2. Decisión definitiva
Harry, aunque no era el mismo de siempre, se fue integrando poco a poco con los demás. Le había explicado a Ginny sus sentimientos y ella le había comprendido a la perfección. Con Ron y con Hermione no hizo falta que se excusase, ellos lo dejaron pasar sin más, ya sabían que le pasaba porque era parecido a lo que ellos sentían, así que unos y otros fueron levantando cabeza a medida que pasaban los eternos días del mes de julio. Por mucho que Harry preguntara cuándo se marchaban a España, Sirius no supo darle un día o si podían irse en verdad. Los otros tres muchachos también acariciaban la idea de poder salir de allí y pasar al menos quince días en la soleada casa de la playa pero ninguno creó presión, ni demostró su impaciencia.
A pesar de que el señor Weasley les había dado permiso para salir, no lo hicieron ningún día, ya que entendían la preocupación que les acarreaba a los mayores, sobre todo a la señora Weasley, así que se conformaban con recibir de vez en cuando visitas inesperadas como la del resto de los Weasley, o la de Hagrid, Remus y Arabella. A Dumbledore sólo le habían visto dos días en todo lo que llevaban allí y siempre que iba, se encerraba en la cocina con los mayores, sin que ellos pudieran escuchar lo que se estaba tratando, luego se tenían que contentar con diez minutos hablando con él de trivialidades, ya que esquivaba los temas importantes. El último día que fue, Harry se quedó con él a solas cinco minutos antes de que se marchara.
- No voy a poder ir a España ¿verdad?
- Tienes que entender que el viaje sería muy peligroso, estaríais expuestos a ser encontrados y no podemos arriesgarnos a un ataque en medio de muggles y sin refuerzos
- Pero nosotros ya hemos demostrado que sabemos defendernos
- Lo sé, Harry, pero no debemos poner en peligro vidas de inocentes. No creo que un ataque en un avión sea lo que quieras
- Podemos ir en barco
- Veo que lo tienes todo bien pensado – El anciano mago sonrió al muchacho
- Sí, Emy y yo lo hablamos el año pasado. Iríamos en coche hasta Plymouth, allí cogeríamos el ferry y llegaríamos a Santander en unas horas. La casa de la abuela está a menos de veinte minutos de allí y podemos embarcar con el coche... Lo teníamos todo planeado
- Ya lo veo, no es tan mala idea – Dumbledore se levantó sus gafas de media luna y luego acarició su larga barba
- ¿Eso es un sí?
- Estáis desesperados por ir allí ¿verdad?
- Sí
- Déjame hablar con Molly y Arthur
- Eso es lo que me dijo Sirius, va a hacer ya dos semanas
- Voy a hablarlo ahora y tomamos una decisión definitiva
Dumbledore se metió de nuevo en la cocina y Harry se quedó de pie en el salón. Le llegó a la cabeza que quizá no debió parecer tan impaciente y las dos palabras "decisión definitiva" no le agradaban mucho, si la respuesta era no, se tendrían que enfrentar con un agosto larguísimo. Ron, Hermione y Ginny bajaron de la planta de arriba para saber si a Harry le apetecía practicar un rato con el sintetizador pero al ver su mirada clavada en la puerta de la cocina, la pregunta se esfumó.
- ¿Por qué miras, con esa cara, la puerta? – Preguntó Ron
- Dumbledore está hablando con tus padres para saber si vamos o no a España
No tuvo que decir nada más para que los otros tres se quedaran en la misma posición que Harry, esperando que los mayores salieran. Más de un cuarto de hora estuvieron oyendo las voces apagadas e indescifrables de lo que se hablaba allí. Harry sabía que Sirius daría su consentimiento e intentaría convencer a los demás que era lo mejor para los cuatro chicos. Harry también sabía que era lo mejor para él.
