejó hablar – Sólo jugo de calabaza, por favor. Gracias – pidió con una sonrisa. El mozo asintió y se retiró. Ron lo siguió con la mirada.

- ¿Qué hicieron esta vez? – preguntó Ron, todavía con la vista en el mozo.

- Nada interesante, en realidad. Insiste en el blanco, pero yo prefiero el marfil… Aunque no tiene sentido que te lo diga, porque no has visto ninguno de los dos – le dijo sonriendo. Él se volvió a mirarla con seriedad.

- Lo sé, pero déjame decirte que creo que es una tradición innecesaria – respondió, con aires de superioridad. Hermione rió suave y cristalinamente.

- ¿Y desde cuándo te dedicas a analizar tradiciones muggles? – preguntó curiosa y divertida.

- Desde que influyen directamente en saber cuánta gente tendrá los ojos puestos en ti – respondió, acercándose desafiante.

- Eso no debe preocuparte, la gente puede mirar cuanto quiera. Pero yo te prometo sólo tener ojos para ti – respondió coqueta, mientras se acercaba más a él. Ron le robó un beso inesperado y ella rió infantilmente. Estaban por volver a besarse cuando el mozo posó un vaso de jugo de calabaza entre los dos. Ron lo miró con odio, Hermione volvió divertida a su lugar y sonrió– Hoy mamá me dijo que siempre supo que serías tú…- le dijo, tomando un sorbo de su bebida

- ¿Siempre, siempre? – inquirió el pelirrojo alzando las cejas

- Desde la primera carta que le envié desde Hogwarts, quejándome sobre ti – dijo ella, con los ojos brillantes de diversión.

- ¿Y recién ahora te lo dice? Podría habernos ahorrado varios malos tragos si te lo decía antes – le dijo en chiste. Hermione rió con ganas y negó con la cabeza.

- Ya tenía ganas de verte.- cambió de tema, mirándolo con anhelo.

- Yo no puedo esperar a verte- le dijo él, con la mirada eclipsada de ella. Hermione frunció el ceño, intrigada, aún sonriendo.

- Me estás viendo, Ron - aclaró

- Lo sé. Pero yo quiero verte en serio, quiero verte todos los días. Conocerte un poquito más- dijo, con la mirada sobre su cerveza de manteca, su mano sobre la de Hermione y sus orejas totalmente rojas. Hermione le besó los dedos.

- Cada día falta menos – le dijo ella, ansiosa, y le sonrió cuando él levantó el rostro alegre. Ron sintió que el corazón le cosquilleaba al ver el brillo de sus ojos y no pudo evitar volver a recordar, como había estado haciendo durante las dos horas de espera.

[…]

La comida había estado deliciosa, su madre sin duda era la mejor cocinera del mundo mágico; pero lo que Ron más disfrutaba de las cenas familiares en La Madriguera eran los paseos que daba con Hermione por el inmenso jardín, cuando todos se habían retirado de la mesa, y él se ofrecía a acompañarla hasta su casa y luego volver a aparecerse en la suya. Era entonces cuando, alejados lo suficiente del gran ventanal del living, Ron aventuraba acercarla por la cintura y robarle un beso apasionado. Ella siempre se sonrojaba, pero no se resistía. Luego, se tomaban de la mano y hablaban de cosas triviales durante unos minutos. Finalmente, volvían a besarse hasta que la castaña decidiera que había preocupado suficiente a sus padres y, tras darse un último beso, desaparecían frente al ingreso principal de La Madriguera y pisaban la entrada de la casa de Hermione, donde siempre encontraban al Sr. Granger asomado a la ventana de la cocina. Entonces Ron le besaba la mejilla y, saludando con la mano al padre de ella, volvía a desaparecer hacia su casa.

Sin embargo esa noche sería diferente, porque Ron había decidido que la próxima vez que el alma le hiciese cosquillas, no se guardaría las ganas de reír. Cuando Molly cerró la puerta después de abrazar con calidez a Hermione, Ron se puso serio y la tomó de la mano. Ella le sonrió dulcemente y él, clavándole una decisiva mirada, la dirigió hacia el columpio que colgaba de un sicomoro en el patio trasero. La invitó a sentarse, sin darle su correspondiente beso apasionado, y Hermione obedeció extrañada, mirándolo con curiosidad. Ron estaba un poco pálido, pero sus ojos denotaban obstinación masculina, lo que la intimidó un poco.

- Hermione… - la nombró. Carraspeó cuando notó que le temblaba la voz - … Hermione- repitió, ahora con seguridad. Ella lo miró extrañada.

- ¿Ron? – preguntó, a modo de respuesta.

- ¿Recuerdas la batalla de Hogwarts? – comenzó titubeando.

- ¿Qué tonterías preguntas, Ron? Claro que la recuerdo – le dijo, sonriendo con extrañeza.

- ¿Y recuerdas cuando, hace cuatro años, buscábamos a tus padres en Australia? – volvió a preguntar, mirando sus zapatos. Hermione se puso de pie, haciendo que Ron la mirara.

