Nada de lo que aparece aqui es mio (excepto la protagonista) personajes, lugares, etc. son obra de JK Rowling.
Advertencia: Este capítulo tiene una escena un poco subida de tono, repito solo un poco :P
Consecuencias
Se acerco hasta él y comprobó que estaba profundamente dormido, se inclino y poso sus labios en su mejilla, cuando los despego se quedo embelesada mirándole y a pesar de las ganas que tenia de que él se tumbara en la cama y descansara junto a ella, sabía que si le despertara el se excusaría y se marcharía de allí. Así que volvió a tumbarse y lo único que hizo fue agarrar la mano de Severus con la suya. Así, con ambas manos unidas ambos durmieron el resto de la noche.
Cuando ella despertó aun seguían ambos en la misma posición en la que se había dormido, fue uno de los mejores despertares que había tenido a pesar de la incomodidad de no haberse cambiado de postura para no tener que soltar su mano. Aprovechando que aún se hallaba dormido ella se dirigió hacia el baño cogiendo su varita de la mesa que había junto a la cama. Cerró la puerta y comenzó a arreglarse.
Cuando abrió los ojos lo primero que noto fue un fuerte dolor en el cuello, llevo una de sus manos hacia él en un intento de masajearlo.
-¿Te duele mucho?-escucho como alguien le decía.
Giro su cabeza y recordó todo lo que había pasado y porque ella se encontraba ahí.
-Solo un poco, nada a lo que no este acostumbrado.
-Deberías dejar que te de un masaje, soy muy buena con ellos o al menos eso es lo que me dice Sirius-dijo sonriendo.
-No hace falta pero...un momento ¿tus vendas?-se percato que ella ya no llevaba nada, ni las vendas, ni las cremas, ni las pociones. Nada. Tan solo llevaba puesta su camisa y esta dejaba ver sus piernas. Su piel volvía a lucir como antes.
-Me las he quitado esta mañana, no podía aguantar más con los picores. Si quieres puedes continuar con la inspección-le mostró los brazos y el los reviso.
-Bueno, sin duda las cremas y pociones han hecho efecto.
-¿Sigo igual?-dijo tímidamente ella.
-Claro-contesto el sin lugar a dudas.
-¿Igual de guapa?-se mordía el labio.
El sabía que si pero no quería contestar, sin duda ella era peor que su madre. Severus creyó que la única persona capaz de dejarlo sin saber que decir era ella, pero se equivocaba.
Ella vio como el agachaba la cabeza y no quiso insistir más. Se acerco a el poniéndose frente a su espalda y comenzó a apartarle el pelo hacia un lado.
-¿Qué haces?-dijo el dándose la vuelta y mirándola atónito.
-Shh, estas mal del cuello, lo menos que puedo hacer es darte un masaje y tratar de destensarlo.
-No hace falta, en serio.
Ella lo agarro impidiéndole marcharse, tomo su cabello de nuevo hacia un lado y le desabrocho la túnica y el chaleco, dejando a Severus con su camisa blanca. Ella paro y se volvió a tomar algo, cuando se iba a girar para ver que era noto sus manos de nuevo. Ahora estaba desabrochándole varios botones de la camisa y la retiro dejando sus hombros al descubierto.
-Relájate.
Sidney había cogido un poco de la misma crema que él le había aplicado a ella, la crema servía para hidratar la piel así que pensó que vendría bien. Se puso detrás de su espalda de rodillas, puso un poco de crema en sus manos y comenzó a masajear el cuello de él.
Una sensación de calor y suavidad lo estaba invadiendo, notaba como ella deslizaba con delicadeza sus manos desde su nuca hasta sus hombros. Su piel comenzaba a erizarse y cuando ella comenzó a apretarle con más fuerza reprimió un gemido de placer ante lo que ella le estaba provocando. Sin embargo no era capaz de controlar el ritmo de su respiración y estaba se estaba convirtiendo en algo sin control.
Ella no supo si le estaba gustando hasta que comenzó a notar como sus hombros se relajaron y como su cabeza se inclino hacia delante permitiéndole el acceso completo a su cuello. Comenzó a acariciarle con suavidad pero cuando vio la tensión que tenia acumulada en el cuello empezó a aplicar presión para relajarle. Escucho el sonido de su respiración, la cual era cada vez más profunda y desacompasada. Noto como la satisfacción la estaba embriagando, estaba tocando al hombre responsable de que sus pensamientos no tuvieran otro protagonista que no fuera él. El hombre con el que soñaba besar. Ese hombre estaba ahí, y ella le estaba acariciando y sabía que a él le gustaba.
