Nada de lo que aparece aqui es mio (excepto la protagonista) personajes, lugares, etc. son obra de JK Rowling.
Tensiones
Hogsmeade estaba repleto de gente, todos paseaban, miraban escaparates y salían y entraban de las tiendas y de los bares. El ambiente que se respiraba era muy feliz. Rominna, Christinne, Sidney y Helena se dirigieron a la tienda de vestidos apenas llegaron. En el escaparate había tres modelos, bonitos sin duda pero no lo suficientemente como para deslumbrar así que entraron a la tienda y se pusieron a buscar. Tanto Christinne como Rominna querían algo bonito pero discreto, ambas habían visto unos vestidos en tonos claros y largos que las habían gustado mucho. Sin embargo Helena y Sidney buscaban algo más atrevido. Tras preguntarle a la señora de la tienda encontraron en un lugar lo que estaban buscando. Tras hacer una selección de los mejores, algo que a Helena le costo muchísimo porque no quería desprenderse de ninguno, fueron al probador y una a una entraron probándose los vestidos mientras que el resto se quedaba fuera esperando para dar su opinión.
La señora se las quedo mirando con algún que otro gesto de desesperación por la cantidad de vestidos que llevaban. Helena que fue la primera en entrar, tras probarse cinco vestidos y mirarse de todas maneras en el espejo decidió quedarse con un vestido negro entallado palabra de honor. Christinne solo llevaba dos vestidos, uno en color crema y otro en un rosa palo discreto, el corte y estilo de ambos era muy parecido. Solo que el vestido crema era más ajustado y fino. Era atado al cuello, dejando sus hombros al descubierto y con un fruncimiento en la cintura que luego dejaba el resto del vestido libre hasta el suelo. Sus amigas coincidieron en que se llevara ese. Rominna lo tenía más claro, había encontrado un vestido vaporoso en lila, holgado pero muy femenino. Entro a probárselo y se decidió a llevárselo sin escuchar el aprobamiento de sus amigas. Sidney por su parte dudaba en dos, uno en blanco con pedrería y otro en verde. Pero en cuanto salió sus amigas le dijeron que se lo comprara sin lugar a dudas, se miro al espejo y sonriéndose tanto para ellas como para sí misma pensaba en lo bella que se vería en el baile. Salieron del probador y pagaron los vestidos. Fueron hasta las 3 escobas a tomarse unas cervezas de mantequilla y charlar sobre sus compras.
-¡Rominna, al final no me contaste con quien iras al baile!-Helena le guiño un ojo y tomó un sorbo de su cerveza.
-Ah-sonrió-Bueno me lo ha pedido un chico de Ravenclaw que va a séptimo. La verdad es que es muy guapo.
-¡Mírala! Amiga sin duda aprovecha-dijo Christinne-Es el mejor consejo que te puedo dar.
-Eso y que tengas cuidado, todos los de séptimo son unos mujeriegos-contesto Sidney-A la mínima señal que nos hagas iremos corriendo a quitarte al cangrejo de encima.
Todas estallaron en risas y continuaron su charla animadamente hasta que tuvieron que regresar hacia el castillo, en media hora seria la hora de la comida y a pesar de que Dumbledore había dado permiso extraordinario no se le olvidaba que la situación en la que se encontraba el mundo mágico era de alerta.
Cuando descendieron de los thestrals y llegaron a las verjas los esperaba Filch y McGonagall. Contaron uno por uno a los estudiantes y se aseguraron de que nadie faltase. Realizaron el recorrido entre conversaciones por grupos. Cuando llegaron al vestíbulo principal Snape estaba esperando a McGonagall para hablar con ella, sin embargo se fijo en Sidney, en su sonrisa, en la ropa que llevaba puesta ya que no era el uniforme del colegio. Llevaba unos pantalones vaqueros ajustados negros, un abrigo de cuero marrón y unas botas de cuero también haciendo juego en marrón. Llevaba una bufanda negra y el pelo recogido en una coleta. Ella reparó en su mirada y le sonrió, el desvió la mirada hacia el bulto que llevaba ella en su brazo, sin duda seria el vestido. Tenía ganas de verlo, o mejor dicho de verla a ella con el puesto. Ella se fijo en eso y se puso un poco sonrojada. Sin embargo la expresión en la cara de Severus fue tornándose en sorpresa, se puso lívido y su boca se entreabrió, empezó a fruncir el ceño. Sidney se asusto, se quedo mirando el paquete y trataba de ver que era lo que había pasado, se percato de que el no la miraba a ella directamente si no a algo o alguien detrás de ella.
