Nada de lo que aparece aqui es mio (excepto la protagonista) personajes, lugares, etc. son obra de JK Rowling.


¿Seguro?

Lucia un hermoso vestido largo de raso en un color verde esmeralda, los finos tirantes daban paso a un escote menos pronunciado que el vestido del ensayo pero si tentador. En su cintura tenía un fruncimiento que terminaba dando libertad al resto del vestido. Se ajustaba a sus curvas dejando ver un bonito cuerpo debajo de el. Llevaba unos zapatos negros de un tacón alto atados a sus tobillos. El pelo lo llevaba en un recogido muy elegante que se asemejaba a los recogidos antiguos, con un mechón de cabello tapándole una parte de la frente, hacia un lado con el recogido también en él y una pinza en el lado izquierdo que era una mariposa con detalles brillantes y en plata. No llevaba colgantes, ni pendientes, tan solo una pulsera con pequeñas piedras negras y la cadena en plata.

-¿Hermosa no crees?-le dijo el director a Snape mientras este seguía teniendo su vista fija en ella.

-Bueno, si, como el resto-respondió tratando de demostrar indiferencia.

-Oh vamos, ni siquiera yo obvio que de entre todas es la más especial y la que brilla con más fuerza.

Ella estaba a pocos metros de el, se dirigía a paso lento, con suaves contoneos, seguía sonriéndole y eso le ponía aún más nervioso.

-Señorita Potter, déjeme decirle que sin duda usted luce hoy como un ángel. Diría que es digna sucesora de la belleza poseedora de su madre pero mentiría, usted la supera-le dijo Dumbledore.

Se paró entre ambos hombres y muy a su pesar retiró la vista de Severus y la posó en el director.

-Muchas gracias Director, aunque sin duda creo que usted exagera, hay muchas chicas lindas aquí hoy.

-Lindas si, hermosas como usted ninguna-le tomo una mano y le dio un delicado beso-Los dejo, cuídela bien Severus, disfruten de la velada.

El director se fue dejándolos sin saber muy bien que decir ni hacer. El profesor carraspeó con nerviosismo, ella sonrió más comprendiendo lo incomodo de la situación. Cuando el se había decidido a decirle que estaba muy hermosa esa noche apareció una persona que se interpuso entre ellos. El odioso de Craig.

-Hola preciosa, sin duda esta noche estas más deslumbrante de lo habitual. Una lástima tener pareja y que la tengas-miró con algo de arrogancia al profesor y este le devolvió la mirada multiplicada.

-Gracias Marcus, ahora si me permites...

-No sin que antes me prometas un baile.

-Tengo pareja, una excelente pareja por si no te había dado cuenta-miró a Severus y continuó-Así que lo mejor es que vayas con la tuya.

La cogió de la mano y la miró los ojos.

-Solo uno, no te pido más, concédeme un baile y te dejare en paz.

Ella le observó, después se fijó en Severus y volvió la vista hacia Marcus.

-Está bien-contesto de mala gana-Solo uno.

-Nos veremos luego entonces preciosa-le dio un beso en la mano mucho menos delicado que el que le había dado Dumbledore y otro en la mejilla. Este último pillo de improvisto tanto a Sidney como al profesor. Se marchó y los dejo algo confusos.


El trató de mantener la compostura, aunque en su interior había encontrado en tan solo unos segundos miles de maneras de torturar a ese chico y la mayoría eran ilegales, y le tendió su brazo para que ella se cogiera de él y así entrar al gran comedor. Esta lo acepto y caminaron hacia el gran comedor dejando atónitos a muchos asistentes, unos los miraban sin poderse creer la pareja que hacían, otros estaban celosos porque el profesor fuera la pareja de Sidney y muchos otros pensaban en que hacían una buena pareja.

El caminaba a paso firme y seguro, con la cabeza erguida más de lo habitual y su porte impecable. Detrás de esa firmeza se escondía un nerviosismo puro, era la primera vez que bailaría en Hogwarts y de las pocas en toda su vida, la primera vez que iba acompañado y la primera vez que iba del brazo con una mujer hermosa con la cual bailaría. Sin duda se repetía a sí mismo lo afortunado que era. Confiaba en que ella no le dejaría en ridículo y no se reiría de él si se tropezaba u olvidaba de algún paso. Esa era una de las noches donde pudo avanzar por el gran comedor con orgullo sabiendo que era probablemente el hombre más envidiado. Mostró una mueca de satisfacción.


