Nada de lo que aparece aqui es mio (excepto la protagonista) personajes, lugares, etc. son obra de JK Rowling.
Advertencia: Capítulo súbido de tono, leer bajo vuestra responsabilidad.
El Lago
Tras la conversación con Dumbledore en el despacho, Severus se detuvo a pensar todo con calma. Todo lo que había dicho el director era cierto, ella era una chica que solo defendía a alguien cuando realmente le importaba, sino ella no se metía en el asunto. ¿Quería decir eso entonces que para Sidney el era una persona importante? Aunque no podía creérselo sabía que la respuesta era sí. ¿Ella implorando? ¿Aceptando un castigo? ¿Acusándose de algo que no ha hecho? Demasiados riesgos por alguien que ni siquiera había sido sincero con ella. Se sentía como un traidor, para él en esos momentos el termino de traidor tenía sentido con ello, y no con su tarea como espía. Le costaba tanto entender como ella podía sentir algo por alguien tan repugnante como lo era él, si Lily no le encontró nada bueno ¿que podía haberle encontrado ella? ¿Por qué Lily no lo había encontrado?
Ante el director no lo dijo para que no sospechara pero esperaba que no fuera muy duro con el castigo que le impondría, al fin y al cabo era un "castigo" ante los ojos de ella, puesto que seguirían sin revelarle su tarea de espía, pero seguía siendo un castigo inmerecido.
Se encontraba en el gran comedor, cenando, no tenia ánimos para hablar con sus amigas, tras la reprimenda en el despacho del director su energía había desaparecido. Solo le quedaba el consuelo de que lo estaba haciendo por él. Pero sin duda lo más duro vendría ahora, tras terminar el postre se dirigió hacia el lugar de castigo, la biblioteca. Dumbledore le había ordenado limpiar cada estantería y libro que allí había, sin magia. Tan solo tenía un trapo y cera para las estanterías. Cuando llego ya la estaba esperando la señora Pince, quien le requiso la varita y se marcho con ella, no sin antes amenazarla diciéndola que si un solo libro caía o sufría algún daño su varita no volvería a ella jamás.
Cansada y sin haber empezado aún tomo la escalera y comenzó con los estantes de los primeros pasillos, los libros almacenados allí arriba tenían tanto polvo que estaba segura que no habían sido revisados en años. Tomo el trapo y empezó a limpiar.
Solo la vio en el gran comedor, en la comida y en la cena, ella no hablaba con nadie y por su cara sabía que Dumbledore había sido demasiado realista en su conversación con ella. No levanto su cabeza para dirigirle la mirada ni una sola vez, a pesar de que el la había mirado todo el rato. No sabía que castigo le habría impuesto pero por su semblante parecía algo pesado. Cuando la vio levantarse tras cenar termino su propia cena y se dirigió a un lugar donde creía que estaría.
Cuando llego hasta el cuarto de Filch toco la puerta.
-Profesor Snape ¿que desea?-dijo Filch.
-La señorita Potter podría salir un momento.
-¿Potter? No, ella no esta aquí profesor.
-¿No está aquí? ¿Donde está entonces?
-No lo sé profesor ¿Acaso está castigada?
-Déjalo Filch, buenas noches.
Severus se fue a paso rápido de allí, estaba contrariado, los castigos solían ser con el conserje, les tocaba quedarse con él y acompañarle limpiando por el castillo. ¿Donde podría estar entonces? Como si de una chispa se tratara, la idea de que ella no iba a cumplir el castigo llego a su mente, tenía sentido, por lo menos para él. Estaba claro que aunque ella se hubiera acusado y hubiera aceptado el castigo otra cosa es que lo fuera a cumplir. Con gesto decidido fue hacia la torre de Gryffindor, no esperaba una cobardía como esa, a pesar de que era lógica.
Al llegar estuvo ante el retrato de la dama gorda, quien no le dejo pasar por no saber la contraseña, a los pocos minutos varios alumnos de Gryffindor llegaban tras la cena, satisfecho se acerco hasta ellos.
-Buenas noches profesor Snape-dijeron los chiquillos asustados de ver a su profesor.
-Buenas noches, podría ir alguno de ustedes a la sala común de su casa y avisar a la señorita Potter para que salga-no era una petición amistosa, era una orden clara.
