6. Conversaciones a media noche
- Esas malditas pesadillas ¿Desde cuándo las vuelves a tener? – Preguntó Sirius sonriéndola
- Desde hace una semana – Contestó con un hilo de voz
- ¿Pero no se supone que las pastillas que tomas son para que no tengas esta clase de arrebatos?
- Sí... pero ya no las tomo
- ¿Qué? – La cara de él cambió a reproche total - ¿Es que estás loca? Yo no sé qué pasa últimamente por tu cabeza pero, te aseguro, que no son buenas ideas
- No me eches la bronca
- ¡No, si quieres te aplaudo!
- Tú no lo entiendes
- Pues explícamelo
- El día que llegasteis tenía que tomarla a la hora de la comida y... se me olvidó pero, en cambio, me sentía mucho más dueña de mis actos. Aquel día me dejaba llevar, las cosas tenían un color más intenso y los sentimientos no se coartaban, me sentía feliz
- Pero eso es porque las pastillas ya estaban surtiendo efecto, si paras el tratamiento, nada habrá valido la pena, no volverás a tener ningún recuerdo de tu vida anterior
- Es al revés, desde que no las tomo he recordado pasajes de mi vida
- ¿Qué? Eso no tiene sentido
- Además, están... las voces
- ¿Voces?
- Me dicen que no las tome
- ¿Cómo son?
- Una es de mujer, suave, pausada y con una enorme ternura. La otra es de un anciano, es más incisiva, más preventiva...
- No creo que escuchar voces sea un buen signo de que debas dejar de tomar las pastillas
- Me están advirtiendo y te digo que desde que he dejado de tomarlas recuerdo cosas
- ¿Qué cosas?
- Recuerdo a Dani – Emy desvió la mirada de Sirius, las lágrimas caían otra vez por sus mejillas – Yo sé que él está muerto, lo recordé ayer. Tengo en mi memoria momentos vividos con él tan claros, que me asusta pensar si fue lo único que me pasó... No he dicho nada porque no quería crear comparaciones. Yo intento buscar momentos vividos con Ángel y Lola pero no los encuentro, lo máximo a lo que he llegado es a saber que hablaba de ellos con Dani. También he recordado vagamente a Samu ayer. Fue antes de la muerte de Dani, yo me despedía de ellos en la puerta de la casa donde vivíamos... junto al mar. Samu se iba media hora después a Barcelona y yo me marchaba a Madrid... le dejamos solo y le mataron
- Vamos, vamos, tranquila – Sirius la abrazó para consolarla mientras le acariciaba el cabello – Será mejor que no nos quedemos aquí sentados
- Tienes razón ¡Aj! La garganta me sabe a rayos
- ¿Por qué no vas a la cama y te llevo un vaso de leche caliente con un poco de cacao?
- Sí, buena idea – Emy cogió la mano que Sirius le tendía para levantarse. Por un momento se quedaron muy próximos el uno del otro. Notó como su corazón se apresuraba y el estómago se comprimía
- Ahora te lo llevo
Sirius salió a la cocina y Emy fue a su cuarto. Vio que las sábanas estaban totalmente salidas y las colocó, luego se sentó en el borde y le esperó. Él llegó con un plato, con un bollo de chocolate y un vaso de leche, también traía una sonrisa sincera en su cara, que ella agradeció. Mientras Emy comía y bebía sin decir nada, él la miraba tiernamente.
- Dani fue tu mejor amigo... por lo que yo sé
- Tú sabes más de lo que dices
- ¿A qué te refieres? – Preguntó extrañado él
- Lo has dicho antes, seguramente se te escapó pero ahora todo encaja... tú y los chicos pertenecéis a mi vida pasada, sino no me hubieses preguntando desde cuándo las "vuelvo" a tener
- A veces se me olvida que eres más lista que el hambre
- ¿Por qué habéis interpretado esta pantomima?
- Lola nos dijo que caíste dos veces más en coma. Se supone que es debido a tus recuerdos, o al menos eso pensábamos, luego ya fue más complicado decírtelo
- Sabía que no era normal que me miraras así nada más conocerme
- Creo que te miré de la misma manera la primera vez que te vi – Sirius sonrió al recordarlo
- Te debo una explicación. El otro día... el doctor Beltrán me hizo ver que no podía relacionarme con nadie hasta recuperar mi memoria
- Eso es absurdo ¿Por qué?
