4. Un reencuentro de corazón

- Creo que mis piernas no responden – Murmuró Sirius

- Esto es surrealista, es sólo un sueño, más bien una pesadilla – Dijo Harry atónito

- Nada de eso, estamos todos bien despiertos, ella ha vuelto ¡Y ES FANTÁSTICO! – Exclamó Hermione

- No estoy preparado ¿Qué la voy a decir? ¡Oh, señor! Me estoy volviendo loco – Sirius comenzó a tener sudores fríos y a tambalearse

- No, no – Ginny le agarró junto con Ron – Vamos a ese banco

Fueron hacia allí y le sentaron. Ni siquiera se dieron cuenta que había más gente andando por la plaza mientras les miraban extrañados.

- Escúchame, Sirius – Comenzó Hermione – Tenemos que ir poco a poco, primero entramos de forma natural, somos amigos de Lola y Ángel, ellos nos presentarán. Luego, si no te ves con capacidad de hablar, no digas nada, no es necesario, conociéndola a ella y sabiendo que habla con todo el mundo, será Emy quien comience una conversación y nosotros la seguiremos, eso es el único paso que debemos dar

- Mione tiene razón – Esta vez era Ron quien hablaba a Harry – Tranquilizaros los dos, esto es un shock para todos pero para vosotros aún lo es más, dejarnos a nosotros que llevemos el tema

Reunieron las fuerzas necesarias para levantarse e ir hacia el restaurante. Cuando pasaron por la puerta, Sirius temblaba como un niño, lo mismo que Harry.

- ¿Lola? ¿Ángel? – Preguntó Ron a modo de saludo

- ¡Ah! Ya estáis aquí – Intentó no mirarlos para disimular mejor – Quiero presentaros a Emy ¡Emy!

- Voy – Dijo saliendo de la cocina

Todos se miraron, era su voz, la de siempre.

- Mira, ellos son unos buenos amigos nuestros de Inglaterra

- ¡AH! – Dijo Emy al ver de quien se trataba – Les he visto fuera ¡Hola!

- Ven – La cogió de la mano y la llevó frente a ellos – Él es Ron

Éste le extendió la mano pero ella le plantó dos besos. De inmediato, el muchacho supo lo que ella pensaba "Me gusta su color de pelo y parece simpático". Ambos sonrieron a la vez y se saludaron.

- Ella es Hermione

- Hola – Dijo nerviosa la chica mientras le daba dos besos y se frenaba para no abrazarla

- Ginny, la hermana de Ron

- Encantada – Emy se aproximó a ella y al hacer contacto, le dio un calambre - ¡Oh! Tenemos chispa

- Quizás cuando nos descarguemos podamos saludarnos con dos besos

- Sí, será lo mejor - Rió Emy

Harry miraba a su tía, era como ver sus ojos en un espejo. Ahora estaba frente a él, le sudaban las manos y la cicatriz comenzó a calentarse, sentía la subida de temperatura. Entonces ella se llevó la mano instintivamente a la frente, para asombro de él, sobándola un poco en donde se suponía que estaba oculta su marca en forma de rayo. Cuántas veces había deseado tenerla tan cerca, tanto que sintiera que ya estaba en casa, tanto que su rabia dejara de repetirle una y otra vez su promesa de hace tiempo, Emy debía pedirle perdón por no cumplir lo prometido. Se sentía detestable cuando pensaba en ello pero sabía que a partir de ahí, todo volvería a ser como antes. Quizás por estar pensando en aquello, Harry giró la cabeza en la misma dirección que ella para saludarla con dos besos.

- ¡Oh, perdona! No nos ponemos de acuerdo – Dijo Emy una vez que ya se besaron

- ¿Por qué exactamente? – Su voz no sonó tierna sino con la intención que llevaba, de reproche ante su perdón

- Y él es Sirius – Intervino Lola al ver que Harry no se contenía

- Hola – Emy se inclinó hacia él, posó su mano derecha sobre el brazo de Sirius y se cruzó para besarle dulcemente las mejillas

- Hola – Contestó Sirius pasando la mano por la cintura de ella, que de ganas no hubiese soltado en el resto de su vida, y aliviado al ver que ellos no recibían el chispazo como en los viejos tiempos

Ambos se quedaron mirándose de la misma manera que momentos antes. Todos parecían desvanecerse y sólo quedar ellos dos. La respiración al unísono, las ganas de besarse, de abrazarse, de permanecer juntos por el resto de sus días, les vinieron a la cabeza tanto a él como a ella.

