13. Comienza el juego

No pararon de hablar en todo el día sobre lo que habían estado haciendo en la ausencia de Emy, sobre la batalla de La Madriguera, sobre la muerte de Percy y de Merlín, de cómo había quedado ahora el mundo mágico, de la casa de la familia Evans, de todo. Y mientras, estuvieron comiendo plácidamente en la casa, después fueron a la playa, luego descansaron tranquilos en el salón hasta que llegó la hora de arreglarse para ir al pueblo, cenarían en el restaurante para luego tomarse unas copas con los chicos de la banda, con Samu, con Ángel y con Lola.

Sirius observaba complacido como los cuatro muchachos parecían volver a sus verdaderas personalidades, estaban extrovertidos, dinámicos, alegres, cariñosos y bromistas, no eran ni la sombra de aquellos chicos apáticos que deambulaban por la casa en el mes de julio, y todo por el regreso de Emy. Ya no les importaba tratar de la muerte de Percy, habían soltado todos sus sentimientos de rabia, tristeza y culpa como quien desata un lazo y lo más asombroso es que habían aceptado el consuelo de Emy y de Sirius sin esa mirada de reserva que indicaba "claro ¡qué vas a decir tú!". No, simplemente descargaron sus emociones para encontrar el alivio de quienes sabían que les querían de verdad.

Emy escribió una carta a Dumbledore informando de su "entrevista" con Wilcox y le dio instrucciones para la versión oficial de su vuelta al mundo mágico. El plan ya se mostraba claro en su mente, sabía el lugar y las condiciones en que dejaría a su rehén frente a Voldemort, sólo necesitaba la contestación del director de que siguiera con el proyecto. Entre los seis perfilaron los detalles de la misión, los chicos se maravillaron del deslumbrante engaño que Emy había trazado, si durante un tiempo la prensa había sido el reflejo de las mentiras del lado oscuro ¿por qué ellos no iban a utilizarlo de la misma manera?

La noche fue memorable, todos celebraron la recuperación de Emy, aunque ahora volvía a ser un poco reticente a subirse al escenario para cantar pero como ya había dado un par de conciertos, no puso excesivas pegas en volver a hacerlo el siguiente sábado. A pesar de que llegaron bastante tarde a casa, cansados y soñolientos, Emy y Sirius no desaprovecharon la oportunidad de la intimidad de la noche en su habitación, para volver a amarse hasta quedarse dormidos, desnudos el uno junto al otro.

Nadie tuvo que decirles que se vistieran con ropa deportiva a la mañana siguiente, los cuatro bajaron a desayunar preparados para correr unos cuantos kilómetros y nadar otros tantos. Cuando la feliz pareja bajó, también vestidos para la ocasión, se encontraron con el desayuno hecho y los muchachos preparados. Incluso a Emy le costó acabar con las tres vueltas a la playa y eso que iban a un ritmo suave. Descansaron un rato y se metieron en el agua, fría como siempre pero estimulante, y comenzaron las dos vueltas a nado. Al terminar, ni Emy era capaz de subir por el sendero hasta la casa, así que se quedaron tumbados en las toallas un buen rato mientras el sol les calentaba y tostaba la piel.

A la hora de la comida llegó la contestación de Dumbledore, dando luz verde al plan, así que esa misma tarde se ocuparían de deshacerse de su prisionero para entregarle a un destino no mucho mejor. El plan consistía en llevar a Wilcox hasta Voldemort cometiendo errores calculados y haciendo de esos fallos la trama principal de una obra trazada al milímetro por Emy.

El primer paso era saber exactamente en dónde se encontraba el Señor Tenebroso esa tarde. Emy sacó un mapa del Reino Unido e Irlanda y lo desplegó en la mesa de la cocina. Bajo la atenta mirada de los presentes, hizo aparecer un colgante de cristal en forma de lágrima y lo colocó a modo de péndulo sobre el plano. Sin que Emy moviese su mano, éste comenzó a dar vueltas trazando circunferencias muy amplías, luego poco a poco fueron cerrándose más y más hasta que el cristal clavó su punta en Londres. Emy sonrió complacida, luego pasó su mano por encima del mapa y este fue cambiando para mostrar un callejero de la capital. De nuevo el colgante dibujó circunferencias que se fueron definiendo hasta marcar el punto exacto. Emy lo recogió en su puño y cuando volvió a abrir su mano, éste ya no estaba.

