15. Un paseo por el recuerdo

- ¡Emy! Hola, preciosa – James alargó el brazo y la cogió de la cintura, sentándola encima de su rodilla. Ella pasó un brazo por detrás de la cabeza del muchacho, lo abrazó y le dio un cariñoso beso en la mejilla, el cual él correspondió - ¿Qué tal habéis dormido?

- Bien, aunque sólo cuatro horas – Hubiese dejado caer su cabeza encima de la de él para acomodarse un poco, le gustaba estar abrazada a su cuñado, al que quería como un hermano, pero no era momento ni lugar, se sentía cohibida por los otros dos chicos, así que solamente se limitó a sonreír – Estás muy guapo, Jimmy, muy atractivo y elegante

- Gracias, tú también

- ¡Pero si estoy en camisón! – Nada más decir esto, ella pareció tomar conciencia y aún se sonrojó más – No sabía que habías llegado ya

- Estos me engañaron haciéndome creer que llegaba media hora tarde – James echó una mirada de reproche a Remus, que observaba con la boca ligeramente abierta a la muchacha, luego miró a Peter que era aún menos disimulado – Chicos, ella es Emily, la hermana pequeña de Lily... y mía ¡Y dejad de mirarla así!

- Hola – Dijo ella tímidamente

- Hola – Contestó Peter – Te pareces mucho a tu hermana, aunque permíteme que te diga que aún eres más guapa ¡Oh, sí! muy guapa

- Gracias – Los colores iban aumentando, no le gustaba como le miraba aquel chico. Apartó sus ojos de él y los depositó en Remus. Él le inspiraba una cierta confianza y a la vez temor, claro que sabía mucho de ellos por James y Lily pero ahora que les conocía en persona, se asentaban sus creencias

- Así que eres tú. He oído hablar mucho de ti y ahora me arrepiento de no haberte conocido en la estación de King Cross, junto con James y Sirius ¿También habría tenido beso?

- ¡Jejeje! – Emy sonrió ampliamente, sus mejillas se expandieron rojas y brillantes, se corvó un poco para retener la carcajada y se limitó a contestar con un hilo de voz – Claro

- ¡Eh! Si se le das ahora, sólo te dejo que sea un inocente beso, a modo de saludo, en la mejilla, ni pienses que voy a permitir que le des un beso como aquel – Dijo James en tono de reproche y totalmente en serio

- Yo soy Remus – Se levantó para recibir a la joven y darla un par de besos

- Lo supuse – Contestó la joven respondiéndole al gesto para luego mirarle fijamente

- ¿No me tendrás miedo? – Preguntó él al ver cómo le observaba

- No creo que haya por que tenértelo, simplemente me fijaba en que eres tal y como te había descrito Lily

- Tu hermana habla mucho de nosotros ¿eh?

- No tanto como yo quisiera – Emy se echó las manos a la cabeza - ¡Mi hermana! Tengo que llevarla un bote de crema de cacao, es para calmar los nervios

- ¿Está nerviosa? – Cuestionó James – Dile que no se preocupe, que esperaré aquí y que no dejaré que nada se interponga

- Bueno... quizás es que se está pensando mejor eso de casarse contigo – Exclamó Emy intentando no soltar una carcajada pero al ver la cara de su cuñado, no puedo remediar dejar escapar la risa - ¡Es broma! No creo que haya dos personas que estén más destinadas a estar la una con la otra

- Pequeño diablo – James también rió. La siguió con la vista mientras buscaba el bote hasta dar con él, luego abrió los brazos para que volviera junto a él y ella así lo hizo – Por tu humor detecto que hoy no has tenido pesadillas

- No, sólo he soñado con cosas bonitas – Ella hundió su cara hasta dejar su boca cerca del oído de James – Hoy todo saldrá bien

- Me quedo más tranquilo

- Tengo que irme, luego nos vemos – Sonrió a los dos muchachos y se fue hacia la puerta

- Espero que me reserve un baile, señorita

- Eso delo por hecho, caballero – Le contestó cordialmente a Remus

Se quedaron viendo como se marchaba. Harry susurró a su tía que Remus le había echado los tejos, a lo cual ella contestó que nada más lejos de la realidad. Sirius llegó cinco minutos después y no le gustó nada enterarse que había estado Emy justo cuando él no estaba. Tampoco le hizo mucha gracia los comentarios que hizo Peter con respecto a ella y casi se pone más borde que James al defenderla. Remus simplemente observó con atención aquella reacción.

