Capítulo III
En la mira
Muchos pensamientos inundaban a Lizzie y su única esperanza de volver a la normalidad, solo podía lograrlo si el rubio le sonreía. Faltándole el aire, caminó muy rápido hasta la sala de "Asuntos Internos", donde seguramente el capitán estaría poniéndose al tanto de una nueva misión. Las largas zancadas que daba eran similares a las de Fury cuando conversaba impetuosamente con alguien en los pasillos, sobre un tema que lo apasionara, (es decir, casi siempre). A través de la puerta de cristal esmerilado, entrevió los colores rojo, blanco y azul, lo que la relajó lo suficiente como para no parecer una loca maniática, lo que sentía que era en el momento. La abrió sin tocar y allí estaba Steve, que la recibió con esa irresistible sonrisa que la tranquilizaba. En la gran mesa de aluminio estaba sentada una figura masculina, de espaldas a la chica. Cabello castaño, un poco bajo y fornido, y llevaba un sweater de manga larga arremangado a la altura de los codos. Al darse la vuelta, una luz celeste la cegó y unos ojos castaños la miraron con curiosidad. Tony Stark se le acercó cauteloso, con andar despreocupado.
– ¿Te conozco? – profirió con tono arrogante – Creo que sí, el apellido Blackthorne se te nota a kilómetros – la escudriñó de arriba abajo, dubitativo.
– No, no me conoces – admitió con tono cortante – Además, los apellidos no te definen como persona, S-T-A-R-K – definitivamente estaba enterado de su historia. No fue su intención sonar altanero, y al ver la gélida reacción de la chica no quiso hablar más del tema. Claramente, su pasado la atormentaba y quería esconderlo de todo el mundo sin importar el costo, especialmente de Steve.
– Hola, Lizzie – el uniformado trató de aliviar la tensión con su apacible voz.
– Hola, Steve'O – le sonrió, él la imitó y enseguida ella empezó a sentirse mucho mejor. Quedaron mirándose durante unos segundos, un silencio incómodo relució, al menos para el hombre de hierro.
– ¿De qué me perdí? – contempló a los jóvenes confuso, y el capitán miró hacia abajo avergonzado – ¿Cuándo pasó cupido por aquí? No estaba enterado…
– No pasa nada, Tony – respondió el joven sin tener el valor de siquiera mirar a la muchacha.
– Es claro que ambos quieren privacidad, y ya que por aquí no hay cuartos de hotel, creo que mejor me voy – espetó fastidiado de lo cursi de la situación.
– ¡Ay, por favor! Ni siquiera nos conocemos, genio – reclamó la chica.
– Yo no diría lo mismo – salió de la sala con gesto burlón, muy propio de él.
– Discúlpalo, a veces suele ser un poco… indiscreto. Espero que no te hayas ofendido.
– No, no me ofende. No me molestaría si me empezaran a considerar como tu novia – los azules ojos del joven se abrieron hasta su máxima capacidad y sus mejillas parecían tomates. "Pensaste en voz alta, imbécil, ¡Perfecto!" pensó la chica – Lo siento, no era en serio – se apresuró a hablar.
– Descuida… ¿Sucede algo?
– Sí, bueno… es que… me da algo de pena, pero…
– ¿Pena?, ¿conmigo? Pero si somos amigos.
– ¿Amigos? Lo único que sabes de mí es mi nombre.
– Sí, un hermoso nombre, ¿no? – la referida se ruborizó hasta las orejas – Por favor, dime – hizo un gesto con la mano invitándola a sentarse junto a él, en la silla de su lado izquierdo. Obedeció sin chistar.
– Bueno, no tengo precisamente un millón de amigos aquí, así que... pensaba… que podías ayudarme con algo – el chico asintió y la joven prosiguió con confianza – Bien, es que me asignaron para vigilar Loki de ahora en adelante, y el tipo de verdad me asusta – ambos rieron incómodamente, porque sabían que era cierto – Cuando te conocí, de verdad lograste tranquilizarme, (no sé cómo lo hiciste), pero lo lograste. En este momento parezco un manojo tembloroso de carne y huesos, así que… por favor, ejerce tu magia.