- Tenía razón Sunny en decir que volverías con más fuerza – Exclamó Harry

- No puedo creer que esté en Londres – Dijo preocupado Ron – Está muy cerca de la casa y del callejón

- No te preocupes – Emy tenía un semblante de triunfo – Cuando esto marca que está en Londres, es porque es allí donde quiere hacer creer a los demás que está pero no es así. He sentido perfectamente en dónde se esconde

- Pues sí que es rebuscado – Dictaminó Ginny

- Por desgracia es muy listo

- Ahora viene mi turno – Dijo Sirius – Ten mucho cuidado

- Lo tendré – Emy le sonrió, luego se colocaron uno frente al otro con los brazos extendidos y las palmas de las manos abiertas y enfrentadas tocándose – Transfigurare

Una luz envolvió a ambos comenzando desde los pies hasta la cabeza. Cuando se dispersó vieron que en el lugar en donde estaba Emy, ahora lo ocupaba un Sirius sonriente y viceversa pero, en cuanto hablaron, quedó claro quien era quien. Se trataba de un mero cambio de imagen que les hizo mucha gracia a ambos mientras los demás les miraban atónitos.

- En cuanto tu imagen vuelva a ser la misma de siempre, comenzará la segunda parte del plan

- Emy...

- Lo sé

Emy se encargó de que Wilcox no viese nada antes de entrar a buscarlo, lo supo al oírle maldecir una y otra vez sobre ella. Entró en la habitación y con voz melodiosa le susurró "nos vamos", le cogió del brazo y desaparecieron.

Estaba aturdido pero notó tierra firme bajo su cuerpo. Nada más hacerlo un pitido agudo, continuo y doloroso le hizo doblarse sobre sí mismo. No podía oír nada más que ese taladrante silbido que le anulaba el pensamiento. Maldijo a Emy de nuevo y entonces se dio cuenta de que nadie le estaba apresando. No le importó ni ver ni oír, sin pensarlo un momento más se levantó de golpe y arrancó a correr. Pero no pudo dar ni dos zancadas, una cuerda atada a su cintura se quedó tensada y con la fuerza de su estéril huida se cayó de bruces al suelo, dándose un buen leñazo en la cara. Tiraron de él hasta conseguir levantarle y luego le arrastraban justo a la vez que comenzaba a escuchar un murmullo lejano. A medida que avanzaba, iba recuperando la visión, aunque en principio sólo de forma borrosa; y el oído ahora también percibía un claro tono de mofa y unas risas que no interpretó en un principio que fueran de Emy. Eso le estaba dejando muy nervioso. Si no estaba con ella ¿Con quién estaba? Supo con certeza que no era ella cuando dejaron de arrastrarle y una mano grande y fuerte le agarró de la nuca y le empujaba guiándolo por lo que supuso era un sendero. Comenzaba a enfocar y entendía que estaban en un camino de un bosque. Podía oír ya el sonido de ambas pisadas, quien le estuviese llevando se había callado y permanecía detrás de él. La idea de un nuevo intento de escapar comenzó a hacerse mucho más factible al ver que era cierto que Emy le estaba llevando con su Señor, acababa de reconocer las afueras del refugio de Quien-no-debe-ser-nombrado. Se frenó en seco y se negó a dar un paso más.

- ¿Quién eres? – Preguntó sin miramientos y al ver que no contestaba intentó voltearse sin que le dejaran, así que seguía sin poder verle - ¿QUIÉN ERES?

- ¡Shuu!

