John POV
—Oigan, tengo hambre —dijo Tabitha.
—Siempre la tienes —la molestó Rogue.
—Sí, bueno... Ahora es hora de comer, así que deberíamos detenernos —explicó— ¡Mira, mira! ¡Ahí hay un lugar! —chilló entusiasmada.
Yo continué conduciendo. El lugar era un bar de mala muerte, del estilo de las películas: motocicletas y camiones afuera, estacionados.
—¿No prefieres una gasolinera? —traté de convencerla.
—¡Oh! ¡Vamos, Johnny! —lloriqueó—. Estamos en una aventura ¡Da la vuelta! —rogó.
—Tabitha, no tiene buena pinta.
—Pyro, te recuerdo que somos mutantes. Nadie ahí puede tocarnos sin salir herido —argumentó.
—En mi caso, es literal —bromeó Rogue. Parecía que, a cada momento, aceptara más su don, desde que salimos de la mansión.
—¿Ves? Rogue está de acuerdo. Bobby ¿tú qué opinas? —Se giró para mirar a Iceman.
—No creo que esté bien que dos chicas estén en un bar como ese.
—Maldición, Marie convence a tu novio —le gritó suplicante.
—Vamos, Bobby. Yo sé cuidarme y tú estarás ahí. Solo comeremos y retomaremos viaje.
¿Me parecía a mí o el acento sureño de Rogue se escuchaba más que nunca?
—Lo decidamos a votación —propuso Tabitha— ¿Quién quiere comer en el bar? —preguntó elevando su mano en el aire. Rogue se le unió y luego Bobby, tras recibir miradas suplicantes de las chicas.
—¡Diablos, Iceman! ¡No se puede contar contigo! —le grité, mientras desaceleraba, giraba en U y volvíamos al bar.
—¡Las mujeres ganan! —gritó Tabitha, cuando se giró sobre su asiento para chocar los 5 con Rogue.
Cuando llegamos, Tabitha nos pidió un minuto a solas en el auto. Cuando bajó, llevaba la camiseta que le obsequié antes.
—¿Qué opinas, chico malo? —me preguntó, dando una vuelta sobre sí misma, mostrándose.
—Hermosa. —La tomé de la mano, para darle un beso en los labios.
Boom boom POV
—Quítate los guantes. —Me acerqué a Marie para susurrarle.
—¿Qué? —me preguntó sin comprender, uniendo el entrecejo.
—El bar es peligroso. Solo míralo —le expliqué en susurros—. No quiero darle la razón a John. Quiero que te cuides tú misma.
Marie pareció comprenderme; hacía un rato que estábamos en complicidad femenina; por lo que se quitó los guantes que le obsequié antes.
—¿Sucede algo? —le preguntó Bobby cuando la vio así.
—No. Es solo... que hace calor —mintió, con un tono relajado.
El bar era de película, en el peor sentido posible: era oscuro; con una barra, atendida por un anciano bigotón de tatuajes. En la esquina, una mesa de pool, rodeada por tipos gordos con mala cara, que rieron al vernos entrar. El suelo estaba pegajoso y el aire viciado.
Nos sentamos en una mesa rectangular. Yo le quité, a Bobby, el lugar junto a Marie, argumentando querer charlar con ella. Los dos chicos se sentaron en frente.
Pedimos una hamburguesa cada uno y Coca-cola. No había nada más en el menú, además de cerveza, pero no podíamos pedirla ya que debíamos seguir viaje.
En todo momento recibimos miradas lascivas y risitas molestas de los tipos de la mesa de pool. Eran repugnantes, mirándonos a Marie y a mí.
John no guardó su mechero en ningún momento, como esperando para usarlo. Y no lo culpaba, el ambiente era perturbador.
Saqué un cigarrillo del bolcillo y le ofrecí uno a Marie, que lo aceptó encantada. Hacía un tiempo no disfrutábamos de uno juntas. No tenía encendedor, nunca lo tenía, pero mi Johnny si, y yo era la única persona que podía tomarlo prestado, sin que se enfadara.
Tomé la mano en la que tenía su mechero, y con una caricia lo saqué de entre sus dedos. Encendí mi cigarrillo, con cierta torpeza. No era tan ágil como él para usarlo. Luego, encendí el de Marie.
Estábamos fumando, mientras Bobby y John terminaban sus hamburguesas. Marie y yo comimos solo la mitad, eran grasosas, nada agradables. Lamentaba haberme metido a ese bar, pero no le daría el gusto a Iceman y Pyro.
—¡Eh, chicas! —gritó uno de los tipos gordos de barba de la mesa de pool— ¡Vengan con nosotros, dejen a esos niños!
—¡Aquí hay hombres de verdad! —gritó el que estaba junto a él. Eran repugnantes. Pero me reí de cualquier modo. No iba a darles motivos a los chicos para que se levantaran a hacer algo estúpido. Marie y yo podíamos cuidarnos. Por eso la miré cómplice y ella pareció comprender porque me dedicó un guiño ¡Esa era mi dama sureña!
