Capítulo IV
Corazón congelado
– Loki, ¿quieres hacerme el favor de callarte? No hablaré contigo – protestó Elizabeth furiosa leyendo un libro sobre dioses mitológicos, entre ellos el que tenía enfrente. La historia era muy interesante, aunque seguramente el semidios escondía más cosas de las que decía el texto.
– Estoy intentando socializar, tratando de que esto no se vuelva tan rutinario y aburrido – espetó con desgana. El hecho de no hablar con ella, teniéndola allí presente, le hartaba – Deberías agradecer que estoy siendo tan amable contigo.
– Pues bien, háblame de ti – bajó el libro y miró directamente aquellos ojos claros, que tenían la esperanza de descubrir algo más de la chica.
– No tengo nada que decir – dijo en tono cortante y con cierto rencor.
– Pues si tú no hablas, yo tampoco lo haré – cruzó los brazos sobre su pecho. Quería ver hasta qué punto podía manipular al prisionero, aparentemente, lo hacía muy bien. ¿Rendirse ante una humana?, eso era algo inimaginable, si se trata de alguien como él.
– Bien, ¿qué quieres saber? – suspirando derrotado. No podía resistirse ante los deseos de aquella joven, algo que traicionaba su moral y sus ideales.
– Todo – respondió sencillamente, llena de interés.
Parecía que el semidios hubiese hablado durante horas enteras, pero no era molestia alguna para la chica, ya que estaba fascinada con lo que decía. Tal vez todo era mentira, tal vez era una forma de hipnotizarla, pero no le importó. Sentía que podía quedarse viendo ese rostro durante un largo tiempo, y que, incluso, la haría feliz. Durante un momento el azul de sus ojos se profundizó tanto que se perdió en ellos por un buen tiempo, y no sabía si era un sueño o una realidad, pero parecía que una visión pasaba enfrente de su cuerpo inerte.
"Loki lloraba desconsoladamente sentado en un rincón de una gran sala de techos altísimos, paredes doradas y amplios ventanales, que vislumbraban la oscuridad del anochecer. Junto al doliente estaba su hermano, Thor, tratando de reconfortarlo con un abrazo fraternal. 'La perdí, hermano, la perdí. Para siempre… la perdí'. No dejaba de repetir esas palabras; la imagen del príncipe, llorando inconsolablemente le partió el alma a la chica. Quería correr y abrazarlo también. Hubo un momento de silencio, Lizzie giró para ver el resto de la sala, y notó los detalles. Había tres mujeres en un rincón, con túnicas de seda fina, con bordados intrincados de hilo de oro, que miraban entristecidas un bulto extraño sobre una larga mesa. Se acercó un poco más y notó que era un cuerpo, un cadáver. Era una mujer, de estatura promedio, blanca, de cabello castaño oscuro. Llevaba puesta una armadura como las de la guerrera Sif, sus manos se tomaban en su torso y un reluciente anillo ovalado dorado destacaba de su pálida piel. Su rostro estaba borroso, ya que la luz de una gran araña en el centro del techo recaía sobre ella, mayormente sobre su cara. La escena era terrible, ella se empezaba a sentir deprimida, especialmente al ver a Loki tan vulnerable. Thor se separó de él por un momento y a la chica le pareció ver un destello rojo en aquellos ojos que lagrimeaban a mares. Se levantó repentinamente del suelo, colérico, y secando sus lágrimas con la manga de su túnica salió por la puerta a grandes zancadas. Todos los que estaban presentes lo observaron fijamente hasta que se alejó por un largo pasillo. Thor, definitivamente afectado por la muerte de la desconocida, dio un largo suspiro al ver el cuerpo y dijo: 'Sin ella él jamás volverá a ser el mismo. Sin ella él nunca será bueno de nuevo…', y se alejó por el mismo camino que había recorrido su hermano".
