12. Cara y cruz
- Perdóname – Emy hablaba sin poder contener su emoción – Sé que estás enfadado... que incluso me has odiado por no cumplir mi promesa pero no es cierto... la he cumplido... he estado a tu lado todo este tiempo... aunque tú no pudieses verme ni oír mis gritos que decían, una y otra vez, cuánto te quiero
- Emy – Harry se dio la vuelta entre sus brazos y la vio. Aquellos ojos llenos de heridas profundas que aún brillaban por amor, que ni todas las barbaridades vividas habían conseguido apagar, estaban inundados en lágrimas de arrepentimiento – No vuelvas a hacerme esto ¿Entendido?
- Sí. Perdóname... no me dejes vivir un instante más sin tu cariño... dime que aún me quieres... que me aceptas en tu vida... porque yo no puedo concebir la mía sin ti
- ¿Quererte? – Él la miraba enternecido y angustiado – Creo que no he querido desde que te fuiste, te llevaste el amor que podía dar, me robaste los sentimientos que podía regalar a los demás... a Ginny... a Sirius... sin ti he estado vacío, sólo ante mi rabia, mi orgullo y mi soledad...
- Lo siento tanto... tanto – Emy le cogió la cara con las dos manos sin dejar de mirarle a los ojos – Yo nunca hubiese querido hacerte daño, lo que hice lo hice por ti, no podía permitir que fueses tú quien se sacrificara... No te mentía Harry, todo lo que te dije era cierto, siempre lo ha sido. Yo no sabía las condiciones que iban a imponer... yo no deseaba ser La Unión... me conformaba con estar a tu lado pero después de volver a tu vida, no podía decirte que era por tiempo limitado... no tuve valor... simplemente lo dejé correr... como si nunca fuese a pasar... lo importante era estar contigo... jamás quise hacer daño a nadie y mucho menos a ti... Yo te quiero tanto... mi pequeño... mi niño
- Te he echado de menos, dolía no tenerte, ver a Sirius destrozado sin poder consolarle porque no era capaz de animarme a mí mismo – Harry no pudo más y se abrazó a ella fuerte. Oía su llanto acompasado con los latidos de su corazón, del de ambos porque latían al unísono, era ese sonido el que anhelaba, el que llevaba tiempo deseando escuchar, el que le gritaba "En casa" y por fin estaba ahí, para él, sólo para él – Perdóname tú a mí por ser tan egoísta, por no comerme el orgullo, por pensar que me debías disculpas y por no decirte que te quiero con toda mi alma
- Harry ¡Oh, Harry!
Los insaciables minutos pasaban de puntillas para no molestar a dos personas abrazadas bajo la noche, dos almas rotas que se curaban juntas con cada lágrima derramada. Cuando se tranquilizaron, Emy le contó su estancia en Hogwarts y la conversación mantenida con Dumbledore, guardando el secreto de la boda. Volvieron a la cocina, en donde encontraron a la abuela, y allí Harry pudo comprobar que todo volvía a la normalidad. Abuela y nieta conversaban socarronamente sobre el salto, sobre Hogwarts y sobre Wilcox. Harry no sabía que aquel cabrón estaba encerrado en la casa pero cuando iban a hablar de ello, los primeros rayos de sol se colaron por la ventana. Emy pidió disculpas para ir a despertar a Sirius, ellos sonrieron como respuesta.
Se tumbó en la cama frente a su amado, respiraba tranquilo, aún le duraba la poción. Se sabía su cara de memoria pero el tacto de su piel aún le asombraba, no eran muchas las ocasiones en que le había acariciado, infinitamente menos que las veces que lo había deseado. Pasaba dulcemente la yema de sus dedos por la frente, por las mejillas, por los ojos cerrados, acariciaba sus labios, ansiosa por besarlos y ser correspondida. Necesitaba aspirar su alma mientras le regalaba la suya propia. Su nombre le llenaba la boca y cada centímetro de su piel estaba excitada, esperando una caricia suya.
