3. El mejor regalo
Colgó el teléfono con cara de preocupación. Por más que Ginny le preguntó qué sucedía, él no decía nada. Se montó, esperó a que ella lo hiciese por su lado y salió de allí a toda velocidad. Adelantaba a todos los coches que se encontraba por la autovía e iba tan ciego de preocupación, que casi se pasa la salida y tuvo que dar un giro muy brusco desde el carril exterior, evidentemente con una consabida pitada por parte de los otros conductores.
- Sirius, cálmate, esta no es manera de conducir, se trata de que lleguemos vivos al pueblo
- ¿Nos quieres decir qué sucede? – Preguntó Harry después del sermón de Hermione
- Algo ha pasado, se suponía que yo debía de estar aquí hace casi un mes. Lola me llamó para que viniera pero alguien cogió el recado y no me avisó
- Yo no he sido – Dijo instintivamente Ron
- Llamó a casa de la señora Marsy. Recuerdo haber oído sonar una y otra vez el maldito teléfono hasta que alguien lo cogió, seguramente fue uno de los trabajadores de la mudanza, se hizo pasar por uno de los hijos y ahí se acabó el mensaje
- ¿Y por qué te llamó Lola?
- No lo sé, no ha querido decírmelo por teléfono – Sirius bajó la velocidad al entrar en la carretera comarcal, los chicos tenían razón, no podía ir por ahí como un loco – No sé qué me ocurre pero tengo un presentimiento, un nudo en el estómago que me oprime hasta casi cortarme la respiración
- Yo también lo siento – Ginny no había hablado desde que ambos se montaron en el coche – Es como si mis esperanzas se fuesen a hacer realidad
Harry giró la cabeza bruscamente para encontrar su mirada. Ella jamás le había hablado sobre lo que pensaba de la muerte de Emy, de ningún modo se había atrevido a decirle que más que un adiós, lo que sentía era un hasta luego. Ella no lo había hecho por no dar esperanzas inútiles, por no destrozar aún más los corazones de todos aquellos que la querían. Pero durante los últimos meses, aquella sensación no se había marchado y ahora era más intensa que nunca.
- ¿Te refieres a Emy? – Harry apenas lo preguntó con un suspiro de voz
- ¿Cómo sabes...? – Ginny le miró y no necesitó respuesta – Entiendo. Sí, me refiero a ella
Sirius miró por el retrovisor, vio que no venía nadie, que el de delante llevaba mucha ventaja y que no había gente ni casas alrededor. De forma inmediata pulsó el botón de invisibilidad y aceleró el coche al máximo. Pasaban como una exhalación por la carretera hasta que llegaron al pueblo, en donde le aparcó en un callejón y le desbloqueó para que se viera. Salió del coche corriendo, sin ni siquiera ver si le seguían los chicos, aunque ellos habían hecho lo mismo. Llegó a la pequeña plaza en donde estaba el restaurante – night club, caminó a grandes zancadas para que la gente que pasaba por allí no se fijase en su presencia, aunque aquello era poco probable. Empujó la puerta del Ángel´s Place pero estaba cerrada, así que se fue hacia uno de los costados en donde se encontraban las escaleras para subir a la planta de arriba, allí Lola y Ángel tenían su vivienda. Para entonces ya formaban el grupo de los cinco, llamaron a la puerta y se oyó la voz de ella diciendo que ahora iba. La puerta se abrió y se encontraron con Lola, que en principio les sonrió y luego su cara se tornó en preocupación.
- Querido Sirius – Ambos se abrazaron
- Lola, me has dejado muy preocupado ¿Qué sucede?
- Vamos al salón y os lo explico. Harry ¡Qué guapo estás! ¡Y mucho más mayor! – Le abrazó y besó con cariño
- Hola, Lola, tenía ganas de veros – Harry sintió un escalofrío recorrerle el cuerpo presagio de algo importante
- Mi pelirrojo favorito ¿Es que no dejas de crecer?
- Hola ¿Está igual de guapa que siempre o es que tiene a mis ojos hechizados? – Ron dejó que la mujer lo estrechara entre sus brazos
- Sigues igual de zalamero ¿Eres tú la muchacha que vino el año pasado? – Preguntó a Hermione dándole dos besos
- Sí, encantada de volverla a ver, señora
- ¡Pero si estás hecha una mujercita guapísima!