-Sidney cielo-escucho esa voz detrás suya y aunque supo quien era le pareció increíble que pudiera estar ahí.
-Sid-volvió a decir esa voz mientras ella se giraba lentamente.
-Hola mama-se acerco a ella a paso lento y la dio un beso, aunque su madre la había estrechado entre ella.
-Qué guapa estas cariño
-¿Qué haces aquí?-pregunto ella curiosa
-Bueno...soy tu madre, ¿acaso no puedo venir?-le dijo Lily algo sorprendida por la reacción de su hija.
-Si, claro-hubo unos segundos de silencio hasta que se acerco Minerva hasta ellas.
-Señora Potter si quiere puedo poner un aula a disposición suya para que hablen con más tranquilidad.
-Si profesora McGonagall, se lo agradecería mucho-le contesto Lily amablemente.
-Síganme entonces.
Ella emprendió la marcha y ambas mujeres la siguieron mientras se miraban cada rato. Pasaron al lado de Severus quien no dejaba de mirar consternado a la mujer.
-Hola profesor Snape-le saludo cortésmente Lily haciendo una inclinación con la cabeza y continuando su camino.
-Ho...Hola señora Potter
McGonagall continuo andando y tras ella ambas mujeres, tras subir dos pisos les mostro un aula y las indico que pasaran y que se tomaran el tiempo que quisieran, tras ello invito a Lily a comer si lo deseaba y las dejo solas cerrando la puerta.
Las dos se miraron sin saber muy bien qué hacer, sin duda en el aula se respiraba mucha tensión.
El la había visto, estaba mirando el paquete que traía Sidney en su brazo, la vio sonreírle cuando detrás de ella pudo observar ese reflejo pelirrojo inconfundible y enfoco su vista hacia ella. Ahí la vio, quieta, tras su hija, mirándola. Seguía tan preciosa como siempre aunque ahora su rostro parecía más cansado. Sin embargo su mirada, sus ojos, esos ojos seguían siendo los mismos. Ella ni siquiera había reparado en la presencia de él, estaba atenta a su hija. El dejo de darse cuenta de lo que sucedía a su alrededor, de repente noto como madre e hija se abrazaron y comenzaron a hablar. No supo ni cuánto tiempo paso, cuando de repente vio que ellas se acercaban y que ella le saludo.
-Hola profesor Snape-le saludo ella con un gesto amable pero frio.
-Ho...Hola señora Potter-mierda pensó el, estoy tartamudeando pero es que no sabía cómo reaccionar.
La vio alejarse junto a su hija y McGonagall, no supo cuanto tiempo paso pero seguía sin reaccionar. Trataba de ordenar sus ideas y tranquilizarse, algo que parecía imposible. Respiro y se fue hacia las mazmorras, ni siquiera tenía ganas de comer.
Pasaron unos minutos hasta que alguna de ellas hablo, era una situación incómoda. En todo el tiempo que llevaba de curso solo había recibido una carta de sus padres, de ella entregándole la autorización para Hogsmeade, nada más. La última discusión fue tan grave que ni había tenido noticias de su padre.
-¿Cómo estás?-pregunto Lily mirándola con preocupación
-Bien, y por lo que veo tu también.
-Tu padre es...
-Déjalo, me da igual
-No digas eso por favor
-Es lo que pienso-dijo ella alterada, una cosa era una pelea en casa y otra en Hogwarts.
-El está bien, aunque preocupado.
-Si, seguro...-susurro ella con hastió.
-Pues claro que lo está cielo, acaso ¿crees que no nos preocupamos de ti?
-Mucho, muchísimo-dijo llena de sarcasmo-Si por vosotros fuera yo estaría mejor en el colegio todo el año que teniendo que regresar.
-¡¿Cómo puedes decir eso?
-Aunque he de decir que no solo vosotros, si por mi fuera también lo estaría.-la miro de lleno a los ojos y supo que la había hecho daño.