Sidney estaba hecha un flan por dentro, rogaba cada pocos minutos por no caerse, ni tropezar o cualquier evento que pudiera arruinarle la velada. Había visto su mirada, nunca se le olvidaría, sus ojos negros se posaron en ella en el momento en que descendía la escalera y no habían vuelto a desprenderse desde entonces. Sonreía confiada, caminaba con orgullo y elegancia a su lado. Notó las miradas del resto de personas sobre ellos, ella ya estaba acostumbrada a que la mirasen así que prosiguió con su paso seguro del brazo de él. ¡Pobre! pensaba ella, seguro que debe estar nervioso, no creo que se haya sentido tan observado nunca. Le miraba de reojo asegurándose de que todo estaba bien mientras que con la mano apoyada en su brazo le daba suaves apretones trasmitiéndole seguridad. Seguro que le hacía falta.


-Oh, ¡ya están aquí! Que magnífico. Severus acompáñame y te indicaré tu lugar en la mesa-le dijo la profesora McGonagall.

El soltó del brazo a Sidney aunque era lo que menos deseaba, la miró unos segundos tratando de que entendiera la situación. McGonagall se dio cuenta del gesto e interrumpió.

-Oh no, no hace falta que usted nos abandone querida. Le hemos reservado un sitio, al igual que a todas las parejas que acompañan a los jefes de las casas. Síganme ambos.

Respiro aliviada, no tendría porque separarse de él. Su lugar en la mesa era al lado de Severus y en el otro lado se encontraba su profesor de Alquimia, quien sonrió cuando se dio cuenta de su acompañante. Severus por su parte se encontraba rodeado de ella a un lado y en el otro estaba Pomona. Pensó que no sería tan terrible como creía. Una vez sentada se dedico a observar como habían decorado el gran comedor, algo que había pasado por alto cuando entró debido a los nervios y a que estaba más concentrada en cómo lo estaría pasando el. Sin duda estaba hermoso, predominaba el color plata por todos lados, había muchas figuras de hielo con encantamientos para que no se derritieran. Incluso los candelabros eran de hielo y flotaban sosteniendo a las velas. Los manteles y cortinas eran plateadas. Colgaban en algunos sitios flores de color blanco que a ella le recordaban a los lirios. En un lado del comedor se encontraba un escenario donde seguramente tocarían los músicos. Las mesas en esta ocasión no eran las alargadas de siempre, sino que eran circulares, con un espacio para unas 10 personas y dejando espacios entre todas las mesas.

Enfrente de ella reconoció a una persona sentado al lado de Minerva, era aquel chico tan apuesto que se había encontrado varias veces por los pasillos. Esta vez iba sin su grupo habitual, el se dio cuenta y la sonrió a la vez que la saludaba. Ella le devolvió el saludo. Se estaba comenzando a preguntar que haría el con Minerva cuando aparecieron los platos en la mesa y se dispusieron a cenar.


La cena estaba riquísima, el pudin de queso estaba delicioso, el pastel de carne en salsa de calabaza había sido lo preferido de ella, luego llegaron los postres y suspiró ante la visión de un trozo de pastel de chocolate con 5 capas de chocolate diferente y espolvoreado con azúcar fino por encima mientras debajo estaba una capa de chocolate fundido. Mientras cenaban no había tenido mucha oportunidad de hablar con Severus, su profesor de alquimia la había metido en una conversación sobre las propiedades de algunos elementos terrenales y su uso en la búsqueda de otros. Esa conversación derivó en un debate entre ella, el señor Nolton, McGonagall, Sprout, Dumbledore y el prefecto de su casa. Estaba muy entretenida pero deseaba poder conversar con él.


Por su parte el había disfrutado de la cena mientras conversaba de vez en cuando con Pomona, quien le preguntaba sobre ingredientes que necesitara para sus futuras clases y sobre recientes creaciones que había conseguido. Se había dado cuenta de que ella mantenía una conversación con el profesor de Alquimia y que este no tardaba ni tres segundos y en girarse para seguir hablando de nuevo. Además enfrente de ellos había un chico, el prefecto de 7º de su propia casa que no paraba de mirarla. A pesar de que sus miradas ya se habían encontrado varias veces el no cesaba en mostrarle atención, algo que ella parecía obviar o eso le parecía a él, pero sí de dio cuenta de que ella le sonrió un par de veces. Algo que no le había hecho mucha gracia. Además se quedó impresionado con el debate que surgió donde ella demostró ser inteligente, persuasiva y sin duda carismática. Conocía algunas facetas de ella pero sin duda le agradó ver como se manejaba en un contexto como el de hoy, donde pudo ganarse el respeto y la tención de los presentes desde el primer segundo.