- ¡MALDITA SEAS, EMY! TE JURO QUE VOY A MATARTE – Gritó Wilcox sabiendo que así atraería a los mortífagos que espiaban en los terrenos

- ¿Crees que dejaría que Emy te trajese aquí? – La voz de Sirius Black sonó llena de sarcasmo – Si no hablas más bajo atraerás a las fieras… Jejeje

- ¡TÚ! – Mark Wilcox, en un arranque de furia, se soltó de su opresor y se encaró con él. Al verle, la sangre le comenzó a hervir y quiso fulminarlo en ese mismo instante - ¿PERO CÓMO…?

- Eso nunca lo sabrás… - Dijo desapareciendo mientras le mostraba la cuerda desatada y sonreía

Wilcox soltó un grito de rabia, se había escapado aquel a quien desearía estrangular con sus propias manos, verle morir agonizante sin poder defenderse, sin que nadie pudiese hacer nada ¡Qué placer sería hacerlo delante de Emy! Romper esa relación con la muerte, separarlos dejándoles destrozados a cada uno. Sí, esa sensación nacida en la boca del estómago, que estrangulaba cada entraña de su ser, se vería saciada con ello. Él haría a Emy suya, la más poderosa de todos los seres mágicos que habitan ese mundo sería de él, convirtiéndole en un rey, todos por debajo de él, todos incluso aquel al que no se podía nombrar, así ya no tendría que soportar sus mandatos ni sus absurdos castigos, quien los proporcionaría sería él y con sumo placer.

Los mortífagos llegaron hasta su posición, le hablaban pero él no les atendía, estaba sumido en sus propios deseos de venganza, ni siquiera cuando se vio arrastrado de nuevo, esta vez hacia la mansión pensaba en lo que minutos después iba a ocurrir. Nada más traspasar el umbral de la puerta principal se vio frente a él. Un sentimiento de repugnancia ante la visión de aquel ser, al que nadie definiría como humano, llenó su cabeza. No pensó que estaba cometiendo un grave error al no bajar la mirada, al seguir enganchado ante aquellos ojos rojos de serpiente, que traspasaban su alma corrompida. Ni se inmutó al verle aproximarse tanto a él, que un putrefacto olor le hizo expresar su repulsión. Notaba como los orificios nasales, ya que carecía de nariz, expulsaban el aire contaminando, el que él respiraba.

Voldemort subió sus manos hasta posarlas en los hombros del recién llegado, una seudosonrisa pasó a formar parte en su expresión. Los demás seguidores miraban expectantes aquella escena, ellos pensaban que él no tendría piedad con alguien que había conducido a uno de los miembros más importantes del bando contrario hasta el principal cuartel y que encima no mostraba pleitesía alguna.

- Mi señor – Un hombre alto y delgado pero fuerte, se aproximó hasta su amo. Sus ojos grises y su particular forma de hablar, arrastrando un poco las palabras, descubría a la perfección de quien se trababa, a pesar de que no se le viese la cara – Ha aparecido junto al animago Black, él le ha conducido hasta aquí, yo creo...

- No necesito saber lo que crees, así que cállate la boca y deja de molestarme – La voz de Voldemort se notaba contenida pero sin dejar de mostrar su habitual frialdad – Nuestro apreciado adepto pródigo ha vuelto, así que he de recibirle como se merece, bajadle e instaladle cómodamente en la habitación de invitados. Has tenido suerte, Wilcox, hace tan solo un momento que estaba ocupada

- Lo que usted ordene, Maestro – Lucius Malfoy sonrió, sabía muy bien a que sala se refería su señor