- Lo dices como si se tratara de cualquier tarde en el colegio, Ron. Es obvio que recuerdo eso, ¿Qué te sucede? – le preguntó levemente asustada. Ron tragó saliva y, tomándola por los hombros, volvió a sentarla en el columpio.

- Hermione, creo que tengo ganas de besarte desde que estamos en cuarto año… – le confesó en un arrebato de verborragia. La castaña abrió los ojos ante la confesión y se mordió el labio, sonrojada. Ron volvió a hablar – Sin embargo, fuiste tú quien me besó… cuatro años más tarde – le dijo. Hermione rió levemente, estaba por responder cuando Ron tomó aire para retomar su monólogo – ¿Sabes cuándo descubrí que te amo? – le preguntó, ella volvió a morderse el labio sorprendida y negó con la cabeza, los ojos clavados en él – Cuando escuché por primera vez salir tu voz del Desiluminador– respondió. La castaña lo miraba sin pestañear - Pero fuiste tú la que me lo dijo primero, casi un año después- dijo al fin, bajando la cabeza. Se quedó callado, Hermione aventuró unas palabras.

- Ron… - le dijo, tomando su mano, él la miró a los ojos – ¿Qué quieres decir? – preguntó con cuidadosa dulzura.

- Quiero decir que siempre que empiezo a sentir algo relacionado contigo me lo guardo por algún motivo – comenzó, como reprochándoselo a sí mismo – y llego a ignorar tanto esto que siento – dijo, apoyando un puño en la boca del estómago - que siempre me parece que puede esperar… hasta que te me adelantas – aclaró, bajando la voz y el rostro; Hermione le acarició el dorso de la mano.

- Ron, yo no creo que me ames menos porque hayas dicho "te amo" después – la castaña sintió que debía aclararlo. Ron negó con la cabeza, mirándola.

- No es eso, es que… - bufó al notar que se le atoraban las palabras en la garganta – lo que pasa es que… - pateó el suelo y suspiró; tomó aire y le sostuvo ambas manos - ¿Recuerdas cuando te dije que siento miedo? – le preguntó velozmente, Hermione sonrió con dulce melancolía. Soltó una tímida risita.

- Dijiste: "te amo tanto que hasta a veces siento pánico" – citó, como orgullosa de ser destinataria de esas palabras, Ron asintió.

- Sí, eso. Pánico.- aseveró - Porque cuando quería besarte, me aterraba pensar que tú no deseabas lo mismo, y preferí no arriesgarme. Y porque, aunque sabía que te amaba, tenía miedo de asustarte, y elegí callármelo.– bajó la vista con vergüenza, Hermione no intervino. Luego de unos segundos, Ron sonrió recordando, alzó la vista – Lo curioso es que, tarde o temprano, tú terminaste sintiendo lo mismo… besándome…

- Amándote – acotó ella, para infundirle seguridad.

- Exacto… – dijo él, sonriendo e hinchando el pecho. La decisión volvió a alojarse en su mirada – Hace cuatro años decidí que la próxima vez que empiece a sentir algo relacionado contigo te lo diría apenas lo sienta. Porque presiento que, tarde o temprano, tú terminarás sintiendo lo mismo – en este punto, Hermione comenzó a asustarse – y porque nada de lo que he empezado a sentir por ti ha desaparecido con el tiempo… – Ron suavizó su mirada – si es posible, cada día te amo más… - sonrió con picardía – cada día tengo más ganas de besarte…– ella sonrió, sonrojada – Así que ahora, que tengo este cosquilleo condenadamente insoportable– dijo, tomándose de nuevo la boca del estómago – voy a comportarme como el verdadero Griffindor que soy– le dijo, alzando la voz. Avanzó un paso hacia ella y flexionó las rodillas hasta quedar en cuclillas a la altura del columpio. Hermione arrugó el ceño, confundida.

- Ron, no entien…

- Cásate conmigo…

Había tirado la bomba. Fue más fácil de lo que creyó, aunque comenzar le había costado horrores. Ahora sólo quedaba esperar. Hermione se había congelado frente a él, con los labios entreabiertos y los ojos casi fuera de sus órbitas, con las manos frías entre las suyas, y con la palabra atravesada en la garganta. Ron le sostuvo la mirada, ella no se movió. ¿Por qué tardaba tanto? Ron comenzaba a exasperarse, el terror se apoderaba de su cuerpo y comenzó a sentir cómo sus manos, que rodeaban las de ella, comenzaban a sudar frío. De repente, un movimiento lento, infinitamente lento.

Todavía con los ojos exageradamente abiertos y la expresión petrificada, Hermione hacía avanzar su rostro hacia el de Ron a una velocidad imperceptible. Ron esperó aparentando paciencia, aunque muriendo por dentro. Cuando ella detuvo su rostro a cinco centímetros del de él, el joven compuso una mueca que combinaba un "¿aceptas?" con un "lo siento si precipité las cosas". Fue entonces cuando ella recuperó la movilidad facial y, entregándole una sonrisa hermosamente dulce, lo besó impulsivamente.