- Bueno – Dijo saliendo con cara de pocos amigos la señora Weasley – Empezad a hacer las maletas, os marcháis esta misma noche
- ¡BIEN! – Dijeron Harry y Ron a la vez mientras que las chicas se abrazaban
- Después de cenar vendrán Remus y Arabella a recogeros. Iréis en coche hasta Plymouth y allí cogeréis el barco – Dumbledore guiñó un ojo a Harry, luego dio unas palmaditas a Molly en señal de que todo iba a salir bien y apartó un poco al muchacho de la cicatriz en forma de rayo en su frente – Fíate siempre de esa marca, ella es una buen chivatoscopio y... dale recuerdos a tu abuela ¡Hasta pronto y buen viaje! - Y se metió en la cocina para desaparecer por la chimenea
- Gracias, mamá – Ginny abrazó a la señora Weasley – Te prometemos portarnos mejor que bien y no meternos en problemas
- Sí, mamá, en ningún problema – Confirmó Ron
- No os separéis de Sirius ¿Entendido?
- Sí – Contestaron todos mirándola con caras de niños buenos
- Si me entero de que causáis algún problema, os la tendréis que ver conmigo... TODOS
- Sí – Volvieron a contestar los cuatro, luego salieron de allí corriendo escaleras arriba para comenzar a hacer el equipaje
- No te preocupes, Molly, todo saldrá bien – Dijo Sirius con una sonrisa
- Mas os vale – Luego se dio la vuelta cabizbaja – Y yo que iba a preparar una buena comida para el cumpleaños de Harry mañana
- Este es el mejor regalo que le puedes hacer
- No sé yo, Sirius... si ese monstruo...
- Querida, no podemos ocultarles siempre – Arthur abrazó a su mujer y se metió con ella en la cocina
Los chicos metían sus cosas en las maletas viejas del matrimonio Evans, llevar baúl a España no era lo más indicado, se delatarían enseguida si se encontraban con algún mago. Tuvieron que repartirlas para los cuatro y las chicas se quedaron con las maletas más grandes. Ron no se había fijado nunca en el montón de cosas que tenían las mujeres. Ropa, calzado, cosméticos y accesorios se amontonaban encima de sus camas sin que ninguna de las dos olvidara la torre de libros y los múltiples pergaminos, plumas y demás enseres que tenían para realizar sus deberes cotidianos. Como él era el único de los cuatro que ya había cumplido los diecisiete años, con lo que podía realizar libremente hechizos de todo tipo, se tuvo que dedicar a reducirles todos aquellos objetos para que entraran en las dos maletas.
A Harry le parecía una tontería que Ron fuese el único en hacer ese trabajo, al fin y al cabo ellos era un caso especial pero, tanto los mayores, como Hermione y Ginny, querían seguir respetando aquella absurda norma. Como a él sólo le faltaban unas horas para cumplir la mayoría de edad, según los magos, no se puso a discutir sobre el tema y dejó a Ron, que parecía muy orgulloso de ser el encargado de tal tarea, que la realizara en paz. Por supuesto, el pelirrojo no se olvidó de reducir las escobas y el sintetizador, nunca se sabía qué podía pasar y además no le hacía ni pizca de gracia separarse de su escoba, que no pudiese volar por ahí, no significaba que no le gustase verla de vez en cuando, de hecho, la admiraba todas las noches antes de dormirse.
Las horas parecían días, ni siquiera ver como el señor Weasley, nuevamente ayudado por Ron, adecuaba el coche descapotable de Emy, hacía que el tiempo corriese más rápido. Harry y Ginny se lanzaban miradas sin cesar, en poco tiempo tendría libertad para besarse, cogerse de la mano y hacerse carantoñas sin ser descubiertos o levantar sospechas. Después de la cena, y con todo metido en el maletero, las dos chicas ayudaron a Molly a recoger la cocina mientras la repetían una y otra vez que no les pasaría nada y que todo iría a las mil maravillas. Cuando Hermione salió de la cocina y se quedaron solas madre e hija, Molly aprovechó para sentarse con ella unos minutos y hablar de un asunto que quedaba pendiente.
- Cariño, yo debería haber hablado contigo de esto antes pero es que aún me parecías una niña... las circunstancias me han demostrado lo contrario
- ¿A qué te refieres, mamá?
- A que ya empiezas a ser una bella jovencita y supongo que te guste algún chico ¿Me equivoco?
- No - Contestó Ginny un tanto aturdida
- Creo saber quien es y también creo que ha sido siempre el mismo. No te sonrojes tonta, soy tu madre
- Por eso mismo, mamá
- Él ya es de esta familia, aunque entiendo que tú no lo veas así. La verdad es que no me importaría nada en absoluto que se formalizase esa situación, que se convirtiera en mi hijo político...