- ¿Y si al recuperar la memoria me doy cuenta de que estoy enamorada de otra persona? ¿Y si tengo un marido e hijos? Él tiene razón, yo no puedo jugar con tus sentimientos sin saber exactamente los míos, aunque ahora sólo piense en ti...
- ¡Jajaja!
- ¿De qué te ríes? ¡No te burles de mí! Yo creo que es muy serio y que he obrado de forma correcta
- Sí, lo has hecho – Sirius clavó sus ojos en ella – Solo reía por la ironía de saber que yo era tu prometido y que era a mí a quien amabas
- ¡AH! – Emy se quedó con la boca abierta, no sabía qué decir, ni qué hacer. Su piel se erizó y su alma se elevó, en ese momento hubiese gritado de alegría
- Quiero decirte algo antes de que recuperes el sentido. Me da igual si llegas o no a recordar los momentos que vivimos juntos. En estos días, en los que hemos estado alejados el uno del otro, he podido comprender que no me importaría pasar el resto de mi vida a tu lado sin que me ames, me conformaré con permanecer próximo a ti, con ser tu amigo... Yo sólo necesito tenerte cerca para vivir, tú eres el aire que respiro y sin ti, yo me ahogo. No vuelvas a pedirme que nos separemos, porque no puedo... no quiero estar a más de dos pasos de ti
- Sirius, yo... yo te amo
- ¡Emy! – El hombre sintió un golpe en el pecho, su corazón se abría de nuevo y podía comprobar que incluso respiraba mejor
- Te amo, lo supe desde el primer momento en que te vi. No recordaba ese sentimiento hasta que apareciste. Ha sido una tortura pensar que podía ser de otro cuando mi alma y mi cuerpo te llamaban a gritos. Mis ojos no ven si no es a través de los tuyos, en los que me gustaría perderme y no regresar. Y ahora tú me dices que yo soy tuya como tú eres mío ¡Oh! – Emy se lanzó a sus brazos – Gracias por hacerme la mujer más feliz del mundo
Sirius comenzó a acariciar el pelo de Emy, intercalaba sus dedos entre los cabellos sedosos y finos de ella. Necesitaba tocarla, saber que no era un sueño y a ella le pasó lo mismo. Levantó la cara de su pecho y elevó sus manos para tocar cada milímetro del rostro de él, no era suficiente la mirada para comprobar que estaba allí, necesitaba palparlo porque estaba ciega de amor. Ya no aguantaron más y sus labios se unieron en un beso profundo, de esos que intentan llegar hasta el fondo del alma para gritarle al otro "TE NECESITO". Y así transcurrió el tiempo, sin que ninguno de los dos pudiese separarse del otro. Pero a medida que pasaban los minutos, Sirius se dio cuenta que no debían dejarse llevar por la pasión. Ella estaba confundida y él no quería desorientarla más. Las caricias y los besos comenzaron a ser tiernos y no desesperados, siguieron sonrisas y susurros, cómplices de sus deseos reprimidos, y miradas, espejos del verdadero amor que siempre les había unido.
- No quiero que vayamos muy deprisa, quizás no sea bueno para ti
- Está bien, puede que tengas razón, pero no te vayas... quédate conmigo... duerme a mi lado
- No me perdería ni un solo amanecer junto a ti
Se quedaron tumbados, tapados por una fina sábana, mirándose hasta que sus ojos se cerraron, esta vez para soñar el uno con el otro.
- La puerta del cuarto de Emy está cerrada ¿No se ha levantado aún? – Preguntó Ron mientras se hurgaba en el ojo intentando quitarse una legaña
- No y Sirius no sé en dónde demonios anda – Contestó Harry de mala gana
- ¿Las chicas?
- Están abajo ayudando a Lola
- ¿Qué te pasa? – Ron cogió tres bollos y se llenó un tazón con leche y café – Se ve que no te has levantado de buenas
- ¿Tú sí? ¡Cómo ese cabrón esté aquí! ¿Qué vamos a hacer?
- Si lo que te preocupa es que dañe a Emy, ahora que vuelve a estar en nuestras vidas... – Ron le miró como diciendo que se le olvidaba con quien estaba hablando – Te diré que no permitiremos que se acerque a ella, aunque tengamos que contarle cualquier milonga y le jorobe que nos convirtamos en su sombra
- He estado pensando...