- Sirius – Sonrió al ver como él se removía perezoso – Sirius
- Hummm…
- Te dije que no iba a perderme ni uno solo de tus amaneceres
Abrió los ojos y allí estaba ella, recostada, sonriente y con luz propia. La claridad de la mañana le creaba bruma en sus ojos cerrados momentos antes, por eso la veía borrosa, como si no fuese real.
- Eres un sueño – Sirius se convencía una vez más de que aquello no era posible
- Que durará eternamente – Su mano se aferró a su rostro mientras se acercaba para besarle. Sus labios se unieron, estaban sedientos, al abrir las bocas para encontrarse, no pudieron evitar que se escapara cada sentimiento que tenían hacia el otro
Ya no hubo parte del cuerpo que no tocara a la otra, el abrazo se quedaba corto porque la ansiedad era desmesurada. Era tal la desesperación que sentían de tocarse el uno al otro, que tropezaban las manos, estorbaban las piernas, las frentes chocaban mientras que sus labios eran incapaces de separarse ni para reír por su torpeza. Y allí, en medio de un caos, se desnudaron para sentirse, se acariciaron para creerse y se unieron para culminarse. Tanto amor se desbordó en gemidos, en ruegos y en un abrazo que les dejó plenamente satisfechos aunque no saciados, para eso tenían el resto de la vida.
Hermione despertó pronto, se sentía mal por haberse tomado la poción pero sabía que sino iba a ser imposible dormir aquella noche. Se despejó bajo la ducha, luego analizó su imagen en el espejo, se notaba que ese último año se había producido su cambio más notorio. El cabello castaño, más rizado y menos encrespado, le caía sobre los hombros hasta ocultar casi sus pechos. Veía sus formas y se asombraba de que fuesen de ella, no podía quejarse, cintura estrecha, cadera redondeada, culo respingón y unos senos voluminosos sin excesos. Su rostro también había depurado las líneas hasta dar con el resultado de alguien que no es guapa pero sí atractiva. Mientras se miraba, analizaba el porqué se había fijado justo aquella mañana, en realidad estaba preocupada por la situación, aún no sabía si Emy había vuelto y de ser así, cómo había vuelto. Sonrió al suponer que quería dar una buena imagen delante de ella, como si quisiera mostrar que ya era toda una mujer.
Bajó las escaleras en silencio, eran las ocho y media de la mañana y la casa no presentaba actividad. Entró en la cocina y se sorprendió al ver a Harry con una sonrisa de oreja a oreja hablando con Sunny.
- Buenos días ¿Qué se sabe?
- Ya está aquí
- ¿Sí? ¿Y cómo está? ¿Ha recuperado la memoria? ¿Ha hablado contigo? ¿Qué te ha dicho?
- ¡Por las barbas de Merlín! Está chica está llena de preguntas – Exclamó la abuela
- Tranquila, ella vuelve a ser la de siempre, ha recuperado la memoria y sí, hemos estado hablando, luego os contará lo que ha pasado en su ausencia
- ¿Dónde está ahora?
- Arriba con Sirius – Contestó Harry a la espera de una frase inapropiada por parte de la abuela
- Y seguro que tardan en bajar
- ¡Abuela! Ya sabía yo que dirías algo
- ¡Qué! Es verdad, esos son peor que dos adolescentes... mejorando lo presente
- ¡Qué alegría! Ahora todo volverá a ser lo mismo, todos volveremos a ser los mismos
- Sí – Harry agachó la cabeza y se quedó mirando su desayuno – Quería pedir disculpas por mi comportamiento de estos últimos meses, sé que no he estado muy integrado... Gracias por aguantarme
- Como diría mi madre, para los curas, que las ganan cantando
- ¡Qué frase más graciosa! – La abuela soltó una carcajada
- ¿Se ha levantado Ginny?
- No, la he dejado durmiendo
- Subiré a hablar con ella
- Frena las hormonas
- ¡Abuela!
Harry se sentó en el borde la cama, contemplaba como dormía plácidamente. Su pelo rojo fuego contrastaba con el blanco de las sábanas y se iluminaba por los rayos de sol tempranero, que entraban sin pedir permiso en la habitación. Allí, mirándola, se sentía contento, como si no la hubiese visto en un tiempo, como si no fuese ella la que había estado apoyándole durante los últimos meses. Era él el que no había estado a su lado por estar ausente, vacío, triste pero ahora todo había cambiado, volvería a ser el Harry de siempre y uno nuevo para ella, el novio que Ginny se merecía, el que debía haber sido desde un principio.
