5. Pesadilla
El viernes amaneció con otro día fantástico, lleno de luz y de un calor moderado pero húmedo, sin embargo, el humor de los cinco turistas era claramente nefasto. Un dolor de cabeza intenso y la sensación de que, en vez de lengua, tenían un rectángulo de yeso en su boca, hizo que ninguno de ellos quisiera desayunar. Lola ya había contemplado esa posibilidad y, para variar del zumo de naranja, lo preparó de tomate. Su perseverancia hizo que los cinco tomaran un gran vaso, prometiéndoles que en media hora se encontrarían mejor. Sirius se dio cuenta que Ginny estaba parecida a él, con lo que supo que la sidra sí llevaba alcohol, y le prohibió volver a tomarla, la pelirroja no quiso ni discutirlo. Llevaban más de un cuarto de hora alrededor de la mesa, intentando desayunar, cuando Sirius se armó de valor y le preguntó a Lola si Emy aún no se había levantado.
- Ella está en el hospital desde las nueve de la mañana, salió con Ángel un cuarto de hora antes
- Mierda, quería haber ido con ellos – Las palabras del adulto se acompañaron de su cara de mala leche
- No te preocupes, ya tendrás ocasión
- ¿Por qué se fue anoche? – Ni siquiera tuvo valor para levantar la cabeza y preguntárselo directamente
- Se puso indispuesta, ya te lo dije, le entró dolor de cabeza y se le bajó la tensión, de hecho, estaba muy pálida cuando me despedí de ella
- ¡Ah! – Sirius intentó no parecer aliviado con la noticia
- Es una pena, se os veía muy bien
- Eso creía yo
- No creo, Sirius, que se haya marchado por ti – Ginny intentó consolarlo
- Yo tampoco lo creo. Ayer se le veía, muy claramente, que tenía un interés por ti muy particular – Corroboró Hermione
- Ya veremos
Ángel llegó de nuevo sin Emy, se había marchado con los chicos de la banda a la ciudad. Allí tenían unos amigos que les dejaban el local todo el día para ensayar, ahora era Harry el que ponía cara de mala leche, le hubiese gustado ir con ellos. No apareció a la hora de la comida, ni en toda la tarde, ni tampoco a la hora de la cena, así que los cinco se pasaron el día asimilando información, ayudando a Lola y a Ángel, y aprendiendo a montar en moto, incluyendo a las chicas.
Eran ya las once menos cinco de la noche y seguían sin ver a Emy. Los chicos de la banda estaban tomando unas copas en la barra con otro al que no conocían de nada. Se acercaron a ellos y al instante comenzaron las presentaciones. Al parecer se trataba de un tal Samu, amigo de toda la vida de la pandilla y bailador y coreógrafo profesional en la televisión. Estaba allí después de diez años sin vacaciones, así que se le veía eufórico. Los chicos contaban como, en la juventud, Samu les arrebataba a todas las tías, con lo que ellos le tenían una especie de rencor idolatra que había mantenido su amistad hasta el día de hoy. También les contaron que ya había estado el sábado pasado, preparando la casa de sus padres para poder quedarse todo el verano, y que pasó la noche bailando sin parar con Emy. Nada más mencionarla comenzó la conversación de rigor sobre su amnesia y, tanto Sirius como Harry, pudieron comprobar por los comentarios de Samu, que para ella no había sido un simple conocido, se veía que habían tenido una gran amistad.
- Si ellos consideran que canta bien, que es totalmente cierto, puede hacer que con un susurro te emociones, cuando bailaba ballet era como ver a un cisne surcar un precioso estanque pero también sabía ser fiera y muy sensual ¡Oh, sí! Emy podía transformarse en quien quisiera mientras bailaba, siempre ha sido una gran actriz
- Me hubiese gustado verla bailar – Intervino Ginny
- Cuando quieras te lo enseño. Tengo su último musical grabado en vídeo. Vinieron a buscarla para que entrara en un ballet profesional pero ella dijo que no, que sólo era una afición y que no quería convertirlo en su modo de vida. No sabéis la de bailarinas que matarían por el don que ella tiene encima del escenario. Pero se negó, sólo participaba en funciones privadas de su grupo de teatro. Como eran muy buenos, sacaron bastante dinero por aquel tiempo, ya que no había una sola butaca libre de aquel teatro cutre pero a fuerza de horas y horas de escenario ¡cinco funciones a la semana! Algunos de ellos están ahora entre los mejor pagados del cine, la televisión y el teatro
- No sabía que Emy se hubiese codeado con actores de esa talla – Dijo Hermione
- Lo suyo nunca fue fardar – Contestó Samu y de inmediato se le iluminó la cara al ver entrar a Emy en la terraza - ¡Compañera!