- Malo
- Hablo en serio. Tengo una teoría que quiero contrastar contigo
- Dispara ¿No te importará que desayune mientras?
- No pero son la una y media, comeremos dentro de poco
- No sufras, haré hueco
- El caso es que he pensado que igual el que cogió el teléfono en casa de la Señora Marsy, fue Wilcox
- ¿Y qué hacía allí? – Preguntó Ron con la boca llena
- Eso no lo sé pero sí puede ser que él estuviese en la casa. Recuerdo que Emy le conocía de la Universidad, quizás en algún momento le habló de donde vivían en Londres, los mortífagos rodeaban su casa el año pasado. Este año no ha podido encontrarla, está protegida, por eso... quizás... sabiendo que en la otra casa habían interrogado a la señora Marsy... quizás... fue allí en busca de más información, vio que la señora había muerto, entró en la casa a buscar cualquier pista y se dio la mala suerte que llamó Lola...
- ¿Y no es más fácil que haya venido al pueblo porque sabía que vivió aquí?
- Emy me dijo que sólo un tal Samuel, que vive en Madrid... ¡Es Samu! No había caído hasta ahora... Bueno, el caso es que ella no le decía a mucha gente que venía del pueblo o que era de Londres. Vamos, que excepto los de aquí, que saben que ella tiene una casa cerca de la playa, nadie conoce el paradero de Emy, así que no creo que Wilcox la relacione con este lugar por ciencia infusa
- Pero sí por alguna actuación, creo, Harry, que Santander es bastante turístico y puede que haya venido aquí por casualidad
- No creo en las casualidades de Wilcox...
- ¡Wilcox! ¿Otra vez ese nombre? – Emy venía hacia ellos con la sonrisa más grande que la habían visto en todo lo que llevaban allí – El caso es que yo he oído ese nombre en algún lado
- Buenos días, Emy – Saludó Ron, luego se quedó helado al ver que ella le achuchaba por detrás y le daba un sonoro beso
- Buenos días, diablillo – Soltó una carcajada por la cara que ponía y fue hacia donde estaba sentado Harry - ¿Sigo sin tener la suerte de contar con una sonrisa tuya?
- Claro – Su sobrino forzó una mueca exagerada - ¿Recuerdas si Wilcox sonríe así?
- ¡Harry! No seas impertinente – Sirius apareció por el pasillo igual de sonriente que ella
- No te preocupes, es la edad – Emy le cogió la cara con las dos manos y le dio un beso en la frente, luego le revolvió el pelo. Los tres se quedaron en silencio muy sorprendidos – El caso es que ese nombre... Mark Wilcox ¿Verdad? ¿En dónde he oído yo ese nombre?
- ¿Recuerdas su cara? – Preguntó Sirius mirando aún a Harry que se pasaba la mano por la frente con cara de flipado
- No, es el nombre el que me suena... ¡AH! ¡YA LO SÉ!
- Nos tienes en ascuas – Ron incluso paró de comer - ¡Dínoslo!
- Es el nombre del hombre que vino al hospital, no me acuerdo de él en el pasado pero sí después de despertar, por eso le recordaba
- ¿Qué has dicho de hospital? – Preguntó Sirius
- Él vino a verme al hospital justo antes de que volviera a caer en coma
- ¿Cuándo fue eso?
- El cinco de julio, lo sé porque yo había despertado del coma el día antes y caí esa misma noche otra vez
- ¡Lo que yo decía! – Exclamó Harry – Wilcox cogió el teléfono en casa de la señora Marsy
- Eso es lo que me temía – Dijo Sirius – Pero ¿Qué hacía él allí? ¿Y por qué no ha secuestrado o matado a Emy?
- ¿QUÉ? – Preguntó Emy sobresaltada
- Ya te dije que es mi enemigo, con lo cual también es el tuyo ¿A qué está esperando? ¿Qué pretende?
