Nada de esto me pertenece (excepto la protagonista), todo lo demás es obra de JK Rowling

Acercamiento

En la hora del desayuno toda la mesa de Gryffindor le había deseado suerte, muchos estudiantes de Hufflepuff también se acercaron a ella para decírselo, desayuno con sus amigas y rodeada de varios miembros de equipo, quería dejar bien clara cuál era la estrategia que tenían que utilizar. Al terminar subió rápidamente a su cuarto a cambiarse de ropa y ponerse el traje del equipo, se hizo una coleta, cogió su escoba y bajo hasta el hall. Allí la estaban esperando todos los jugadores y la siguieron a paso firme por detrás de ella en dos filas. Cuando estaban dirigiéndose al campo, muy cerca ya de la tienda donde se reunían los equipos para conversar y prepararse antes del partido se encontró con Snape, frente a frente.

-Vaya señorita Potter, déjeme decirle que en esta ocasión más que nunca parece que este rodeada de una corte.-Lo dijo mientras le dedicaba una mueca burlona.

-Si es su manera de desearnos suerte muchas gracias, sino tranquilo, le avisare cuando quede algún puesto libre en el sequito para que se una.

Snape no se esperaba esa respuesta y giro bruscamente su rumbo dirigiéndose a zancadas hacia su tribuna.


El partido término con un resultado aplastante, Gryffindor había vencido a Ravenclaw por 345 puntos frente a 160. Sidney no había hecho falsas promesas, el partido fue de los mejores que se han podido ver, hubo tres bajas, incluso ella misma fue golpeada con una bludgger en su brazo izquierdo. Snape la había visto desde las gradas y tenía que admitir aunque le costara que era una excelente jugadora y que incluso era mejor buscadora que su propio padre. Sin embargo la victoria aplastante provoco un ambiente bastante tenso entre algunos estudiantes de Gryffindor y Ravenclaw, se miraban por los pasillos con odio, había algún que otro empujón y en medio de este enfrentamiento se encontraba el ambiente entre Sidney y Marcus. En las últimas semanas no había hecho más que empeorar, la situación exploto en una clase de pociones. El trataba que ella aceptara una cita con él, en esta ocasión de tono completamente romántico, pero ella le rechazaba sin inmutarse, como ella se negaba a girarse para mirarle el se había pasado toda la clase lanzándole el hechizo calambre para que se girara. A la tercera vez que hizo eso ella se giro e hizo que el caldero de Marcus ardiera por completo. Los gritos en clase comenzaron y Snape en medio del tumulto sofoco la llama y pidió que ambos se quedaran después de clase.

En medio de la discusión el profesor pudo entender más o menos lo que había sucedido y decidió castigar a Marcus con 5 puntos menos para su casa y a Sidney dejándola el fin de semana castigada en las mazmorras limpiando todos los frascos sin magia.

Cuando Marcus se fue ella comenzó a rebatirle:

-Disculpe profesor, no quiero dudar de su criterio pero considero que el castigo que me ha puesto es injusto.

-Vaya, cuanta contradicción en una sola frase señorita.

-¿Se está burlando de mi acaso?

-No, simplemente le estoy bajando a la realidad. En el mundo real créame no vivirá en una nube.

-Señor ¡yo nunca he vivido en una nube!-grito ella enfurecida

-Vaya he aquí el gran genio de los Potter, ya lo estaba echando en falta, parece que usted y su padre la única manera que tienen de enfrentarse a los obstáculos es gritando y pataleando.

-Yo no soy como él, ¡el es un imbécil y un engreído sin ningún talento! Odio que me comparen a él-dijo ella lentamente entre dientes muy furiosa, se giro y se marcho del aula corriendo.


Esta revelación dejo atónito a Severus, ¿la propia hija de Potter despreciaba a su padre? Eso sin duda le alegro en cierto modo e hizo que algunos de los defectos imaginarios que le había encontrado a ella para no tener que aceptar la realidad de su carácter desaparecieran.