Se quedaron unos segundos en silencio, Lily se acerco hasta el ventanal, observando sin ver realmente lo que había fuera, solo trataba de calmarse. Sidney estaba sentada, había dejado el paquete a un lado del asiento. Jugaba nerviosa con sus dedos. De repente se dirigió a ella:
-¿A qué has venido? Ahora en serio-su tono de voz reflejaba cansancio, la miro pero sin un ápice de sonrisa.
Su madre se giro lentamente hasta mirarla a los ojos, parece que estaba pensando adecuadamente las palabras para dirigirse a ella.
-Yo, veras-Lily trago saliva y fue caminando poco a poco hasta encontrarse frente a su hija-Lo que tengo que contarte es algo tan personal que prefería no hacerlo por carta.
-Ilumíname-dijo irónicamente Sidney que no sospechaba que noticia podía ser.
-Veras cielo, bueno tu padre y yo...bueno, como decirlo
-¿Os vais a separar?-pregunto ella ya intrigada, su madre no solía dudar tanto.
-No cariño, no es eso, es que...vas a tener un hermano.
Sidney se quedo como si la hubieran abofeteado, se quedo de piedra ante tal noticia. La reacción de ella desconcertó a su madre, quien la abrazó pensando que ella de este modo la felicitaría y le mostraría afecto. El abrazo cogió desprevenida a Sidney quien lo devolvió por inercia, no por sentimiento. Si sus padres a estas alturas ya no se preocupaban apenas por ella, con la llegada de un bebe la atención que le dedicarían a ella sería prácticamente nula. Su cerebro conectaba ideas a toda velocidad, a cada cual hipótesis peor. Su madre fue soltándola.
-Cariño te has quedado muda, ¿qué te pasa? ¿No estás feliz?-pregunto Lily agarrando a su hija dulcemente de los hombros.
-Es...bueno...es, es algo que vas a llevar tu, no yo.-escupio esa frase con absoluta sinceridad.
-Hablas como si de una túnica se tratara, ¡por Merlín! ¡Es tu hermano!-dijo ofendida su madre.
Ella se levanto, cogió su vestido y se dirigió hacia la puerta, la abrió y salió por ella a paso veloz. Tras ella salió su madre, casi corriendo tras ella y gritando su nombre. Ella no hacía caso y los gritos de su madre eran cada vez mayores, los alumnos se giraban y se quedaban quietos contemplando la escena. Sidney alcanzo el vestíbulo principal cuando se encontró a el. A la persona que menos deseaba ver en ese momento.
-¡Vaya!-dijo cínicamente ella-¡Otra agradable sorpresa!, si venias a anunciarme la "buena" nueva ya te puedes ir, me la acaban de contar.
Apenas dio dos pasos hasta que su padre la cogió del brazo y la obligo a quedarse.
-Estos son modales de tratar a tus padres jovencita.-le dijo James en voz baja pero amenazadora.
-¡Suéltame!-ella siguió forcejeando.
La escena se estaba volviendo cada vez más tensa, ante ella ya había muchos alumnos que habían salido incluso del comedor para verlo.
Snape quien se había tranquilizado en su despacho emprendió rumbo por los pasillos esperando encontrarse a Filch, quería pedirle que limpiara el despacho cuando comenzó a oír unos gritos. Subió las escaleras y se encontró a Lily corriendo tras su hija, mientras que el maldito James Potter la cogía del brazo reteniéndola. Se quedo estático viendo la escena, quería reaccionar, pero a la vez deseaba ver lo que ocurría.
-Cariño por favor tranquilízate-dijo al borde de las lagrimas Lily.
-¡Suéltenme! ¡Suéltenme los dos!-realizo un movimiento que la libero de los brazos de su padre y se alejo varios metros de ellos mirándolos con desprecio-Ya me han visto, ya les he visto, me han contado lo que querían. Ahora váyanse.
-No jovencita, que tu madre te diría permiso para ir a Hogsmeade no implica que yo te vaya a dejar quedarte aquí en navidades. Te irás a casa con nosotros, ¡y no hay más que hablar!
-Ni lo sueñes-dijo Sidney furiosa.
-Aunque tenga que emplear un hechizo vas a venir.
