16. Últimos días
- Gracias
- ¿Por qué?
Harry y Emy llegaban al jardín trasero de la gran casa de piedra. Ya estaban calzados, secos y sin rastro alguno de haber pasado todo el día en un lugar y tiempo diferentes, eso sí, llegaban con un hambre voraz.
- Por llevarme a una parte de la vida de mis padres
- Me gustaría prometerte que volverá a pasar pero no puedo – Emy seguía con su mano entrelazada con la de su sobrino. Antes de abrir la puerta se miraron, sonrieron y no hizo falta ninguna palabra para sellar aquello como una magnífica experiencia compartida – Aquí nos desunimos, se te habrán quitado las ganas de cogerme la mano al menos por una temporada
- No estés tan segura de ello
En la cocina estaba la abuela, revolviendo en los armarios mientras murmuraba algo relacionado con que las cosas no estaban como ella las guardaba. A la vez que entraban ellos, también lo hacía Ginny, sonriente y dulce como siempre. No se sorprendió al recibir de Harry un gesto más cariñoso de lo normal, de hecho, ella lo devolvió de mil amores.
- Hoy se respira amor en el ambiente – Comentó irónicamente Sunny – Tendré que buscar el ambientador para quitar tanto dulzor
- Como tú eres una vinagre, bastará con que planees por ahí – Contestó Emy divertida, haciendo que Harry y Ginny soltasen una carcajada
- Buenos días – Sirius entraba saludando y luego soltando un bostezo – Me ha costado horrores levantarme
- Hola cariño ¿Te he dicho cuánto te amo? – Emy se colgó de su cuello y lo besó apasionadamente, sin importarle lo más mínimo ninguna de las presencias
- Esto es lo más empalagoso que he visto en mi vida... me marcho – Y sin más, la abuela desapareció por uno de los armarios
- ¡Eh! ¡Eh! Que somos unos inocentes adolescentes con pudor – Se quejó Harry
- Quizás debamos hacer lo mismo – Insinuó Ginny sabiendo que eso les haría separarse
- Nada de eso, aún sois muy jóvenes – Sirius y Emy pararon de inmediato – Lo siento querida, tendremos que posponer este romántico encuentro cuando no nos observen ojos libidinosos
- ¿Cómo los tuyos? – Preguntó Emy, haciéndose la inocente
Prepararon el desayuno entre risas, se notaba el buen humor por parte de todos. En cuanto el aire se llenó de aroma a tortitas, apareció Ron de la mano de Hermione, ambos un tanto sonrojados e intercambiando miradas cómplices.
- ¿De dónde venís vosotros? – Preguntó Sirius mosqueado por la actitud
- Hemos dado un paseo por afuera – Contestó Ron, mientras que Hermione no podía dejar de sonrojarse
- Va a tener razón la abuela, hoy nos hemos levantado todos un tanto amorosos – Emy les guiñó un ojo en señal de aprobación - ¿Quién quiere más tortitas?
Aquella mañana no iban a salir a correr, así que el desayuno se alargó más de una hora. Estaban a gusto allí sentados, los seis, tranquilos, como si la vida no les preparase nada malo, riéndose de tonterías y haciendo planes para el día, hasta que Ginny hizo un comentario que dejó a Sirius y a Emy un tanto mosqueados.
- Tenemos que ir a la ciudad, a comprar unos vestidos más presentables para la ocasión...
- ¿Qué ocasión? – Preguntó Hermione
- Mañana es la reunión para la subvención del orfanato – Contestó de inmediato Emy
- ¿Y para eso tenemos que ir mejor vestidas? Yo creo que tengo la ropa adecuada – Hermione miró extrañada a Ginny, la cual se mostraba muy nerviosa y emocionada
- Creo que podéis ir perfectamente con cualquiera de los modelos que os he visto para salir – Emy sonrió a la pelirroja – Ginny, ven conmigo a tu cuarto y elegimos uno ¿te parece?
Estaba claro que Ginny entendió a la perfección "es mejor que te calles y subas conmigo inmediatamente", así que se limitó a levantarse y seguirla. No dijeron nada por el camino, entraron en la habitación y Emy cerró la puerta, luego se posó en el alféizar de la ventana y la miró alegre.
