Tabitha (Boom boom) POV
Estaba anocheciendo, cuando Iceman le indicó a John un buen lugar para detenernos. Había un pequeño sendero, por donde ingresar con el auto, alejándonos de la carretera. Los autos que pasaran por allí no nos podrían ver, así que nadie nos molestaría por estar viajando en un auto robado.
Apenas bajamos del auto, John encendió su mechero, arrojando una llama al suelo, dejándonos una perfecta fogata. No había ninguna rama, por lo que era John el que la estaba manteniendo encendida.
Todos nos sentamos alrededor de la hoguera, como se supone debíamos hacerlo en un campamento. Bobby y Marie, uno junto al otro; del otro lado John y yo, enfrentados a ellos.
Un rato después, John se levantó dirigiéndose al baúl. Escuché cómo removía algunas cosas, abriendo el cierre de su mochila, luego de sacar algunas cosas y arrojar algo dentro, de nuevo, volvió a su puesto, junto a mí.
—Iceman —le habló, extendiendo las botellas de cerveza que había traído del auto. Bobby las tomó con las manos, enfriándolas y luego trató de devolvérselas a Johnny—. Toma una, Drake, no me beberé las cuatro —comentó, entregándome una a mí y quedándose con otra.
—¡Salud! —exclamé, levantando mi botella en el aire.
—¿Por qué brindamos? —preguntó Marie, antes de unirse a mí en el centro de la hoguera.
—Por este viaje —respondí— ¿Y tú?
—Por lo aprendido. —No llegué a comprender a lo que se refería, pero de cualquier forma no pregunté— ¿Bobby?
—Por los amigos. —Levantó su botella— ¿John?
—Por todo lo que ustedes dijeron… y por el orgullo mutante. —Concluyó estrellando su botella con las nuestras.
—¡Salud! —exclamamos todos al mismo tiempo.
—Oigan —comenzó Marie, un poco ebria. La chica no estaba habituada a beber—. Hace frío —se quejó, envolviéndose en sus brazos.
Vi cómo Bobby se removió en su lugar, alejándose un poco de ella ¿No se supone que los novios debían hacer lo opuesto al escuchar esa queja? Es decir, mi novio, aquí junto, estaba envolviéndome en sus brazos hacía un buen rato. Lo cual era genial, considerando que mi Johnny emanaba un calor extraño de su cuerpo. Nunca supe si se trataba de su mutación, y no me interesaba saberlo tampoco.
—Iceman, esa es la señal para que abraces a tu novia —lo regañé en tono jocoso.
—No creo poder ayudar —respondió con una mueca. Yo me quedé muda, no estaba comprendiendo—. Mi cuerpo es frío por naturaleza —me explicó—. La congelaré.
—Eres lo opuesto a John —dije sorprendida, cuando sentí una de las manos de mi novio dejando su lugar, para sacar algo de su bolsillo, que le arrojó a Bobby, este último lo atrapó en el aire. Iceman se sorprendió al ver en sus manos la pequeña llave del auto.
—Hay una manta en el baúl —le explicó mi chico.
Bobby sonrió agradecido antes de levantarse para buscar la manta. Cuando volvió, abrigó a Marie con ella, rodeándola con sus brazos. Mi Johnny podía ser muy considerado cuando lo quería.
Llevábamos un buen rato entre risas y bromas. La estábamos pasando bien. No era como correr por nuestras vidas de un bar, pero era una forma de divertirse que no se me hubiera ocurrido antes. Ya habíamos comido chatarra, contado anécdotas de los campamentos de Bobby de niño y bromeado sobre nuestro viaje, incluyendo lo frenético que debía estar Logan. Era, sencillamente, genial.
—Juguemos a algo —propuse, luego de un rato de silencio, que si bien no era incómodo, me invitaba a llenarlo. El resto sonrió amable.
—¿Cómo se llama el juego? —John preguntó, como siempre.
—El juego se llama… —comencé, rebuscando una idea en mi mente— "Cuéntame la otra parte de la historia" —dije, antes de continuar explicando—. Deben contar esas partes de su historia que no nos han dicho aún. —Los miré con una pequeña sonrisa.
—¿Cómo el secreto que falta? —preguntó Bobby.
—¡Exactamente! Cuenten esas lagunas que faltan llenar ¿Les gusta la idea? —pregunté a todos.
Bobby y Marie aceptaron, pero mi Johnny se quedó en silencio, así que lo miré para que aceptara.
