11. Secretos y favores

Se acercó despacio para no asustar a la mujer. Ya había anochecido y no era capaz de distinguir quien era ¿O es que aún no recordaba a todos? Los llantos la conmovían, se notaba desesperación y rabia en ellos. De repente, ella debió notar su presencia, porque calló de inmediato y levantó la vista. Era la profesora de adivinación, Sybill Trelawney, la miraba con los ojos enormemente abiertos, lo cual hacía que sus gafas aún lo aumentaran más, su boca se había quedado completamente abierta y parecía que quería decir algo porque comenzaba a balbucear.

- E-e-e-m-m-m-y

- ¡Sybill! Cariño ¿Qué te pasa?

- ¿Eres... un fantasma?

- ¿Un fantasma? ¡NO! – Emy sonrió y se dio cuenta que se suponía que estaba muerta y que encima la habían vestido con el mismo traje que llevaba cuando desapareció - ¡Claro que no! ¡He vuelto! ¡Soy de carne y hueso!

- ¡Emy! ¿En verdad eres tú?

- Por supuesto y ahora hazme el favor de decirme qué te ocurre

- Nada... nada, de verdad – La miró aún asombrada mientras se sentaba junto a ella y le pasaba un brazo alrededor de los hombros

- ¡Hum! – Emy cerró los ojos y se dejó llevar por la premonición – Ya veo, no sabía que sintieras eso

- ¡Oh! Sabes que odio que hagas eso, es jugar con ventaja

- Bueno... tú también la tienes

- No es lo mismo – Y la profesora comenzó de nuevo a llorar – No es justo, no lo es en absoluto

- Seguramente si él pudiese verte de vez en cuando, estoy segura que se fijaría en ti, a mí me pareces muy hermosa pero siempre estás recluida en tu torre...

- ¿En mí? ¡Por Andrómeda! Él ya se fijó en otra y no me extraña ¿Quién iba a querer estar con alguien tan complicado y etéreo como yo?

- A veces tenemos que modificar un poco nuestro carácter cuando queremos acercarnos a alguien

- Es que no entiendo como mi sino ha sido tan caprichoso de fijarse en él... simplemente no lo entiendo

- Así es el amor, Sybill

- He buscado en todas las artes posibles la manera de deshacer este capricho inútil pero hasta los posos de té me dan la espalda, dicen que sufriré por él y que no hay remedio... el destino lo quiere así ¡Es tan cruel!

- ¡Oh, Sybill! Tranquilízate, no sirve de nada ponerse de esta manera, te lo digo por experiencia

- ¿Guardarás el secreto?

- Por supuesto

- Me alegro de tu vuelta, espero que no hayas sido un sueño

- Claro que no lo soy

- Será mejor que vaya a mi aposento y me tome una tila con ajenjo para dormir de una vez

- ¿Seguro que eso te sentará bien?

- Sí

- Yo tengo que hablar con Dumbledore, luego me iré pero confío en volver en unos días

- Yo también, Emy, yo también – Se levantó despacio y se marchó con paso vacilante hacia su torre

A Emy le dio verdadera lástima saber del problema de su amiga, no había hecho nada más que llegar y se encontraba con ese papelón. De nuevo se dirigió hacia los pisos inferiores pero al llegar cerca de la enfermería se detuvo, quizás estaba Poppy allí, tenía tantas ganas de verla. Decidió asomarse un momento para llamarla, si contestaba bien y si no, iría en busca del director.

- ¿Poppy?

- ¿Sí? – La enfermera salió de su despacho con una botella en forma de pierna entre sus manos pero, al verla, la dejó caer de la sorpresa haciéndose añicos en el suelo - ¡EMY! ¡POR LAS BARBAS DE MERLÍN! ¿TÚ AQUÍ?

- ¡He vuelto! – No pudo remediar ir corriendo a abrazarla, siempre había sentido una gran debilidad por esa mujer, por eso se habían convertido en buenas amigas - ¡Qué contenta estoy de verte!

- ¡Oh, querida! ¿Es verdad que estás aquí o es un espejismo por el cansancio?