- Quizás... – Emy se sentó en la silla y posó los codos en la mesa para cogerse la cabeza con las dos manos, una punzada aguda en la frente comenzaba a marearla – Dijo algo de que ahora estaba indefensa, yo no quería hablar con nadie y me hice la dormida. Hablaba bajo, despacio y de forma despectiva sobre que le gustaría que me viese alguien y que esa persona estaba desconcertada por mi poder, eso no lo entendí muy bien
- ¡Voldemort! – Interrumpió Harry
- ¡Emy! – Sirius vio la cara que puso ella al oír el nombre - ¿Te encuentras bien?
- No, me duele mucho la cabeza – Esta vez el pinchazo había sido bastante mayor
- Déjalo, no hablemos más de esto
- No, no, terminaré de contar lo que recuerdo – Emy cogió el tazón de Ron y bebió un poco del café – Decía que él podría acabar con mi dolor o provocármelo más fuerte pero que él no sabía que Wilcox estaba allí, que así podía llegar a ser el segundo y que los demás estarían bajo sus órdenes, fue cuando dijo su nombre ¡Ah!
Emy cerró los ojos y echó la cabeza hacia atrás, los demás vieron que su cara estaba totalmente pálida y que unas ojeras, que antes no existían, querían salirle forzadamente. Ron fue rápido a por un vaso de agua, mientras Sirius le ponía la mano en la frente, estaba totalmente fría, tenía toda la pinta de que se iba a desmayar o algo peor.
Ginny y Hermione hablaban de Wilcox mientras ponían las mesas en el restaurante. Ambas estaban aterrorizadas por si, en realidad, habían descubierto a Emy o a ellos. Lola salió de la cocina con un bote de pastillas en su mano.
- Siempre las deja aquí, a mí me parece que nunca baja el número de cápsulas
- ¿Qué es eso? – Preguntó Hermione
- El medicamento de Emy, debería tenerlo en su cuarto, seguro que los miércoles no se lo toma ¿Se lo podéis subir?
- Claro – Contestó Ginny, alargó la mano para cogerlo y en cuanto lo tocó, tuvo otra premonición de Wilcox. Miró a Hermione y está supo en seguida que pasaba – Lola, lo siento pero tenemos que hablar con Sirius
- No os preocupéis. Id, id
Ginny abrió la puerta del piso de golpe y llamó a pleno pulmón a Sirius. Llegaron a la cocina y vieron el panorama.
- Las pastillas... Wilcox ha tocado las pastillas ¿Qué pasa? – Ginny estaba muy alterada
- A Emy le ha bajado la tensión y se ha desmayado
- Quizás yo pueda...
- Pero si ella despierta y lo ve ¿Qué le decimos? – Preguntó Hermione
- Me da igual – Sirius estaba muy preocupado – Ginny, por favor, haz lo que puedas
- Túmbala en el sofá – Salió detrás de él, se colocó de rodillas frente a Emy y puso sus manos a dos centímetros de la frente. Una luz comenzó a iluminarla y a introducirse dentro de la enferma, luego habló con voz débil – La han estado envenenando
- Las pastillas – Hermione no se pensó un momento en que no debía hacer magia. Hizo aparecer unos guantes, se los colocó y sacó una cápsula del bote. Luego con cuidado abrió la píldora y aparecieron unos polvos verdes oscuros, los esparció por un plato, sacó la varita y pronunció un hechizo. De inmediato una hoja blanca surgió del cielo y cayó en la mesa - ¡Oh! Esto es una versión de "Polvos de Basilisco", la misma poción que dieron a los secuestrados...
- Entonces, su falta de memoria...
- No, Ron, eso ya la ocurría antes de que él llegase – Corrigió Harry a su amigo
- ¿De qué habláis? – Preguntó Hermione que no entendía muy bien qué pasaba allí
Harry contó lo que había hablado con Ron y luego lo que pasó cuando Emy y Sirius llegaron. Ahí fue el adulto quien siguió con la historia, dándoles la noticia que Emy y él estaban juntos de nuevo y que ella comenzaba a recordar cosas desde que dejó de tomar las pastillas. Coincidieron en que las voces que ella oía, seguramente serían de Lily y de Merlín. Llevaban más de diez minutos divagando e intentando poner las cosas en su sitio, cuando Harry miró a Ginny, ésta estaba totalmente pálida y apenas salía luz de sus manos.