Wilcox fue escoltado por cinco mortífagos escaleras abajo. La oscuridad cada vez era mayor y sólo se interrumpía por la escasa luz que emitían unas pocas antorchas intermitentes. Un pasillo largo y estrecho se mostró al torcer a la derecha, a cada lado se veían estancias cerradas con puertas de madera, en donde una pequeña ventana de barrotes mostraba una, nada hospitalaria, habitación. Él ya había estado allí, conocía muy bien esa zona de la casa, es donde había aplacado su rabia con más de un rehén cuando sus planes no habían salido bien y tuvo que salir de Hogwarts antes de tiempo. Ahora sería él el saco de maltratos pero podría resistirlo si su mente se centraba en dos únicos pensamientos, la venganza hacia Emy y Sirius y la búsqueda del poder del tiempo y el espacio. Los grilletes aprisionaron sus tobillos y sus muñecas, mantuvo la sonrisa en todo momento, incluso cuando Malfoy descargó puñetazos y patadas en él, no le dolían, nada podía compararse al bienestar que le proporcionaba saberse conocedor de parte del misterio. Cuando el Señor Tenebroso supiese la información que él tenía entre manos, devolvería con creces aquellos golpes.

Voldemort entró en la mazmorra y con un simple movimiento de mano ordenó que los demás salieran. Se quedaron solos, mirándose el uno al otro, ningún sonido, sólo las respiraciones de ambos. Wilcox mantenía un aire triunfante mientras que Voldemort estaba inexpresivo. Los grilletes se abrieron y el prisionero pudo pasearse por la estancia, se quitó la sangre que le caía por la boca con la mano, su sabor amargo no le agradaba, luego se apoyó tan tranquilo en una de las paredes y esperó a que el otro comenzara a hablar.

- No te vi en la batalla – La puerta se cerró de golpe

- No me venía bien ese día, no pude acudir

- ¡Ah! – Los ojos rojos querían taladrar la mente del recién llegado – No es bueno que muestres esta actitud conmigo delante del resto, no quiero que piensen que puedo llegar a ser benevolente

- Ahora me encuentro en una situación un tanto especial, que no me da pie a inclinarme o mostrar pleitesía

- ¿Y cuál es esa situación? – Voldemort torció los labios intentando formar una sonrisa, lo cual era imposible - ¿Acaso tienes en tu poder la piedra filosofal?

- No pero sí he tenido "Magia temporal y espacial" en mis manos, de hecho lo he leído – Al ver que los ojos rojos aún se hacían mayores, una enorme satisfacción se apoderó de él – Veo que te interesa mi conversación

- Es verdaderamente fascinante, me pregunto cómo llegaste a encontrar semejante joya ¡Es más! ni siquiera sabía que te interesara ese asunto

- No me hubiese interesado en él sino te interesara a ti, por lo demás fue cuestión de suerte encontrarlo, sólo había que buscar a Emy

- ¿Emy? No dejas de sorprenderme, Wilcox ¿Es que ha sido ella quien te puso el libro en las manos?

- Exactamente, así fue

- Ya – Voldemort se acercó lentamente hacia él – No soy yo quien se ocupa normalmente de sacar información a mis invitados pero en este caso haré una agradable excepción

Un grito sonó en cada rincón de la casa, iba más allá de demostrar dolor, era como si le estuvieran sacando las entrañas a alguien totalmente consciente, como si un hierro incandescente recorriese cada centímetro de piel de quien gritaba. Volvió a repetirse en varias ocasiones, quien lo oía tenía que taparse los oídos para no volverse loco, parecía que una banshee aterrada estuviese encerrada en esa mazmorra. El tiempo pasaba sin que ningún mortífago supiese nada de lo que sucedía allí dentro pero al fin su maestro salió satisfecho. Caminaba aún más erguido de satisfacción, sus ojos brillaban tanto que no hubiesen hecho falta las antorchas. Ordenó a Malfoy que vigilara al preso y que cuando despertara se lo llevaran al salón. Subió las escaleras con paso firme, pasó por la entrada sin mirar a quien vigilaba la puerta, siguió subiendo hacia el piso superior pero en ese momento oyó una explosión seguida por gritos. Se detuvo en seco, si alguien se atrevía a perturbar su buen humor, lo pagaría muy caro.