—Lo haré si prometen no quedarse en un silencio incómodo —pidió—. Ahora no estamos en el auto para poner música.
—Lo juro —dije yo, levantando la palma de la mano. Bobby y Marie me imitaron.
—Muy bien —aceptó— ¿Quieres empezar? —Me miró.
—Claro. —Me acomodé entre sus brazos, mirando a las llamas que bailaban en la hoguera, John creaba figuras de vez en cuando. El don de Pyro era algo hermoso—. Bien, ya saben que mi padre me golpeaba… —sentí el agarre de John más firme a mi alrededor—. También saben que huí de casa y viví en las calles por un largo tiempo —enumeraba las cosas que había narrado antes—. Pero la parte que no saben es que los amigos que hice en la calle para sobrevivir, no eran del todo buenos —continué—. Ya saben, había narcotraficantes, niños maltratados por sus familias o abusados sexualmente. Incluso te encontrabas con algún que otro abusador que trataba de sobornarnos con comida o un hogar a cambio de sexo —expliqué con desprecio, cuando miré a Marie por reflejo. Su rostro expresaba terror—. No te preocupes —le dije—. Sé defenderme —comenté, haciendo bailar una pequeña bomba, entre mis dedos índice y pulgar, que luego arrojé al aire, explotando sonoramente sobre nosotros—. Nunca dejé que me tocaran —continué—. Aunque eso implicara volarles la cabeza con una de mis bombas… y eso sí lo hice. —Sonreí con tristeza—. Un tipo trató de tocarme una vez, pero el pobre idiota no sabía que era una mutante. Cuando vi mi oportunidad metí una bomba en su boca, haciéndola explotar —concluí, sabiendo que Marie se estremecería por eso—. En fin… —Me encogí de hombros— esa creo que es la parte que no sabían. Es obvio que me dedicaba a robar para sobrevivir. Eso no creo que sea un secreto. —Guardé silencio.
Mi novio besó mi coronilla, cuando miré al resto. Todos miraban las llamas, con solo el sonido del clik clok del mechero de John de fondo
—¿Bobby? Te toca —lo invité a seguir, a sabiendas de que Johnny se enfadaría por el silencio incómodo.
—Bien… —trató de acomodar sus ideas antes de hablar—. Entonces… ya saben que viví en un pueblo hasta que se manifestaron mis poderes y todos me empezaron a odiar. Así que cuando me mudé a Boston opté por guardar el secreto, no quería pasar por eso de nuevo. Pero lo que no saben de la historia, es que cuando Storm y el Profesor llegaron a mi hogar para invitarme a la mansión… les di la noticia de mi mutación a mis padres —dijo de sopetón. Todos desviamos la mirada de las llamas, mirando extrañados a Bobby, que no nos devolvió la mirada, solo continuó narrando—. Ellos no se lo tomaron bien —todos volvimos a mirar a la fogata. Creo que tratábamos de darle intimidad al narrador—. Me decían cosas como que tratara de ocultar lo que soy o intentara dejar de ser un mutante. —Sonrió de costado con tristeza—. Era gracioso cómo mamá repetía una y otra vez que aún me querían, pero al mismo tiempo actuaban como si ser mutante fuera un problema o algo malo que debía ser curado. Era como si no comprendieran que es lo que soy… —razonaba al hablar—. Era como si tuvieran vergüenza o… miedo —concluyó. Vi como Marie lo abrazaba con más fuerza—. Luego de que me cansara de tratar de explicarles que era un don y el Profesor les diera el discursito del regalo y la ayuda que me daría para controlar mis poderes. —Rió con un poco de humor—. Hablé a solas con el Profesor Xavier y me propuso borrarles ese recuerdo a mis padres. Me dijo que sus habilidades le permitían eso. Así podría volver a entrar a mi hogar de nuevo, pero ahora como el director de una escuela "normal" para superdotados —explicó, haciéndonos comprender lo que realmente había sucedido—. Por eso mis padres no conocen mis poderes, porque cuando lo hicieron la primera vez me rechazaron, aunque trataran de fingir que no era así… —Guardó silencio un momento antes de continuar—. Y creo que esa es la parte que no sabían de la historia: mis padres me odiaron, como suele pasarnos a los de nuestra especie. Pero yo no fui lo suficientemente valiente como para aceptarlo y borré esa parte de mi vida. Negué frente a mi familia lo que soy —concluyó al fin— ¿Rogue? —la invitó a hablar luego de unos segundos.