-James cariño, por favor, déjala, sino quiere que no venga.
-Lily es su deber, sabiendo lo que sabe, ¿crees que es lo mejor? Su deber es venir.
-Tu solito te metiste en el problema, no hagas participe de ello a los demás.-le espeto su hija-Detestaría profundamente tener que ir.
En el momento en que James estaba sacando su varita para lanzarle un hechizo silenciador hizo acto de presencia Albus Dumbledore. Quien miro la escena y con un gesto a los tres hizo que los acompañaran a su despacho. Tanto Lily como James iban juntos, su hija iba a una distancia bastante grande de ellos. La gárgola de piedra se giro al introducir la contraseña y las cuatro personas se perdieron de vista ante la mirada atónita de los estudiantes y de un profesor que había visto por primera vez en persona, una de esas tantas peleas que ella le había relatado.
La hora de la comida terminó, el rumor de una pelea en el vestíbulo había ido circulando más rápido que los polvos flu. En el comedor no había vuelto Dumbledore ni ella. Tampoco había visto señales de que alguien abandonara el castillo. El se dirigió a las mazmorras, aún tenía que corregir unos ensayos que había enviado a los estudiantes de 4º, se dirigió hacia la mesa para ponerse a corregirlos.
Pasaba la tarde, notaba que su despacho estaba más frio que de costumbre, pensó que probablemente fuera haría peor tiempo. Había conseguido casi terminar con su tarea, sin duda había muchas I en los pergaminos y alguna que otra A. De repente escucho el ruido de algo en la puerta. Alzo su vista y vio una carta que probablemente acababa de entrar bajo la puerta, se levanto y fue a cogerla. Vio la caligrafía del director y se puso a leerla de inmediato.
Severus, necesito que vengas cuando puedas a mi despacho.
Te estaré esperando.
Albus
Snape se pregunto que querría el director, como solo le quedaban dos trabajos para terminar, los dejo en un cajón y puso rumbo al despacho de Dumbledore, quería saber qué pasaba.
Una vez que llego se quedo parado frente a la mesa, esperando que el hablara primero. La conversación giro en torno a novedades sobre Voldemort, habían planificado un ataque próximamente en un pueblecito cercano a Londres. El director requirió a Severus para que fuera lo más convincente que pusiera y que a la vez tratara de proteger a los muggle que pudiera haber. El profesor atendía las órdenes que le daba pero sin duda su cerebro estaba yendo por otro lado. No hacía más que pensar en lo que había visto hacia unas horas, no quería parecer preocupado pero la angustia le carcomía por dentro y deseaba preguntarle al director que había pasado.
-Severus, esta noche te noto más pensativo de lo normal. ¿Te pasa algo?
-No director, nada. Fingió Snape como pudo.
-Ya. He de suponer que hoy te abras encontrado con la señora Potter-el anciano miro a través de sus gafas de media luna al profesor-¿No es cierto?
-Si, así es.
Hubo unos segundos se silencio y no pudo soportarlo más, necesitaba saber algo.
-También vi a su esposo.-Snape dijo eso dando a entender que había visto lo sucedido.
-Oh, vaya. Ya entiendo. Sin duda una situación muy desagradable. Créeme, he hablado infinidad de veces con ambos-se levanto de su silla y camino alrededor del escritorio-He tratado de convencerlos, de que su relación no sea así. Pero es muy difícil enderezar un camino cuando este ya se ha tomado.
El director se paro frente a él y le miro.
-No seas muy duro con ella ¿quieres?
El asintió y ambos salieron del despacho rumbo al gran comedor para cenar.
