Tabitha (Boom boom) POV
De repente, John comenzó a bajar la velocidad del automóvil. En ese momento pasábamos junto a una especie de campo abierto, cubierto de un verde césped, rodeado de un enrejado negro, tenía una gran puerta con pilares blancos. Del campo nacían estatuas y lapidas de concreto. Todos nos quedamos en silencio, esperando que John no se detuviera aquí, pero lo hizo.
—Llegamos —anunció John, cuando abrió la puerta para bajarse del auto.
Dudamos en seguirlo, pero lo hicimos luego de que oímos el baúl abriéndose.
—John… —Bobby habló con timidez— ¿Tu abuela? —preguntó.
—Sí, Drake. —John colgó la mochila negra en su hombro, antes de cerrar el baúl. Hablaba con indiferencia— ¿Vienen? —preguntó, cuando comenzó a caminar al cementerio, sin esperarnos ni voltearse a mirar. Todos lo seguimos. Yo apresuré el paso para llegar junto a él, tomando su mano.
John (Pyro) POV
Habíamos llegado a destino. Todos estaban incómodos. No había que ser un genio para darse cuenta, pero de cualquier forma me siguieron cuando caminé entre las lapidas. Tenía a mi novia junto a mí y a mis amigos cubriendo mis espaldas. Agradecía que hayan venido conmigo en este viaje. No sabía cómo enfrentar los sentimientos o situaciones dramáticas, siempre las evité, pero esa noche en que miraba el techo de mi habitación, algo me impulsó a hacerlo esta vez.
Tardamos solo unos minutos en encontrar la lapida que buscaba. El pedazo de concreto rezaba el nombre de mi difunta abuela. Habían elegido algo sencillo que sobresalía del suelo hacia arriba. A ella le hubiera gustado mucho esa figura en relieve de la Virgen María que adornaba el concreto.
—Aquí está —anuncié—. Mi abuela.
—¿Quieres que te dejemos a solas? —me preguntó Marie.
—Sé que no son católicos… —balbuceé, sin responder a la pregunta— pero… ¿quisieran rezar conmigo una oración? —les pedí, sin dejar de mirar a la Virgen.
—Claro —aceptó Rogue— ¿Qué hacemos?
—Solo… tómense de las manos —les indiqué. Tabitha se mantuvo donde estaba y Rogue se acercó a mi otro lateral para tomar la mano que me quedaba libre, mientras Bobby sostenía la otra mano de su novia. Yo bajé el rostro un poco más, cerrando mis ojos. Seguramente los demás hicieron lo mismo—. Padre nuestro que estás en los cielos… —recé la única oración que recordaba. No sabía por qué lo hacía. Solo me pareció lo correcto para el momento.
Siempre me había parecido que los muertos se convertían en buenas personas al instante de su partida. No comprendía por qué las personas se empeñaban en hacer eso: tomar solo lo bueno de alguien, solo porque murió.
Cuando mi abuela falleció, y el Profesor me llamó a su oficina para darme la noticia, no sentí nada de eso, no sentí la necesidad de recordar cómo esa mujer me había dado galletas o me juraba constantemente que Dios existía, era sabio y justo. Cuando escuché la noticia, solo fui capaz de recordar la tarde en que metió algunas de mis cosas en una bolsa (porque ni siquiera me dio una maleta) y me metió a su Toyota oxidado para dejarme en el orfanato. Todo el camino supe que no la volvería a ver. Ella irradiaba miedo y odio hacia mí, ya no era la mujer amable que me cuidaba. A pesar de ir en silencio todo el camino (quizás por eso no soporto los silencios incómodos) sabiendo que todo se había acabado, que me quedaba solo, no lloré. Me prometí a mi mismo no hacerlo, porque tenía que ser fuerte, tenía que sobrevivir, aunque no supiera para qué, solo tenía que sobrevivir. Y la debilidad sería mi enemiga.
Así fue, que con 13 años, me había vuelto un guerrero, que lucha día a día por su supervivencia.
—En nombre del Padre —Llevé las puntas de mis dedos, de la mano derecha a mi frente—, del hijo —Los llevé al centro de mi pecho — y del Espíritu Santo —Luego a la derecha de mi pecho y a la izquierda—. Amén —concluí, besando las puntas de mis dedos. Los demás me imitaron con torpeza.
