Nada de lo que aparece aqui es mio (excepto la protagonista) personajes, lugares, etc. son obra de JK Rowling.

Advertencia: la letra en cursiva significa recuerdo o flashback.


Amigos

Estaba sentado en su escritorio, corrigiendo los pergaminos que el mismo mando para el grupo de tercer curso, durante todo el dia había estado evitando pensar pero no podía evitarlo. Esta era una de esas veces donde por más que se empeñara no conseguía apartar de su pensamiento a esas mujeres. Apoyo su espalda en el respaldo y dejo el pergamino a medio leer sobre la mesa. Sabía que había hecho lo mejor pero eso no quitaba que sintiera esa sensación en su cuerpo de mentirla. Estaba pasando de nuevo por lo mismo, la historia se repetía. De nuevo aparecía en escena el Severus Snape más atento y caballero, aquel dispuesto a rescatar a la dama en apuros y a protegerla a como diera lugar. De nuevo la dama no sabía la identidad de su salvador. De nuevo el volvía a quedar en las sombras, amargado y solo.

Esta vez el lo había escogido así, con Lily siempre había algo diferente, algo que entorpecía que ella se diera cuenta realmente de como el la protegía y como la cuidaba. Ahora había sido él quien decidió que Sidney no tenia porque saber la verdad y de ese modo oculto que fue él quien la salvo. Sabia tras la conversación con los jugadores del equipo que algo pasaría en el partido, cuando la vio tan malherida sin querer recibir ayuda pensó inmediatamente en que ella no estaba en condiciones de jugar. Esa lluvia y el odio solo harían las cosas aún más peligrosas, y así fue.


Estuvo pendiente en todo momento de ella, trataba de seguirle la pista mientras volaba, la muy condenada a pesar de como se encontraba seguía haciendo maravillas montada en la escoba. Le molestaba ver como Slytherin iba perdiendo mientras ella era la causante de esa perdida, pero solo imploraba porque no pasara nada y ella estuviera sana y salva. Sin embargo cuando comenzó la persecución de los Slytherin contra ella supo que no terminaría bien, trato de hechizar al capitán pero era muy peligroso así que tuvo que esperar a que la situación se resolviera por sí sola.

En medio de la tormenta se levanto de su asiento y fue cuando vio como el bate impactaba en su brazo rompiéndole instantáneamente el hueso, crispado sus manos se cerraron en puños. Cuando vio el golpe contra su hombro no tuvo otro remedio que calmarse para no delatarse a sí mismo. McGonagall se había levantado al igual que él y comentaba indignada la jugada. El solamente estaba ahí parado, observando y rezando para que ella pudiera sostenerse. Cuando la vio con la snitch en la mano en un susurro dijo gracias. Suspiro y se tranquilizo. Albus le llamo para consolarle por la derrota y Minerva le tendió la mano aunque comentaba aún indignada el juego que había realizado su casa.

Cuando aún estaba poniendo su mejor cara de indiferencia escucharon los gritos y se dirigieron corriendo al palco para ver lo que pasaba, los jugadores estaban en medio de una batalla campal. No había varitas, tan solo puñetazos, empujones y muchos gritos e insultos. Los profesores contemplaban la escena escandalizados tratando de pararla mientras los alumnos observaban y animaban a los jugadores. El trataba de localizarla pero no la encontraba. Seguro que está bien y ya está abajo se decía. Pero no fue así, entonces los rayos de un hechizo se vieron y localizo a los que lo provocaban. Un hechizo de un alumno de su casa le dio a Hicks quien poco antes la había defendido. Al menos sirve para algo pensó el. Pero entonces fue como vio que ella trataba de meterse para pelear y el capitán la corto el paso llevándosela a la fuerza hacia la grada donde impacto su cara contra el poste. Ella cayó a los pocos segundos hacia el suelo a toda velocidad.

Atónito y con el corazón en un puño empujo a varios compañeros y corrió escaleras abajo hasta el campo. Corrió a través de la lluvia y el barro, tras unos metros que se le hicieron eternos la encontró tirada, empapada en lluvia, barro y sangre. No pudo evitar que una lágrima se deslizara por su mejilla. Saco su varita y comenzó a comprobar sus signos vitales. Estaba viva, tenia pulso. Se alegro inmensamente, fue cuando comenzó a aplicarle los primeros hechizos para curarla. Estaba ajeno a lo que ocurría a su alrededor, hasta que unas chicas comenzaron a llamarlo, sus amigas. Nervioso y enfadado tan solo atino a decirles que buscaran a Dumbledore y McGonagall para avisarles. El se levanto y la cogió en brazos, llevándola hasta la enfermería lo más rápido que pudo.