Quería aprovechar la situación, hacer algo, lanzar alguna indirecta, lo que fuera. Siguió masajeándole pero acerco sus labios hasta su oreja.
-Quiero que sepas que te agradezco enormemente todo lo que has hecho por mí.
El sintió un escalofrió cuando noto sus labios sobre su oreja y más aún cuando escucho su voz tan sedosa hablándole tan cerca.
-Ya te lo he dicho, no es nada.
-Para mí si lo es, cuando se vive en parte gracias a una imagen esta lo es todo para nosotros. ¿No crees?
-¿Te estas encatalogando entonces? Creí que eras más inteligente que aquellos que viven de las apariencias.
-¿Acaso no lo soy? Dime-acerco su cuerpo a su espalda-¿A qué crees que correspondo?
-¿La chica popular?
-Muy bien. Aunque es una pena que solo unos pocos vean lo que hay detrás de eso. Fíjate en ti por ejemplo, quien imaginaria que debajo de esa fachada de profesor recto y disciplinado se esconde alguien caballeroso, elegante y atractivo ¿Mmm?
Severus se puso nervioso con las últimas palabras que ella pronuncio, era la primera vez que había escuchado a una mujer considerarlo atractivo. Lo peor era que eso le gustaba. ¿Pero qué demonios? ¡Ella era una estudiante!
En ese momento ella aprovecho y comenzó a deslizar sus manos por el interior de la camisa de él, estaba acariciando el pecho del hombre de arriba a abajo. Su propia excitación se hacía patente porque estaba empezando a respirar profundamente y se lo estaba haciendo saber a el puesto que seguía cerca de su oreja.
-No me he olvidado de la noche del baile Severus, sabes que tenemos algo pendiente.
Comenzó a desabrochar los últimos botones de la camisa para poder continuar acariciándole el torso, mientras su boca estaba ocupada dándole besos y suaves mordiscos cerca de su oreja y cuello.
-Para-consiguió decir el haciendo uso de todo el autocontrol del que era capaz, en una voz tan baja que apenas era audible y que podría haberse confundido con un suspiro o un gemido.
Noto como sus manos dejaban de acariciarle, como sus besos habían cesado y como su cuerpo ya no estaba apegado a su espalda. Deseaba profundamente que ella continuara pero en su interior sabia que aquello estaba mal.
-Severus-lo llamo ella.
El se giro y desearía no haberlo hecho. Ella estaba ahí tumbada con su pelo suelto desperdigado por la almohada, con su propia camisa abierta, mostrándose. La miro y vio como ella se humedecía los labios y lo miraba con deseo.
-Ven.
Sabía que tenía que apartar los ojos de ella pero no podía, verla ahí tumbada provocativamente e insinuándosele directamente había sido demasiado para él, quien estaba dudando que hacer.
Cada centímetro de su piel eran tan perfecto que daba risa recordar que hacia unas horas ella había estado tan preocupada por ser un monstruo. Al contrario, era lo más bello que el había visto, su piel parecía tan cremosa e incitaba a tocarla, acariciarla y besarla durante horas. Su mirada bajo hasta su pecho y cuando se dio cuenta su cuerpo comenzaba a inclinarse peligrosamente hacia donde estaba ella. Se levanto y comenzó a abrocharse la camisa.
-Vete por favor-dijo sin ni siquiera mirarla.
-No quieres eso y lo sabes.
-Eso es lo que quiero.
-Tu amiguito no esta tan seguro ¿no crees?
Se atrevió a mirarla y vio hacia donde estaba ella mirando, fue cuando se dio cuenta de lo abultado en sus pantalones y la presión que llevaba molestándole desde hacía bastante rato. Se giro quedando de espaldas a ella y volvió a hablarla.
-Vístase y váyase.
-Severus...
-¡Ahora!-grito él.
Ella se puso de nuevo la camisa, cogió su varita y camino hacia él para tratar de suavizar la situación.
-Si hay algo que te ha molestado Severus perdóname pero...
-De aquí en adelante diríjase a mí como Señor o Profesor Snape, lo ocurrido hoy ha sido un terrible error que nunca más volverá a suceder, le quedo claro ¿señorita Potter?
-Vamos Severus no me...
-He dicho ¡si le quedo claro!-la grito mientras la cogió del brazo con tanta fuerza que la estaba lastimando.
Ella reprimió las lágrimas y asintió.
-¿Si qué?
-Si señor.