Los muchachos nerviosos entraron. Severus esperaba impaciente fuera. El retrato volvió a abrirse y salieron los jóvenes.
-He dicho que saliera la señorita Potter, no ustedes.
-Lo, lo siento profesor, pero Sidney no esta aquí-dijo uno de ellos.
-¿Tan ineptos son los Gryffindor que no saben mirar en una habitación?-Snape aparto de un empujón a los jóvenes y entro por el retrato a la sala.
Esta estaba ocupada solo por tres personas, y ninguna de ellas era Sidney. Molesto, hechizo las escaleras para que le permitieran subir al cuarto de las chicas y camino hacia el cuarto donde ella dormía. Cuando encontró las puertas que indicaban 6º entro en cada una de ellas, pero en ninguna la hallo. Con la última puerta dio un portazo y bajo las escaleras. Cruzo la sala común como un rayo y salió de ella.
¿Donde rayos podía estar? Una cosa era no acudir al castigo, pero si no lo hacia donde se había escondido. Mientras bajaba las escaleras una idea llego a su mente, en una de las ventanas apareció un brillo que le hizo pararse y mirar. El lago. ¡Claro, como no había caído antes! A toda prisa se dirigió hacia allí.
Solo había limpiado cuatro estanterías y su pelo ya había adoptado un color distinto, el gris. El polvo que se había generado al mover los libros estaba ahora esparcido alrededor y la había cubierto por completo. No hacía más que toser y estornudar, y debía tener cuidado porque estaba segura que si un estornudo caía sobre un libro, esa bruja lo sabría y montaría en cólera. Los libros eran una gran fuente de referencia, eso ella lo sabía, pero de ahí a desarrollar una pasión por ellos... Sin duda Sidney creía que lo que esa vieja necesitaba era conocer hombres, seguro que su cara cambiaria y no estaría de tan mal humor siempre.
Regresaba de peor humor, ella no estaba ahí tampoco. Había recorrido toda la orilla del lago, había ido al lugar donde solían ir, nada. Ella no estaba en ningún lugar. Atravesó las puertas del castillo y camino por los pasillos aprovechando para hacer ronda. No tuvo que andar mucho más hasta encontrarse con lo que había estado buscando. Una luz le saco de sus pensamientos, había visto una luz al final de ese pasillo, justo donde la biblioteca. Se dirigió a toda prisa hacia allí, iba a descontar una buena cantidad de puntos a los que se encontraran allí. Cuando llego a la puerta se quedo observando, escucho estornudos, entro y fue cuando la vio. Subida a la escalera en lo más alto de la estantería, el libro que sostenía se le había escapado de las manos. Antes de que impactara en el suelo él lo hechizo para que flotara. Ella dirigió su mirada al libro con las manos en su cara, espantada de lo que le diría esa arpía, pero el libro no llego al suelo.
-Deberías tener más cuidado, sino la bibliotecaria te lo haría pagar.
Sidney se giro y fue cuando lo vio.
-Gra...-otro estornudo-Gracias.
-¿Qué haces aquí?-pregunto Severus.
-Cumplir mi castigo.
-Dumbledore te ha puesto a limpiar.
-Hasta el último de los libros, si.
Bajo de la escalera para coger el libro que se había caído, tomo el trapo y lo limpio.
-Lo lamento.
Ella levanto la cabeza y le miro.
-No es nada-dijo volviendo a su tarea de limpieza.
El la tomo de la barbilla y levanto su cara, se quedo mirando el aspecto que tenia, su pelo cubierto de polvo, su cara pálida, la nariz roja de tanto estornudar. Paso su varita junto a ella y la suciedad desapareció.
-¿Por qué?-pregunto solamente él.
Ella no contestaba pero sus ojos comenzaban a llenarse de lágrimas.
-¿Por qué me protegiste? Pudiste haber dicho cualquier otra cosa, ¿por qué cargaste con la culpa?
-Ya te lo he dicho, nunca te haría daño, jamás haría algo que te perjudicara. Preferí cargar con la culpa-hizo una pausa-y lo sigo prefiriendo.