- Nos ayudarán mientras estén aquí ¿Verdad? – Lola la miró y sonrió al ver que la chispa no se había apagado - ¡Emy! ¿Me oyes?

- ¡Eh! Sí, sí, nos ayudarán

- ¿Qué hay que hacer? – Preguntó Hermione intentando provocar una conversación natural

- Pues podéis ir colocando las mesas con Emy, allí hay unos delantales para que no os manchéis

- ¿A ellas no las haces ponerse ese horrible uniforme?

- Emy, no empecemos. Tú sirves las mesas luego conmigo y no lo vas a hacer en vaqueros y camiseta de tirantes

- Es que me obliga a ponerme esa estrafalaria falda negra de vieja viuda, que hace que se me vean las piernas transparentes que tengo ¡Cómo no vienen conmigo a la playa! – Explicó ella con tono de recriminación divertido

- A nosotros nos encanta la playa – Dijo Ginny inmediatamente, viendo una oportunidad genial para pasar tiempo con ella – De hecho, estamos aquí de vacaciones para ponernos morenos, parecemos sacados de un baño de leche

- ¡Ah! ¡Eso es genial! – Sonrió Emy y Sirius casi se desmorona – Precisamente le he dicho esta mañana a Ángel que quería aprender a conducir, podemos ir en su coche

- ¡No! – Se oyó una voz al fondo de la sala – ¡Ni se te ocurra coger mi coche!

- Es un gruñón pero muy buena persona – Emy cada vez estaba más suelta con ellos, les sonreía y guiñaba un ojo, mientras Ron no podía evitar reírse – Creo que tú tienes un sentido del humor parecido al mío, nos llevaremos bien

- No te quepa duda – Contestó Ron riéndose aún más

- No vas a meterte en la ciudad con el coche para ir a la playa – Iba diciendo Lola mientras sacaba los platos, servilletas, vasos y cubiertos de la alacena – ¡Y cámbiate ya!

Emy salió murmurando por lo bajo hacia el baño, con una falda negra, una blusa blanca y un delantal en las manos. Los demás se miraban atónitos pero sonrientes, era exactamente como había dicho Lola, la misma Emy pero sin sufrimientos. Seguía siendo temperamental, graciosa, simpática, atrevida, coqueta y habladora pero ahora tenía ese toque de inocencia que había perdido hace mucho tiempo atrás. En sus intensos ojos verdes ya no estaba la sombra de haber vivido años de traumas continuos, ni su autoimpuesta culpa, que a veces no la dejaba sonreír. Parecía imposible pensar que algún día pudieran verla oscurecer, como sucedía en ocasiones, sin embargo, por su forma de caminar y de llevar la cabeza erguía, se seguía viendo que su seguridad en sí misma era la de siempre. Estaban equivocados al pensar que sólo se encontrarían con el cuerpo de Emy, seguía teniendo su misma personalidad, su mismo espíritu.

- No me digáis que no estoy ridícula – Se quejó nada más salir

- A mí me parece que estás preciosa – Contestó Sirius con cierto rubor

- Morena mejor ¿No? – Emy sonrió por el halago

- Sí pero sólo un poco – Sirius no sabía porqué, de repente, se sentía como un quinceañero ligando con la chica más guapa del colegio

- Quizás esta tarde podamos ir a darnos un baño a la playa, así iré cogiendo color – Emy se aproximaba lentamente hacia Sirius, como si dos fuerzas magnéticas los atrajesen

- Quizás – Contestó Lola – Ahora céntrate en poner las mesas mientras yo ayudo en la cocina

- Podríamos ir a la cala de Usgo que está cerca de aquí, hoy no habrá mucha gente – A Harry se le ocurrió la idea cuando Ginny le arreó un codazo para que dijese algo

- ¿Tú conoces este lugar?

- Estuve el verano pasado aquí – Contestó algo inseguro por los nervios

- ¿Y está muy lejos?

- No, en bicicleta a unos diez minutos, además no hace falta meterse en la ciudad

- En bicicleta ¿Cómo no se me había ocurrido? – A Emy se le iluminó la cara - ¿PODEMOS COGER LAS BICIS PARA IR A LA PLAYA? – Esperó a que el murmullo de dentro de la cocina terminase para oír un "vale" - ¡GENIAL! ¿Vosotros tenéis bicis?