- Señor, Señor, el prisionero ha escapado – Goyle temblaba sin cesar y respiraba entrecortado mientras permanecía con la cabeza gacha y mirando de reojo la espalda de su maestro

- ¡NOOOOO! ¡INEPTOS! – Voldemort se giró rápido, con su varita en la mano y sin piedad alguna pronunció las palabras que más daño pudieran causar a aquel que le cambió sus expectativas – Anima Extenuare

Un silencio sepulcral invadió la casa, cada uno de los que estaban allí hubiese deseado que el mortífago cayese muerto pero no, lo que le había hecho era mucho peor, se consumiría poco a poco hasta llegar a una muerte deprimente e irreversible.

- ¡MALFOY!

- Sí, mi Señor – Aquel hombre, que sin máscara se veía tan arrogante, ahora estaba inclinado de rodillas con la cabeza sumamente inclinada y la mirada fija en el suelo

- ¿CÓMO HA PODIDO ESCAPAR?

- Cogió la varita de Goyle en un descuido y... desapareció... Señor

- ¡ES IMPOSIBLE! NADIE PUEDE... – Voldemort calló, aquel canalla no había dicho todo lo que sabía, sino no hubiese podido escapar de allí – Quiero que se divulgue la siguiente orden: MATAR A WILCOX, nada de duelos, por la espalda sin que se dé cuenta de presencia ninguna, MATARLO CUANTO ANTES O COMENZARÉIS A MORIR UNO CADA DÍA, HASTA QUE CUMPLÁIS CON VUESTRO COMETIDO

A pesar de estar en agosto, la chimenea de la casa estaba encendida. Era de grandes dimensiones y estaba situada al fondo del salón. Las paredes oscuras parecían absorber el resplandor del fuego, con lo que la estancia estaba en penumbra siendo aún media tarde. Ni siquiera la luz del sol entraba por las ventanas, ya que tablones de madera vieja las cegaban. Un sillón de respaldo alto, con enormes orejeras en la parte superior, se situaba frente a la chimenea y a la izquierda, una enorme serpiente descansaba enroscada encima de la polvorienta alfombra, en realidad, más que descansar estaba sumida en la inconsciencia después de que un hechizo, muy potente, la impidiera atacar al intruso.

Sentada allí, mirando el fuego, se preguntaba quién se encargaba de suministrar la ironía al mundo, especialmente a su vida. Era el butacón de su tío el que usurpaba en ese momento. Él era hermano de su madre, a la que había torturado y arrancado de los brazos de su marido mucho antes de la vejez, motivo por el cual ella también había muerto. Luego no tuvo piedad en asesinar a su propia sobrina y a su marido para llegar hasta su meta final, la muerte de un inocente niño con el que no pudo y aún no había podido. Todo por ser el más poderoso, el más fuerte, el más listo y el mejor mago de todos los tiempos. Pero allí estaba el destino, haciendo que ella se sentara en la butaca del Señor Tenebroso, su tío, sin tener el más mínimo atisbo de miedo, respeto o cariño por consanguinidad y convirtiéndola a ella en todo lo que había deseado él, el ser más poderoso dentro de la magia. Sin embargo, allí sentada y después de lo que había visto, se sentía una rata rastrera y sucia.

Oyó pasos que se acercaban por el pasillo y voces que suplicaban perdón. "DEJAZME SOLO" después de esa frase, solamente se oyó el leve susurro de unos pies que apenas rozaban el suelo. Entró y dio un portazo, se fijó en su mascota, allí tirada sin hacer nada y sin mostrar el más mínimo saludo o respeto.

- Malditos inútiles, manada de menguados sin cerebro, si pudiera matarlos a todos... – Fue hasta su mascota y le dio una patada para que despertara pero ni se inmutó

- Me ahorrarías trabajo – La voz de la mujer sonó divertidamente irónica

- ¿Emy? – Voldemort miró hacia su butaca y allí estaba ella, sentada informalmente, con las piernas colgando por uno de los brazos

- Sí, Tom, he vuelto, en carne y hueso – Emy rió al volver a repetir lo mismo – Y ha sido gracias a tu vasallo Wilcox

- ¡Qué sorpresa tan inesperada! – Ese día estaba teniendo más de lo que podía aguantar

- Mentiroso, él te ha dicho que yo estaba de vuelta

- Pero no me dijo que te encontraría aquí

- Eso no se lo dije yo a él – Emy se levantó y se limpió con ímpetu la ropa – Tienes la casa muy sucia ¿No funciona bien el servicio?