Se quedo unos instantes viéndola, reflejaba sinceridad y protección. Dos sentimientos que nadie, a excepción de su amistad con Lily, le había dado. Sin resistirse acorto la distancia entre ambos y la beso. No con pasión ni fuerza, sino con dulzura, la misma con la que ella le había tratado. Quiso devolverle todo lo que él había sentido cuando ella se dedico a curarlo con la mayor suavidad del mundo. Su mano sujetaba su cuello acariciándolo con lentitud, mientras que la otra jugaba con su pelo, tan suave y sedoso. Sus labios eran tan dulces que no tenía ninguna prisa en profundizar, y la suavidad con la que las manos de ella acariciaban su pecho hacia que flotara en una nube. Descansaría si pudiera en esos labios para siempre.
Se separo a tomar aire y cuando abrió sus ojos vio como ella le miraba y sonreía, no con picardía, ni con maldad, solo con dulzura. Le retiro unos mechones que caían sobre ella para apartarlos tras su oreja.
-¿Sabes?-dijo Sidney-Esta es la primera vez que sin yo pedírtelo o estar buscándolo me besas.
Tenía razón, ella siempre era la que le provocaba para que ocurriera algo, sin embargo esa vez, el beso había salido solo, de su interior. El deseaba besarla, y lo hizo.
-¿No te gustó?
-Me encanto.
Volvieron a juntar sus labios y ella se aferro entre sus brazos, si el castigo iba a ser así por ella que estuviese castigada todos los días. Le encantaba esa faceta del Severus dulce, el que jugaba con su pelo, el que no tenía prisa por adentrarse en su boca, el que probaba sus labios como si fueran un exquisito manjar.
Al separarse esta vez, sus frentes quedaron juntas mientras respiraban, ella soltó el abrazo y agarro entre sus manos una de las suyas, desabrocho la túnica y posó la mano de Severus sobre su corazón, poniendo las suyas encima.
-¿Lo notas?-pregunto Sidney.
El asintió, había notado como el corazón de ella palpitaba frenéticamente, exactamente igual que el suyo.
-Esta así por ti, siempre.
Algo en el pecho de Severus hizo que latiera aún con más fuerza, sabía que era una locura pero esas palabras eran lo único que necesitaba. Se separo de ella, cogió su varita y limpio toda la estantería y los libros.
-¿Tienes que limpiar todas hoy?-le pregunto.
-No, en realidad tengo que venir todas las noches hasta que termine de limpiar todo.
-Vámonos.
-Pero...
-Vámonos, ven conmigo-Severus tendió su mano y ella la miro, no tardo dos segundos en entrelazarla con la suya, coger su túnica y seguirle.
Caminaban por esos pasillos con las manos juntas, el iba seguro y decidido, ella le miraba, no sabía a donde iban pero estaba segura con él. Salieron por las puertas y caminaron por los terrenos. Tras unos minutos llegaron hacia el lugar que ella le había mostrado a él, sin comprender le pregunto.
-¿Que hacemos aquí?
-Tú me mostraste tu lugar, ahora yo te quiero mostrar el mío-contesto Severus pausadamente.
-Pero...este es el mío ¿Cual se supone que es el tuyo?
-Este-la beso de nuevo-A partir de ahora este es también mi lugar.
Cuando lo escucho no pudo hacer más que sonreír, le tumbo en el suelo y le beso, no se cansaría nunca de eso.
Llevaban allí horas, la noche era de las más oscuras que había visto, las estrellas iluminaban con una fuerza inusual, no hacía nada de frio, solo una brisa ligera. Era una noche simplemente perfecta. Sus brazos la rodeaban y su cabeza descansaba en su pecho, recordaba un trozo de una canción muggle que oyó el verano en casa de sus abuelos "Oh, say can you see my stars, The night time is almost ours" En este momento ella veía las estrellas, las veía, las sentía. Su corazón no dejaba de palpitar con fuerza, creía que en cualquier momento estallaría a llorar de felicidad. ¿Así que esto es el amor? Empezó a reírse de las locuras que pensaba.
-¿Por qué siempre que estamos aquí te tengo que hacer la misma pregunta?-dijo Severus quien acababa de abrir los ojos y se había extrañado de su risa.
Ella se movió y giro para quedarse sobre un costado, apoyando su cabeza sobre una mano, mirándole y riéndose.
-¿Que por qué me rio?-el asintió-Porque jamás imagine que me pudiera sentir así, creo que en cualquier momento llorare o saltare de felicidad-mientras lo decía sus ojos comenzaron a brillar por las lagrimas que se acumulaban en ellos-¿Ves? Es una locura.