- Sí, en carne y hueso – Al volver a decirlo tuvo la sensación que lo iba a repetir en bastantes ocasiones – Estás fantástica, no te veo en absoluto muestras de cansancio

- Tú sí que estás bien, la misma Emy de hace tiempo, sin ojeras y con el rostro más bonito que hay

- No empecemos

- ¿Has venido para quedarte?

- Tengo que hablar con Albus primero pero espero que sí, es lo que más deseo, estar aquí con mi familia

- Estará a punto de acostarse, hoy han estado con lo de las contraseñas y la verdad aún no han venido a decirme cual es, tendrás que buscar primero a Minerva

- ¿Quién más hay en el castillo?

- Pues Trelawney, Minerva, Albus y yo, nadie más hasta dentro de dos días que vuelven Snape y Lie

- ¿Lie?

- Tu sustituta – Poppy comenzó a dar pequeños saltos - ¡Oh! ¡Qué alegría! Ve corriendo a verle, este año ha sido muy difícil para él, no sabes lo triste que ha estado por tu pérdida

- Claro que lo sé, yo también os he echado mucho de menos – Le dio un beso y un abrazo – Quizás nos veamos más ¿quién sabe? puede que me tengas otro año aquí dando la lata

- Eso espero, querida, eso espero

Bajó corriendo como una chiquilla a punto de empezar su primer día de clase, esquivaba los escalones falsos y sonreía sin parar. Llegó hasta el despacho de la profesora de transformaciones y su estómago dio un vuelco cuando llamó a la puerta. Debían de ser bien pasadas las doce de la noche y no sabía si la subdirectora ya estaría acostada y durmiendo pero conociéndola y sabiendo que sólo necesitaba descansar cinco horas, seguro que estaría dando vueltas a algún temario de su asignatura.

- Pasa – Dijo una voz austera y firme – Me gusta que llames a la puerta, siempre entras como...

- ¡Minerva! ¡He vuelto! – Emy caminó deprisa hasta la profesora que se había quedado petrificada – Te he echado tanto de menos

- ¡Emy!

Ambas se abrazaron fuerte, como si quisieran demostrar que estaba siendo real. La compostura de la subdirectora cayó y comenzó a llorar, pasaba sus arrugadas y suaves manos por la cara de la recién llegada, le acariciaba el pelo y le miraba fijamente a los ojos.

- No me engañan mis instintos ¡Eres tú! Pero chiquilla, pensé... creí...

- Que estaba muerta

- Sí

- Pues no, sólo presté mi cuerpo una temporada pero mi espíritu vagó cada día por estos pasillos viendo lo que hacíais y conformándome con no poder intervenir en vuestras vidas

- ¡Lo pasamos tan mal! Nos rompiste el corazón

- No me digas eso... no fue intencionado... yo no sabía que podría volver... fue gracias a Gryffindor, él me lo dijo

- Estoy segura que su fortaleza e integridad te dio ánimo para seguir entre nosotros

- En verdad lo creo

- ¡Qué alegría! ¿Te quedarás?

- No lo sé, tengo que hablar con Albus y ver si hay un hueco para mí, no quiero separarme de los chicos y me encanta la enseñanza, así que si me ofrece cualquier puesto, lo aceptaré

- Te acompañaré hasta el despacho ¡Se le van a caer las gafas cuando te vea!

Las dos mujeres salieron del despacho cogidas del brazo y sonriendo. Iban hablando del año tan duro que habían tenido los Guardianes. A McGonagall no le había hecho mucha gracia que les tuvieran todo el día ocupados, sin apenas un momento de descanso, pero al final se veía que había valido la pena, sin su ayuda, quizás, ahora no estarían hablando de esto juntas. Emy sonrió al comprobar que la contraseña del despacho de Dumbledore seguía dando hambre cuando se pronunciaba, "mousse de limón", mientras que la subdirectora negaba con la cabeza en señal de desaprobación. Se subieron a las escaleras y a medida que ascendía la gárgola, más nerviosa estaba Emy. Al ver la gran puerta de madera lustrosa del despacho, los nervios comprimieron aún más el estómago. Dos toques de la nudosa mano de la profesora de transformaciones y ambas pasaron.