Le acarició despacio la cara mientras le soplaba para hacerle cosquillas, ella se limitaba a sonreír. Pasaba los dedos suavemente por los labios, sabiendo que eso haría que llevara sus manos para frotarse y así fue. Los dedos chocaron y él los entrelazó con los suyos, ella abrió los ojos y se sorprendió al verle a él, sonriente y cariñoso.
- Buenos días
- Buenos días – Ginny bostezó y se fue estirando lentamente - ¿Qué sucede?
- Nada – Harry se acercó y la besó dulcemente en la boca – Pareces un ángel cuando duermes
- No creo que los ángeles tengan estas horribles pecas
- Yo estoy enamorado de esas pecas, así que no permito que te metas con ellas
- ¿Sólo de mis pecas?
- No, también de quien las lleva tan elegantemente
- ¡Bueno! ¿Qué he hecho yo para merecer este mágico despertar?
- Qué no has hecho – Se acercó más a ella y se abrazaron. Era curioso, con Ginny su corazón también latía al unísono – Tengo que pedirte disculpas
- ¿A mí? ¿Por qué?
- Por no haber sido el chico enamorado que hoy me siento, por no haberte agradecido tu ayuda en los momentos que más los necesitaba y por no haber valorado mi mayor tesoro, tú
- Harry, me he sentido querida, agradecida y valorada, no tienes porqué pedirme disculpas. Sé que estos meses no has sido tú al cien por cien pero eso no significa que yo haya olvidado con quien estoy y porqué estoy con él... Te quiero y con eso tengo bastante, lo demás es un regalo
- Entonces te llenaré de ellos
- ¿De verdad? Me conformo con saber si Emy ha vuelto
- Sí, ha vuelto y siendo la misma de siempre, ya hemos solucionado todo entre nosotros, así que las cosas vuelven a ser como antes
- No me lo tienes que jurar, lo veo en tus ojos – Ginny sonrió emocionada – Tengo ganas de verla
- Ahora le toca el turno a Sirius, según la abuela tardarán en bajar
- ¿Por qué? – Preguntó inocentemente
- Pues... ya sabes...
- No, no sé
- Están recuperando el tiempo perdido – Harry se sonrojó, no entendía muy bien porqué pero insinuar cualquier tema sexual delante de Ginny, le daba una vergüenza atroz - ¿Entiendes?
- ¡Ah! – Ginny tardó en reaccionar un momento para contestar roja como un tomate – Vale, vale ¿Desayunamos?
- Claro, yo ya lo he hecho pero vuelvo a tener hambre
- Creo que mi hermano es una mala influencia para ti
- Hablando de Ron, voy a despertarle mientras te vistes
- Nos vemos abajo – Harry se levantó pero antes de que saliera del cuarto, Ginny volvió a llamarlo - ¡Harry! Se te olvida una cosa
- ¿Qué?
- Un beso
Ron abrió los ojos después de ser zarandeado durante cinco minutos, frunció el ceño, tenía pinta de ser muy temprano. Por mucho que intentó que le dejara en paz, no consiguió que Harry dejase de molestarle, así que se incorporó de mala leche y le miró con el ceño fruncido pero al ver a su amigo, le cambió la expresión.
- Hacía una barbaridad que no te veía esa cara de gilipollas que tienes hoy
- Gracias, Ron, tú sí que eres un amigo
- ¿Emy volvió?
- Sí, ella, la de siempre
- ¡Genial! ¿Está abajo? – Ron se levantó de un golpe y fue hacia la silla en donde tenía tirados sus vaqueros y la camiseta que llevaba el día anterior
- No, está con Sirius en el ático... Sunny dice que tardarán en bajar
- Si yo pudiese, también tardaría en bajar
- ¡Ron!
- ¿Qué?
- ¿Estamos hablando de lo mismo?
- Pues no sé – Se rascó la cabeza y se metió al baño, con la puerta abierta y medio gritando le dijo – Yo estoy hablando de sexo ¿Y tú?