- Gracias, es usted muy amable
- Lola, llámame Lola y trátame de tú. Y esta jovencita tan bonita ¿Quién es?
- Soy Ginny – Dijo besándola
- Es mi hermana
- Es mi amiga
- Es mi novia
- ¡Vaya! ¡Cuántas cosas eres! Yo soy Lola, como ya habrás podido ver. Pasad y sentaos, traeré un poco de café
Ella desapareció y los demás se quedaron sentados en los diferentes sofás del salón. Sirius se comía las uñas de impaciencia y Harry no hacía otra cosa que cambiar de posición en su sitio, los demás se quedaron quietos expectantes por saber lo que pasaba.
- He traído té frío para los chicos y una cerveza para ti, será más adecuado
- O empiezas ya, o me da un infarto
- Es un poco largo de contar – Dijo mientras repartía las tazas con el refresco
- Somos todo oídos y no tenemos prisa
- Está bien, comenzaré por el principio – Lola se recostó en una butaca alta, con orejeras, en un color gránate con dibujos en amarillo oro – Hará casi un mes, exactamente el día tres de julio, Ángel y yo fuimos al hospital para que él se hiciese una resonancia magnética por un dolor de espalda muy fuerte, que resultó ser una hernia de disco. Como ya estábamos allí, fuimos a ver a una clienta habitual y vecina del pueblo, que sabíamos que estaba ingresada. Coincidimos con su hija, la cual es amiga nuestra de la pandilla desde hace muchos años y que, por supuesto, conoce a la perfección a Emy. Nada más vernos nos dijo que iba a ir al restaurante aquella noche para decirnos lo que le había pasado en el hospital. Al parecer, el día anterior unos marineros habían visto un bulto sospechoso en la playa que está frente a la casa de la abuela y se acercaron allí con una lancha motora. Fue entonces cuando hallaron el cuerpo desnudo de una joven que estaba inconsciente y con signos visibles de bastantes huesos rotos. Avisaron al barco por radio para que llamaran a un helicóptero, ya que sabían que el acceso hasta allí por carretera era complicado. La llevaron al hospital de Liencres y allí descubrieron que tenía prácticamente todos los huesos rotos y un traumatismo cráneo-encefálico que la tenía en estado de coma. Por supuesto, los médicos la intervinieron, una operación de más de diez horas, según le dijo una enfermera, luego la llevaron a la unidad de cuidados intensivos para ver su evolución. Ana, así se llama nuestra amiga, tiene a su cuñada como enfermera en ese mismo hospital y le estuvo contando esta historia, luego le enseñó que incluso había aparecido en los periódicos. Como la encontraron desnuda y no había rastro por ningún sitio de su ropa o documentación, no sabían de quién se trataba. Aquella noticia, en un lugar tan pequeño como este y carente de historias tan sorprendentes, corrió como la pólvora por el hospital y la enfermera decidió, ya que tenía acceso a verla, que pasaría luego para echar un vistazo. A Ana le conmocionó la historia y quiso acompañarla. En cuanto las dos entraron en la habitación donde la tenían, se quedaron mudas de la impresión, una porque la conocía de cantar aquí en el bar y la otra porque era amiga suya. Jamás pensaron que se encontrarían allí a Emy
- ¡ESO ES IMPOSIBLE! EMY ESTÁ MUERTA
- ¿Por qué dices eso? – Preguntó Lola horrorizada
- Yo la vi desaparecer, casi se esfumó entre mis brazos... ella se marchó – Sirius balbuceaba y temblaba conmocionado
- Te digo, Sirius, que Emy está aquí, aunque ella no sabe...