- He hecho lo que he podido – Nada más decirlo, Ginny se desmayó
Llevaron a Ginny y a Emy a sus respectivas camas. Harry se quedó con Ginny y Sirius con Emy. Hermione y Ron decidieron buscar información para ver si podían encontrar alguna pócima que contrarrestara los efectos de las pastillas que había estado tomando. Sabían que en los libros que ellos tenían no encontrarían nada útil, así que comenzaron a pedir libros a su particular biblioteca que, no sabían muy bien si por proximidad o por premura, aparecían nada más solicitarlos.
Las horas pasaban y Emy no despertaba pero quien sí lo hizo fue la joven pelirroja. Harry pudo respirar tranquilo al ver que ella sólo estaba cansada. Ginny le explicó que había sido como batirse en duelo con un desconocido. Según la joven, no solamente le habían estado suministrando ese veneno, sino que tenían claros signos internos de hechizos muy seguidos. Después de que se tomara una buena merienda, se reunieron con Hermione y Ron para ayudarles a buscar una solución. También le dijeron a Sirius lo que Ginny había sentido al intentar curarla y ella le explicó que, no es que se hallara en coma, sino más bien que la magia que había introducido en ella, necesitaba un tiempo para combatir con el mal que llevaba dentro.
Cuando Lola y Ángel se reunieron con el resto, se les puso al corriente de la situación y ambos decidieron que se irían al hospital para ver si podían averiguar algo. Y lo hicieron. Llegaron con diferentes noticias, la primera es que habían hablado con la enfermera que indicó a Wilcox la habitación en la que estaba Emy. Por la descripción que hizo de él, a nadie le quedó ya la más mínima duda de que estuvo allí. Por otro lado, estuvieron hablando con el neurólogo de Emy y éste les dijo que las sesiones con el psiquiatra sólo estaban prescritas para una vez por semana, mientras que los ejercicios de rehabilitación eran todos los días. Como ella daba signos de estar perfectamente, ese mismo lunes se lo iban a reducir a dos veces a la semana, hasta que ya no las necesitara. También les comentó que tenía consulta con él, para ver el resultado de las radiografías que le habían hecho de la cabeza. Más tarde estuvieron hablando con el personal del departamento de traumatología que llevaba el caso de Emy. Todos coincidieron que era una de las mejores pacientes y personas que habían pasado por allí. Ángel y Lola no desconfiaron de ninguno con los que habían hablado y ya, cuando se iban a marchar, se encontraron con Ana y con su cuñada, la enfermera. Tomaron un café en el bar del hospital y allí se enteraron, por la cuñada, de que el doctor Beltrán había pedido solo tratar a un paciente, Emy, y que el resto del gabinete médico de psiquiatría se había repartido el resto de enfermos. Por supuesto, aquel procedimiento no era para nada normal, como no lo era la asiduidad con la que Emy tenía que ir a su consulta, ni que el tal doctor apareciese cinco minutos antes en el hospital y se marchara cinco minutos después de que Emy abandonara el recinto. Además, quien conocía de antes al doctor Beltrán, sabía que no era el mismo desde hacía un mes. No había que ser muy sabio para que todos se diesen cuenta que a Wilcox se le había descubierto el disfraz.
- ¡MALDITO HIJO DE PUTA! – Sirius no podía ni soportar la idea de que él la hubiese tocado
- Ese cabrón caerá en nuestras manos – Harry estaba igual de cabreado que su padrino
- Debemos ser precavidos, necesitamos saber cuál es su objetivo, por qué no ha hecho nada hasta ahora – Hermione intentaba permanecer lo más objetiva posible para trazar un buen plan
- ¿Nada? Yo creo que a hecho mucho daño a Emy – Sirius dio un puñetazo en la mesa – Si no llega a ser por las voces que la intentaban proteger, seguramente ahora mismo no sólo no nos recordaría, sino que, encima, nos odiaría
- Pero tenemos que descubrir que es lo que realmente quiere – Hermione siguió intentando hacerles entrar en razón – No puede ser entregarla viva a Voldemort, ya lo habría hecho. Tiene que ser algo muy grande para que no se haya dado ese gustazo ¿Qué hay mayor que entregar al Señor Oscuro a La Unión de la Cuatro Sangres indefensa?