Severus la miraba y se incorporo, sabía que era sentirse así.
-Pídeme que la detenga y lo haré-dijo cogiéndole la barbilla.
-Jamás te pediría eso, jamás Severus.
Busco sus labios y los encontró tan expectantes como los suyos, ella enredo sus manos en su pelo mientras le tumbaba en la hierba y se colocaba encima de él. Mordió su labio inferior ansiando entrar en su boca y el soltó un gemido que su boca amortiguo. Su lengua encontró la del hombre y comenzaron a jugar, como ya lo habían hecho otras veces. Una sensación parecida a una oleada de calor intenso comenzó a recorrerla el cuerpo entero, alojándose en gran parte en su estomago. Sentía esas cosquillas de felicidad.
-Vamos al agua-murmuro en su boca aún besándolo.
Comenzó a levantarse y a levantarle a él también, arrastrándole con ella hasta la orilla.
Cuando supo que lo estaba diciendo en serio el freno el paso.
-¿Lo dices en serio?-pregunto Severus.
Ella le soltó y mientras le seguía mirando comenzó a sonreírle, esa sonrisa era ya una vieja conocida para él y no le gustaba lo que sucedería a continuación.
Se llevo las manos a la camisa del uniforme y desabrocho lentamente cada uno de los botones que tenía abrochados, al terminar abrió su camisa y se la quito arrojándosela a él. Por reflejo el la cogió y siguió mirando como ella desabrochaba la falda y se deslizaba por sus piernas hasta llegar al suelo, se inclino para quitarse los zapatos y las medias y dejo todo en el suelo. Solo llevaba puesta la ropa interior, negra y con el borde de encaje. Suspiro ante su visión. Le dio la espalda y comenzó a andar hacia el lago contoneándose como si fuera una diosa que al llegar al agua se convertiría en una hermosa divinidad. El seguía parado ahí, estático viendo como ella avanzaba y el agua la iba cubriendo cada vez más. Segundos después su cabeza desapareció bajo el agua.
Se hallaba hipnotizado viendo como el lago reflejaba la luna y como las ondas del agua llegaban hasta la orilla, dejo la camisa junto al resto de su ropa y avanzo hasta el lago tratando de encontrarla. Habían pasado unos minutos y no la veía por ninguna parte. Al llegar junto a la orilla rastreo pero no encontró nada.
-Sidney si es uno de tus trucos para que me meta lo llevas claro, ya puedes salir-dijo en voz alta el profesor para que dejara sus bromas.
Siguió observando y no veía nada, ni siquiera el más mínimo movimiento de agua, comenzó a impacientarse y conjuro un potente Lumos con su varita rastreando el lago. No veía a nadie.
-Sidney-volvió a llamarla él.
Ninguna respuesta, bastante molesto dejo su varita en la orilla cerca de unas rocas y comenzó a maldecir.
-Mierda-dijo Severus mientras se quitaba túnica, levita, pantalones, zapatos y calcetines. Los dejo sobre esa roca y comenzó a adentrarse en el agua. No era un gran nadador pero se zambullo hasta donde la había visto por última vez, metió su cabeza bajo el agua tratando de bucear pero entre la oscuridad que había y la que ya de por sí tenía el lago no veía absolutamente nada. Desorientado salió a la superficie y empezó a buscar, nado un par de metros más pero seguía sin encontrar nada.
Unos brazos se enroscaron en él y noto su cuerpo pegado a su espalda.
-¿A que no se esta tan mal?-dijo Sidney mientras mordía su oreja.
Severus se giro para encontrarse con ella, sonriente ante su triunfo.
-Estoy enfadado-dijo él con una mirada que intento ser lo más fría posible.
Ella volvió a acercarse y enrosco sus piernas en su cintura mientras le abrazaba.
-¿Si?-no le contesto y ella juguetonamente se acerco a su cuello y empezó a lamerlo mientras le susurraba-¿Qué puedo hacer para que me perdones?-Llego hasta su oreja y comenzó a jugar con su lóbulo-¿Mmm?