- Sí - Contestó de inmediato Ron

- Pero yo no sé...

- No te preocupes, Ginny, creo que yo tampoco. Aprenderemos, lo haremos juntas, seguro que es divertido

- Aquí somos muchos – Dijo Ron - ¿Os parece mal si Harry, Sirius y yo vamos a buscar las bicicletas para ir adelantando?

- Es una buena opción – Exclamó Hermione

- Acabamos de decidir que es una tontería que os alojéis en el hotel – Ángel salía limpiándose las manos en el delantal

- ¿De qué...? – Comenzó a preguntar Sirius

- Arriba hay dos habitaciones libres y en el salón hay un sofá cama, si a Emy no le importa tener compañía en casa...

- ¡YO ESTARÍA ENCANTADA!

- ¿Queréis que nos quedemos aquí arriba? – Preguntó sorprendido Sirius - Somos muchos...

- Hay dos baños, nos apañaremos, así podéis estar más tiempo con NOSOTROS – Acentuó Lola

- A mí me parece una idea fantástica – Ginny le dio esta vez un codazo a su hermano

- Y a mí – Contestó de inmediato

- ¿Todos de acuerdo? – Preguntó Sirius mirando a Harry. Esperó a que asintieran con la cabeza – Entonces será un placer, muchas gracias

- Faltaría más – Dijo Ángel volviendo a la cocina – Ahora ¿Por qué los chicos no guardáis el coche atrás y vais subiendo las cosas?

- No se os olvide lo de las bicis – Dijo Emy cuando salían por la puerta

Allí se quedaron las chicas poniendo las mesas y hablando de biquinis, de cremas de sol y de jugar a las palas en la playa, mientras que los chicos iban al coche y cambiaban impresiones de cómo veían a la actual Emy. Tuvieron que disimular, lo máximo posible, los "añadidos" del coche, por si ella se montaba en él. Luego devolver la moto a su estado normal y guardarlos ambos en el garaje. Después adecuar todo su equipaje en las respectivas habitaciones, que les había indicado Lola, y en el salón, donde dormiría Sirius, y ya, por fin, regresaron de nuevo al restaurante. Eran ya más de las dos del mediodía y el comedor estaba lleno a falta de una mesa de dos comensales. Lola y Emy servían la comida y Hermione y Ginny debían de estar dentro de la cocina ayudando, en la medida de lo posible, a Ángel. En cuanto Sirius y Emy volvieron a tener contacto visual, a ella casi se le cae el plato lleno de espaguetis encima de un cliente y él tropezó con la pata de un taburete tirándolo y armando un gran jaleo. Ron no pudo evitar reírse y Harry se tragó las ganas de soltar la carcajada pero Sirius ni se dio cuenta de la que se había organizado, él solo la veía a ella.

Fueron pasando las horas y al fin, a eso de las cuatro, pudieron comer ya todos juntos, aunque Ron se había pasado todo el tiempo probando todas las delicias que Ángel preparaba. No tardaron mucho en terminar el primero y el segundo plato, luego las luces del local se apagaron y sólo quedó la que entraba pidiendo permiso por los cortinones de colores que había en las ventanas. De la cocina salió Emy, portando una tarta recubierta de merengue con diecisiete velas encendidas. De inmediato, todos empezaron a cantar cumpleaños feliz bajo la mirada de sorpresa de Harry. Ella colocó la tarta delante del muchacho y le susurró:

- Un pajarito pelirrojo me ha chivado que hoy es tu cumpleaños ¡Felicidades, Harry! Que yo recuerde, es al primer cumpleaños que voy, no me lo hubiese perdido por nada del mundo

- Gracias – Musitó Harry aún conmocionado, mientras disfrutaba del cariñoso beso en la mejilla que su tía le daba. Recordó su anterior cumpleaños mientras reconocía el perfume de Emy. Su corazón se agrandó, ella volvía a estar allí, era su tercer cumpleaños juntos, su mente le decía que después de todo, nada podía separarles

- Piensa un deseo y sopla las velas – Dijo Ginny que estaba sentada a su lado. Harry lo hizo, ella le abrazó y le dio un pequeño y dulce beso en los labios – ¡Felicidades, cariño!