Una vez allí se quedo cuidándola, dándole pociones y aplicando hechizos, agradecía que hubiera más heridos porque así Pomfrey tenía que estar ocupada con los demás y no ponía pegas a que él estuviera ahí. Fue él quien la despojo del barro que la cubría, quien cuido de que ella estuviera cómoda, de controlar su respiración y su temperatura. Incapaz de alejarse de ella entro en la enfermería a escondidas ambas noches y se quedo vigilando su sueño mientras le acariciaba el pelo o tomaba su mano con delicadeza. Solo deseaba que esa mano se cerrara atrapando la suya y que esos preciosos ojos se abrieran mirándole fijamente como ella solía hacer. Pero no lo hacía, y cada vez estaba más preocupado.

Cuando por fin despertó y Pomfrey le aviso de ello su corazón comenzó a latir con violencia, así que cuando la pudo ver despierta el mismo lo único que sentía era alegría. Sin embargo tomo la decisión de mentir, de ocultar lo que había hecho. En esas noches que se quedo cuidándola se dio cuenta de todas las normas y promesas que estaba incumpliendo, eso estaba mal, todo estaba mal. Juraba que en cuanto ella se despertara pondría distancia y se olvidaría de ella. Pero esos ojos miel mirándole cuando despertó, la noticia del hijo que esperaba Lily y ella pidiéndole que fuera esa noche podían más que el sentido de lo correcto.


Odiándose a sí mismo por ceder ante sus sentimientos, ante aquello que le hacía sentir bien, se levanto de su silla y emprendió rumbo hacia la enfermería como llevaba haciéndolo varias noches. Se cercioro de que no hubiera nadie en los pasillo de alrededor y comprobó que Pomfrey ya no estaba ahí, abrió la puerta y con sumo cuidado entro. Con sigilo se acerco hasta su cama y la hallo dormida, su primer instinto fue dar media vuelta e irse pero se quedo observándola unos segundos más. Parecía tan frágil, estaba sonriendo en sueños y eso la hacía aún más bella. Tomo una silla y se sentó a su lado, mirándola como si de una obra de arte se tratara. Fue cuando vio como sus labios se abrieron y pronunciaron su nombre en un susurro. Sorprendido y sin saber que hacer se levanto de la silla tratando de mantener la compostura. No tenia edad de tener de nuevo esas mariposas en el estomago y esos nervios de adolescente solo porque ella hubiera dicho en mitad de sus sueños su nombre. Pero se veía tan hermoso, era la primera vez que el sentía que podía ocupar los pensamientos de una mujer. Con una sensación extraña en su pecho solo pudo respirar.

-Has venido-dijo ella.

Asustado por la voz que lo saco de sus pensamientos se giro para mirarla y trato de serenarse.

-Solo me he pasado para revisar tu brazo.

-Ya ¿y qué tal esta?

-Bien, sin duda en poco tiempo te podrán quitar los vendajes-hubo un silencio-Ahora si me disculpas me tengo que ir.

Ella se irguió en la cama.

-No, no te vayas. Por favor, quédate conmigo, yo...yo

-¿Tu qué?

-Yo, te necesito, aquí, a mi lado.

El la miro y vio sinceridad en esos ojos, no había que ser experto en oclumancia para darse cuenta de lo mal que ella lo estaba pasando. En silencio volvió a ocupar su espacio en la silla. Ella trato de sentarse al borde de la cama para estar frente a frente pero él se lo impedía.

-Oye estate quieta, si quieres fijar tu habitación en la enfermería díselo a Pomfrey pero no trates de causarte más heridas.

-Solo quiero estar cómoda para hablar contigo-se quejaba ella.

El la volvió a obligar a tumbarse y la arropo.

-Podemos hablar así.

Ella se quedo tumbada con la cara hacia el lado donde Severus se sentó. Solo le miraba. Tras unos minutos el hablo.

-¿No decías que querías hablar?

Ella suspiro, relajada solo se limito a contestar.

-Tenerte a mi lado es lo único que me hace falta, las palabras me sobran.

-Sidney, ya hemos hablado de eso, por favor déjalo-dijo el profesor tratando de zanjar el tema.


Hubo un silencio en el que ninguno de los dos se atrevía a hablar, ni siquiera a mirarse, esa conversación era peligrosa y no estaban preparados para enfrentarla porque ninguno sabía las consecuencias que traería. Pero ella no podía callarse lo que sentía, no quería decirle todo lo que sentía pero si sabía que debía decirle algo, no podía quedarse así, sin decir nada. Con mucha valentía comenzó a hablar.