Ella se giró para servirse otro vaso de jugo de naranja cuando le dijo las primeras palabras durante toda la cena.

-Parece que el profesor Nolton se ha dormido, gracias a Merlín.

-¿Acaso no estaba disfrutando de su agradable conversación señorita?-mientras alzó una ceja.

-La conversación era entretenida, pero sin duda me gusta conversar con el resto de personas, apenas he hablado con usted en la cena.

-Bueno, no creo que eso...

Dumbledore les interrumpió levantándose de la mesa y dirigiéndose a todos ellos.

-Saben, cuando uno es mayor tiende a olvidarse de momentos felices como este. Una verdadera pena, porque la velada está resultando de lo más agradable, me gustaría que nos tomásemos una foto, así el recuerdo siempre permanecerá.

Todos asintieron y el director sacó una cámara, el prefecto de Hufflepuff la tomó y comenzó a fotografiar a cada una de las parejas que estaban en la mesa, cuando se acercó hasta Sprout Sidney se levantó y le dijo:

-Tranquilo ponte con la profesora, yo tomaré la foto.

-Gracias Sid!

El chico y la profesora se pusieron juntos y sonrieron mientras ella sacaba la foto, le devolvió la cámara.

-Vamos es tu turno entonces-le dijo el chico dirigiéndose solo a ella y evitando posar la mirada en el profesor de pociones.

-¿Es necesario?-comento el aun sentado mientras la miraba.

-Vamos profesor, ¿no querrá hacerme tal desplante?-ella le miraba con brillo en los ojos esperando por él, no tardo ni dos segundos en reaccionar y levantarse.

El no sabía muy bien donde ponerse ni que hacer, ella le indicó y se puso a su lado pero enfrente. Ella sonreía mientras le miraba. El trato de hacer lo mismo pero sin resultado.

El chico les aviso y tomó la fotografía, ambos se iban a sentar cuando el reparó en un detalle cuando estaba retirándole la silla para que ella se sentara. El vestido que lucía dejaba su espalda al aire, cada centímetro desde su cuello hasta sus caderas podía ser visto y tocado. Es más en el baile el tendría que tocarla cuando su mano se posara en su espalda, tragó saliva nervioso imaginándose el tacto sobre su piel. Se sentó y cuando ella iba a decirle algo el chico de Slytherin se acerco hasta ella por detrás de su silla, quedando entre ambos.

-¿Cómo es posible que cada vez que te veo seas más hermosa que la anterior?-sonrió y le tendió una flor.

-Muchas gracias

-Permíteme el atrevimiento pero sería un honor que me concedieras un baile.

-Veras en realidad ya tengo pareja y después le he prometido un baile a otro chico más, no creo que me dé tiempo...

-Shh, no pasa nada, no tienes porque excusarte, tu simple presencia entonces me bastará esta noche. Que disfrutes preciosa.

Se alejo no sin antes acariciar su hombro con la mano, algo que puso de los nervios al profesor. La voz del director le saco de esos pensamientos cuando anunció que el baile comenzaría.


Las mesas se retiraron hacia un lado y el centro quedo despejado para bailar. Ella le miro.

-Allá vamos-le dijo.

El la siguió aunque menos confiado, cuando vio que se dirigía hacia el centro la tomó del brazo y le susurro.

-Espero no contrariarla pero ¿no podríamos estar en otro sitio?

Ella asintió pero McGonagall fue quien empujo a ambos levemente hasta el centro diciéndoles que eran los jefes de casa quienes abrían el baile y que por ello debían situarse en el centro.

Genial pensó el, además de bailar tengo que bailar el primero. Todos se burlaran de mí.

Cómo si le estuviera leyendo el pensamiento ella le dijo:

-Tranquilo profesor, usted ha aprendido muy bien, confió en usted y sé que los dejaremos con la boca abierta-le guiño un ojo y extendió sus manos esperando por él.