Uno a uno le fueron felicitando, luego acordaron que aquella noche lo celebrarían como es debido en el pub – terraza. Y es que Ángel y Lola habían hecho obra a principio de año, adecuando la parte de atrás para convertirla en una terraza donde la gente podía beber y bailar al son de la música, tanto la que pinchaban, como la de los conciertos, ya que el escenario daba al restaurante por un lado y por el otro se podía abrir con unas puertas correderas de cristal. A los muchachos les encantó las nuevas instalaciones y ya estaban deseando que llegara la noche pero, de momento, iban a disfrutar de su paseo en bicicleta hasta la playa y de su primer merecido baño en el mar.

A las cinco y media de la tarde seguía haciendo un magnífico día para disfrutar de un buen chapuzón. Ya vestidos con sus trajes de baño y con camisetas y playeras, se montaron en las bicicletas y comenzaron el recorrido. Harry iba atrás con Ginny que, aunque no le hubiese costado coger el truco al vehículo, aún no se atrevía a correr demasiado. Delante de ellos iban Sirius y Emy, hablando de cualquier tontería mientras se lanzaban miradas cariñosas. Y en cabeza marchaban Ron y Hermione, que se habían separado de ellos para poder disfrutar un poco de su relación.

Llegaron a la cala que Harry había dicho y efectivamente sólo había unas cuantas parejas, así que se acomodaron cerca de la orilla. Tiraron las mochilas, sacaron las toallas y las extendieron, luego las chicas se desvistieron, quedándose las tres en biquini, y se echaron protección solar por la espalda las unas a las otras, para luego tumbarse a tomar un rato el sol. Después de que los chicos contemplaran el ritual marcado por las hembras y antes de que sus feromonas se reflejasen físicamente, se desnudaron de forma inmediata y salieron como un rayo a meterse en la fría mar. Turnaron las tres horas y media que estuvieron con varios chapoteos, incluida una que otra aguadilla (ninguno se quedó sin que otro le metiese la cabeza hasta el fondo del mar), con jugar a las palas y a las cartas, y con tomar el sol tranquilos mientras conversaban de un montón de cosas, sin hacer referencia en ningún momento al mundo de la magia o al pasado de Emy.

Después de volver y darse una buena ducha, prepararon la cena en la cocina de arriba. Lola y Ángel ya estaban en el restaurante, así que se las arreglaron sin ellos. Harry y los chicos, veían encantados como, entre Emy y Sirius, seguía habiendo esa complicidad que tanto les caracterizaba, de hecho, Harry sintió, por unos instantes, que todo era igual que siempre y esperó que tarde o temprano su tía hiciese un hechizo para llenar a Sirius de harina de arriba a abajo. Luego se arreglaron para ir a la fiesta y, a eso de las diez y media, bajaron a la terraza para comenzar con la celebración.

Empezó a llegar gente que habían conocido el año pasado y Harry se puso como loco cuando encontró a los chicos de la banda. Allí estaban los cuatro; Luis, el batería, al que todos apodaban "Palillo" y es que le venía ni que pintado, era alto, delgado, llevaba la cabeza rapada al cero, tenía la tez amarillenta y siempre hablaba en voz alta. Ramón "el teclas", quien se ocupaba del sintetizador, era el más joven de todos, aún no había cumplido los veintiocho; de estatura media, con el pelo largo y recogido en una especie de coleta, que nunca estaba bien peinada, era un muchacho que siempre estaba jovial y con la sonrisa en la boca. Luego estaba Gabi, él era el bajo, no tenía apodo más que el diminutivo de su nombre. Con Harry y Ron siempre estaba de broma, aunque Emy les había dicho que sólo lo hacía con la gente que le caía bien. Él fue quien introdujo a Sirius en el gintonic cuando salían de copas. Como era de esas personas que sólo hablaba con quien a él le interesa y compartía la misma opinión con Sirius en muchos temas, enseguida se hicieron "colegas". Por último estaba Oscar, el guitarra, un tipo con el que podías ingresar en el hospital con la mandíbula desencajada por reírte, a Ron era quien mejor le caía y es que, ya el año pasado, hicieron muy buenas migas en las pocas veces que pudieron estar juntos.