Los invitados fueron llegando y se les atendió como debía. Una vez que ya eran bastantes, cada joven fue cumpliendo su papel en diferentes grupos de conversación repartidos por el jardín. Un anciano mago llegó y se puso a hablar con James. Emy le explicó a Harry que sería quien oficiase la boda. Luego apareció Dumbledore, aunque ya era mayor, se notaba que tenía más vitalidad que cuando Harry le conoció. Sirius y James estuvieron hablando con él y, por supuesto, Harry y Emy seguían la conversación sin perderse un solo detalle. Al parecer no se iba a quedar a la ceremonia, se encargaría de que nada sucediese, sólo iba a felicitar a los novios y una vez le dio la enhorabuena a James, entró en la casa para saludar a Lily.

Emy se quedó helada por lo que hablaron Sirius y James. El novio le recriminaba al padrino que estaba como ausente después de volver del servicio y que sabía qué era lo que estaba pensando.

- Te oí ayer en sueños, lo repetías claramente "volveré a verla" y si a eso le juntamos que te has pasado toda esta semana intentando venir a casa, es blanco y en botella: ¡leche! Ya eres bastante mayor como para seguir atendiendo a los cuentos de Lily, no te acerques demasiado a ella ¿Me oyes? Deja que Remus sea quien se ocupe de darle un poco de diversión, al parecer se han caído bien, además, te recuerdo que se supone que vienes acompañado por tu novia, Abigail, quien te adora y a quien deberías hacer un poco más de caso

- James, debería ser yo quien te estuviese dando un sermón acerca del matrimonio y tus futuras responsabilidades, no al revés, casi no sé ni a qué te refieres

- Sabes perfectamente a qué me refiero

- Bueno, chicos, me voy ya – Se despidió Dumbledore una vez de vuelta

- Profesor ¿Seguro que no puede quedarse?

- No, además no sé si te dejaría casarte con semejante preciosidad ¡Si tuviera setenta y cinco años menos!

Harry soltó una carcajada y Emy esbozó una sonrisa a pesar del estupor de la conversación. Luego el anciano le preguntó a James por la hermana pequeña y éste le dijo que tenía que estar con la novia pero al parecer no era así. Ella le dijo al oído a Harry que se estaba vistiendo cuando él llegó y no pudo conocerle en aquel momento. Ante el aviso de que la novia estaba lista y de que ya había llegado la hora, James y Sirius fueron indicando a los invitados que tomaran asientos en las sillas del jardín, que en breves comenzaría la ceremonia. Luego entraron de nuevo en la casa, en donde, después de decir a otros pocos invitados que fuesen hacia el altar, se quedaron solos, mirando las escaleras y en silencio, hasta que James respiró profundamente y le ordenó a Sirius ir a buscar a la novia y mandar a la madrina que bajara.

- Tu padre estaba muy nervioso y emocionado el día de su boda, como puedes ver

- Sí, no me lo imaginaba así

- Lo que es la vida, la mayoría de los hijos no son testigos de las bodas de sus padres pero sí lo son del resto de su vida, sin embargo a ti te toca sufrirlo al revés

- Al menos puedo estar ahora aquí para ver esto

- Sí... ¡Ah! – Emy miró hacia las escaleras, veía como Sirius subía despacio, alisándose la capa y colocando bien la flor de la solapa. Mientras, la joven madrina bajaba las escaleras, con una mano acariciando el balaustre y la otra atusando el vestido. Aún faltando varios escalones para encontrarse, se presintieron y elevaron la vista hasta quedar enganchados – Pensé que esto había sido sólo un sueño