El la soltó.
-Ahora lárguese de mi vista, ya.
Ella se aproximo hasta la puerta, estaba furiosa, decepcionada y sobre todo lastimada. No quería irse así sin más. Cuando estaba a punto de atravesar la puerta se volteo, con los ojos anegados en lágrimas de rabia.
-Ningún hombre me ha despreciado de la forma en que tu lo has hecho, esto no quedara así. Juro que habrá una próxima vez, pero esa vez no seré yo la que se entregue a ti, serás tú quien me suplicaras que lo haga. Lo juro.
Dicho esto cerró la puerta y se marcho, camino con dirección a su habitación sin reparar en si había alguien por los pasillos que la pudiera ver o no. Estaba lastimada y su corazón había sido el peor parado.
Severus sabía que le había hecho daño donde más le dolía, en su ego. Ella había demostrado ser vanidosa y que él la hubiera rechazado varias veces seguramente habría sido lo peor que le podrían haber hecho. Le dolía la decisión que había tomado pero sabía que era lo mejor, al fin y al cabo era una estudiante de 16 años, encaprichada temporalmente de su profesor y que en cuanto la ilusión por la novedad hubiera desaparecido ella también lo haría. ¿De qué le servía lanzarse a los brazos de ella? ¿Para convertirse en alguien irracional guiado por sus hormonas y satisfacer sus más básicos instintos? No, el no era así. Aunque sabía que detrás de su fachada de chica perfecta se escondía algo más como ella misma dijo, era alguien dulce, simpática e inteligente. Era de las pocas relaciones que había logrado establecer en Hogwarts tras su llegada y ahora sabía que la había roto.
Afligido suspiro y termino de arreglarse para bajar a desayunar al gran comedor, todo volvería a la normalidad.
Se encontraba como un basilisco, nadie osaba a mirarla o de lo contrario ella les dejaba petrificados. Muchos se habían acercado a ella para preguntarla que tal se encontraba pero ella les contestaba fríamente y todos pesaban que aún estaba enfadada por ello. No hacía más que venir a su mente el recuerdo de todo lo que había pasado y cada vez era más doloroso. El la había herido en todos los lugares donde más daño hacia. Su corazón y su orgullo estaban en mil pedazos desde que él le dijo que parase y comenzó a gritarla. Nunca había esperado una reacción como esa, como mucho estaba preparada para otro rechazo pero no para los gritos. La manera en que la había tratado había sido despreciable y ella no podía soportarlo. ¿Por qué diablos mentía? Ella había visto el deseo en sus ojos, había sentido como su piel se erizaba ante su tacto, ¡por Merlín había visto el bulto en su pantalón! No eran imaginaciones suyas. Ella no entendía el porqué del rechazo.
En esos momentos lo que su mente y su corazón le pedían a gritos era demostrarle cuan equivocado estaba. Sin embargo sabia que él no era como el resto, ella podía reaccionar impulsivamente y él lo tomaría como un acto infantil. Debía pensar las cosas con calma y no dar un paso en falso, quería asegurarse de cómo continuar actuando. Lo que estaba claro es que no se iba a rendir, mucho menos ahora.
Durante el resto del dia no la vio, ni en el desayuno, ni en la comida, ni en la cena. Tampoco se la encontró por los pasillos, había visto a sus amigas pero ella no se encontraba con ellas. Pensaba que ella estaba arrepentida de como había actuado y que por eso no quería enfrentárselo cara a cara. Ella estaría muerta de vergüenza por la confianza que había tomado con él y por haber traspasado los límites de su relación. Sin embargo Severus pensaba dejar el asunto correr, no quería hablar con ella para que no se sintiera mal y que retomaran su relación anterior. Ahora además no tenía ninguna excusa para tratar con ella tal como lo hacía antes. Pensó que lo mejor sería entonces retomar el trato inicial.
Dumbledore le pregunto por ella y contesto que la última vez que la vio la encontró perfectamente y que no la había vuelto a ver. El anciano se mostro satisfecho con su respuesta y no volvió a preguntar. No fue hasta la mañana del domingo cuando recibió una carta del director llamándole a su despacho tras el desayuno. Esto preocupo un poco al profesor puesto que no sabía que podía decirle. Por su mente se cruzaba tanto el nombre de Voldemort como el de ella. Trataba de tranquilizarse pensando que seria para alguna misión pero cuando la vio en el comedor sintió lo peor. Ella le miro mientras estaba desayunando y utilizó una sonrisa tan retorcida que parecía que la risa de el que no debe ser nombrado pareciera una nana. Por su mente paso una idea. Pero no creyó que hubiese sido capaz, la volvió a mirar tan serio como acostumbraba pero algo inquieto y ella volvió a mirarle, esta vez mordiéndose el labio. Observo como posaba sus ojos en el director y el a su vez comenzó a mirarle. Estaba más serio que de costumbre, cuando este noto su mirada volvió la cabeza y no le dirigió su habitual sonrisa sino un gesto seco. En el rostro de Severus comenzaba a formarse un rictus de terror. Dejo el desayuno y se fue al despacho del director a esperarle.