- ¡Samu!
A Sirius se le contrajeron tanto las tripas que, por un momento, pensó que se vomitaría encima. Aquella noche Emy estaba más guapa aún, su pelo misteriosamente había vuelto a crecer y a salirle más mechas claras. Lo llevaba alborotado y un poco rizado, haciendo que aún pareciese más joven. El pantalón rojo perfilaba hasta el mínimo detalle su anatomía y el top que llevaba, hacia lo propio con la parte superior, atándoselo a la nuca y dejando la mitad de la espalda al descubierto. También había dado color a sus mejillas y a sus carnosos labios pintándolos de rojo carmesí. Sirius se miró a sí mismo, él no se había quitado la ropa en todo el día, estaba desaliñado y bastante mal conjuntado, nunca fue muy bueno con eso del vestuario, consecuencia de llevar siete años uniforme en el colegio y doce en Azkaban. Se fijó en Samu, que ya estaba abrazándola y dándole una vuelta en el aire, su ropa era impecable, un traje marrón claro con brillo satinado, conjuntado con una camiseta en pico en color negro y unos zapatos que Sirius, en su vida, había visto otros más brillantes. La comparación era tremendamente odiosa y tenía que admitir que salía perdiendo con creces.
Emy y Samu consiguieron que la noche fuese memorable en la terraza. La gente bailaba sin cesar y eso hacía que bebieran mucho más, con lo que Ángel estaba encantado porque seguramente harían una buena caja. A medida que iba pasando la noche todos cayeron en la red de juerga que habían trazado, todos excepto Sirius. Disimulaba, sonreía y soltaba carcajadas al terminar chistes y soltar paridas pero, en realidad, de buena gana se hubiese liado a puñetazos con la mayoría. Aquello era injusto, su vida en sí era pura injusticia. Había estado tan cerca de sus labios, de su cuerpo y ahora era el que más lejos permanecía de ella.
Emy sabía esquivarlo muy bien y muy disimulado, lo bastante como para que nadie sospechase que no quería ni cruzar una palabra con él. Eso sí, con los chicos todo era normal, incluso mejor que el día anterior, ya que Harry dejó, sin que su mirada fuese de juicio, que le contara los ensayos. Pasaban las horas y se refugiaba en los brazos de Samu para bailar o para hablar pero en realidad, a Emy le hubiese encantado encontrar unos brazos en los que llorar. Se sentía enormemente cruel y sucia, ella sólo hubiese querido estar con Sirius, hablando, riendo, besándose... Lo deseaba tanto que tenía que hacer verdaderos esfuerzos para ni siquiera mirarlo.
- Me marcho, chicos
- ¡No, Sirius! – Ron tenía una melopea mayor que la del día antes – Quédate un poco más hombre, si lo estamos pasando muy bien
- Son las cuatro de la mañana, yo ya he tenido suficiente – Sirius clavó su mirada en Emy al terminar la frase
- Eres como Dani, siempre se iba a las cuatro de la madrugada ¿Lo recuerdas, Emy? – Soltó Samu sin darse cuenta - ¡Uy!
- No, no lo recuerdo – Emy tuvo la excusa suficiente para deshacerse de la mirada de Sirius
Aquella noche el sueño llegó para todos nada más caer en la cama menos para dos personas, Sirius y Emy, ambos daban vueltas en la cama sin cesar pero por motivos muy diferentes.