- ¿Estás segura? – Preguntó Harry con un temblor claro en su voz
- Como que vive aquí, en casa, con nosotros
- Por favor, Lola, sigue contándonos lo que ha pasado – Suplicó Hermione
- Ana acababa de volver de estar allí, cuando nosotros llegamos a la habitación de su madre, y nada más decírnoslo, nos fuimos a comprobarlo – Lola sacó un pañuelo del bolsillo y se sonó los mocos, comenzaba a estar muy emocionada – No podéis haceros una idea de lo que fue verla con todos aquellos tubos saliendo de su delgado cuerpo. Estaba tan pálida como si fuese un cadáver, tenía la cabeza rapada y unas vendas la cubrían la herida y el resto del cuerpo. Ella que siempre tenía una melena tan hermosa pero aún así no tuvimos duda alguna de que fuese Emy. Los médicos y las autoridades llegaron, nosotros... bueno, nosotros sabemos que ella es especial, no estaba segura allí, si a ella le diese por... bueno si ella...
- ¿Quieres decir que sabes que es bruja? – Preguntó Ron sin remilgos adivinando a la perfección el pensamiento de la mujer
- Sí, eso
- Pensábamos que no lo sabíais – Dijo Sirius sorprendido
- La abuela nos hizo prometer, hace muchos años, que no debíamos decírselo, ni siquiera hacer mención de ello... Ángel tiene familia que lo es pero él no ha salido a ellos, aunque un poco de poder sí que tiene
- Es un squib – Dijo Harry
- Él es quien la controla ahora, casi no se separa de ella
- No me lo puedo creer, esto no está sucediendo de verdad – Sirius se dejaba caer sobre el respaldo del sofá mientras se tapaba la cara con las manos
- Ellos nos pidieron que la identificáramos por alguna marca y nosotros les dijimos que tenía una pequeña estrella en su tobillo derecho – Lola veía como Sirius movía la cabeza negando sin parar – Por supuesto, nos pidieron que les diésemos toda la información que supiésemos de ella y le contamos la historia hasta donde podíamos, menos mal que con eso bastaba. Luego accedieron a sus huellas digitales y sacaron todos los documentos, su doble nacionalidad, sus estudios, la tarjeta de la seguridad social, los trabajos que había desempeñado... toda la vida de Emy en un informe policial para buscar el motivo de su accidente o agresión. Así llevan desde entonces, intentado dilucidar cómo llegó hasta aquel estado
- Pero al despertar ella pudo decirles lo que pasó – Dijo Hermione
- Aún no he acabado la historia. Emy despertó al día siguiente para sorpresa de los médicos, que no nos daban muchas esperanzas. No se acordaba de nada... ni por qué estaba allí... ni reconocía haber estado nunca en aquel lugar, ni en sus alrededores. Simplemente Emy no recordaba nada, ni su nombre, ni el de sus padres, ni de nosotros, nada, sólo hablaba pausadamente y como perdida en una pesadilla. El diagnóstico no se hizo esperar, amnesia retrógrada, no recuerda nada de su vida pasada y puede ser irreversible o, en pocos casos, recuperarse, eso sólo depende del paciente, que se debe someter a sesiones con el psiquiatra de forma continuada
- ¿Quieres decir que, si nos ve ahora mismo, ella no será capaz de reconocernos? – Preguntó Harry anonadado
- Exactamente eso quiero decir, por eso llamé por teléfono días y días para que por fin alguien me cogiera el recado y pudiera avisaros, sólo tenía esa manera, no me servía de nada irme hasta allí, porque yo no sé dónde estudiáis, ni donde vivís
- ¿Cómo se encuentra ella ahora? – Intervino Sirius impaciente
- Los médicos alucinaron a la velocidad con que se la cerraron las cicatrices y ni te quiero contar con el hecho de que los huesos juntaran en unos días. Aunque lo más asombroso fue la rapidez en la que le crecía el cabello, Ángel ha tenido que cortárselo a escondidas por las noches cuando se quedaba con ella, menos mal que la pobre no le decía nada. Aún así, ha pasado unos dolores horribles, que ni la morfina podía paliar. Todo el cuerpo escayolado y vendado, no había suficientes medicamentos para calmarla, no podían darle más de lo que la suministraban, porque sino podía producirse una sobredosis. Así que hemos tenido que verla llorar en silencio de puro dolor, pero demostrando una vez más que, en el fondo, sigue siendo la misma de siempre, no se ha quejado ni una sola vez, sólo ha tenido sonrisas para todos y palabras de gratitud... Me da tanta pena... No sé qué hacer
- Ya has hecho mucho, Lola – Sirius se levantó y se puso de rodillas frente a ella – Gracias, mil gracias por encontrarla – Ambos se abrazaron
- Hay un problema
- ¿Cuál?