- ¿Entregar a las dos Uniones, Harry y Emy? – Preguntó Ron
- No creo, si estuvo en el bar y se marcha del hospital nada más salir ella, es que la tiene vigilada, de hecho nos debe tener a todos nosotros controlados, estoy convencida que sabe que estamos aquí desde hace tiempo. Podía habernos puesto una trampa en cualquier momento, incluso haber preparado un ataque, pero no ha sido así ¿Por qué? – Expuso Hermione
- No lo sé ¿Qué hay más grande que el poder de dos Uniones y todos sus guardianes? – Ron intentaba exprimirse el coco pensando – Sé una manera de averiguarlo, sólo tengo que estar a solas con él, mantener una conversación y en cuestión de poco tiempo lo sabré
- Si yo estoy con él dos segundos, me lo cargo, primero por Emy y luego por Lie
- Tenemos que conservar la sangre fía – Dijo Hermione mirando a Sirius – Él nos puede llevar a lo que más desea Voldemort, quizás a su próxima batalla
- ¡Sirius! – Lola le llamó desde el salón - ¡Ven, corre!
Fueron para allá y vieron que Lola y Ángel miraban la televisión aterrados. En el telediario estaban dando una noticia de un accidente provocado por una explosión de gas que había causado quince muertos, todo en una calle céntrica de Londres. Al instante reconocieron el lugar, era el edificio del Caldero Chorreante.
- Tenemos que averiguar qué es lo que hace Wilcox aquí – Dijo con voz tajante Hermione
- Emy tiene pesadillas – Ginny apareció por el pasillo, tenía la frente llena de sudor y estaba pálida
- ¿Qué te sucede? – Preguntó Sirius
- He intentado de nuevo aliviarla un poco pero no creo que haya servido de nada, sólo he visto que tiene pesadillas
- ¿Con qué sueña? – Preguntó Harry
- Está soñando con el día en que tu padre salvó a Lily de Voldemort, el mismo día en que tú estabas allí... fue horrible – Ginny se echó a llorar y Harry la abrazó para tranquilizarla
- No debiste ver esa escena
- Es una historia tan triste – La joven pelirroja estaba destrozada al pensar en el dolor que le habría provocado a su novio - Lo siento tanto, Harry
- No te preocupes – Le secó las lágrimas con los dedos y la besó dulcemente
- Iré con ella e intentaré despertarla – Sirius se levantó para ir directo al cuarto de Emy
- No lo hagas – Dijo Harry – Es mejor que termine el sueño, así no volverá a tenerlo
Sentía que su vida no merecía la pena, que a todos los que había querido les había hecho un daño irremisible. No quería seguir viviendo pero él la miraba con tanto cariño, le decía que, tanto él como ella, le necesitaban, que no les dejase ahora y que no había tenido culpa alguna. Emy no le creía, sin embargo, bajó el arma y se lo entregó. Luego estaba abrigada en sus brazos, se sentía tan bien allí como lo hubiese estado en los de ella, si al menos pudiese abrazarla... Su nombre, quería saber su nombre ¿Por qué oía cada palabra menos los nombres? Intentaba recordar, él se parecía tanto a alguien ¿A quién? Intentaba recordar. Los brazos de él se abrieron y la escena cambió. Ahora Emy estaba descalza caminando sobre la hierba, llevaba libros en una mano y en la otra cogía sus playeras. Bajó unas escaleras de madera que se dirigían a la playa aunque no era verano, ni hacía mucho calor, más bien debía de ser marzo y el día quería llegar a su fin como mucho en una hora. Se acercó a la orilla, dejó los libros encima de las zapatillas y caminó hasta el borde del mar. La marea estaba bajando, se alejaba de ella con cada ola, así se sentía en realidad, todo se alejaba. Sufría una enorme soledad, una pena que le oprimía el corazón y una rabia que le invadía la mente, haciendo que siempre estuviese a la defensiva. Una ola llegó con más fuerza que la anterior y le mojó el bajo de sus pantalones, el agua estaba muy fría pero le hacía sentirse viva. Más allá del horizonte estaba la familia que le quedaba, con la que quería estar y no estaba, su corazón se encogió aún más. "Es hora de que entres en casa" Emy se giró y entonces la vio. Una gran casa de piedra, casi al borde del acantilado, y una anciana de pie, junto a la barandilla, le hacía señas y le gritaba para que subiera "Entra en casa". La escena cambió, Emy estaba tumbada en la cama del hospital, tenía el cuerpo totalmente vendado y dolorido, oía a un hombre hablar en voz baja y despectivamente "Lo harás y entonces todos esos imbéciles, que creen que pueden quitarme el puesto de segundo, estarán bajo mi mando, a las órdenes de Mark Wilcox". La escena cambió, ahora estaba en la cocina y Sirius le hablaba "Eso es lo que me temía ¿Qué hacía él allí? ¿Y por qué no ha secuestrado o matado a Emy? Ya te dije que es mi enemigo, con lo cual también es el tuyo ¿A qué está esperando? ¿Qué pretende?".