El sábado, el que no estaba cuando Emy se levantó, era Sirius. Lola le dijo que se había ido a dar una vuelta con la moto. Ella desayunó, se duchó y se preparó para que la fuesen a recoger. De nuevo se marchaba, antes de comer, con los chicos de la banda, esa noche tenían actuación en el bar y tenían que ensayar. Él apareció a eso de la dos y supo que ella no aparecería hasta la noche, así que decidió que ya era hora de ir a ver a la abuela. Pero cuando estaban apunto de salir, Ángel les pidió que le ayudaran a montar el escenario, con lo que, al final, optaron por dejarlo para otro día.
Las once menos cinco de la noche otra vez y él no la había visto en todo el día. Sentía la necesidad, cada vez más fuerte, de tenerla delante, de saber que estaba bien y no tuvo que esperar mucho. Ángel subió al escenario para presentar la actuación estelar de la semana. Había mucha más gente que en las dos noches anteriores. Esta vez el clima no acompañaba mucho, así que la terraza estaba cubierta por una lona y el concierto se daba de cara al local. Los cinco se sentaron en la mesa más próxima al escenario junto con Samu, que hacía muy buenas migas con los cuatro muchachos y parecía especialmente cortés con Sirius, aunque él no le hiciese mucho caso.
La música comenzó a sonar en la oscuridad, cuatro siluetas se movían al ritmo de sus instrumentos y una se contoneaba delante de un micrófono de pie. Sonó la dulce voz de Emy inundando la sala y poniendo los pelos de punta a quien más la quería. Las luces explotaron cuando la canción comenzó a ir mucho más deprisa y se vio a Emy como una verdadera estrella encima del escenario. Letras de todo tipo, ritmos lentos y rápidos y los cinco realizando un papel espectacular, estaban pletóricos y la gente no hacía más que hincharse a aplaudir. El concierto acabó a la una y media de la madrugada y nada más bajar para estar con sus amigos, Emy comenzó a recibir elogios de la gente que allí se encontraba, otra vez que ellos dos no iban a cruzar ni una sola palabra. Sirius pensó que quizás el domingo podría hablar con ella, le preguntaría si hizo algo fuera de lugar o si ella se sentía mal por algún motivo, no dejaría pasar el día sin una conversación con ella.
Y el domingo llegó y les reunió a todos en la mesa para desayunar. Siguieron hablando de la noche anterior, de los chicos de la banda, de Samu, de la gente que había asistido al concierto y de las ganancias de aquellos tres días. Decidieron ir todos juntos a la playa por la tarde, incluso llamaron a los demás para saber si se apuntaban, por supuesto les encantó la idea e idearon una timba de cartas mientras las chicas tomaran el sol.
Después de dar la comida, recogieron el restaurante y se marcharon a la playa en los dos coches, Emy insistió en conducir pero Ángel se negó en rotundo. Fue una de esas tardes de domingo que quedan en el recuerdo para siempre, con partidos de voleibol y waterpolo, con parejas jugando a las palas, con el sol tostándoles la piel y con la timba de póquer más interesante que Harry y Ron habían vivido en su vida. Llegaron a casa tan cansados como si hubiesen estado caminando todo el día. Cada uno se retiró a su habitación para descansar un rato antes de cenar pero Sirius no dejó pasar la oportunidad de hablar con Emy.
- ¿Es que te he hecho algo? – Sirius la agarró del brazo antes que ella pudiese meterse en su cuarto y cerrar la puerta – Por que si es así, lo siento, jamás querría herirte
- Claro que no – Emy se soltó suavemente y pasó a su habitación
- Sé que el otro día quizás me excedí, pude incomodarte y de verdad lo siento – Él pasó y cerró la puerta. Veía como Emy se sentaba en la cama y negaba con la cabeza mirando al suelo
- No, por favor, no pienses que fue culpa tuya... Yo lo provoqué y lo siento
- No entiendo, Emy ¿Qué pasó que pudiese cambiar tanto tu forma de comportarte conmigo?
- No era la adecuada... yo no debo... es mejor que lo dejemos como está
- ¿Significa eso que debo de rehuirte o tú a mí?
- No, no, eso ha sido otra estupidez por mi parte – Levantó la cabeza para mirarle "¡Oh, señor! Si al menos pudiese dejar de latirme el corazón como lo hace cuando estoy a su lado" – Me puse nerviosa y no he sabido reaccionar
- Pero ¿Por qué?