- ¿Lo dices en serio? – Harry se quedó alucinado ¿Desde cuándo Ron tenía esa clase de pensamientos? Oía como su amigo se reía mientras se duchaba. Él ni se había planteado pasar a nada más íntimo con Gin, claro que ella era un año menor que Hermione pero él era igual que Ron, bueno unos meses más pequeño pero nada más, es más, siempre creyó ser más maduro que Ron y ahora se daba cuenta que estaba bastante más atrasado
- ¿Crees que esta sombra, que pretende ser algún día una digna barba, me queda bien? – Ron salía del cuarto de baño empapado y envuelto en una toalla - ¡Harry! Te he hecho una pregunta
- ¿Eh?
- Chaval, baja de las nubes, si ya decía yo que hoy estás agilipollado... ¡la barba!
- Tú no tienes barba
- Lo sé... ¡Uf, qué espeso! ¿Qué si me quedan bien estos pelillos?
- ¡Ah! Sí, creo que sí, aunque mejor se lo preguntas a Mione
- A ella le gusta – Ron se miró al espejo – Y creo que a mí también, me da un aire más mayor, más atractivo. Se lo preguntaré luego a Emy, ella sabe de estas cosas
- ¿Desde cuándo te preocupas tanto por tu imagen?
- ¿Desde cuándo no lo haces tú?
- Yo nunca lo he hecho
- Creo recordar que te pasabas diez minutos intentado aplastar el pelo cuando mi hermana aún no era tu chica
- Lo dejé por imposible
- No me extraña – Pasó por su lado y le dio una colleja suave a Harry – Menos mal que ahora nos pondrán a entrenar de nuevo
- ¡Es verdad! Seguro que mañana nos manda correr por la playa – Harry le respondió mientras se frotaba la nuca por el golpe de su amigo
- Yo lo estoy deseando, esta inactividad me aburre, no quiero perder mis músculos – Ron levantó el brazo e intentó sacar bola
- Chaval, esos no son músculos ¡es tejido hinchado! – Harry soltó una sonora carcajada y salió corriendo hacia la cocina perseguido por Ron
El pelirrojo se tuvo que conformar con darle sólo un pescozón en la coronilla, porque la abuela puso orden ante aquel comportamiento, que ella denominó como salvaje. Durante el desayuno se estuvieron metiendo el uno con el otro provocando, de vez en cuando, las risas de las chicas, que negaban con la cabeza por su actitud infantil. Emy y Sirius llegaron cogidos de la mano y dándose besitos en la boca, luego él la soltó porque las chicas la abrazaban una a cada lado.
- Mis niñas – Emy lloriqueaba de la emoción, al igual que Hermione y Ginny - ¿Cómo pude olvidarme de estos dos ángeles?
- Nosotras nunca te olvidamos – Dijo Hermione mientras se secaba las lágrimas – Te he echado tanto en falta...
- ¡Válgame el cielo! ¡Si eres toda una mujer! – Emy le daba vueltas a la muchacha mientras la miraba atentamente – Ron debe estar alucinado contigo, estás realmente atractiva
- Lo estoy – Si no lloraba era por pura vergüenza - ¡Qué alegría que estés de vuelta!
- ¿Este pedazo de tío es mi caballero andante preferido? ¡Guau! – Emy abrazó a Ron sin remilgos - ¡Estás buenísimo! ¡Y con esa barba de tres días! Hermione, me parece que vas a tener que atar a este chico en corto, aunque no sé si encontraría una chica mejor que tú
- Repito ¡QUÉ ALEGRÍA QUE ESTÉS DE VUELTA! – Ron hizo que todos rieran
- ¿Y mi pequeña Ginny? – Emy la abrazó de nuevo – Te he perdido por el camino, ahora ya no tienes nada de pequeña, aunque para mí siempre lo serás
- Emy...