Harry veía atento a lo que se refería su tía. Sirius y Emy se miraban de la misma manera que lo hicieron al verse, días antes, ante la puerta del restaurante. Durante al menos un minuto, sus ojos quedaron enganchados, brillando de una forma espectacular y sonriendo por la felicidad que les aportaba tenerse el uno frente al otro. Las mejillas de la muchacha se sonrojaron, al igual que las del joven, parecía que de un momento se lanzarían en brazos del otro pero permanecieron así hasta que James llamó la atención de la madrina y ésta bajó hasta él pasando tan cerca de Sirius, que una sensación de descarga se almacenó en el estómago de ambos.

La joven Emy se veía reluciente en su traje de madrina, llevaba un vestido en un color rosa pálido que le hacía verse como una pequeña princesa. No dudó en refugiarse en los brazos de James que la acariciaba la espalda para reconfortarla, luego se quedaron mirándose fijamente el uno al otro y se sonrieron.

- Ha llegado el momento ¿Lista?

- Sí ¿Y tú?

- Más que nunca – Emy le cogió del brazo y se fueron hacia la puerta pero él se detuvo y dijo algo que no obtuvo respuesta – A pesar de que no creo que te haya visto en mi vida tan hermosa como estás hoy, no me gustaría que te separases demasiado de tu hermana y de mí. Remus y Arabella ya tienen indicaciones de estar cerca de ti... es por tu bien

Avanzaron hacia el altar bajo la mirada de los invitados, claro que la mayoría se preguntaba quién era aquel ángel que iba del brazo del novio pero pocos llegaron a saber quién era en verdad. Llegó la novia cogida del brazo de un padrino más que orgulloso, el cual no había dejado de decirle lo hermosa que estaba, y así era. Harry miraba a su madre con un cúmulo de sentimientos en su interior ¡Cómo le hubiese gustado conocerla! Se veía tan magnífica con su vestido de novia y su pelo suelto y rizado, adornado por una corona de flores silvestres. En aquel momento quería soltarse de Emy y correr a su lado, y al parecer su tía lo notó, ya que apretó más fuerte su mano. La música sonaba y alguien cantaba una canción en un idioma que Harry no conocía, sin embargo aquella voz le era particularmente familiar.

Durante la ceremonia, tía y sobrino permanecieron abrazados y con sus manos unidas. Las lágrimas caían suavemente pero sin cesar por la mejilla de la Emy intrusa, mientras que Harry sólo contemplaba con emoción la unión de sus padres. Hubo aplausos tras los votos nupciales y luego las varitas se levantaron para dejar caer, sobre ellos, miles de pétalos de flores y confeti, a la vez que algún que otro fuego artificial estallaba en el cielo del jardín. Llegaron los besos y los abrazos, primero fueron los padrinos y Harry hubiese jurado que Sirius intentó, por todos los medios, acercarse a Emy para besarla pero el tumulto de la gente les fue separando en sentidos opuestos.

Una vez que Abigail y Arabella felicitaron a los recién casados, se ocuparon de hacer aparecer las mesas de buffet con toda la comida. A su vez Remus y Peter se encargaron de hacer lo propio con las mesas y sillas para los invitados, que repartieron por todo el jardín. Le siguieron las fotos en el altar con todos los que se quisieran retratar y eso les llevó un buen rato. A eso de las dos, apareció la banda musical, quien se encargaría de amenizar la comida con música suave para luego acelerarla un poco en el baile.