Durante el castigo en las mazmorras solo se escuchaba la pluma rasgar el papel por parte de Severus y el ruido de los frascos al colocarlos de nuevo en el estante por parte de ella. El se había pasado ambos días mirándola disimuladamente, en una ocasión ella se encontró con su mirada y el la agacho rápidamente sobre el pergamino. El trataba de encontrarle defectos pero no los hallaba.


Durante la segunda semana de Noviembre Minerva anuncio la proximidad del baile de Navidad, volvió de nuevo a repetir lo que los estudiantes ya sabían, tenían que encontrar pareja para el baile, los prefectos además si no encontraban pareja bailarían con el jefe o la jefa de la casa. El resto de estudiantes se lo tomarían con más calma pero los prefectos solo tenían lo que restaba de semana para encontrar pareja y comunicárselo al jefe de la casa.

No fue de extrañar que el ambiente se tensara y muchos se pudieron de los nervios, para los profesores fue habitual durante esa semana ver como algunos de sus alumnos se volvían inmediatamente en muy solicitados. Si había alguna que estaba solicitada en exceso esa era ella, se habían acercado a pedírselo de todas las casas y de todos los cursos, en muchas ocasiones incluso varias veces. Era algo normal ya verla rodeada de chicos o ver como en mitad de alguna clase le llegaban flores, bombones o cualquier cosa que pudiera servirle de incentivo para que ella aceptara la invitación. La mayoría de profesores no se quejaban, incluso McGonagall soltó algún que otro suspiro cuando vio que le llego a Sidney su tercer ramo de flores durante aquella clase. Pero esta situación no le hacía ni pizca de gracia al profesor de pociones. Ordeno a todos los chicos que se sentaran en las mesas más alejadas de ella que pudo y observaba con recelo los regalos que le llegaban. En la última clase de la semana le dijo antes de que ella se marchara:

-Imagino que ante tanta variedad estará usted abrumada y debe tener ya algún favorito ¿no es así?-pregunto como quien no quiere la cosa sin ni siquiera levantar la vista del pergamino.

-No lo crea, a cada cual peor-eso hizo que el levantara la vista-Aun sigo esperando a alguien mejor.-Le entrego el frasco y se fue.


McGonagall no podía creerse las parejas que se habían formado, algunas eran de lo más variopintas y otras de lo más adorables. Pero sin duda el hecho de ver que ella no tenía pareja la dejo perpleja. En la sala de profesores comenzaron la reunión con los jefes de cada casa para poner en común las parejas y ver quien tendría que bailar con quien. Snape sonreía satisfecho, no tendría que bailar con nadie, estaba aliviado, todos habían encontrado pareja y el único prefecto que había quedado sin pareja era un chico de 7º.

-Vaya pues nos encontramos en la misma situación entonces, no sé cómo resolverlo-comento Minerva hacia Snape.

-Sencillo, que bailen entre ellos y problema resuelto.

-Ese chico ya se lo pidió a mi alumna hace dos días en el gran comedor, pude ver como se le acercaba con una caja de bombones. Sin duda ella lo rechazo así que no creo que quiera tenerlo de pareja Severus.

-¿Por qué no simplemente cambian de casa y ya está? Que el prefecto de Slytherin baile con Minerva y que la prefecta de Gryffindor baile con Severus-dijo alegremente Sprout

-Mmm, bueno la verdad es que si, si, definitivamente si.-y por fin Minerva sonrió ante la solución del problema.

Snape tenso la mandíbula, no se había librado. Maldita sea pensó. Bueno, con suerte solamente tendría que bailar una o dos veces y después no tendría que sufrir más.

-¿Y con quien se supone que tengo el placer de bailar?-pregunto irónicamente Snape.

-Con la señorita Potter Severus.

De repente la cara de él se puso unos tonos más pálida que la habitual. No podía creérselo, no era posible, ella había recibido decenas de invitaciones, ¿había rechazado todas ellas? Obvio que si, sino no se encontraría en esa situación. De repente se imagino junto a ella, bailando en el gran comedor y se puso nervioso, el, Severus Snape bailando junto a una muchacha tan hermosa. Tenía que controlarse, no podía permitirse ponerse nervioso.