- ¡Director! Tiene una visita inesperada – Se le notaba en la voz ternura, luego la abrazó y la dejó a solas en el despacho

- Enseguida bajo – Al oírlo supo que no había otra voz en el mundo que le diese aquella paz, ni siquiera la de Harry, ni la de Sirius

- ¡Albus! – Emy no pudo contener las lágrimas al verlo salir, con un camisón blanco y una bata en verde brillante. Quería a aquel viejo loco como a un abuelo. Se sentía tan pequeña e indefensa a su lado, como una chiquilla que quiere esconderse entre los brazos de su padre y sentir que ya no le puede pasar nada malo

- Ya era hora de que volvieras, llegué a pensar que sería después de mi muerte – La mirada detrás de las gafas de media luna dejaba ver una incontrolada emoción. Mientras bajaba las escaleras que daban acceso a su habitación privada, abrió los brazos para recibir a la que tanto había echado de menos

Era Dumbledore el que ahora le cogía la cara con las dos manos mientras le besaba tiernamente en la frente. Mirándose a los ojos se dijeron todo el cariño que se tenían, luego se sentaron uno frente a otro y comenzaron a hablar.

- Me acostumbré a tenerte por aquí y los viejos tenemos las costumbres de no abandonar nuestros buenos hábitos

- Yo también te he echado de menos pero he de confesar que no me he perdido ni una sola de las conversaciones que Merlín y tú teníais los domingos por la tarde

- ¡Conque tenemos una espía confesa!

- ¿Qué le vamos a hacer? Una no puede evitar su propia naturaleza – Emy soltó una alegre risotada

- Tendré que imponerte algún castigo

- ¿No serás muy duro?

- ¡Oh, sí! Mucho. Te sentencio a volver a la arena para luchar con centenares de bestias hasta que quedes exhausta

- Espero que me estés ofreciendo un puesto de profesora, porque sino, voy a comenzar a acojonarme

- Jajaja – Dumbledore rió ante la expresión de Emy – Estudios no Mágicos es tuyo, si quieres

- Claro que quiero pero ¿qué pasa con mi sustituta?

- Natalie McManaman ya ha sido destinada a Historia de la Magia

- Será una buena noticia por partida doble para los chicos ¿Qué te parece ella?

- Es una mujer excelente. Tiene una educación exquisita, es recta a la vez que cariñosa con los alumnos, claro que es porque acaba de comenzar en la enseñanza – El director cambió de talante – Espero que este año sea mejor para ella, ya que el pasado se topó con quien no debía

- ¿A qué te refieres?

- A Wilcox, tengo entendido que tuvo una relación con él de la que salió muy mal parada. Si ella no me hubiese ocultado los malos tratos que le proporcionaba, yo habría despedido a Wilcox al primer golpe

- ¡Ah, sí! Ahora que lo dices me viene a la cabeza. Estaba cerca de Sirius cuando se enfrentó a Wilcox. El muy canalla no se pensó dos veces utilizar la maldición para querer matarlo, claro que yo no podía permitírselo

- A Sirius le dio una rabia tremenda que se le escapara, decía que él mismo lo hubiese encerrado para que pagara su cobardía

- Eso ya está solucionado

Emy comenzó a contarle a Dumbledore, con todo lujo de detalles, lo que ella había vivido desde la batalla de La Madriguera, pasando por cuando la encontraron en la playa, su estancia en el hospital, luego irse a vivir con Ángel y Lola y allí encontrarse con los cinco e ir recordando poco a poco parte de su vida que no estaba relacionada con la magia. Le detalló los sueños y cómo llegó hasta la casa de la abuela, también la manera en que recuperó los poderes y lo que tuvo que hacer para recordar toda su vida. El director escuchó con gran atención la parte en que se desvelaba el interés de Voldemort por aquel libro en particular.