—Ok, veamos… —comenzó dudosa, como todos—. Ya saben que dejé en coma al chico que besé, que soy adoptada… aunque no saben que de hecho mis padres adoptivos son mis tíos. —Pareció recordarlo en ese momento—. Mi tía; es decir la hermana de mi madre biológica; me odiaba… o por lo menos nunca fue cariñosa. Ni tampoco me quiso explicar qué sucedió con mis padres. —Rió irónica—. Es extraño vivir sin conocer tu historia, especialmente cuando vives con alguien que sabe todo, pero no te dice nada. —Trató de ponerse sería antes de seguir—. Así que fue fácil optar por largarme de ahí cuando casi mato a Cody; quien era la única persona que me había demostrado cariño alguna vez. Y aunque mis tíos no dijeron mucho sobre mis poderes, sabía que las cosas se irían al demonio en cualquier momento. No confiaba en ellos —Marie hablaba con rencor en su voz—. Odio mis poderes… —balbuceó—. Me paso demasiado tiempo temiendo tocar a la gente… pero —continuó, antes de que alguien pudiera protestar por lo que decía— en este viaje, estoy descubriendo que no es tan malo. Al fin y al cabo tengo a gente que me ama a pesar de todo. —Sonrió más alegre. Todos le devolvimos el gesto. Ahora su brindis tenía más sentido—. Y… no sé si estoy cumpliendo con las reglas del juego, pero creo que eso es lo que no saben de mi historia. —Se encogió de hombros riendo—. John ¿y tú?
Se repitió la misma escena que antes: todos mirando las flamas frente a nosotros, dándole lugar al narrador para hablar, brindándole esa privacidad.
—Cuando se manifestaron mis poderes, estaba en Australia, en donde murieron mis padres… en el incendio… eso ya lo saben… pero… —John parecía tener más dificultades para hablar que los demás— lo que no saben es que mi padre era alcohólico y me golpeaba; a mí y a mi madre —hablaba, mientras seguía con el juego de su mechero— me golpeaba hasta dejarme en el hospital —comentaba sin demostrar dolor—. Pero mi madre era católica… era una fanática religiosa. Por lo que no creía en el divorcio… aunque eso implicara que un día nos mataran. —Contuve un gruñido, no quería interrumpirlo, se le hacía difícil hablar—. El día que se manifestaron mis poderes, mi padre me había golpeado hasta el cansancio, dejándome tendido en el suelo… luego se dirigió a mi madre, que rezaba entre sollozos a algunos metros de mi… y… —Continuaba con las dudas para hablar—. Cuando la estaba golpeando, sentí… realmente sentí que ese día nos mataría. —Yo me estremecí ante el pensamiento: un pequeño Johnny temiendo por su vida, sin poder defenderse por sí mismo, sin tener a nadie que lo defendiera—. Con el terror que sentí, escuché una explosión que envolvió toda la casa, y como les dije: esa explosión no me tocó —nos recordó lo que ya sabíamos—. Luego, mi abuela, que vivía en Estados Unidos, me recogió. Era una mujer muy buena conmigo… por eso no dudé en contarle sobre mis poderes cuando comprendí lo que sucedía… no me esperaba que me diera la espalda como lo hizo —dijo, igual que antes, con un dejo de tristeza, al fin.
—¿Era? —cuestionó Bobby. Todos lo miramos extrañados por su pregunta. Se suponía que nos estábamos dando el espacio para hablar con libertad—. Lo siento —se disculpó al darse cuenta de lo que había hecho—. Es solo que dijiste "era", en pasado —recalcó.
—Ella murió —explicó John, volviendo su mirada a las llamas—. Hace algo así, como una semana.
—No me dijiste nada —le reproché un poco, girándome a verlo.
—Lo sé. No me pareció importante. De cualquier forma no tenía ningún tipo de contacto con ella desde que me abandonó en el orfanato —le restó importancia, rápidamente.
—Si no tenías contacto con ella ¿cómo te enteraste? —le preguntó Marie.
—El Profesor me lo dijo. También me propuso llevarme al funeral, pero no quise hacerlo.
—¿Por eso fue la reunión de la semana pasada? —le pregunté yo, recordando el día en que fue solo a la oficina del Profesor, sin darme alguna explicación real de su visita. Cuando salió actuaba extraño, pero preferí no molestarlo con eso. Si me lo quería contar lo haría en su momento.