El asintió y las acepto. Los jefes de casa estaban en el centro y la música comenzó a sonar. Sin duda el ritmo era muy parecido al que habían estado ensayando así que pudo seguir el ritmo con facilidad. Se concentraba en cada paso, en cada giro y en cada movimiento que tenía que hacer, se fijo a su alrededor y nadie se estaba burlando de él, increíble. A los pocos minutos se sintió más confiado y se atrevió por primera vez a mirar a la persona con la que estaba bailando, un gran error. Eso le puso nervioso de nuevo, ella pareció notarlo y apretó tanto su mano como su hombro mientras le murmuraba que se relajara.


Comenzaron a unirse el resto de parejas y cuando se dio cuenta ya no se hallaban observados por todos, el resto estaba atento a su propia pareja y nadie parecía fijarse en alguien en concreto. Eso le tranquilizó, cerró los ojos unos instantes y cuando los abrió ya no estaban en el centro de la pista, estaban en un lateral algo más alejado, eso le desconcertó.

-¿Prefiere mejor este sitio profesor?

El asintió.

-Gracias.


Continuaron bailando y ahora lo hacían más relajados que antes, ahora no eran ellos a los que observaban sino que ellos miraban al resto. Comenzaron a conversar sobre las parejas que veían, incluso se reían de la torpeza de algunos y del descaro de otros. Ella trataba de buscar a sus amigas pero no las veía, el pareció adivinarlo y le indico donde estaba una de ellas.

-Parece que la señorita Christinne está muy entretenida con su pareja-dijo con sarcasmo el profesor.

Ella miró el sitio y se dio cuenta de que estaba disfrutando con el chico que la acompañaba aunque la mano de este le agarraba la cintura como si no quisiera soltarla. Ella suspiro, alegrándose por su amiga y queriendo que después del baile le contara absolutamente todos los detalles.

-¿Envidia su situación quizás?-le pregunto cuando se dio cuenta del suspiro.

-Para nada, no me podría encontrar mejor que ahora mismo-le miro y notó que en su rostro aparecían unas manchas de color, se encontraba nervioso.


La canción terminó dando paso a una melodía más lenta, ella pensaba que el solo la acompañaría un baile y después se marcharía pero no se movió del sitio. Se movían con los mismos pasos que antes solo que más despacio y balanceándose de un lado a otro. Ella instintivamente se acerco más a su cuerpo y la mano apoyada en su hombro descendió hasta posarse en su pecho. El evitaba encontrarse con sus ojos pero notaba como ella lo miraba sin apartar su vista y también sentía como la mano apoyada en su espalda cada vez le tentaba más a vagar por esta y acariciarla por completo.


Siguieron bailando esa canción, ambos habían perdido un poco la noción del tiempo, se hallaban sumamente relajados y cuando la canción llegó a su fin la melodía que pusieron era más animada, ambos se pararon comprendiendo que ni el bailaría eso ni ella le haría bailarlo fue entonces cuando llegó Marcus y ella aprovecho para cumplir su promesa sin tener que prescindir mucho de la compañía de Severus, le murmuro que solo seria este baile y que la esperase. Ambos se dirigieron hacia la multitud y comenzaron a bailar, el estaba apoyado en la pared, no podía evitar dirigir su mirada a ambos y sentía una rabia como no había sentido en mucho tiempo. ¿Por qué ese mequetrefe tenía que estar tocándola? La canción era animada, no lo entendía. Se fue hacia una mesa del lateral y se sirvió unos cuantos vasos de ponche, miraba la escena con enojo, cada vez que los veía el tenia su mano en alguna parte de su cuerpo, lo peor era que el si que se había atrevido a hacer lo que él no había podido, su mano vagaba por su espalda y la miraba con un deseo que hizo que el profesor tensara su mandíbula y prestara atención a beber y servirse otro vaso.


Los minutos pasaban para el como horas, ya ni siquiera prestaba atención a la pareja, la rabia acumulada en su pecho le decía que no valía la pena atormentarse viéndolos. Lo mismo había hecho cuando Lily comenzó a salir con James y de nada sirvió. Lily. Que poco cambiaba la situación a pesar de que el había creído que la hija era diferente. ¡Qué equivocado estaba! Tan concentrado en sus pensamientos y en recuerdos entre madre e hija que no se dio cuenta cuando ella llegó y se puso a su lado.

-¿Esta rico?-le pregunto

-¿Qué?-dijo el desconcertado mirándola a su lado y sin saber a qué se refería

-El ponche

-Ah, sí, aunque bueno no está entre mis bebidas favoritas.

-Personalmente preferiría un vaso de Whisky de fuego.

-No tiene edad para beber ese tipo de cosas señorita.