No creo que haya sido capaz. Esa era la frase que retumbaba en su cabeza constantemente, a modo de autoconvencimiento. Pero... ¿y si lo ha hecho? Quizás le ha contado todo al director y probablemente este me eche por haber consentido tantas confianzas con ella, o peor aún ¿y si ha cambiado la historia y me hace parecer a mí como el malo? De un modo u otro en ambos casos parecería el malo y lo más probable es que le expulsaran del castillo. Adiós empleo y orden del fénix, se acabo la doble vida.
Continuaba caminando nerviosamente y pensando que haría tras su expulsión cuando apareció ella tras la gárgola de piedra. Sus sospechabas se confirmaron. Caminaba lentamente y se apoyo en el marco de la puerta del despacho. Ni siquiera le había dirigido la palabra a pesar de sonreírle. La espera lo estaba impacientando aún más y verla ahí apoyada tan feliz, sabiendo que por su culpa le echarían lo estaba matando.
-¿Que pretendes?-dijo mirándola desde el otro marco de la puerta.
-¿Perdón profesor? No sé a qué se refiere-dijo con un tono de voz inocente.
-¿Ahora soy profesor? Ayer no lo era para ti, dime ¿qué es lo que quieres?
-Disculpe pero creo que se está equivocando, le repito que no entiendo de que me habla.-le dedico una sonrisa que pudo con el poco control que le quedaba.
Se acerco de una zancada hasta ella, apoyo sus brazos contra el muro cercándola entre el mismo y la pared. Acerco su cara hasta quedar a escasos centímetros de la suya.
-¿Que ganas con echarme? ¿Esta es tu venganza? Como ayer no te complací ahora le iras con el cuento al director, no sé por qué no me extraña. Eres una niñita consentida que cuando no tiene algo se frustra. Déjame decirte que puede que hayas logrado cosas adulando a tus superiores y que quizás poseas algo de talento, pero la belleza se marchita con la misma rapidez con la que viene. Espero que disfrutes de lo que consigas porque no te durara para siempre.
Cuando iba a continuar diciéndole algo más se dio cuenta que la gárgola de piedra se había movido.
-¡Severus!
Se dio la vuelta cuando horrorizado vio como el director miraba la escena con enfado. Se separo de inmediato y se mantuvo alejado de ella.
Con un gesto de cabeza el director les indico que le siguieran y pasaron tras él a su despacho, el anciano se perdió tras una estantería de libros mientras que Severus continuaba mirándola y ella sonreía ampliamente. La puerta del despacho volvió a abrirse y entro por ella Marcus Craig, Severus se sintió descolocado por completo. Por primera vez comenzó a dudar y empezó a pensar que quizás se había equivocado. Craig se acerco hasta ella y pudo ver la escena.
-Sidney ¿qué tal estas?
Ella no respondió y le miro con desdén apartando la mirada y centrándola en un artilugio del despacho.
-Oye lo siento, en serio. No quería hacerte daño, no sé que me paso por la cabeza, te lo juro. Al único al que quería dañar era a ese imbécil de Hicks. Quería darle su merecido.
-¿Cómo te atreves siquiera a dirigirme la palabra? Eres un asqueroso desgraciado que no merece que pierda mi tiempo en alguien como tu, pero ¿sabes que? El no te ha hecho nada y desde luego no merecía lo que le hiciste, preocúpate por disculparte con él y no conmigo.
La agarro del brazo.
-¿Tienes algo con él?
-¿Pero qué dices? En serio Craig estas mal de la cabeza-ella pego un tirón tratando de soltarse de su agarre.
-Entonces ¿por qué rayos le defiendes tanto? Es un enclenque, absurdo e imbécil, que lo único que sabe hacer es ir tras tus faldas. Ni siquiera tiene agallas para defenderte.
-Puede que para ti sea así pero el resto no lo vemos como tal. Hay más cualidades que admirar en un hombre que el volumen de sus bíceps o cuantos cráneos ha partido en una pelea.