Harry nunca olvidaría las caras de los protagonistas de aquel evento, sentados todos juntos en la mesa presidencial. Les miraba uno a uno, de derecha a izquierda, para memorizar aquel instante. Peter Pettigrew estaba sonriente y distendido, seguramente por el efecto del alcohol (ojalá se hubiese ahogado en un barril de ginebra), mientras charlaba con Abigail. No sabía nada de la que fue mujer de Sirius pero sí que parecía haber sido una buena amiga de sus padres y una buena novia para su padrino. Sirius no dejaba escapar la más mínima oportunidad para echar una mirada a su pareja oficial, la joven madrina, y se veía un gran interés por su parte, a pesar de que aún no había podido entablar ninguna conversación con ella.

Su madre, Lily, estaba radiante, se reía sin parar de las tonterías que su recién marido y su amigo Sirius le hacían para divertirla. Hablaba y hablaba sin dar demasiada importancia a la comida, aunque ésta no se quedaba en el plato, ya estaba su padre que no paraba de comerse todo lo que su madre dejaba. Ella era como un hada, a Harry no le hubiese extrañado que ella soplara y, de su mano vacía, salieran polvos mágicos multicolor, Lily emanaba luz y dulzura por cada poro de su piel. Sin embargo, no dudó un instante que fuese una magnífica bruja, se notaba que tenía una gran firmeza y seguridad en sí misma.

Harry no sabía que su padre tuviese ese apetito voraz, tampoco sabía que él fuese un líder nato, aunque siempre lo había intuido. Le gustaba ver como la gente le trataba, siempre con tanto respeto y cariño, riéndose de sus bromas y dándole la razón en cualquier opinión. Su padre era, sin lugar a duda, una persona de gran carisma, una pena que él no lo hubiese heredado. Se veía de lejos el porqué estaban juntos, se completaban perfectamente, seguramente, la fuerza que se veía en su madre, se la portaba su marido, y lo cariñoso y educado que él mostraba sin pudor, se lo había inculcado su mujer. Grabaría la imagen de sus padres el día de su boda en su memoria y no dejaría que jamás se le borrase.

La joven Emy se mostraba entre tímida y divertida. Lejos del nerviosismo que le acarreaba la presencia de Sirius, con Remus y Arabella se sentía mucho más dispuesta a divertirse, a seguir con la conversación mantenida e incluso a hacer alguna referencia a anécdotas que su hermana le había contado. A Remus se le veía en la gloria entre aquellas dos mujeres, lo cual le dio manga ancha para ser el muchacho divertido, audaz, caballeroso e inteligente que era. No le importaba, en absoluto, que entre ambas le mimaran con halagos o le guardasen las mejores tajadas de comida, todo lo contrario, estaba feliz por ello. Y la última en la mesa era Arabella, Harry se fijó que ese día estaba muy guapa, sólo una vez más le había visto tan hermosa, el día de su boda. A esa joven Arabella se le notaba que aún no había experimentado la crudeza que le daría luego la vida, parecía llena de vitalidad y con ganas de pasárselo muy bien, también notó que lo suyo con Remus venía, incluso, de antes de ese día, menos mal que ellos al fin habían podido casarse y vivir su historia de amor. Harry deseó que esa unión no se rompiese por ninguna desgracia.

- Deberíamos marcharnos ya, cariño

- No, aún no – Emy le había sacado de sus pensamientos. Sabía que llevaban mucho tiempo allí pero no quería irse aún, al menos no hasta ver a sus padres abrir el baile. Fue al pensar esto, cuando Harry se dio cuenta del porqué de la prisa de su tía – Hasta el baile ¿vale?

- Sólo es un absurdo baile, lo importante ya lo has visto – Emy intentó mantener la voz sin quebrarse – Además hoy tengo muchas cosas que hacer y calculo que ya deben haber pasado más de tres horas desde que nos marchamos

- ¿Sólo tres horas? Entonces podemos quedarnos un rato más, allí serán unos minutos... anda... hasta el baile

- Te aprovechas de mí de mala manera – Emy intentaba mirarle severa pero Harry sabía en el fondo que era un trozo de pan - ¿Qué clase de autoridad voy a ejercer sobre ti si nunca me haces caso?