- ¡Mamá! ¿Tú sabes lo que es la presión?
- ¡Por supuesto!
- Pues es eso lo que ejerces sobre tus hijos con esa clase de comentarios
- ¡Tonterías! Sólo era un pensamiento en voz alta
- Mamá, a Ron le tienes agobiado con cómo tiene que tratar a Hermione, Bill y Charlie no traen a sus chicas para que no les cases con ellas antes de tiempo, y digo chicas porque sé que han estado con unas cuantas. Ni te quiero contar cuándo conocerás a las novias de Fred y George, y no te quepa la menor duda de que Ron no te lo hubiese dicho, si no fuese porque sabía que ya estabas enterada
- ¿Y tú?
- ¿Y yo, qué?
- ¿Tú tampoco me lo dirás?
- Te diré que salgo con alguien cuando yo crea que es el momento oportuno, porque me sienta segura dentro de la relación
- No confiáis en mí – La señora Weasley comenzó a lloriquear
- ¡Por supuesto que lo hacemos! No es por eso mamá, es que vas demasiado deprisa y... metes presión
- ¿Es que soy una mala madre?
- ¡MAMÁ! No digas tonterías, eres la mejor madre del mundo y sé que todo lo que haces, lo haces porque nos quieres
- ¡Oh, Ginny! Siempre has sido una niña muy especial, espero que él lo sepa ver
- Ya lo sabe, antes que nada somos amigos – Ginny se comió las ganas de decirle a su madre que Harry la quería tanto como ella a él
- ¡YA ESTAN AQUÍ! – Gritó Ron entrando en la cocina – Venga, Ginny, date prisa
- ¡Ven aquí ahora mismo y dame un abrazo! – Molly cogió a su hijo y a su hija y les dio un fuerte abrazo – Por favor, huir de los problemas, no podría soportar una pérdida más
- Lo haremos, mamá... si es que salimos vivos de tus brazos ¡me estás aplastando el pecho y no puedo respirar!
- Hijo ¡Qué despegado eres!
- No te preocupes mamá, todo irá bien – Dijo Ginny dando un beso a su madre
- Bueno, nos vamos, Molly – Hermione entraba en la cocina seguida de Harry
- Querida mía, en ti deposito la cordura de los cuatro, incluido Sirius – La decía mientras la abrazaba
- ¡Pues entonces estamos jodidos!
- Ron, no digas palabrotas – Le riñó su madre
- Perdón
- Harry, cariño, espero que vuelva a salirte la sonrisa cuando llegues allí – Le dijo al oído mientras le estrechaba contra ella para sonrojo del muchacho
- Siento mucho mi comportamiento, señora Weasley
- Molly, acostúmbrate a llamarme Molly ¡Ah! y feliz cumpleaños por adelantado
Los cinco salieron de la cocina con destino hacia el coche. Después de que todos se despidieran (y de que Sirius y la señora Weasley tuvieran unas palabras, que nadie escuchó), Remus, Arabella, Sirius, Harry, Ron, Hermione y Ginny se alejaron en el coche con dirección a Plymouth. Sólo trescientos cinco kilómetros les separaban del puerto donde cogerían el barco, unas dos horas de viaje en el bólido deportivo modificado de Emy. No había duda que las mejorías de las que se habían ocupado, habían hecho que el coche corriera menos pero fuese más seguro. Por un lado metieron el módulo de invisibilidad, luego habían instalado el de antichoque, idea que les dio el autobús noctámbulo, también pusieron las lunas tintadas para que no vieran que en un coche, en el que apenas entraban cuatro personas, viajaban siete y, por último, un maletero tan grande que incluso metieron la moto de Sirius, eso sí, reducida al tamaño de una bicicleta de adulto y oculta bajo un falso suelo.
Que viajasen de noche era premeditado y que fuese en la fecha en que Harry cumplía años, también. Seguramente los mortífagos, siervos de Voldemort, no pensarían que el muchacho saliera de su guarida en un día tan señalado, aunque eso no les impedía seguir buscando su escondite. No habían llegado a Southampton, cuando los cuatro jóvenes magos dormían profundamente en los asientos de atrás. Ginny recostada en el pecho de Harry, que posaba su cabeza en la ventanilla de la izquierda y Hermione en la misma postura sobre Ron, que posaba su cabeza en la ventanilla de la derecha. Sirius les miraba por el retrovisor lamentándose de una cámara de fotos.