- A ti no pude engañarte ¿eh? – Acariciaba el fino pelo rojo de la chica – Sabías que volvería
- No estaba del todo segura pero mi corazón me repetía que estaría de nuevo contigo
- Tú corazón ganará la batalla – La besó tiernamente en la frente – No me extraña que Harry beba los vientos por ti, estás preciosa
- Bueno, tanto halago me va a empalagar – La abuela traspasó el cuerpo de Emy - ¿Qué hacemos con ese indeseable?
- ¿Con quién? – Preguntó Sirius, que aún sonreía mientras servía el desayuno para los dos, sentado junto a Harry
- Con Wilcox – Contestó Emy
- Le daremos caza, no os preocupéis
- Cariño – Emy se sentó al lado de su prometido, cogió las tostadas que le dio éste y dijo toda tranquila – Está abajo, encerrado en una habitación
- ¿QUÉ? – Preguntaron todos atónitos, excepto Harry y la abuela
Emy explicó lo ocurrido después de que desaparecieran en la consulta, también les contó que había estado en Hogwarts hablado con Dumbledore, excepto nuevamente lo de la boda. Cuando todos terminaron de desayunar se dirigieron hacia la biblioteca. Emy se ocupó del ritual de apertura, mientras Hermione temblaba por la ansiedad y Ginny contemplaba alucinada como iban surgiendo las cosas. Antes de nada, la abuela propuso que se admitiera a Ginny en la biblioteca, así que la ceremonia de admisión se realizó sin problema alguno y por fin Harry pudo averiguar a qué socio estaba destinado el número cinco, Ginny. Después llegó el juramento, los que sabían qué iba a ocurrir se prepararon y la única que no, permaneció expectante.
Una suave brisa comenzó a llenar la estancia con un aroma de flores y de mar que, poco a poco, envolvió a todos con su suave fragancia, dejándoles relajados, tranquilos y en paz. La abuela comenzó a volar entrelazándose con la corriente de viento y entonces se oyó la risa maravillosa de alguien. A Harry ya no le hizo falta cerrar los ojos, esta vez tenía a Ginny a su lado, la estrechó entre sus brazos y la besó apasionadamente, tanto que ambos comprendieron que se había dado un paso más en su relación. Un beso con ansia, con lujuria, con necesidad de algo más. Cuando la risa paró, ellos frenaron, se miraban fijamente mientras sus mejillas se sonrojaban.
- Ahora no quiero que ninguno se altere – Emy se separó de Sirius con los ojos brillantes de deseo pero la expresión dura por las circunstancias - Voy a entrar yo sola a ver a Wilcox. Vais a ver y oír todo lo que se diga dentro pero no a la inversa
- Déjame entrar contigo
- Tú el que menos, Sirius, no tienes paciencia con él y yo necesito datos, además, no quiero que sepa que estáis aquí conmigo, ni que he recuperado la memoria – Ella le sonrió y le volvió a besar – Por favor...
Se apartaron mientras ella abría la estantería y entraba dentro, luego ésta se cerró y se convirtió en una especie de cortina de agua. Emy apuntó a las orejas de Wilcox y se fijó en la poca vela que le quedaba.
- Buenos días, doctor ¿Ya nos sabemos la lección?
- Dame agua
- ¿Agua? Creía haber dejado claro que no te daría nada hasta que me contestases una serie de preguntas
- Se supone que tú estás en el lado de los buenos
- ¿Yo? No recuerdo haber estado en ningún bando, gracias a ti no tengo pasado y no puedo recuperarlo ¿Veneno? ¡Qué poco original! Aunque he de reconocer que los polvos de basilisco han sido efectivos ¿Añadiste algo más?
- ¡A ti te lo voy a decir!
- ¡Oh! Era tu oportunidad de ser bueno y conseguir agua pero ahora... ya no podrá ser
- Te mataré con mis propias manos
- ¡Qué sí! En cuanto cometa un error, lo sé – Emy hizo aparecer una silla y se sentó frente a él – Bueno, primera pregunta ¿Por qué páginas vas? Esta es sencilla
- Ya he terminado el libro
- ¿Sí? ¡Eso es una grata noticia! No te puedes hacer una idea de lo que me simplificas el día – Emy hizo aparecer un plato con un pedazo enorme de tarta junto con un vaso de leche tibia – Es que aún no he desayunado ¡Hum! Está buenísimo... la verdad es que si no fuese por ti, no me habría ni acercado a esta casa, curioso ¿verdad? Con lo que no hubiese recuperado mi magia y no podría hacer aparecer estos manjares tan suculentos ¿Es que habrá alguien, en algún lado, haciendo tartas para que yo pueda comérmela con sólo un movimiento de mi mano? ¿Y la leche habrá desaparecido de alguna despensa? ¡Contesta!