- Después de que despertara, volvió a caer en coma dos veces más. La primera después de que un conocido de ella fuese a verla. Al principio creyeron que era otro atentado contra su vida pero confirmaron, en el segundo coma, que lo que le producía ese estado de letargo era que alguien le contara o le hiciese recordar su vida pasada, así que nosotros nunca hablamos de nada de su pasado, sólo disfrutamos de ella en el presente
- ¡Es realmente extraño! – Exclamó Hermione
- Sí que lo es, incluso su psiquiatra le ha cambiado la terapia por miedo a otro coma y que no pueda salir de él
- Un callejón sin salida – Dijo Harry cabizbajo – Ahora tenemos su cuerpo pero no tenemos su espíritu ¿Cuándo terminará todo esto?
- Ya verás como todo volverá a ser como antes – Le consoló Ginny mientras le miraba tiernamente
- Por lo demás, ella lleva fuera del hospital una semana. Está radiante, llena de vitalidad, es como si fuese la chica que nunca perdió a su familia, la que no tuvo que ver tanto horror, ni sentir tanto dolor. Creo que Dios le ha concedido una nueva vida sin sufrimiento... ella siempre se lo mereció – Lola se echó a llorar mientras que Hermione y Ginny le intentaba consolar abrazándola – Es tan buena, tan inteligente y resuelta, tiene miles de dones que pudo aprovechar para ser alguien de éxito pero ella se quedó en las sombras para no ser el centro de atención, para que el-que-no-debe-ser-nombrado no la encontrara... El año pasado se la veía tan feliz... No sabéis cuantas veces la oí decir, sin una sola lágrima en sus ojos pero con la mayor tristeza del mundo, que lo único que ha querido en esta vida era tener a su familia junto a ella, por eso hizo todo lo que hizo, por eso nunca pudo odiar a Petunia... Ella solo quería una familia normal, una vida normal
Ahora ya no era solo Lola la que lloraba, Hermione y Ginny lo hacían sin poder remediarlo, Ron tenía la mirada perdida mientras que se podía ver rabia y pena en sus ojos. Sirius se escondió tras sus manos, negando una y otra vez que aquello estuviese pasando, creyendo que era una más de las veces que imaginaba volver a verla.
Harry estaba de espaldas a los demás, se puso a mirar a través de la ventana, viendo la plaza en donde había estado muchas veces durante el último verano, donde había estado con ella. Sentía la incertidumbre en su cabeza y en su corazón. Ella estaba viva ¡VIVA! ¿No era aquella la mejor noticia que podía recibir? ¿No era ese el mayor regalo que le podían haber hecho? A su mente llegaron las palabras de Merlín: "Me he tomado la licencia de borrar esas líneas, a cambio tendré que escribir otras" "Harry, es hora de que escriba las líneas de las que te hablé, el destino funciona quid procuo, tributo por tributo". Ahora entendía lo que había pasado, él dio su vida para que ella regresase. Al instante de morir Merlín, ella cayó a la tierra de nuevo pero ¿Y su espíritu? ¿Sus recuerdos? Ahí estaba la contradicción. Emy había aprendido, al final, que no importaba que su familia no estuviese viva, que lo importante es que había tenido una gran familia, gente extraordinaria, personas de las que había aprendido tanto y a las que había querido con todo su ser. Ella se dio cuenta, al final, de lo enormemente afortunada que había sido al conocer y compartir todos aquellos momentos y a todas aquellas personas. Lola lo había dicho a la perfección pero ahora Emy estaba perdida en una paradoja, ya no sufría por las pérdidas de su familia pero porque ahora era como si nunca la hubiese tenido.
- ¡No te puedes imaginar lo que nos ha pasado! – Exclamó Ángel entrando por la puerta
Todos contuvieron la respiración, Harry se dio la vuelta bruscamente, no había visto a nadie pasar por la plaza. Lola, de inmediato se secó las lágrimas al igual que las chicas.
- ¿Viene contigo?