—Mi más sentido pésame, John —me deseó Rogue, tomando mi mano entre sus dedos enguantados.
—Gracias, Rogue —dije sin estar muy seguro—. Debo admitir… —comencé de nuevo— que no estoy seguro de lo que hago aquí —confesé. En el fondo, creo, que pensé que cuando estuviera allí comprendería algo. Pero no fue así.
—Todos necesitamos despedirnos —me dijo Bobby.
—Eso es estúpido… —murmuré, sin mover mis ojos de la lápida—. Ya me despedí el día que me abandonó.
—Quizás es solo que quieres cerrar una etapa —repuso Rogue.
Yo asentí.
Un segundo después, recordé que llevaba mi mochila colgando de mi hombro, así que me la quité para revolver en ella. Saqué, de su interior, cinco velas aromáticas, que solían ser de mi colección. Puse tres de ellas sobre la lápida y una a cada costado de la base. Reí un poco cuando lo hice.
—¿Qué sucede? —me preguntó Tabitha.
—Es gracioso —dije, cuando me puse de pie, encendiendo mi mechero—. Me tenía miedo… —murmuré—. Creo que pensaba que necesitaba un exorcismo, por eso me dejó en el orfanato. —Hice que la pequeña flama de mi mechero fuera desde su lugar hasta cada una de las velas, encendiéndolas en el proceso—. Odiaba mi don… y al fuego. —Reí de nuevo con amargura—. No sé porqué le traje velas.
—Porque eres irreverente —murmuró Tabitha—. Si ella te amó antes de descubrir a Pyro, te debe haber amado así: irreverente.
Yo asentí nuevamente. Creo que tenía razón.
—Bien… ¿me dejan un segundo a solas? —les pedí a todos—. Luego nos iremos.
Todos aceptaron. Rogue acarició mi brazo, brindándome apoyo, junto a una pequeña sonrisa. Bobby palmeó mi hombro y Tabitha me dio un beso, deseándome suerte.
—Bien, abuela —le hablé a la lápida. Me sentía raro, pero suponía tenía que hacerlo—. Aquí estoy… no te traje flores. Sé que las odiabas. —Recordaba sus alergias—. Me dejaste solo y está bien… —dije. Si alguien me oyera estaría estupefacto— ¿Sabes por qué? Porque te comportaste con ese miedo que todos tuvieron frente a mí, frente a Pyro. Y me hicieron lo que soy… me hicieron fuerte, me dieron amigos que me apoyan a pesar de ser un patán arrogante que trata constantemente de alejarlos a todos. Y encontré a una mujer que amo… y si tú no hubieras sido una bruja sin corazón, no lo hubiera obtenido. Así que gracias… —dije al fin—. Pero vete al diablo de cualquier modo. —Sonreí de lado—. Espero que tu muerte no haya sido dolorosa y encuentres a ese Dios del que tanto hablabas. Adiós abuela —me despedí al fin, caminando hacia mis amigos y mi novia.
Tabitha me dedicó una de esas bonitas sonrisas, que eran solo para mí, cuando me vio.
—Vamos —les dije, pero esta vez no caminé para que me siguieran. Caminamos uno junto al otro.
Cuando vi el auto estacionado tuve una idea.
—¡Oye, Drake! —le grité, para que atrapara las pequeñas llaves del vehículo, que les arrojé.
—¿Qué? —preguntó estupefacto, cuando vio el objeto que se encontraba entre sus dedos.
—Ahora conoces el camino… —le dije, abriendo la puerta de atrás para meterme dentro.
Drake sonrió agradecido, cuando se metió para llevarnos de vuelta a casa.
—¡Resolvimos el misterio! —vitoreó Tabitha, sentada junto a mí.
—¡Hicimos el mejor viaje! —chilló Rogue en el asiento del copiloto.
—¡Conduzco un descapotable! —acotó Bobby.
—Cumplimos objetivos… —susurré yo. Viendo cómo se alejaba ese campo verde detrás de nosotros. Cerrando una historia.
Nota: ¿Alguien se sorprendió? (no creo) ¿Por lo menos alguien lee? El próximo capítulo es el último
¿Review?
Be free, be happy.