- Yo siempre te hago caso – Dijo él con tono de niño bueno. Emy se limitó a levantar la ceja pero no dijo nada, ya que el cantante de la banda llamaba a los novios para que comenzara el baile - ¿Ves? Comienza ahora

Un vals sonaba lento y acompasado, James se levantó y retiró caballerosamente la silla a su esposa, luego le tendió la mano para ir hacia la pista y ella la tomó con sumo gusto. Se deslizaban con gran habilidad al ritmo de la música mientras todos les miraban. No habrían pasado ni dos minutos cuando Sirius se levantó, se acercó a la madrina y dijo "Creo que es nuestro turno". Ella echó una mirada a Remus, como pidiendo ayuda, pero él no supo qué hacer o decir, así que la joven se levantó y siguió a Sirius.

No iban con las manos enlazadas, sólo se acercaron, primero él, con paso decidido y una gran sonrisa en la cara, y luego ella, con la cabeza gacha y las mejillas sonrosadas en exceso. Él la agarró firme de la cintura mientras que a ella le temblaba la mano en el hombro del muchacho, luego las otras se entrelazaron. Harry vio, por fin, lo que ellos le habían contado, incluso sintió un estremecimiento. Ellos dos no se movían, sólo se miraban, de aquella manera tan intimista e intensa. Peter y Abigail se acercaron también a la pista y les dijeron algo, luego fueron Remus y Bella quienes les hicieron un comentario pero ellos permanecían allí, quietos, observándose el uno al otro, mientras un intenso olor a flores y a mar inundaba el lugar.

La canción se acabó para dar paso a otra y, antes de que James le arrebatase a Emy de los brazos, Sirius sólo pudo decir: "¿Qué nos ha pasado?" Luego ella, sin responder, se marchó a bailar con su cuñado mientras que Lily lo intentaba con Sirius pero ni siquiera terminaron la pieza, ya que llegó un invitado y le pidió permiso al padrino para bailar con la novia. Él se retiró, se fue hacia una mesa con la cabeza en otra parte, intentado encontrar una explicación lógica a todo aquello. Abigail dejó de bailar con Remus y ambos se fueron hacia donde se encontraba el padrino.

- Con lo que te gusta a ti mover el esqueleto y te paras ya – Dijo socarronamente Abigail a su novio, luego se sentó junto a él y le acarició el cabello – Sirius ¿Te sucede algo?

- ¿Eh? – Él no pudo más que mirar a Remus, quien tenía la cara contenida, como queriéndole advertir algo

- ¿Ya estáis cansados? - Preguntó James, quien traía de la mano a Emy

- Y que todavía no me hayan presentado a la madrina – Exclamó de forma cariñosa Abigail

- ¿No lo hizo Lily esta mañana? – Preguntó extrañado James

- No, no hemos coincidido

- ¡Pues ya es hora! Emy – Exclamó James, al ver que estaba abstraída devolviéndole la mirada a Sirius – Te presento a Abigail, una de las mejores amigas de tu hermana y la prometida de Sirius

- Encantada, Emy

- Lo mismo digo – A la joven madrina comenzaba a faltarle el aire y se le notaba en la cara

- Es hora de nuestro baile – Remus cogió sin preámbulos a la chica y la sacó a bailar

Harry miraba las lágrimas de su tía, que volvían a caer por su rostro. Aquella situación no debió ser en absoluto fácil. Le apretó más fuerte la mano y ella le miró.

- ¿Podemos irnos ya?

- Cuando tú quieras

Harry había guiado hasta la entrada de la casa a su tía y justo antes de desaparecer, presenciaron dos escenas que no les dejaron indiferentes, ya que desde allí podían oír perfectamente lo que se hablaba. Lily y Emy pasaron muy cerca de ellos con dirección a la casa, para ser más exactos a la habitación, ya que se veía que la joven llevaba muy mala cara, casi sin color, así que la llevaba cogida de los hombros, por sí acaso. Harry supo que ella no volvería a la fiesta, también vio cómo la seguía Sirius con la miraba y como se levantó con toda la intención de ir tras ella pero cuando estaba llegando, Remus le detuvo.