-Severus, sino te importa podrías comunicárselo a ella, de este modo también podrán ponerse de acuerdo para ensayar, no queremos más actuaciones bochornosas y preferimos evitarlo con los ensayos-se giro hacia Sprout y Flitwick- ¿Se acuerdan de hace tres años el baile entre McMillan y Slughorn? Prefiero evitarlo, pero aún me acuerdo de cuando ella se cayó al suelo.


La busco durante la cena, la vio entre sus amigas, pero él no quería decírselo delante de ellas, así que espero pacientemente a que se fueran pero no ocurrió. En su lugar ella se levanto antes y se fue. Cuando el salió al pasillo ella ya no estaba y no había signos de hacia donde había podido ir. Pensó que quizá era mejor esperar hasta mañana al desayuno, estaría atento a cuando entrara, prefería eso a tener que ir a su sala común y que los demás se enteraran. Se marcho a su despacho.


Eran las dos de la madrugada, había salido de su cama con un terrible dolor de cabeza. Reviso entre algunos de los frascos que ella poseía para ver si encontraba algún remedio. Nada, recordaba que la última poción que le quedaba para el dolor de cabeza se la había tomado hace poco, cuando estaba estudiando DCAO. Pensó en que podía hacer, podría ir a la enfermería y pedirle a Madame Pomfrey alguna solución, podría volver a la cama, podría darse una vuelta o podría despertar a alguna de sus amigas y ver si ellas tenían algo. La opción de despertar tanto a Pomfrey como a sus compañeras no le convenció, quedarse en la cama le parecía lo peor, puesto que ya tenía más experiencia y sabía que el dolor solo se incrementaría, así que se puso sus zapatillas y se dirigió hacia la sala común. Camino en círculos durante un rato pero eso no hacía más que marearla más, además el ambiente era caluroso y la jaqueca solo estaba empeorando, tenía que salir de allí, prefería caminar por el castillo, al menos no andaría en círculos y el aire fresco la despejaría. Salió por el retrato y se puso a caminar sin un rumbo fijo, la noche cálida a pesar de que estaban cerca de Diciembre aunque con alguna brisa fresca que aliviaba por momentos el dolor. Cuando se quiso dar cuenta estaba en la primera planta, parada frente a una ventana admirando el lago y las leves ondas que surgían de él. Continuo caminando, había pensado en bajar a las cocinas, quizá los elfos podrían darle un vaso de leche caliente y eso haría que retomara el sueño y que el dolor fuera amainando. Puso rumbo a ello, no se había encontrado a nadie, parecía que estaba teniendo mucha suerte. Cuando solo le quedaba por doblar un pasillo para poder entrar a las cocinas un foco de luz alumbro hacia su espalda.


Había salido hace un rato a hacer su ronda, el castillo estaba muy tranquilo, ni siquiera los fantasmas estaban merodeando, había terminado de vigilar dos plantas cuando de repente vio una sombra y escucho pasos. Definitivamente no era un fantasma, así que se dirigió hacia esa dirección y alumbro a la persona con su varita.

-¿No ha visto acaso la hora que es? ¿Qué hace merodeando por el castillo?-dijo claramente enfadado.

Ella se giro lentamente, no podía ser el, ¿Por qué siempre estaba el cerca ante alguna situación inoportuna?

-Disculpe profesor Snape pero me encontraba indispuesta y salí a tomar al aire.

Severus se puso nervioso al reconocer quien era, la situación era de lo más incómoda. Estaban en un pasillo a oscuras, de madrugada, ella iba sin varita y solo vestía un camisón negro de seda que le llegaba hasta la mitad del muslo. Su pelo estaba levemente revuelto, estaba más hermosa si cabe.

Ella noto como él la miraba de arriba a abajo y comprendió lo incomodo de la situación, se sonrojo al notar como el propio profesor también se estaba poniendo nervioso.

-¿Que es lo que le ocurre?

-Tengo una horrible jaqueca, no tenía ninguna poción para remediarlo y no quería despertar a nadie así que salí para despejarme, me dirigía ahora hacia las cocinas para tomar un vaso de leche y ver si eso me calmaba.

-Creí que era usted inteligente y que sabía que la leche no le ayudara en nada-dijo para enmascarar su nerviosismo-Debería haber acudido a Madame Pomfrey o...-carraspeo incomodo-Haber venido directamente a mi despacho.