—Deberíamos marcharnos —propuso Iceman. John asintió.
—Terminen su comida primero —les pedí tranquila.
—Sí, chicos. Nosotras estamos bien —Marie les prometió, aun más tranquila.
John sonrió de lado, levantando una ceja y Bobby nos miró extrañado, sin comprendernos.
Terminamos nuestros cigarrillos, cuando los dos tipos se acercaron a nuestra mesa.
—Oigan, nenas. Les estamos hablando —habló el tipo gordo, apoyándose en el palo de pool.
—No nos interesa —respondió Marie con su real tono de dama—. Así que podrían dejarnos.
—Vamos, linda. No se pueden divertir con estos niños —apuntó despectivamente a Bobby y John.
John levantó ambas cejas, prendiendo su encendedor. Pero yo lo pateé por debajo de la mesa para llamar su atención, dedicándole una sonrisa tranquilizadora, que pareció entender, ya que cerró su mechero.
Esta pelea era de Marie y mía, en todo caso.
—Le dije que no me interesa. —Marie le dedicó una sonrisita ahora.
—Creo que no estás comprendiendo, nena. —El otro imbécil se recargó en la mesa para hablarle más cerca a Marie. Vi como Iceman cubría su puño de hielo, pero John tomó su mano, negando con un movimiento de cabeza. Bobby aceptó a regañadientes—. Yo siempre obtengo lo que quiero.
—Ya dije que no —Marie sonó más firme ahora.
Tomé la mano de Marie por debajo de la mesa. Ella me miró asustada, tratando de zafarse, pero le dediqué una mirada para tranquilizarla, respirando con dificultad, mientras trataba de fingir que todo estaba bien. Ella se iba a defender por sí misma, sin tener recuerdos asquerosos de esos idiotas.
—Al diablo con lo que digas —susurró con ese tono repugnante, cuando tomó un mechón blanco de Marie, mientras una sonrisa maliciosa surcaba su rostro.
Marie sonrió arrogante, cuando levantó una mano en el aire, con la palma hacia arriba, con una bomba en ella.
Los tipos retrocedieron con los ojos saliéndose de sus orbitas.
—Creo que deberían irse.
—¡Eres un maldito fenómeno! —gritó el tipo gordo.
—Mutante —lo corregí—. Somos mutantes. —Mi rostro tenía la misma sonrisa torcida que Marie, cuando le demostré mi punto, creando pequeñas bombas en una palma—. Por cierto... deberías bailar un poco— le sugerí, lanzando, al mismo tiempo que Marie, las bombas a los pies de los tipos, que empezaron a saltar, tratando de esquivar las explosiones.
Todos explotamos en carcajadas cuando los vimos aterrados. Hasta que escuchamos el ruido de un cargador a nuestras espaldas. Era el tipo bigotón de la barra que nos apuntaba con una escopeta oxidada
—¡Largo de mi bar! —nos ordenó.
"¡Diablos!"
Todos levantamos las manos. Caminando lentamente hacia la puerta, sin darle la espalda al arma. Cuando logramos estar fuera, comenzamos a correr al auto.
—¡Arranca! —le grité a John. Aunque no era necesario, ya estábamos retomando el camino.
—¡Maldición! —gritó Bobby, molesto— ¡Les advertí que no debíamos entrar!
—¡Oh, calma, Iceman! Estamos bien... —traté de quitarle importancia, a pesar de que no me salía muy bien.
—Yo me sentí genial —dijo Marie.
—¡¿Qué?! —gritó Bobby, sin poder creérselo.
—Sí, fue genial. —Marie reía alegre.
—¡Esa es mi amiga, maldita sea! —grité, girándome en mi asiento para chocar los 5 con ella.
John comenzó a reírse. Seguramente solo era catártico ¡Casi nos matan, después de todo!
—¡Las mujeres son nuestra perdición! —gritó John.
Bobby se unió a sus risas.
—¡Es la pura verdad! —aceptó él—. Pero la mejor forma de perderse.
Marie y yo nos unimos a sus risas. De cualquier forma habíamos logrado lo que queríamos: nos defendimos nosotras mismas sin su ayuda...
—Logan estaría frenético si nos viera —comentó John.
—Incluso el Profesor lo estaría —agregó Bobby.
—Diablos, es verdad... —farfullé— ¡Lo siento Profesor! —grité como si pudiera oírnos.
—Estarán en graves problemas cuando vuelvan —una voz familiar retumbó en mi cabeza.
—¿Escucharon eso? —pregunté al resto.
—Sí —respondieron los demás al unísono.
El silencio nos embargó unos segundos... Hasta que explotamos en una carcajada, nuevamente... Estábamos en problemas, pero estábamos cumpliendo nuestros objetivos... Juntos. Y si el Profesor no nos detenía, debía ser algo bueno lo que hacíamos. Aunque aún no supiera a donde nos dirigíamos.
Nota: ¡Gracias por el comentario! Espero algún otro :3 De verdad, gracias.
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