- ¡Qué va! Se ha quedado hablando con la frutera, esa arpía cotilla, cada vez que nos ve, no nos suelta... ¡SIRIUS! ¡HARRY! – Ángel fue directo hacia su amigo y ambos se abrazaron, luego le dio un buen achuchón al muchacho – Ya sabía yo que no nos fallaríais
- Ellos no lo sabían, Ángel, nadie les dijo nada, han venido de casualidad
- ¡Oh, Dios mío! ¿Entonces no saben nada?
- Se lo acabo de explicar
- ¡Perfecto! Porque puede venir en cualquier instante
- ¿Qué has hecho con la compra?
- La he metido en los frigoríficos, si incluso pensaba que Emy ya habría llegado
- Pero ¿Qué ha sucedido?
- Nos intentaron robar al salir de la sesión con el médico ¡A punta de pistola!
- ¡Qué horror! – Exclamó asustada Lola
- Lo extraño es que ni Emy ni yo llevábamos bolsos ni joyas. Al parecer querían las carteras, además creo que no es la primera vez que le he visto acechándonos, ese tipejo estaba ayer a la salida del médico pero por algún motivo no pudo hacerlo
- ¿Te ha robado la cartera? – Lola pensó por un momento que aquello no cuadraba, al médico iban antes que a la compra – Entonces ¿Cómo has pagado todo?
- Es que no he terminado, como nunca me dejas hablar...
- Cuenta, cuenta – Lola le metía prisa mientras veía como los demás miraban atónitos la escena, seguramente era demasiada información en poco tiempo
- Nos arrinconó al fondo del callejón, en donde descargan las mercancías para el hospital pero allí no había nadie. Yo estaba entre asustado y cabreado, aunque Emy se mantenía con la mirada fija en él sin pestañear y sin decir nada. Nos pidió que metiéramos en una bolsa las carteras con la documentación y las joyas, todo lo que tuviésemos de valor. En un descuido, de un instante por su parte, Emy levantó una pierna para darle una patada y la pistola salió volando, luego con una voltereta se dio la vuelta para coger fuerza y con la otra pierna le dio una patada en la cabeza, con lo que cayó para atrás quedando inconsciente. Emy me cogió de la mano y salimos corriendo. Era como si recordara todas sus clases de artes marciales. Cuando le pregunté cómo se le había ocurrido hacer eso, simplemente me contestó con una sonrisa que le había salido solo, luego se ha estado descojonando y diciendo que había sido una mañana muy divertida ¿Os lo podéis creer?
- Ha reaccionado como la Emy de antes... – Sirius asomó una leve sonrisa por su boca – Quizás no esté todo perdido
- Será mejor que no adelantemos acontecimientos. Su médico dice que está muy vacía de recuerdos y que sacarle su pasado a colación, puede ser catastrófico – Dijo Lola en tono preocupado - ¿Dónde dices que está?
- Con la frutera, hablando de lo que ha sucedido y poniendo a parir a los ladrones y los maleantes, esa mujer habla más que piensa pero a Emy le divierte, bueno, ella y todos, porque no ha hecho más que rajar con aquel al que se encuentra, enfermeras, médicos, celadores, vecinas, desconocidos, con todos menos con el ladrón
- Deberíamos avisarle que no puede ser así
- ¿Y que la decimos? "Emy, cariño, no hables con todo el mundo porque hay gente que te quiere matar y no sabemos dónde está" ¡Por Dios, Lola!
- Ya lo sé pero no puede seguir así
- Ahora dice que quiere trabajar en el orfanato con los niños y que quiere aprender a conducir, que debe ser divertido ¡Yo no sé de dónde saca esa energía! Hace tan solo una semana que la quitaron la última escayola y mírala, se comporta como si tuviese veinte años – Ángel miró su reloj - ¿Son la doce y media?