- A veces se me olvida tu principal cualidad, no es fácil mantener sorpresas contigo, y yo que pensaba que había puesto métodos eficaces para que no os enterarais
- No sé... – Ginny intentó no descubrirse
- ¡Oh, claro que sabes!
- Es que... esta noche... soñé... que tú y Sirius y luego... tú y Harry estabais en El Valle de Godric...
- ¿Conque a ti no te ha hecho falta saltar?
- No entiendo cómo he podido... sólo quería despertar pero no podía
- Las cosas siempre pasan por algún motivo, si la magia te ha querido mostrar ese recuerdo, será por algo
- Me sentía una intrusa – Ginny lo confesaba avergonzada
- ¿Cómo va ser un intruso el fuego que calienta nuestros corazones? – Emy la abrazó y la besó en la frente – Mañana será un día muy especial pero nosotros seremos los de siempre, sin adornos, así lo hemos decidido Sirius y yo. Eso no impide que tú y Hermione os pongáis guapas, al fin y al cabo vamos a una reunión con el alcalde
- Cuando Harry se entere que le hemos engañado…
- No lo he hecho, no del todo. Voy a traspasar el orfanato a Gloria, una vez nos den la subvención. Considero que es más de ella de lo que en algún momento fue mío, yo no puedo ocuparme de todo y debo dejar las cosas arregladas...
- ¿Volverás a irte?
- No voluntariamente, aquí estamos de paso todos, cariño
Hermione se reunió con ella en el dormitorio, allí escogieron lo que se pondrían al día siguiente. También lo hicieron Harry y Ron por mandato de Sirius, había que dar una buena presencia delante del alcalde. Sirius y Emy les mandaron ir recogiendo sus respectivas habitaciones, así ellos tendrían tiempo de ultimar los detalles para el "nuevo contrato". Los papeles les tenían en regla y, como bien habían augurado, tramitados con un poco de magia e imaginación.
Habían pensado quedarse ese jueves en la casa con la abuela, ya que el viernes y el sábado, sería complicado, pero Sunny no estaba de buen humor y les huía continuamente. A Emy no le costó mucho entender que ella sabía todo lo que iba a pasar y que prefería quedarse al margen, por no poder asistir y porque en breve, volvería a estar sola. Así que decidieron llevar a los muchachos a comer a la ciudad y pasar la tarde paseando por sus calles. Tomaron cervezas frescas, sentados en una terraza, comieron helados, vieron escaparates, por supuesto las chicas compraron algún que otro detalle, e hicieron una infinidad de fotos. Emy no solía dejar que otra persona fuese el fotógrafo, sin embargo, aquella tarde, pedía a la gente que les hiciesen fotos a los seis, todos juntos, sonrientes y felices, como una verdadera familia, incluso enseñó a Ron a manejar la cámara. Cenaron en un chiringuito a pie de playa, contemplando la puesta de sol de un día verdaderamente radiante de luz y calor, en el que los rezagados aún estaban tumbados sobre sus toallas mientras jugaban una partida a las cartas o simplemente se hacían arrumacos. Con la entrada de la noche y el estómago bien lleno, se sumaron a la gente que paseaba por la playa para luego irse directos al pub, en donde de seguro encontrarían a sus amigos.
Harry vio como, poco a poco, Ron y Hermione se fueron alejando, llevaban el día de lo más cariñoso y parecía que la noche no iba a ser menos. Ginny hablaba con Samu sobre baile y Emy y Sirius mantenían una conversación con Ángel y Lola, en un rincón alejado de la terraza. Aquella noche el ambiente era tranquilo, quizás se notaba una cierta tristeza por acercarse el final del verano. Gabi y Oscar habían ligado con dos chicas extranjeras, que estaban en el pueblo de vacaciones "rurales", y por sus miradas, se podía adivinar que el plan estaba marchando a la perfección. Por otro lado Luis y Ramón estaban enzarzados en una discusión sobre el enfoque de una nueva composición, como no llegaban a un punto en común, le preguntaron a Harry, que estaba a su lado pero sumergido en sus propios pensamientos.