Elizabeth regresó en sí y el presidiario aún seguía hablando. Verlo hablar con tanta naturalidad, con su personalidad tan refrescante le hizo sentir tanta lástima por aquel clon destrozado que acababa de ver. Si era cierto, entonces Loki sería capaz de entristecerse, de ser feliz, sería capaz de amar.
A pesar de que se perdió gran parte del relato del semidios, estaba segura de cada palabra que había dicho. ¿Cómo?, ni idea. Pero ese flashback, visión o lo que sea que fuere, solo había tomado unos nanosegundos. Había algo en todo el asunto que la inquietaba seriamente, ¿cómo dos seres tan distintos podían ser tan similares?
La joven luchaba para que su pasado no se supiera, un pasado que le avergonzaba profundamente, especialmente con Nick Fury. Hacía muchos años atrás, el joven Fury, cuando fue promovido a Director de S.H.I.E.L.D., tenía un aliado: Frederick Blackthorne. Ambos trabajaban muy bien juntos al comando de la agencia, algo que nadie podía negar al ver la química que tenían. Fury tenía planes ambiciosos cuando llegó a agente al mando: arsenales enteros basados en una energía muy poderosa, incluso más de lo que se pudiese imaginar. Con ellas, intentaba tener un método de defensa inquebrantable para su planeta. En cambio, el perspicaz Blackthorne planeaba algo muy diferente. Con los planes en su poder, podría vender estas ideas a clanes terroristas y se haría millonario, además de vengarse de su "amigo" Nick, que había obtenido el cargo que él más había deseado en toda su carrera. No lo creía merecedor, lo veía débil y manipulable, y no le cabía en la cabeza la idea de que pudiesen nombrar jefe al alguien como él. Un día que el nuevo director estaba ocupado, Frederick se coló en la sala de "Archivos Confidenciales" y robó todos los planos, documentos y modelos a escala del P.A.N.T. Se escapó dejando a su esposa enferma y a su pequeña niña de siete años, nunca lo pudieron encontrar. Muchos dicen que vivió en Bulgaria, Rumania, Croacia, Finlandia, Letonia… Pero nunca pudieron probarlo, así como tampoco pudieron demostrar que sí les había transferido los planes del P.A.N.T a algún grupo terrorista. Simplemente se esfumó y nunca se supo más de él. La madre de Elizabeth, Claire, agravó con el paso de los años hasta que murió cuando la joven tenía apenas quince años. Siempre le relataban la historia de cómo su padre había traicionado gravemente a S.H.I.E.L.D. y a Nick Fury, y esto la incentivó a postularse como agente. Ella quería demostrarles al director y a todos los demás que ella nunca sería capaz de hacer lo que su padre hizo, les demostraría lealtad y quizá hasta pudiese hacer algo mucho más grande y valioso. Pero todavía no sabía qué podía ser, ni lo sabría en un largo tiempo.
Con toda la historia pasando delante sus ojos ya ni se acordaba que aún Loki platicaba. El sonido del silencio la hizo reaccionar y vio que el príncipe la miraba pensativo.
– Así que ese es tu pasado, ¿no Lizzie? Interesante… – se quedó observándola por un momento, pero en su rostro no había ni pizca de sagacidad, en cambio, la miraba con compasión. Sabía su debilidad, tenía la oportunidad perfecta en sus narices, pero no actuó. No podría, no contra aquella traumada y frágil muchacha. Era la primera vez que tenía piedad con alguien. La aludida se resignó de que Loki había entrado en sus pensamientos, y se sentía tan desalentada que no haría nada para impedírselo.
– No te atrevas a tenerme lástima por eso… – respondió con voz débil que casi sonó como un ruego.
– No te tengo lástima. Al final, ¿por qué tendría lástima por mí mismo? – sonrió con amabilidad. Era una hermosa sonrisa, mucho mejor que las anteriores que la chica había visto. Ella también sonrió y no se dijeron nada más. Estaba claro, era evidente que, muy en el fondo, eran similares, y por ende, ninguno de los dos tendría su corazón congelado.