—Sí —respondió con un asentimiento de cabeza.
—Y ya que estamos en esto de contarnos los baches de las historias… —comenzó Bobby— ¿nos dirás a donde vamos?
John lo miró extrañado.
—Vamos, Dyce. No soy idiota —le dijo con esa confianza que solo ellos tenían—. Saliste a hurtadillas de la mansión, sin decir nada. Ni siquiera Tabitha lo sabía. Nosotros estamos aquí solo por una coincidencia. Y hemos aceptado, sin protestar, a tu mentira de que no sabías a dónde íbamos. Ya sería hora de que nos expliques lo que sucede ¿qué planeas? ¿O qué planeabas en todo caso? —se corrigió a sí mismo.
Vi a Marie asintiendo ante las palabras de su novio. No me esperaba que hayan notado todo eso. Siempre pensé en ellos como los niños inocentes que se habían relacionado con las malas influencias, que éramos John y yo. Pero, al parecer, había olvidado lo inteligentes que eran y los buenos amigos que podían llegar a ser.
—Admito que este viaje está durando más de lo que esperaba… —dijo John, hundiendo su nariz en mi cabello, mientras dejaba el juego con su mechero. Johnny se tranquilizaba cuando olía mi cabello. Era lo único que lo calmaba, dejando su encendedor—. También, debo admitir que está saliendo mejor de lo que esperaba. —Sentí su sonrisa en mi coronilla, mientras hablaba—. Pero no creo estar listo para explicarles a donde vamos. De todas formas… —balbuceó, sin terminar la frase.
—Mañana llegaremos a destino —concluyó Marie por él, con una sonrisa cómplice.
Diablos, realmente no había tomado en cuenta lo buenos amigos e inteligentes que eran esos chicos.
John le devolvió la sonrisa.
Pasó un rato hasta que Marie bostezó.
—¿Quieres dormir? —le preguntó Bobby.
Marie asintió en respuesta, poniéndose de pie para meterse al auto. Les habíamos propuesto que durmieran dentro del coche, mientras John y yo dormíamos debajo de las estrellas. Como dije: mi novio irradiaba calor, no necesitábamos mantas, además de que la noche me parecía bastante templada para mi gusto.
—Buenas noches —nos despidió Marie.
—¿Se "meterán mano" en el auto? —les preguntó John con malicia.
—Vete al diablo, John —lo insultaron ambos al unísono, sin voltearse a mirarlo. Su vocabulario estaba empeorando en este viaje… y me encantaba.
Cuando se metieron en el coche, John y yo nos recostamos en el suelo, mirando el cielo estrellado, enredé mis brazos sobre el torso de él.
—John ¿no me dirás a dónde vamos? —inquirí curiosa.
—Mañana llegaremos, Tabitha ¿Podrás soportar la intriga una noche? —me preguntó—. No es la gran cosa de cualquier forma, no te emociones —me aseguró.
—Ok… —acepté en un suspiro, pero me tranquilicé cuando me obligó a girar el rostro para mirarme un segundo.
—Te amo "Chica explosiva" —susurró.
—Yo también te amo "Chico malo". —Sonreí cuando me beso en los labios.
—Gracias —dijo él.
—¿Por qué? —cuestioné confusa.
—Por todo —espetó—. Por ser mi novia, por estar conmigo en esto, por todo. Gracias —concluyó.
—No tienes que agradecer, Johnny. Te amo, ya te lo dije. Las cosas que hago son porque quiero y quiero hacerte feliz —le expliqué—. Me gusta que seas feliz. —Dibujaba líneas invisibles por el mentón y labios de John al hablar. Amaba ese puchero eterno.
—Tú y yo contra el mundo —prometió.
—Tú y yo contra el mundo —acepté sonriente cuando me acerqué para besarlo nuevamente.
Lo amaba. Lo amaba tanto que soportaría una noche de intriga por él. Y eso era mucho decir para mí.
Nota: ¡Drama! Me encanta el drama.
Recién ahora noté que puedo responder reviews aquí (soy un poco idiota, lo sé).
Mitana: gracias por ser el primer review de mi vida *le cae una lágrima*. Creo que te amo (perdón por ser tan rara). A Bobby no se lo comió un oso, pero al menos sabemos que su vida no es perfecta. Gracias por estar. Nos leemos.