- ¿No crees que quedaría mejor con toques de percusión? – Le preguntó Luis mientras le pasaba el brazo por los hombros, signo de que quería que le diese la razón a él
- ¿Qué?
- ¡Harry! ¿Te ha sentado mal la cerveza o qué? Chaval, estás en el limbo – Dijo Ramón – Estabas a punto de decirnos, que la nueva canción quedaría mejor con un toque eléctrico, como en los ochenta
- ¿Yo?
- ¡Ves como no! – Se quejó Luis
- ¡Te digo que esos ritmos vuelven!
- Chicos, me voy a ir a hablar con Ginny, hasta luego – Harry se despidió pero no recibió respuesta, los otros dos seguían discutiendo
Se acercó por detrás a ella, la rodeó suavemente con sus manos por la cintura y le dio un tierno beso en el cuello. De inmediato, sintió un escalofrío y con ello se potenció más las ganas de besarla.
- Hacéis muy buena pareja
- Gracias, Samu – Contestó Harry orgulloso
- Ya le he dicho a Emy que tenéis casa en Madrid para cuando queréis venir a verme
- Me encantaría conocer la capital – Exclamó Ginny
- Os llevaría a ver obras de teatro, museos y conciertos de toda clase de música, Madrid siempre está llena de distracciones
- Eso suena genial – Harry no soltaba a su chica y, a pesar de que lo que estaba diciendo Samu era interesante, deseaba quedarse a solas con ella
- ¿Os puedo secuestrar un rato a Samu? – Emy apareció de inmediato, cogió del brazo a su amigo y se le llevó mientras le hacía un guiño a su sobrino
- ¡Al fin solos!
- Harry, debe de haber doscientas personas aquí
- ¿A sí? Yo sólo te veo a ti
- ¿Pero qué te pasa hoy? – Preguntó Ginny sonrojada
- Me gustaría contarte una cosa – Harry vio que había una mesa vacía en un rincón y llevó a Ginny hacia allí – Hoy me ha pasado algo fantástico
Se sentaron tan juntos, que sus piernas se intercalaban con la del otro. Inclinados hacia delante, cabeza con cabeza y murmurando, Harry le narró a Ginny el porqué había madrugado tanto aquel día. Ella le escucha confesar cada sentimiento que le había provocado estar en la boda de sus padres, el ver a Emy y a Sirius en sus comienzos y todo lo que ella ya sabía por haber estado dentro de su mente. Entendió las palabras de Emy "Si la magia te ha querido mostrar ese recuerdo, será por algo". Ahí estaba Harry, frente a ella, relatándole todo, no reservándose nada para él, compartiendo cada instante, confiando en quien le escucha atenta y ella se sentía enormemente afortunada. Los velos caían por sí solos, ya no habría nada que ocultar, ella se entregaría y confiaría en él de la misma manera.
Menos mal que tenían el poder de comunicarse mentalmente, porque no encontraron a Ron y a Hermione en todo el local, y Sirius quería marcharse ya. Aparecieron a los cinco minutos, un tanto descolocados y despeinados pero Emy atajó la conversación para que no saliesen las preguntas indiscretas. No era muy tarde cuando se metieron en la cama, aún así, Harry no tardó ni un minuto en dormirse.
Emy se iba a vestir en el cuarto de las chicas. Llegaba con una sonrisa de oreja a oreja y lo único que pudieron sacarle fue "Es que he tenido un despertar caluroso". Se sentó frente al tocador y se miró en el espejo, aquella había sido su habitación y jamás pensó que se arreglaría en ella para el día de su boda. Entre Hermione y Ginny la peinaron y maquillaron, por supuesto ellas también aprovecharon para ponerse guapas. Luego se vistieron, sin saber que iban a ser madrinas, ayudaron a Emy con los últimos detalles de su vestido. Frente al espejo se veía realmente hermosa y no pudo evitar soltar una lágrima, en ese momento echaba mucho de menos a su madre y a su hermana. Las dos jóvenes alabaron su belleza y ella les devolvió el elogio, ya estaban listas, así que bajaron al salón. Los chicos llevaban ya un rato esperándolas, aún era pronto pero aquel día no se podía llegar tarde. Emy hizo una parada antes de bajar, para ser más exactos, fue a la habitación de la abuela.