-Lo sé, pero no quería incomodarlos.

-Venga conmigo, tengo poción de sobra.

Caminaron juntos en dirección al despacho del profesor, había un incomodo silencio y miradas furtivas entre ambos. Cuando llegaron le dijo que se sentara mientras el cerraba la puerta y se dirigía hacia la puerta de su habitación donde guardaba en un armario las pociones de utilidad. Ella pudo entrever el interior de la habitación del hombre, era muy elegante al parecer, se levanto con sigilo hasta quedar apoyada en el marco de la puerta que daba acceso al dormitorio del profesor.

Cuando este salió se sorprendió de ver a su alumna tan cerca, su mandíbula se tenso y le entrego un vaso que contenía una pequeña porción de la poción.

-Bébasela y se encontrará mejor.

-Muchas gracias profesor, lamento haberle molestado.

El asintió secamente, no sabía que decirle aunque en realidad sabía que era la mejor oportunidad que tenia para hablar con ella e informarle acerca del baile.

Ella bebió lentamente mientras él le daba vueltas en la cabeza sobre la mejor manera de sacar el tema, al final lo que surgió fue de la manera más abrupta que él se esperaba:

-¿Puedo saber porque ha rechazado a tantos candidatos para el baile señorita Potter?-mierda pensó, no quería ser tan directo.

-¿Perdón? Hmm no se, ya se lo dije, los candidatos no valían mucho la pena. Además tener que bailar con McGonagall tampoco será tan terrible.

-No va a tener que bailar con la profesora.

-¿Cómo? ¿Me libró del baile entonces?-pregunto curiosa.

-No, es solo que...bueno...tendrá, tendrá que bailar conmigo.-menos mal que la luz de su estancia no era muy fuerte sino ella podría haber visto las manchas de color que se le acababan de formar a él en las mejillas.

Bueno, supongo que ahora ella se negara, pegara el grito en el cielo, se quejara a McGonagall y fin de la historia, pensó Snape con algo de resentimiento en su interior.

-Oh, bueno...

Silencio

-¿Le desagrada quizás?-pregunto Snape sin contenerse.

-No, en absoluto, es solo que me ha sorprendido.-dijo ella sinceramente.

Se miraron durante varios segundos que parecieron minutos, ambos estaban de lo más incómodos, no sabían que decir ni como continuar.

-Supongo que, que usted sabe bailar ¿no señor?

-Bailar no consta entre mis pasatiempos, además la profesora McGonagall nos ha sugerido a todos los jefes la idea de, tener ensayos donde poder practicar.

-Entonces, ¿tendremos que quedar para ensayar?

-Muy perspicaz señorita Potter-dijo burlándose el.

Ambos continuaron hablando para poder concretar el horario para los ensayos, sin duda ella había notado que él no tenía ninguna idea de bailar pero no quería parecer arrogante con él. Acordaron al final quedar los miércoles y los sábados tras la cena, habían decidido que con una hora sería suficiente aunque ella notaba que esa hora se convertiría en algo más debido a la inexperiencia de él. Cuando se quiso dar cuenta eran más de las tres de la mañana, el tiempo con el había pasado volando y era la primera vez que él no se burlaba cada dos frases de ella, ni ella le respondía duramente a él. El profesor insistió en acompañarla hasta su torre y durante el camino el silencio de antes se había convertido en un dialogo distendido donde aunque no habían perdido la formalidad si se trataban de un modo diferente al de clase.


Ella al regresar se tumbo en la cama más relajada, parecía que había costado pero por fin iba a llevarse de una manera civilizada con el profesor se pociones, todo volvería a la normalidad. Además sentía algo en su estomago, ¿Por qué se había entusiasmado con la idea del baile con su profesor? y ¿Por qué le había gustado la idea de estar a solas con él en los ensayos? Se sentía extraña haciéndose esas preguntas, no era que el hombre le cayera mal pero tampoco se había sentido nunca de ese modo. Supuso que sería por la cercanía con la que tendrían que tratarse a pesar de la situación, dejo de darle vueltas al tema y se durmió, esperando que tratarlo en distancias cortas no fuera tan desagradable como en clase.