La puerta volvió a abrirse y por ello entro Oliver, miro hacia las personas que se encontraban frente al escritorio del director y agacho la cabeza yendo hacia ella.
-Oliver ¿cómo estás?-pregunto la chica preocupada.
-Bien Sidney, gracias por preocuparte-le sonrió tímidamente aunque mirando con recelo hacia el otro joven.
-No es nada.
-Me gustaría hablar contigo luego si no te molesta claro.
-En absoluto yo...
-Ella no tiene nada que hablar contigo estúpido-se lanzó Marcus entre ambos agarrándola a ella entre sus brazos y haciendo que Oliver retrocediera.
-¡Suéltame imbécil! ¿No te das cuenta que ni con una rama del sauce boxeador te tocaría?
Por primera vez durante todo el rato que había presenciado la escena se atrevió a hablar.
-Señor Craig me temo que o suelta a la Señorita Potter o no tendré más remedio que enseñarle modales.
-Lo siento profesor Snape-dijo deshaciendo del abrazo forzado a la joven.
Guardaron silencio durante unos minutos más hasta que volvió a aparecer Dumbledore de entre los estantes donde había desaparecido y se dirigió hacia su silla. Al ver que solo había dos sillas para el resto de ocupantes hizo aparecer otras dos más. Todos se sentaron, en un extremo estaba Severus y en el otro estaba ella.
-Buenos días a todos, lamento profundamente que estén hoy aquí, desearía que el grave incidente no hubiese ocurrido y me hubiera tenido que ahorrar esta conversación. Están aquí citados por el altercado que hubo en la clase del viernes del profesor Snape. He llamado a los implicados y al propio profesor para que den sus versiones de los hechos puesto que como saben aún no he impuesto una sanción ante un hecho que sin duda la merece. ¿Alguien es tan amable de comenzar con el relato?
Tras varias horas de conversación donde se conto lo sucedido desde cuatro versiones diferentes pero todas con el mismo final, Marcus haciendo que cayera la poción en ambos, y después de que el director tuviera que silenciar varias veces los enfrentamientos que surgían entre los tres jóvenes, todos se quedaron callados esperando la decisión de Dumbledore.
-Está bien, me temo que la decisión no les gustara pero considero que es la más apropiada. Señor Craig, debido a sus actos usted es el que carga con mayor responsabilidad, le serán descontados de su casa 100 puntos, será suspendido del próximo partido de quidditch y permanecerá un mes de castigo con el señor Filch.
Marcus iba a protestar pero basto una mirada del director para callarle.
-En cuanto a ustedes dos, sé que no son los responsables directos pero sin duda también están involucrados. Señorita Potter les serán restados de su casa 30 puntos y también quedara suspendida del próximo partido de quidditch.
-¡Dumbledore eso es totalmente injusto! No tuve nada que ver y ahora...
-Ahora está pagando las consecuencias de sus actos señorita Potter-el anciano la miro por encima de las gafas de media luna y le dedico una mirada reprobatoria que le traspaso la mente.
¿Acaso el se habría dado cuenta? Su mirada era demasiado obvia y probablemente el castigo era no solo por esos actos sino por otros.
Ella asintió en silencio.
-Usted señor Hicks también tiene castigo, serán 20 puntos menos para su casa y tendrá que ayudar al profesor Snape durante la próxima semana después de clases.
Los tres asintieron admitiendo el castigo aunque sin estar de acuerdo.
-Esto va para los tres y es lo último que les diré. Las actitudes como las que han tenido no se toleran en Hogwarts, ninguna-poso sus ojos en ella- Esto ha sido una advertencia pero no habrá próxima vez. Espero que por su bien recapaciten y adopten una actitud madura. Pueden irse.
Todos se levantaron a la vez y caminaron rápidamente hacia la puerta. Las manos de Severus y las de Sidney se encontraron en el picaporte y ambos se miraron durante una fracción de segundo. Ella lo agarró y antes de que abriera la puerta la voz del director volvió a sonar.
-En realidad tu no Severus, quédate.
El profesor volvió a mirar al director y la miró de nuevo, vio como ella giraba el picaporte dedicándole una última sonrisa y se marcho.
Tras ella se marcharon los otros dos jóvenes.
Quizás después de todo el había tenido razón y no se había equivocado como pensó en un principio...
Gracias por la lectura! La cosa comienza a ponerse interesante entre estos dos =) que pensais que pasará? apuestas?
Un saludo!