- Lenta y dolorosa, así será tu muerte
- ¡Joder! Realmente te pones muy pesado con ese tema – Emy bebió un buen trago del batido y luego pasó la lengua por fuera para relamerse delante del sediento recluso – Si tú me dices ahora lo que has leído, yo te doy de comer y de beber, es claro y sencillo
- ¿Cumplirás con lo que dijiste ayer?
- ¿Qué dije ayer?
- Dijiste que me dejarías marchar cuando acabara de contestarte a unas preguntas
- No, no, yo no dije eso
- Hija de puta ¡CLARO QUE LO DIJISTE!
- Lo que dije exactamente fue que te dejaría vivir, que te mostraría el libro para que lo descifraras y me contestaras unas preguntas, luego te dejaría salir de aquí para contárselo a él y así comprobar si yo estaba en un error
- Si te contesto a las preguntas me dejarás salir...
- ¡Claro! No creerás que voy a mantenerte el resto de tus días... que no sé si serán muchos o pocos – Volvió a beber un buen trago del batido, que ya se estaba acabando
- ¿Qué quieres saber?
- ¿Yo? No, así no me gusta jugar, tú me expones que has entendido del libro y yo te pregunto cuando me dé la gana
- ¡Tú no sabes de qué va el libro! – Wilcox sonrió pícaramente – En verdad esa poción era efectiva, mi Señor hizo grandes cosas con ella
A Emy se le encendió la furia, si la dejaba salir, Wilcox se daría cuenta enseguida, ya que vería el cambio de color en sus ojos y la transformación endurecida de su rostro pero, de repente, se le ocurrió una gran idea ¡las pastillas! Chasqueó los dedos y el bote de píldoras apareció en su mano. Comenzó a jugar con él entre sus dedos mientras sonreía y veía como a Wilcox le cambiaba la cara.
- ¡Una gran idea mencionar la poción! – Emy se levantó y rodeó al preso mientras pasaba suavemente su mano por el dorso de él – Me pregunto cómo es que quieres ser el segundo de ese ¿cómo dices que se llama? ¿Señor Oscuro? Si tú eres el segundo y tu inteligencia está bastante menguada... La de tu Señor no debe ser mucho mayor, así que no creo que realmente sea una gran amenaza
- Él es tan listo que consiguió engañar a todos sus enemigos enfrentándoles contra los de su propia calaña
- ¡Oh! ¡Asombroso! Entonces la estupidez solamente es un rasgo que te caracteriza a ti
- Si soy tan estúpido como dices ¿Cómo es que he conseguido leer el libro en tan sólo un día?
- ¿Y sabes cuánto vas a tardar en olvidarte de lo leído? Sólo una pastilla. Tú mismo lo has dicho... una poción efectiva – Emy se colocó cerca de Wilcox, sonriendo con malicia y disfrutando de la cara de susto que éste ponía - ¿Ves como no eres muy listo? Y ahora explícame qué has interpretado del libro, si no quieres tener que volver a descifrarlo
- Habla sobre la magia temporal y la espacial
- Eso ya lo supongo
- De... de los giratiempos, los túneles para viajar al futuro y de un poder para llegar al pasado
- Interesante ¿Y qué dice de ellos?
- Los giratiempos están controlados y sólo hay unos pocos, los túneles para viajar al futuro se encuentran en ciertos bosques que no nombra y el poder para estar en el pasado sólo lo poseen los Fundadores de Hogwarts, por lo menos hasta el momento, ya que es perteneciente a una magia muy antigua
- Bien, ahora me vas a explicar lo que has leído del espacio
- Sólo habla de los trasladores, de las apariciones y desapariciones
- Has resumido un libro de unas quinientas páginas en dos frases, lo tuyo son los esquemas
- Da vueltas sobre lo mismo
- ¡Ah! ¿Y entonces cuál es el gran misterio que quiere encontrar tu Señor en el libro?