- No creo que hallas hecho bien en dejarle leer ese libro

- ¿Leerlo? En realidad es la mejor idea que he tenido en mucho tiempo. En ese libro no hay más que palabrería, quinientas páginas de explicaciones sin sentido para llegar a una sola conclusión, la de que no va ser merecedor de conocer semejante secreto – Emy sonrió con malicia – Por supuesto le he dejado una práctica enciclopedia sobre celta antiguo que espero le sirva para traducirlo

- ¡Ya me parecía a mí! Pero no subestimes el contenido del manuscrito. "Magia temporal y espacial" es uno de los objetos más buscados junto con la piedra filosofal y Merlín

- ¡Si te oye llamarlo objeto...!

- No creo que me diría nada, él mismo se llama saco de huesos viejos

- Sé lo que encierra ese libro, Albus, como sé que no desvela nada mientras no esté en el lugar preciso y en el momento adecuado, el cual no ha llegado aún

- ¿Qué harás con Wilcox entonces?

- Se lo enviaré a Voldemort. Necesito que le dé pistas erróneas para que nos lleve a saber qué trama

- Lo que trama es hacerse con el poder absoluto, Emy

- Lo sé pero ¿cómo? No todos los caminos le llevan al mismo resultado y será interesante saber cuál está tomando

- Le dirá que estás viva

- En cuanto los chicos me vean sentada de nuevo en la mesa de profesores se enterará

- Sí, eso es cierto – Dumbledore se acariciaba su larga barba blanca, signo de preocupación – Eso quiere decir que no le soltarás hasta el primer día de septiembre

- Esa es mi intención – Emy se dio cuenta de una cosa, por algún motivo le volvió a la cabeza el comentario del anciano al volver a verla – Una pregunta ¿Cómo sabías que volvería?

- Eres La Unión de las Cuatro Sangres, sé tu leyenda

- ¡Ah! Es verdad, la primera vez que nos vimos, me lo dijiste. Tienes que dejarme ese libro alguna vez

- Tendré que buscarlo, mi memoria empieza a fallar... – Un brillo especial surgió de la mirada del director

- No te engañes – Contestó Emy con un tono entre irónico y divertido – Ya hace tiempo que te pasa

- Veo que sigues igual de socarrona que siempre

- ¿Yo? Será la felicidad de volver a mi vida y de... casarme

- ¿Casarte? ¡Qué alegría! ¿Cuándo? ¿Dónde?

- Bueno, en primer lugar lo haremos como matrimonio civil, en España, con la gente que no pertenece al mundo de la magia. Será el viernes veintinueve y no les hemos dicho nada a los chicos, para que sea una sorpresa

- Sí que se la llevarán, sobre todo Harry

- Quería pedirte un favor

- Lo que quieras

- Todavía no he hablado con Sirius, de hecho ninguno sabe que soy la de siempre, pero estoy segura que él, al igual que yo, desea que se celebre nuestra unión bajo el ritual mágico, como hicieron Remus y Bella, y me llenaría de una inmensa alegría que fueses tú quien la oficiase aquí, en Hogwarts, en La Cámara de los Fundadores al día siguiente y por la noche, la cena del sábado

- Por supuesto, hablaré con Arabella y nos encargaremos de todo en tu ausencia

- No será necesario, de hecho me conformo con que tengas a los profesores aquí y a los Weasley al completo. No quiero que se divulgue, no quiero sobresaltos ni aplazamientos, así que será de nuevo una sorpresa excepto para ti, Los Fundadores y Dobby y Winky

- Dalo por hecho

- ¡Eres un sol... abuelo!

- ¿Abuelo?

- Sunny me contó que tuvisteis un romance cuando erais jóvenes ¡Ojalá hubiese acabado contigo!

- ¡Ojalá! A veces la vida gira inesperadamente

- Bueno, pues entonces me marcho a ver a mis chicos

- Hay un tema que debemos tratar antes

- ¿Cuál? – Preguntó Emy sabiendo que ese tono no traía algo bueno

- Este año hay bastantes problemas con los padres. No quieren traer a sus hijos aquí, no confían en la protección del colegio

- ¡Insensatos! Este es un lugar mucho más fiable que cualquiera de sus casas

- No con Harry y contigo aquí

Emy se quedó callada. Aquella frase le cayó como un jarro de agua fría en pleno invierno. Quería encontrar algo que decir, algo en su defensa y en la de su sobrino pero no encontró palabras porque sabía que era cierto. Dumbledore la miraba adivinado sus pensamientos, llevó su mano hasta coger de la Emy y la acarició.