- No puedo liarme contigo, tú te irás... yo no busco un rollo
- Déjame decirte que...
- Ahora no puedo, no estoy en mi mejor momento, salta a la vista... – Emy intentaba, por todos los medios, no oír lo que él tenía que decirle
- Pero yo podría...
- Ni aunque me dijeras que te quedas aquí... no es una cuestión de distancia
- ¿Entonces?
- Déjalo ¿quieres? Tampoco nos conocemos tanto como para darnos tantas explicaciones – Ella volvió a sumergirse en la visión del suelo
- No ¡háblame! Saca lo que tengas que decir...
- No puedo
- Claro que sí – Sirius se arrodilló frente a ella y le acarició suavemente la cara – Dime qué te pasa
- Casi no te conozco... no me parece de recibo que te venga con mis problemas
- Pero yo quiero que me los cuentes
- Sirius, no voy a tener nada contigo ¿Es que no lo entiendes? Por mucho que me demuestres... no lo haré
- Esto no tiene nada que ver con mis sentimientos. Te ofrezco mi amistad de corazón, nada más
- No, no quiero hablar de esto ¡vete! Déjame descansar un rato
- Está bien pero recuerda que permaneceré aquí para cuando tú quieras o cuando me necesites – Sirius la miró, ella se deslizaba por la cama y le daba la espalda, ni siquiera respondió, así que él no dijo nada más y se marchó
Emy no cenó aquella noche, tampoco le vieron a la mañana siguiente en el desayuno. Como cada día, tenía su sesión de terapia y luego una hora de ejercicios de recuperación. Siempre la llevaba Ángel, de hecho, ella no quería que nadie más le acercase al hospital.
Los chicos se acostumbraron enseguida a su vida allí. Se despertaban tarde, desayunaban tranquilos, recogían sus cuartos, luego una buena ducha y a la calle. Paseaban por el pueblo, miraban tiendas, hablaban con los vecinos y conocidos y ayudaban en el restaurante. Luego comían y, si hacía bueno, se iban a la playa. Por la tarde siempre estaban con Emy y con Samu. Si hacía malo, la pasaban en casa jugando a algo o como pasó el miércoles, que el bar permanecía cerrado todo el día, se fueron a la ciudad para visitarla y por la tarde estuvieron en el ensayo de la banda. Durante aquella semana, Emy no esquivaba a Sirius, aunque tampoco se les veía muy bien juntos. Ella, como mecanismo de defensa, sacaba su tono irónico y él hacía lo propio con uno borde, así que, en más de una ocasión, volvieron a ser la pareja de carácter que fueron a comienzos del último curso. Sobre todo se notó el jueves por la noche. Una excursión de solteras francesas llegó al pueblo y aterrizaron aquella noche en el pub. Todas y cada una de ellas, se habían puesto sus mejores galas y la verdad es que alguna de ellas era bastante mona.
- Se ha cumplido mi deseo de la semana – Dijo Gabi con el gintonic en la mano – Creo que esta noche soy capaz incluso de atacar a dos... si cuela
- ¿A dos? – Preguntó Hermione anonadada
- Inocente juventud – Contestó Gabi guiñándole un ojo y yendo directo a por una
- Ni caso, Mione – Le dijo al oído Sirius – A veces, a los hombres, se nos va la fuerza por la boca
- Si ya, yo creo que ese salido es capaz
- Y yo – Dijo riéndose Ron - ¡Au! ¿Por qué me das?
- Primero, ni las mires y segundo ¿Es que te parece honesto?
- Honesto no es la palabra – Exclamó Harry
- No, es pervertido – Añadió Ginny
- Muy bien, Gin, has dado justo con el significado – Harry la estrechó contra él y le dio un beso un poco subido de tono
- Hola – Una mujer alta, con una larga cabellera rubia platino, con un mini vestido de impacto y con la cara muy maquillada, saludó con su acento francés a Sirius
- Hola – Contestó él algo cortado
- ¿Me dejas invitarte a una copa?