- Entrar aquí me sigue dando escalofríos – Dijo nada más cerrar la puerta
- Ya era hora de que dierais este paso – Sunny no se dio la vuelta, seguía mirando por la ventana, sabía que su nieta entendía a la perfección su comentario
- En el fondo sólo es un mero trámite, hace mucho tiempo que me siento su esposa
- Sí, lo sé
- ¿Qué te sucede? ¿No te alegras?
- ¡Claro que sí! – Su abuela voló hasta ella y la miró con ternura – Mi pequeña niña, embrutecida e incrédula, ha crecido y se ha convertido en toda una reina de la magia, hoy estás muy guapa
- Seguiré siendo tu niña para los restos... Te quiero mucho, abuela
- Y yo a ti... – La mano gris y transparente de la anciana pasó cerca de la mejilla de su nieta - Por eso... me hubiese gustado que aquella noche saliera bien pero no pude acabar con él
- Entiendo. No temas, ya no sufro como antes, él ya no es un escollo en mi alma, sólo es un problema que solucionaremos
- Ellos son muy jóvenes, lo que viene será difícil
- Pero son fuertes, nos ha tocado serlo a todos
- Hoy serás la señora Black, te lo aseguro
- Abuela... dame tu bendición
- La tienes, querida. Él es quien te hará feliz, quien te culminará y quien te ama desde lo más profundo de su corazón
- Sólo pido una oportunidad de una vida normal, al lado de la persona con quien quiero compartir el resto de mis días, por eso lucharé hasta el último aliento. Ahora ya no hay nada que me lo impida, ningún trato, ninguna resurrección, sólo un problema al que daré solución
- Así se habla y ahora vete a casarte y a celebrarlo, yo te estaré contigo, viéndolo todo
- Eso es lo que quería oír
Emy salió de la habitación con aires renovados y una confianza más firme. Descendió las escaleras, segura de sí misma y de que todo iba a salir bien ese día. Cuando levantó la vista, a mitad de los escalones, allí estaba él, sonriente y apuesto, listo para convertirse en su marido. Llegó hasta él como en una nube, Sirius extendió su mano para coger la de ella con suavidad, la llevó a su boca y la besó.
- Permíteme decirte que hoy estás radiantemente hermosa
- Gracias, tú también estás muy elegante y seductor
- ¿De verdad tengo la suerte de que quieras ser mi esposa?
- ¡Sirius, los chicos!
- Ya han ido al coche, nos están esperando
- ¡Ah! En ese caso... – Emy se acercó tanto a él que su boca hablaba a un centímetro de su oreja – No sólo seré tu esposa, seré tu amiga, tu amante, tu compañera e incluso seré quien te cuide o te riña y espero que tú seas lo mismo para mí
- Te amo
- ¿Todavía? – Preguntó ella, mirándole a los ojos y refugiada entre sus brazos
- Siempre – Sirius la besó, como si no existiera un instante después, entregando todo su amor por la boca
Cuando bajaron del coche, aparcado a la sombra que arrojaba el palacio, una suave brisa marina del nordeste les acarició las caras. Los novios estaban algo nerviosos, lo cual no entendían el resto, menos Ginny, claro. Había bastante gente joven, por lo que les pudo explicar Emy, allí se impartían cursos de verano e iban muchachos de todos los lugares. Enseguida vieron a Olga y Fernando, eran los administradores del orfanato y los chicos les conocían de verlos de vez en cuando en el pub. Con ellos estaban Luis, Ramón, Gabi y Oscar, estos dos últimos con cara de sueño, al parecer la noche les había ido muy bien. Con Ángel y Lola, llegó Samu, cargado con una gran cámara de fotos y una enorme sonrisa. Harry se dio cuenta que todo el mundo venía muy bien arreglado, incluso Ron cayó en ello por el comentario que le hizo a su amigo "menos mal que nos avisaron". De algo que también se percató fue que Samu, Ángel, Lola y Ginny miraban a Emy y a Sirius de forma especial y estaban venga a elogiar lo guapos que estaban.