- No lo sé
- Respuesta incorrecta – Emy recogió los libros y se apoyó en una pared. De repente, el suelo comenzó a resquebrajarse. Wilcox intentó levantarse de la silla e ir hacia las paredes pero le era imposible, estaba paralizado allí. Trozos pequeños fueron cayendo y al hacerlo se pudo ver hacia donde caían, un abismo gigantesco, que terminaba en un río de lava, se divisaba ante ellos. La silla en la que Emy estaba sentada momentos antes cayó en silencio, luego le tocó el turno a la mesa, dejando a la silla donde estaba sentado Wilcox para el siguiente turno
- ¡Te lo diré, te lo diré!
- Eso está mucho mejor – Emy dio un paso hacia delante y el suelo se materializó – Decías...
- Mi Señor quiere encontrar los túneles que van hacia el futuro y saber en qué consiste el poder para llegar al pasado
- O sea, quiere viajar en el tiempo y supongo que también en el espacio ¿Has encontrado cómo burlar cualquier protección para llegar a un sitio?
- Sí pero... no da la solución, sólo habla sobre ello
- ¿Y qué dice?
- Que no existe ni el mago, ni el lugar y que aún no ha llegado el tiempo
- Vaya, vaya, vaya ¡Qué interesante! – Emy se situó frente a Wilcox y se sentó en lo que parecía el aire pero nada más hacerlo, la silla reapareció, luego posó los libros y la mesa estuvo de nuevo visible – No entiendo nada, esto es impronunciable
Cerró los dos libros y puso una mano en cada cubierta, fijó sus ojos en ellos y una luz salió de sus manos. Abrió de nuevo el ejemplar por la última página y sonrió.
- ¿Puedes leerme el párrafo final?
Wilcox miró anonadado las hojas amarillas que tanto le había costado traducir. Ahora se leía perfectamente, ya no estaba escrito en el celta antiguo, buscó con la mirada lo que ella le había pedido y lo leyó en alto.
- No eres digno de conocer secreto alguno que guarde bajo mis palabras, así que después de leerme te quedarás sin descubrir dónde están los misterios del tiempo y el espacio
- Con lo que no es que haya un mago que no pueda conocerlos, es que el libro no te los quiere contar a ti ¡Jajaja! Ni siquiera unas cuantas hojas te creen merecedor de tener inteligencia
- Ya te he contestado, deja que me vaya – No soportaba más sus insultos
- Prometiste no molestar ni a mi gente ni a mí ¿Cumplirás lo prometido?
- Sólo si tú cumples con tu promesa
- Por supuesto que lo haré, aunque no ahora, no sé dónde está tu señor y he de dejarte con él
- No... no puedes... no le encontrarás nunca
- No me subestimes, que no tenga memoria no significa que carezca de recursos – Emy le guiñó un ojo y sonrió – Volveré, aún no se te ha acabado la vela... ¡Ah! Un poco de agua y un trocito de pan es más de lo que te mereces, no lo malgaste, sólo te daré esto y aún no sé cuando voy a soltarte
Emy apuntó su dedo índice a los ojos de Wilcox y éste, de inmediato, dejó de ver, luego hizo lo mismo en la oreja y dejó de oír. La ira se apoderó de él intentando atacarla pero no pudo ni moverse de la silla. Ella salió de la habitación dejando un vaso medio vacío de lo que parecía agua y un pequeño pedazo de pan duro, ambos tratados adecuadamente para sus propósitos. Wilcox no paró en dos horas de gritarle que la mataría sin piedad.
Si algo pudieron comprobar los que estuvieron viendo el interrogatorio, es que no deseaban tener a Emy como enemiga. Harry se preguntaba cómo era posible que la mujer sensible con la que había estado esa mañana, careciese de misericordia alguna ahora. No es que Harry la juzgara, quizás él fuese aún más duro, es que se dio cuenta de que ambos eran el resultado de las cuatro caras de Los Fundadores y una de ellas, no era muy agradable.