-¿No? ¿Y qué va a hacer?-se puso enfrente suya- ¿Me vas a delatar Severus?

Agarró el vaso de ponche que el tenia y lo bebió de un trago, se relamió un poco el labio inferior, no perdió detalle de como la estaba mirando.

-¿Quieres que te traiga otro?

El asintió y la vio alejarse unos metros mientras rellenaba el vaso y volvía de vuelta con él, se lo entrego y a pesar de que creía que le diría algo por su actitud no lo hizo, ni siquiera por haberse atrevido a beber de su vaso y dárselo.

-¿Puedo preguntarte algo?

-Claro, lo que quieras.

-¿Por qué vinieron tus padres?

Vaya, ella no estaba preparada para esa pregunta, no sabía del interés que eso podía causar y no esperaba que pasados los días tras el encuentro él fuera a preguntarle.

-Bueno, querían que fuera a pasar las navidades con ellos.

-¿Solo eso?-sabía que una discusión como esa no era fruto solo de algo así, además la conversación dejaba entrever algo más.

-Ya sabes como de "divertido" se puede poner el fantástico James Potter cuando quiere-le dedico una mueca de disgusto-Todo un ejemplo a seguir ¿verdad? ¡Como lo detesto!

-Bueno, sin duda no te voy a discutir eso, pero reconocerás que algunas cosas las has heredado de él.

-¿Cómo dices?-le miró totalmente confusa, no sabía a qué se refería.

-Tan popular y rodeada de gente a tu alrededor todo el tiempo, acostumbras a vivir rodeada de adolescentes con los hormonas disparadas que lanzarían una maldición imperdonable solo si tu se lo dijeras, y lo peor es que te encanta.

Tardo algunos segundos en procesar la información.

-Disfruto cuando la gente se da cuenta de mis cualidades y las admiran, es cierto, pero no disfruto con la compañía de esos chicos, lo único que hacen es reafirmar cosas que ya sé pero que otros...parecen, ignorar.

-¿Quien podría ignorar a la excelentísima Sidney Potter?- dijo con todo el sarcasmo que pudo-Tiene comiendo de la palma de su mano a todo Hogwarts.

-¿A todo? Hmmph, yo creo que no-se acercó a su oído y le confesó algo que ni ella esperaba decir-Tu te me resistes.

Severus se envaró, la miró fijamente y con su vaso de ponche en una mano y la varita en la otra salió del gran comedor. Ella le seguía a un paso más lento para no levantar sospechas pero sin dejar que se escapara de ella tan fácilmente.


Se había puesto tan nervioso ante esas palabras que no soportaba estar delante de tanta gente y que vieran su reacción, así que decidió que lo mejor era irse. Se encontraba en el segundo piso, en uno de los pasillos que apenas frecuentaba la gente, estaba apoyado en una hilera de ventanas con vistas al lago. Se reprendía a sí mismo por haberse mostrado tan abierto y por dejar relucir sus sentimientos, es cierto que estaba enojado pero es que no había un solo alumno en la escuela que no la hubiera mirado. Lo peor era que ella había respondido a algunas de esas miradas. ¡Eres un insensato Severus!, ¡no pensarás que te las va a dedicar a ti! pensaba el todo el rato.

-¡Maldita!-dijo en voz alta con toda la rabia que fue capaz.

-De entre todos los adjetivos que me han dicho, este es la primera vez que lo oigo.

De una esquina salía ella, en una mano traía una botella con algo en el interior que no le parecía que fuera ponche.

-¿Te apetece?-le dijo ella mientras con su varita hacia aparecer un vaso más para ella y retiraba el contenido del suyo. Le sirvió y ambos bebieron.

-No es whisky pero algo es algo. Licor de cornualles.


Estuvieron algunos minutos bebiendo sin hablar, solo se miraban y lo cierto es que el notaba que una fuerza se apoderaba de su interior, rogándole por hacer esa pregunta que llevaba pensando desde que salió del comedor.

-¿Por qué?

Ella lo miró confusa.

-¿Porque qué?

-¿Por qué me has dicho eso?

-Porque es la verdad-vio su cara y añadió-No me malinterpretes, no quiero que seas uno más de los patéticos que me siguen como si fuera un ídolo. Sé que tú eres diferente, y eso, me gusta.