- ¿Qué sentido tendría mi vida si dejara que Voldemort se salga con la suya? En este colegio, de momento, mando yo y no estoy dispuesto a que tú y Harry no estéis aquí este año

- Pero los alumnos... ellos no tienen culpa alguna y no quiero ver vidas inocentes en juego, ya tuve bastante con el último ataque al colegio

- Es ahí a donde quiero llegar. La versión de tu vuelta tiene que sufrir unos cambios, lo de ángel caído, no se debe contar

- Aún no sé a qué te refieres

- Si la gente cree que fue gracias a ti y a Los Guardianes que la batalla de La Madriguera se ganó, lo que en parte es cierto, no creo que pongan tantas pegas

- Pues adelante

- Eso significa que tu anonimato dentro del mundo mágico desaparecerá y que el de Harry aumentará como el de Ron, Hermione y Ginny. Como habrás podido observar en Harry, no es algo que a veces se lleve muy bien

- Pero si con ello salvo el prestigio del colegio y consigo que vuelvan los alumnos y nosotros cinco, pues estoy dispuesta a pagar ese precio. Por mi parte puedes dar garantía que Hogwarts estará igual de protegida que cuando estaba Merlín, será inexpugnable

- En cuanto salga la historia en los periódicos, te buscarán sin tregua

- ¡Ya! Entonces debo darme prisa en pensar bien qué hago con mi querido Wilcox

- Comunícame tu decisión al respecto de su liberación, el momento y lugar en donde le vas a dejar, le pondremos un mago para que le siga

- ¿Cuándo crees que saldrá la historia?

- Dos o tres días a lo sumo

- Intenta que sean tres. Por nosotros no debes preocuparte, estaremos bien en la casa de la abuela, aunque el viaje de vuelta quizás le preparo con un traslador

- Mejor, mucho más seguro

- ¡El coche! Me servirá para trasladarnos todos ¿Qué te parece si le dejo este año junto a las carrozas?

- Perfecto, entonces lo arreglaré todo y nos veremos el sábado treinta de agosto, señora Black

- Jajaja – Emy abrió mucho los ojos y soltó una sonora carcajada - ¡Eres el primero en llamarme así!

Salieron de allí con dirección al apartamento de la torre sur. Hablaron con Dobby y con Winky, que no podían dar crédito a lo que veían pero después de que Emy les tranquilizara, sobre todo a la pobre elfina que lloraba a mares, recibieron el encargo de la comida de la boda con suma alegría y prometieron no decir nada a nadie. Más tarde entraron juntos en La Cámara de los Fundadores y Emy les convocó. Salazar hizo un comentario grosero al enterarse de la noticia y de los planes, sin embargo, a Emy le pareció de lo más gracioso y no paró de reírse. Los demás parecían encantados y emocionados con el anuncio y Rowena no tardó ni un segundo en dejar claro que ella se encargaba de la decoración de la sala y del vestuario, incluido el de la novia, aunque no tuvo más remedio que aceptar la insistente ayuda de Helga. Mientras, Gryffindor le prometió a Emy que ese día no dejaría que hubiese ningún incidente. Así lo único que le quedaba hacer allí era agradecer a los Fundadores los favores y abrazar a Dumbledore con todo su cariño.

- Ve tranquila y disfruta un poco de tus vacaciones, los chicos también se las merecen – Albus besó la frente de la joven

- Lo sé, llevaremos una vida de completa diversión en cuanto me deshaga de Wilcox

- Ten cuidado con él

- Lo tendré... te quiero mucho, viejo loco – Sus manos se despegaron de las de él mientras sonreía, luego desapareció

- Y yo a ti...

En cuanto Emy emprendió la carrera, Sirius fue detrás. Llegó para verla entrar como una bala en el agua y perderse en la oscuridad del mar. El tiempo pasaba y ella no salía, no era de esos que les gusta bucear una vez se han tirado, Emy solía salir despedida nada más impactar con el agua, le encantaba salir igual de rápido de lo que entraba, sin embargo, estaba vez no salía a la superficie. Harry llegó y se colocó junto a Sirius, miraba en la misma dirección que él pero luego desvió los ojos para fijarse en la empapada cara de su padrino.