Todos ellos estaban considerados unos crápulas en el pueblo y Emy les había dicho que no era un apodo en vano. Los cuatro eran unos ligones irremediables, desde pequeños habían salido con todas las que tuvieran dos piernas, dos tetas y un trasero, así que las mujeres del pueblo no les tomaban muy en serio, aunque eso no les impedía salir cada semana con una diferente, sólo había que subir al escenario, hacer que bailaran o se enterneciesen y caían en sus redes como pobres peces. Ellos ya estaban al corriente del problema de Emy, aunque eso no les impedían tratarla como siempre e incluso con más descaro. Los piropos eran de linda para arriba y es que aquella noche estaba radiante, con un vestido de tirantes, blanco con grandes flores rojas, y una chaqueta de punto en color blanco, hacia que el moreno, algo encarnado, que había cogido esa tarde le favoreciese aún más, además no se sabe si por arte de magia o por efecto del sol, a su pelo le había salido alguna que otra mecha clara.

Las dos chicas estaban en el baño cuando ellos se encontraron y Ron les chivó que era el cumpleaños de Harry, de inmediato le propusieron que aquella noche ligara con alguna preciosa jovencita para festejar como era debido y así darse un "homenaje". A Sirius no le dio tiempo a parar los comentarios, ya que al ver que Ginny y Hermione se aproximaban hacia ellos, a Harry y a Ron se les ocurrió seguir con la broma.

- ¿Qué os parecen esas dos? – Preguntó Ron con tono pillín

- ¡Perfecto! – Dijo Oscar – Están las dos muy buenas

- Yo me quedo con la pelirroja y tú con la castaña – Harry intentó no reírse

- Así se habla muchacho – Exclamó Ramón "el teclas" viendo como los dos iban directos hacia ellas – Sí que han aprendido en un año estos dos, deben ser los diecisiete años

- ¿Os acordáis cuando teníamos diecisiete años? – Preguntó con nostalgia Luis – No dejábamos a una sin probar

- ¿Y ahora sí? – Preguntó con ironía Sirius

- Ahora tampoco – Contestó Gabi, que ya tenía dos gintonics en la mano, uno para cada uno

- Pues parece que las chicas han entrado al juego – Intervino Emy que disfrutaba como loca con la situación tan cómica en la que estaban

- El caso es que la chica castaña me parece haberla visto antes – Ramón intentaba recordar donde la había visto antes – Igual es que simplemente me he enrollado con ella

- Ya quisieras

- No te extrañe, Sirius, este es un "asalta cunas", le gusta la carne joven

- ¿No os da vergüenza hablar de las chicas como si fuesen terneras?

- ¡Esa es nuestra Emy! – Oscar se reía al ver la cara que ponía

- Algún día os destrozará el corazón una chica y entonces me reiré yo

- ¿No lo sabes? Fuiste tú y mira al final con quien has acabado – Soltó Gabi señalando a Sirius que le dio un pisotón - ¡AH!

- Ni caso

- Chicos, os queremos presentar a Ginny y a Hermione – Dijo Harry a los cuatro de la banda

- ¡Hermione! ¿No era ese el nombre de...? ¡CANALLAS! No habéis engañado – Oscar intentaba estrangular a Ron mientras el otro se partía de risa – Hola, Hermione, sí que has cambiado de un año a otro

- ¿Te acuerdas de mí?

- Nunca se me olvidaría una cara tan bonita y un cuerpo como ese

- Oscar, no te pases que es mi chica – Ron se puso al lado de su novia por si acaso

- Los celosos son los peores, yo que tú me lo pensaba – Le dijo Oscar al oído mientras le daba dos besos

Una vez todos se saludaron, comenzaron a hablar de música y de que Emy aún seguía teniendo la voz más bonita que ellos habían escuchado jamás, además comenzaron a convencerla para que se dejase ver en el escenario ese fin de semana, lo cual ella no rechazó. Harry volvió a pensar que Lola tenía razón al decir que, lo que siempre le había pasado a Emy, es que había intentado, por todos los medios, permanecer en la sombra para que nadie la pudiese reconocer, aunque no siempre lo había hecho. Aún recordaba la cara que se le quedó a su padrino cuando se enteró, por boca de Wilcox, que Emy había participado en un musical y que, al parecer, no sólo había sido una vez.