Que ella estuviera enroscada a el apretándose contra su entrepierna, mordiendo y lamiendo todo cuanto quería y le hablara así no ayudaba en nada a que Severus no se sintiera excitado. Sus manos viajaron automáticamente a su espalda, recorriendo la piel con suavidad mientras viajaban por sus curvas hasta llegar a sus deliciosas piernas. Ni la seda podría osar compararse al tacto que su piel cremosa tenia, tanto o más como la de Lily. Ella volvió a mirarle y su beso no dejo lugar a dudas de los sentimientos que tenia por él. La fuerza con la que penetraba en su boca, el anhelo que tenia de que él fuera suyo hacia que Severus no pensara fríamente. Solo hizo lo que en ese momento sentía y le quemaba por dentro para salir. Correspondiéndola al beso deslizo sus manos hacia sus caderas y con fuerza la apretó contra él para que notara el deseo que ella provocaba. Solo ella. Un gemido salió de su boca y Severus creyó que era lo más excitante que había oído nunca. El siguió presionándose contra ella mientras que Sidney entrelazaba con toda la fuerza que podía sus piernas a su cadera, quería sentirlo con la mayor intensidad posible.
Sus manos habían sucumbido totalmente al deseo, al principio se hallaban abrazándole pero después se adentraron en su pelo mojado tirando de él con algo de agresividad para profundizar más mientras le besaba con urgencia. Bajo por su espalda aún cubierta de su camisa y llego hasta su trasero donde estuvo un buen rato acariciándolo y ayudándole a que se presionara aún más contra ella. Sentía un calor irremediable, un fuego que se hallaba en su cuerpo y que aumentaba a medida que el seguía, guiándose por lo que sentía comenzó a restregarse contra su miembro. En cuanto lo hizo Severus paro de besarla y un rugido salió de lo más hondo de su garganta. Orgullosa de hacerlo sentir así continuo con su movimiento mientras sus manos se ocupaban en desabrochar su camisa y Severus se concentraba en besarla y degustar su cuello y su hombro.
Cuando termino con el último botón sus manos se posaron en su pecho y recorrió cuanto quiso dándole caricias, vagando por él. Las manos de Severus se adentraron en su pelo, la atrajeron hacia él y reclamo de nuevo sus labios, ella dejo que el tomara el control absoluto, cuando vio como sus manos deslizaban las tiras de su sujetador por sus hombros no pudo evitar sentirse nerviosa aunque lo deseaba. Ella se lo puso más fácil y mientras seguía con una mano en su torso la otra se había dirigido a su propia espalda para deshacerse del sujetador.
Con mucho cuidado él se lo quito y sus manos se dirigieron a tocar lo que había anhelado tanto tiempo. Los llenaba de caricias y jugaba con ellos tal y como había hecho en muchas ocasiones en sus sueños. Esto era mil veces mejor que en ellos, el tamaño que estaba alcanzando su miembro era un claro indicativo de ello. Desesperado por poder probarlos la cogió de las nalgas y la levanto para poder dedicarse a lamerlos y probar si la sensación era mejor que en el sueño. Y por supuesto que lo era, ella se aferraba con fuerza a el mientras él jugaba mordisqueando suavemente y ella regalaba sus oídos con suaves gemidos. Estaba muy concentrado en lo que hacía, solo se aparto un momento para levantar la vista y posarse en su cara, quería verla, saber que sentía. Cuando vio su expresión de placer estaba más que satisfecho y junto a su oído le dijo algo que se moría por confesar.
-Ni te imaginas el tiempo que llevo deseando hacerte todo esto-la miro de nuevo a los ojos y volvió a susurrar-Y mucho más.
Son las 04:06 de la mañana y no he podido evitar ponerme a acabar el capítulo y corregirle las faltas para subirlo de inmediato xD
Agradezco los reviews, espero que la cosa se este poniendo a la altura, disculpad mi "puritanismo", soy muy timida y me sigue costando esto de relatar con detalles una escena así a pesar de que en mi cabeza la escena puede que sea más fogosa incluso pero me contengo.
Dos cosas, la canción que menciono es "Oh say can you see" de Lana del Rey ( si, soy muy fan de ella) asi que con eso declaro que no me pertenece y demás, os recomiendo escucharla. La segunda, yo dije que esta por terminar el curso, y como el fic se situa en 6º obviamente también termina, pero...¿y séptimo? =P
Un fuerte saludo a todas! =D