El la miraba sorprendido, no podía creerse las cosas que le estaba diciendo, se giró hasta quedar viendo el lago y de espaldas a ella. Quería detener ese instante, quería alejarse de allí, no quería oír una sola palabra más aunque lo estaba deseando. Se sobresalto cuando ella poso sus manos en su espalda y lo agarró de un brazo lentamente para que girara. Ambos quedaron mirándose.

-¿Puedo pedirte algo?

El no dijo nada, temía que le iba a pedir y no sabía cómo reaccionar. Ella tampoco dijo nada, solo poso sus manos y puso las de él como habían estado horas antes. Comenzó a balancearse de un lado a otro y el comprendió lo que quería y accedió. Bailaban sin música, lo único que oían en esos momentos era el ruido que hacían ellos mismos con sus pisadas y sus respiraciones. Se sentía tan bien así, sin gente observándoles, sin indicaciones, sin pasos que seguir, solo seguían lo que les apetecía. El balanceo ejercía mejor que una poción calmante para los nervios que había tenido. Por primera vez se decidió a hacer lo que había deseado, recorrió su espalda con su mano. Al principio solo una parte y muy ligeramente pero al ver que ella no decía nada comenzó a darle suaves caricias con sus dedos y a vagar más ampliamente por ella. Notó como la piel se erizaba a su paso y le gusto esa sensación.


Nunca supo cuanto tiempo pasaron así, solo supo que escucho como ella le decía.

-Eres tan inteligente Severus, tan elegante, caballeroso. Tan...perfecto.

Escuchaba lo que le decía mientras su estomago se sentía cada vez con más nudos, era la primera vez que una mujer le decía algo así. Se dejo llevar por el momento y la miró a los ojos. Esos ojos miel profundos que lo estaban mirando a él también. Estaban muy cerca, demasiado, si él quisiera podría acortar la distancia entre ambos y besarla. Probar esos labios que tan deliciosamente le llamaban. Ella vio duda en ellos y se acercó para incitarle a seguir, cerró sus ojos y esperó mientras notaba su respiración chocando contra su cara.

-No-susurro él, más para convencerse a sí mismo que para ella. Necesito de todo el autocontrol que poseía pero se paró en el momento justo.

Ella abrió los ojos, sorprendida.

-¿No?

Se miraron y sabían que era una situación difícil, la tensión estaba patente, ella quería forzar más la situación, prefería no escuchar la voz de la razón que le decía que ya había hecho suficiente y que se había arriesgado demasiado.

-¿Estás seguro?-se dirigía a besarle, esta vez sin esperar a que el viniera a hacerlo. Le haría comprobar lo equivocado que estaba. Apenas noto el roce de sus labios cuando las manos de Severus le apretaron con fuerza los antebrazos, retirándola hacia atrás con fuerza.


¡Ahora no! ¡Ahora no!, pensaba él cuando comenzó a sentir el quemazón en la marca de su brazo que anunciaba la llamada de su señor. Cuando noto como los labios de ella estaban rozando los suyos detuvo el contacto bruscamente por el dolor y la sorpresa y la separo de él. Quizás había sido demasiado brusco pero tenía que salir de ahí inmediatamente. Tenía que reunirse con el ahora. La alejo de el, la miro unos segundos tratando de contenerse para explicarle y se fue por el pasillo casi corriendo, tenía que salir cuanto antes a los terrenos para poder salir de ahí y aparecerse.


Ella estaba confundida y enojada, primero la había rechazado verbalmente y luego cuando lo volvió a intentar la rechazo físicamente, además se había ido sin ni siquiera disculparse. Salió corriendo detrás de él, tratando de alcanzarle.

-¡Severus! ¡Severus detente! Por favor, ¡para!


Escucho sus suplicas pero no se detuvo, realizó un hechizo a la puerta del hall para salir y que ella no pudiese seguirle. Cuando estuvo fuera de los terrenos se desapareció, dejando atrás los sentimientos que había tenido en esas horas, eso era algo de lo que tenía que deshacerse antes de reunirse con él.


Qué os ha parecido? Espero que os haya gustado, sinceramente es uno de los que más me ha costado, tenia la necesidad de que surgiera el tan ansiado beso pero a la vez algo me decia que mejor esperase.

Muchisimas gracias por la lectura, los reviews, las alertas, los favoritos y las visitas al blog! ^^ Estoy muy contenta.

Solo os diré que ya he actualizado el blog y podeis ver el vestido, espero que os guste tanto como a mi.

Dirección del blog: ellalahermana punto blogspot punto com (todo junto y donde pone punto los sustituis por un . )

Un saludo! =)