Eran la una menos cinco cuando entraron dentro del palacio precedidos del alcalde y un notario. Les indicaron una sala, que resultó ser como un tribunal pero con la mesa más baja. Las paredes tenían tapices antiguos y los bancos eran de madera oscura. Todo era muy elegante y señorial, la verdad es que a Harry le daba bastante respeto. Buscó con la mirada a su tía y no la vio ¿Por qué no habría entrado?
- Harry
- ¿Eh?
- Harry, cariño – Lola le entregaba una bolsa de papel con aspecto muy elegante - ¿Le puedes dar esto a Emy?
- ¿Dónde está?
- Se ha quedado fuera un momento – Le explicó demasiado sonriente
- Vale – Harry miró a Ginny con cara de no entiendo nada – Ahora vengo
- Espera – La pelirroja hizo algo que el joven no se esperaba, le colocó bien el cuello de la camisa – Ahora ya puedes irte
"¿Pero que le pasa hoy a la gente? Debe ser este viento del norte que les anula las neuronas" Y es que Harry no entendía muy bien aquella situación. Sentados en los bancos, algunos exclamaban sorprendidos por algo, mientras que otros simplemente sonreían sin cesar. Vio como, nada mas levantarse, Ginny fue hacia Sirius e hizo exactamente lo mismo, le atusó el cuello de la camisa por dentro de la americana que llevaba y justo antes de salir por la puerta, oyó a Hermione dar un grito de alegría junto a Ron, que soltó una carcajada.
- Me ha dado esto Lola para ti – Harry miró a su tía, le brillaban mucho los ojos y en su boca se dibujaba una sonrisa de felicidad - ¿No vas a entrar?
- Sí, en cuanto saque mi ramo de novia de la bolsa
- ¿QUÉ?
- ¿Me harías el gran honor de acompañarme hasta la mesa y entregarme, simbólicamente, a Sirius?
- Pero... pero... ¿esto es una boda?
- Entre otras cosas – Sonrió más ampliamente - ¡SORPRESA!
- ¡Jajaja! – Harry abrazó a Emy – Me la habéis colado hasta el fondo, no me he enterado de nada ¿Quién lo sabía?
- Casi nadie... luego te cuento, ahora nos esperan – Dejó la bolsa apoyada en la pared, sujetó con su mano derecha el precioso ramo de rosas blancas y la otra la elevó para cogerse del brazo de Harry – Bueno, ha llegado el momento
Si los pensamientos del aquel instante volaran por el aire y hablaran con quien quisiera escucharlos, contarían que Sirius seguía creyendo que aquello era un sueño del que no quería despertar jamás. Desvelarían que Emy no había sido tan feliz en toda su vida y que sabía que no sería sólo cuestión de un día, ya que quedaba otra ceremonia y una vida por delante para intentar mantener esa felicidad. Dirían lo contentos y orgullosos que estaban cuatro muchachos, en especial uno de ellos, al que le brillaban increíblemente sus ojos verdes esmeralda, al ver realizado por fin uno de sus deseos. Explicarían, entre risas, los buenos deseos para la pareja de todos los asistentes y luego alzarían el vuelo hacia el cielo azul intenso, que esa mañana coronaba un perfecto día. Aplausos cuando intercambiaron los anillos, vítores cuando el alcalde autorizó que podía besar a la novia, abrazos y besos de todos, lágrimas de emoción de las chicas pero sobre todo, lo que más brilló fueron las miradas que los novios se lanzaron durante la ceremonia, ya que sus ojos no expresaban más que amor puro, verdadero, con ansia, con fervor, con atracción y con profundo respeto.