A la una y media de la madrugada llegaron a Plymouth, Remus se bajó para informarse de los trámites para cargar el coche y saber a dónde tenían que ir los viajeros. A la media hora llegó con las indicaciones y se pusieron a la cola para entrar por la rampa especial por donde entraban los vehículos. El barco partía a la tres en punto de la mañana y ellos, a la dos y media, ya eran los siguientes en embarcar.
- Bueno, aquí nos separamos – Dijo Remus en voz baja, ya que los muchachos aún seguían dormidos
- No deberíais haber venido
- Toda protección viene bien, además así nosotros nos hemos dado un paseo – Exclamó Arabella con su siempre dulce sonrisa
- ¿Cómo volvéis?
- Tenemos preparado un traslador seguro, no te preocupes – Explicó su amigo
- Sirius, cuando llegues allí desconecta un poco, te vendrá bien y a ellos también – Bella abrazó a su amigo y le besó en la mejilla – Cuidaros mucho y darles recuerdos a Lola y a Ángel
- Les llamaré en cuanto llegue para reservar una mesa para comer
- ¡Oh! La lasaña de ese hombre es la mejor del mundo
- Sí, lo sé, Remus, y yo me la comeré encantado pesando en lo que te estás perdiendo
- Llamar a menudo, ahora hay teléfono en la casa
- Lo haré cuando esté Arthur, se pone loco de contento cuando descuelga el auricular – Sirius sonrió a sus amigos – En serio, todo irá bien, nos merecemos unas vacaciones, la casa de la abuela está tan protegida con el mismísimo Hogwarts
- Lo sabemos, por eso Dumbledore os deja ir
- EL SIGUIENTE – Gritó un operario del puerto
Sirius le miró un instante, volvió la cabeza para despedirse de Remus y Bella y ellos ya no estaban. Bajó la ventanilla y dio las buenas noches al hombre de mediana edad, con la cara de sueño más marcada que había visto en mucho tiempo.
- Tarjeta de embarque – Miró los billetes que le daba y preguntó - ¿Dónde están las otras cuatro personas?
- Están dormidos en los asientos traseros – Dijo Sirius apartándose un poco y dejando que el hombre metiera su gran cabeza para comprobarlo
- ¡Qué simpáticos! ¿Son todos suyos? – Preguntó
- ¡Oh, no! Solo dos, los otros son sus respectivas parejas ¿Se lo puede creer? Tan pronto y ya con pareja
- La juventud de ahora no espera a que les demos permiso – Se apartó un poco de la puerta – Enséñeme el maletero, comprobación rutinaria
Sirius bajó del coche. Menos mal que no habían llegado los primeros y habían podido observar como los maleteros de todos lo coches eran revisados, así les dio tiempo a cambiar los trastos para que sólo se vieran las maletas amontonadas. Como habían visto que una señora que viajaba con un perro, había tenido problemas, tanto a las jaulas de Hedwig y Pig como a la de Crookshanks las habían echado dos conjuros, uno de invisibilidad y otro de insonoridad. Mientras el hombre miraba con cierta curiosidad aquel maletero, Sirius se concentraba en pensar "Que no vea nada raro, que no vea nada raro" y pareció surgir efecto, el hombre al minuto dio por buena la revisión y le ordenó subir al barco deseándole un buen viaje.
Una vez dentro del buque, aparcó cerca de la puerta para no tener que esperar demasiado una vez llegaran a Santander. Cuando todo estuvo en regla, despertó a los chicos con voz suave para que no se asustaran. Harry fue el primero en abrir los ojos y ver que Ginny dormía en su pecho, con lo que sonrió.
- Feliz cumpleaños, casanova
- ¿Ya son más de las doce? ¿Falta mucho para llegar a Plymouth?
- Estamos dentro del barco, Harry, partiremos en unos veinte minutos
- ¿Qué?- Preguntó sobresaltado
- ¡Hum! ¿Qué sucede? - Ginny se frotaba los ojos con las manos cerradas como si fuese una niña pequeña
- Ya estamos en el barco
- ¿SÍ?