- ¡NO! – Se despertó incorporándose de golpe - ¿SIRIUS?
- Estoy aquí, cariño
Él estaba tumbado a su lado, eran más de las cuatro de la madrugada y la casa estaba en silencio. Encendió la luz de la mesita y pudo ver el rostro pálido y lloroso de ella. Se miraron a los ojos y luego se abrazaron. Sirius le acariciaba el pelo sin cesar mientras la mecía y le susurraba que estuviese tranquila, que ya todo había pasado.
- Hay una canción... – Dijo Emy después de un rato en silencio
- ¿Cuál? – Preguntó Sirius
- Es un bolero, creo que yo antes escuchaba muchos boleros
- Me lo creo, siempre que podías estabas escuchando música o tarareando algo ¿Recuerdas la letra?
- Sí... me ha venido a la memoria ahora
- ¿Qué dice?
- Amanecer y ver tu rostro sonreír, es un placer, un privilegio para mí. Buscar la luz, en el fulgor de tu mirar, es despertar con el amor... Yo tampoco quiero perderme ni uno solo de tus amaneceres – Emy besó tiernamente los cálidos labios de Sirius, entre sus brazos se sentía tan bien, como lo que perseguía en su sueño
- Sé que no ha pasado más que un día y que de ese día hemos estado juntos poco tiempo pero no puedo evitar pensarlo... porque es lo que más deseo en el mundo... porque llevo tiempo esperando que se haga realidad... y porque pensé que jamás podría llegar a ser... – Sirius se puso de rodillas en la cama y ella hizo lo mismo, ambos se miraban bajo la tenue luz de una pequeña lámpara de mesita – Emy, yo te amo con todo mi ser. Créeme cuando te digo que hemos pasado por muchas cosas, algunas malas y otras excelentes... quiero que eso siga sucediendo pero juntos, unidos en matrimonio, Emy ¿Quieres casarte conmigo?
- Pensé que no me lo pedirías nunca – Sonrió al ver su cara de asombro – Sí, quiero, claro que quiero – Se abrazaron y se besaron con todo el amor del mundo
- ¡Oh, no! – Él se separó y bajó la cabeza
- ¿Qué sucede?
- ¡El anillo! No tengo ningún anillo que darte
- ¡AH! ¡Qué susto! – Emy se estiró hasta el cajón de la mesita, lo abrió y sacó una caja de terciopelo gránate - ¿Buscas esto? Creo que es lo único que tenía puesto cuando me encontraron ¿Me lo regalaste tú, verdad?
- Sí – Dijo al ponérselo otra vez en el dedo – Pero de ganas te compraba otro
- Este me gusta mucho, además no sé con qué dinero me voy a comprar mi traje de novia, no tengo un solo galeón ¿Galeón? ¿Qué es un galeón?
- Es la moneda vigente en donde vivimos – Sirius sonrió complacido, aquello era una muy buena señal – Tengo que pedirte una cosa más
- Lo que quieras
- Lo haremos aquí, en el juzgado o en el ayuntamiento o en donde sea, sin que nadie lo sepa hasta el día de la boda, ni si quiera los muchachos, será una sorpresa
- Me parece una idea fantástica
Siguieron hablando hasta el alba, Sirius le contó la situación a la que se enfrentaban con Wilcox pero no tuvo valor para hablarle de la magia, ni de su pasado. Emy ya no parecía asustada, más bien todo lo contrario. Con él a su lado, se sentía la mejor mujer de todas y haría frente a quien fuese necesario para mantener su relación, para que nadie le quitase lo que más quería en este mundo, a Sirius. A pesar de saber que él escondía parte de la historia, no dudó ni un segundo en seguir el plan, de hecho, ella tampoco estaba siendo totalmente sincera.