A pesar de que aquella boda no se celebraba bajo la magia, no faltó en toda la celebración, claro que no de la que ellos practicaban, no, era como una fascinación, una historia que siempre quieres oír porque te hace soñar y sonreír, así fue ese día. Quizás no fuese solamente debido a la celebración del matrimonio o a que Olga y Fernando recibieran el orfanato en propiedad, lo cual supuso una inmensa alegría para ellos, quizás también se sumaba que, tanto ellos como Samu, se marchaban al día siguiente. Pero había otro asunto y es que se estaba terminando el mejor mes de vacaciones que los cuatro muchachos habían tenido en su vida. Todo eso se batió en un mismo cóctel y supuso una receta explosiva de diversión, música, baile y desinhibición. La comida fue por todo lo alto en un restaurante de postín en Santander, con el marco excepcional de las playas del Sardinero bañadas de turistas bajo el sol del final del verano. Luego se marcharon a dar un paseo para bajar la comida y para seguir de vinos por los diferentes locales a los que asistieron. Terminaron la tarde yendo al pub para preparar la mejor de las fiestas del verano y no defraudaron, a las doce de la noche, la mayoría de los asistentes bailaban como locos los ritmos salseros, que Emy y Samu mostraban con maestría. A Harry ya no le asombraba ver a su tía, sin pudor alguno, bailando coreografías antiguas con Samu o abrazada a Sirius, como siempre sin que pudiese pasar ni una sola brizna de aire entre ambos, de hecho se pasaron la noche entre risas, besos y abrazos.
La gente que llegaba se enteraba de la noticia de inmediato, ya que una enorme pancarta decorada, e inmóvil, lucía en la entrada, regalo de los chicos. Entre las copas que invitaban los novios y las copas que se les pagaba a ellos, creo que tanto Sirius como Emy, estaban medio borrachos, al menos de contentos. Llegó el momento en el que la mayoría de la gente se fue marchando, dejando de nuevo solo al grupo de amigos. Ya dentro del local y con las puertas cerradas, unieron unas cuantas mesas, pusieron música de fondo más suave pero aún así bailable, y cada cual se sirvió su bebida favorita. No querían que la noche terminara, aún quedaban horas hasta el amanecer, cuando el sol asomase por el horizonte, ya tendrían tiempo de quejarse por el cansancio. De momento las risas por los chistes, las anécdotas o cualquier tontería que se les ocurriese, aún estaban garantizadas y había que aprovecharlas, además Emy y Sirius seguían levantándose para bailar aquellas canciones románticas que les gustaban.
Los primeros rayos de un nuevo día trajeron el cansancio y la despedida. Abrazos, besos, lágrimas y más abrazos se repartían sin timidez. Samu prometió enviar las fotos al apartado de correos que Emy le dio, Olga y Fernando quedaron en escribirle para contarle las reformas del orfanato, Ramón se ofreció para mandar a Harry partituras para el órgano y que así fuese practicando, el resto de los chicos de la banda se lamentaron de perder a su cantante favorita y Emy, en compensación, quedó en enviarles composiciones y así se despidieron, con la sonrisa en la boca y la tristeza en los ojos.
Allí se quedaron los seis con Ángel y Lola, ésta abrazada a su amiga mientras ambas lloraban a moco tendido. Sirius y Emy no pararon de agradecer una y otra vez todas las atenciones que habían tenido con ellos pero la pareja sólo decía que para eso estaban los amigos.
- Sé que soléis ir de vacaciones en noviembre, así que Sirius y yo pensamos en devolver, aunque sólo sea un poco, la felicidad que nos habéis dado – Emy sacó un sobre de su bolso – Esto es vuestro, ya está todo listo, lo único que tenéis que hacer es elegir entre cinco destinos
- ¡Oh, Dios mío! – Lola sacó unos boletos de vacaciones de una agencia de viajes – Estáis locos, no era necesario
- Lo siento, Emy, no podemos aceptarlo – Ángel estaba sorprendido
- Por supuesto que podéis – Sirius le agarró de los hombros – No aceptamos una negativa, me has devuelto la vida, amigo, déjame pagarte al menos con quince días de descanso... ya sabemos que la comida no será igual que la tuya pero no siempre tienes que cocinar tú
- Echaré de menos tu lasaña a la boloñesa – Exclamó Ron asintiendo con la cabeza y haciendo reír al cocinero
- Y el tiramisú ¡está tan bueno! – Añadió Hermione sonriendo
- Pues a mí me encantan los espaguetis, además con cualquier salsa, todas están buenísimas - Dijo Ginny sumándose a los elogios
- Yo... – Harry se vio sumergido por el enorme cuerpo de Ángel en un abrazo sincero – Os echaré de menos a vosotros... aunque también a la comida
- Gracias – Lola se fundió de nuevo con Emy – Tienes la mejor familia ¿lo sabes, verdad?