- ¡Oh, sí! Tenemos que bajar para empezar a cocinar si queremos que la gente coma hoy en el restaurante
- Os podemos ayudar – Dijo inmediatamente Ginny
- No nos vendría nada mal, los jueves solemos tener el comedor lleno – Contestó Lola
Los siete salieron de la vivienda. El día parecía querer sonreírles, con el cielo azul y el sol brillando pero a pesar de ello, todos tenían en la boca del estómago su tormenta particular. Bajaban las escaleras escuchando las indicaciones de Lola sobre cómo comportarse delante de Emy, sabían que ella tenía razón, debían ser discretos y disimulados, por lo menos al principio, el problema era saber si eran capaces de llevarlo a cabo. Mientras Ángel abría el restaurante para meterse en la cocina para comenzar a guisar y hornear, Lola iba preparando los menús y los demás fueron al coche para dejar sus chaquetas y comprobar si habían cerrado el vehículo.
Ninguno de ellos se atrevía a hablar el primero, no se miraban siquiera, cada uno intentaba asimilar lo que les acababan de decir, habían visto cosas asombrosas en los últimos tiempos pero eso se pasaba de la raya. Emy había vuelto pero sin ser la misma ¿Era aquella situación más complicada que el que no hubiese regresado? ¿Seguiría siendo La Unión de las Cuatro Sangres? ¿O simplemente una bruja? Quizás ni si quiera tuviese magia. No, eso no, su pelo creía rápido, como el de Harry, y sus huesos habían soldado tan rápido como si los hubiese curado Poppy. A Sirius le iba a estallar la cabeza, cerró el coche y se quedó de pie, con la mirada perdida y los brazos colgando como si le pesaran más que el cuerpo.
- ¿Estás bien? – Preguntó Ginny acercándose a él - Te duele la cabeza ¿verdad? – Al ver que simplemente asentía, Ginny se puso de puntillas, posó su mano en la frente, cerró los ojos, sonrió y trajo hacia ella la frente para darle un dulce besó – Espero que con esto se te pase, no es bueno abusar
Sirius se limitó a abrazarla y a musitar un débil y sentido gracias.
- Eso es peloteo – Dijo Ron intentando relajar el ambiente – Sabes que es tu profesor de Runas el año que viene y le quieres comer la tostada
- Como tú no puedes hacerlo... – Le picó su hermana
- Puede hacérselo a McGonagall – Dijo Hermione intentando no reírse pero provocando la risa de los demás
- O a Snape – Siguió con la broma Ginny
- Si te decides por Flitwick, tendrás que ponerte de rodillas – Harry soltó la carcajada
- Sois todos muy graciosos, mucho, pero yo nunca haría la pelota a un profesor, no como otras – Dijo con falsa indignación y con la alegría de ver que al menos Sirius y Harry sonreían
- Será mejor que vayamos a ayudar, nos están esperando
Salieron del callejón aún con la sonrisa en la boca pero de inmediato se convirtió en una mueca de absoluto desconcierto. En su diagonal y frente a ellos, venía andando tranquilamente una joven preciosa, Emy. Llevaba el pelo suelo, que volaba al son del viento del nordeste, y sonreía mientras miraba embelesada el cielo. Vestía unos vaqueros ceñidos y una camiseta blanca de tirantes estrechos, dejando ver su clara piel de porcelana. Atado con un nudo a la cadera, un jersey rojo que iba a juego con sus graciosas playeras del mismo color. Parecía realmente feliz, tranquila, sin preocupaciones, sólo la de disfrutar de aquel jueves mientras caminaba segura, irradiando luz a su alrededor.
Ellos se habían quedado parados, no decían ni una sola palabra, únicamente miraban a Emy como si fuese el fantasma más bonito que habían visto en toda su vida. Ella llegó a la puerta del restaurante pero, antes de abrirla, dirigió la mirada a las cinco personas que la observaban. Primero miró a Hermione, luego a Ginny, después a Ron y cuando llegó a Harry, éste contuvo la respiración, haber si con ello podía grabar de nuevo, para el resto de su vida, la mirada de su tía, todo por si aquello sólo era un sueño. Pero lo que sucedió cuando miró a Sirius, no se lo esperaba ninguno. Se clavaron los ojos el uno al otro durante más de un minuto, parecía que estuviesen solos en el mundo, luego ella bajó la cabeza, en señal de timidez, y volvió a subirla dos segundos después, para encontrarse de nuevo con los ojos sedientos de Sirius. Emy se sonrojó y sonrió, luego desapareció por la puerta.