Ella estaba muy alterada, nerviosa y sobre todo furiosa. ¿Cómo su padre había sido capaz de armar tal espectáculo en el colegio? Sin duda la noticia ya incluso le parecía estúpida. Lo que no estaba dispuesta a permitir es que la hubiera tratado así delante de la gente. Había conseguido labrarse un nombre, un prestigio, en cuestión de segundos una pelea podía haber arruinado todo. No tenía ganas de ver a nadie, se encerró en su cuarto tras la charla con el director. Por fin el había hecho algo bien, tras un discurso sobre la tolerancia y el respeto considero que lo mejor es que ella se quedara en el castillo. Algo que enfureció a su padre pero al final acepto. Su madre quería despedirse de ella pero antes de que ella fuera a darle un beso su hija había tomado el pomo de la puerta y se había marchado. Se paso toda la tarde preguntándose miles de cosas, por suerte nadie había entrado aun a la habitación. Había olvidado la hora de comer y ahora no quería enfrentarse a la cena. Esas miradas, no, no las soportare. Tampoco quería quedarse allí, debía de faltar poco para que terminara y para que las chicas entraran a la habitación y la sala común se llenara de gente y de rumores sobre lo ocurrido. Decidió coger unas cosas y marcharse de allí, al principio no sabía muy bien dónde ir, pero luego puso rumbo al baño de los prefectos. Se daría un baño relajante y después se armaría de valor para aquello que llevaba planeando varios días. Una discusión no iba a estropearle su plan.
Estaba terminando el sorbete de limón cuando dirigió una última mirada hacia el gran comedor, en concreto a la mesa de Gryffindor, donde ella solía sentarse. No la vio. Sus amigas continuaban charlando, lo más seguro es que ni siquiera supieran porque ella no se encontraba allí. Tenía esperanzas de verla, de que la discusión se hubiera arreglado y todo se calmara. Pero no había sido así. El director no le dijo nada sobre que paso pero él supo que ella había tenido que irse junto a sus padres. Aunque eso debería alegrarle no fue así, pensó en que echaría de menos las clases de baile que tenia junto a ella y el momento para el que se había estado preparando. Todo se había desvanecido. Todos tendrían pareja, todos bailarían felices, todos menos el. Termino el postre y se fue directo a la habitación, planeaba terminar de corregir los ensayos que dejo pendientes pero no tenía ganas de eso ni siquiera. Atravesó el despacho y entro en la habitación, iba a disponerse a quitar sus ropas para ponerse el pijama e ir a dormir, cuando escucho a alguien llamar a la puerta. Seguro que es Dumbledore pensó el, se dirigió a paso firme sin reparar en que llevaba la túnica desabrochada hasta la mitad y abrió la puerta. Su reacción fue de sorpresa.
-Buenas noches profesor, espero haber sido puntual
-Se...se...señorita Potter, que, ¿qué hace usted aquí?-respondió Severus visiblemente confuso.
-Hoy es sábado señor, sábado por la noche, ensayo ¿recuerda?
-Si, si, lo recuerdo. Es solo que, bueno, pensé que...
-¿Que no estaría aquí?-pregunto sarcásticamente notando que el sabía entonces de la pelea de hoy, sin embargo decidió no tocar el tema y entro en el despacho sin esperar al permiso del profesor-Vamos profesor, ¿que tendría mejor que hacer un sábado por la noche que ensayar con mi profesor de pociones?
El cerró la puerta y se giro hasta mirarla, aun estaba confundido, pensaba que ella se había ido ¿qué hacia aquí? Ella sin embargo parecía mirarlo como si no hubiera sucedido nada.
-Veo que no ha hecho caso a mi recomendación.-comento ella mirando el atuendo que llevaba el profesor y reparando en que su túnica estaba desabrochada. Fijo su vista en su pecho, llevaba una camisa blanca la cual dejaba entrever un torso firme, poso sus ojos unos segundos más de los debidos y volvió a mirarlo a los ojos.
-¿Cómo dices?-el se había fijado donde ella había posado la vista y se había sentido nervioso, no sabía de que le estaba hablando.
-De tu atuendo para el ensayo.
-Ah, cierto. Bueno, tu tampoco traes nada especial.-dijo el fijándose en el uniforme del colegio.
-Eso es porque no planeaba venir todo el camino desde la habitación hasta su despacho vestida así.-le mostro el paquete que traía y él lo comprendió.
-¿Si no te importa que me cambie?
-No, claro. Esto, bueno, puedes...puedes cambiarte en mi habitación si deseas-dijo carraspeando Severus, ella asintió-Lo único es que deja que saque entonces mi traje.
-Claro-ella le siguió mientras él se acercaba a la puerta de su despacho que daba acceso a su habitación, se quedo parada unos momentos en el umbral, observando aquello que ya había visto un poco una vez.