El no pudo pegar ojo durante toda la noche, ¿Por qué demonios tenía que tratarla con tanta amabilidad? ¿Por qué se sintió tan nervioso cuando la vio? El nudo que tenía en su estomago cuando creyó que ella lo rechazaría o se burlaría de él se deshizo cuando vio la cara de sorpresa y luego escucho sus palabras amables. Ella iría con él. Además a partir de ahora hasta el baile tendrían que verse más a menudo por los ensayos, se tratarían de un modo más relajado. Eso le aterraba. Era la primera vez que trataría a una Evans, (si, porque ella era una Evans a pesar de que el la trataba siempre de señorita Potter solo para mantener su barrera de frialdad, le costaba asociar el nombre de ese bastardo al de alguien como ella, pero no quería perder las formas y tutearla o llamarla Evans.) de un modo tan cercano. Para colmo ahora ¡no dejaba de pensar en cómo la había visto esta noche! Parecía tan frágil y a la vez tan sensual, su cabello ligeramente despeinado, el brillo que este tenía con la llama de las antorchas del despacho de él, su piel, tan delicada. Sus piernas... ¡Basta Severus! Se obligo a pensar antes de continuar con ese tipo de pensamientos. Su corazón latía con furia, ¿Por qué estaba pensando en ella así? ¡El quería a Lily! El amaba a Lily. ¿Por qué estaba pensando en Sidney de aquella manera entonces? Odiaba tener que responder a esa pregunta, se dirigió hacia su despacho y tomo una botella que tenia de Whisky de fuego. Bebió varios vasos mientras trataba de poner sus ideas en orden. Aquella sin duda iba a ser una noche muy larga.


En los días siguientes se saludaron y actuaron con normalidad, la hostilidad por parte de ambos ceso considerablemente, ambos estaban nerviosos ante el inminente primer ensayo que se les avecinaba tras la cena. Habían tratado de ocupar su mente en otras cosas, pero sin duda el miércoles se les había pasado muy rápido, demasiado. Sentían que no estaban preparados para una situación así. Cuando ella se levanto de la mesa tras terminar de cenar noto que el profesor aun estaba sentado en la mesa alta, pensó que quizás ella se estaba adelantando, no quería parecer ansioso o algo por el estilo. Se dirigió con decisión hacia su habitación para arreglarse y controlar sus nervios. ¿Por qué se sentía así? Ella había tenido muchos novios, los hombres no la intimidaban en absoluto, era ella quien los intimidaba. Se miro en el espejo, peino su pelo delicadamente y se dedico una última mirada tratando de infundirse confianza.


Estaba terminando de comer el trozo de pastel de queso cuando vio que ella se levantaba de la mesa, no la había quitado ojo en toda la cena. Parecía querer asegurarse de que ella no dijera en cualquier momento que se arrepentía de haberlo aceptado como pareja. Severus estaba expectante a que ocurriera algo así, pero no paso. Cuando vio que ella salió, su estomago se le cayó a los pies, había llegado la hora. ¡Cómo podía haber pasado el dia tan rápido! Trato de no atragantarse con el último trozo y salió por la puerta de profesores hacia su despacho.


Cuando llego ella aún no estaba, cerró la puerta y paseo por su despacho hasta apoyarse en el escritorio con ambas manos, de espaldas a la puerta, con la cabeza agachada y los ojos cerrados. Quería relajarse cuanto pudiera. Se quedo así durante varios minutos hasta que oyó como llamaban a su puerta.

-Adelante-y giro su cabeza lentamente hasta enfocar con sus ojos la puerta.

Ella entro y cerró la puerta tras ella.

-Buenas noches señor, espero no llegar muy tarde.

-No se preocupe.

-¿Se encuentra bien?-pregunto preocupada viendo a su profesor apoyado contra la mesa.

-Si, si.-Se irguió y se puso frente a ella-Comencemos cuanto antes.

-Si me permite, preferiría que ensayáramos en un lugar más amplio como la clase, aquí tenemos objetos a cada paso y no habrá más que interrupciones.-Le indico con cortesía.