-Veras...yo-chasco la lengua sin saber cómo empezar-Bueno, es muy duro para mí...

-Sidney-trato de advertirle el para que parara.

-No, solo escúchame-respiro profundamente y continuo-Veras, no estoy acostumbrada a dar, siempre han sido las personas las que han venido a mí. Sé que es un defecto, pero con el paso del tiempo he logrado verlo como una virtud, una virtud que no me exigía esfuerzos a la hora de entablar todo tipo de relaciones. No era yo quien se preocupaba de mantenerlas sino los demás, yo simplemente escogia-Volvio a parar y rio ligeramente-Creo que es algo que sin duda me enseño James. Lo que trato de decir es que me he acostumbrado a ser así, y me va bien con ello, pero...bueno, desde que tú apareciste y, bueno no sé cómo llamarlo pero, hiciste que empezara a replantearme mi modo de ser.

Creaste en mí la duda de si mi manera de relacionarme con los demás era la correcta, tú no te doblegabas ante mí, no me dabas la razón en todo lo que yo decía, tienes principios e ideas muy claras y los defiendes. La mayor parte de las personas que me rodean ni conocen lo que es eso-cerro los ojos para pensar en cómo continuar-Comenzamos a conocernos y, sé que cambie mi modo de ser o algo parecido. El caso es que ante ti puedo mostrarme libre de todo, y me aceptas. Sé que con los demás no soy así, tengo que aparentar y nunca me había parado a pensar lo duro que es vivir con esa carga, pero ahora si lo sé, y lo único que me apetece es quitármela. Bajo esta fachada que ves-le agarro una mano y la coloco en su cara-Dentro de esto, se encuentra la verdadera Sidney, la que solo tú has podido ver. Tienes algo, o en realidad un montón de cosas que hacen que me pueda mostrar así.

Se o al menos puedo imaginar cuáles son tus ideas al respecto en cuanto a todo lo que ha pasado entre nosotros o lo que pueda pasar. No te voy a mentir, desearía tener algo contigo, esto va más allá del deseo. Te lo dije una vez y te lo vuelvo a repetir con más sentido si cabe, eres perfecto Severus, la clase de hombre que cualquier mujer desearía junto a ella. Quizá no cumples con los cánones de belleza habituales, quizá tus maneras de tratar no son las mejores, pero tras esa dureza se esconde un gran hombre.

Sidney se levanto y se sentó al borde de la cama, cogió sus manos y las entrelazo con las suyas.

-Esto no nos hará ningún bien ni a ti ni a mi-dijo Severus tratando de cortar las esperanzas que ella tenía y las que estaba creando en el.

-Shh-contesto ella-Déjame terminar. Lo que trato de decirte es, que puedo esperar, estoy dispuesta a esperar. Lo único que te pido es que todo vuelva a ser como antes. Disfrutaba mucho con tu compañía y con las conversaciones que teníamos. Deseaba que llegaran los ensayos para pasar un rato contigo. No quiero más venganzas, no quiero peleas, tan solo tu compañía. Eso es todo y, te aseguro que significa mucho para mí.


El aun estaba tratando de asimilar todas y cada una de las palabras que ella le había dicho, le costaba entender como alguien podía llegar a tener esos sentimientos por él, esa visión de el como un ser perfecto y sobre todo, como podía siquiera plantearse tener algo con él y prometer esperarle. Esas palabras lo eran todo para él, hubiera dado cualquier cosa porque Lily las hubiera pronunciado, incluso la mitad. Sin embargo la que acababa de abrir su corazón era ella, su hija, y no estaba muy seguro de que hacer. Ya no sabía si lo correcto era lo mejor o si debía luchar por ser feliz junto a ella o al menos tratar de serlo. Ella lo había tratado de la mejor manera y había abierto su corazón, el no quería rompérselo. Sabía que su corazón estaba ocupado desde hace años por una mujer, pero sin duda ella había ido ganándose un hueco inconscientemente tanto en él como en sus pensamientos.