- ¿Qué pasa? ¿Qué pasa? – Hermione se despertó sobresaltada
- ¡QUÉ YA ESTAMOS EN EL BARCO! – Repitió Sirius con la voz ya normal e intentando no desesperarse
- ¡Ron, despierta! ¡DESPIERTA!
- Lo sé, lo sé... ya estamos en el barco... cinco minutitos más
- ¡RON!
- Vale, vale, mujer ¡Qué carácter!
- Vamos a la cubierta para ver como zarpa – Dijo Hermione con impaciencia
- ¿Y por qué no vamos al restaurante? Tengo hambre – Explicó Ron, viendo la cara de incredulidad que tenían los otros, mientras se desperezaba
- No me extraña que crezcas y que papá y mamá no puedan ahorrar, eres capaz de comerte el sueldo del mismísimo Fudge
- Son los viajes, me dan hambre
- Compraremos algunas chocolatinas, espero que con eso tengas suficiente. Debería haber traído más dinero, se me olvidaba que os pasáis la vida zapando
- No te preocupes, tenemos nuestro propio dinero – Dijo Ron todo orgulloso
- ¡Ah, sí! También se me olvidaba vuestro invento – Sirius se volvió hacia el otro lado para llamar a Harry, cuando vio como éste y Ginny se abrazaban melosamente mientras se daban un tierno beso, así que prefirió llamarles la atención tosiendo – Hum, hum
- Perdón, le estaba felicitando – Dijo Ginny separándose de él
- Ponte la gorra que te regaló tu tía, así no verán tu cicatriz ¿No puedes cambiar la forma de tus gafas a cuadradas?
- Yo lo haré – Y sin que a Harry le diese tiempo a quejarse, Ron, aproximándose mucho a él, le cambió las lentes – Te quedan bien ¡Felicidades, amigo!
- Gracias pero creo que no era necesario...
- Felicidades, Harry – Hermione le dio un abrazo y un beso – Ni te molestes, es mas bruto que una mula
- Te he oído
- ¿Y qué? Si quieres te lo digo a la cara ¡Más bruto que una mula!
- Dejaros de tonterías. Vosotras dos cambiar un poco vuestro aspecto antes de salir del coche y tú, Ron, cámbiate el color de pelo
- Eso está hecho – Sin soltar la varita, a Hermione la convirtió en rubia platino y a su hermana en morena, luego él se apuntó y acto seguido tenía un color de pelo castaño claro - ¿Me queda bien?
- Sí, la verdad sea dicha, sí que te queda bien – Hermione le sonrió y le guiñó un ojo
- Perdona rubia pero ya tengo novia y es muy celosa
- Pero yo no – Bromeó ella
- Hay que bloquear el coche para que nadie pueda abrirlo, te encargas tú, Ron, y Harry, lánzale un hechizo para pasar inadvertido – Sirius se puso unas gafas que parecían sacadas del culo de una botella vieja – Ya estamos todos listo, fuera del coche
Después de realizar las órdenes, lo más disimuladamente posible, se dirigieron hacia un puesto de comida, compraron unos cuantos bocadillos, unas chocolatinas y unas bebidas y salieron a la cubierta. No bastó con ver cómo se alejaban de Plymouth, se quedaron allí toda la noche. Haber estado encerrados durante casi un mes, hizo que la brisa tibia del mar no les amilanase, querían disfrutar del aire fresco, de su libertad, les esperaba un mes entero lleno de días en la playa, paseos en bicicleta, comidas al aire libre y reuniones y charlas con la abuela Sunny y con Ángel, Lola y los chicos de la banda. Harry deseaba con toda su alma volver a España y no supo cuánto hasta que vio a lo lejos la costa de Santander. Regresaba de nuevo a su otra casa.
Allí empezó a contar todas las cosas que Emy le había enseñado de Santander, Ginny veía maravillada la ciudad desde el barco y oía encantada a Harry contarle con sumo entusiasmo la historia de la ciudad. La bahía se mostraba en pleno apogeo, coches que circulaban por una carretera paralela al mar, gente que paseaba cerca de donde ellos iban a desembarcar y todo eso bajo el perfil de una ciudad pequeña que se elevaba en cuesta hacia arriba. Santander era una hermosa península en la que la mayoría de los edificios miraban al frente de muchas montañas verdes y altas, Ginny nunca había visto una ciudad tan hermosa como aquella.