- Ya estoy con una
- Pues otra – Se acercó a él melosamente
- ¡Tendrá cara! – Exclamó Ginny al oído de Harry
- Mira la cara que está poniendo Emy – Dijo éste haciendo que su novia torciese la cabeza – Esa mirada es de celos y de los furiosos
- No hay duda, le diré a Sirius que se corte de hablar con ella
- Ni de coña – Harry se fue hacia su padrino y le dijo algo al oído, luego volvió con ella y se puso a bailar
- Pero Harry, terminarán enfadándose
- No, mi inocente Gin, esto terminará en marejada y, algunas veces, viene bien
Sirius dejó que aquella mujer le hablara de todo lo que quisiera, él se reía de vez en cuando y ponía cara de interesado. De reojo observaba el monumental cabreo que iba cogiendo Emy mientras bailaba con Samu. La mujer se fue directa al baño y Emy marchó detrás de ella. En los lavabos aquella "tipejo", como había bautizado a la intrusa, estaba hablando en francés con otra de su misma calaña pero, no sabía por qué extraña razón, ella podía entender a la perfección su lenguaje.
- Te he visto con Sirius – Dijo, sin ni siquiera presentarse, mientras se miraba al espejo a la vez que la otra
- ¿Y qué? – Contestó ésta mirándola recelosa
- Nada, nada, mujer... sólo que si llegas a más con él, tengas la precaución de usar condón... hace poco ha tenido una infección...
- Eso no te lo crees ni tú
- ¡Oh, yo sí que me lo creo! Para ser más exactos, gonorrea. La pilló con una putita barata – Emy de inmediato le hubiese dicho "como tú" – y luego se la pegó a su novia, que da la casualidad que es mi hermana. Claro que le descubrió el pastel y rompió con él. Pero es un sinvergüenza de cuidado, porque de inmediato, me echó los tejos a mí y eso que sabe que estoy con su mejor amigo
- ¡Oh! – La mujer salió de allí con cara de horror
Emy volvió a la pista para ver si había surgido efecto su mensaje y efectivamente, la putita estaba hablando con otra chica y con dos tíos que ella no conocía de nada. Miró a Sirius y vio que él estaba indignado ante semejante plantón. No pudo evitar sonreír y siguió bailando con Samu pero al rato llegó Sirius, le agarró del brazo y la apartó de la gente.
- ¿Has ido al baño?
- Que pregunta más morbosa
- ¿No te habrás encontrado allí con una francesita que estaba muy buena?
- A mí me parecía un espantapájaros ¿Te refieres a esa? – Emy subió las cejas en señal de mal gusto
- Pues igual sí ¿Le has dicho algo?
- ¿Yo? faltaría más – Contestó lo más cínica que pudo
- Mientes muy mal ¿Sabes?
- Y tú eres muy bruto – Terminó por decir Emy, forzando a que le soltará el brazo
- ¿Te parece bonito joder la noche a los demás? – Preguntó simulando un buen cabreo Sirius – Si tú no puedes ligarte a Samu, los demás no tenemos que pagar las culpas
- No tienes ni idea de lo que dices – Emy echaba chispas por los ojos
- La que no tiene ni idea de lo que hace eres tú – Sirius se dio la vuelta y se marchó con una sonrisa en los labios
El viernes apenas se dirigieron la palabra y cuando lo hicieron, fue para decir alguna barbaridad. El sábado, en el segundo concierto que daban, Emy ofrecía miradas, de profundo enfado a Sirius, en cada canción que lo requería. Sin embargo, éste cada vez parecía más y más feliz, con lo que Emy cada vez estaba más y más enfadada. Terminó el concierto y se repitió lo del sábado anterior, la gente rodeaba a Emy y ella parecía no tener ninguna intención en volver a reunirse con sus amigos, así tampoco tendría que estar con Sirius. Eso no impidió que estuvieran lanzándose miraditas de enojo o burla cada dos por tres.
Uno de los empleados se tuvo que ir primero, porque se encontraba mal, y los otros dos terminaron su turno y se marcharon, así que cuando cerraron, los chicos ayudaron a Ángel y Lola a recoger lo poco que quedaba. Ginny acumulaba vasos en una bandeja cuando cogió uno de tubo de una mesa alta. De inmediato se oyó el ruido de cristales rotos, todos se volvieron a verla. Harry supo al instante que ella estaba teniendo una premonición pero la sorpresa ante la palabra que dijo, nada más volver en sí, le dejó sin habla.