- Sí, lo sé
Cuando llegaron a casa, aún se preguntaban cómo había podido pasar aquel día tan rápido, aunque en verdad, el mes de agosto se había marchado en un suspiro. Entraron y no encontraron a la abuela por ningún lado, incluso miraron en la biblioteca pero nada, con las mismas se pusieron a desayunar y a preparar las cosas para el viaje. Los muchachos estaban rendidos y Sirius demanda una noche de bodas romántica, a la vez que una poción para la resaca pero sólo pudo obtener lo segundo, eso sí, con la promesa de que esa noche sería entera para ellos dos solos.
Las horas pasaron y el momento de marcharse estaba ya cerca pero la abuela no apareció. La preocupación de Emy se hizo latente, no sabía qué podía haber sucedido para que Sunny no estuviese en la casa, de hecho nunca se había planteado que pudiese salir de ella e ir a otros lugares. Con todas las cosas metidas en el coche y los muchachos y Sirius esperando en el vestíbulo, Emy volvió a echar el último vistazo a la casa, uno, para comprobar que todo estaba en orden y dos, por si su abuela aparecía.
Al bajar por las escaleras, sumergida en sus pensamientos, escuchó el tintineo de la lámpara de la entrada, se movía ligeramente, como si una suave brisa se colara por la puerta y le hiciese bailar. Vio a Ginny apoyada en la pared, mirando la luz que comenzaba encenderse. La joven pelirroja negaba muy ligeramente con la cabeza, hasta que al final salió fuera sin decir nada. Nadie pareció notar lo ocurrido y a Emy se le antojó que nunca había visto a la Guardiana de Hufflepuff cerca de la lámpara.
- Seguramente ha preferido no despedirse – Dijo finalmente Emy cuando llegó a la altura del resto – La casa queda en perfecto estado, así que podemos irnos
- Me hubiese gustado despedirme de ella
- Lo sé, Harry, hay que entender que para Sunny no debe ser fácil permanecer el resto del año sola – Contestó Sirius – Cuando tú quieras, querida
- Id hacia el coche, yo pondré la alarma – Guiñó un ojo y sonrió
Salieron sonriendo por la broma, recorrían el sendero hasta la casa de Arabella y Remus, que ese año no habían podido disfrutar de ella en unas merecidas vacaciones. Allí les espera el coche con todos los bártulos en el maletero, reducidos por la magia. Antes de meterse en el auto echaron el último vistazo, el día había amanecido gris, estaba triste, como ellos, pero las vistas no dejaban de ser increíblemente hermosas.
Emy se situó debajo de la lámpara, ésta volvió a cantar y una lágrima cayó en la mano de su dueña, la apretó fuerte y desapareció en su puño. Salió, cerró la puerta y la selló con unas palabras, luego fue hacia el jardín trasero, contempló el acantilado por donde había saltado y la playa en donde había vuelto a nacer. Se volvió a mirar a la gran casa de piedra y se fijó en la ventana del cuarto de la abuela, deseaba que ella estuviese allí, mirándola, pero no fue así, sólo pudo percibir esa aura incesante que emitía y con las mismas salió del jardín por la pequeña verja que daba al sendero, la cerró y pronunció el mismo hechizo de un año antes.
Recorrió el sendero con los ojos puestos en las cinco personas que la esperaban fuera del coche. En ningún instante volvió la vista atrás, allí se quedaban momentos inolvidables de su vida pero también la esperanza de repetirlos iguales o mejores. Deseó que Anjana y José, sus primeros dueños, velaran por su abuela y por su hogar, y así llegó hasta los brazos de Sirius, esos que sabían que necesitaba una muestra de cariño y apoyo.
En el coche, todos miraban la casa. Harry estaba detrás del asiento de Emy, se inclinó hacia delante y le acarició el cabello, luego dijo algo que extrajo una profunda sonrisa de amor y de orgullo a su tía.
- Quién sabe cuándo volveremos pero estoy seguro que lo haremos – Harry repitió las mismas palabras que Emy había pronunciado con anterioridad
Lo siguiente fue un golpe de varita en el salpicadero del coche y la extraña sensación de que un gancho les atrapaba desde el estómago.