- Tardará en volver – Aseguró el muchacho pasando un brazo por el hombro del adulto

- ¿Qué ha hecho?

- Creo que quería recuperar su vida, quizás sea una forma de hacerlo

- ¿Y si está muerta? ¿Y si se ha estrellado y por eso no sale?

- Ella está viva – Contestó Ginny – Puedo sentirla

- Es mejor que volvamos a la casa, la abuela nos lo dirá – Harry guió a un Sirius triste

Llegaron a la cocina calados hasta los huesos, Ron se encargó de secarlos con un simple hechizo, Harry hizo que su padrino se sentara en la silla mientras que las chicas preparaban una infusión para todos. Nadie se atrevería a jurar que aún no había llegado la hora de la comida, el cielo se tornaba cada vez más oscuro y parecía que contagiaba los corazones de los cinco, porque una inmensa pena y pereza les hacía permanecer callados y sentados en la cocina. De vez en cuando alguna mirada se encontraba pero se apartaba enseguida para no comprobar que tenían la misma idea de que aquello no iba bien. La abuela sólo confirmó lo que ya había dicho Harry, era la única forma de recuperar su vida, si fallaba, Emy tendría que afrontar un futuro sin pasado pero si conseguía recordar los momentos más importantes de su vida, retornaría con más fuerza aún.

Harry se exprimía el cerebro buscando algo a lo que agarrarse. A su mente llegaban preguntas sin respuestas ¿Sería Emy tan poderosa que era capaz de escapar de la muerte? ¿Por qué había vuelto? ¿Había muerto en realidad? Y poco a poco y sin saber muy bien el porqué, llegó a él un comentario de Hermione. Lo había dicho cuando tuvieron que explicar sus viajes, sus pruebas. Ella y Ginny habían buscado en un libro y habían hallado un pasaje que se suponía que hablaba de la llegada de un gran mago, uno que traería el principio o el fin del mundo mágico como se conocía, éste tendría a cuatro representantes destinados a mantener el equilibrio entre el bien y el mal y contaba que todos lo involucrados pasarían unas pruebas de fuego para demostrar su valía desapareciendo por un tiempo hasta que el gran mago encontrara su destino ¿Había encontrado Emy su destino? ¿Significaba eso que, al estar de vuelta, su misión no era morir por él como sus padres? Miraba de vez en cuando a Sirius, se le veía hundido, entendía muy bien porqué, no estaba dispuesto a perderla de nuevo. Quería decirle que ella volvería, que llegaría con su sonrisa y una mirada de "yo no he hecho nada" y todos se volcarían en ella para abrazarla. Era así de simple y llano, en realidad demasiado sencillo, el corazón le iba a mil por hora pero en el fondo sabía que no tenían que temer en absoluto. Giró la cabeza porque sabía que le estaban mirando, era Ginny quien lo hacia, ella sólo sonrió pero ese insignificante gesto confortó a Harry, ahora deseaba perderse en su pecho, que ella le cogiese y le susurrase al oído que todo iba a salir bien, que mañana, cuando despertara, ella estaría allí revolviéndole el cabello y besándole en la frente pero no hizo nada, se limitó a forzar una ligera sonrisa.

Después de dos horas de espera y silencio, la abuela aconsejó a los muchachos que fuesen a buscar sus cosas a casa de Ángel y Lola y que, de paso, les dijeran que todo iba bien. La tristeza no había dejado ver que el día comenzaba a despejarse y, al comprobar que ciertos rayos querían asomarse entre las nubes negras, ellos mismos sintieron cierto alivio. Les explicaron lo que había sucedido, incluso les hablaron de la abuela, lo cual tenía a Lola un poco amedrentada al saber que podían ver y hablar con un fantasma. Comieron allí poca cosa, ya que el apetito no les rondaba, ni siquiera a Ron, y luego recogieron todas sus cosas y las cargaron en el maletero. Se despidieron con la promesa de que mañana les visitarían para informales y marcharon de nuevo a la gran casa de piedra.