Ella si lo aceptaba, ella si sentía algo por él, ella se preocupaba por él. ¿Qué más debes de pensar entonces? Pero había algo que le impedía dar ese paso, su conciencia seguía sin dejarle tranquilo. Pesaba mucho el hecho de que ella aún fuera una estudiante, la diferencia de edad era considerable, y a pesar de la sinceridad con la que ella decía esas palabras nada aseguraba que sus sentimientos fuesen a ser firmes a lo largo de los años. ¿Qué sucedería si dentro de unos meses ella cambiara de sentimientos? El habría arriesgado muchas cosas por algo pasajero entonces. Además, aún quedaba el obstáculo más grande de todos, y ni siquiera era el de que fuera hija de la mujer que amaba, sino su situación como espía y su implicación con Voldemort. No podía atar a una chica tan inocente como ella a un futuro tan negro y despiadado como el que le esperaba a él probablemente. Eso era demasiado.

-Eres joven...

-¡No me importa!

-Sidney déjame terminar ahora a mí. Eres joven, tienes un futuro por delante, yo...-trato de pensar en la mejor manera de decírselo-yo, ni siquiera sé lo que deparara mi futuro. No puedo ofrecerte lo que mereces.

Se giro y fijo su vista en la ventana pero ella le sostuvo una mano y con mucho esfuerzo se puso de pie. Se aproximo a él.

-¿Ves? No lo comprendes. Lo único que quiero es que seamos amigos, con eso me basta.

-¿Amigos?-comento el sorprendido.

-Si. Esto-se acerco hasta su cara y poso sus labios junto a los suyos, con delicadeza y mucha ternura-Puede esperar. Hasta que tú decidas.

Ambos se miraron y no hizo falta palabras para comprender que ambos aceptaban.

-¿Nada de venganza?-pregunto el extrañado.

-Nada.

Su cara no le convenció y arqueo la ceja.

-Bueno, solo un poco.

Empezó a reír y el se dejo llevar por su risa acompañándola.

La acompaño hasta su cama donde la ayudo a que volviera a subir y a recostarla. Nervioso y san saber que decir solo se entretenía mirándole el brazo.

-Ahora que somos amigos ¿puedo preguntarte algo?

-Claro.

-¿Por qué me mentiste?-el la miro sorprendido-Me refiero a decir que no habías tenido nada que ver en mi recuperación de lo que ocurrió en el partido.

Severus no sabía que contestar ante eso, estaba entre la espada y la pared y no quería revelarlo.

-Si somos amigos se supone que nos tenemos confianza.

-Simplemente me pareció innecesario.

-Hubiera sido innecesario si no lo hubiera preguntado. Pero te pregunte, eso se llama mentirme.

Sin duda estaba en lo cierto, pero le molestaba que ella lo hubiera descubierto tan pronto.

-Si vas a empezar a recriminarme entonces lo mejor seria...

-No te estoy recriminando Severus, tan solo me extraño que me ocultaras que habías sido tu quien me salvo.

-Ni que estuvieras moribunda, no dramatices Sidney por favor.

-No trates entonces de esconder tu caballerosidad.

Volvieron a cruzar miradas y sonrieron, esto era lo que ambos echaban de menos, las risas, las pequeñas peleas, todo lo que podían divertirse simplemente con una conversación.

-¿Te han dicho alguna vez lo terriblemente insistente que puedes llegar a ser?

-Si, un par de veces. Pero ahora tendré que ponerme al dia, he perdido mucho la práctica.

El hizo una mueca y ella le observaba atentamente.

-Gracias, se que de no ser por ti me hubiera esperado un torrencial de lluvia y barro sin que nadie se diera cuenta.

-De nada, no podía permitir que el suelo del castillo se ensuciara de esa manera-contesto cínicamente para cabrearla.

-¡Oye!-empezó a reírse-Ya veo lo preocupado que estabas.


Continuaron conversando un largo rato, donde el finalmente le conto todo lo ocurrido en el partido y lo sucedido esos días en el castillo mientras ella estuvo inconsciente. Obvio el detalle de que se quedo con ella por las noches. Se lo estaba pasando bien, hacía tiempo que no tenía una conversación con ella y lo añoraba. Además en el castillo las conversaciones que tenía se limitaban a charlas con Dumbledore y alguna que otra conversación corta con sus compañeros. No tenía a nadie más con quien poder hablar. Anhelaba desde hace tiempo la forma en que ella lo miraba cada vez que le explicaba algo, la atención que le prestaba y la forma en que ella se sorprendía de todo lo que sabía. El echaba de menos su voz, la forma dulce con la que le trataba, lo divertida que era.

Cuando se dio cuenta eran cerca de las 3 de la mañana, a pesar de que ambos lo estaban pasando bien tenía que irse para dejarla descansar y terminar de corregir unos trabajos que dejo en su despacho.

-No te vayas-le pedía ella.