- ¡WILCOX!
- ¿QUÉ? – Sirius estaba pálido de la impresión
- Ha estado... aquí
- ¡Eso es imposible! – Exclamó Hermione mirando a todos lados
- Os digo que ha estado aquí – La pelirroja estaba muy alterada
- ¿Qué sucede? – Preguntó Lola, que llegaba con Emy
- Wilcox, un hijo de perra, de lo más peligroso, está pisándonos los talones – Explicó Ron
- ¿No sois un poco exagerados? – A Emy le parecía una situación un tanto absurda verlos a todos tan inquietos
- Él es uno de nuestros mayores enemigos, creo que no exageramos, Emy – Respondió Sirius con un tono de furia bien marcado
- ¿Enemigo? ¡Por favor! Es una palabra muy fuerte – Soltó una risita burlona para mayor irritación de los demás
- ¡Sí! ¡ENEMIGO! – Sirius fue directo hacia ella – Y no debe hacerte ni pizca de gracia, porque, quizás, seas tú un blanco perfecto para él
- No saques las cosas de quicio ¿Quieres? Parece que estáis hablando de un integrante del bando contrario al vuestro en una guerra particular
- ¡Pues eso es lo que es Wilcox! – Exclamó Ron
- ¡Wilcox! – Repitió Emy en voz alta – Ese nombre me suena una barbaridad ¡Wilcox! ¿Tiene un nombre corto?
- ¿Me estás diciendo que te acuerdas de MARK WILCOX? – Harry había permanecido callado pero aquello era el colmo. Su tía no le recordaba a él, ni a Sirius, ni a nadie de su familia pero sí recordaba al mayor cabrón con el que se había topado - ¡Esto es el colmo!
- ¡Mark Wilcox! Sí – Emy dejó de mirar a Harry, su reacción le había cogido por sorpresa, y se puso a recoger los vasos caídos – Definitivamente recuerdo ese nombre... aunque no sé de qué
Esa noche se fueron a la cama con la sensación de que ahora todo había cambiado. Sirius les indicó que al día siguiente comenzarían las investigaciones. Por su parte, Emy seguía viendo que aquello era un soberano despropósito, así que antes de desaparecer por la puerta de su cuarto llamó exagerado y neurótico a Sirius, que no se cortó ni un pelo en devolverle palabras cariñosas como necia e ilusa.
Veía un pasillo muy largo, de paredes de piedra y puertas a cada lado. Era demasiado oscuro y húmedo, olía a rancio, como si no estuviese ventilado en años. Cerca de ella oía voces a su alrededor, no podía identificarlas pero eran familiares. Su mente no hacía más que repetir lo mismo "No me iré sin ella, no sin ella". Avanzaban muy despacio hacia el final del pasillo, allí una puerta mal cerrada mostraba luz y gente tras ella. "No me iré sin ella, no sin ella, no sin ella". Notaba como su pulso se aceleraba, en verdad tenía pavor a cada paso que daba pero el pensamiento la mantenía en pie "No sin ella, no sin ella". La luz inundó sus ojos, los tuvo que entrecerrar, un disparo, gritos, una explosión, todo pasaba muy deprisa y sin enfocar, no era capaz de entender qué sucedía y, entonces, la vio. Una chica alta, delgada, con el pelo rojizo oscuro y unos ojos tan verdes como dos esmeraldas. Era como si los demás se hubiesen detenido en el tiempo y el espacio, ya nada llamaba su atención que no fuese ella. Emy quería ir hasta allí, refugiarse entre sus brazos, que le acariciase el pelo y así poder sentirse, por fin, a salvo y en casa. Dos pasos más, sólo dos y conseguiría su objetivo pero algo le agarró, tan fuerte, que no pudo remediar soltar un grito, esa mano le quemaba la piel. La tiró al suelo mientras veía como ahora se alejaba de su objetivo. Chillaba el nombre de ella pero no podía hacer nada por salvarla. Chillaba una y otra vez pero no oía el nombre que pronunciaba ¿Cómo se llamaba ella? Si al menos pudiese recordarlo. La miraba sin cesar, era su punto de unión antes de caer al vacío. Los gritos, las explosiones y los llantos se intensificaban ahora en sus oídos. Se arrastró como pudo, tenía que