- ¿Adónde crees que vas? – Preguntó Remus con muy malas pulgas

- Voy a hablar con ella

- Déjala, ya has hecho bastante por hoy, si se entera James, la vamos a armar

- Me da igual – Sirius no se atenía a razones

- Te da igual joder la amistad que te une a él por más de quince años

- No voy a joder nada, sólo necesito hablar con ella, saber que está bien, saber qué ha sucedido, sólo eso

- Sirius, aún, gracias al cielo, no ha sucedido nada y no va a pasar

- ¡Claro que ha sucedido algo! Tú no has podido notarlo, tú no has sentido lo que he sentido yo

- ¡Es una niña! ¡Por favor! Pretendes arruinar tu vida por un capricho... Abigail no se merece esto

- No lo entiendes... yo... por un momento creí... ¡Es ella, Remus!... Es con quien debo pasar el resto de mi vida

- No, Sirius, ella se irá mañana y tú seguirás aquí, CON TU VIDA. Esto es sólo producto de los nervios, has visto en qué consiste la boda y te has asustado, sólo es eso, nada más... además ¿Crees que una niña puede fijarse en alguien como tú? ¿Crees que, con la vida que llevas, puedes darle algo de seguridad? Solo Abigail está segura a tu lado y es porque es una excelente bruja. James lo sabe, por eso no quiere que te acerques a ella, no puede, ni tiene que querer, quedarse aquí. Ella correría peligro junto a ti, de hecho lo corre al estar aquí, rodeada de todos nosotros, rodeada de gente que tiene puesto precio a su cabeza

- Remus... no es miedo... es amor

- Entonces déjala marchar, deja que se vaya para que pueda vivir una vida lejos de quien le arrebató a sus padres – Remus se había acercado a su amigo para decirle eso último e hizo bien, porque no se esperaba que, el siempre rudo Sirius, se abrazara a él de forma tan desesperada

Emy ya no pudo oír más, un nudo en el pecho le indicaba que estaba punto de gritar. Apretaba tan fuerte la mano de Harry, que estaba segura de estar haciéndole daño pero no podía parar, necesitaba correr, salir de allí. Los recuerdos, los malditos recuerdos, siempre adicta a ellos y siempre con ese final tan amargo y doloroso en su boca. Se maldecía como otras tantas veces, se maldecía por haber vuelto a saltar, se maldecía por esa continua ansia de ver, de saber qué podía haber pasado si algo hubiese sido diferente, si su familia aún siguiese viva. Fue entonces cuando vio los ojos de Harry, esos que eran exactos a los de su hermana, le vio el pelo revuelto, su cara y su nariz delgada ¿Cómo podía parecerse tanto a James? Ahora debía seguir adelante, el pasado debía quedar atrás porque volvía a tener a Harry y ya no había hueco para las lamentaciones, de hecho tenía mucho más de lo que recordaba en infinidad de tiempo y de lo que había soñado, tenía a Sirius. Al día siguiente se convertiría en su esposa, cayese quien cayese, al día siguiente se celebraría su boda con el hombre que siempre había amado y que siempre la había correspondido. Como si de un rayo de sol en medio de la noche se tratara, la pena se convirtió en una inmensa felicidad, algo tan grande que no había sentido jamás, pura felicidad, esa que va acompañada por el temor a perder de nuevo las mieles de la vida. Pero esta vez la disfrutaría, no dejaría que su autodestrucción pudiese con ella, esta vez no.

A la vez que cerró los ojos para alejarse de aquel recuerdo, una muchacha con el pelo rojo fuego los abría. Lloraba conmocionada por el cúmulo de emociones sentidas, lloraba entre triste y contenta. Se borró las lágrimas de la cara con el dorso de su mano, ella también disfrutaría de cada momento, aquel sueño le había enseñado, una vez más, que no se podía desperdiciar ni un solo instante de la vida.