-Tienes que descansar.

-Estoy bien.

-Vamos no te comportes como una cría ¿quieres? Además podremos seguir conversando otros días.

-¿Seguro?-pregunto ella tratando de asegurarse de que seguirían siendo amigos fuera.

-Si, seguro. Descansa, buenas noches.

El se iba a ir pero ella le sujeto la túnica, lo acerco hasta ella y le beso la mejilla.

-Buenas noches.

Sorprendido por el gesto giro y salió de la enfermería. Por fin las cosas comenzaban a ir algo mejor.


Al dia siguiente Pomfrey la despertó, comenzó a revisarla y le quito por fin el vendaje del brazo, aún le molestaba pero podía moverlo lentamente. Sin embargo el hombro aún no estaba del todo curado y continuaba con las vendas. La cabeza le seguía molestando, cada vez que hacia algún movimiento rápido su vista se nublaba y comenzaba a marearse, así que tenía que ir despacio y con cuidado. Ese dia recibió de nuevo la visita de sus amigas y también de Oliver. Cuando estas se fueron Oliver se quedo junto a ella.

Trataba de animarla contándole cosas y haciéndola reír. Ella quería hablar con él para dejarle claro lo que ella sentía y no confundirle pero no encontraba el valor para hacerlo. Parecía una ironía, anoche se había confesado con su profesor pero hoy no era capaz de decirle a su compañero que solo sentía amistad hacia él.


Madame Pomfrey entro de nuevo para revisar a la paciente y amablemente le pidió a Oliver que se fuera para dejarla descansar, esto hizo que él le prometiera venir esa noche antes de cenar a verla. Ella no pudo negarse y le sonrió. Cuando se marcho Pomfrey le dijo.

-Tienes mucha suerte.

-¿Por qué?

-Por el novio que tienes, es muy simpático y agradable, se ve que es buena persona y que te quiere.

Ni siquiera le dio tiempo a replicar porque ella ya había salido hacia su despacho, dejándola con la palabra en la boca. Si ella pensaba algo así y tan solo les había visto un par de veces juntos, no quería imaginar que podían estar pensando otros que les habían vistos más veces. Definitivamente tenía que poner distancia y aclarar las cosas.


Agradeció inmensamente por una parte que por la noche no solo viniera Oliver a verla, venia junto a sus amigas y eso hacía que no tuviera que enfrentarse por una parte a la conversación. Solo pudieron conversar unos minutos antes de que la enfermera les echara algo molesta por agobiarla y por las horas que eran. Le acerco una bandeja con la cena y poco a poco fue cenando ella misma ahora que ya podía utilizar el brazo.

Cuando vino Pomfrey a retirarle la bandeja le pregunto si podía levantarse para dar unos pasos por la enfermería, la costó convencerla pero finalmente cedió, aunque exigió que ante cualquier molestia la avisara. Se retiro al despacho y la dejo sola.


Se estaba acercando lentamente hacia una de las ventanas con vistas al lago, tenía ganas de poder salir ya de ahí y poder respirar algo de aire puro, sentarse en el césped y pasear junto a sus amigas. Un ruido la distrajo, se giro para ver de qué se trataba y escucho como la puerta se cerró. Reviso si había sido Poppy pero no había signos, cuando volvió hacia su cama pudo ver como reposaba una rosa junto a su almohada. Un trozo de pergamino a su lado, lo desdoblo y comprobó que era de Oliver.

"Para que anime tu estancia e ilumine junto a tu sonrisa"

La verdad es que era muy gentil y le agradaban esos detalles, pero ahora mismo todos esos gestos los deseaba si venían de una persona, el resto le incomodaban. Con algo de molestia retiro la rosa y el pergamino hacia la mesa, dejándolos apartados. Volvió a paso algo más rápido hacia la ventana, suspirando y mirando la oscuridad del paisaje.


Buenas! Gracias por la lectura y los comentarios =) Estos dias estoy teniendo más inspiración y ganas que de costumbre asi que estoy escribiendo sin parar varios capítulos. Este es de los más dificiles que he escrito, imaginaos la situación, una chica declarandose a el, sin decir la totalidad de sus sentimientos, primero por verguenza y después porque ella misma todavia los esta descubriendo. En definitiva, me costaba mucho decidir que poner y que no.

Me estoy acercando al final del curso =( (piensen que en el fic estamos ya en ábril y cuando termina Hogwarts) se agradecen comentarios con ideas, opiniones, apuestas o locuras de lo que pueda pasar =P

Un saludo!