- Ese humor lo debes haber heredado de los Potter

- Sí, eso creo – Emy soltó una carcajada verdadera. Aquel sonido no correspondía con la mansión, nada tan bonito surcó el aire corrompido que surcaba en aquellas habitaciones – Gracias que no saqué tu carácter, mira como te luce el pelo a ti ¡Ah, no, no tienes pelo! – Emy volvió a reírse, no sabía por qué pero se sentía tan feliz de estar allí mirándole a la cara y que el otro no pudiese hacer nada más que aguantarse, que le salían solas las bromas

- ¿Has venido para algo más que para reírte?

- ¡Oh, sí! Quería darte las gracias, sé que no mandaste a Wilcox a por el libro con la intención de liberarme a mí pero al final es lo mismo – Emy siguió sonriendo, los ojos rojos comenzaban a echar chispas – Como comprenderás no iba a dejar que te trajera el libro, tú no le darías una buena utilidad... tío Tom

- ¿Recuerdas nuestra última conversación? Pagarás con una vida tu sentido del humor

- Eso ya no funciona – Emy se aproximó a él despacio, ahora con la mirada desafiante – Nunca he tenido culpa alguna de ninguno de tus actos

- ¿Me estás convenciendo a mí o a ti?

- No se te da bien la psicología... – Emy terminó de colocarse frente a Voldemort – He protegido muy bien la cueva, como también he hecho con Hogwarts, así que te recomiendo que no busques ni el libro ni a mis alumnos, porque tendrás que volver a empezar de cero, ni uno solo de tus inútiles vasallos quedará con vida, te destruiré esta mierda de reinado de juguete tuyo y te dejaré solo y con tu prestigio por el puñetero suelo

- Aún eres muy joven, por lo que se ve tienes mi arranque para permanecer en este mundo, no hagas que sea yo quien te deje sola a ti, no admito condiciones, ni amenazas tuyas

- ¿Amenazarte? ¿Yo? En absoluto, es un simple trato, yo no nombro tú escondite, ni me entrometo en tus planes de momento, si tú dejas en paz el libro y a mis chicos

- ¿Supongo que dentro de tus chicos esté nuestro querido Harry?

- Supones bien ¿Acaso eres tan tonto de permitir que una cuestión de orgullo interfiera en tus planes de conquistar el mundo?

- Harry debe morir

- Y morirá... como todos hemos de hacer algún día, incluso tú pero no te preocupes, serás el muerto más poderoso del cementerio ¿Eso te consuela?

- Para salir de un libro, has vuelto muy crecida

- Tanto que he tenido la paciencia suficiente para no regresar con mi gente hasta no haber hablado contigo y eso que llevo desde el uno de julio por aquí

- ¡Tanto tiempo sin ver a tu adorado perrito! ¡No, no, no! Pensé que eras de las que dedicaba su tiempo al ocio antes que al trabajo

- Ya ves que no, mi pobre perrito no me ha visto aún pero sí que ha hecho un buen trabajo trayendo mi regalo ¿no crees? – Emy se dio la vuelta y le dio la espalda. Sonrió al saber que Voldemort deseaba matarla más que en toda su vida – Creo que ya te he dedicado demasiado tiempo, vas a tener razón, quiero divertirme unos días antes de volver a mi casa. Ni siquiera te voy a pedir que contestes a mi ofrecimiento, ya he dejado claro lo que pasará si incumples mis condiciones, así que... hasta otra

- Encontraré la manera de acabar contigo y con todos los tuyos

- Hazlo antes de que yo termine contigo... porque yo sí sé la manera - Emy desapareció dejando, intencionadamente, un intenso olor a flores, en especial a lavanda