-Si, está bien.-Le mostro la puerta que conectaba su aula con el despacho y le cedió el paso siguiéndola. Que idiota era, ni siquiera había pensado en un detalle como ese.

Con un gesto de su varita las mesas y calderos desaparecieron, dejando el aula completamente vacía y con un espacio suficiente para ensayar cómodamente. Con otro movimiento de su varita cerro ambas puertas con seguridad, no quería que nadie entrara y se los encontrara solos y bailando. Se percato de la mirada que ella había dirigido, primero hacia las puertas y luego hacia él.

-Tranquila, no pienso retenerla. Es solo para evitar miradas curiosas.

Ella trago saliva y le sonrió tímidamente. Miro el espacio que había entre ambos, se humedeció los labios y nerviosa se quito la capa, dejándola en un rincón del suelo. Después se acerco a él hasta que quedo a escasos centímetros de él. Le coloco una mano en el hombro y dejo la otra en el aire esperando que él la aceptara para entrelazarlas.

Cuando el noto su presencia tan cerca se puso completamente rígido, más aun cuando vio que su mano se depositaba en su hombro y que la otra esperaba por él. Tardo unos segundo en asimilar la situación y temeroso le dio su mano y coloco la otra en su espalda, no tan cerca de la cintura como debería estar. Su piel era suave y cálida, tanto como la de Lily.

Se quedaron allí, de pie, uno frente al otro mirándose a los ojos, sin saber qué hacer, ni que decir. La situación era incomoda pero de lo más relajante viéndola por otro lado. El trato de volver a la realidad con una burla:

-¿Acaso vamos a bailar sin música?

-Teniendo en cuenta su experiencia, no es por ofenderle pero preferiría que primero se habituara a seguir su propio ritmo y a que se habitué al mío.

El asintió y espero a que ella comenzara.

-Actuare como tendrá que hacerlo usted, yo seré el hombre y le guiare, este atento para que vea lo que tiene que hacer.

Y dicho esto comenzó a deslizar sus pies y a guiarle por el aula. El estaba muy tenso y rígido, ella trataba de relajarle pero sin tomarse grandes libertades. Severus estaba más atento a mirar a sus pies que a mirarle a ella a la cara. Varias veces sus narices chocaron por este motivo y el desvió de miradas era inevitable. Ella notaba que la posición de la mano de Severus no era la correcta, debía estar en su cintura pero sin embargo se hallaba varios centímetros más arriba, ella no quiso presionarle así que la dejo allí.

Con el paso de los minutos el se fue relajando, ya no estaba tan tenso y podía depositar sus manos sin temor. Ella le dedicaba fugaces sonrisas y eso tranquilizaba al profesor, eso significaba que no debía ser tan patoso como él pensaba y que ella no lo estaba pasando tan mal como creía. Cuando se dieron cuenta había pasado más de una hora y media desde que habían comenzado, habían estado en silencio, tranquilos, sin burlas. Ella le soltó y fue hasta su capa, la recogió y se la volvió a poner, el quito los hechizos a las puertas y abrió por la que habían entrado para salir.

-Buenas noches profesor, le veré el jueves en clase.

-Buenas noches-Asintio y le abrió la puerta para que se fuera, le dedico una sonrisa y ella se marcho.

Al fin y al cabo pensó Severus, el ensayo no había ido tan mal como el había previsto. Solo se habia sentido como un adolescente nervioso y torpe pero si controlaba la situación como lo había hecho hoy, nada malo tendría que pasar. Se fue a su cama satisfecho, sin saber que en la torre de Gryffindor ella también estaba a punto de irse a dormir pensando en lo que había sentido durante todo el ensayo.


Contestación a la excelentisima señorita Kaos:

-Muy buenas estimada lectora, queria agradecerle la lectura y su opinión. En cuanto al tema de los espacios en la edición los tengo puestos pero a la hora de publicar me los quitan y eso puede generar confusión pero trato de subsanarlo con las barritas, las cuales indican o cambio de personaje o de situación.

Gracias por tu opinión!

A los demás que estan siguiendo la historia mil gracias! Espero que sigais leyendo y descubriendo más acerca de nuestra protagonista.

=)