A eso de las once y media, Ángel y Lola abandonaron la cocina y dejaron todo a manos de los tres camareros que tenían por la noche, uno atendía en la barra de dentro, otro en la de fuera y el último iba recogiendo vasos por todos los sitios. Al poco rato se dejaron de charlas y comenzaron a bailar todos. Sirius les estaba dejando beber combinados, aunque les dijo que no más de tres y que, con eso, ya tendrían una borrachera considerable. Harry y Ron veían claramente que él acabaría seguramente más borracho. A Ginny no le dejó beber más que sidra, pero a ella no le importó porque esa bebida le gustaba muchísimo, claro que Gabi había engañado a su amigo, diciéndole que la sidra no tenía alcohol. Antes de que dieran las doce, Emy apartó un poco a Harry.

- Como veo que no vamos a poder quedarnos solos y no quiero que se pase tu cumpleaños sin darte esto, pues por eso te he llamado – Emy extendió la mano y le dio a Harry un CD – Feliz cumpleaños

- No era necesario... ya me has dado tu regalo – Él la miraba bastante serio, no podía remediar que con ella el tono de voz se volviese más grave

- ¿Yo? ¡Qué va!

- Gracias – Dijo Harry mientras veía la portada, un piano de cola en color blanco sobre fondo negro

- En la playa hablaste de tus regalos de cumpleaños y de tu nueva afición por la música y el sintetizador – Emy le sonrió con cariño pero él fue incapaz de devolverle el gesto – Es que a mí me encanta la música de piano y pensé... pero si no te gusta...

- Sí, sí, gracias de nuevo

- No hay de que ¿Volvemos? – Preguntó nerviosa ante la mirada inquisitiva del muchacho

- Claro

Bailaron, rieron y bebieron toda la noche. Emy no paró de danzar con todos los muchachos que se lo pedían, conocidos o no y Sirius solamente se la quedaba mirando embelesado y encendido a veces por los celos, cuando alguno se quería propasar. En una de las ocasiones, unos turistas alemanes, demasiados borrachos, la cogieron sin pedirla permiso para bailar con ella. Emy se asustó e intentó alejarse pero el muy bruto se puso pesado y antes de que Sirius pudiese rescatarla, Emy le había tumbado en el suelo con un tremendo rodillazo en la entrepierna. Él llegó y de un solo movimiento la puso detrás de suyo, otro de los alemanes quería tomar la revancha pero, con tan sólo una mirada de Sirius, se dio cuenta que iban a tener la batalla perdida, así que no pusieron resistencia cuando Ángel les echó del local. De repente, la música cambió de ritmo, ahora sonaba lenta, Ron aprovechó para agarrarse cariñosamente a la cintura de Hermione y Harry hizo lo propio con Ginny, aunque ninguno de estos dos quitó la mirada a Sirius y Emy. Se habían quedado en medio de la pista de baile, uno frente al otro, mirándose sin cesar.

- ¿Estás bien? – Preguntó Sirius

- Ahora sí – Contestó Emy embelesada - ¿Siempre vas de príncipe azul?

- No, no lo creo, más bien suelo pecar de lo contrario

- Da igual, creo que el opuesto también me gusta

- ¿Te gustan los malos?

- Me gustan los peligrosos, al menos eso creo

- Estamos aquí parados molestando a los que bailan, si quieres que volva... – Sirius no dijo nada más, ella había dado un paso hacía delante y había extendido los brazos para que él bailara con ella - ...O podemos bailar

- Esa idea me gusta más – Emy se acercó a Sirius tanto como pudo, dejó que su mano izquierda descansara en el hombro y entrelazó la derecha con la de él – No parece que seas tan alto y fuerte

- Te aseguro, Emy, que no hace falta que me halagues para tenerme hechizado, lo consigues tan solo con tu presencia, incluso con tu mero pensamiento

- Creo que nunca me habían dicho algo tan bonito – Emy no podía dejar de mirarle a los ojos, se hubiese perdido en ellos, dejaría que la llevase a donde quisiese, iría tras ellos hasta el fin del mundo sólo por no separarse de esa mirada – Tampoco me han mirado así... Me estoy volviendo adicta a ti

- No puedes imaginar lo que significas para mí... Es un sueño... llevo tanto tiempo soñando con esto, que no sé si es verdad

- ¿Quieres comprobarlo de alguna manera?

- Sí – Sirius se fue acercando lentamente a ella, cinco centímetros más y le estaría besando en los labios

Harry y Ginny no bailaban, casi ni respiraban, se habían quedado en la posición pero sin moverse, solo con las cabezas giradas hacia los dos adultos a punto de besarse. Ambos se apretaban la mano como si con ello pudiesen dar más ánimos a la pareja y, en ese momento, ambos se separaron. Vieron que un hombre hablaba con Emy y a los dos les dio ganas de pisarle la cabeza.