Por un lado, Sirius deseaba llegar y que Emy estuviese allí esperándoles pero por otro no quería saber que ella había regresado y que él no estaba para recibirla. Cuando llegaron, la casa estaba como la habían dejado. Se dedicaron a subir sus equipajes a las habitaciones. Sirius entró en el desván y se desmoronó, aquella estancia le traían tan buenos recuerdos. Después de descargar sus sentimientos comenzó a colgar la ropa de ambos en el armario, cada vez que cogía una prenda de Emy la acariciaba y la olía, luego con sumo cuidado la colocaba en la percha y la colgaba con la que ya había allí, así con toda la indumentaria.

Llegó la noche sin noticias de Emy, cenaron unos bocadillos que las chicas prepararon y luego sirvieron una infusión especial que les mandó hacer la abuela, Hermione sabía que si bebía eso caería en media hora inconsciente en la cama, quizás por eso lo hizo la abuela. A eso de las once y media, Sirius no podía mantener los ojos abiertos, por mucho que intentaba seguir mirando por la ventana era imposible, la abuela le convenció para que subiese al cuarto a descansar y él ni siquiera puso pegas. A Ron, Hermione y Ginny les pasó lo mismo y cayeron profundamente dormidos en sus respectivas camas pero Harry había engañado a todos, en un descuido había tirado la infusión por el desagüe, así que subió a su habitación pero no para dormir.

Serían las cinco de la mañana y seguía dándole vueltas a las mismas preguntas. Los ronquidos de Ron le molestaban cada vez más y necesitaba respirar aire fresco, se puso una sudadera y unos vaqueros y bajó en silencio las escaleras. La luz tranquila de la luna iluminaba, a medias, el jardín. Al principio pensó que aquello sería suficiente pero no era así, tampoco allí estaba bien, necesitaba volver al acantilado. Mientras caminaba lentamente hacia el lugar, el miedo se apoderó de él haciendo preguntas cada vez más atroces ¿Y si Emy ya no volvía? ¿Y si se había marchado con la idea de que él la odiaba? Se le punzaba el corazón y es que su orgullo había podido más, cuando en realidad lo que hubiese querido es correr hacia ella y abrazarla, sentirla cerca de él, como tantas veces había imaginado, para poder volver a notar que estaba en casa de nuevo ¡Qué infantil era aquel pensamiento! Pero le daba igual, no le importaba comprobar que la necesitaba, enfadado o contento, siendo valiente o cobarde, mayor o niño. Daba igual, lo único importante es que él quería que ella regresase ya, que estuviese a su lado para lo bueno o para lo malo... o como había dicho ella "para vivir la vida que ese gran cabrón nos quitó, vamos a ser felices, a ser fuertes y cuando tengamos que enfrentarnos a nuestro destino, estaremos preparados". Esa era la Emy que él quería de vuelta pero si volvía la que no sabía nada de aquel sufrimiento, la querría de la misma manera porque en esencia era ella, incluso quizás mucho mejor persona, sin rencores ni lamentos, sin muerte o miedo, sólo con la expectativa de que cada día podía ser mejor. Tampoco le importaría.

Emy apareció debajo de la lámpara de la entrada, está se iluminó brevemente para chivarla el estado de la casa. Supo que Wilcox estaba dormido encima de la mesa, que a Sirius le habían dado una poción para dormir como a Ron, Hermione y Ginny, que la abuela descansaba en su habitación y que Harry... estaba en el acantilado. Sus pasos por la hierba eran sordos, su vestido se movía ligero por la brisa sin decir nada y su mirada estaba fija en un punto. Él, su amado sobrino, al que quería como a un hijo, estaba de pie al borde del acantilado esperándola ansioso. Se acercó por detrás sin ser detectada, le abrazó con su brazo derecho por la cintura mientras que con la mano izquierda le acariciaba la rebelde cabellera. Una palabra se quedó suspendida en el aire, en verdad una súplica, un ruego desde lo más profundo del corazón.

- Perdóname