El se dirigió hacia el armario para sacar su túnica y el traje de gala, notaba como ella miraba cada detalle de su habitación, no con ánimo de cotillear sino con curiosidad. Avanzaba despacio por su habitación hacia su cama, donde dejo el paquete y seguía mirando curiosa la habitación.
El saco ambas prendas y se volvió hacia ella.
-Yo me cambiare en el aula, si necesitas algo solo dime.
Ella asintió y le dio las gracias, el se marcho dejándola sola en esa habitación. Tenía unas ganas enormes de tumbarse en esa cama, de descansar en ella, pero no sola, sino al lado de él. La decoración no la había pillado de sorpresa, se esperaba algo parecido y aun así lo considero muy elegante. Comenzó a desenvolver el paquete para empezar a vestirse. Se había decantado por ese vestido y no por el que llevaría realmente al baile porque este era algo más atrevido, quería que solo el la viera así.
Comenzó a desvestirse y a colocarse el vestido. Se sorprendió pensando en lo extraño de la situación, casi desnuda en la habitación de ese hombre, mientras él estaba a solo unos metros de ella. Se contuvo de gritar para llamarle, para que el viniese y la encontrara allí, casi desnuda a pocos metros de su cama.
Ella estaba ahí, eso era lo que él no dejaba de pensar mientras terminaba de abrocharse los últimos botones de su túnica de gala. Pero ese ella estaba ahí no iba solo dirigido a que estuviera en el castillo, sino a que estaba ahí, había venido a ensayar, a estar a solas con él, ella estaba ahí. A pocos metros, cambiándose en su habitación. Se recriminaba por tener esa clase de pensamientos. Pero es que ella estaba ahí, lo más probable es que casi desnuda, poniéndose el otro vestido. Una imagen paso por su cabeza y se puso tenso y algo nervioso. Contenía sus ansias de entrar y contemplarla.
Ella se había puesto ya el vestido y los zapatos, ahora estaba dando un poco de color a sus labios y terminando de peinarse. Había pensado mucho en qué hacer con su pelo, pero al final se decanto por dejarlo suelto aunque con algún que otro bucle. Se miro al espejo que tenía la habitación y nerviosa como pocas veces había estado en su vida salió de ahí hasta llegar al aula, golpeo suavemente para hacer notar su presencia y no pillar desprevenido al profesor. Lo último que quería era que se enfadara por haber entrado por sorpresa. Una voz en el interior la invito a pasar y abrió la puerta lentamente. Lo tenía todo muy calculado, por algo los chicos se derretían por ella, no solo por su belleza, sino porque sabía muy bien como, cuando y cuanto debía moverse o dejarse observar. Así que entro poco a poco al aula, se giro para cerrar la puerta y se quedo casi apoyada en la puerta, mirándole.
El estaba encendiendo la chimenea cuando noto que ella llamaba a la puerta, la dijo que pasara y escucho como la puerta se abría y se cerraba. Ninguna voz, eso le extraño así que se giro para ver qué pasaba cuando pudo verla realmente. ¡Por Merlín, Morgana y todos los magos! Estaba increíblemente guapa. Severus pensaba que probablemente su belleza resaltaría aún más cuando estuviera arreglada pero nunca llego a pensar algo así. Se quedo petrificado con la boca ligeramente abierta, mirándola de arriba a abajo. Llevaba un vestido largo de color azul marino, sin tirantes, el escote que lucía era muy pronunciado y era lo suficientemente ceñido como para resaltar sus curvas. Su pelo estaba adornado por unos bucles y el creía que ese tono chocolate lucia aun más hermoso, sin duda por el efecto de la luz de las velas y la chimenea. Parecía tan frágil y a la vez tan condenadamente atractiva. Sin duda esta noche iba a resultar muy dura para Severus. El solo pensaba en cómo se contendría ante tanta belleza.
Hola a todos/as! como les prometi en el capítulo anterior aqui les dejo la dirección del blog que he abierto para que podais ver los vestidos que menciono, espero que os gusten ^_^
La dirección es: ellalahermana punto blogspot punto com
Va todo junto y donde pone punto pues lo sustituis por un .
(Si por cualquier cosa no podeis acceder al blog en la página de mi perfil dejaré también el enlace)
Gracias por la lectura!
Un saludo