- ¡Qué oportuno! ¿Es que no estaba viendo que no podía interrumpir? – Soltó Harry de muy mala leche

- Será gilipollas ¡Uff! ¡Qué aura más mala tiene! ¿Lo notas?

- ¿Ves el aura de la gente? – Preguntó, un tanto asombrado, Harry a su chica

- Sí ¿Tú no?

- Pues no

- Pues yo te digo que ese tipejo tiene muy malas intenciones, vamos que ni de lejos tiene un buen corazón

- ¿De qué estarán hablando? – Harry vio como su padrino volvía hacia donde ellos estaban – Disimula

- Sirius ¿No sigues bailando? – Le dijo Ginny al pasar por su lado

- No, me han interrumpido – Y se fue hacia la barra para pedirse otro gintonic

- Sí que has sido disimulada

- Será mejor que vayamos con él o le tendremos que subir por las escaleras y llevarlo hasta el sofá

- Tienes razón – Mientras fueron hacia él, no vieron que Emy se alejaba un poco con aquel hombre, ni tampoco vieron que a ella se le cambiaba la cara - ¿Quién es ese?

- El psiquiatra de Emy, un tal doctor Beltrán – Sirius estaba de espaldas a todos, apoyado en la barra y mirando fijamente su copa

- ¿Qué te pasa? – Le preguntó cariñosamente Ginny

- ¿Será cierto que el corazón no olvida? ¿Qué ella, a pesar de que no me recuerde, sí recuerde el amor que un día nos unió? – Después de decirlo se tomó, casi de un trago, su bebida

- Eso salta a la vista – Respondió la pelirroja aún con más cariño

- Eso me bastaría ¿sabéis? – Terminó el gintonic de otro trago – Me da igual que no recuerde quien era para ella, si supiese que puedo estar a su lado el resto de mi vida, incluso estoy pensado que me da igual si me ama o no, porque no voy a dejarla... Siempre a un paso de ella, no a más de dos, ha sido así y no me importa que lo siga siendo pero no podré soportar volver a estar separados. La necesito tanto como el aire que respiro

- ¿Se puede saber qué hacías?

- No creo que eso sea asunto suyo, doctor – Emy no entendía aquel reproche

- Sí que lo es. No puedo permitir que te líes con el primero que veas

- Le repito que eso no le incumbe – Le miró con aire de desprecio, se estaba pasando de la raya

- ¿Es que no has pensado que puedes recuperar la memoria y encontrarte con que estás felizmente casada y con hijos? ¿Qué pensarían ellos? ¿Te gustaría producirles el dolor tan grande que supone abandonar a tu propia familia? ¿O es que acaso te gusta jugar con los sentimientos de los hombres?

Las palabras le cayeron como diez sacos llenos de piedras en el estómago. No había contemplado aquella posibilidad, nunca se había planteado su vida anterior, sólo sabía que Lola, Ángel y algunos más, eran amigos suyos de antes pero no hablaban de su pasado, no lo hacían porque ella había recaído dos veces. La cabeza comenzaba a dolerle de forma intensa, tanto como martillos diminutos golpeando sin cesar por toda ella. Necesitaba alejarse de allí, dejar de oír todas aquellas voces y la música tan alta resonando en sus oídos. Lola y Ángel se acercaron para ver qué sucedía, saludaron al médico y luego miraron a Emy. El color sonrojado que había en sus mejillas momentos antes, había desaparecido para volver a un blanco pálido, seguramente producto de que se encontraba mal.

- ¿Has bebido alcohol? – Preguntó preocupada Lola

- No

- Tienes mala cara

- Sí, no me encuentro bien, me voy a la cama, disculpadme ante los demás

- Claro, cariño, no te preocupes

- Hasta mañana, doctor

- A las nueve, intenta no retrasarte

- No lo haré

Emy salió de allí lo más deprisa que pudo pero sin poder dejar de saludar a unas cuantas personas. Sirius la vio alejarse, en el fondo sabía que ella terminaría escapando aquella noche, demasiado bonito para ser verdad. Harry sintió de nuevo ese resentimiento contenido en la boca del estómago, no estaba bien que Emy diese esperanzas a Sirius para luego arrancárselas de golpe y porrazo.