Los cinco saludaban con la mano a algunos niños que correteaban por el paseo marítimo y les señalaban haciendo gestos por lo enorme de aquel barco. El día era claro, con pocas nubes en el cielo y un aire nordeste que impedía que el sol apretara fuerte a esas horas. A pesar de que habían dejado el coche cerca de la salida, no pudieron remediar tardar en salir más de tres cuartos de hora, y es que el puerto era pequeño y los viajeros muchos, además sólo existía una salida y el tráfico a esas horas ya estaba bastante congestionado de todos los turistas residentes que querían llegar a la playa aquella mañana.
Cuando por fin salieron del puerto, se dirigieron a una gasolinera a las afueras de la ciudad para llamar por teléfono y ver si podían comer en el restaurante de Lola y Ángel. Sirius se bajó con Ginny, que se moría de la curiosidad, mientras que los otros se quedaron en el coche viendo a la gente pasar, comentando la manera de vestir, los morenos que lucían, la diferencia en las edificaciones de pisos y sobre todo, el cambio de circular por la derecha.
- Buenos días, Ángel´s Place dígame
- Buenos días ¿Eres Lola?
- Sí, dígame
- Me gustaría saber si podemos disponer de una mesa para cinco a la hora de comer – Sirius sonrió por ver que podía seguir con la broma en su perfecto castellano, producto del hechizo que Emy les había lanzado el verano pasado y que ellos tuvieron que repetir con Ginny
- ¿Para cinco?
- Sí, cinco ¿A eso de la una y media?
- Sí, por supuesto, a esa hora viene bien ¿A nombre de quién lo pongo?
- Puedes ponerlo a nombre de Sirius o de Harry
- ¿Sirius? ¿Eres tú?
- Sí, Lola ¿Qué tal estás? – Dijo soltando una carcajada
- ¿PERO CÓMO TIENES LA CARA TAN DURA DE LLAMARME VACILÁNDOME DESPUÉS DE LO QUE HA PASADO?
- Bueno, nosotros... – Sirius supo enseguida que Lola ya sabía de la muerte de Emy y tenía razón al estar enfadada, lo mínimo que podía haber hecho él, es enviarles una carta
- TE LLAMÉ HACE CASI UN MES... YO... YO ESTOY MUY PREOCUPADA, ESTA SITUACION ME DESBORDA, SIRIUS
- ¿Cómo que me has llamado hace un mes? Yo no he recibido ningún mensaje tuyo
- ¿QUÉ? NO ES POSIBLE... DIJO QUE TE DARÍA EL RECADO
- ¿Quién? ¿Adónde has llamado?
- Al número que me dio Emy, el de una tal señora Marsy
- Ella está muerta
- Lo sé, me lo dijo aquel hombre
- ¿Qué hombre?
- Pues el mismo que dijo que te daría el recado, creo que era su hijo
- Eso es imposible, los hijos de la señora Marsy no se han acercado a esa casa en años
- ¿Entonces, quién era el que cogió el teléfono?
- No lo sé, Lola, es la primera noticia que recibo
- ¿Entonces no sabes nada?
- No. Yo pensé que estabas enfadada por no haberte escrito tras la muerte de Emy
- ¿Muerte de Emy?
- Sí, lo siento, es mejor que hablemos dentro de un rato, ahora íbamos a casa de la abuela
- No, es mejor que vengáis aquí primero ¿Sabes llegar?
- No creas que me acuerdo mucho
- Tienes que coger la autovía en dirección a Torrelavega, después desviarte en la quinta salida, ya pone el nombre del pueblo
- ¡Ah, sí, ya me acuerdo! Pues entonces en veinte minutos nos vemos
- Sirius
- ¿Qué?
- Siento que todo haya sido un malentendido, hace unos días que comencé a pensar que ya no te interesábamos
- ¿Cómo puedes decir eso? Vosotros sois nuestros amigos, Emy os quería como hermanos. El problema es que yo he estado fatal, no me he adaptado muy bien a su pérdida y bueno... yo... no podía poner por escrito que la habíamos perdido
- Sirius, será mejor que vengas cuanto antes, hasta luego
- Hasta ahora