Ron rió sobre sus labios y la abrazó por la cintura. La acercó a sí y se dejó caer de espaldas en el pasto del jardín, con Hermione sobre su pecho. Sintió cómo las lágrimas que ella dejaba escapar le bañaban el rostro y supo que, en breves instantes, se combinarían con las suyas propias. La joven lo besaba tan apasionadamente que él sopesó borrarle de la memoria ese momento sólo para vivirlo otra vez. Minutos más tarde, Hermione se separó de sus labios, le besó la quijada, luego las manos y luego enterró su cabeza en el hueco de su cuello. Ron le acarició el cabello con regocijo y, riendo levemente, le susurró al oído.

- Tomaré eso como un sí…

[…]

- ¿Qué hora será? – preguntó Hermione, sacándolo de sus cavilaciones.

- Deben ser cerca de las cuatro… - dijo Ron, buscando en vano algún reloj en el local - ¿Ordenamos? – le dijo con una sonrisa. Hermione se sonrojó y bajó la cabeza.

- Esteordena tú, yo no tengo hambre- le dijo, tímidamente, sin mirarlo a los ojos.

- Ya comiste, ¿cierto? – le preguntó Ron, adivinando su gesto.

- Ya comí- confesó la castaña achicándose en su asiento – Lo siento, es que la modista nos ofreció unos canapés y no pude resistirme…- se excusó.

- ¿La mo-qué? – preguntó Ron.

- Modista, Ron, la mujer que confecciona el vestido – le dijo, como si lo explicara por décima vez.

- Cierto, cierto – dijo Ron, casi con desinterés – Bueno, de todas maneras vámonos, ya se nos hace tarde… - dijo, levantándose y dirigiéndose a la barra a pagar lo consumido. Cuando regresó a la mesa, Hermione lo miraba con el ceño fruncido y los ojos entrecerrados.- ¿Qué?- cuestionó.

- Tú también comiste, ¿verdad? – le preguntó, conociéndolo mejor que nadie. Ron compuso un puchero.

- Llevabas dos horas y media de retraso, Hermione. Un Weasley no puede esperar dos horas y media cuando se trata de comida – se defendió. Hermione liberó una carcajada y Ron sonrió, tomándola de la mano mientras ella se levantaba de la silla – Vamos, de verdad estamos llegando tarde… y quiero advertirle un par de cosas antes de despedirlo – dijo Ron, apurándola hacia afuera de Las Tres Escobas. Ya afuera del local, Hermione se abrazó al antebrazo de Ron y apoyó su cabeza en su hombro; suspiró.

- No puedo creer que el pequeño Cris ya vaya a asistir a Hogwarts… - le dijo, mirando al infinito. Ron apoyó la mejilla en su frente un segundo y luego dijo.

- Sólo espero que quede en Griffindor – dijo Ron, imaginando al pequeño con el uniforme puesto - Quiere ser guardián del equipo de Quidditch, ¿Sabías? – le preguntó emocionado.

- ¿Guardián? ¿En serio? – preguntó ella mirándolo a los ojos.

- En serio – dijo Ron con orgullo.

- ¿A pesar de los intentos de Harry? – preguntó frunciendo el ceño.

- A pesar de los intentos de Harry – aseveró el pelirrojo.

- Vaya, realmente quiere ser como tú – dijo ella, volviendo a apoyar su cabeza en su hombro.

- Y…- comenzó a decir Ron con suficiencia – el niño sabe lo que es bueno…-

Y escuchando a la castaña reír tomada de su brazo, Ron se encaminó hacia la estación de King's Cross, donde el pequeño Cris los esperaría para abordar el Expreso de Hogwarts. Con un dejo de melancolía, el pelirrojo recordó su primer día en ese tren; observó la cabellera alborotada sobre su hombro y no pudo evitar evocar a la sabelotodo insufrible que lo había increpado en su inaugural viaje al castillo. Río para sus adentros: por fin comprendía por qué, justo en ese momento, había sentido que las tripas se le anudaban en la boca del estómago.


Queridos lectores,

Habiendo llegado al final de esta historia, he de agradecerles su compañía y apoyo.

Creo que ésta, siendo la primer historia que comencé a escribir, será también la última que escribiré. Eso significa que "Si te vas" es invaluable para mí, y por lo tanto, también lo ha sido su compañía. Gracias, nuevamente, por estar ahí.

En el transcurso de la semana responderé los comentarios que pueda.

Les dejo un gran abrazo,

Dédalo *

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NOTA:

La mayoría de los personajes y lugares consignados en esta historia son creación y propiedad de Joanne Rowling. La presente no tiene intenciones de violar ningún derecho a la propiedad intelectual ni copyright, como tampoco persigue fines de lucro.

El poema copiado en los primero capítulos pertenece a la banda argentina "Cabezones". La presente no tiene intenciones de violar ningún derecho a la propiedad intelectual ni copyright, como tampoco persigue fines de lucro.