– ¿Mi magia? Bien… lo que más puedo hacer es aconsejarte, no tengo poderes para alguna otra cosa. Creo que deberías calmarte y actuar con indiferencia. Pretende que no está allí y él no podrá hacerte daño alguno. Confía en mí – tomó titubeante la mano de la chica, que enseguida dejó de tiritar. Esos ojos bondadosos la apaciguaron, y su nivel de confianza subió tres mil niveles. No pudo reprimir el impulso de abrazarlo y se abalanzó sobe él en cuestión de segundos, nunca había sentido algo más cálido y maravilloso, al igual que él. Steve olfateó su cabello, olía a fresas, el intoxicante olor lo exhortó y la abrazó aún más fuerte.
– Lo siento – se retiró ella con brusquedad – No quise hacerte sentir incómodo – miró al suelo.
– No lo hiciste – tomó el delicado mentón de la joven y la hizo verle directo a los ojos. "Qué tono café más hermoso", pensó. Elizabeth le sonrió con timidez y volvió a abrazarlo, este fue mucho más corto y superficial que el anterior. Le agradeció afablemente a su nuevo amigo y se marchó hacia el sótano, donde el semidios seguramente la esperaba. Mientras descendía, un frío, (sorpresivamente agradable), la arropó. Loki estaba de espaldas a ella, con sus huesudas manos tomadas en la espalda. Se giró al sentir la presencia de la joven y una ancha sonrisa perspicaz apareció en su perfil.
– Blackthorne, bienvenida – la miró de arriba abajo, como si tratara de descubrir cada secreto, cada sentimiento, cada debilidad – Debo admitir que me esperaba a alguien un poco más… no sé… ADULTO. Pareces tan delicada como un capullo recién abierto, no quisiera que te marchitaras en tu primer día.
– ¿Crees que soy débil? ¿DÉBIL? Me parece que aún no me conoces lo suficiente para sacar esas conclusiones. Si fuera tú, consideraría una verdadera imprudencia toda tu pequeña y obsoleta rutina de acobardar al enemigo, Loki – su voz sonó más amenazadora de lo que ella creía capaz de lograr, eso le agradó. No tenía idea de tener la capacidad de intimidar.
– El hecho de que pienses que soy tonto, me hace reír tremendamente, Lizzie.
– Es Elizabeth para ti, asgardiano tonto – repuso con firmeza cruzando los brazos. Aparentemente estaba funcionando su táctica, ya que Loki la miraba con menor petulancia – Espero que mantengas la boca cerrada, o la bota te caerá encima – remedó la típica frase de Fury.
– ¿Disculpa? – se desconcertó.
– Este panel que ves aquí, con el reluciente botón rojo, (nada trillado, ¿verdad?), permite que la bobina que sostiene tu pequeña jaulita se abra; si lo hace, caerás al vacío en una celda indestructible y, tal vez no te matará, pero definitivamente te dolerá. ¿Capito? – el sarcasmo no le agradó al semidios, le encantó. No conocía a alguien tan frágil que supiera esconder así su desprecio, hacia él, claro está. Sonrió con diversión por un segundo, aunque a la agente no le pareció gracioso – Hormiga… – señaló a Loki – Bota… – hizo un exagerado gesto hacia el panel, casi apretando el botón – ¿Ahora sí lo entiendes? – el príncipe se alejó asintiendo del muro de cristal, levantando las manos en señal de comprensión – Me alegro.
–Esto va a ser divertido, ¿no?
– Sí, graciosísimo – la chica se sentó en una silla frente a Loki, que se quedó de pie observando como cruzaba las piernas y lo miraba con la más profunda repulsión. Sin duda, desde que había llegado a la Tierra, ella era la humana más interesante que había conocido, y tendría mucho tiempo para saber quién era en realidad, descubriéndola, capa por capa.