destruir a aquella sombra negra que la separaba de los brazos en donde quería descansar, tenía que matarlo. Como un puño cerrado, su interior se convirtió en oscuridad "mátalo, mátalo". Se colocó justo en donde podía hacer más daño y le arreó una fuerte patada. A partir de ahí más confusión. Alguien nuevo se llevó a la pelirroja para ponerla a salvo junto con las voces familiares, luego sonó un disparo, un grito de furia y entonces le vio la cara. La sombra negra clavó sus ojos llenos de odio en ella durante dos segundos y fue eso exactamente lo que Emy sintió, puro odio. La voz dentro de su cabeza gritaba más fuerte apagando los ruidos externos "¡MÁTALO, MÁTALO!". Él la apuntó con una vara de madera y gritó algo que no entendió pero Emy sentía fuego en su interior, sentía una fuerza que no conocía "¡MUERE!". Algo dentro de ella se rompía. Veía el techo, era de un negro absorbente, como si una nube de horror esperara a descargar su mal sobre ella. Oyó pasos que se aproximaban y una risa que le heló el alma. De nuevo sintió el odio recorrerle el cuerpo, allí estaban otra vez esos ojos posados en ella, violando cada momento de felicidad que algún día tuvo en su vida. Ya nada le importó, sólo le devolvió la mirada iracunda. Unas palabras en un idioma que no entendía y que sabía que le quitarían la vida y pensó que, al fin, acabaría ese sentimiento tan horrible que le ahogaba el pecho, la culpa. Vio un rayo aproximarse a ella pero un cuerpo se interpuso en el trayecto y entendió que todo había acabado para él. Gritó desde lo más profundo de su ser.
Emy se incorporó de la cama de un salto, su respiración estaba acelerada y entrecortada, el miedo recorría cada centímetro de su ser, su cuerpo empapado en sudor y las lágrimas cayendo por su rostro eran signo de ello. Sintió unas enormes ganas de vomitar. Se levantó y fue corriendo al baño. Calló de rodillas y metió la cabeza en la baza. Una arcada tras otra hizo que echara todo lo que había comido y bebido el día anterior, el sabor amargo acompañaba a la perfección a sus sentimientos. Sus manos temblaban sin cesar y la garganta quería cerrarse y ahogarla en su propio vómito. Lloraba sin consuelo.
Sirius no podía dormir, estaba agotado pero aún así era imposible conciliar el sueño ¿Wilcox allí? No tenía sentido. Si él hubiese estado tan cerca de alguno de ellos, seguro que ahora lamentarían una muerte, quizás la suya o la de Emy. Si él había visto a Emy, si se lo decía a alguien... Ni si quiera él se había atrevido a decir nada a nadie, no hasta que pudiese ver qué iba a pasar. Ahora todo cambiaba, tenía que cerciorarse de las personas que rodeaban a Emy, seguro que no se mostraba tal como Wilcox era, sino ya le habrían visto. Llevaba un disfraz pero ¿cuál? Una hora y media desde que se tumbó en el sofá y ni el más mínimo signo de que se fuese a dormir. De repente oyó como corrían por el pasillo hasta el baño y luego alguien vomitaba. No tuvo que pensar mucho para saber quién era, él ya había vivido esa escena otras veces. Emy había tenido una pesadilla. Se levantó y fue hacia el baño, se alegró de que no estuviese la puerta cerrada, entró y la vio allí tirada, temblando de los pies a la cabeza, estaba claro que había sido un sueño terrorífico. Se puso a su espalda y colocó su mano en la frente de ella para que pudiese vomitar mejor. No pudo remediar sonreír, había deseado tantas veces poder hacer ese simple gesto, poder ayudarla a aliviar su malestar. Al fin ella paró, la recostó contra la fría pared de azulejos y tiró de cadena. Con el papel fue limpiando lo poco que había caído fuera, luego cogió un vaso y le llenó de agua fresca. Ella le miraba entre agradecida y sorprendida. Sirius se sentó a su lado.
